miércoles, 14 de junio de 2023

Rebecca Rolland, psicóloga: "Es fundamental no quitarles la palabra a los niños ni hablar por encima de ellos"


CINTHYA MARTÍNEZ         |        LA VOZ DE GALICIA      |        29/05/2023


La profesora de Harvard, especialista en patologías del lenguaje infantil, llama a usar estrategias más efectivas si la familia observa que el niño ha creado vínculos que no le favorecen

 

Rebecca Rolland, psicóloga especialista en patologías del lenguaje oral y escrito en el departamento de Neurología del Hospital Infantil de Boston y profesora de Harvard, defiende que la única manera de ayudar a nuestros hijos e hijas a ganar en autonomía, empatía y felicidad es hablando. «Aun así, muy a menudo, los padres, los educadores y los cuidadores tienen problemas a la hora de comunicarse con los más pequeños», asegura. Por eso, proporciona consejos para fomentar su autonomía, creatividad y confianza a través de su nuevo libro El arte de hablar con niños (Diana, 2023). 

 

—¿Cree que falta comunicación en las familias?

—Sí. Creo que muy a menudo tenemos una vida muy ajetreada y nos centramos en conversaciones logísticas cuando vamos al cole, a casa o al entrenamiento del niño o la niña. Y no nos queda tiempo para centrarnos en conversaciones que hagan desarrollar habilidades de nuestros hijos e hijas. No necesariamente es culpa de los padres y las madres. Muchas veces, hablamos mucho con nuestros hijos, pero no estamos teniendo esas conversaciones plenas. Esa es una de las cosas que estoy intentando enfatizar, que sean conversaciones más profundas en las que involucremos a nuestros hijos e hijas, les ayudemos a desarrollar sus capacidades y que también disfruten de esas conversaciones.

 

—¿Esas conversaciones plenas y profundas pueden nacer solas?

—Pienso que debemos de tener más intención a la hora de conversar para que se produzcan esas grandes conversaciones profundas. No requiere mucho trabajo, pero sí una cierta consciencia. A mí me gusta dedicar algo de tiempo observando simplemente a la criatura para ver qué es lo que le interesa y tratar de plantear esas conversaciones en torno a esos intereses. Estamos mucho tiempo con nuestros hijos, pero a veces dedicamos muy poco tiempo a darnos cuenta de qué se les pasa por la cabeza y tener conversaciones que realmente les interesen. 

 

—En el libro utilizas el término conversaciones fértiles. ¿Qué son exactamente?

—Considero que las conversaciones fértiles tienen una doble promesa: construyen un entorno en el que disfrutamos con nuestros hijos en nuestra vida cotidiana y también desarrollamos el interés de nuestros hijos. La segunda promesa es que esas conversaciones se acumulan a lo largo del tiempo y consiguen que nuestros hijos sean más empáticos, más seguros de sí mismos, etcétera. Pero estas charlas no surgen si no prestamos un poco más de atención, por eso he desarrollado el método abecé de las conversaciones fértiles. 

 

—¿En qué consiste ese método?

—En primer lugar, adaptarnos. Ser conscientes de cómo es cada criatura y cuáles son sus hábitos, su estado de humor, niveles de energía, si están muy activos o no. Cuando es el mejor momento para mantener una conversación con ellos y no cuando nos apetece más a nosotros. Tiene que ser cuando ellos están más abiertos a conversar. En segundo lugar, deben ser conversaciones bidireccionales. Muchas veces les damos una clase magistral en la que solo hablamos nosotros, pero no enfatizamos el hecho de que ellos también lo hagan. Esa bidireccionalidad tiene que ser clave, que estemos en pie de igualdad en esa conversación. Y por último, la conversación tiene que estar centrada en la criatura. Empezar con algo que puede ser interesante, que les atrae, incluso que les pueda preocupar. Si pensamos desde ese nivel, desde el niño o la niña, podemos llegar mucho más lejos en esa conversación.

 

—¿La empatía es una característica con la que nacen los niños o se puede trabajar?

—Creo que todas las criaturas nacen con la capacidad de empatía. Es como un depósito de gasolina que se tiene que reponer. Nuestros hijos son capaces de todo, pero no todos tienen de por sí, esas habilidades. O mejor dicho, no se les ayuda a desarrollarlas. Hay que ayudarles a desarrollar los tres aspectos de la empatía. En primer lugar, el aspecto mental, que sean capaces de ponerse en la piel de la otra persona, pensar como los demás. En segundo lugar, la parte emocional, que sean capaces de sentir lo que sienten los demás. Y en tercer lugar, que sean capaces de ayudar a los demás. Creo que si conseguimos alimentar esos tres ámbitos, lograremos desarrollar su empatía.

 

—¿Cómo podemos contribuir en ese proceso de desarollo de la empatía de un niño? 

—En primer lugar, hay que actuar como ejemplo. Los niños, muchas veces, se comportan según lo que ven. Incluso cuando están teniendo algún problema, como que se han cortado con un trozo de papel, es importante para nosotros también ponernos en su piel: qué les ha pasado, por qué están enfadados o tristes. Y si les ayudamos a ver qué nos preocupa, para ellos puede ser muy importante. Cuando nos vean hacerlo, lo van a imitar con sus amigos. Si por ejemplo, no reaccionan o no entienden cómo se siente su hermana, su hermano o algún amigo, podemos ayudarles en ese momento a intervenir para que desarrollen la empatía: cómo deberían actuar frente a lo que le está sucediendo a la otra persona. 

 

—Si el pequeño se bloquea contándonos un problema, ¿cómo podemos ayudarlo?

—Un aspecto fundamental es no quitarles la palabra, no hablar por encima de ellos. A veces nos incomodan los silencios, sobre todo si creemos que al niño le está costando explicarse. Nuestra reacción instintiva es preguntar más o hablar por ellos. Y si hay gente, otros miembros de la familia, puede que sea el hermano o la hermana quien habla del niño. Sí, puede ser útil y avivar lo que quiere decir el niño, pero en otras ocasiones no aciertan y a él no se le da la oportunidad de expresarse. Por eso, si se bloquea, si no encuentra las palabras, lo más importante es esperar y enfatizar que le queremos dar lo que necesita. Podemos preguntar cosas o enlazar preguntas abiertas. Por ejemplo: «Parece interesante, cuéntame más». Y también servir como ejemplo de que estamos relajados. Si nosotros parecemos nerviosos o con prisas es más probable que el niño se atasque. 

 

—¿Cuál es la importancia que tienen para ellos las amistades? 

