viernes, 5 de junio de 2020

Marie-France Hirigoyen: "El narcicista devora todo lo bueno de los demás. Como los vampiros"

The World News - El País   |   14/03/2020

LA ANFITRIONA recibe junto al inevitable desván en su gabinete de la Rue Racine, en el cogollo del Barrio Latino de París. Aquí suele acoger a toda esa pléyade contemporánea de almas en pena por motivos de estrés, depresión, adicciones, disputas familiares, acoso laboral, acoso sexual y el menos evidente (pero no el menos dañino) de los acosos: el moral. Algo sabe de eso Marie-France Hirigoyen (Coulaines, Francia, 1948): fue ella quien acuñó el concepto en 1998 en su libro El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, verdadera piedra de toque para lo que acabaría suponiendo su inclusión en el Código Penal francés, con castigos de hasta dos años de prisión para el empleador que acose o permita el acoso. Luego vinieron otras incursiones editoriales por los males de nuestra era, como El acoso moral en el trabajo, Mujeres maltratadas o Las nuevas soledades. Todos estos libros, al igual que Los narcisos han tomado el poder, han sido publicados en español por Paidós. Hirigoyen, que se formó en Estados Unidos y llegó a colaborar con el FBI en un estudio sobre asesinos en serie, es una de las grandes expertas mundiales en victimología y violencias de tipo psicológico, perverso y terrorista. También fue asesora del presidente de la República Francesa Jacques Chirac —hoy fallecido— para cuestiones relativas al acoso y los malos tratos.

Sostiene que “los narcisos han tomado el poder”. Podríamos darle la vuelta, ¿no?, y decir que toda persona que llega al poder se vuelve narcisista. - Sí, está claro que para ser político hay que ser narcisista, pero no necesariamente narcisista patológico. Hay una élite, que puede ser política, intelectual o financiera, cada vez con más poder. Los ricos son cada vez más ricos, algunos presidentes de Gobierno —Xi Jinping, Putin, Trump, etcétera— se lo montan para tener cada vez más poder y, mientras, en todo el mundo las clases medias —o sea, aquellos que no tienen el poder suficiente— ven cómo baja y baja su nivel de vida. Y, sobre todo, se sienten abandonados. Esto se acentúa día tras día.

¿Es esa una de las claves de por qué los votantes eligen opciones “nuevas”? ¿De por qué —por ejemplo— parte del voto obrero puede acabar en la extrema derecha?. - Eso lo vemos en diversos países. En Francia, desde luego, lo hemos visto con el fenómeno de los chalecos amarillos. Al final, sí, en ese movimiento de protesta ha habido narcisos que han cobrado protagonismo gracias a su habilidad y a su trabajo en las redes sociales y en los informativos televisivos de 24 horas, pero en su origen la razón de ser de este movimiento no era otra que “no nos escuchan, pero aquí estamos”.

¿Y cree que los “no escuchados” tienen razón o no? ¿Cree que los políticos se han ganado a pulso ese grito de la calle o no?. - No sé. El mundo moderno y sus procesos de globalización nos dieron la impresión de que habría solución para todos los males. Que íbamos a poder progresar indefinidamente, que cada vez habría más bienestar para todos… En definitiva, el sistema capitalista lo que promete es que cada vez habrá “más de todo”, y, sí, hay más confort, más avances, más posibilidad de éxito personal…, pero también más sufrimiento, más desigualdad, más necesidad cada día de demostrar que eres un ganador, porque el que no es un ganador es un perdedor, no es nada, y entonces se derrumba. Vivimos en un sistema que selecciona a los más narcisistas y deja fuera a quienes no sirven. Un sistema en el que para triunfar hay que ser guapo, inteligente y dar la impresión de ser plenamente feliz.

“Dar la impresión de”…, he ahí la gran religión actual, ¿no?. - Sí, vivimos en un mundo de imagen, todo es imagen. Lo que importa no es lo que eres, sino lo que das a entender que eres. Esto en las redes sociales llega al paroxismo. De forma que hay personas que en realidad no existen, sino que han sido construidas para las redes, incluso construidas o reconstruidas físicamente, a través del selfie, por ejemplo. Construyen un avatar de ellos mismos, en el que se presentan no como son, sino como quieren que la gente piense que son. Se caricaturizan y llegan a situaciones de verdad degradantes con tal de que se fijen en ellos.

Esto afecta a todos los ámbitos, especialmente al profesional… - Es una práctica que lo impregna todo. Veamos. Alguien se pone a buscar trabajo, el que sea. Pues tiene que mejorar su perfil en las redes y activar su red social sea como sea. Yo tenía una paciente que era contable. Trabajaba en una oficina, detrás de un ordenador. La despidieron por defender a una compañera que había sido acosada sexualmente. Fue a una entrevista de trabajo. Le dijeron: “Si quiere optar al puesto, debería mejorar su look”. Ella respondió: “¡Pero si soy contable!”. Le contestaron: “Pues nadie la va a contratar, porque no se maquilla, se viste mal y tiene un aspecto como deprimido”. Y ella dijo: “¡Estoy deprimida, me han despedido y estoy en paro!”. Hablamos de alguien de alto nivel que trabajaba con éxito en una multinacional. Este es el mundo en el que vivimos.

