viernes, 20 de febrero de 2026

Laura Chica, psicóloga: "A las personas altamente sensibles hay que decirles que la sensibilidad es un regalo, no una debilidad"

 LAURA CHICA      |   cuerpomente.com    |      30/01/2026

Es una valiosa capacidad para percibir lo que otros no pueden ver. Es un desafío, sí, pero también una preciosa fortaleza que embellece el mundo. El mundo necesita más personas PAS.

Acabo de poner Nuvole Bianche, de Ludovico Einaudi, para escribir este artículo. Al ponerlo me doy cuenta de que soy una PAS buscando otro PAS; una creación que viene de la mayor sensibilidad, y que te recomiendo poner de fondo mientras lees este texto. Permíteme acompañarte a descubrir en estas líneas qué es ser PAS, cómo te afecta serlo, o tenerlo cerca, y lo más importante: cómo vivir siendo PAS en un mundo cada día más rápido e intenso, donde todo te agota.

SER UNA PERSONA ALTAMENTE SENSIBLE

Podemos comenzar destacando que, de diez personas que conoces, entre dos y tres son altamente sensibles. Quizá tú eres una de ellas. Quizá lo es tu pareja, tu hijo/a, o alguien a quien te cuesta entender por qué necesita más calma y espacio.

Esta es la estadística que aporta la mayor investigadora de este rasgo, Elaine Aron, creadora también de la mayor parte de la información que conocemos hoy sobre el mundo PAS. Le puso el nombre de Highly Sensitive Person, y en español lo conocemos como Personas Altamente Sensibles (PAS) o personas con Sensibilidad al Procesamiento Sensorial (SPS).

Descubrir las características de este rasgo y saber si eres una persona altamente sensible puede cambiar tu vida; te ayuda a comprenderte más y a juzgarte menos. Y comprenderte te ayuda a amarte, por lo que saber si eres una persona altamente sensible te puede descubrir un mundo nuevo en ti.

DESCRIBIENDO EL PAS

Pero, ¿qué es ser una persona con alta sensibilidad?

Hablamos de ser PAS cuando la persona tiene un sistema nervioso que percibe y procesa más información sensorial simultáneamente, con todo lo que ello conlleva. Las personas altamente sensibles sienten mayor empatía y mayor conexión con los estímulos del entorno y las personas.

Tiene una base biológica: las investigaciones han demostrado que las PAS tienen una mayor actividad en áreas del cerebro relacionadas con la percepción y el procesamiento de estímulos sensoriales; y mayor activación de la corteza prefrontal (asociada con la toma de decisiones, la regulación emocional y la reflexión) y la corteza insular (vinculada a la percepción y a la conciencia corporal).

En algunos estudios, como describe Aron en 2014, se ha encontrado que las PAS muestran una mayor activación en áreas del cerebro relacionadas con la empatía, el procesamiento emocional y la conciencia social, incluyendo la amígdala, el córtex insular y el giro frontal inferior, lo que explicaría la mayor empatía y mayor intensidad emocional, entre otras cosas.

CUATRO PILARES QUE LOS DEFINEN

Según Aron, son cuatro los pilares básicos que caracterizan a las PAS, y tienen que ver con cómo perciben y procesan el mundo:

1. Procesamiento profundo de la información

Las PAS procesan la información de forma más compleja y reflexiva. Tienen una gran capacidad de análisis interno, conectan lo que viven con su mundo interior.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Tiendo a reflexionar mucho sobre lo que me ocurre, incluso sobre cosas pequeñas, y busco siempre un sentido más profundo a las experiencias?».

2. Sobreestimulación

Por ese procesamiento profundo, las PAS se saturan con más facilidad que otras personas, sobre todo en ambientes muy ruidosos o con muchas exigencias.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Me siento fácilmente abrumada/o en ambientes con mucho ruido, muchas personas o muchas tareas simultáneas?».

3. Reactividad emocional y empatía

Las PAS tienen emocionalidad intensa y una empatía muy desarrollada. Se conectan con los demás a niveles muy profundos y pueden sentirse fácilmente impactadas por el sufrimiento o la alegría de otros.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Siento las emociones de los demás como si fueran mías y me emociono con facilidad ante cosas bellas o conmovedoras?».

4. Sensibilidad a las sutilezas

Notan detalles que casi nadie siente: tonos de voz, gestos, olores, luces, cambios en el entorno o en el estado de ánimo de los demás. Esta percepción sutil es una de sus grandes fortalezas.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Me doy cuenta de detalles que la mayoría no percibe, como cambios sutiles en el tono de voz, la energía de un lugar o el cambio sutil del clima?».

COMO AFECTA A TU VIDA EL PAS

Ser PAS es tanto una bendición como un desafío, siendo necesaria la comprensión e integración del rasgo para vivir en equilibrio y con mayor bienestar.

De forma natural y antes de reconocer si lo eres, puedes sentir agotamiento emocional constante, que el mundo te abruma, demasiada intensidad al vivir las emociones o dificultad para relajar la mente o dejar de pensar.

Pero no todo es negativo o difícil; ser altamente sensible también te lleva a experimentar la vida con mayor intensidad emocional, a sentir profundamente la belleza del mundo en cada detalle y a ser creador y creativo en cualquiera de sus versiones, con una amplitud de colores, detalles y sensaciones que solo la profundidad de la mirada PAS puede percibir.

Es sin duda un regalo, una fortaleza, para ti y para la humanidad: el don de la sensibilidad. Sí, recuerda: tu sensibilidad es un regalo para este mundo.

SEIS CLAVES PARA VIVIR BIEN SIENDO PAS

1.      Respira, conócete de verdad y acepta con amor todo lo que hay en ti. No hay otro camino para vivir en equilibrio contigo que no sea la aceptación y el autoamor.

2.      Respeta tus tiempos, tu espacio, tu ritmo. Espacia tus compromisos. No llenes tu agenda. Las PAS necesitan pausas para procesar, recargar y volver con suavidad a su centro.

3.      Comprenderte te ayuda a amarte (y también a no juzgarte). Compararte con otros te hace daño, porque no tienes que parecerte a nadie. Comprende qué sientes, qué necesitas, y cuida tu mundo de una forma amable y muy respetuosa.

4.      Haz de tu sensibilidad el don de tu vida. Tu empatía, intuición y profundidad son armas muy poderosas. Puedes liderar, crear y transformar desde tu manera única de sentir y de ver el mundo y a las personas.

5.      Crea entornos amables para ti. Rodéate de personas y lugares que te hagan sentir bien en todo momento. La belleza, la calma y la autenticidad son auténticos bálsamos para tu alma.

6.      Aprende a poner límites desde el autoamor. Una vez que conoces qué te hace bien y qué no, descubres que decir «no» es cuidarte. No necesitas justificar tu necesidad de descanso, silencio o espacio. Tu equilibrio es prioridad, porque sin ti no hay nada.

Día Internacional del Síndrome de Asperger: seis recomendaciones para acompañar y brindar apoyo

INECO *    |      infobae.com     |      18/02/2026

*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.

En exclusiva para Infobae, Ineco destacó la importancia de adaptar el entorno, promover la comunicación explícita y comprender las necesidades sensoriales y cognitivas de quienes se encuentran dentro del espectro autista.

Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger, una fecha que invita a reflexionar sobre un perfil particular dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Si bien el término “Asperger” ya no se utiliza como diagnóstico formal en las clasificaciones actuales, continúa siendo una referencia frecuente para describir a personas con lenguaje formal conservado, inteligencia promedio o superior y diferencias específicas en la comunicación social y la flexibilidad cognitiva.

Desde la actualización de los manuales diagnósticos internacionales, estas características se integran dentro del espectro autista.

El cambio no implica que el perfil haya desaparecido, sino que se entiende como parte de una misma condición neurobiológica con distintos niveles de apoyo.

Un modo particular de procesar la información

Las personas con perfil Asperger suelen presentar un pensamiento lógico, detallado y profundo, con intereses específicos e intensos. Sin embargo, pueden tener dificultades para interpretar normas sociales implícitas, ironías o cambios inesperados en la rutina.