—Las amistades son fundamentales para el desarrollo de los niños. Las solemos pensar como algo «que no está mal tener» pero es mucho más que eso. Le enseñan a los niños casi todo lo que tienen que saber sobre el mundo, cómo gestionar un conflicto, cómo enfatizar con alguien o cómo celebrar con esa persona. Deberíamos pensar las amistades como algo que sienta los cimientos de las relaciones que van a tener en su vida y si somos capaces de establecer relaciones dinámicas. Sobre todo, si les enseñamos a mantener esas amistades en momentos de discusiones o peleas, les va a ayudar mucho en sus relaciones adultas. No tenemos que enfatizar que las relaciones deben ser perfectas o que busquen relaciones que lo van a ser, porque eso nunca va a pasar. Lo que tenemos que enfatizar es: ¿cómo podemos reparar algo?, ¿cómo podemos solucionar un problema que nos ha sucedido con un amigo? Esto nos pasa a todos. Es algo crítico y además es uno de los aspectos que más dejamos de lado en las relaciones, ya sean laborales, familiares o de amistad. 

 

—¿Qué obstáculos se pueden encontrar los niños a la hora de forjar esas amistades?

—Hay un par de obstáculos clave. El primero que, sobre todo tras la pandemia, muchos niños tienen dificultades a la hora de contar problemas de relaciones o situaciones. Nosotros damos por hecho que, como a nosotros no nos incomoda, como sabemos gestionarlo, los niños también van a saber, pero eso no es así. Los niños no tienen de forma natural esas habilidades. Pienso en mi hijo, que ahora tiene seis años, pero tenía dos años y medio cuando empezó la pandemia y, hace poco, me dijo que no sabía lo que era quedar con otro niño para jugar en su casa porque claro, hasta hace poco estábamos todos encerrados. Si te paras a pensarlo, es una situación muy grave a la que se están enfrentando muchos niños. A nosotros no nos ha sido posible salir a ver una película con amigos como hacíamos antes, pero es que hay muchos niños que directamente no lo conocen, no saben lo que es esa experiencia.

 

Por otro lado, las redes sociales y la velocidad a la que conseguimos nuevas amistades, aunque sean virtuales, hace que los niños tengan menos paciencia a la hora de navegar a través de un conflicto: «No estoy de acuerdo contigo, así que ya no somos amigos». Hemos tenido un problema, nos hemos peleado, por lo que ya no eres parte de mi grupo de amigos. Eso también es un gran obstáculo al que se están enfrentando los niños que está poniendo en peligro las amistades duraderas. Nosotros podemos ser como coaches y ayudarles, guiarles. Sobre todo, guiarlos en esos momentos de problemas, de situaciones de conflicto en las amistades. 

 

—¿Cómo ayudarlos en esas situaciones de conflicto?

—Diría que hay que encontrar un punto intermedio. A veces los padres quieren meterse directamente en el conflicto, sobre todo si los hijos son un poco más mayores. «Nos vamos a sentar con tu amigo y vamos a hablar con él», como padres helicóptero, que se suele decir. Por otro lado podemos decir: «Bueno, lo van a arreglar entre ellos, me voy a quedar totalmente al margen y no voy a participar en ese juego». En realidad, mi experiencia es que lo mejor es encontrar un punto intermedio entre esas dos opciones y ser un poco como un guía, un coach, tras lo que ha sucedido. Si tienen un conflicto, un amigo, por ejemplo, una vez que ha terminado el día, hablar con ellos y tratar de reflexionar sobre lo que ha sucedido. Incluso hacer un poco de juegos de rol: hacer como si tu fueras el amigo, «¿por qué no pruebas a decirle esto?». Reconocer que los estilos comunicativos también son muy diferentes entre distintas generaciones. Lo que a nosotros nos parece que va a funcionar y solucionar el conflicto, puede que no lo haga para ese grupo de amigos o amistad en concreto. Lo que tenemos que hacer es no darle las respuestas al niño, sino ayudarle a ganar consciencia y a gestionar los conflictos por su cuenta.

 

—¿Y si consideramos que ese amigo es malo para él?

—Si tiene una amistad tóxica, por ejemplo, sería muy importante no decirle que le prohibimos ver a ese amigo, sino decirle: «Nos estamos empezando a dar cuenta de cómo te encuentras, cómo te sientes, cuál es tu estado de humor, cada vez que quedas con esa persona o que estás con ese amigo». Con el tiempo, el niño se va a dar cuenta de esos estados de ánimo, de cómo se siente y va a aprender a tomar mejores decisiones a la hora de escoger sus amistades. 

 

—Llegados a este punto es importante tratar otro asunto importante: el acoso. ¿Es bueno dejar que los niños solucionen el problema por sí solos?

—No. Diría que es una excepción muy importante en la que no hay que dejar que los niños solucionen las cosas por su cuenta. El acoso es una dinámica de poder. El niño acosado no tiene poder en esa situación y no son capaces de solucionarlo o de digerirlo y, pidiéndoselo, les estamos culpabilizando una vez más o los estamos empujando contra las cuerdas. Si empezamos a ver indicios de acoso es importante involucrar a otras personas, a la administración, al profesorado y asegurarnos de que el acoso en sí termina. Nuestro papel como educadoras o como madres no es detenerlo directamente, sino asegurarle a ese niño o niña que estamos ahí, que vamos a protegerle y que no deberían tener que pasar por esta situación, por este tipo de trato. El niño muchas veces, ni siquiera es consciente de lo que está sucediendo. A lo mejor piensa que se lo merece o que es una mala persona y por eso le sucede eso. Así, es importante reflexionar con ellos para ayudarles a generar más confianza y al mismo tiempo, tomar medidas activas para detener ese acoso. 

 

También diría que, a nivel de la escuela, es importante que el resto de niños defiendan a los amigos que están siendo acosados y no quedarse al margen, de brazos cruzados. Tenemos que enseñar a nuestros hijos: qué puedes hacer, a quién se lo puedes contar si ves que alguien está siendo acosado. Para asegurarnos de que eso no suceda en las escuelas. 

 

—¿Cree que no le prestamos la atención suficiente al temperamento de los niños?

—Escribí un capítulo entero al respecto en el libro porque, desde luego, creo que no. Tendemos a pensar que son niños y que, si tienes un hijo de dos o seis años, te centras más en la edad que en su temperamento. Pero hay dos elementos en el temperamento. Por un lado, la forma de ser del niño, pero por otro, tenemos que saber cómo encajar nuestro temperamento con el de nuestro hijo. Y si no encajan, por ejemplo, si nosotros somos muy activos y el niño no lo es tanto, vamos a tener que adoptar medidas para poder adaptarnos y poder ceder, en cierto modo. ¿Por qué? Los niños se pueden sentir culpables si ven que su energía no encaja con la de sus padres. Si somos muy extrovertidos, muy activos, puede que no dejemos de decirle a nuestro hijo o hija: ¿por qué no tienes más amigos?, ¿por qué eres tan callado? Y a lo mejor esa criatura está feliz con el número de amigos que tiene y estás generando un problema donde no lo había. Siendo conscientes de cómo funciona el temperamento podemos ayudar a esas situaciones o a esas comunicaciones con nuestros hijos y ayudarles también a sentirse más cómodos con cómo son. 