Pero en ese mundo hay gente que juega el juego y gente que no. - Sí, hay personas dispuestas a jugar el juego del éxito o de la apariencia del éxito, y otras que no lo entienden y no pueden o no quieren hacerlo. Es superior a sus fuerzas. En cualquier caso, es un mundo en el que abundan lo que yo llamo los “falsos yo”. Yo no soy yo, sino lo que me conviene que piensen que soy.

¿Es un poco como vivir dos vidas paralelas, la real y la que hay que enseñar en sociedad?. - Sí, bueno, y luego están los que se dejan llevar de tal forma que incluso en su vida privada actúan, viven en una representación permanente, hacen “como si”. De estos cada vez hay más. Yo recibo a pacientes que vienen a mi consulta a hablar de su vida amorosa, pero que tienen unos tics de lenguaje increíbles, utilizan un pseudolenguaje totalmente deformado por el mundo de la gestión y de la administración, de tal forma que para hablar de fracasos y éxitos amorosos hablan de “eficacia”, “triunfo” o “acierto”.

Quizá el peor problema empiece cuando el receptor compra ese mensaje del emisor, o sea, cuando preferimos ver en el otro algo bello, exitoso…, aunque sea falso. Eso pasa, ¿no?. - No estoy segura de eso. Hoy ya no queremos las obligaciones de otras épocas, queremos ser libres e independientes, pero en realidad vivimos completamente formateados. Hay que corresponder a ciertos moldes, a ciertas imágenes; hay que entrar en ciertos esquemas y hay que actuar tal y como se espera que lo hagamos… hasta que finalmente conseguimos no ser nosotros mismos de verdad. Ya sabe ese refrán japonés: “El clavo que sobresale se las verá con el martillo”. Todo esto está en relación con el acoso escolar, al bullying; el alumno buenísimo, el malísimo, el que está demasiado gordo, demasiado delgado, demasiado lo que sea…, el que se salga del molde será acosado por otros. Y esto, con las redes sociales, se ha convertido en algo aún mucho peor, claro.

¿No cree que muchas personas necesitan fijarse en referentes sólidos que a menudo son grandes narcisos?. - Para entender todo eso hay que distinguir entre los tipos de narcisos, y lo siento, pero tengo que entrar en el psicoanálisis freudiano, porque Freud habló del narcisismo como una etapa en el desarrollo del niño. Él habló de “su majestad el bebé”. Hay un narcisismo primario: el bebé dependiente y todopoderoso, que no distingue entre él y el mundo exterior. Ve que, cuando llora, su madre viene inmediatamente. Luego está el secundario, cuando el niño se da cuenta de que hay un mundo exterior diferente a él y empieza a sociabilizar; ve que hay otras personas, hermanos, padres, etcétera, y ve que mamá ya no viene cuando él llora. Algunos individuos se quedan bloqueados en el narcisismo primario. Por ejemplo, Donald Trump, que, como usted sabe, ha sido caricaturizado cientos de veces por la prensa estadounidense como un bebé caprichoso en pañales y jugando con un balón, un balón que es el mundo.

¿Ese es el narcisismo grave, o patológico, del que usted habla en sus libros?. - Sí. Según la teoría psicoanalítica, los trastornos de la personalidad narcisistas se deberían a fallos en esa fase primaria, es decir, fallos en la construcción del “narcisismo sano”. El narcisista sano es el que tiene una muy buena imagen de sí mismo pero es capaz de aceptar las críticas. Pero en general, lo que les pasa a la mayor parte de las personas con problemas de narcisismo es que creen que no están a la altura. Entonces enmascaran su inseguridad. En cambio, el narciso grandioso está en una fase en la que no tiene en absoluto conciencia de su fragilidad. Al contrario, cree que es el amo del mundo y que los problemas siempre proceden del otro.

Y se va apropiando de lo bueno que tienen sus semejantes, escribe usted. - Exacto. El gran narcisista lo que hace es devorar todo lo bueno de los demás.

Como los vampiros. - Desde luego, el narcisista grandioso es exactamente como los vampiros.

¿Y el vulnerable?. - El narciso vulnerable lucha contra la vergüenza de no ser como querría ser. Y entonces se protege creando una imagen de sí mismo, un falso yo que los demás puedan encontrar atractivo. Pero todo acaba siendo una caricatura, una gran mentira.

Bueno, hay mentirosos que, a fuerza de repetir las mentiras, logran que sean percibidas por mucha gente como verdades. - ¡Pero es que para los narcisos no se trata de mentiras, sino de verdades! Sus verdades. Lo malo es cuando algunos, como sienten envidia por cómo son otras personas, pueden llegar a volverse violentos, en particular en las redes sociales. Y entonces explotan contra aquellas personas que les molestan.