“No se trata de falta de empatía, sino de una forma distinta de procesar la información social. Muchas veces la comprensión emocional está presente, pero no es automática ni intuitiva: requiere un procesamiento más consciente”, explica la doctora Paloma Bamondez, miembro del Departamento de Psiquiatría de INECO.

El desafío no está en la capacidad afectiva, sino en la lectura rápida de claves sociales no explícitas.

Cuando el reconocimiento llega tarde

En la infancia, este perfil puede pasar inadvertido, sobre todo cuando el rendimiento académico es bueno y no hay retraso en el lenguaje. El diagnóstico suele llegar en la adolescencia o la adultez, cuando aumentan las demandas sociales, laborales y emocionales.

En ese contexto, es frecuente que aparezcan ansiedad, agotamiento o sensación de desajuste, especialmente en personas que han sostenido durante años un fuerte camuflaje social: observar, imitar y ensayar conductas para encajar.

“Muchas personas consultan por ansiedad, agotamiento o dificultades vinculares, y recién en ese proceso se comprende que su trayectoria responde a un perfil del espectro. El diagnóstico suele traer alivio porque organiza la historia personal”, señala la doctora Mariana Kes, miembro también del Departamento de Psiquiatría de INECO.

Otro rasgo característico es la sensibilidad sensorial. Ruidos intensos, luces fuertes o entornos sociales muy estimulantes pueden resultar abrumadores. No es una cuestión de tolerancia emocional, sino de umbrales neurobiológicos distintos.

A esto se suma una menor flexibilidad cognitiva: los cambios imprevistos o la ambigüedad pueden generar alto malestar. “Cuando el entorno es previsible y claro, la persona funciona mucho mejor. Muchas dificultades no desaparecen, pero disminuyen notablemente si el contexto se ajusta al modo en que ese cerebro procesa la información”, agrega la doctora Mariana Kes.

El diagnóstico como herramienta de comprensión

Recibir un diagnóstico no implica encasillarse, sino comprender la propia trayectoria. Permite ajustar expectativas, identificar fortalezas y diseñar estrategias más acordes al funcionamiento individual.

La evidencia muestra que el mayor impacto positivo no proviene de intentar “corregir” a la persona, sino de adaptar el entorno: mayor previsibilidad, comunicación explícita, reducción de sobrecarga sensorial y respeto por los tiempos individuales.

Recomendaciones para acompañar este perfil dentro del espectro

1.      Comunicación clara y directa. Evitar ambigüedades reduce ansiedad y malentendidos.

2.      Avisar con tiempo modificaciones en rutinas o tareas favorece la regulación emocional.

3.      Respetar intereses específicos. Suelen ser una fuente de motivación y desarrollo de habilidades.

4.      Reducir la sobreexigencia social. No forzar contacto visual constante ni participación permanente protege la energía mental.

5.      Validar el cansancio social. Necesitar tiempo a solas no es desinterés sino una estrategia de autoregulación.

6.      Consultar a profesionales especializados.

Ante la sospecha, una evaluación clínica integral es fundamental para orientar apoyos adecuados.

Comprender para incluir

Hablar de esta fecha no implica reinstalar una categoría diagnóstica ya superada, sino comprender mejor un perfil específico dentro del espectro autista.

En el marco del 18 de febrero, la invitación es a avanzar hacia una mirada más actualizada y respetuosa: entender que el autismo no es uniforme, que existen múltiples trayectorias y que la inclusión comienza cuando el entorno deja de exigir homogeneidad y empieza a reconocer la diversidad neurobiológica. 

viernes, 13 de febrero de 2026

Cómo evitar que el exceso de empatía robe tu identidad

 AMINIE FILIPPI     |     telva.com      |      19/01/2026

 

¿La empatía es una cualidad positiva e intentas trabajar en ella todos los días? Eso está muy bien, pero, cuidado con exagerar, porque podría perjudicarte más de lo que piensas. Aprende a gestionar la hiperempatía para obtener todos los beneficios que conlleva ponerse en la piel de los demás.