 

—Por último, ¿podría proporcionar un consejo sobre cómo deben los padres jugar con sus hijos, qué deben de tener en cuenta?

—Es una muy buena pregunta. Me encantaría subrayar, en primer lugar, que los niños de cualquier edad y los adultos, tienen que jugar, lo necesitan. A veces solo les dejamos jugar cuando son más pequeños, pero cuando ya tienes diez o quince años, le decimos que no hace falta que jueguen porque nosotros como padres ya no jugamos con ellos. Esto es algo que los niños echan mucho de menos, a menudo, ese entorno de relajación, de creatividad y de pasar tiempo contigo. Es algo que tenemos que recordar: todos necesitamos y queremos jugar. 

Por otro lado, el juego puede rebajar un poco el ritmo, intentar no tener un horario tan ajetreado para encontrar momentos de juego. Por otro lado, los niños también necesitan o quieren jugar solos y no nos necesitan, pero hay veces que sí que podemos encontrar formas divertidas de jugar con ellos. Me gusta subrayar siempre lo siguiente: siéntate con tu hijo o tu hija y pregúntale cosas que se te pasan por la cabeza. A mí me gusta plantear las preguntas en condicional. Si un niño está jugando con un robot, yo le preguntaría: «¿Cómo podríamos hacer que pareciera un tiburón o el doble de grande?». Les ayudamos a que se les ocurran sus propias ideas y, además, también genera un vínculo porque los dos estamos contribuyendo con nuestras ideas y jugueteando alrededor de estas. Y no implica necesariamente que yo me siente en el suelo con mi hija o con mi hijo y le dé indicaciones, sino que le estoy dando invitaciones para que sean creativos. 

martes, 13 de junio de 2023

Cinco motivos que explican por qué compensa ayudar a los demás

 

PATRICIA RAMIREZ |      ABC.ES (El lunes empiezo-Blog)    |  04/12/2022

¿Sabías que, entre otras ventajas, ayudar a los demás te ayuda a ti mismo?

 

Soy de las personas que tratan de facilitar la vida a los demás y ayudar. Lo hago todo el año. No solo yo. Son muchas personas las que ayudan a personas. La mayoría de ellas tienen un interés profundo por facilitar la vida a los demás, por ser serviciales, por estar presentes en la vida de quien más las necesita. Nos sale de dentro porque genéticamente estamos configurados para formar parte de una tribu, para agruparnos, para ayudarnos y ser un equipo. Por eso hemos sobrevivido.

 

El mes de diciembre con la Navidad es un mes que despierta en mucha gente valores dormidos que, durante el año, con motivo de la prisa, el ritmo y la propia irascibilidad que genera el síndrome de la vida ocupada, no son capaces de hacerles hueco. Para muchos la Navidad es una farsa, unos días en los que tratamos de mostrar nuestra mejor cara, nuestro lado más amable. Días en los que das más propina, aguinaldo, ayudas, participas en mercadillos solidarios, compras lotería con fines benéficos y donas juguetes y regalos para los que más los necesitan. Muchas personas se preguntan si este lado solidario no podría estar presente todo el año, que por qué nos reservamos solo para los días de Navidad. Y es cierto. Ojalá todos arrimáramos el hombro los 365 días. Pero para los que por el motivo que sea no puedan hacerlo, porque se les olvide, no caigan en ello, la Navidad es un momento maravilloso para sacar toda la bondad que llevan dentro. Las fechas navideñas son mejor que nada. Al igual que si te da por sacar tu lado bonito en Halloween. Lo mismo da, lo importante es que de vez en cuando pensemos más en los demás, nos demos, prestemos atención a los detalles y, sobre todo, a los valores.

 

¿Sabías que, entre otras ventajas, ayudar a los demás te ayuda a ti mismo? Nuestros neurotransmisores y hormonas, como por ejemplo la oxitocina, se incrementan. La oxitocina es la hormona del amor y de la compasión. Sentimos bienestar al ayudar a otras personas. Y esto ocurre porque es la manera de que afiancemos esas conductas altruistas. Si ayudar nos dejara indiferentes, dejaríamos de hacerlo. Y entonces, nos extinguiríamos.

 

Para todas aquellas personas a las que ayudar a los demás sea un objetivo para 2023, les explico de forma breve cuáles son los cinco motivos que favorecen la conducta altruista o prosocial. Conociendo las bases de qué favorece ser un facilitador y ayudar, igual podremos mantener la conducta prosocial a lo largo del año y no solo en Navidad. 

1. Empatía y responsabilidad moral

La capacidad de ponernos en el lugar del sufrimiento y dolor de otra persona dispara nuestra actitud altruista. La responsabilidad moral se sustenta en valores morales interiorizados. La empatía puede llegar a ser tan alta, que hay personas que se exponen al sufrimiento de otras personas con tal de liberar a otras del suyo.

 

Durante la pandemia ser realizaron varios estudios sobre este tema y se confirmó que estimular la empatía favorecía el cumplimiento de las normas y restricciones.

2. Afabilidad

Las personas afables buscan vivir relaciones y ambientes armoniosos, sin conflictos, amables. Son personas poco dominantes, que hacen prevalecer el equilibrio y la amabilidad por encima de ganar batallas o tener razón. Las personas afables suelen ser altamente empáticas y confían en los demás. Su interés por el bienestar a su alrededor y la confianza en las personas también las lleva a tener la costumbre de bieninterpretar.

3. Identificación y, sentimiento de pertenencia

Palabras como grupo o equipo, sentirnos identificados como parte de un grupo, nos lleva a ser más altruistas. Cuando nos sentimos parte de algo, eso que salvamos es “nosotros mismos”. Porque actuamos como nosotros, no como ellos. Seguramente sea este el motivo por el que tendemos a dar más visibilidad o ayuda a conflictos que entendemos más cercanos, con los que sentimos más pertenencia, que conflictos que por su cultura, religión o distancia los vemos menos cercanos a nosotros.

4. La superación de peligros

Las experiencias conjuntas nos unen, sobre todo cuando se trata de anticipar y afrontar peligros. Se ha demostrado que la experiencia de crisis y peligros promueve la idea de “nosotros”. Por este motivo, ante las crisis, nos suele salir nuestro lado más altruista.

5. El sentimiento de admiración

En varios estudios se ha demostrado que el sentimiento de admiración y asombro, por ejemplo, por fenómenos bellos e impactantes de la naturaleza nos lleva a ser más altruistas y conservarla y cuidarla mejor. La idea de ser una pequeña parte de un todo del que nos sentimos orgullosos y al que admiramos, despierta la solidaridad, la ayuda y el altruismo.

