viernes, 24 de julio de 2020

¿Qué máscaras utilizas?

ANGELA CARRASCOSO TOBÍAS    |   La Mente es Maravillosa  |   14/06/2020 

La máscara de tipo duro, el niño bueno, el salvador... Todos utilizamos máscaras en algún momento, pero algunas las llevamos tanto tiempo que se quedan adheridas a nuestro ser.
Las máscaras son instrumentos que utilizamos para intentar adaptarnos a unas circunstancias y, así, reinventarnos para seguir adelante. Nos permiten actuar como si fuésemos capaces de cualquier cosa y nos protegen de lo que creemos que puede dañarnos.

Es decir, las máscaras son mecanismos de defensa inconscientes que intentan poner a salvo nuestro verdadero «yo» cuando puede estar en peligro. Es un engranaje que nos permite sobrevivir; por lo tanto, llevar una máscara no es necesariamente algo perjudicial para nosotros.
Sin embargo, hay circunstancias en que esa máscara que adoptamos no cumple esta función adaptativa, sino más bien todo lo contrario. Estas máscaras enquistadas en nuestro verdadero rostro han sido ampliamente estudiadas en psicopatología. Son conocidas como «ego» en psicología de la Gestalt o «conservas culturales» en psicodrama.

¿Cuándo necesitamos las máscaras?

Aprendemos a usar las máscaras desde pequeños cuando nos damos cuenta de que, en determinadas situaciones, no podemos comportarnos como nos gustaría si queremos ser aceptados.
Así, aprendemos que debemos controlar, por ejemplo, nuestra frustración y rabietas para que nuestros padres nos den su aprobación. O debemos ser pacientes y simpáticos con nuestros compañeros de la escuela para lograr también esta aceptación.
Estas máscaras marcan los límites para relacionarnos con los otros y aprender los diferentes roles que necesitaremos en nuestra vida. Nos permiten el acto reflexivo en nuestros impulsos, desarrollando capacidades superiores como la empatía.

Además, también necesitamos usar estas máscaras o personajes internos en situaciones concretas. Por ejemplo, podemos necesitar una máscara de fortaleza ante las adversidades o momentos difíciles, para permitirnos más tarde desprendernos de ella y descansar de la dura carga.

Los tipos de máscaras que nos acompañan

Aprendemos a usar máscaras desde que somos niños hasta que morimos. Algunas de ellas nos salvan, otras nos dañan. Es curioso que muchos de nosotros compartimos algunas de ellas. Veamos algunas de las más conocidas:
·        El niño bueno. El niño que aprendió a portarse bien siempre para ser aceptado, que le cuesta poner límites o dar su opinión por miedo a no tener la aprobación. Busca el afecto a través de la dulzura y de satisfacer al otro.
·        El guerrero. Aquella máscara que se creó en duras batallas nos permitió salir airosos de grandes adversidades. Permite apartar el miedo y la indecisión que podemos sentir para tomar el mando.
·        El pasota. El personaje indiferente que sigue impasible pase lo que pase en el exterior. Es un personaje que se defiende de las amenazas externas ocultando su sufrimiento.
·        El salvador. Necesita salvar a todas las personas y es algo muy personal. Seguidores de los casos perdidos e inmerecidos responsables de las desgracias ajenas.
·        El sufridor. Aprendió que en la vida todo son desgracias y que la forma de buscar el amor de los demás y su atención es a través del victimismo.
·        El tipo duro. Una máscara habitual de las personas más sensibles que temen ser heridos y parecer vulnerables. Ante este temor, han aprendido a mostrarse poco emocionales e, incluso, agresivos.
·        El eterno feliz. Las personas que pueden tener más dificultades para aceptar emociones como la tristeza, la rabia o la pérdida fingen que todo está bien con una amarga sonrisa. Una huida hacia delante de sus emociones.
·        El chistoso. Son aquellos que aprenden con humor a huir de sus emociones. Es una máscara similar a la anterior que, además, puede creer que los demás no le aceptarán si un día deja los chistes y se sincera.

Cuando la máscara se nos queda adherida

Todas las máscaras anteriores tienen algo en común y es que nos permiten proteger nuestro verdadero «yo» de posibles amenazas. A veces, llevamos tanto tiempo puestas estas máscaras que se quedan adheridas a la piel. Y nos preguntamos, ¿realmente soy así?, ¿esta máscara es parte de mi esencia?
Si nos llegamos a hacer esta pregunta es que nuestra preciada máscara lleva demasiado tiempo con nosotros. Y, posiblemente, este rol sean los vestigios de aquel niño herido que ansía ser querido y visto por los demás.

Las máscaras que una vez nos protegieron ahora han dejado de funcionar y se han convertido en una forma de desconexión con nuestras emociones, olvidándonos de los verdaderos deseos y valores. La pérdida de la esencia y de la conexión emocional puede llevarnos a un callejón sin salida, tratando de utilizar la misma máscara una y otra vez, aunque la vida cambie y esa obra que viviste ya haya bajado el telón.

Puede ser difícil desprenderse de ciertas máscaras. Por ejemplo, si interpretamos al tipo duro podemos pensar que las personas nos aprecian por esta faceta y nos abandonarán al ver nuestra vulnerabilidad. Sin embargo, es un espejismo de nuestros propios pensamientos.

Acabada nuestra función diaria, podemos llegar a casa y, al quitarnos todas las máscaras y mirarnos al espejo, ver y conectar con nuestro auténtico «yo». Observar lo que somos realmente, con nuestra propia luz y oscuridad, para amarnos antes de que lo haga nadie. Solo así podremos mostrar a los demás nuestro rostro desnudo.


miércoles, 22 de julio de 2020

"Los seres humanos somos una especie hiriente"

IMA SANCHÍS    |     La Vanguardia    |   La Contra  |    11/06/2019

Bessel van der Kolk, psiquiatra, experto en trauma.
Tengo 75 años. Holandés afincado en Boston hace medio siglo. Casado, dos hijos. Vivimos en sociedades humanas y dependemos los unos de los otros y el capitalismo, la supremacía de los más fuertes, deja a muchas personas lastimadas y vulnerables. Hay que repartir. Practico la meditación y el yoga

Pionero
Fundador y director médico del Trauma Center de Brookline, ha sido codirector de la Red Nacional de Tratamiento de Trauma Complejo de EE.UU, es profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, y lo fue en Harvard, donde se convirtió en el primer experto en farmacología: “No la practico porque pienso que la psiquiatría ha sido secuestrada por las farmacéuticas”. Fue pionero en analizar científicamente el uso del yoga para tratar el trauma con resultados positivos. Ha publicado 150 artículos científicos revisados y ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales. Autor del súper ventas “El cuerpo lleva la cuenta” (Eleftheria). Ha dado un taller en el Instituto Gestalt.

Pregunta.-De qué hablamos cuando hablamos de trauma?
Respuesta.-De una respuesta personal ante experiencias horrendas en las que sientes que no puedes hacer nada para cambiar la situación, que estás indefenso.
P.- Te sientes impotente.    |    R.- Sí, es un sentimiento de injusticia y de rabia profunda. Influye mucho la edad que tenías cuando ocurrieron los hechos: a menor edad más profundo es el efecto. Y también depende de si hubo alguien o no que te apoyara.
P.- ¿Guerra, tsunami o abandono?    |    R.- La gravedad de los acontecimientos no es lo esencial, sino la manera en la que el cerebro procesa eventos abrumadores para ti. El cerebro lo almacena todo en la amígdala, responsable de las emociones, y te hace reaccionar.
P.- Pero la mente intenta racionalizar.   |   R.- Sí, pensar que ya pasó y que se puede superar. Pero el cuerpo revive la experiencia una y otra vez. No se puede decidir olvidar un trauma de manera racional, porque anida en la parte más primitiva del cerebro.
P.- ¿Algo que podemos confundir con un rasgo del carácter?  |    R.- Si se da en la niñez crees que tus reacciones violentas, tus miedos o desasosiego, son parte de tu personalidad.
P.- ¿Hay rasgos comunes?   |   R.- Suelen ser personas explosivas porque albergan mucho miedo y rabia que expresan con reacciones exageradas. Cosas que para otros no tienen importancia a ellas las superan.
P.- Mucha gente ha tenido un padre o una madre alcohólica, ¿eso deja huella?   |  R.- Si no lo ha procesado, esa persona de adultas se siente defectuosa. Los hijos maltratados o de madres alcohólicas se sienten culpables de no ser atendidos y creen que si su madre no les quiso nadie les querrá, y de adultos pueden aceptar cualquier tipo de relación.
P.- ¿Creen que no se merecen nada mejor?   |   R.- Sí. Los traumas que están vinculados con la manera en que fuimos criados son los más complicados de tratar.
P.-No son experiencias aisladas...   |   R.- Prácticamente todos vivimos experiencias que tienen el potencial de instalarse en la psiquis como un trauma. Son muchas las familias con alcoholismo y muchos los abusos sexuales en la infancia. En EE.UU. el 20% de estas experiencias tienen secuelas.
P.- ¿Puede que hayas olvidado el trauma?   |   R.- Conscientemente sí, pero el cuerpo lo mantiene vivo. El trauma se aloja en el sistema límbico y cuando sucede algo que nos lo recuerda reaccionamos automáticamente.
P.- ¿El miedo y el aislamiento son el núcleo del trauma?   |   R.- Sí, y remodela el cerebro y el cuerpo. Somos primates, seres relacionales, por tanto una gran parte del trauma es que te aíslas de las relaciones con los demás.
P.- ¿Y puede revertirse?   |   R.- Sí. Una parte significativa es poder hablar sobre él, y luego tienes que lidiar con todos los sentimientos que hay y se expresan en tu cuerpo, porque como mecanismo de defensa, las personas que han vivido un trauma se disocian del cuerpo y de sus sensaciones.
P.- ¿Qué técnicas ha investigado?   |   R.- Sobre todo el yoga, que ayuda a activar las partes del cerebro que se desactivaron por el trauma, el canto ayuda a regular el sistema nervioso, y el chi kung. El problema es que tanto en Europa como en EE.UU. cuando te sientes mal emocionalmente te vas a tomar una copa.
P.- ¿Somos una cultura alcohólica?   |   R.- Sí, y es peligroso porque la relación entre trauma y consumo de alcohol y de drogas es alta. Y considero que la cultura médica occidental está atascada en esa tradición alcohólica en la que “me tomo una pastilla para acallar eso que me hace daño”.
P.- Usted también fue un niño traumatizado.   |   R.- Soy de 1943, la generación del hambre. Vi morir a demasiados amigos. A mi padre se lo llevaron los nazis y fue un hombre violento. Mi madre una mujer distante. Me costó superarlo.
P.- ¿Y qué es lo que más le ayudó?   |   R.- Diversas terapias, se trata de una combinación de trabajo psicológico, neurológico, como el neurofeedback, y físico; y es esencial estimular la imaginación, porque la gente traumatizada sufre una pérdida de flexibilidad mental.
P.- ¿Y cómo se trabaja la imaginación?   |   R.- A través del teatro, del arte... Ahora estamos investigando los efectos de los agentes psicodélicos para abrir la mente a posibilidades nuevas. Sin imaginación no hay esperanza, no hay oportunidad de vislumbrar un futuro mejor, no se tiene dónde ir, no hay meta que alcanzar.
P.- ¿Qué ha entendido esencialmente sobre el ser humano, sobre su malestar?   |   R.- Es muy interesante, mis colegas y yo pensamos que si conseguíamos resolver los traumas la gente sería mejor. Y se pueden resolver, en eso soy muy optimista. Pero siempre nos lastimamos los unos a los otros. Creo que somos una especie bastante defectuosa… Está en la naturaleza humana el hacernos daño, somos una especie hiriente.
P.- Quizá los otros animales sean mejores...   |   R.- Sí, creo que la mayoría de las especies hacen las cosas mejor que nosotros, viven en armonía, deberíamos estudiarlas a fondo antes de seguir exterminándolas... Me hubiera gustado que no me preguntara esto.


domingo, 19 de julio de 2020

El confinamiento, un desafío para los enfermos mentales

Cris de Quiroga    |    Madrid   |   ABC  |   07/04/2020

La ayuda psiquiátrica a distancia es imprescindible para que sobrelleven estos días de angustia
Para ciertas personas, el confinamiento puede ser un tormento. Aquellos con patologías psiquiátricas graves, que les acompañan de por vida, sufren aún más la situación detonada por el Covid-19. Sobre todo, después del endurecimiento de las medidas de aislamiento, que solo permite las actividades esenciales y ha prohibido a los enfermos mentales seguir con su rehabilitación en los ambulatorios.

Para ellos, «es mucho más duro, en la parte social ya tienen dificultades grandes. No estar interactuando con las personas, con el entorno, rompe con lo que se hacía en el hospital», explica en conversación telefónica Rosa Bueso, la terapeuta ocupacional de la Unidad de Hospital de Día de la Clínica Nuestra Señora de la Paz, regentada por la orden religiosa de San Juan de Dios. Desde hace dos semanas, 34 pacientes con trastorno bipolaresquizofrenia trastorno de la personalidad, por mencionar algunas patologías, no acuden a este centro; Bueso, junto a una psicóloga y una psiquiatra, se encargan de continuar con su terapia a distancia.

De lunes a viernes, este trío descuelga el teléfono y comienza a marcar. De hecho, Bueso interrumpe unos minutos la entrevista para atender una llamada. «¡Cómo me alegro de que te hayas levantado pronto hoy!», congratula a uno de sus pacientes. «Empiezan a desestructurar los hábitos establecidos, se levantan tarde y no toman la medicación cuando deben», cuenta esta terapeuta. «Necesitan tener estabilidad, algunos tienen ideas autolíticas [un comportamiento autolesivo que puede desembocar en suicido]», añade. También organizan, a través de la plataforma Zoom, videoconferencias para realizar las sesiones grupales. En definitiva, una copia de la rehabilitación presencial, donde trabajaban las «áreas de déficit» de los pacientes, mediante técnicas de relajación, terapia psicológica y ejercicios psicomotrices, entre otras cosas.

Sed de contacto físico

Si bien la terapeuta asegura que este seguimiento está siendo «eficaz», deja que desear. «La parte corporal, el grupo como representación de la sociedad, tocarse, vincularse, darse la mano... Hay muchas cosas de contacto físico que no se pueden trabajar y son importantes», remarca Bueso. «Cuando tienes que cuidar a alguien, debes estar cerca. Esa parte no la puede cubrir un medio informático», insiste. Y el aislamiento empieza a hacer mella: «Las conversaciones cada vez son más largas, sientes su angustia». La ansiedad ya se ha disparado en varias ocasiones; en esos casos, interviene la psiquiatra, que puede hacer retoques en la medicación. El último paso es proceder al ingreso del paciente.

Pese a esta ayuda, el confinamiento les pasará factura. «Si ahora tienen dificultades, cuando acabe todo esto va a ser el doble», declara. Aunque la cascada de ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) ha puesto a miles contra las cuerdas, el panorama al que se enfrentan los enfermos mentales es menos halagüeño, al ser uno de los colectivos menos contratados.

Mientras esta treintena de enfermos continúa con su rehabilitación a distancia, muchos otros permanecen ingresados en la clínica. Antes de que esta crisis sanitaria derrumbase su vida cotidiana, los internos recibían visitas a diario, paseaban por los jardines, charlaban en la cafetería. Todo ello se suple ahora con videollamadas a sus familiares, pero «es imposible dar abasto con todos», comenta una de las enfermeras de la clínica, Carolina Muñoz. Además, comunicarse con sus seres queridos no siempre es la mejor opción. «Otros viven esta situación con mucha angustia y estrés. Los pacientes paranoides lo ven mucho peor, incluso cuando ven a sus padres en la pantalla puede ser peor», aclara.

En cada una de las cuatro plantas del centro hay 26 habitaciones de psiquiatría, ya de por sí bastante aisladas. «Están súper agobiados de no poder salir», asegura Muñoz. Ella también se encarga de las consultas a distancia, con un grupo de pacientes con trastorno bipolar. «Para muchos, es la única llamada que reciben al día», lamenta. La pandemia se ensaña con los más vulnerables.


viernes, 17 de julio de 2020

Conéctate con lo que te causa felicidad

 MARÍA ALERJANDRA MADERO MARTÍNEZ      |     Ser Saludables     |     29/01/2020

Factores como la genética, las vivencias y los recuerdos intervienen en el nivel de felicidad. La clave es vivir en armonía, cuidarse y disfrutar de los momentos únicos.

Mucho se habla de lograr la ‘felicidad’. Lo vemos ahora reflejado en páginas de entretenimiento como blogs, perfiles de Instagram o Pinterest, o en redes sociales que se encargan de brindar al usuario aburrido y triste, alguna frase motivacional para darle sentido y felicidad a su día a día.

Pero, ¿por qué tanta preocupación por el tema? ¿Será acaso que nos hemos vuelto infelices? O, sencillamente, ¿no estamos valorando lo que nos rodea?
Andrés Ramírez Ordóñez, profesor de la Cátedra de la Felicidad en el Colegio de Estudios Superiores de Administración CESA y en la universidad El Rosario, y Sergio Arboleda, señala que la felicidad, como propone Aristóteles, es el fin de la vida, el propósito de la existencia humana. Lo que pasa es que no tenemos hábitos que nos ayuden a vivir una vida más feliz, lo que no necesariamente implica que no haya dificultades.

Al no hacer lo que debemos hacer para vivir bien y no tener buenos hábitos, poco disfrutamos y surge la infelicidad que, finalmente, nos lleva también a ser incapaces de expresar las emociones, malestar o dolor que haya generado el comportamiento de otro, quedándonos en lo negativo, en lo frustrante. Si te gritan en el trabajo, si hay burla en el colegio, si hay problemas familiares sin resolver, estas situaciones pueden ser causa de infelicidad, y si no las sabemos manejar nuestro entorno se hace cada vez más complicado.

Ponga su granito de arena en busca de la felicidad

Para mejorar, no basta con escapar al celular o al computador a leer frases reflexivas; hay que tener un cambio interno y ser conscientes de que es posible conectarnos con la felicidad.

Lo primordial, como señalan el profesor Andrés Ramírez, socio consultor en Plurum, y Charlene Martin Lillie, especialista en resiliencia y guía de pacientes en Mayo Clinic, es ser agradecidos con lo que tenemos y ser conscientes del tiempo presente.

Al ser conscientes del momento y lugar en donde estamos es más fácil tener una vida coherente, en donde las acciones manifiestan nuestros pensamientos y emociones, para que todo logre estar en armonía.
Un ejemplo es, si pienso en positivo y trato a las personas que me rodean con agrado, voy a recibir energía positiva y activar el nivel de pensamientos positivos, como señala William Walker, ensayista y autor del famoso libro ‘La ley de la atracción’.

Las emociones son válidas, ya que todos las sentimos; lo importante es poder expresarlas sin pasar por encima de nadie y que nadie pase por encima nuestro, porque en la felicidad son clave las relaciones humanas, explica el profesor Andrés Ramírez.

Identificar qué clase de relaciones humanas tenemos ayuda en el propósito de conectarnos con la felicidad; pero, la primera relación que hay que fortalecer es la que se tiene con uno mismo. Hay que dedicarnos tiempo, dice Charlene Martin, llevar un organizador donde pongamos hora y lugar para hacer alguna actividad preferida, ser por un momento de la agitada vida, la prioridad.

Entender que se está vivo, alimentarse bien, dormir bien y realizar alguna actividad física también fortalece la relación con uno mismo. Aprender ¿cuál es el infierno de cada uno? es otra buena apuesta, como lo explica el profesor en su Cátedra para la Felicidad, en donde destaca que hay que reconocer miedos, rencores, personas tóxicas, qué pensamientos tenemos y hasta qué alimentos ingerimos, si son malos o buenos para la salud. Todo ayuda en la búsqueda de la felicidad.

Debemos agradecer todo lo que tenemos, pero agradecer con acciones, de manera que, si yo agradezco mi pareja, la enamoro todos los días; si agradezco mi trabajo, lo hago de manera extraordinaria; si agradezco mis hijos, como con ellos en la mesa, les dedico tiempo, oigo sus historias: Andrés Ramírez Ordóñez, profesor de la Cátedra de la Felicidad.

Concentre su energía en lo realmente importante

La mejor manera de alejarse o resolver los problemas es concentrarse conscientemente en una actividad, aconseja la doctora Martin. Por ejemplo, si tiene un día estresante en el trabajo o problemas económicos, y ese día toma clase en la noche, concentre toda su eneregía en aprender algo útil y así olvidará, al menos por lo que dura la clase, los problemas o los verá luego de otra manera y podrá pensar en una solución.

De igual forma, puede vivir momentos únicos si vuelve a conectarse con lo que le gustaba y ahora no hace; este es un punto importante en la búsqueda de la felicidad. Puede practicar algún deporte, salir al parque o correr, ir a cine, leer un buen libro, escuchar música o tocar algún instrumento.

Acercarse a la naturaleza, según la especialista de Mayo Clinic, es una de las mayores fuentes de felicidad, ya que nos hace sentir que somos parte de algo más grande. ¡La decisión es suya!
Para conectarse con la felicidad también es sano tener un ambiente limpio y agradable, deshacerse de cosas que ya no le sirven e intoxican su ambiente. Busque algo nuevo que hacer o que aprender, ya que cuando el ser humano descubre cosas novedosas se siente feliz.

Otros consejos que dan los expertos son:

·        Poner orden en su vida. Haga una lista de cosas pendientes, teniendo en cuenta que usted es su propia prioridad.
·        Disfrutar del aire por lo menos 10 minutos al día. Aproveche cuando va camino a casa o a la hora del almuerzo, y descubra si ese trayecto está rodeado de naturaleza y la belleza que esta encierra o solo ve las nubes.
·        Reflexionar sobre las cosas buenas o que le han causado desdicha. Disfrutar de las primeras y pensar si puede cambiar las segundas o no darles tanta trascendencia.
·        Tratar a los demás con compasión y generosidad. Esto trae múltiples beneficios en su salud física y mental, y lo acerca a la felicidad.
·        Ser observador. A su alrededor hay demasiadas cosas bellas que quizás no ha descubierto.
·        Tomar la decisión. Si desea ser feliz, debe pensar, expresar y actuar en pro de lo que lo hace feliz; tener presente que está vivo, que a veces no todo sale bien, pero que puede ser resiliente, es decir anteponerse a las dificultades y verlas como aprendizaje, todo depende de qué tanto se conozca a sí mismo y cómo actúa para ser feliz.
·        Pedir ayuda. Alguien resiliente entiende que no necesariamente solos podemos y que en ocasiones hay que pedir ayuda. Eso lo explica claramente el proverbio africano que dice que ‘solo vas más rápido, pero juntos llegamos más lejos’.

jueves, 16 de julio de 2020

Coronavirus.- Los jóvenes son los principales afectados por el confinamiento, según un estudio psicológico

20 MINUTOS EP     |   11/05/2020

Las personas más vulnerables al confinamiento y a la situación generada por la pandemia del COVID-19 son los jóvenes, según los primeros resultados de la investigación internacional que lleva a cabo el Laboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga (UMA) con el Grupo de Investigación Cognición, Emoción y Salud de la Universidad Complutense de Madrid, junto a varios centros más para conocer el impacto psicológico que la crisis sanitaria produce en la población.

Dichos resultados, obtenidos a partir de una encuesta, precisan que los jóvenes se sienten especialmente "castigados" por diferentes motivos: porque la pandemia rompe o amenaza sus proyectos vitales -Selectividad, exámenes, comenzar una carrera o buscar un empleo, por ejemplo- y porque su estilo de vida es más activo y se ve más alterado por el confinamiento.
El estudio también habla de una especial afectación de las mujeres, situación ésta que, según los expertos, coincide con los análisis psicológicos llevados a cabo tras otras situaciones traumáticas, en las que las féminas presentaron más ansiedad y episodios de depresión, han explicado desde la UMA a través de un comunicado.
Así lo manifiesta el catedrático de Psicología de la UMA Pablo Fernández Berrocal, director del Laboratorio de Emociones, para quien ahora, cuando iniciamos la desescalada gradual, "es fundamental poner en marcha estrategias de prevención psicológica para evitar que los síntomas negativos terminen convirtiéndose en psicopatológicos", en especial ante una posible recaída o rebrote del virus.
"El desconfinamiento debe ir ligado a la prevención. En la historia, se confinaba a la población ante las epidemias. Eso ya pasaba en el siglo XVI. Ahora, con los medios que disponemos en la actualidad, debemos ir más allá y prevenir consecuencias negativas para el bienestar de las personas", ha comentado el especialista, al tiempo que ha señalado que algunas medidas positivas en este sentido serían la disponibilidad de psicólogos tanto en Atención Primaria -que es donde primero acudirán los más vulnerables- y en los centros escolares.
El estudio que codirige la UMA y la Complutense -con el doctor Antonio Cano Vindel al frente- cuenta con la colaboración de grupos de investigación de varias universidades españolas: Zaragoza, Valencia, Granada, Islas Baleares y Autónoma de Barcelona, así como de la Universidad Siglo 21 de Argentina y la Universidad PUCMM de República Dominicana.
OBJETIVO DEL ESTUDIO
El objetivo del estudio no era otro que conocer las estrategias de pensamiento y de regulación emocional que pueden ayudar a prevenir la aparición de trastornos emocionales tras el impacto del confinamiento por la epidemia del COVID-19.
Para ello se distribuyó una encuesta cuya muestra es de 1.750 participantes de todo el Estado español. La media de edad ha sido de 40 años; un 37 por ciento casados y un 35 por ciento solteros, la gran mayoría con educación avanzada -40 por ciento estudios universitarios y 40 por ciento de post-grado-. Un 47,8 por ciento trabaja en jornada completa y un 23,2 por ciento está en paro.
RESULTADOS
Los resultados que se han extraído, además de los referidos a la vulnerabilidad de los más jóvenes y las mujeres, indican que un 15,3 por ciento de los encuestados presentaron un diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), mientras que un 20,8 por ciento tuvieron síntomas de ansiedad de carácter moderado y severo y un 40,4 por ciento, síntomas leves.
Por otro lado, un 12,2 por ciento obtuvo un diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor y un 22,8 por ciento sufrió síntomas depresivos de carácter moderado y severo -en este caso, un 36,2 por ciento fueron síntomas leves-.
Asimismo, un 17,2 por ciento presentó un diagnóstico de Trastorno de Pánico y un 25,7 por ciento tuvo ataques de pánico. Todos estos trastornos afectaron en mayor medida a mujeres que a hombres y también fueron más vulnerables otros grupos como los solteros y las personas con situación socioeconómica baja o en desempleo. Por el contrario, algunos factores de protección fueron estar casados, un nivel educativo alto o estar jubilados.
De igual modo, Fernández Berrocal también ha destacado que otro factor clave resultaron ser las estrategias de regulación emocional, ya que quien utiliza estrategias desadaptativas -como la rumiación o la catastrofización- presentaba más síntomas y más trastornos, mientras que quien utiliza estrategias adaptativas como la reinterpretación y la focalización positiva tuvo menos síntomas y trastornos, lo cual sugiere que se puedan realizar estrategias preventivas en el entrenamiento del manejo de estas estrategias.
Estos resultados subrayan la necesidad de incentivar la investigación psicológica sobre lo que nos esta ocurriendo emocionalmente durante este confinamiento para poder desarrollar estrategias eficaces de prevención de la salud y el bienestar personal de la población, sobre todo en los grupos identificados como más vulnerables.
Los investigadores han enviado el estudio para su publicación en una revista científica y tienen previsto realizar un seguimiento de las personas que han dejado sus datos para ver en qué medida evolucionan.

sábado, 11 de julio de 2020

Ansiedad, fatiga mental y culpa: La realidad de las madres que teletrabajan

S.F.    |   ABC   |   Madrid   |   20/05/2020

Ansiedad, fatiga mental, culpa e insomnio son las consecuencias que sufren las madres que teletrabajan durante el confinamiento, que padecen «mayor impacto psicológico» que los hombres y soportan aún más el peso de las tareas del hogar y del cuidado de los niños con la sensación perpetua de «no hacer nada al 100 %».

Sonia Reverter, doctora en Filosofía de la Universitat Jaume I de Castellón y miembro del Grupo de Investigación de Estudios Feministas y de Género, ha explicado a EFE que «la división sexual del trabajo en el confinamiento es más dura» en estos momentos.

Para Reverter, «dentro de casa hay poca conciencia de participación por parte de los hombres -que generalmente realizan dos terceras partes de las labores del hogar- y ahora, ya trabajen en casa o fuera, estos patrones de dedicación se han hecho más duros».

El teletrabajo para las mujeres «no es la solución sin un cambio cultural grande» y en estos momentos, desde que se decretó el estado de alarma, «solo hemos ido hacia atrás» en materia de conciliación y reparto de las tareas.

Las madres se sienten incomprendidas, ven un abismo entre las expectativas que se «venden» del teletrabajo y la realidad. «Es un reto»; «la carga mental es insoportable»; «solo lo entendemos las que lo estamos pasando»; «querer estar a todo y tener la sensación de no llegar a nada»; «sentir que no das calidad ni en lo doméstico ni en lo laboral», todo con la sensación de culpa siempre detrás.

Por su parte, la terapeuta de gestión emocional Gracia Vinagre indica que el confinamiento se está alargando y «es la madre la que sigue teniendo la carga y la preocupación de que los hijos puedan seguir el hilo de las clases», y para ello «intenta hacer malabares» y tiene siempre su atención dividida.

Incluso aunque el padre trabaje en casa, señala la psicóloga, «ella está más alerta de lo que pasa a nivel familiar» y adapta su trabajo a los horarios de sueño de los niños y al del trabajo del padre.

Pese a todos los esfuerzos, añade Vinagre, «tiene un sentimiento de culpa por no cumplir los objetivos laborables que la hacen trabajar más horas y dormir menos», lo que está generando cuadros de ansiedad y problemas de sueño ya que «incluso sus ciclos biológicos se ven modificados».

A estas circunstancias se suma el agravante de que no hay posibilidad de contar con ayuda externa, ya que aquellas que tenían un pilar en los abuelos u otros familiares ahora no pueden contar con ellos, y tampoco con los servicios de ayuda en la limpieza de la casa, en un momento en el que a causa de la COVID-19 las exigencias higiénico-sanitarias se han incrementado.

«El exceso de responsabilidad que se les inculca a las mujeres tradicionalmente hace que el bienestar de su familia esté constantemente en la balanza y eso supone mucho estrés», añade la terapeuta, que nos lleva de nuevo «a esos cuadros de trastornos emocionales agudizados estos días».

Un estudio de la UNED sobre el estado de ánimo durante el confinamiento en España revela que uno de cada tres consultados está pasando por cuadros de ansiedad, depresión o problemas del sueño, y de estos, el 70 % corresponde a mujeres.

Vinagre ha indicado que a esta carga mental se suma el hecho de no saber hasta cuándo se permitirá el teletrabajo o qué se podrá hacer con los hijos en verano. Gracia Vinagre aboga por «bajar los niveles de autoexigencia» en este contexto, ya que «no podemos sentirnos mal porque vean la tablet o coman chocolate», porque «todos tenemos que adaptarnos a esta situación», de la que, apostilla, «saldremos y todo mejorará».