Cuando hablamos de habilidades sociales, la empatía se lleva la palma. Se la valora con matrícula de honor en todos los ámbitos de nuestra vida. Permite que tengamos mejores relaciones sociales, laborales, familiares y de pareja. Nos permite entender y comunicarnos mejor con los demás y conocer, bajo una mirada más amplia, el mundo en que vivimos. Sin duda, una virtud. No obstante, como todo en la vida, cuando somos empáticas en exceso, dejar de beneficiarnos, sino que todo lo contrario. Nos permite entender y comunicarnos mejor con los demás y conocer, bajo una mirada más amplia, el mundo en que vivimos. Sin duda, una virtud. No obstante, como todo en la vida, cuando somos empáticas en exceso, deja de beneficiarnos, sino que todo lo contrario.

EL VALOR DE LA EMPATÍA

La empatía es "la capacidad natural que tenemos los seres humanos de entender cómo se siente la otra persona; cómo, qué está haciendo y cómo está viviendo las cosas y, de esta manera, poder conectar y entender al otro y, desde ahí, tener un acercamiento a su mundo emocional". Así la define el psicólogo Buenaventura del Charco Olea, quien añade que, al entender mejor cómo se siente el otro y ponernos en su piel, actuamos de manera más acorde a esa vivencia y no solamente desde la nuestra. "Si vemos que alguien está triste, por ejemplo, tendremos la capacidad de ponernos casi tan tristes como esa persona y entender mejor esa emoción, porque esa emoción nos resuena", dice.

Cuando somos empáticas, nos mostramos más sensibles, nuestras relaciones interpersonales funcionan bien y hay más y mejor conexión con los demás. Además, supone una gran capacidad para detectar cambios emocionales en los otros, aun cuando estos sean sutiles, lo que nos aporta una especial habilidad para ayudar mejor a quien lo necesita y a la resolución de conflictos. Por eso, es normal que la veamos como una cualidad extremadamente positiva.

HIPEREMPATÍA: TODO, EN EXCESO, HACE DAÑO

Pero cuando nuestra empatía es demasiado elevada, cruza esa delgada línea, y pasa de ser beneficiosa a ser perjudicial. A este exceso se lo conoce informalmente como hiperempatía, aunque el término realmente no existe como proceso en psicología. El experto prefiere llamarlo simpatía. "La empatía implica ponerte en los zapatos del otro para luego volver a ti, es decir, no quedarte en la postura del otro. La simpatía, en cambio, es lo que ocurre cuando te metes tanto en la postura del otro que eres incapaz de volver a tu propia postura, te quedas enganchado en esa vivencia ajena". Y eso hace daño, por lo que, quien sea hiperempático o simpático, no lo pasa nada bien.

Algunos estudios señalan que esta sobrecapacidad tiene una base biológica, lo que ha sembrado un gran debate entre los profesionales: algunos creen que se trata de una característica 100% innata y de la personalidad, es decir, se nace con ella, mientras que otros, como Del Charco, opinan que, si bien puede haber un componente genético, tiene más peso todo lo aprendido, o sea, el componente adquirido.

LOS EFECTOS DE SER DEMASIADO EMPÁTICA

En general, las personas con un nivel exagerado de empatía, suelen tener dificultades para distinguir entre sus emociones y las de los demás, y las viven como propias. Esto puede hacer que se involucren demasiado en los problemas ajenos, absorbiendo las emociones negativas, que en realidad no son las propias, hasta el punto de afectarse personalmente y hasta perder la propia identidad.

Esta hiperempatía conlleva además un gran desgaste de energía, que, a su vez, puede desembocar en estrés crónico, ansiedad o fatiga emocional, porque, al no poder disgregarse del otro, confunden las emociones ajenas con las propias, se siente impotente al no poder solucionar todos los problemas que percibe, y sufren el dolor del otro con gran intensidad. Esta constante preocupación puede acabar afectando la capacidad de disfrutar del momento presente y provocar agotamiento mental.

Por último, cuando estamos demasiado centrados en los problemas ajenos, es posible que descuidemos nuestro propio autocuidado y hábitos saludables, lo que se manifiesta tanto emocional como físicamente.

