sábado, 4 de julio de 2020

"Es el momento de saber qué queremos en la vida"

IMA SANCHÍS   |   La Contra de la Vanguardia   |   23/03/2020

Antonio Bulbena, director del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del hospital del Mar.

Tengo 66 años. Soy barcelonés. Casado, dos hijos. Soy catedrático de psiquiatría en la UAB, un médico de pueblo que se ha disfrazado de psiquiatra. He podido disfrutar mucho con mis cuatro ‘profesiones’: médico, investigador, académico y gestor.

Valores en alza
Fundó y dirigió el Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del hospital del Mar donde ahora dirige la unidad de tratamiento de los trastornos de ansiedad, a lo que le ha dedicado años de investigación, Ansiedad (Tibidabo). Está preocupado por el alto riesgo al que están expuestos los profesionales de la salud: “Ya tengo a dos compañeros en la UCI, y en China el 10% tenían síntomas depresivos”. Está convencido de que tras la pandemia nada volverá a ser como antes: “Esta especie de año nuevo que esta primavera nos ha traído supone un cambio completo de paradigma de nuestras vidas. Aprenderemos a pasar con menos y nos identificaremos más con lo natural y con nosotros mismos. Los objetos bajarán de valor y cotizarán al alza la persona y sus valores”.

A.B. - El miedo es una reacción sana y necesaria que nos pone en alerta ante un peligro.
I. S.-Pregunta- ¿Y si dura semanas?
Respuesta.- Cuando la alarma es inespecífica en el espacio y el tiempo como ocurre con este virus, el cuerpo usa una gran cantidad de energía física y mental para afrontar una amenaza que no puede atajar, y se traduce en más tensión, más ansiedad y más susceptibilidad.
P.- Eso agota.   |   R.- Las quejas y broncas en familia y entre vecinos están aumentando considerablemente, y es un efecto del miedo, debemos ser conscientes.
P.- Pero el miedo nos acecha.   |   R.- El cerebro se ve atraído y fija con mucha más fuerza lo negativo que lo positivo. La desgracia de las Torres Gemelas nos demostró que a mayor exposición informativa más estrés, más ansiedad, más violencia, más alcoholismo. Hay que estar informados pero no atrapados.
P.- Multas por salir de casa, amenaza de cárcel... ¿empeora esto las cosas?   |   R.- Sirve para que cumplamos pero psicológicamente no nos ayuda, porque debemos ser nosotros los que nos gobernemos, comprender qué hay que quedarse en casa y comprometernos.
P.- ¿Necesitamos más tiempo de reflexión individual?   |   R.- Sin duda. El miedo a la infección, la incertidumbre, la frustración y la información tan saturada de amenazas, despiertan nuestro cerebro primitivo que una y otra vez nos sostiene en alarma continuada. Hay que romper ese círculo.
P.- ¿Cuál es la lección del pasado?   |   R.- Las epidemias que ha sufrido la humanidad nos muestran lo que el miedo puede desencadenar. Atribuciones acusatorias a otros como ocurrió con el Holocausto o la fiebre española; acopios desaforados y egoísmos insospechados.
P.- El miedo soporta mal la incertidumbre.   |   R.- Sí, y eso nos puede llevar a una búsqueda insaciable de culpables y de conspiraciones. Debemos aceptar que la incertidumbre es inherente a nuestra condición humana.
P.- Cierto.   |   R.- Y tampoco hay que olvidar la certera observación de Victor Frankl: el miedo provoca lo que uno teme.
P.- ¿Cómo impedirlo?   |   R.- Comunicándose con calidad y no con cantidad; reflexionando sobre nuestros hábitos, automatismos, dimensiones que obviamos, sensaciones que añoramos y deseos que aplazamos. Descubramos la riqueza humana de las personas: gestos, miradas, actitudes de los que tenemos cerca.
P.- Valorar lo bueno.   |   R.- Y alimentar el humor que nos permite distanciarnos del problema, pero no de forma permanente ni frivolizando.
P.- ¿Cuáles son las consecuencias del confinamiento?   |   R.- Durante la fiebre equina en Austria en el 2008, hubo que confinar a 2.700 personas durante varias semanas, un 34% sufrió importantes síntomas psicológicos de ansiedad y depresión.
P.- ¿Cómo nos afecta el confinamiento?   |   R.- El espacio se reduce, para muchos drásticamente; el tiempo pierde referencias y horarios y la convivencia o la soledad se extreman. Aunque hay pocos estudios, todos coinciden en que a partir del décimo día de confinamiento comienza el periodo crítico.
P.- ¿Y?   |   R.- Cuando el cerebro más primitivo toma el mando pasamos a los extremos: o frenesí hiperactivo o bloqueo exhausto. Ese circuito se vuelve circular: más hiperactividad, más agotamiento y más ineficiencia, que a su vez vuelve a activar el frenesí. Necesitamos momentos de silencio.
P.- ¿Qué debemos tener en cuenta?   |   R.- Estar atentos a que nuestros mecanismos de adaptación restringidos no empiecen a tropezar con intolerancias, incomodidades, frustración o bloqueo.
P.- ¿Cómo podemos crecer como sociedad?   |   R.- Habilitando una comunicación más serena. Es curioso pero nuestro cerebro más primitivo, el de la supervivencia, manda mucho; el otro, el que piensa, el que nos lleva al goce de vivir, de compartir y a la calma, sólo propone.
P.- ¿Se impondrá la empatía?   |   R.- Si no te pones en el lugar del otro la relación es vertical y el sálvese quien pueda tiene cabida, es el egoísmo del miedo. El miedo reduce la empatía . Darse cuenta del otro es fundamental.
P.- Creemos que cuando controlemos el virus todo volverá a ser como antes.   |   R.- Es una fantasía, vamos a ser mucho más pobres, tendremos que renunciar a muchas cosas; pero también va a ser una oportunidad.
P.- Para el planeta, seguro.   |   R.- Y a nosotros esta crisis nos otorga la oportunidad de cambiar el tener por el ser. Habrá escasez y villanía, pero después vendrá un periodo de reconstrucción en el que ya sabremos que somos naturaleza y que un virus no distingue entre clases sociales, países, ni razas. Tendremos la oportunidad de revalorizar la relación directa con los demás, con el entorno y con uno mismo. Debemos aprovechar este tiempo para estar con nosotros mismos y aclararnos qué queremos de la vida. Hemos de declarar la paz a esta guerra, dándole la mano y mirándola profundamente de frente.


