jueves, 24 de agosto de 2023

"Los jóvenes de ahora no son como los de antes": guía para comunicarte este verano con tu hijo de la Generación Z


Marta Legasa     |     uppers.es      |      07/07/2023


-En una escalada de incomprensión sin precedentes, los que una vez fueron jóvenes no se reconocen en los jóvenes de ahora

-A la Generación Z se la ve con tecnofobia y neofobia, un caldo de cultivo que provoca la brecha generacional cuando, en realidad, sus anhelos, son exactamente los mismos de cuando nosotros éramos jóvenes

-¿Cómo sobrevivir a la convivencia del verano, cuando asoman las manías, los hábitos, los diferentes tipos de entender el ocio y la vida doméstica?


Desde que el mundo es mundo los mayores no se reconocen en los jóvenes ni los jóvenes en sus mayores. El Sapiens anciano (seguramente, a sus 30 años) veía una brecha insalvable frente al cachorro Sapiens. En esta escalada de incomprensión, la misma brecha se mantiene: los que una vez fueron jóvenes tampoco se reconocen en los jóvenes de ahora. La psicóloga Isa Duque (@lapsicowoman) lo confirma en su cuenta de Instagram.

 

"Los jóvenes de hoy no son ni serán como los de antes. Ni los de antes eran como los de antes-antes. Y está bien así. Apartemos un poco los prejuicios adultistas, juvenófobos y tecnófobos que nos aparecen cuando observamos a las generaciones más jóvenes y esforcémonos por trazar puentes intergeneracionales atravesados de diálogos transformadores. Porque además, nos necesitamos", explica en su post de Instagram antes de hablar de todas las diferencias entre la Generación Z y otras: los Z leen más libros, están más concienciados respecto al cambio climático o la violencia sexual, se cuidan más, evitando el consumo de alucinógenos u otro tipo de drogas y se ven sometidos a dificultades extras. Deben destinar más del 80% de sus ingresos si quieren alquilar una cosa y han tenido que superar una pandemia en un momento crucial de su desarrollo. La propia Duque ha hablado de todo ello en su libro 'Acercarse a la Generación Z' (Zenith).

 

¿Y ahora (en verano), qué?

 

En verano ocurre que padres e hijos, los que fueron jóvenes y los que lo son ahora, comparten más horas de las habituales en casa o en el lugar de vacaciones. ¿Cómo sobrevivir a una convivencia resbaladiza, cuando asoman las manías, los hábitos, los diferentes tipos de entender el ocio y la vida doméstica? Quizá crees que no tienes ese problema. Te proponemos este cuestionario: ¿sientes que no conectas o no comprendes del todo a esta generación llamada Z, que parece vivir a través de las pantallas? ¿Piensas que no tienes nada en común con su mundo y su forma de relacionarse? ¿Crees que entender a tus hijos es un desafío que no puedes superar? Si has respondido sí, la brecha generacional existe, pero podemos ayudarte a salvarla con esta sencilla guía.

 

Piensa cómo eras tú

 

Desde Aristóteles se denigra la imagen de la persona joven. A la Generación Z se la ve con tecnofobia y neofobia, el rechazo a lo nuevo. Esto ha creado un caldo de cultivo que provoca un alejamiento cuando, en realidad, sus deseos, sus anhelos, son exactamente los mismos de cuando nosotros éramos jóvenes o adolescentes. En este caso, lo recomendable es reflexionar cómo éramos nosotros de jóvenes y de adolescentes. Esa será la clave para crear puentes generacionales.

 

Otra barrera que debemos evitar es la del adultismo: mirar su mundo desde la perspectiva prepotente adulta. Nuestros hijos aún no han madurado, no son peores que nosotros, sólo más inexpertos. 

Comprende su mundo (por ejemplo, las redes)

 

No es que haya que abrirse una cuenta de Tik Tok, aunque sería un ejercicio muy interesante. Pero sí hay que informarse, conocer qué redes usan más. qué ajustes de privacidad o de control parental hay... No hay vergüenza que valga: si hay que preguntar a alguien que sepa de esto o a otro Z de confianza, estás a tiempo. Para ello, deja de lado los prejuicios. El objetivo no es criticar a tu hijo, sino entender por dónde se mueve y qué le aporta.