¿Violentos?. - Sí, porque al narciso no le basta con ser “bueno”. Necesita ser “mejor que”. Y eso, al final, implica violencia, porque siempre acaba necesitando chivos expiatorios y se junta con otras personas que odian a la misma gente que él. Y eso está en el origen de muchas formas de violencia que se dan hoy en la sociedad.

Sin embargo, en sus escritos sostiene que lo que denomina el narcisismo grandioso está en retroceso… - Sí y no. En efecto, creo que el gran narcisismo ha llegado a su apogeo…, pero no ha acabado. Los narcisos han cometido tantos excesos que ha empezado a haber ­reacciones, claro. Y hay que tener cuidado porque las reacciones pueden ser a su vez excesivas. Se estigmatiza a algunas personas en las redes sociales por hechos de hace 30 años que cuando ocurrieron no parecían tan graves. Aquí el problema es que algunas personas narcisistas crean que se ponen en valor por el mero hecho de denunciar a otras personas. En cualquier caso, esto va para largo, porque en el fondo a mucha gente le fascinan los grandes narcisos.

En algunos de sus escritos ha evocado el tema de la culpa como un ingrediente psicológico presente en las víctimas del acoso moral e incluso sexual. ¿Esto sigue siendo así o ha cambiado?. - Sigue siendo así. La culpa es uno de los elementos de la psicología. En los casos de acoso moral, de acoso sexual y de violencia psicológica, la violencia ejercida suele ser progresiva y sutil, de manera que la persona que la padece no está segura de casi nada. Ya sabe: “Quizá es culpa mía por no haber hecho lo que debía”, “Si no hubiera dicho esto, no habría pasado aquello”… Y al final, lo que ocurre en esos casos es que la víctima acaba siendo cómplice involuntaria de aquello que le ha pasado. Es una gran trampa.

Antes hablaba de las redes sociales y de la violencia verbal que algunos ejercen en ellas. ¿Cree que los innegables efectos positivos de las redes compensan los progresivamente negativos? ¿Qué opina de todo esto?. - Que no hay vuelta atrás. Las nuevas tecnologías han cambiado la forma de comunicarnos. Las redes sociales no deberían ser algo malo porque permiten comunicarse con alguien al otro extremo del mundo y crear comunidades de personas…, pero en la práctica nos están invadiendo, están devorando nuestro tiempo, están…

Están creando adicciones. - Efectivamente, el problema empieza con la adicción. Pero la cosa va más lejos, y de esto hablé en mi libro Las nuevas soledades: cada vez hay más personas que no tienen ninguna sexualidad salvo la virtual. Esto empezó en Japón, pero ahora los psicólogos británicos están preocupadísimos: muchos jóvenes ya no tienen sexualidad física. Tienen una sexualidad compulsiva por Internet, pero el intercambio amoroso y sexual, cada vez menos.

Al final, practicar sexo es comunicación y no hacerlo es incomunicación, ¿no?. - Eso es, el intercambio deja de producirse poco a poco.

A lo peor se puede comparar eso con la progresiva reticencia juvenil en hablar por teléfono. Casi todo lo cuentan por escrito con sus smartphones con dibujitos o mensajes con faltas de ortografía… - Casi no hablan. Pero no me refiero solo a los jóvenes, ¿eh?, yo tengo pacientes que casi no interactúan con nadie, salvo cuando van a la panadería a por una baguette o cuando vienen aquí, a la consulta, cuando ya no pueden más. El resto del tiempo no ven a nadie. Conozco a una chica que va a la Facultad, se está preparando para ser profesora. Va a clase y solo responde cuando le preguntan. No tiene vida social. No va a bares. No va a restaurantes. Se puede pasar una semana sin hablar con nadie. Yo recibo a padres y madres preocupados porque sus hijos no salen de su habitación en una semana. No van a clase. Están todo el día conectados a Internet. Eso no es vida.

Esa soledad elegida del sexo virtual, los juguetes eróticos, el no salir de casa, el no hablar…, ¿tienen que ver con el narcisismo?. - Sí tienen relación. Yo creo que sobre todo tienen relación con el hiperindividualismo. Nuestra sociedad ha cambiado por completo. Muchas personas están como separadas de ellas mismas. Antes había obligaciones sociales, compromisos colectivos, prohibiciones, las familias, toda una serie de estructuras y corsés sociales que hacían de la sociedad algo totalmente formateado. De ahí salían individuos neuróticos. Pero hoy los psicólogos y los psiquiatras ya casi no recibimos a pacientes neuróticos. Sí recibimos a muchos pacientes con trastornos de la personalidad narcisistas. La gente ya no viene para hablar de sus conflictos intrapsíquicos —­papá, mamá, mi complejo de Edipo, etcétera— porque no les interesa. Vienen para que los repares y los dejes todavía más competentes, más eficaces. “Tengo una entrevista de trabajo, deme algo para estar fuerte”. “Mi relación va regular, deme algo para tener erecciones y que ella crea que la cosa me interesa”.