Un estudio revela que el estrés se redujo durante el confinamiento en niños de 8 a 10 años y solo un 9% echa de menos el colegio

BEATRIZ LUCAS    |   Madrid  |   El País   |   22/06/2020

El informe de la Facultad de Psicología de la Complutense revela que también aumentó la apatía e impulsividad. “Debe hacernos reflexionar sobre las dinámicas escolares”, dice su autora.

Alba no quiere volver a cole. “Es que estoy mejor en casa con mamá, aquí se aprende muy bien”, explica esta niña de seis años. Para Aurora, lo bueno del confinamiento ha sido disponer de su tiempo para “dibujar y jugar” todo lo que ha querido con su hermano, sin los rigores de las extraescolares, las prisas o “sin tener que aburrirse en el recreo largo”. Candela, de nueve años, también tiene alma de homeschooler, los niños que son educados en casa al margen del sistema: “Yo prefiero seguir así, ojalá en septiembre volvamos solo dos días”, le confesó esta semana a su madre Mariló Panadero, que aún se está reponiendo del susto. “Lo bueno es que te organizas como quieres, puedes leer y dibujar hasta hartarte sin que suene el timbre o sin tener que andar corriendo todo el día, y además veo más a mis padres, eso es lo bueno”, concluye Pedro, de ocho años.  

Sus historias ilustran la investigación Seis semanas de confinamiento: Efectos psicológicos en una muestra de niños de infantil y primaria realizada por las psicólogas especializadas en desarrollo infantil Marta Giménez-Dasí, de la Universidad Complutense, y Laura Quintanilla, de la UNED. Ésta confirma que las dinámicas escolares pueden resultar tan ansiógenas para los niños y niñas, que los niveles de estrés y ansiedad se han mantenido inalterados o incluso se han llegado a reducir durante el confinamiento en los 167 estudiantes investigados, que tenían de 3 a 10 años. Se trata de una muestra de conveniencia realizada en dos colegios públicos de la zona noroeste de Madrid, en un entorno socioeconómico medio acomodado, un factor crucial a tener en cuenta para interpretar los resultados, pues se les presupone unas comodidades materiales y unas atenciones con las que no todos los niños han contado durante las semanas de encierro. 