Les dejo esta frase maravillosa del poeta Erich Kästner: “No hay nada bueno al menos que se haga”. Entre todos y todas podemos hacer cosas maravillosas si dedicamos parte de nuestro tiempo a cuidar de los demás.

lunes, 12 de junio de 2023

Silvia Congost, psicóloga: "No hay un gen de la autoestima, es una consecuencia de lo que hemos vivido y se puede reforzar"


LAURA MIYARA       |      lavozdegalicia.es      |      09/05/2023

 

La psicóloga Silvia Congost es reconocida a nivel mundial por su trabajo sobre las relaciones tóxicas, la autoestima y la dependencia emocional. Su charla Claves para evitar la dependencia emocional cuenta con casi 20 millones de visualizaciones en YouTube y sus libros aportan información crucial para superar esta forma nociva del apego y construir relaciones sanas.

 

Con veinte años de experiencia ayudando a sus pacientes y al público general a lograr estos avances, Congost llega por primera vez a Vigo para presentar Objetivo amarte, una experiencia interactiva que está a medio camino entre una charla y una sesión de terapia grupal. A través de este innovador formato, la experta propone estrategias y herramientas para mejorar la autoestima. En su paso por Galicia, Congost nos resume algunos de los conceptos centrales de su trabajo y el aporte que representan para el bienestar emocional.

 

—¿Cómo marcan las relaciones que construimos nuestra autoestima?

 

—La relación que tenemos con nosotros mismos y la que creamos a partir de ahí con los demás, tanto a nivel de relación de pareja, relaciones familiares, amistades o en el trabajo, todo eso determina si sentimos o no que nuestra vida vale la pena, que somos felices, que estamos a gusto. Entonces, como no hay una educación en la escuela ni, muchas veces, por parte de los padres, sobre relaciones, sobre dónde poner límites, qué es lo que nos sienta bien y qué es tóxico, hay una carencia importante en este sentido y hace falta aportar esta información. Las tres partes más importantes que determinan nuestra vida son la relación con nosotros mismos, la relación con nuestros padres y la relación con las demás personas una vez que somos adultos. El tema de la autoestima es algo que nos afecta siempre a todos, a cualquier edad. Siempre estamos a tiempo de iniciar un proceso para mejorarla y siempre vale la pena hacerlo. Desde adolescentes que empiezan a abrirse a estos temas, hasta personas de edad avanzada.

 

—¿Cómo podemos saber si nuestra autoestima es sana o si necesitamos trabajarla?

 

—La autoestima es básicamente el valor que nos damos a nosotros mismos: si sentimos o no que somos personas valiosas, que somos capaces, que estamos a la altura de aquello que la vida nos ponga delante, que merecemos que nos amen, que merecemos tener éxito. Cuando no sentimos eso, nos vemos a nosotros mismos como personas inseguras, nos comparamos mucho con los demás, sintiéndonos peor; somos personas con un alto nivel de autoexigencia y, por mucho que hagamos y consigamos, es como si nunca fuera suficiente. A veces, tenemos miedo a no encontrar pareja o a que nuestra pareja nos deje y no encontremos a nadie más. Generamos dependencia emocional con personas que resultan ser tóxicas. A veces, nos cuesta expresar lo que pensamos, poner límites, decir que no. Renunciamos a oportunidades que nos permitirían crecer. La falta de autoestima puede manifestarse de muchas formas distintas. Por eso es importante saber detectarla, para hacer algo al respecto.

 

—¿Qué podemos hacer para fortalecer la autoestima?

 

—Lo primero es tener consciencia de ella, hacer ese despertar. Una vez que la vemos, es muy importante entender por qué tenemos la autoestima que tenemos. Es decir: no hay un gen de la autoestima que determine que la tengamos bien o mal, sino que es una consecuencia de las cosas que hemos vivido, de nuestra infancia, de nuestras experiencias. Y entender por qué tengo la autoestima que tengo me ayuda a ver que no es que yo sea defectuosa, sino que he vivido unas circunstancias determinadas, pero que puedo, en cualquier momento, reforzarla y cambiar eso.

 

—¿Cómo podemos detectar la dependencia emocional?

 

—La dependencia emocional es la incapacidad que sentimos a la hora de cortar una relación cuando deberíamos terminarla porque es tóxica, porque ya no nos aman, porque nos tratan mal o porque no podemos crecer en ella. La persona que sufre dependencia, a pesar de ver en determinados momentos, con mucha claridad, que aquello no es bueno ni es sano, conecta con un sentimiento de incapacidad total, un temor terrible a quedarse sin esa persona. Lo veo, pero no soy capaz de salir. Como una adicción. Es muy destructivo, muy desgastante y nos impide crecer en todas las áreas de nuestra vida, nos va anulando.

 

—¿Cómo se sale de ella?

 

—Lo primero es fortalecer la autoestima. Cuanto más aprendes a amarte, cuidarte e identificar aquello que te está dañando y te impide crecer y evolucionar, más sabes dónde tienes que poner los límites. Se trata de aprender a amarnos, primero, y después plantearnos cómo queremos que sea una relación, cómo concebimos una relación sana, y darnos cuenta de que aquello a lo que nos hemos acostumbrado y que hemos normalizado no encaja con lo que nosotros queremos y buscamos. Entonces, hay que empezar a poner límites y aprender a tomar distancia de esa persona. No siempre se puede por uno mismo. Hay personas que, leyendo un libro, toman consciencia y cogen las riendas y salen. Pero hay otras personas que, a lo mejor, necesitan algunas sesiones de terapia.

 

—¿Por qué para algunas personas es tan difícil poner límites?

 

—Nos cuesta mucho poner límites y creo que tiene que ver con esa necesidad de buscar el reconocimiento y la aprobación en los demás. Al final, para el ser humano, el miedo más grande es a ser abandonado, a ser rechazado, a quedarse solo. Y cuando tú pones límites, tienes un miedo intrínseco a que el otro se enfade, a que no lo entienda, a que te dé la espalda y, en última instancia, te abandone. Es un miedo irracional, pero muchas veces conectamos con él y eso es lo que hace que queramos ceder o permitir determinadas cosas. Si sentimos que, si esa persona nos abandona, no podremos continuar con nuestra vida, preferiremos, lamentablemente, estar mal acompañados antes que quedarnos sin esa persona.

 

—¿Cómo saber si hace falta poner un límite?

 

—Cuando tenemos dudas en ese sentido es bueno hablarlo con alguien de confianza o incluso con un profesional, si lo estamos pasando mal. Porque, si nuestros padres, las personas de las que hemos aprendido a relacionarnos, han sido una referencia tóxica, puede que nos parezca normal permitir determinadas cosas, porque nos han enseñado a permitirlas con su ejemplo. Y puede que nos estén dañando y no veamos claramente dónde poner los límites. Yo aconsejo, en caso de duda, hacer una consulta. Porque si dudamos, es porque hay algo allí que nos está molestando, que nos está doliendo. Si no, ni nos lo plantearíamos. Hay que acostumbrarnos a consultar a un profesional, igual que quien tiene un dolor en una muela va al dentista, deberíamos normalizar acudir a un psicólogo para aprender y para entender mejor lo que nos pasa.

 

—¿Cómo podemos saber si nuestra relación es sana?

 

—Normalmente, cuando estamos bien, ni nos planteamos todo esto, porque no nos tenemos que preocupar por la relación. Es una parte de nuestra vida que fluye y funciona sin demasiada dificultad. No tenemos que invertir grandes dosis de esfuerzo para que funcione, que es lo que pasa cuando es tóxica: estamos cayendo una y otra vez en lo mismo, discutiendo, sintiéndonos mal. Cuando es sana, estamos a gusto con esa persona, hay equilibrio entre nosotros, nos entendemos, tenemos paz y sentimos que podemos crecer. Estamos con una persona que se alegra de que las cosas nos vayan bien y que, si estamos mal, sentimos que está ahí, que se preocupa y nos apoya. Es una persona en la que podemos confiar y no nos genera dudas.

 

—¿Qué podemos hacer para ayudar a una persona cercana que está en una relación tóxica?

 

—Es complicado. Cuando alguien está sufriendo una relación que es tóxica y no se da cuenta, es difícil poder ayudarla desde fuera. Porque, si estás en este tipo de relaciones, como tú lo que no quieres es perder a esa persona, no estás dispuesto a escuchar a nadie que te lleve por ese camino, que te diga de alguna forma que tienes que cortar esa relación. Entonces, cuando tratas de hacérselo ver, la persona se cierra y se aparta de ti. Lo mejor es intentar aportar un poco de luz cuando la persona viene a nosotros porque está mal. En el momento en el que tiene la crisis, el bajón que en una relación tóxica siempre hay, si lo comparte, ahí es cuando podemos dar nuestro punto de vista y tratar de aportar algo de información: regalar un libro, recomendar a un profesional, enviar una conferencia por internet, intentar ayudar a que acabe de entender qué es lo que pasa. Pero sin duda, está comprobado que lo mejor es intentar que la persona pida ayuda profesional. Porque cuando alguien viene a la consulta, muchas veces dice: «Esto siempre me lo ha dicho mi madre, mi amiga o mi hermana, pero ahora lo entiendo de otra forma». Cuando tú vas a un experto en ese tema y le explicas a alguien que no te conoce de nada, ahí la sanación se produce de forma más rápida, porque tienes un nivel de apertura distinto.

 

—¿Qué herramientas pueden ayudar a fortalecer la autoestima tras una relación tóxica?

—No hay unos ingredientes o una receta que si la sigues, tu autoestima vaya a mejorar. Por lo general, es un proceso terapéutico que se realiza. Pero tiene que haber un trabajo emocional, es decir, empezar a sentir autocompasión por ti mismo, volver a sentir amor hacia ti, porque solo cuando te amas vas a poner límites cuando alguien te esté dañando y no lo vas a permitir. Eso hará que conectes con tu dignidad y empieces a poner barreras. También hay que trabajar con las creencias, con esos mensajes que nos damos a nosotros mismos. Porque cuando estamos mal, caemos fácilmente en decir: «Soy un inútil, no soy capaz, nunca lo voy a lograr, no lo merezco», y eso nos daña muchísimo. Imagina que le dices eso a otra persona, cómo se sentiría si estás todo el día repitiéndole esto. En cambio, a nosotros mismos nos hablamos así, ya estamos acostumbrados y es como si no nos doliera tanto, pero el daño es el mismo. Hay que trabajar también a nivel de actividades externas: hacer cosas nuevas, hacer cambios en nuestra vida y analizar con quién pasamos tiempo, cuáles son las personas que tenemos alrededor, si son sanas o no y de quién debemos defendernos. Porque todo eso afecta a nuestra autoestima.

 

—¿Las personas tienden a aislarse cuando están en ese proceso interno de reconstrucción?

 

—Cuando uno se siente mal, tiene menos ganas de compartir y de estar con gente, tiende a encerrarse más y quedarse sin que nadie la vea. Pero, al contrario, es importante que nos esforcemos un poco. Siempre hay un momento en el que tienes que permitirte estar solo, abrazarte y llorar, estar contigo. Pero no puedes quedarte ahí anclado, porque va a ser perjudicial. Entonces, siempre es bueno que, cuando estás en el proceso de salir de una relación tóxica y aprender a quererte, aunque no te apetezca nada ahora ir a ese sitio al que te han invitado, vayas. Cada uno tiene que responsabilizarse. Aunque no te apetezca, por ejemplo, ir al gimnasio, es importante que vayas, tienes que poner de tu parte para ir saliendo y mejorar tu autoestima.

domingo, 11 de junio de 2023

Cinco sugerencias para el buen camino hacia la búsqueda de la felicidad

 

Dr. ENRIQUE ROJAS     |      Alimente.elconfidencial.com     |     09/10/2022

 

La felicidad consiste en hacer algo que merezca la pena con la propia vida, algo grande, pero cada uno dentro de sus posibilidades y puntos de partida. Es estar contento con uno mismo, es un estado positivo.

 

Ser feliz es, por tanto, aquella operación que hace el hombre, gracias a la cual tiene una personalidad equilibrada, hecha, sólida, firme, con sello propio, con la cual se siente identificado, a gusto, satisfecho, tranquilo, en paz interior. Esta es la puerta inicial de entrada a la felicidad. Una persona desequilibrada, desajustada, neurótica, inmadura, sin hacer, será muy difícil que se sienta feliz, porque no se ha encontrado consigo misma, no ha hallado la clave para armonizarse por dentro y tener una conducta adecuada y positiva por fuera.

 

El proyecto de vida no es otra cosa que anticipar el futuro programándolo de forma aproximada. El proyecto personal debe tener cuatro ingredientes esenciales: amor, trabajo, cultura y amistad. Estas van a ser las notas fundamentales que lo definen. Si la felicidad es proyecto, futuro, anticipación quiere decir que la felicidad consiste en vivir con ilusión, en vivir hacia delante, con esperanza.

 

El amor es la pieza clave de la felicidad. No hay felicidad sin amor. Por el amor tiene sentido la vida. Nada hay tan grande como el amar. El amor es fuerza que nos impulsa a seguir buscando nuevos caminos a recorrer. Pero existe una gran variedad de estilos y formas de amar. Desde el amor a la patria, pasando por el amor a la justicia, al orden, las antigüedades, hasta llegar al amor entre un hombre y una mujer, o el amor a Dios. Aquí nos vamos a referir especialmente al amor humano, al que se establece entre dos personas.

 

Según esto, podemos afirmar que el amor es un sentimiento grato, positivo, gozoso, de alegría, mediante el cual quedamos prendidos de otra persona, con la que queremos compartir la vida. El amor es, así, un regalo de la naturaleza, gracias al cual la vida se ilumina y todo cobra un relieve especial. No hay que perder de vista que el amor es como un fuego que hay que alimentar a base de cosas pequeñas; primero arde el material más ligero y después arden los ingredientes más pesados, que le darán estabilidad al fuego.

 

El trabajo es algo decisivo en la vida de un hombre. Nos pasamos la vida trabajando. No hay felicidad sin amor y sin trabajo, ambos conjugan el verbo ser feliz. La satisfacción por el trabajo bien hecho, terminado en su momento, retrata a la persona que lo hace.

 

La cultura es libertad, porque es criterio y saber a qué atenerse. La cultura es lo que queda después de haber olvidado todo lo aprendido. Esta diseña un modelo humano, un modo de adecentar la realidad. La cultura llega a convertir cualquier pirueta personal en algo inteligente.

domingo, 4 de junio de 2023

Cuando te saboteas a diario te conviertes en tu peor enemigo

PATRICIA RAMIREZ       |     ABC (El lunes empiezo – blog)    |   28/02/2021

¿No te parece que la vida ya tiene suficientes trampas como para ponerte tú las tuyas? ¿Eres de esas personas que antes de intentarlo ya han fracasado? ¿Te suenan estos pensamientos “no podrá ser”, “yo no suelo tener suerte”, “no estoy preparada”, “a mi edad lo veo complicadísimo”, “siempre he sido torpe”? Si te sientes familiarizado con esas ideas, quédate conmigo. Este es tu artículo.

 

Lo primero que me gustaría hacer es animarte a la reflexión. ¿Por qué has decidido ser tu enemigo? ¿Por qué has decidido limitarte? ¿Por qué te anticipas sin probarte? Todo lo que hacemos en esta vida suele mantenerse gracias a las contingencias. Así que, ¿cuál es tu ganancia con esta forma de pensar? Es importante dar con ella porque nos ayudará a entender nuestro estilo cognitivo.

 

Una de las razones por las que las personas se sabotean a si mismas es el miedo al fracaso. La idea de anticipar que pueden fracasar, que pueden no estar a la altura, que algo puede fallar, les ayuda a relajarse. Es como partir de una certeza tan negativa que todo lo que puedas hacer a partir de ahora es mejorar. Y esto les quita presión. Quita presión, pero añade inseguridadfrustración y muchas veces lleva a que ni siquiera se comprometan con objetivos nuevos porque anticipamos que no somos capaces. En este caso el autosabotaje funciona como un sistema de protección de la autoestima.

 

Otra de las razones radica en la baja autoestima. Hay personas con una imagen tan pobre de sí mismas que de verdad creen que no van a ser capaces. Incluso habiendo tenido éxitos en sus vidas, no son capaces de darles el valor suficiente como para modificar la visión que tienen de ellas. Así que siguen limitándose y diciendo que no pueden.

 

En otras ocasiones no hemos sido nosotros. Ha sido el entorno el que nos ha hecho ver lo poco que valemos. Nos han etiquetado, menospreciado, comparado y hemos terminado asumiendo esa visión que tienen de nosotros como una visión verdadera. Y nos comportamos en función de lo que nos han hecho creer que somos.

 

Sea cual fuere el origen de tus pensamientos limitantes, tienes que saber que no te ayudan. No suman, no te dan valor, no te protegen, no te previenen, no te solucionan. Nada. Sólo te limitan. Y Así que hoy vamos a darles carpetazo.

 

Nuestros pensamientos y nuestra forma de interpretar el entorno son los que generan nuestros estados emocionales incómodos. Perderse en las rumiacionesanticipaciones y preocupaciones es emocionalmente agotador. El miedo, la ansiedad, la tristeza, la falta de ilusión impiden vivir la vida que deseamos tener. Impiden que nos comprometamos con nuestras metas. Este estado emocional afecta incluso a nuestras aficiones, a las relaciones que mantenemos con los demás, al autocuidado…

Si tus pensamientos limitantes hasta ahora no te han ayudado a alcanzar tus propósitos, seguir pensando de la misma manera tampoco es la solución.

 

Rumiar, anticipar y limitarnos genera más sufrimiento que alivio. Aparentemente te sientes protegido y aliviado. Pero al rato te sientes de menos por reconocer cómo tu cabeza limita tu vida.

 

Equivocadamente tratamos de volver buscar falsas soluciones, razonar… y nada. No sirve. Seguimos sufriendo ansiedad y malestar. Y lo más importante, seguimos sin implicarnos y sin protagonizar la vida que deseamos. Muchas personas creen que están condenadas a vivir así, con esa inseguridad, con sus limitaciones, comparando su vida con la de otros. Piensa que su vida va a ser limitante, un sufrir, un no parar, un no poder ser lo que de verdad anhelan.

 

Así que aprendamos a tener amigos en lugar de rivales.

1-No todo lo que piensas es verdad
Somos nuestras acciones, no nuestros pensamientos. A pesar de que tu mente trate de protegerte y limitarte… ¡No tienes por qué escucharte! No hables contigo mismo cuando aparezcan estas ideas. No le des respuestas.

2-Ponte a prueba, sin más
No necesitas la aprobación de nadie. Ni siquiera la propia. Tampoco necesitas sentirte seguro antes de implicarte con algo. Solo tienes que implicarte. Ya aparecerá la seguridad a la postre.

3-Estate presente. Cuando te autosaboteas solo provocas anticipar un futuro en el que no tienes ni idea de cómo te va a ir. Empecemos por aprender a estar en el presente y a tener pensamientos que sumen. No se trata de forzar pensamientos súper positivos que nos hablen de una realidad que no es. Pero sí a dejar de anticipar todo lo negativo y catastrófico. Pensamientos que nos ayuden a estar bien con nosotros. 

4-Pon distancia emocional contigo mismo. Al igual que tratamos de alejarnos de personas toxicas, trata también de poner distancia con esa parte tóxica que tienen todas las mentes del universo. Se trata de dejar estar aquello que nos altera, sobre lo que no podemos hacer nada. 

5-Centra tu atención en lo que suma. De lo que tienes que iniciar, ¿qué es lo más que te gusta?, ¿qué crees que vas a disfrutar?, ¿qué crees que se te va a dar bien? Vete con el firme propósito de sacar una lección de vida, un momento bonito. Vete con la idea de disfrutar, aunque constates que no eres el mejor. 

6-Acepta tus preocupaciones. No puedes controlar lo que llega a la mente. Pero sí puedes decidir no dar respuesta a lo que te preocupa. Fíjate, respondemos más a la emoción, que al propio contenido del pensamiento. Deja marchar aquello de lo que no te puedes ocupar ahora.

Si no te ayudas tú a ti mismo, ¿quién lo hará por ti? No podemos esperar continuamente el rescate de otros. Si somos capaces de autolimitarnos también somos capaces de automotivarnos. Porque sólo se trata de cambiar la narrativa. 

viernes, 2 de junio de 2023

¿Qué efectos tiene la música en el estado de ánimo y el rendimiento cognitivo?