Usted ha hablado del concepto “vida secuencial”, referida tanto a lo laboral como a la convivencia en pareja. ¿A eso se refiere cuando habla de que los jóvenes solo aspiran a ir cambiando de trabajos y de pareja?. - Sí, ¿y eso es malo o es bueno? Pues no está claro. En otras épocas, la gente se quedaba toda la vida en el mismo trabajo, y eso no era necesariamente positivo. Los jóvenes hoy cambian rápido de trabajo y cada vez quieren ser más independientes, pero esto es una ilusión. En el mundo laboral se sufre cada vez más, cada vez está todo más regulado y a la vez más fragmentado. Y como se producen tantos casos de acoso, cada vez hay más normas en las empresas… ¿Adónde llegará todo esto?.

¿Y en el ámbito de la pareja?. - Pues está ocurriendo algo, algo que supone un gran cambio sobre todo en el mundo de la mujer. Muchas mujeres se han vuelto muy exigentes. Y cuando la relación no va como se esperaba, en lugar de intentar repararla, se ponen a zapear y acuden a las redes sociales para buscar a otra persona. Esto ahora mismo les está pasando más a las mujeres que a los hombres. Yo tengo pacientes que actúan así.


miércoles, 3 de junio de 2020

¿En qué consiste el síndrome de la cabaña?

DR. PABLO IGLESIAS RODRÍGUEZ    |   TOPDOCTORS   |   02/06/2020

Editado por: NICOLE MÁRQUEZ

¿En qué consiste el síndrome de la cabaña?.-El síndrome de la cabaña es un tipo de fobia que se produce por estar encerrado en un lugar de manera obligada y considerar la persona este sitio como lugar seguro.

Es un término que se está escuchando mucho en los últimos días y que es debido al confinamiento por la pandemia producida por el COVID-19. Este trastorno de ansiedad, el síndrome de la cabaña, es un estado anímico mental y emocional que se ha observado en personas que han pasado un tiempo determinado en reclusión obligatoria.

El problema y los síntomas aparecen cuando la persona tiene que volver a salir y enfrentarse a la situación exterior.

 ¿Por qué con el coronavirus van a producirse casos con este síndrome?.-En nuestro caso, el confinamiento de más de 6 semanas de duración, va a producir en muchas personas diferentes cambios en su estado de salud mental.

Durante este proceso de confinamiento hemos sido bombardeados por información noticias, peligros, datos de muertes fallecidos y enfermedades que se producían por estar exactamente fuera de nuestro sitio o lugar seguro.

Este confinamiento forzoso ha llevado a desarrollar un miedo a lo exterior, miedo a contagiarse miedo a que nos pase algo miedo e inseguridad.

Durante 6 semanas hemos estado escuchando cómo la gente que se contagiaba corría grave peligro ingresos y cifras de fallecimientos.
¿Cuándo aparecen los síntomas del síndrome de la cabaña?.- Una vez nos indican que podemos abandonar el domicilio de manera prudente, muchas personas comenzarán a presentar ansiedad, miedo y labilidad afectiva marcada por la inseguridad que le produce salir de su casa (la cabaña).

El síndrome de la cabaña no es lo mismo que la agorafobia y tampoco es una enfermedad en sí. El síndrome de la cabaña se produce después de estar en un estado en cerrado de manera obligatoria.
¿Cuáles son los síntomas del síndrome de la cabaña?.-Los síntomas que pueden presentar las personas ocurren justo después de que se produce la posible libertad:
  • Miedo a salir
  • Palpitaciones
  • Pánico
  • Sudoración
  • Temblores
  • Deseo de no querer volver a salir nunca más
  • Permanecer en el domicilio como lugar seguro
Todos estos síntomas son compatibles con cualquier trastorno de ansiedad como la sudoración en las manos, el corazón más rápido y miedo e inseguridad junto con ansiedad anticipatoria.

Este síndrome se puede presentar también en otras situaciones o circunstancias como en personas que se encuentran recluidos en su domicilio por una enfermedad.
¿Qué personas son más propensas a padecer el síndrome?.- Los rasgos característicos de las personas que pueden desarrollar este síndrome son muy variados; desde personas con ansiedad premórbida, es decir, antes del confinamiento, personas con dificultades para relacionarse a nivel social y también en personas con rasgos y con tendencia a la procrastinación. Si bien estos últimos, aún cumpliendo criterios, no se diagnostica un síndrome de la cabaña.
Este síndrome abarca a las personas tanto de edad avanzada como jóvenes y niños. En los menores, la familia, con el afán de que entiendan el problema por el motivo que “no salimos a jugar”, llegamos a crearles un miedo y una ansiedad producida por el virus o “bicho”, que se encuentra en la calle y que es malo. Esto producirá un rechazo en el menor a querer salir del domicilio incluso acompañado.
¿Cómo se trata este síndrome?.- El síndrome de la cabaña en este caso siempre tendrá un abordaje psicoterapéutico. Tenemos que intentar que no se produzcan conductas evitativas que posterguen o retrasen en el comienzo de la salida del domicilio, tanto en adultos como en menores.
El tratamiento tiene que ser como cualquier fobia, de manera progresiva. No hay que obligar a la persona a que salga de casa. Se tienen que fijar objetivos el día anterior a la salida cómo: bajar al portal varias veces al día, desplazarse al día siguiente unos metros lejos del domicilio, todo ello sin forzar en ningún momento ni intentar alejarse más de lo planeado el día anterior.

La exposición es parte de esta terapia cognitivo conductual, es fundamental para poder desensibilizarse de los síntomas de ansiedad que aparecen el momento de enfrentarse al estímulo que produce la fobia.

En estas semanas tras el inicio de la famosa “desescalada” es el momento de abordar el síndrome de la cabaña para evitar una cronificación de esta ansiedad y respuesta fóbica a salir a la calle, porque si retrasamos y comenzamos con conductas evitativas, en unos meses pudiera realmente provocar un trastorno más grave cómo es el trastorno de agorafobia.

Desde el punto de vista psiquiátrico y psicológico es completamente normal que podamos padecer estos miedos al principio del desconocimiento, es completamente lógico que tengamos inseguridad pues la situación que nos rodea es problemática a nivel sanitario.Es razonable que nos dé temor, es prudente e inteligente sentirnos un poco inseguros al principio.

Por todo ello, no dude en consultar no tenga reparo en decir los miedos que está teniendo, pues todo es dentro de un marco normal y nunca creemos que se encuentra en un ambiente exagerado patológico.

El síndrome de la cabaña se suele resolver fácilmente si el confinamiento no ha sido mayor de 6 o 9 meses.


Los diferentes tratamientos de psicoterapia

DR. ENRIQUE GUERRA GÓMEZ    |   TOPDOCTORS   |   27/05/2020

Editado por: MARGARITA MARQUÈS

Existen muchas formas de definir la psicoterapia, pero generalmente se puede definir como una modalidad de tratamiento para trastornos psíquicos, orgánicos o psicosomáticos.

Mediante estos tratamientos, el profesional sanitario especialista en Psiquiatría tiene el objetivo de modificar pensamientos, sentimientos y conductas para mejorar así la relación del paciente consigo mismo y con el entorno.
Cómo se realizan los tratamientos de psicoterapia.- El método de tratamiento se realiza a través de la relación entre el terapeuta y el paciente, empleando la palabra y la acción.
Los diferentes tipos de psicoterapia.- Existen diferentes tipos de psicoterapia:
  • La psicoterapia implícita: Consiste en el apoyo a la persona del enfermo y allegados cualquiera que sea el tipo de enfermedad.
  • La psicoterapia explicita o reglada: Este tipo de psicoterapia es la que se programa para tratar determinados trastornos mentales y solamente es realizada por determinados profesionales sanitarios especialistas en este tratamiento.
¿Qué trastornos mentales se pueden tratar con la psicoterapia reglada?.- La psicoterapia reglada puede tratar gran parte de los trastornos mentales que figuran en las clasificaciones mundialmente reconocidas.
En unos casos, puede ser el único tratamiento, sobre todo, en trastornos adaptativos y algunos trastornos de la personalidad.
En cambio, en otros casos, se trata juntamente con el tratamiento farmacológico, que resulta imprescindible en trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, entre otros.
¿Qué médicos pueden hacer psicoterapia reglada?.- El médico que siempre puede hacer este tipo de terapia es el Psiquiatra. En algunos casos, también es posible que las realicen médicos de otras especialidades que han completado una formación específica en esta materia.
Diferencias entre el coaching y la psicoterapia.- Existen una serie de diferencias entre el coaching y la psicoterapia. El coaching hace referencia al entrenamiento en determinadas habilidades, como por ejemplo llevar un grupo empresarial o dar conferencias, se puede aplicar a sanos y enfermos. Sin embargo, cuando las habilidades están dificultadas por un trastorno psíquico, el tratamiento de trastorno corresponde al psicoterapeuta.
Cuándo comienzan a hacer efecto las psicoterapias.- En cualquier caso, depende de la modalidad de psicoterapia, aunque el efecto se puede percibir desde el inicio. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se establece una media de 3 meses para que comience a aparecer una mejoría significativa.
¿Existe una modalidad de psicoterapia válida para cualquier trastorno mental?.- Cada tipo de psicoterapia está indicada para determinadas enfermedades psíquicas e incluso podría estar contraindicada en otras.
El psicoterapeuta no es experto en todos los tipos de psicoterapia.- Aunque el psicoterapeuta debe de conocer los fundamentos de todas las psicoterapias, no debe ser experto en todos los tipos que existen. El aprendizaje de cada psicoterapia es tan complejo y extenso, que solamente es posible ser experto en algunas modalidades específicas.
Tipos de psicoterapia útiles.- Las psicoterapias útiles son todas aquellas que han demostrado al menos efectividad clínica, es decir, mejoría de un número significativo de pacientes a lo largo del tiempo. Si además, tienen evidencia científica, es decir, están avaladas por estudios experimentales rigurosos, la utilidad es todavía mayor. En la actualidad, las psicoterapias con evidencia científica son aplicables solamente a determinados trastornos psíquicos.