 

Muestra tu cariño

Detrás de un adolescente cañero sigue habiendo un chaval que necesita cariño. Mantener los vínculos amorosos es esencial en un momento del desarrollo clave como es la adolescencia. Para algunos padres puede ser un reto por distintas circunstancias, porque, por ejemplo, les conecte a su propia adolescencia. El tipo de adolescencia que hayan vivido los padres también cuenta. Hay personas que no pudieron vivirla a los 15 y la pasan a los 40. Lo importante es que en esa fase ninguna de las partes se aleje. Al fin y al cabo, los padres son los mayores refrentes en la vida de cualquier persona.

 

Enséñales sin abrumar

 

¿Cómo podemos hablar claro de temas como drogas, adicción a pantallas o porno sin caer en la típica chapa? Haciendo una puesta a punto sobre estos temas con información de calidad y siendo buenos referentes, por ejemplo, en el buen uso de las pantallas. Los mayores influencers de los jóvenes y adolescentes son sus padres. Se educa 24 horas, siete días a la semana. Para ellos, es esencial ver cómo nos relacionamos con la tecnología, el alcohol o el ocio. Más que abrumarles con palabras, hay que apostar por los hechos.

 

Sé transparente

 

Ser padre implica tener que hablar de situaciones incómodas. ¿Cómo hacerlo? Los psicólogos recomiendan tratar el tema con transparencia, de la manera más limpia posible de prejuicios. Lo ideal es tener creado un ambiente seguro, en el que puedan sentirse bien y puedan tratar los temas que quieran.

 

Respeta su intimidad

 

Tengamos en cuenta que como jóvenes adultos también necesitan disponer de cierta intimidad. A veces, eso incluye crear distancia entre padres e hijos. Eso también es sano. La identidad se construye eligiendo, dejando unas cosas atrás y tomando otras, estando con uno mismo y construyendo un universo propio. El psicólogo Luis F. Rojas lo tiene claro: "Si tu hijo te cuenta todo, tiene y tenéis un problema".

martes, 22 de agosto de 2023

Agotado y aún queda para las vacaciones... Claves para fluir hasta la desconexión


Redacción Uppers     |     uppers.es     |     14/07/2023

Las vacaciones de verano son el objetivo por el que muchos trabajan a lo largo del año, pero llegan enfermos de 'cansancio estacional'

 

Un estudio sobre bienestar realizado por la aseguradora Cigna destaca que un 40% de la población española está experimentando por estas fechas un agotamiento mayor al habitual, incapaces de relajarse y recargar energía

 

Cabría preguntarse qué sentido tiene la actual organización de los periodos de trabajo y descanso anual

Ya están aquí. Casi podemos tocarlas. Algunos afortunados hace algún tiempo que vienen disfrutando de ellas. Nos referimos a las vacaciones de verano, el objetivo para el que muchos trabajan a lo largo del año. Pero llegamos a ellas sin energía, quemados, abrasados como después de haber sobrevivido a un par de olas de calor. ¿Qué hacer para aguantar el último tirón en el trabajo (y en la vida) con fluidez? ¿Cómo entregarnos al descanso de un modo sano? ¿Cómo evitar la ansiedad de los primeros días de desconexión?

Hablamos con expertos.

 

Agotados e infelices

 

Los expertos llaman a esto ‘cansancio estacional’ y no es un concepto teórico, sino una realidad palpable. Así lo refleja un estudio sobre bienestar realizado por la aseguradora Cigna en el que se destaca que un 40% de la población española está experimentando por estas fechas un agotamiento mayor al habitual, incapaces de relajarse y recargar energía. Otros expertos atacan directamente al propio sistema capitalista, organizado para que el trabajador tenga periodos de descanso pero solo para que vuelva a rendir, pero eso es un tema más complejo.

 

Este cansancio genérico se debe a factores como la falta de tiempo libre que ha ido acumulándose a lo largo del año, la presión de mantenerse productivos y conectados, el desequilibro entre la vida personal y profesional, la respuesta a una vida social muy demandante y también las altas temperaturas. Todo ello puede conducir a episodios de estrés y agotamiento que pueden perjudicar la salud.

Sin embargo, lo que los especialistas consideran más negativo es que estos sentimientos estresantes pueden aumentar el riesgo de sufrir anhedonia, una pérdida de interés o placer en las actividades cotidianas, ya sea en el trabajo o durante las vacaciones. ¿Cómo podemos superar esta falta de interés?


Empieza las vacaciones antes de las vacaciones

Los expertos aconsejan empezar a entrar en modo vacaciones unos días antes. Empieza a planificar qué puedes hacer de nuevo en esos días de ocio, estimula tu imaginación para hacer algo distinto, de manera que el cerebro tenga que pensar y organizar rutas diferentes. Esas conexiones neuronales inéditas nos harán salir del modo automático para entrar en el modo consciente, necesario para disfrutar de las experiencias que nos esperan.