En todo caso, tampoco ha resultado precisamente un camino de rosas para los menores de la muestra el hecho de atravesar una larga situación de emergencia que, según numerosos especialistas, puede acarrear consecuencias negativas en su comportamiento y sus hábitos. Los padres describen en el trabajo de Giménez-Dasí y Quintanilla mayores niveles de hiperactividad y menor disposición al estudio de sus hijos. Sin embargo, las expertas destacan de su trabajo, en el que se tomaron indicadores de la salud mental de los niños en febrero y se volvieron a medir tras seis semanas de confinamiento, una generalizada actitud positiva de los niños sin graves consecuencias psicológicas. 

Mientras que en los pequeños de tres a seis años apenas hay efectos, en los niños a partir de ocho la especialista considera que “el descenso en el estrés es significativo”.  “Nos sorprendió que las familias que señalan cambios positivos aluden a mejoras en el estado de ánimo y relatan que el niño está feliz o más tranquilo, y describen como ventaja la mayor disponibilidad de tiempo libre para jugar, y valoran el tiempo en familia”, explica la psicóloga Marta Giménez-Dasí. E interpreta que, a medida que crecen, los niños y niñas pueden aumentar sus niveles de estrés por las mayores demandas del contexto. 

“Debemos reflexionar sobre la vida que llevan los niños y las niñas. Analizar si su ritmo de vida constituye un elemento de estrés y, especialmente, la presión hacia el rendimiento académico o las actividades extraescolares”, explica Giménez-Dasí. Además, en sus conclusiones propone que se promueva una escolarización que favorezca el bienestar y disminuya el estrés. “Los niños de forma rutinaria acusan ese ritmo de vida ajetreado que les imponemos los adultos y, cuando han parado de forma radical, ha mejorado su salud y su situación, en contextos socioeconómicos medios. Y es importante tener en cuenta de cara al curso que viene que al menos en primaria no pueden seguir el ritmo que los profesores les han impuesto. La educación debe contribuir al bienestar de la infancia, y en algunos casos no está siendo así”, apunta. 

La socióloga de la infancia Lourdes Gaitán, también investigadora en la Universidad Complutense, cree que en esta crisis se está fallando al tomar las decisiones sin tener en cuenta a los niños, niñas y adolescentes. “Estos resultados se entienden si se pone la mirada desde el punto de vista de la infancia. La escuela es un sitio donde los niños socializan entre sí, y echan de menos a sus amigos, pero la escuela es también un espacio de tensión, de imposición de autoridad y es el único gran remanente de las instituciones cerradas del siglo XIX, nada más alejado de lo que un niño puede desear. Desde su punto de vista, la escuela, como institución, es una estructura de opresión para los niños”, asegura esta socióloga que ha realizado varias encuestas a estudiantes durante el confinamiento. En su opinión, este proceso es una oportunidad para volver a otra escuela. “Tenemos que apostar por la complicidad con los estudiantes en el diseño de la vuelta a las aulas. Que les pregunten, que se cuente con ellos, que sepan si prefieren llevar mascarilla todo el día o estar aislados con su grupo... Ellos son parte de la solución pero deben involucrarlos en el proceso. Se está haciendo todo para los niños pero sin los niños”, concluye la socióloga.

El psiquiatra Juan Diego Martínez Manjarrés, uno de los promotores del Fórum de Infancias de Madrid y coordinador de Psiquiatría Infanto Juvenil en el hospital La Mancha Centro, cree que es “aventurado concluir que la responsabilidad de la presión educativa está en los colegios o centros educativos” porque las presiones sobre la infancia “están en las raíces culturales de la sociedad actual y sus presiones para alcanzar el yo social ideal”. 

En su consulta él está notando nuevas dinámicas tras el confinamiento. Le sorprenden la cantidad de nuevos casos no patológicos que están llegando tras la cuarentena. “Es como si los padres al pasar tanto tiempo observando a sus hijos identificaran problemas de salud mental cuando en realidad son problemas educativos. Pero es más cómodo pensar que se trata de una enfermedad que se puede curar con una pastilla que asumir y abordar tu responsabilidad como educador y padre”, explica. También cree que el confinamiento ha tenido algunos efectos positivos en niños “sobre todo en los que padecían estrés o patologías más leves relacionadas con la ansiedad del logro o la construcción de la identidad”. 