lunes, 1 de junio de 2020

Psiquiatría computacional

Wiquipedia   |   11/03/2019
La psiquiatría computacional es una rama de la psiquiatría que combina múltiples niveles y tipos de computación con múltiples datos en un esfuerzo de mejorar el entendimiento, la predicción y el tratamiento de las enfermedades mentales. 1
Introducción:
La psiquiatría computacional apunta a modelar los cálculos que hace el cerebro, es decir, las soluciones del cerebro a los problemas que enfrenta, y a comparar las percepciones, pensamientos y comportamientos patológicos que usualmente definen a los trastornos psiquiátricos, con respecto al funcionamiento normal en relación a la toma de decisiones y al procesamiento neural. Al formalizar matemáticamente la relación entre síntomas, ambiente y neurobiología, espera proveer las herramientas para identificar las causas de síntomas particulares en pacientes de manera individual. 2
La idea de la psiquiatría biológica: el cerebro es el órgano que genera, sostiene y apoya la función mental, y la psiquiatría moderna busca la base biológica de las enfermedades mentales. Este enfoque ha sido el principal impulsor del desarrollo de generaciones de fármacos antipsicóticos, antidepresivos y contra la ansiedad que gozan de un uso clínico generalizado. A pesar de este progreso, la psiquiatría biológica y la neurociencia se enfrentan a una enorme brecha explicativa. Esta brecha representa la falta de niveles intermedios apropiados de descripción que unan las ideas articuladas a nivel molecular a las expresadas a nivel de entidades clínicas descriptivas, como la esquizofrenia, la depresión y la ansiedad. En general, carecemos de una comprensión suficiente de la cognición humana (y los fenotipos cognitivos) para proporcionar un puente entre lo molecular y lo fenomenológico. Esto se refleja en las preguntas e inquietudes relacionadas con la clasificación de las enfermedades psiquiátricas, en particular, cada vez que se revisa el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés) de la American Psychiatric Association.
Si bien es probable que las múltiples causas expliquen el estado actual de las cosas, un contribuyente a esta brecha es la efectividad (casi) irrazonable de los medicamentos psicotrópicos. Estos medicamentos son de gran beneficio para un número sustancial de pacientes; sin embargo, nuestra comprensión de por qué funcionan en la función mental sigue siendo rudimentaria. Por ejemplo, los receptores se entienden como motivos moleculares (codificados por genes) que transfieren información de un sitio celular a otro. Los ligandos de los receptores, cuyo bloqueo o activación alivia los síntomas psiquiátricos, brindaron una especie de salto conceptual que parecía obviar la necesidad de explicar las numerosas capas de representación que intervienen entre la función del receptor y el cambio de comportamiento. Esto, a su vez, generó explicaciones de los fenómenos mentales en términos simplistas que invocaron un mapeo directo de la activación del receptor a cambios complejos en el estado mental. Todos somos participantes en este estado de cosas, ya que el alivio de los síntomas en las enfermedades mentales graves es suficiente desde una perspectiva clínica, independientemente de si existen modelos que conecten los fenómenos biológicos subyacentes con la función mental dañada. Un medicamento que alivia o elimina los síntomas en una gran población de sujetos es, sin duda, de gran utilidad, incluso si falta la explicación de por qué funciona. Sin embargo, las brechas significativas en la efectividad de los medicamentos para diferentes enfermedades mentales significan que debemos mirar los avances en neurociencia moderna y ciencia cognitiva para ofrecer más.3

Referencias
1.       Montague, P. Read; Dolan, Raymond J.; Friston, Karl J.; Dayan, Peter (de enero de 2012). «Computational psychiatry». Trends in Cognitive Sciences 16 (1): 72-80. doi:10.1016/j.tics.2011.11.018.
2.      Adams, Rick A; Huys, Quentin J M; Roiser, Jonathan P (8 de julio de 2015). «Computational Psychiatry: towards a mathematically informed understanding of mental illness»Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry (en inglés): jnnp-2015-310737. ISSN 0022-3050PMC PMC4717449 |pmc= incorrecto (ayuda)PMID 26157034doi:10.1136/jnnp-2015-310737. Consultado el 8 de marzo de 2019.
3.       Montague, P. Read; Dolan, Raymond J.; Friston, Karl J.; Dayan, Peter (2012-1). «Computational psychiatry»Trends in Cognitive Sciences (en inglés) 16 (1): 72-80. PMC PMC3556822 |pmc= incorrecto (ayuda)PMID 22177032doi:10.1016/j.tics.2011.11.018. Consultado el 8 de marzo de 2019.


domingo, 31 de mayo de 2020

El pesimismo: Tu peor enemigo

Mariana Alvez   |   Psicología Positiva   |   Uruguay   |   15/05/2020

¿Te has puesto a pensar cuanto te estás perdiendo de la vida por atascarte a una manera de interpretar la realidad nociva?.