 

Olvida las pantallas

Vivimos en permanente conexión con el mundo, algo que nos ofrece muchos beneficios, sobre todo desde el punto de vista profesional. Pero también tiene algunos inconvenientes; entre ellos la incapacidad de desconectar digitalmente y lograr un verdadero descanso. Acceder a la información o a determinados servicios de manera casi instantánea hace que nuestro cerebro busque continuamente estímulos. No es raro porque está programado para pensar, relacionar y procesar información continuamente.

 

Para evitar caer en ese bucle digital, los especialistas de Cigna proponen poner límites con la tecnología estableciendo horarios específicos para revisar el correo electrónico o las redes sociales, mejor días antes de iniciar el descanso. Dejar las distracciones tecnológicas también requiere un entrenamiento.

 

Desconecta de verdad

 

Es esencial que en épocas en las que el cansancio es más latente desconectemos una vez nuestra jornada haya finalizado. No seguir mirando notificaciones en el mail, móvil o cualquier otro dispositivo. Despejarnos a través de actividades como el deporte puede ayudarnos a no estar pendientes de nuestro trabajo fuera de horario. Por supuesto, también es responsabilidad de la organización no enviar mensajes a deshoras a no ser que sea de máxima urgencia.

 

Pon el foco en el ahora

 

Cuando nos sentimos agobiados y sobrepasados por el trabajo, lo primero que hacemos es pensar en los días que nos quedan para las vacaciones. Al final, psicológicamente es contraproducente porque el camino se nos hará aún más largo y la motivación decaerá. Una solución a esto podría ser pensar en lo positivo que tenemos en este momento, encontrar el disfrute en aquello que estamos haciendo y, en la medida de lo posible, dejar aquello que nos resulta más complejo para otro momento en el que nos encontremos más despejados.

domingo, 20 de agosto de 2023

María Inés López-Ibor, psiquiatra:"La alegría muchas veces, pasa desapercibida"


Aldara Martitegui       |    Madrid     |    niusdiario.es     |     25/06/2022 

María Inés López-Ibor acaba de publicar su libro ‘En busca de la alegría’ 

Hablamos con la reconocida psiquiatra sobre cómo cultivar la alegría en el día a día para alcanzar una vida bien vivida 

La hipótesis del libro es que, aunque no sea fácil, se puede conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia

Cuenta la reconocida psiquiatra María Inés López-Ibor que, debido a su práctica clínica, se pasó muchos años de su vida investigando sobre la tristeza, hasta que un buen día se propuso estudiar sobre la alegría: el sentimiento que aparentemente parece el contrario a la tristeza. Pero la alegría es mucho más que eso: “Porque también es una forma de pensar”, asegura. 

Uno de los frutos de esos años de investigación sobre la alegría es el libro que acaba de publicar: En busca de la alegría (Espasa, 2022). María Inés López-Ibor, que pertenece a una de las mayores estirpes de psiquiatras de nuestro país, responde en su libro a las preguntas que muchos nos hacemos y que son fundamentales para lograr ese ansiado bienestar interior: ¿es verdad que la alegría puede cultivarse?, ¿es lo mismo alegría y felicidad? 

Sí; la alegría puede cultivarse y entrenarse, explica…pero es que, además, todos tenemos muchos más motivos para sentir alegría en el día a día de lo que creemos. Entonces, ¿por qué pasan desapercibidos todos esos momentos? Una de las propuestas de María Inés López-Ibor es precisamente que entrenemos nuestra mente para poner la atención en lo positivo de cada día y que lo honremos como merece. Este pequeño cambio de foco puede suponer el punto de partida del camino para vivir una vida bien vivida. 

Pregunta: Para muchas personas eso de buscar la felicidad es demasiado grande, algo inabarcable que puede llegar a generar frustración. La alegría tal vez sea más superficial ¿pero es más asumible? 

Respuesta: Claro, es que de eso se trata. Creo que la felicidad es básicamente imposible porque la felicidad se asocia a conseguir algo que tú quieres, como una meta. Y eso me da alegría, pero una vez que lo tienes, vas buscando otra cosa… y vas buscando otra cosa…por eso es efímera (…) Es imposible que estés completamente feliz, puedes estar feliz porque has conseguido el trabajo de tu vida, pero puedes estar preocupado porque tienes un niño muy pequeño y no sabes qué va a ser de su futuro. Entonces, por eso, yo creo que es muy difícil. Pero, empezando por la alegría, podemos vivir muchísimo mejor. Yo me he pasado años de mi vida…¡muchos años! dedicándome al estudio de la tristeza por mi práctica clínica… ¿Y dónde está el límite entre la tristeza normal y la tristeza patológica?, ¿y cuando la tristeza se convierte ya en un síntoma? Pero luego decidí que era mejor estudiar el sentimiento que parecía que era el contrario de la tristeza, que es la alegría y, me he dado cuenta de que la alegría es mucho más que un sentimiento: es también una manera de pensar. Hay personas que son capaces de pensar de una manera más positiva. La alegría está relacionada con nuestras motivaciones. Tú puedes ser más positivo. También está un poco relacionada con la personalidad, con los rasgos. Hay personas más melancólicas, pero hay otras que son más positivas, ¡pero lo podemos cambiar! Y la hipótesis del libro es que de lo que se trata en esta vida -que no es fácil, pero hay que trabajarlo- es de conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia.

 

P: Vivimos un poco en la inercia del 'yo soy como soy y punto'. ¿Crees que si hiciéramos un poco más de introspección nos daríamos cuenta de que tenemos muchas posibilidades de cambio y, por tanto, de vivir una vida más plena?

R: Yo creo que sí, fíjate que se critica mucho a Freud, y yo creo que aportó algo muy importante, que es enseñarnos a mirar para dentro: analizarte y de ahí vas encontrando cosas. Con el psicoanálisis simplemente tú vas buscando. Yo creo que Freud se equivocó porque trataba de encontrar una causa, y a veces no las hay. A veces, incluso hay muchos traumas que deben permanecer olvidados porque ya han pasado. Pero sí; el mirarte un poco hacia dentro es importante porque si te conoces, te puedes cambiar. Siendo un poco más superficial es un poco como cuando te miras al espejo: si hay algo que no te gusta o no está bien en tu cara, te pones un poco de colorete o algo que te favorezca más, y ya te ves de otra manera. Pues igual que lo hacemos con el cuerpo, lo podemos hacer con la mente.

 

P: El ritmo frenético de la sociedad actual no favorece para nada este trabajo de introspección, que requiere tiempo y paciencia…¿Cómo ves tú la sociedad de ahora?

R: Para mí es una sociedad que creo que es muy compleja, más de lo que creemos. Es una sociedad en la que el ser humano lo quiere todo y para ya. Mi padre [Juan José López-Ibor Aliño, 1941-2015 ] ya hace años lo llamaba la cultura del Telepizza, pero es un poco así: Quiero comer, me lo traen a casa; quiero ropa, ahora me la traen a casa; necesito arreglar algo de casa, y Amazon me trae el pegamento. Todo para ya, en este momento. Y eso genera mucha insatisfacción, porque no aprendemos a esperar, a reflexionar, a ver realmente qué quiero. Entonces, todo lo que queremos, se nos convierte en necesidad y no es así. Nos hemos dado cuenta en la pandemia de que necesitamos la mitad de las cosas. Pero esa cultura de todo, todo, todo, es ¿lo necesito o lo quiero? Siempre pienso que con los niños nos equivocamos porque siempre les preguntamos qué quieren ser de mayores, y ellos contestan con una profesión: bailarina, pintor, médico, arquitecto. Y yo creo que la pregunta adecuada debe ser tú, ¿cómo quieres ser?, ¿cómo quieres vivir tu vida? Quiero ser una buena persona, estar alegre, disfrutar de la vida…y luego, será bailarina, pintor, periodista o lo que toque.

 

P: Ir en busca de la alegría ¿significa que tenemos que huir de otras emociones más incómodas, como la tristeza?  

R: Es que también tenemos que estar tristes: muchas veces, en nuestra vida, vamos a estar tristes y eso es importante porque todos los sentimientos tienen un papel adaptativoLa tristeza existe para que yo identifique que esa persona me importaba, que esa situación me importaba, que el trabajo me importaba. Y tengo que hacer un duelo. También necesito tener rabia para protegerme, para decir “hasta aquí hemos llegado” y me tengo que enfadar… Por ejemplo, no me gusta nada cuando te dicen que alguien ha fallecido y enseguida parece que necesitan un psicólogo, terapeuta o un especialista. No, tienen que hacer un duelo, es normal, se pasa mal, te angustias mucho, pasas unos días con problemas de sueño, con mucha tristeza, con mucho abatimiento…pero luego lo superas…A lo largo de la vida tenemos que hacer un montón de duelos. Por eso, ese falso ‘buenismo’ de aquí no ha pasado nada…no. Tienes que vivirlo.


P: ¿Qué piensas de este boom de la industria de la autoayuda?

R: A mí, en general, lo de la autoayuda no me gusta. Yo, de hecho, en el libro hablo de autocuidado. Porque yo creo que sí tenemos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos. Uno no tiene la culpa de tener la tensión alta, te ha tocado… pero sí tiene la responsabilidad de comer sin sal y seguir el tratamiento…así es un poco la mente (…) Tú tienes que tener angustia, tienes que tener ansiedad y dolor porque has perdido a una persona que te importa y, además, tú lo tienes que reconocer como normal y, además, lo que a mí me duele, me duele, a ti te duele menos, pero a mí me duele…y tengo que vivir con eso, ocuparme, sentirlo, reflexionarlo… y ya se me pasará y lo colocaré en su sitio y lo superaré y recordaré a esa persona con cariño. De la misma forma tengo que estar triste o angustiado si pierdo mi trabajo…no puedo estar como si nada, porque entonces es falso y eso genera muchas inseguridades (…) No hay que vivir superficialmente. Por eso creo que esa historia de la autoayuda, mal utilizada, genera muchísima insatisfacción…

 

P: Porque, a pesar de que la alegría se puede entrenar, no siempre es algo que dependa de la voluntad de uno…como psiquiatra esto lo habrás visto mucho. Para curar una depresión, por ejemplo, no basta con querer curarse.

R: Es que la voluntad no lo es todo. No conozco a nadie que se quiera encontrar triste o se quiera deprimir; todavía no lo he visto…habrá alguno por ahí, pero yo todavía no lo he visto. La gente lo que quiere es estar bien, lo que quiere es estar tranquilo, alegre, poder disfrutar. Hay gente que es más melancólica, pero eso no es nada malo. La gente lo que quiere es estar bien. La depresión es una enfermedad que para mí tiene alterados dos sentimientos: la manera de cómo te encuentras tú contigo mismo, que es un sentimiento más vital, de tu interior, tienes esa tristeza vital, pero también es del ánimo, de cómo me encuentro yo en relación a lo que me está sucediendo. Y hay veces que eso, la tristeza, se convierte en un síntoma y aparecen otros: problemas de sueño, de concentración, tensión interna…y aparece algo que para mí es muy llamativo en la depresión, yo creo que es uno de los síntomas que marca la diferencia y es lo que no les permite cambiar: es la incapacidad de disfrutar de las cosas. Cuando les dices: “date un paseo”, les da igual darse un paseo. Van al cine y no disfrutan, están con su pareja y no disfrutan, están con los nietos y no disfrutan. Si uno no lo pasa bien, pues lo deja de hacer…pero eso no depende de ellos, ellos lo que quieren es pasarlo bien. Cuando ya se recuperan, es cuando ya empiezan a experimentar placer: dan un paseo y se encuentran mejor, se arreglan y se encuentran mejor, leen y vuelven a disfrutar de la lectura…y, entonces, en ese momento, ya dejan de pensar solo en ellos. Porque el discurso de una persona deprimida siempre habla de él; es como un mecanismo de protección: “no me encuentro bien, no quiero, no puedo”. Pero cuando empiezan a pensar en las otras personas; empiezan ya a preguntarse ¿cómo está mi marido?, ¿y mis hijos?...ahí ya es cuando empiezan a recuperarse. Por eso te digo que es un tema que no tiene nada que ver con la voluntad ni con la intencionalidad.

 

P: ¿Crees que la pandemia ha dejado tan tocada la salud mental de la población como dicen? ¿Tú también estás viendo esta pandemia paralela en consulta?

R: Yo creo que hay dos cosas, creo que la pandemia la tenemos que ver desde el punto de vista psíquico como un desastre o catástrofe; es una situación para la que nadie estaba preparado y que afecta a personas previamente sanas. Es como si hay un terremoto enorme y las consecuencias del hecho afectan a personas previamente sanas. Si tú vives en ese lugar y pierdes toda tu casa… o la guerra en Ucrania: eso supera nuestra capacidad de afrontamiento. Y eso es lo que ha pasado con la pandemia. No nos esperábamos eso.

 

P: Pero la mayoría de las personas han salido adelante…

R: La gran mayoría lo ha superado muy bien y eso es lo que me gusta. Ahora, como ha habido pandemia, pues todo el mundo tiene ansiedad. Pero el periodo de confinamiento lo hemos superado, la gran mayoría hemos vuelto al trabajo, hemos vuelto a hacer las cosas que hacíamos, sí. Lo que ha generado es mucha ansiedad, pero no solo por la pandemia sino por las consecuencias de la pandemia: sociales, políticas, económicas… y ahora, hay muchos síntomas de ansiedad…y no todos lo hemos vivido igual. Quien ha tenido la desgracia de estar enfermo o perder un familiar o haber trabajado en primera línea, pues tienen más síntomas de ansiedad.

 

P: Muchas veces hablamos de salud mental y enfermedad mental como si fueran lo mismo ¿Cuál es la diferencia y por qué es importante hacer la distinción entre ambos conceptos?

R: A mí me gusta que se hable ahora de salud mental; pero hay que entender que la salud mental no es la enfermedad mental. Es como la salud cardiovascular y la enfermedad del corazón. Hay una parte que es verdad, que tenemos que cuidarnos, para que estemos sanos mentalmente y hay algunas personas que van a tener síntomas de enfermedad mental, y algunos van a tener la enfermedad mental. Yo puedo tener ansiedad porque la ansiedad es normal…todos tenemos que tener ansiedad porque es la respuesta normal al estrés. Algo ha sucedido y tengo que responder. Pero, en algún momento, la ansiedad se convierte en un síntoma de una depresión, o de otra enfermedad, o de un trastorno en sí mismo y ahí ya necesito un tratamiento. Entonces, yo creo que ahora sí que estamos viendo que hay personas que no están bien y que, además, empiezan a venir a consulta con síntomas relativamente leves porque ya se está perdiendo un poco el tabú de ir al psiquiatra o al psicólogo. Yo necesito ayuda y voy a ir, entonces, vienen con síntomas más leves que antes y las posibilidades de recuperación son muchísimo mayores, como en cualquier enfermedad…

 

P: ¿Cómo saber que ha llegado el momento de pedir ayuda profesional?

R: Creo que el límite en cada persona es distinto, pero es cuando ya te afecta a tu vida; incluso cuando tú ya empiezas a pensar “esto no es normal” (…) cuando los demás te lo dicen: “oye, es que estas muy irritable”. Cuando ya tienes señales en tu cuerpo, que a veces no las prestamos atención: no duermo, me cae mal la comida, estoy como con un perro aquí en el estómago que me está mordiendo todo el rato, tengo dificultad respiratoria, salto con mis hijos, salto en el trabajo. Cuando todo se me hace muy pesado y me afecta ya…yo creo que ya hemos pasado el límite. Y entonces, ahí es cuando hay que ir al médico de cabecera o a un especialista.

 

P: Unas personas aguantan y aguantan y no van al profesional de la salud mental cuando tienen que ir, y otras van cuando en realidad no sería necesario…de ahí viene la queja de que se patologiza la vida cotidiana porque, como dices, cierto nivel de ansiedad, es normal…

R: Claro, lo que no podemos hacer es medicalizar todo el sufrimiento o todos los sentimientos del ser humano, no. Yo tengo que tener ansiedad si tengo un examen o si tengo esta entrevista porque, si no, es que no me importa. Tengo que estar triste, igual que tengo que ponerme muy contenta si algo bueno me sucede.

 

P: ¿Tenemos mucho que aprender todavía sobre salud mental?

R: Exactamente, porque medicalizamos el sufrimiento. Mira, a mí, lo que realmente no me gusta, es que viene mucha gente a la consulta y me dice: "yo tengo la autoestima baja"…¿pero eso que es? Y yo digo, "la autoestima no es ni baja, ni alta, ni gorda, ni delgada… es que tú no te estimas a ti mismo de manera adecuada: tu autoconcepto todavía no está bien", pero claro, si ya le pones un apellido, ya lo dejas así: “yo soy morena: punto” Y no es así, porque yo puedo trabajar, conocerme bien… efectivamente, hay cosas de mí que no me gustan nada, pero puedo irlas modificando y, al final, estar más contenta conmigo misma. Por eso digo que la alegría es como un camino. El subtítulo del libro se me ocurrió en el último momento es cómo vivir una vida bien vivida, bien sentida, bien pensada…y a lo mejor te han pasado miles de desgracias pero, si las has afrontado bien, tú vas a tener esa sensación de que tu vida ha sido plena.

 

P: Para terminar: ¿Algún consejo para lograr esa vida bien vivida?