Chiara Fabian        |     Psicología y Mente     |     16/05/2023

 

La música tiene un profundo impacto en nuestra cognición.

 

¿Te ha pasado que al escuchar una canción alegre te ha salido una sonrisa y te has sentido eufórico? O por lo contrario, ¿al escuchar una canción melancólica se ha apoderado de ti un sentimiento de tristeza a veces inexplicable? La música y tu cerebro tienen una relación muy estrecha y las melodías que escuchas llegan a tu cerebro interfiriendo en tus emociones y en las habilidades y capacidades que éste tiene para trabajar.

 

La música nos acompaña durante toda la vida y la encontramos en todas partes. Es una forma de expresión cultural que ha conseguido que el ser humano pueda comunicarse soltando y canalizando distintas emociones, pensamientos e ideas. Tanto para bailar, cantar o gritar, está claro que la música tiene un gran impacto en nosotros y, por lo tanto, ha sido objeto de estudio durante mucho tiempo.

 

En concreto, cómo la música afecta a nuestro cerebro es un tema que ha causado mucho interés en distintos investigadores dentro del área de la psicología. Por ello, en el artículo de hoy, basándonos en evidencia científica, nos centraremos específicamente en cómo los ritmos y las melodías afectan a nuestro estado de ánimo y nuestro rendimiento cognitivo.

 

Efectos de la música en el estado de ánimo

 

Tal y como comentábamos al principio, la música es más que capaz de dirigir nuestro estado de ánimo. Tal es su impacto en nosotros que puede llegar a afectar incluso la forma en la que percibimos el mundo que nos rodea. Quizás hayas sentido que poner la música a todo volumen y cantar como si nadie te estuviera escuchando tiene poderes terapéuticos. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué cambios sufre el cerebro cuando escucha música?

 

Cuando escuchamos música que nos gusta, nuestro cerebro libera dopamina. Esta es una sustancia química que se asocia con la sensación de placer y recompensa que hace que tendamos una y otra vez a repetir comportamientos y consumos en busca de esa sensación. Podría ser una razón por la cual escuchamos nuestra canción favorita como si de un disco rayado se tratase. En definitiva, la dopamina que se libera al escuchar música, nos hace sentir bien y por consiguiente, mejora nuestro estado de ánimo.

 

Hablando de canciones favoritas, los investigadores también han descubierto qué ocurre en nuestro cerebro cuando escuchamos esa canción que tanto nos gusta. Al escuchar nuestra melodía favorita, se activa en el cerebro la llamada red funcional por defecto (RND). Esta es la red responsable de gran parte de la actividad cerebral que ocurre cuando la mente está en reposo. Dicho de otra forma, nuestra canción preferida hace que divaguemos y genera la sensación de estar en Babia.

 

Por otro lado, cuando escuchamos música triste o melancólica, nuestro cerebro libera una hormona llamada prolactina. Se trata de una sustancia química que se asocia con el llanto y la tristeza. Al escuchar una canción triste, se activa esta hormona y aunque parezca contradictorio, tiene un efecto positivo. Hay un ejemplo muy simple para comprender esto. Cuando sufrimos un desamor, a muchos nos gusta poner canciones relacionadas con este tema para llorar y cantarlas a todo pulmón. Con esta acción, liberamos prolactina, que a la vez nos ayuda a procesar emociones y a liberar tensiones emocionales acumuladas.

 

Dejando de lado las hormonas, también resulta interesante hacer hincapié en los recuerdos que genera la música en nosotros. ¿Quién no escucha una canción y le recuerda a una tarde calurosa de verano con sus amigos/as? ¿Quién no tiene una canción que pasen los años que pasen le recuerda a esa persona especial? Es como si la música nos transporta al pasado y hace que recordemos los momentos y las emociones que vivíamos al escuchar esa canción. Esto se debe a que se ha encontrado que la música activa el hipocampo, zona del cerebro responsable de la memoria. Además, es importante destacar que aquellos momentos que tienen un significado importante para nosotros están más accesibles a nuestro recuerdo. Es decir, el cerebro asocia la música con recuerdos al experimentar momentos emocionalmente sobresalientes.

 

Efectos de la música en el rendimiento cognitivo

El rendimiento cognitivo es un tema de gran interés entre los investigadores. Hoy en día, el gran reto se centra en describir marcadores específicos del rendimiento cognitivo para así poder establecer qué personas son más candidatas a beneficiarse de la música como herramienta terapéutica. Aunque no seas investigador, seguro que alguna vez has tenido una conversación acerca de si la música empeora o mejora el rendimiento cognitivo.

 

Muchas veces, las respuestas son variadas, ya que hay personas que el tener música de fondo realizando tareas les ayuda, y otras que sienten completamente lo opuesto. Lo mismo ocurre con los estudios realizados hasta el momento. Los resultados son variados y sugieren que existen diferencias individuales en el impacto de la música en la función cognitiva y, por lo tanto, las recomendaciones con respecto a su presencia en el aula, la sala de estudio o el ambiente de trabajo necesitan ser personalizadas.

 

No obstante, sí se puede afirmar que aquellos estudiantes con gran necesidad de estimulación externa deben tener cuidado al agregar música, especialmente la música compleja que puede captar su atención y consumir recursos cognitivos críticos que son necesarios para completar con éxito su tarea. Por otro lado, los estudiantes con una baja necesidad de estimulación externa pueden beneficiarse significativamente de la presencia de la música, especialmente al completar tareas simples y comunes.

 

La complejidad de la tarea que estamos realizando tiene mucho que ver con el beneficio de la música. Es decir, cuanto más compleja es una tarea y por tanto más recursos cognitivos necesitamos para completarla, menos beneficiosa es la música. Definitivamente, ante una tarea cognitiva altamente desafiante, incluso aquellos con una baja necesidad de estimulación externa pueden no mostrar efectos beneficiosos con la música.

 

Finalmente, también se debe tener en cuenta el tipo de música que escuchamos para mejorar nuestro rendimiento cognitivo. La música con letra empeora dicho rendimiento debido a su complejidad. Por tanto, se recomienda escuchar música instrumental para poder asegurar los beneficios en nuestra cognición.

 

¿Qué es la musicoterapia?

 

La musicoterapia es una terapia que hace uso clínico de la música con el fin de conseguir objetivos terapéuticos específicos. Su uso ha incrementado en los últimos años ya que se ha observado que genera beneficios a nivel sensorial, motor, creativo, emocional y cognitivo. Más concretamente y para el interés del presente artículo, se ha descubierto que a nivel cognitivo aumenta la capacidad de aprendizaje, mejora la orientación, aumenta la capacidad de atención y concentración y estimula la comunicación y el lenguaje. Además, a nivel socioemocional aumenta las interacciones sociales, mejorando las habilidades sociales y la autoestima y así previniendo el aislamiento social. Paralelamente, esta terapia también es un muy buen aliado contra la ansiedad.