El pesimismo te genera mal humor, pocos vínculos, menos satisfacción por tu vida y además entorpece tu recuperación cuando estás enfermo.

Todos esos pensamientos se traslucen en tu modo de vida, en tus comportamientos, en tus palabras, en tus sentimientos.
El pesimismo hará que tus pensamientos giren en torno a catástrofes, crearás en tu mente los peores escenarios posibles.
En el fondo estás absolutamente convencido de que nada de lo que hagas servirá para tener una vida mejor, de que tus acciones poco valen y que además no eres lo suficientemente competente. Seguramente te preguntas a menudo, ¿para qué voy a intentarlo si de todas maneras no funcionará?
Te preparas para lo peor y para el fracaso, estás tan convencido que tu mente crea trampas para ti todo el tiempo, ¿sabes por qué? Porque tu mente se prepara para hacerte caso. Si crees que no puedes, pues tendrás toda la razón del mundo.
Inconscientemente te sabotearás, no hablarás en el momento preciso, dejarás pasar oportunidades, tendrás un sabor amargo de sueños rotos porque has entrenado a tu cabeza para perder.
También te afecta a nivel laboral. Tu actitud pesimista disminuye la productividad y destruye tu motivación. ¿Sabías que puedes contagiar tu pesimismo? Sé que no lo haces a propósito, pero piensa en las veces en que tu amigo viene con una idea entusiasmado y tú lo traes violentamente a tierra. O cuando un hijo quiere hacer algo diferente a lo que crees correcto, o tal vez cuando sientes que ser feliz es tonto y que el mundo es un lugar espantoso.
Esto no es tu culpa. De una parte de él es responsable la genética, de otra tu entorno que te ha educado y también las experiencias dolorosas por las cuales has atravesado.
El pesimismo no es tu mejor amigo, no te evita sufrir, no te protege de la tragedia, no te prepara para lo peor, no te hace sentir seguro. Puede ser una cruel sirena que te agobia con sus falsos cantos de protección, pero en realidad es tu enemigo, tu visión distorsionada de la realidad que hace que todo lo hermoso no sea suficiente.
Si no cambias tu manera de interpretar tu realidad te alejarás del bienestar, del éxito, del disfrute, de una mejor calidad de vínculos interpersonales, te alejarás de las emociones positivas y te costará encontrarle un sentido a tu existencia. Además te enfermará, ya que te empuja a tener conductas nocivas y afecta tu sistema inmunológico.
Afortunadamente se puede aprender a ser optimista y con paciencia, puedes trasformar la perspectiva vital que has ido construyendo todos estos años.
¿Sabes que te convierte en un optimista inteligente? Te invito a leer los artículos del blog, a ver los videos que comparto en youtube (usuario @psicopositivauy), en las estrategias que comparto en Instagram (@psicopositivauy).
Que nada te impida conectarte con la felicidad que mereces.

domingo, 24 de mayo de 2020

Pensamientos rumiativos durante la pandemia, ¿cómo manejarlos?

VALERIA SABATER   |   La Mente es Maravillosa   |   17/05/2020

Los pensamientos obsesivos o repetitivos son un efecto más en la actual pandemia. Experimentarlos es algo normal, pero debemos aprender a manejarlos para evitar que asuman el pleno control de nuestra mente y nos sitúen en el abismo del sufrimiento crónico.
Las preocupaciones se han multiplicado por diez durante estos días. La mente va muy rápido y las emociones se arremolinan originando sufrimientos e incrementando los miedos. Los pensamientos rumiativos durante la pandemia son, sin duda, uno de nuestros mayores desafíos y esa dimensión que de no manejarse de manera adecuada, puede incrementar la ansiedad de forma exponencial.
No es fácil, es cierto. Mantener el control resulta muy complejo. Y más cuando hay tantos cambios, incertidumbres y ruidos a nuestro alrededor en forma de informaciones, datos y nuevas realidades a las que adaptarse. Desde un punto de vista psicológico, nos encantaría que todos y cada uno de nosotros fuéramos capaces de asumir un enfoque positivo y esperanzado…

Sin embargo, es evidente que el cerebro no siempre tiene este resorte, ese mecanismo de supervivencia con el que asumir de manera instintiva y eficaz un pensamiento de afrontamiento válido en momentos de dificultad. Generalmente, y cuando estamos rodeados de un entorno adverso y complejo, lo que hace  la mente es caer en estados de pensamiento excesivo, preocupación latente e incluso negatividad.

Algo que debemos entender en primer lugar es que sentirnos de este modo es completamente normal. Tener miedo es válido. Sufrir instantes de ansiedad es aceptable. Sentir angustia de vez en cuando es comprensible. No obstante eso sí, debemos mantener las riendas de esos procesos mentales para no derivar en la indefensión. Conozcamos más datos seguidamente.

Pensamientos rumiativos durante la pandemia: claves para controlarlos
La mayoría hemos experimentado alguna vez esos momentos en que el pensamiento se vuelve repetitivo. Caemos en una especie de bucle infinito, de rumia obsesiva en la que surgen unas mismas ideas, unas imágenes mentales semejantes y que, como bien sabemos, no siempre son positivas.
Hay algo que debemos entender. Estos procesos cognitivos son perfectamente normales. Surgen cuando el cerebro percibe que hay una amenaza, un riesgo. El objetivo es sumir a la mente en un estado en que empiece a procesar ideas para saber cómo reaccionar. Debemos prepararnos para actuar y responder ante ese contexto complejo.

No obstante, eso sí, hay un problema y es que la amígdala cerebral nos inyecta un estado emocional nada propicio para tomar decisiones: sentimos miedo, angustia, desesperación incluso… Así, tal y como nos indican en un estudio llevado a cabo por la doctora Magda Ferdek,  de la Universidad Nijmegen de los Países Bajos, cuando esto ocurre, nuestra corteza prefrontal, esa área relacionada con la capacidad de reflexión y toma de decisiones, reduce su actividad.

Dicho de otro modo, a mayor emocionalidad de valencia negativa (miedo, ansiedad, angustia) menos racional es nuestro pensamiento y por tanto, tenemos mayor tendencia a caer en una rumia excesiva nada útil. Adaptemos por tanto este hecho a la situación actual, al contexto presente.
Los pensamientos rumiativos durante la pandemia pueden tener una carga aún más angustiante. De ahí, la importancia de manejarlos para no derivar en condiciones psicológicas como una depresión. Veamos por tanto qué estrategias podríamos aplicar.
La pantalla de cine:  proyectar pensamientos sin carga emocional
Hay una estrategia sencilla para ejercer el control sobre nuestros pensamientos. Consiste en visualizar una gran pantalla de cine. En ella, vamos a proyectar los pensamientos que tenemos en el momento presente, los dejaremos ahí para observarlos sin juzgar, sin que haya sobre ellos ninguna carga emocional.
Estos serían algunos ejemplos de esos pensamientos proyectados: Temo contraer el coronavirus.   |   Me angustia el futuro laboral.   |      Creo que no tengo el control sobre nada.   |   Me da miedo que haya un brote de la pandemia y que sea ya imposible reaccionar.    |     Tengo miedo de que enfermen mis familiares.    |       Me preocupa que la sociedad colapse, que nos quedemos sin suministros, que hayan saqueos.
Cada pensamiento expuesto en la pantalla de cine debe ser analizado mediante las siguientes preguntas: ¿Este temor es factible en el momento presente? ¿Qué hechos estoy considerando para llegar a esta conclusión? ¿Qué puedo hacer para manejarlo? ¿Lo estoy haciendo ya? Respecto a esa idea… ¿No podrían darse también otros resultados (más positivos) quizá?

El ancla que me mantiene en el momento presente
Bien es cierto que cuando sucede una adversidad, hay que estar preparado y anticipar algunas cosas. Sin embargo, si solo anticipamos hechos catastróficos nos haremos un flaco favor: la ansiedad aumentará de tamaño. Hay algo importante para controlar los pensamientos rumiativos durante la pandemia y es la necesidad de anclar la mente al momento presente, al aquí y ahora.

Debemos centrarnos en aquello que sí podemos controlar. Hay que responder a las necesidades inmediatas, a esa preocupación que ahora me asalta, a ese malestar que debe resolverse ahora y no dejarse para mañana.
No al enfoque reactivo para poder manejar los pensamientos rumiativos durante la pandemia
Tener pensamientos rumiativos durante la pandemia es, como hemos señalado, algo perfectamente normal en las presentes circunstancias. No obstante, hay que controlarlo para evitar que vaya a la deriva, hacia ese acantilado donde la negatividad toma en control y nos deja caer al vacío. Debemos evitar esa caída emocional que precede a la depresión.

Un modo de lograrlo es diciendo no al pensamiento reactivo. Es ese que ante una noticia o dato entra en pánico y piensa lo peor. Ese que ante la idea de volver a salir de casa se dice a sí mismo que es imposible hacerlo porque va a infectarse. La estrategia está en evitar reaccionar para aprender a actuar. ¿De qué manera? Educando la mente, edificando un enfoque que cuide nuestro bienestar.
Los pasos a seguir serían los siguientes:
·        Inyecta calma a tu cuerpo mediante ejercicios de relajación.
·        Una vez tu cuerpo esté en armonía, ofrece calma a tu mente: la meditación o alguna tarea artística puede ayudarte.
·        Seguidamente, edifica un pensamiento constructivo: cuando te asalte un miedo, pregúntate qué puedes hacer para resolverlo y actúa. Cuando las preocupaciones se hagan un nudo en tu mente, sepáralas una por una, desgránalas y míralas con objetividad para darles una respuesta razonable y lógica.

Para concluir, llevar a cabo esta tarea de control mental es toda una artesanía psicológica. Requiere tiempo y compromiso. Sin embargo, en las actuales circunstancias es importante habilitarnos en este tipo de cuidados; nuestra salud mental lo merece y necesita.