El psiquiatra ve comprensible que durante el confinamiento se reduzca el estrés. “La ausencia de los padres en la vida cotidiana es uno de los mayores provocadores de la angustia en los niños y de la ansiedad en la infancia y lo que más ayuda a los hijos a tener un desarrollo emocional más adecuado es que estén sus padres cerca. Aunque estén desatendidos porque los padres están teletrabajando, siempre pueden recibir un abrazo y la certeza de que sus padres están ahí si pasa algo”, explica el doctor Martínez Manjarrés. Aunque resalta que los resultados de la muestra no pueden generalizarse para todos los niños: “Tiene un gran valor que los datos midan el antes y en el después. Aunque el sesgo socioeconómico es importante, ya que no es lo mismo pasar el confinamiento en un chalet o casa con jardín, que hacerlo en un piso pequeño, interior, con muchos hermanos y la angustia de que tus padres están sin trabajo”, apunta. 

Como contrapunto explica que por su consulta han pasado adolescentes a los que la educación online les ha beneficiado: “Algunos estarían felices de seguir haciendo clases virtuales porque les da más disposición de su día, pueden ir a su ritmo y son más flexibles en los tiempos y espacios, y muchos valoran que les permite pararse a pensar. Eso nos tendría que hacer reflexionar a nosotros, los adultos”, concluye. Sin embargo, en el informe del equipo de la Universidad Complutense, la dimensión que peor parada sale de esto estudio es la académica, ya que el 85% de los niños expresaban dificultades para realizar adecuadamente las tareas escolares así como una demanda excesiva por parte de los profesores. 

El estudio refleja también cómo perciben las familias que sus hijos han vivido esta cuarentena. La variable que más ha empeorado, según describen los padres, es la motivación al estudio. También ha subido mucho la impulsividad, las familias perciben más hiperactivos e impulsivos a sus hijas e hijos .

Además, perciben que la mayoría de los niños han empeorado su estado psicológico tanto en infantil (55%) como en primaria (64%). No obstante este resultado es mayor en el ciclo de primaria. En infantil es mayor el porcentaje de niños que no experimentan cambios . Aunque el psiquiatra Martínez Manjarrés, advierte de que estos cuestionarios deben hacernos pensar, pero no debemos olvidar que muestran la opinión de los padres, que pueden estar proyectando sus propias emociones. 

Pedro, de 8 años, cree que sus padres están muy estresados, y aunque valora las ventajas del confinamiento, como explicaba al principio, él también necesita su espacio. “Esto tiene cosas buenas y malas, pero ahora ya tengo ganas de recuperar mi vida de antes, tener mi sitio, si es que se puede...”, concluye.




miércoles, 1 de julio de 2020

La psicología detrás de los tatuajes: ¿Por qué decidimos marcarnos para siempre?

MARÍA ALCARAZ   |   ABC   |   28/06/2020

Llega el calor y desterramos chaquetas, bufandas y pantalones largos, que sustituimos por camisetas de tirantes, bermudas y gafas de sol. Salen de las madrigueras las pecas que surgen con los primeros rayos de sol y, en los todavía poco bronceados brazos y piernas, vemos tatuajes. Estas marcas especiales, que muchos llevan, no ven la luz bajo los jerseys del invierno, pero se pasean y lucen durante los meses estivales.
Si hace apenas unas décadas los tatuajes eran una algo excepcional, ahora están más que normalizados; cada vez son más los que deciden grabar recuerdos en su piel. «Hay dos motivos por los que las personas pueden hacerse un tatuaje, uno de ellos es subrayar la propia identidad y el otro inmortalizar momentos, tanto los que fueron felices como aquellos que nos han dejado una herida psicológica», explica la psicóloga Sheila Estévez Vallejo.

Aun así, la psicóloga Lara Pacheco, de Cenit Psicólogos, apunta que «las motivaciones por las que alguien decide hacerse un tatuaje, estando en 2020, son tan amplias como personas existen». Explica la profesional que, en muchos casos, es más frecuente que las mujeres se hagan tatuajes, en busca del enriquecimiento estético del propio cuerpo, mientras que los hombres suelen hacerlo movidos por la pertenencia a un grupo social.

Fotografiar los recuerdos en nuestra piel

Sheila Estévez Vallejo comenta que tal vez lo que nos mueva para tatuarnos sea querer, de alguna manera, «fotografiar» un recuerdo en nuestra piel. Asimismo, explica que uno de sus grandes atractivos es que puede hacernos «sentirnos únicos, autodefinirnos, diferentes, o que nos puede ayudar a enmarcar un rasgo de personalidad, una creencia o unos valores». «Otro motivo por el que decidimos tatuarnos es como respuesta a un daño emocional vivido; el tatuaje es parte de aceptación de ese daño y resultado del proceso de resiliencia o de superación», apunta.