P: Hay algunos muy sencillos…yo creo que hay uno que es importantísimo, y es que cada día te fijes en tres cosas buenas que te hayan pasado y les des importancia; que tus hijas sonríen, que hayan ordenado el cuarto, que el vecino te salude, que te ha llamado un amigo…porque siempre estamos con el ‘pero’… “ya, pero es que no me llamó ayer”. No, pero te ha llamado hoy. O que alguien te diga un detalle…Es que todas esas cosas buenas las damos por hechas, no les damos importancia, pero si uno las reflexiona cinco minutos, toda la angustia, todo el estrés de la vida cotidiana, puede bajar un poco…

viernes, 18 de agosto de 2023

Cómo dejar de hacerse la fuerte de la familia y no sentirse culpable


PATRICIA RAMÍREZ      |     Abc.es (El lunes empiezo-blog)     |    01/03/2020

Sin saber por qué, muchas mujeres, también hombres, se convierten en los «fuertes de la familia».

 

No se trata de un título oficial ni nada que alguien te imponga. Pero tu calidez y cariño en la interacción con las personas que quieres, tu capacidad para resolver problemas, tu servicialidad, tu rapidez, tu humanidad, ser la o el mayor, quién reside cerca, quién tiene un horario flexible o de media jornada, tu sentimiento de pertenencia, no saber decir que no o simplemente el hábito de ser tú la que siempre resuelve todo, te ha convertido en la fuerte de la familia. Titulazo. Y estás hasta las narices de serlo.

 

Ser la fuerte de la familia te ha obligado a ocuparte de responsabilidades que no te tocan, a renunciar a tiempo personal, profesional, a tener que disimular emociones, esconder tus ganas de llorar, a no ser impulsiva y mandar todo al garete cuando estabas agotada. Ser la fuerte de la familia te ha minado por dentro y por fuera. Representas un rol que no elegiste, que te ha desgastado y del que deseas liberarte porque, además, no te identificas con él. Simplemente en el reparto de la película de la vida de tu familia, te tocó.

 

Seguir siendo la fuerte de la familia supone seguir simulando una entereza y fuerza que ya no deseas. Supone no poder expresar dolor, no contagiar a los demás tus miedos, que, por cierto, también los tienes. Supone seguir protegiendo a todos del dolor, de la responsabilidad, seguir liberando de responsabilidades a los tuyos…porque total, tú lo haces todo mejor y más rápido que los demás.

 

Dejar de ser la fuerte de la familia no es sinónimo de desentenderte de todo, de dejar de pensar en los demás, no de ser coherente con tus valores. Solo se trata de dejar de fingir emociones, de poder expresar lo que sientes, de hablar de tus miedos, de cargar con menos peso en la mochila, de repartir el peso y buscar soluciones. Dejar de ser la fuerte de la familia es permitirte derrumbarte, decir que no cuando ocuparte de ti y no sentirte responsable de todo lo que le pasa a tu familia y a tu entorno.

 

Querida, o querido, manos a la obra. Empieza el increíble reto de «dejar de ser la fuerte de la familia y no sentirme culpable por ello».

 

Grito de guerra

 

Este grito de guerra no te libera de ninguna carga, pero sí te libera de emociones. Empieza por gritar para adentro cuando haya gente delante o para fuera cuando estés sola. ¿No te ocurre a menudo que tus hijos llegan a casa, y que desde primera hora de la mañana ya te están mandado mensajes «qué hay hoy para comer» y tú con todo tu amor preparas lo que es saludable y al llegar te ponen cara de «qué mierda, yo quería pasta»? Pues a partir de ahora, no razones, no les digas todo lo que haces por ellos, no les expliques que tienen que comer de forma saludable, simplemente grita por dentro «que te jorobes, que esto es lo que hay». Decírselo a la cara es políticamente incorrecto, pero ¡Qué bien sienta por dentro! No te desgastes, no busques explicaciones de buena madre. ¡Hala, aire fresco! Y no digas un «que te jorobes» enfadada, no. Con toda la risa del mundo. Y esto es aplicable a tus hijos, a tu madre, a tu pareja, y a todo el que te exija.

 

Delega

 

¿Qué estás haciendo tú que puedan hacer los demás? Siéntate por favor y elabora una lista. Comparte esa lista con todas las personas cercanas e involucradas que puedan responsabilizarse de lo que te responsabilizas tú.

 

Si estás esperando el día en que sean maduras y generosas como para que salga de ellas...de ayudar, igual terminas de quemarte. Tus hermanos, tus hijos, tu pareja, tus amigos, tus padres ya se han acostumbrado a que te ocupes tú. Incluso les da confianza y seguridad…porque ¡tú lo haces taaaaaan bien!

 

Si resuelves a todos situaciones como ser la única que acompaña a tus padres al médico, a tus hijos a sus citas, acompañar emocionalmente a tu hermano que se acaba de divorciar, proteger a tu pareja para que no sufra con la controladora de su madre, quitarles a tus hijos piedras del camino, resolver los temas financieros de tu hermana que no tiene mucho sentido común y lo despilfarra todo, será muy difícil desprenderte de ello. Permite que todo esto esté hecho medio regular, que haya olvidos, que aprendan a convivir con las consecuencias. Y si me dices «ya, pero si no me ocupo yo, es que no se ocupa nadie», pues igual durante un tiempo, hasta que se puedan vivir las consecuencias, no tiene que ocuparse nadie. Y no me refiero a situaciones en las que tus padres pongan en riesgo su salud. Me refiero a vivir las consecuencias que sean asumibles sin riesgos graves de salud. 

 

Deja de hacer

 

¿Todo lo que ahora estás haciendo necesita hacerse? ¿Y si necesita hacerse, se necesita con ese grado de exigencia? Igual llamas todos los días a tu madre dos veces al día, igual vas a comer a casa de tus padres tres veces en semana, igual eres de la que lleva la agenda de tu hermana porque a ella se le olvidan sus revisiones, o estás pendiente de qué necesita tu hermano que está viviendo fuera. Podrías hacer reducir el número de llamadas, las visitas, sobreproteger a tus hermanos, o dejar de recordarles lo que ellos deben tener presente. 

 

Vuelve a hacer una lista con aquello que vas a empezar a dejar de hacer y piensa en qué vas a invertir ese tiempo que ahora la vida te regala. En lugar de comer tres veces en semana en casa de tus padres, podrías empezar por dejar de ir un día y dedicártelo a ti, a un masaje, a ir a caminar, a comer con amigas una vez a la semana o disfrutar de comer sola en casa. 

 

No preguntes, reparte

 

Cuando los demás se han acostumbrado a que seas tú quién hace todo, ya lo dan por sentado. Al margen de la conducta egoísta, ya ni se les ocurre preguntar ¿quieres que lo haga yo? Ya es un hábito que te ocupes tú. A partir de ahora no pienses que pedir a los demás que se ocupen de todo lo que haces tú es pedirles un favor. No. Favor es el que llevas haciéndoles tú toda la vida. A partir de ahora no preguntes «¿podrías por favor tú este fin de semana ocuparte de papá y mamá?» Pone en el chat de la familia «este fin de semana no puedo ocuparme yo, organizaros para hacerlo vosotros».

 

Enseña tu «know how»

 

Para ser la fuerte y la responsable de la familia has tenido que desarrollar una serie de estrategias que te han permitido compaginar tu vida con la de los demás. Eres operativa, estratega, organizada, planificadora. Te pones alarmas, llevas una agenda, tienes una carpeta con los asuntos importantes.

 

¿No podrías enseñar por favor a tus padres, hijos, pareja, amigos, tu sistema? Igual tus padres podrían llamar a sus citas si pusieran una alarma en el móvil y tuvieran todos los teléfonos de sus médicos escritos en grande en una agenda. Igual podrían tener un planificador para notarlo todo. 

 

Expresa tus emociones con libertad

 

Permítete expresar tus emociones cuando te apetezca, esté quien esté delante. Hay veces en las que reprimimos un lloro porque nuestros hijos no nos vean sufrir. Llevamos el duelo, los miedos, la incertidumbre por dentro. No nos permitimos ni expresar las emociones ni hablar de lo que nos preocupa. Todo porque los demás no sufran. Pero con ello tampoco les educamos en una buena gestión de emociones.

 

Les estamos transmitiendo que no tenemos derecho a preocupar a los demás, que nos tenemos que contener. Y esto no ayuda. Ni a nosotras ni a ellos. En función de la edad, tus hijos se sentirán muy aliviados, o tus padres, aunque san mayores, sabiendo qué te ocurre. Porque lo que genera estrés en los demás no es conocer cómo te sientes, sino desconocer el motivo de tu preocupación.

 

No somos las responsables de la felicidad de los demás No somos las responsables de las responsabilidades de otros. Tenemos derecho a poder venirnos abajo. Así que respira y descansa.