 

La musicoterapia se emplea a lo largo del ciclo evolutivo. En el entorno infantil, se emplea sobre todo para ayudar a los más pequeños a desarrollar sus habilidades comunicativas. Por ello, esta terapia resulta especialmente útil en niños con TEA, TDAH, y otros trastornos relacionados con la comunicación y/o expresión.

 

Es conocido que los niños con autismo tienen conductas repetitivas y rechazan o ignoran la comunicación. A través de la musicoterapia se trata de mejorar esas conductas y de relajar al niño en diferentes espacios. Cabe destacar que este colectivo tiene una sensibilidad musical mucho más desarrollada que otros niños de su edad y por tanto, mediante la musicoterapia se intenta llegar al mundo de este niño por medio de algún elemento musical, para así poder llegar trabajar objetivos terapéuticos específicos.

 

Algo parecido ocurre en niños con TDAH. La música les ayuda a canalizar toda su energía, favoreciendo así su concentración y atención. En el área emocional, las melodías son grandes aliadas para experimentar situaciones positivas, en las que debe aprender a esperar, en las que puede expresarse tal y como es, en las que se concentra y atiende, y esto puede ayudar a su autoestima.

 

Lo mismo ocurre con los adultos. Los expertos están aprovechando el poder de la música para ayudar a los mayores a recuperarse de enfermedades y lesiones cerebrales y aliviar los síntomas que causan. Por ejemplo, tras un derrame cerebral, en la gran mayoría de los casos se pierde la facultad del habla. No obstante, sorprendentemente tienen la capacidad de cantar y es aquí donde la musicoterapia puede ayudar. Se intenta conseguir la fluidez en el habla mediante el canto y la música. En la misma línea, se sabe que las personas que padecen de Parkinson tienen una gran dificultad motriz, e increíblemente, el baile fortalece el movimiento y mejora su marcha.

 

Del mismo modo, con las personas de la tercera edad esta técnica no se queda atrás. La música es una de las pocas formas de entrar en el cerebro de las personas con Alzheimer. A pesar de la profunda pérdida de memoria que causa esta enfermedad, se pueden recuperar recuerdos vividos escuchando la misma música que ellos escuchaban cuando eran jóvenes. Con esto se consigue que recuerden episodios, momentos, sensaciones e ideas y se utiliza como una técnica para la estimulación cognitiva.

jueves, 1 de junio de 2023

Relativizar es la clave para lograr la felicidad

 

Dr. ENRIQUE ROJAS     |    alimente. El confidencial.com     |       21/05/2023


Aprender a dar a las cosas la importancia que realmente tienen (y no la que percibimos desde nuestros puntos de vista subjetivos) es esencial para lograr el estado mental al que todos aspiramos.

 

En la actualidad vemos como personas que tienen todo lo que se puede necesitar (familia, amistades, salud, trabajo, etc) entran en situaciones de estrés y ansiedad por, digamos, “la gota que colma el vaso”. Mucha de esa presión viene dada por el entorno en el que nos encontramos, por la familia, por nuestro grupo social, por nuestro entorno laboral, incluso por la edad; qué trabajo tenemos, qué ingresos, qué potencial, qué estudios, si tenemos o no familia, si le dedicamos o no tiempo, lo que esperan de nosotros nuestros más allegados, y últimamente, las redes sociales: cuántos seguidores tenemos, cuántos likes...

 

“La satisfacción por el trabajo bien hecho, terminado en su momento, retrata a la persona que lo hace”

Estas situaciones de riesgo se pueden controlar si aprendemos a relativizar; es decir, aprender a darles a las cosas que nos pasan la importancia que realmente tienen. Hay que tener capacidad para valorar los hechos que nos suceden en su justa medida. Eso es fácil de decir, pero más difícil de poner en práctica. Para hacer esto en nuestra vida ordinaria, que es un modo de combatir la ansiedad, son necesarias las siguientes premisas: 

1-Saber valorar los sucesos con una visión de futuro. Esto quiere decir que seamos capaces de mirar en la lejanía, no quedándonos en la anécdota negativa de ese momento o de esa circunstancia. Para eso hace falta tener una buena inteligencia emocional, utilizando bien todos los componentes de la afectividad (sentimientos, emociones, pasiones, etc) y los instrumentos de la razón (lógica, el pensamiento operativo, el ser muy práctico a la hora de elaborar una respuesta, etc). Evitar el apasionamiento excesivo o la reacción brusca que se salga de lo que debería ser normal.


2-Desdramatizar. Evitar convertir un problema real en un drama. Muchas veces puede ser por la inmediatez de los sucesos o por la sorpresa de su aparición, y reaccionamos de forma desproporcionada, dramática, contundente, de forma exagerada, haciendo que los demás tengan una reacción de rechazo hacia nosotros por escudarse de ese momento de ímpetu. Hay que sopesar los sucesos.

 

3-Tener una reacción que sea proporcionada a lo ocurrido. Esto no es otra cosa que un aprendizaje que entraría dentro de la experiencia de la vida, que es un saber acumulado que se ha ido depositando en uno mismo a lo largo de la biografía y que tiene una enorme importancia.

 

Si aprendemos a relativizar de forma sana, dando a las cosas la importancia que realmente tienen, estamos un paso más cerca de alcanzar la felicidad que es la llamada universal de todo ser humano. Todo hombre quiere por encima de todo alcanzar la felicidad, pero pocos realmente lo consiguen. Da la impresión de que la felicidad no es de este mundo. Como si fuera algo fugaz que circula a nuestro alrededor, pero que nunca llegara a invadirnos interiormente. ¿Cómo se puede definir? Podemos decir que es todo aquel conjunto de cosas buenas que cualquier hombre es incapaz de no querer. Pero hay que decir antes que nada que la felicidad es un estado de ánimo, es una experiencia subjetiva, interior, que analiza la propia vida y extrae de ella una impresión positiva (felicidad) o negativa (infelicidad).


Se siente feliz aquella persona ocupada en desarrollar esa inclinación natural, esforzándose por llenar su vida de contenido, superando todas las dificultades que irán surgiendo con el tiempo en el intento de conseguir esa empresa. ¿Qué cosas son las que pueden hacer feliz al hombre? ¿El dinero, la riqueza, el poder, la fama, la gloria, la salud, el bienestar, los distintos placeres, el verse libre de preocupaciones? La felicidad es siempre una ilusión, un proyecto incompleto, inacabado, que está siempre en proceso. Pero de una forma concreta, la felicidad descansa sobre dos pilares: encontrarse a sí mismo, por un lado, y tener un proyecto de vida, por otro. Ahí se esconde la felicidad, desde mi punto de vista.