Aunque en un primer lugar pueda parecer que las personas más extrovertidas y atrevidas tengan más predisposición a tatuarse, Lara Pacheco asegura que hay «pocos rasgos de personalidad que destaquen entre las personas que se tatúan». «Si lo generalizamos, podríamos decir que la característica común más importante es la búsqueda de un sentido de 'unicidad', el ser único u original», comenta la psicóloga. Pero, los tatuajes pueden incluso servir como herramienta de expresión para aquellas personas más tímidas. «Hay personas que prefieren poder autodefinirse sin tener que mediar palabra, sobre todo las más introvertidas o tímidas, y gracias a los tatuajes pueden hacerlo», apunta Sheila Estévez Vallejo.

Expresarnos sin hablar

También, en primera instancia puede parecer que hay gran distancia entre las personas que se tatúan por estética y los que lo hacen buscando marcar en su piel algo importante para ellos. «La decisión de realizarse un tatuaje es significativa incluso si es para embellecer el cuerpo. De hecho, en la cultura en la que el aspecto físico y la imagen son especialmente importantes, el hecho de decidir tatuarse solo para hacer más estética alguna parte de nuestro cuerpo puede ser tan significativo como hacerlo para marcar un acontecimiento vital relevante», explica Lara Pacheco. Continúa y dice que, en ambos casos, el «uso» que se da al tatuaje es similar. En el caso de que simbolice algo relacionado con nuestra vida, reafirmamos el mensaje que queremos transmitir; si es por estética, podemos aplicar el mismo argumento, aunque el mensaje sea demostrar que son motivos con los que son sentimos identificados estéticamente.

Podríamos pensar que la lógica indica que las personas más inseguras, o con más dificultades para tomar decisiones, sean menos propensas a realizarse un tatuaje. Sin embargo, la psicóloga Lara Pacheco comenta que no tiene porqué ser así, ya que las personas con estos rasgos de personalidad normalmente sienten estas circunstancias en áreas de su vida muy marcadas. «Por ejemplo, se puede ser muy inseguro en las relaciones de pareja, pero muy poco en su el trabajo, o al revés… En general, una persona con cierta inseguridad puede sentirse seguro para tomar la decisión de tatuarse, incluso puede tener tendencia a ello como reafirmación de sí misma», explica Lara Pacheco. Si miramos los datos generales recogidos en distintas encuestas y estudios, observaremos que las personas que han decidido realizarse un tatuaje, en su gran mayoría, no se arrepienten de la decisión y, las personas que deciden borrarlos son muy pocas, en comparación.

Un acto de intimidad

Después de tomar la decisión de hacernos un tatuaje, llega otra elección complicada: elegir en lugar del cuerpo en que lo vamos a realizar, ya que podemos concebir este símbolo estético como algo íntimo o algo para ser mostrado. «Quienes se decantan por realizarlo en lugares visibles, como los brazos o las piernas, suelen querer lucirlos a modo de 'joya' o como algo que les identifica, que forma parte de la autoimagen y del mensaje que quiere que reciban los demás», dice Sheila Estévez Vallejo. Añade Lara Pacheco que la elección también puede depender de factores como la profesión de la persona, el dolor que crea que va sentir en una zona u otra, o simplemente el motivo estético de cómo quedará el tatuaje en cada lugar. «Si nos referimos a partes muy expuestas y poco habitualmente tatuadas, como las manos, el cuello y la cara, quizá sí que podamos decir que la persona que lo hace en estas zonas está más motivada a mandar un mensaje a los demás, más que solo a sí misma», apunta la profesional.

Por último, los tatuajes, en cierto modo, pueden ser considerados por algunas personas como un recurso terapéutico. «Es una de las funciones que más se han estudiado. Hay ejemplos muy obvios, como los tatuajes que se realizan para disimular cicatrices, o para realzar el cuerpo estéticamente tras una mastectomía», asegura Lara Pacheco. De igual forma, la profesional explica que se ha comprobado que un tatuaje puede ser una reafirmación tras superar un periodo difícil. «Como ya hemos comentado, respecto a las motivaciones para hacerse un tatuaje, en ciertas ocasiones se puede asumir como símbolo de haber superado algo, de haber pasado por un cambio significativo en la vida o como reafirmación de valores personales», concluye la profesional.

¿Por qué elegimos una zona u otra para hacernos un tatuaje?