POR QUÉ HAY PERSONAS MÁS EMPÁTICAS QUE OTRAS

En este escenario, pueden converger muchas causas y combinaciones que conducen a que haya personas mucho más empáticas que otras:

  • Los más susceptibles. "Personas a las que el entorno haya impuesto muchas responsabilidades desde pequeñas; vivido en un ambiente social más cooperativo, caritativo o más compasivo, o que, simplemente, se les haya recompensado esa actitud en la infancia, son más susceptibles de desarrollar exceso de empatía", sostiene el psicólogo.
  • Falta de límites. La hiperempatía también puede originarse en personas que no gestionan bien el conflicto, que no quieren contradecir a otros, que tienen baja autoestima y poca seguridad en sí mismas, ya que les resulta más difícil decir que no o exponer su propia opinión, en determinado momento, que adoptar la del otro. "Anteponemos lo que necesitan los demás, y pensamos y hablamos en términos de cómo lo viven los otros, antes de priorizar nuestros propios requerimientos", afirma el experto.
  • Responsabilidad por los demás. Sentir que debemos ayudar a quienes nos rodean, está muy bien, pero no cuando sacrifica nuestro bienestar, nuestros tiempos y ritmos. Esto es muy común en los cuidadores, que suelen presentar una gran sobrecarga empática, o "síndrome del cuidador" o burnout, cuando alguien se entrega por completo a ayudar a otros, olvidándose de sí mismo, con el riesgo de desarrollar depresión, ansiedad o problemas de salud física como insomnio y fatiga crónica, además de aislamiento, porque descuida sus propias relaciones. En estos casos, conviene recordar una red flag, ya que, si bien es de suma importancia cuidar a los demás, nunca debe ser a costa de nuestra propia salud mental.
  • Fatiga emocional. Quienes experimentan una empatía excesiva suelen sentirse abrumados, agotados y sin energía. Es frecuente que sientan una necesidad constante de solucionar los problemas ajenos, pero se olvidan de que están gastando tanta energía vital que ya no quedará para ellos mismos. Por otro lado, genera un desequilibrio en las relaciones, ya que la persona empática siempre da, pero nunca recibe el apoyo que también necesita.
  • Ojo con la excusa de la hiperempatía… Hay personas que dicen que son muy buenas y superempáticas, pero "realmente están utilizando el concepto para manejar otro tipo de problemas y sentirse mejor consigo mismas, manipular o manejar a los demás", acota el experto.
  • Miedo. Algunas personas también pueden escudarse bajo el alero de un exceso de empatía para ocultar su miedo al rechazo, al abandono, al aburrimiento, e incluso por no querer posicionarse ni profundizar en ciertas reflexiones. Es más cómodo ponerse en el lugar del otro y opinar desde ahí. "Lo que hay que entender no es si somos o no hiperempáticos, sino por qué y para qué hemos aprendido a serlo", afirma Del Charco.
  • Sentirse mejor. "Hay gente que construye su identidad narcisista en torno a la idea de ser buenísima persona e hiperempática, y lo utiliza para sentirse mejor o superior a los demás en términos morales o éticos, o de sensibilidad. Llaman hiperempatía a lo que, en el fondo, es un déficit de asertividad", añade el psicólogo. 
CÓMO GESTIONAR EL EXCESO DE EMPATÍA Y LLEGAR A UN EQUILIBRIO

El psicólogo clínico Rodrigo Martínez de Ubago sostiene que lo primero es ser consciente del problema y entender que en los casos de ser demasiado empáticas, estamos sintiendo emociones que no nos pertenecen. A partir de ahí, trabajar el paso de una empatía emocional a una cognitiva, por ejemplo, integrando pensamientos tales como "puedo entender cómo te sientes, pero yo no me sentiría igual si me pasara lo mismo que a ti".

Si lo anterior nos cuesta, podemos empezar a hacernos las preguntas adecuadas: ¿qué quiero?, ¿qué pienso?, ¿qué siento? A veces, no lo sabemos, no nos hemos sentado nunca a pensarlo, pero es buena idea encontrarnos en ese sentido. Además, grabarse a fuego frases como "lo que te ocurre me conmueve, pero no puedo hacer tanto o lo que necesito yo es otra cosa". Hablarnos con este lenguaje no significa que seamos egoístas ni egocéntricos. Solo queremos conseguir el equilibrio.

El experto, también profesor colaborador de la UOC, afirma que es necesario entrenar un distanciamiento emocional. Cada vez que la persona detecte que está sintiendo hiperempatía, debe hacerse consciente de que las emociones del otro son un problema del otro, y evitar sentirlo como propio. "A veces el distanciamiento debe ser físico y real, ya que no pueden estar con personas emocionalmente muy cargadas negativamente. Es necesario buscar a otras", recomienda el experto.

Estas recomendaciones forman parte de varias estrategias que podrían valer para regular la hiperempatía y evitar que afecta nuestra salud mental. Entre ellas está la terapia cognitivo-conductual (TCC), con técnicas para distinguir las emociones propias de las ajenas; el mindfulness y la regulación emocional, con métodos efectivos para observar desde fuera las emociones, sin hacerlas nuestras. Al mismo tiempo, es fundamental aprender a establecer límites emocionales y aplicar técnicas de desapego, es decir, ayudar a los demás sin absorber su sufrimiento.

jueves, 12 de febrero de 2026

Alejandro Martínez Rico, psiquiatra: “La ansiedad es la enfermedad de las mil caras”

 NEKANE LAUZIRIKA     |    noticiasdealava.eus/salud     |     24/01/2026

Con 15 años comenzó a acompañar en consulta a su padre, también psiquiatra, observando de primera mano el impacto de la ansiedad, la depresión y otros trastornos en la vida de las personas. “La ansiedad es un tren con destino a la depresión; hay que aprender a gestionarla y recuperar la tranquilidad”, remarca.

La ansiedad es más prevalente de lo que nos gustaría. En la UE una de cada cuatro personas tendrá un trastorno de ansiedad en su vida; hoy supone el 40% de los trastornos mentales diagnosticados y el 60% de las personas con ansiedad no recibe tratamiento adecuado. Para luchar contra la ansiedad o al menos aprender a gestionarla, Alejandro Martínez Rico acaba de publicar Ansiedad, ¡déjame en paz!, un libro que combina ciencia, empatía y estrategias prácticas. “Este libro no es solo para quienes sientan su balanza desequilibrada y su vaso demasiado lleno, sino que sirva para quienes desean vivir con más calma y quieran bajarse del ritmo frenético y remar hacia la orilla, al remanso que todos necesitamos”, afirma.

QUIÉN ES

Alejandro Martínez Rico es médico por la Universidad Complutense de Madrid. Está especializado en Psiquiatría en el Hospital Regional de Málaga y es experto en la ansiedad y su tratamiento. En 2024 fue nominado Mejor Psiquiatra de España en 2024 en reconocimiento a su labor clínica y divulgativa. Compagina su consulta con la divulgación del conocimiento sobre salud mental. En redes sociales, bajo el perfil @alejandropsiquiatra, comparte información rigurosa, consejos prácticos y reflexiones sobre la ansiedad y otros trastornos emocionales. Ahora acaba de publicar Ansiedad, ¡déjame en paz!, un libro que combina ciencia, empatía y estrategias prácticas.

PREGUNTA.-¿Qué diferencia la ansiedad del bolero y la que usted nos presenta como patológica?

RESPUESTA.-Hay que diferenciarlas, porque la ansiedad en muchos momentos es algo adaptativo, algo que nos indica que todos necesitamos atender o tener en cuenta cierta situación. El problema surge cuando se vuelve patológica y es un arma constante sin desactivar. Es como el detector de humo en la cocina, si salta porque me he dejado la sartén encendida me puede salvar de un peligro, pero si la alarma es demasiado sensible y se dispara ante cualquier minucia, me hace la vida imposible; es una alarma que no está bien regulada. La ansiedad es normal y todos la sentimos en algún momento; el problema aparece cuando me limita y está todos los días con una intensidad anómala.

P: La salud mental se presenta como un reto de epidemia creciente. ¿Es por causas solo personales o pesan más las del entorno social?

R: Influye absolutamente todo. Igual que en salud mental decimos que es multifactorial, que todo en salud mental depende de un componente genético, de uno social y de un factor que tiene que ver con nuestra personalidad. La salud mental es compleja y el reto es que se ve influenciada por todos estos actores.

P: ¿De dónde surge y de qué se nutre la ansiedad rampante en nuestra sociedad? 

R: Un poquito de todo. Depende de la hiperexigencia, de la intoxicación informativa, de las redes sociales, del uso inadecuado de las pantallas. La ansiedad es la enfermedad mental más prevalente del planeta y sigue siendo una de las grandes desconocidas. Vivimos en una sociedad donde hemos normalizado que queremos ser madres y padres perfectos, trabajadores perfectos y llegar a todo a costa de nuestra salud mental. 

P: ¿Cuáles suelen ser los factores más frecuentes que hacen que la ansiedad curse como una enfermedad? 

R: Depende de la capacidad personal de enfrentar y manejar el estrés, de nuestro contexto vital y las herramientas. Al final, la ansiedad es como una balanza; en un platillo tengo aquello que me estresa y en el otro los contratiempos, que nos permiten el equilibrio. Si dejo de añadir peso a un platillo, la balanza se desequilibrará; si cruzo esa línea roja me bloqueo, la tristeza se apodera de mí y la única forma que tiene nuestro cuerpo de protegerse es decirnos que si no cambiamos nada, solo nos queda bajar los plomos y endosarnos una tristeza tan grande que solo nos apetezca meteremos en la cama sine die. Hay que analizar, parar y ver qué pesos puedo quitar porque me agotan con un peaje insoportable; o ver que herramientas puedo añadir a la balanza para equilibrar el estrés y la ansiedad de mi vida.

P: ¿La ansiedad es fuente de enfermedades fisiológicas o es un círculo vicioso? 

R: Es un círculo vicioso como indico en Ansiedad, ¡Déjame en paz! La ansiedad es la enfermedad de las mil caras y puede coagravar cualquier síntoma que imagines: dolor de pecho, falta de aire, taquicardias, y también es un factor importante de riesgo cardiovascular. Ante el estado de alerta constante mi cuerpo se protege como si tuviera un león detrás y tuviera que salir corriendo, haciendo que el corazón sufra. Por eso es factor-riesgo de infarto de miocardio.

P: La ansiedad la relacionamos con miedos, depresión, desequilibrio emocional… ¿dónde buscar la solución, en los fármacos o en modificar los hábitos?

R: Hay que estudiar cada caso. Soy crítico con el uso de los fármacos en nuestro país; España es campeón mundial en prescripción de benzodiazepinas, que no es la solución, porque aportan alivio sintomático, pero no curan la ansiedad. Si salta la alarma del coche, paro y ajusto el motor, no reparo, pero supero la urgencia; pero si sigo conduciendo puede ser más grave. Con la ansiedad, si yo solo recurro a fármacos, que suelen generar dependencia, no estoy cambiando nada. Hay que analizar por qué tengo ansiedad, qué falla en mi cuerpo, qué hábito modificar, qué ajuste tengo que hacer. Hay casos muy complicados y no hay que demonizar nada, porque en ocasiones es buena la ayuda de medicamentos, pero a largo plazo hay que intentar no depender de ellos.

P: Su libro plantea el equilibrio en la dieta saludable, ejercicio moderado y sueño reparador, ¿estas mimbres facilitan construir un buen parapeto frente a la ansiedad? 

R: Por supuesto, en consulta veo que en la ansiedad leve-moderada los hábitos son el 90% del éxito. Los estudios de mayor calidad científica muestran que el ejercicio físico moderado llega a tener un efecto 1,5 veces mayor que el mejor de los fármacos y psicólogos. Cuando me muevo mi cuerpo libera BDNF, factor neurotrófico derivado del cerebro, un fertilizante maravilloso que hace florecer mi cerebro y mis neuronas; libero canabionides naturales como serotonina, la química de la felicidad que relaja y canaliza el estrés de forma saludable. Luego está el descanso, el taller reparador del cerebro. Con frecuencia la ansiedad empieza cercenando la capacidad para descansar. Si quieres machacar tu salud mental, convierte a tu almohada en tu psicólogo, ve a la cama y que tu mente no pare, que intente solucionar todos los problemas del día; llevarte a la cama para rumiar tus problemas es garantía de dificultar el descanso nocturno y sin un buen descanso no gestionas tus emociones, en el cerebro las conexiones neuronales no funcionarán y aumentarán las proteínas del deshecho, como la beta-amiloide, relacionada con el Alhzeimer. Es decir, el descanso es esencial en el círculo vicioso que tenemos que romper para solucionar la ansiedad y nuestra salud mental.

P: ¿La edad y el sexo son factores relevantes de riesgo de la ansiedad?

R: Las mujeres sufren muchísima más ansiedad que los hombres, en parte porque ellos consultan menos. La ansiedad suele aparecer antes de los 25 años., pero son los factores sociodemográficos los que más influyen en la ansiedad. El 70% de mis pacientes son mujeres; la carga doble laboral-doméstica y el peso del cuidador les pasa a ellas una factura muy grande. 

P: Vivimos con prisa, estrés, actuamos sin reflexionar… ¿es posible que el medio nos acreciente la ansiedad y no la calma? 

R: Lo vemos más en los jóvenes, en los que su vivir con prisas, multitarea constante, estímulos continuos y la sensación de llegar tarde a todo es agotador. El cuerpo lo interpreta como un peligro real y vive en tensión, donde la ansiedad es la respuesta de un cuerpo que ya no puede ir más rápido; no es que la gente no pueda relajarse, es que no tienen cuándo hacerlo porque viven en una sociedad que cada vez nos exige más, nos empuja más. Tenemos que aminorar el ritmo, porque nadie está exento de acabar agotado frente a este ritmo frenético.

P: La ansiedad puede convertirse en una enfermedad crónica, pero usted ve posible superarla en tan solo 10 días. ¿No es muy corto plazo? 

R: Por supuesto que en 10 días no se consigue, lo que pone en el subtítulo del libro es recuperar el equilibrio. Sabemos que para vencer los miedos hay que afrontarlos cara a cara. Para lograr el equilibrio emocional hacen falta herramientas sencillas que todos podemos aplicar. En el libro propongo que lo primero es analizar en cada persona de qué lugar parte, en qué posición está. Hay quien sufre agorafobia, que le impide incluso salir de casa y ahí la lucha es más larga y agotadora. Pero otros, con pequeños cambios pueden lograr una mejoría importante.

P: Se dice en medicina que es mejor prevenir que curar, ¿también la ansiedad? ¿Las herramientas prácticas que propone sirven como preventivo? 

R: La medicina preventiva es super relevante y en salud mental más. Por desgracia la mayoría de pacientes siguen viniendo en el último estadio. La ansiedad es un tren con destino a la depresión; tú decides en que momento te bajas. Si continúas, tu cuerpo te provocará una tristeza inmensa. Podemos prevenir y no llegar a ella, porque el cortisol y la ansiedad envejecen, agotan, quitan años de vida. Por eso, el libro no solo es para personas con ansiedad, sino para quien vive con estrés y quiera buscar la calma; la calma se aprende y se entrena.

P: Médico y divulgador en redes. ¿Dónde le hacen más caso, en consulta o en redes? 

R: Es un fenómeno curioso; en las redes sociales se transmiten mensajes simples para que lleguen a todos y no puedes profundizar mucho, pero en consulta los pacientes perciben bien esa cercanía de las redes. Es normal que a la primera consulta con el psicólogo o el psiquiatra el paciente vaya nervioso; con la cercanía que transmiten las redes se nota que llegan más relajados, más tranquilos que antes de empezar con la divulgación. Mi forma de entender la salud y la medicina es trasmitir toda la información posible al paciente para que sea quien decida qué solución se adapta a él. El viejo paternalismo del especialista que escribía en un papel sin mirarte a la cara, forzando a una fe ciega, hoy ya no tiene ningún sentido. Las personas quieren conocer las alternativas acordes a sus valores y prioridades. Les diagnóstico y analizo las opciones, con sus pros y contras, para que el paciente elija en cual se siente más cómodo.