Aunque la elección de la zona en la que realizar un tatuaje depende de muchos factores (estética, intimidad, miedo al dolor…), explica la psicóloga Sheila Estévez Vallejo que, según la medicina tradicional china, cada zona del cuerpo tiene un significado a nivel «energético». Comenta la psicóloga que según esto, una persona que es diestra vincula la zona derecha de todo su cuerpo a la parte social, la laboral, y la de las metas de futuro. La zona izquierda sería la parte familiar, íntima y de pareja, que coincide con donde tenemos localizado el corazón.

Asimismo, una tendencia que puede darse a la hora de elegir dónde hacernos tatuajes, es la influencia que tiene el primero que nos hagamos, ya que este marcará la tendencia. «El primero será ese en el que más nos fijaremos; en qué zona y en qué lado lo tenemos, determinará el resto, ya que no solemos repetir lugar o zona», dice la psicóloga.

Explica que, en general, la zona de la espalda y los hombros está asociada a aguantar un peso, a las obligaciones a nuestras cargas, mientras que la zona de los brazos es donde se visualizan las metas o los objetivos que se quieren conseguir. «Las manos suelen ser donde se muestra el poder y el dominio», apunta. Para terminar, explica que el pecho es la zona en la que se sienten las emociones, tanto las intensamente positivas, como las tristes, como son los duelos o las situaciones de dolor emocional.


sábado, 27 de junio de 2020

El 40% de los fumadores ha aumentado su consumo de tabaco desde que empezó la crisis del COVID-19

ANNA RAVENTÓS     |    Barcelona    |     TopDoctors     |     20/05/2020

La desescalada incipiente está derivando en la extracción de los primeros datos y conclusiones de lo experimentado y vivido durante los dos primeros meses de confinamiento a causa de la crisis sanitaria del COVID-19. El consumo de determinadas sustancias ha ayudado en ocasiones a satisfacer necesidades, apaciguar sensaciones, matar el exceso de tiempo o luchar contra las circunstancias. El tabaco ha sido una de ellas. De hecho, según la última encuesta realizada por Top Doctors plataforma online para encontrar y contactar con los mejores especialistas médicos de la sanidad privada, aprovechando que el próximo 31 de mayo se celebra el Día Mundial del Tabaco, hasta un 40% de los encuestados asegura haber fumado más desde que empezó la crisis del COVID-19.
Aquellos que se consideran fumadores habituales o sociales afirman estar fumando el doble, y hasta 20% de los casos asegura ‘no saber calcular la cantidad de cigarros adicionales’. “Los fumadores con un carácter más lábil, más ansioso, la repercusión del confinamiento en relación con el consumo del tabaco será más alta de lo habitual. El confinamiento nos ha llevado a situaciones casi límites, y esto puede haber favorecido en algún caso a la vuelta al tabaco. Aunque para poder hacer balances y  conocer más datos exactos habrá que esperar unos meses más” asegura el Dr. Coll Klein, jefe del servicio de Neumología del Instituto Universitario USP Dexeus y miembro de Top Doctors.
Exfumadores durante el confinamiento: toda una prueba de superación
La Universidad de California en San Francisco ha realizado un estudio en el que se apunta que el riesgo de desarrollar un cuadro médico grave en pacientes de COVID-19 es el doble entre los fumadores y exfumadores. Lo que implica en España a casi un cuarto de la población según las cifras de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria.
Para los exfumadores el confinamiento y todo lo que envuelve la situación, ha supuesto una prueba de fuego en la lucha contra el tabaquismo. Y el resultado es positivo, ya que el 78% asegura tener totalmente superada la adicción al tabaco y del 16% que afirma haber pensado en el tabaco, 8 de cada 10 asegura haber aguantado la tentación. La situación personal y profesional puede haber sido un desencadenante para todos aquellos exfumadores que han vuelto a fumar, pues prácticamente 2 de cada 3 que asegura haber sucumbido durante el confinamiento se encuentra en situación de ERTE o paro en estos momentos.
Con millones de personas en casa, teletrabajando o perdiendo el empleo total o temporalmente, solos o con toda la familia, desde que el 14 de marzo se activara el estado de alarma, la población se ha enfrentado a una situación nueva que les ha hecho pasar por diferentes circunstancias y emociones. “El confinamiento es una situación que se sale de toda normalidad y cuanto más se alargue más difícil será de llevar. Es muy posible que tenga consecuencias tanto a nivel físico como psíquico en la población, por lo que hemos de estar preparados para esta eventualidad y actuar en consecuencia”, explica el Dr. Coll Klein.
Entre las sensaciones que se han experimentado con mayor frecuencia encontramos: