jueves, 8 de abril de 2021

Los huesos y el estrés, una relación interesante


Edith Sánchez    |    La Mente es Maravillosa   |   10/01/2021 

Artículo verificado y aprobado por el psicólogo Sergio de Dios González

Hay una relación entre los huesos y el estrés, como lo comprobó un equipo de científicos estadounidenses. Los datos indican que, por ejemplo, la hormona ósea osteocalcina aumenta su concentración en situaciones de estrés.

Un grupo de científicos de la Universidad de Columbia, dirigido por Gerard Karsenty del Centro Médico Irving, descubrió una interesante relación entre los huesos y el estrés. Detectaron una hormona ósea que es liberada como respuesta al estrés agudo.

 

La investigación fue publicada en la revista Cell Metabolism y representa un hallazgo importante. Hasta ahora se pensaba que el organismo respondía al peligro segregando cortisol, adrenalina y noradrelina. No se hablaba de una relación entre los huesos y el estrés.

 

El equipo de Columbia detectó que hay otra hormona que participa en la respuesta ante un estímulo estresante. Se trata de la osteocalcina, una hormona ósea. Esto prueba no solo que existe una relación entre los huesos y el estrés, sino también que el esqueleto, desde el punto de vista evolutivo, se formó en gran medida para responder al peligro.

 

La noción de que el hueso media la respuesta al estrés es totalmente nueva, al igual que la noción de que las glándulas suprarrenales no median la respuesta al estrés”. -Gerard Karsenty-.

 

Las hormonas del estrés

Como muchos lo saben, cuando un organismo se expone a un estímulo amenazante se produce una respuesta de estrés agudo, que prepara el cuerpo y la mente para la lucha o huida. Dicha respuesta está mediada por el sistema nervioso simpático y es fundamental para garantizar la supervivencia.

La respuesta ante el peligro implica la segregación de tres hormonas: el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina. Todas ellas son secretadas por las glándulas suprarrenales que están ubicadas encima de los riñones.

 

Una vez que esas hormonas entran en acción, se producen una serie de cambios fisiológicos. Aumenta la temperatura, se eleva la frecuencia cardíaca, así como la frecuencia respiratoria y la presión arterial. De este modo, los músculos se preparan para la acción, que, en condiciones de peligro, puede ser lucha o huida.

 

Gerard Karsenty, director de la nueva investigación, señaló que todo esto estaba muy claro, excepto por un punto: el cortisol es un tipo de hormona que requiere de varias horas para provocar cambios fisiológicos. Aunque participa en la respuesta al estrés agudo, su acción no es tan inmediata. Por lo tanto, Karsenty pensaba que debía existir “algo más” en ese esquema.

 

Los huesos y el estrés

La hipótesis de base de Gerard Karsenty y su equipo era que la función original de los huesos es la de responder al peligro. Esto es debido a que protegen los órganos internos y permiten que los organismos se muevan y puedan huir. Sobre esa premisa, plantearon la idea de que también debían estar involucrados en el estrés agudo.

 

Para probar su idea, el equipo retuvo a un grupo de ratones en una jaula por 45 minutos. Esto era un estímulo estresante. Así se dieron cuenta de que la hormona osteocalcina había aumentado un 50 % en los ejemplares retenidos.

 

A ese grupo de animales se le expuso a un hisopo de algodón empapado en orina de zorro, enemigo natural de los ratones. Esto llevó a que el nivel de osteocalcina aumentara a un nivel de 150 %. Era claro que había una relación entre los huesos y el estrés.

 

Nuevas evidencias 

Para corroborar los hallazgos, el equipo de investigadores les extirpó las glándulas suprarrenales a algunos ratones. Al hacerlo, impedían que se secretaran las clásicas hormonas del estrés. Después se les expuso a un estímulo amenazante y comprobaron que los niveles de osteocalcina aumentaban de manera significativa.

 

Lo interesante es que la osteocalcina fue capaz de desatar una respuesta al estrés agudo. En otras palabras, cumplió el papel de provocar los cambios fisiológicos propios de una situación de peligro. Por lo tanto, hubo aumento de frecuencia cardiaca y respiratoria, incremento de temperatura, etc., sin adrenalina, ni cortisol, ni noradrenalina.

 

La relación entre los huesos y el estrés se reconfirmó con una nueva prueba. A ratones sin glándulas suprarrenales y sin capacidad para producir osteocalcina se les inyectó esta última en una alta proporción. A los pocos minutos los ejemplares mostraron un aumento de temperatura corporal, mayor frecuencia cardiaca y todo el cuadro de estrés convencional.

 

La pregunta de oro es: ¿opera así mismo en los humanos? La respuesta es: sí. Un grupo de 20 personas fueron sometidas a un estímulo de estrés: hablar en público. La respuesta fue similar a la de los ratones y se pudo verificar el aumento de osteocalcina. Además, hay un dato adicional: la relación entre los huesos y el estrés se reduce con los años. A mayor edad, menor capacidad para producir esa hormona.

 

martes, 6 de abril de 2021

¿Cómo entretener a los niños?. ¡Deja que se aburran!. Es más productivo


ROCÍO CARMONA    |    La Vanguardia    |    11/04/2020

En un momento en el que muchos padres se pasan el día buscando y compartiendo recursos para entretener a los críos en casa, algunos expertos reivindican el derecho de los más pequeños al aburrimiento. Aburrirse es, afirman, una de las experiencias formativas más importantes en la vida de una persona. La capacidad para lidiar con el aburrimiento es un signo inequívoco de buena salud mental, y experimentarlo obliga a los más pequeños a aprender a enfrentarse con la soledad y a desarrollar recursos internos para hacerlo. Así, con cada “mamá, me aburro”, pueden ir descubriendo los tesoros que se esconden en su imaginación.
 
El aburrimiento es un trampolín a la creatividad”, afirma en este sentido la psicóloga y terapeuta Lara Terradas Campanario. Las situaciones de aburrimiento, explica Terradas, siempre llevan implícitas dos opciones. Imaginemos por ejemplo que está lloviendo mucho y el niño quiere salir a jugar fuera (y aquí podemos sentirnos libres de cambiar la palabra “lluvia” por la palabra “virus”). La primera opción sería salir a jugar y mojarse. En la segunda, imaginemos que valoramos que al llover tanto (o al haber un virus ahí fuera que por ahora impide la libre circulación) es necesario esperar a que escampe un poco.
 
“Si en esta situación yo me quedo fijado en la lluvia (o el virus) como culpable de que no pueda hacer lo que deseo, me aburriré”, asegura esta especialista. Y continúa: “Pero al cabo de un rato, y siempre que nadie me distraiga, me ponga un chupete emocional en forma de pantalla, juegos, comida, conversaciones o canciones que no me interesan, y que lo que hacen es tapar el valioso mensaje del aburrimiento trae, seguro que se me ocurrirá un plan B: mirar a qué puedo jugar adentro, como segunda opción, quedándome en cuerpo y alma donde estoy y buscando alternativas, focalizando mi atención a lo que sí es y dejando atrás lo que no es, para así, abrirme a las posibilidades del presente. Pies para qué os quiero si tengo alas para volar, que decía Frida Kahlo”.
 
¿Y cuál es ese mensaje vital del aburrimiento? ¿Hacia dónde dirige nuestro vuelo y por qué deberíamos pensárnoslo dos veces antes de correr a responder a la demanda de entretenimiento de nuestro hijo? El propósito del aburrimiento es, para Terradas, ayudarnos a conectar con nuestro sentir y crecer como personas creando realidades nuevas.
 
Aburridos crecen como personas.
 
“Es un puente hacia el encuentro conmigo mismo. Cuando me relaciono conmigo directamente y no me distraigo por otros estímulos externos, entonces puede florecer mi imaginación y mi creatividad, que son las fuentes de la verdadera realización humana. Después les vamos a preguntar a estos mismos niños qué quieren ser de mayores, cuando no habrán tenido ni tan siquiera el tiempo de sentir qué quieren hacer ahora mismo, y quizá en el futuro nos encontraremos frente a adultos autómatas que estudian carreras por cumplir el expediente y trabajan de algo que no tuvieron la oportunidad de sentir si tenía que ver con una llamada de su corazón”, explica contundente.
 
Pero lo cierto es que, aunque nos cuenten o empecemos a intuir que aburrirse es una cosa buena para los más pequeños, a menudo nos sentimos incómodos ante ese sentimiento y nos cuesta dejar de reaccionar. Para Terradas Campanario, el motivo de ello es que vivimos en una sociedad que se exige todo el tiempo por encima de sus posibilidades.
 
La incomodidad de los padres
 
“La infancia es un reflejo de los mandatos bajo los cuales vive la sociedad y en estos tiempos vivimos bajo la hiperexigencia. Es común encontrar en el diccionario infantil los siguientes términos: “más, mejor, ahora, rápido, diferente. El tiempo infantil está más embutido que los pavos navideños americanos, no suele quedar ni un hueco para el aburrimiento”, afirma.
 
Incluso en estos momentos de cofinamiento, muchos padres se afanan por llenar todas y cada una de las horas de sus hijos entre deberes, iPads y clases online. No debemos olvidar, tampoco ahora, la importancia de permitirles disfrutar de grandes espacios de tiempo no estructurado.
Lo que tampoco quiere decir que no actuemos si vemos que nuestro hijo se queda estancado en ese ”me aburro”, pues si eso sucede será una señal de que el aburrimiento no está cumpliendo con su propósito. ¿Cómo acompañar, pues, este sentimiento sin sobreprotegerlos ni dejar de atenderlos? He aquí diez recomendaciones de Lara Terradas:
 
1. No sentirse responsable
Acompañar significa no interferir, no modificar. No tenemos que “salvar” a las criaturas de ese estado de aburrimiento.
Si los padres “salvan” al niño del aburrimiento se acomoda en lo pasivo, en que le den lo que quiere, sin buscarlo.
En lugar de correr a salvarlos, pues, debemos aprender a escuchar: “Preguntar qué les ocurre, poner la oreja, abrir el corazón a la curiosidad de su respuesta, cerrar la boca y acallar los pensamientos, nos dispone para una escucha activa que acoge lo que la criatura expresa”.
 
2. Observarse
Para ser capaces de no interferir, antes debemos mirar qué nos pasa cuando los niños “no hacen nada”. “Quizá nos alarmamos porque se pone en entredicho el mandato de la hiperproductividad que tenemos tan asumido que nos cuesta cuestionar.
 
3. Dejar que se aburra
 “La mejor manera de encontrar la solución correcta es tomándose un descanso, dijo Van Zuylen. No empujar el río ni pretender que ocurra otra cosa. Darse cuenta de que dentro del propio aburrimiento existe la solución al mismo, la semilla para la transformación está dentro del mismo fruto que se está pudriendo, no hay que desestimarlo ni ofrecer otro”.
 
4. Ayudar a nombrar los sentimientos opuestos
Podemos proponer al niño hacer una lista con las cosas que quiere y otra con lo que hay. También se puede jugar a: “Si pudiera hacer lo que me da la gana…” Y recrearse en la ilusión, en la fantasía. “Con ello estamos dejando salir la parte del deseo frustrado, que al ser identificada, nombrada y absorbida por la aceptación de quien escucha, deja de apretar tanto adentro, porque se le ha dado un lugar”, dice Terradas.
 
5. Acoger su frustación
 “Es importante abrir un espacio emocional para que el niño se frustre delante de la imposibilidad de tener lo que quiere (amigos, escuela, calles, correr, aire libre, sol, parque..) y permitir la expresión de esa frustración. Recordemos que la frustración es el puente que nos permite atravesar de la orilla de lo que queremos a lo otra orilla de lo que es.
 
6. Abrir la mirada al presente
Una vez ese dolor se ha manifestado, estamos más dispuestos a ver lo que tenemos delante de los ojos, entre nuestras manos. “Se puede hacer una lista (también podemos pasarnos una pelota y a cada turno nombrar algo) con lo que nos gusta de lo que tenemos. Agradecer eleva la vibración y protege nuestro sistema inmunológico.
 
7. No obligar
En esta situación de parón parece que cueste asumir que parar es más natural que seguir haciendo. “He oído quejas de recibir tareas de la escuela que no pueden ser acompañadas por las familias, por falta de tiempo o porque se crea una relación de tensión cuando mamá o papá se ponen de profes, o porque mamá o papá recién aterrizan del teletrabajo y no tienen la capacidad de estar disponibles para mis tareas, etcétera”. En este sentido, Terradas afirma que no es momento de seguir el curso es colar como si nada pasara.
 
8. Jugar al aquí y ahora
¿Cómo sería estar totalmente presente en este momento? Hacer alguna actividad casera, tipo, fregar los platos y permitirse oler el olor del jabón, notar la temperatura y el roce del agua en las manos...
 
9. Jugar al abogado del diablo
 “Tengo muchas ganas de patinar y no puedo”, puede decir el niño. Y nosotros podemos preguntar: “¿Seguro que no puedes?” Cuestionar la validez de un pensamiento, explican los expertos, puede abrir puertas a la creatividad. Quizá puede patinar en el pasillo o, en su defecto, se puede visualizar patinando y hacer un cuento al respecto.
 
10. Evitar el juicio
Observa qué pensamientos se activan cuando vemos a nuestro hijo aburrido. Si pensamos que el niño es esto o es lo otro porque no sabe qué hacer con su tiempo, y entonces nos enfadamos, aunque no lo digamos, se percibe que no estamos cómodos con la situación. “Recordemos que si un niño no sabe qué hacer con su aburrimiento probablemente es porque de alguna manera hemos colaborado en silenciar su propia brújula interna, y que detrás de esa actitud hay un malestar”.
 
11. No hagas nada
Considera no hacer nada de las recomendaciones anteriores si con ello vas a bloquear la posibilidad de que tu hijo lleve a cabo su propio proceso de indagación. Debemos tener cuidado de no convertirnos en animadores de la gestión del aburrimiento. 
 

sábado, 3 de abril de 2021

¿Es malo ser introvertido?

   

SARA GONZÁLEZ JUÁREZ     |    La Mente es Maravillosa   |  20/03/2021

Los medios y la sociedad muestran siempre la extraversión como lo ideal y deseable, pero ¿es malo ser introvertido? Aquí te lo contamos.


Especialmente en la juventud, ser el más sociable y abierto son inclinaciones valoradas como positivas. Pero, ¿qué tiene de malo ser introvertido más allá de esta visión o deseabilidad social?

En este artículo descubrirás qué es una persona introvertida, qué necesita y cómo funciona su mente. Así, si eres una persona introvertida o quieres comprender mejor a quienes presentan este rasgo, en este artículo formularemos y responderemos a preguntas que te ayudarán en este sentido.

 

¿Qué es la introversión? 

La introversión no solo es un estilo de interacción: es también una forma de procesar los estímulos, de organizar el tiempo y manejar las relaciones personales. Aunque muchas veces se lo asocia con ello, no se trata de timidez, fobia social o antipatía.

 

La mayoría de autores establecen la dicotomía extravertido-introvertido como polos opuestos, tales como Carl Jung o Hans Eysenck. Este último, además, relaciona estas tendencias con la cantidad de actividad cerebral en el córtex:

 

·        Las personas extravertidas tienen menor excitación cortical, por lo que buscan activarlo con estímulos externos tales como las reuniones sociales.


·        Los introvertidos, por el contrario, presentan más actividad cerebral en la zona cortical, de manera que la excitación externa puede llevarles a saturarse y buscar la soledad.


Es por esto que las personas introvertidas tienden a ser más silenciosos, a alejarse de las grandes reuniones sociales y pueden llegar a sentirse incómodos con los extraños. Además, suelen tener grupos reducidos de amigos que consideran cercanos y especiales, pues no se abren a cualquiera.



¿Es malo ser introvertido?

 

Aquí tienes la respuesta por adelantado: no, no es malo ser introvertido. La visión negativa que se tiene sobre este estilo de interacción suele venir de la presión social, que a su vez proviene del bombardeo de información que presenta la extrema sociabilidad como la clave para la felicidad. Aquí tienes la respuesta por adelantado: no, no es malo ser introvertido. La visión negativa que se tiene sobre este estilo de interacción suele venir de la presión social, que a su vez proviene del bombardeo de información que presenta la extrema sociabilidad como la clave para la felicidad.

 

También existe una cierta condena social hacia la soledad elegida. Al no necesitar tanta estimulación del medio, los introvertidos disfrutan y buscan la soledad cuando les abruma el ambiente. Esto no es necesariamente malo, pues no se trata de aislamiento social, sino de una preferencia por las actividades privadas. Un extravertido puede no ser selectivo con la estimulación que le llega del medio, pero el introvertido necesita encontrar un equilibrio entre la socialización y la desconexión.

 

Sin embargo, como se decía más arriba, un introvertido se relaciona con los demás en igual medida que un extravertido, pero de distinta manera: puede ir a una fiesta y pasárselo bien, pero no le gustará ser el centro de atención. Tiene amigos, pero menor número que un extravertido y, además, más apegados.

 

Ventajas de ser introvertido 

Para terminar de convencerte de que ser introvertido es tan válido y enriquecedor como lo contrario, aquí tienes algunas de las ventajas de este estilo de socialización:

 

·        Al llegar a la edad adulta, las personas introvertidas son más apreciadas como pareja estable, ya que muestran una apariencia reflexiva y calmada.

·        Las pocas personas con las que los introvertidos se abren y consideran su círculo cercano reciben más atención y compromiso: al ser selectivo se dispone de más tiempo para dedicar a los seres queridos.

·        La tendencia a la reflexión les ayuda a ser más comprensivos, lo que les hace líderes más exitosos.


·        Con la privacidad y aislamiento adecuados, los introvertidos tienen más facilidad para la creatividad y la innovación.

 

Susan Cain, la conocida divulgadora dedicada a estudiar la introversión, señala que muchas de las grandes mentes conocidas en la humanidad son personas introvertidas: Albert Einstein, Mahatma Gandhi o J.K. Rowling son algunas de ellas. La gran mayoría de las veces, analiza Cain, su éxito se debe a su capacidad de concentración y análisis de las tareas que les atañen.

 

Entonces, ¿es mejor ser introvertido?

 

Nada más lejos de la realidad. Sobre los extravertidos también se cuelgan etiquetas negativas, como ser amigos de todos y de nadie, o la de no ser capaces de convencerse. El problema real es, la mayoría de las veces, que la sociedad y los medios colocan algunos rasgos de personalidad como más deseables que otros.

De hecho, extravertidos e introvertidos pueden llegar a ser muy compatibles a la hora de aportar sociabilidad y reflexión a la relación, respectivamente. Antes que señalar un estilo como superior al otro, el consejo final de este artículo es el siguiente: la empatía es fundamental cuando se trata de sociabilizar. Pongamos el respeto por delante y disfrutemos de lo que nos aporta la diversidad.

 

Inseguridad y baja autoestima: vivir en la cuerda floja


VALERIA SABATER    |   La Mente es Maravillosa    |    15/07/2020

La autoestima no es una dimensión estable. A veces, tras una mala relación de pareja uno puede quedar con el autoconcepto por los suelos, sin amor propio y sintiéndose inseguro. ¿Qué podemos hacer ante estas situaciones? Lo analizamos a continuación. 

Inseguridad y baja autoestima tienen una relación directa. Son muchas las personas que viven en esa cuerda floja donde todo tiembla, donde se camina con miedo, temiendo que a la mínima surgirá el error, la caída, las risas de fondo. No solo falla la templanza, cuando uno se siente falible y el desamor propio lo domina todo, es imposible lograr nada. Ni siquiera la felicidad. 

Nathaniel Branden, psicoterapeuta canadiense y autor de Los siete pilares de la autoestima, señaló en una ocasión que sin esa seguridad interna que dota la confianza y el afecto auténtico en uno mismo es imposible enfrentarnos a los desafíos más básicos. Relaciones sociales, trabajo, capacidad de logro, proyección personal e incluso el amor. 

Todas esas dimensiones tiemblan también en el universo de la persona insegura y con la autoestima bajo mínimos. Por otro lado, hay un aspecto innegable. El mundo no es bueno ni favorable para quien se siente así. El niño inseguro es a menudo objeto de burlas y maltrato en la escuela. El adulto que no sabe defender sus derechos corre el riesgo de sufrir relaciones dependientes, de esas que dañan aún más la autoestima.

 ¿Qué puede hacerse en estos casos?


La baja autoestima siempre tiene un coste. Todo nuestro equilibrio emocional depende de ese sostén, de ese músculo psicológico que actúa como la más importante variable psicológica para nuestro bienestar. El psiquiatra Luis Rojas-Marcos nos dice en su libro La autoestima que uno de esos factores explicativos estaría en el modo en que nos hablamos las personas.

 

Más allá de los múltiples factores que suelen estar detrás del vínculo entre la inseguridad y baja autoestima, a menudo descuidamos la gran relevancia del diálogo interno. Ese soliloquio con uno mismo debería ser siempre amable, afectivo y focalizado en nuestras virtudes. En caso contrario, alimentaremos ese desgaste progresivo que siempre acaba afectando a nuestra salud mental.

 

Al fin y al cabo, la baja autoestima es esa dimensión que orbita en gran parte de los trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión. Conozcamos más datos.

¿Qué hay detrás de la inseguridad y baja autoestima?

Sabemos que aquello que nos decimos a nosotros erosiona la autoestima, pero… ¿por qué lo hacemos? ¿por qué una persona actúa como su peor enemigo y desconfía de sus capacidades? Es importante recordar en primer lugar que la autoestima no es una dimensión estable, esta puede fluctuar y verse afectada por nuestras experiencias.


·        En muchos casos, el origen está en la infancia y crianza recibida. Un vínculo de apego inseguro, las carencias emocionales, el aislamiento, el maltrato o incluso la hiperexigencia deriva en esa inseguridad y falta de autoestima tan llamativa.

 

·        Por otro lado, también es importante destacar los eventos traumáticos: las pérdidas, los accidentes, las vivencias de bullying o mobbing pueden lesionar esta valiosa dimensión.

·        Asimismo, tampoco podemos olvidar el impacto que pueden tener las relaciones afectivas dañinas. El coste de un vínculo basado en las críticas, la humillación, el chantaje emocional y los celos puede dañar por completo la autoestima y la seguridad personal de cualquiera de nosotros.

¿Cómo es la persona insegura y con baja autoestima? 

Tenemos la idea de que inseguridad y baja autoestima perfilan a alguien apocado, huidizo y poco decidido. Sin embargo, se nos olvida que estas dimensiones, en ocasiones, pueden estar detrás de personalidades agresivas e incluso narcisistas. Cuando alguien percibe sus carencia y debilidades puede desarrollar mecanismos de defensa para escudarse e intentar cubrir esos vacíos.


·        Alguien que no se quiere experimenta frustración, ansiedad y angustia psicológica y todo ello puede traducirse (a veces) en agresividad.


·        En otros casos, puede darse todo lo contrario: en lugar de desplegar conductas agresivas es el foco de las manipulaciones al ser la víctima, al ser esa persona que no sabe defenderse, que no se atreve a reclamar sus derechos.

 

·        La baja autoestima diluye potenciales, oportunidades y la propia vida. La falta de confianza en uno mismo nos sitúa detrás de esa zona de confort donde nada pasa, donde nada ocurre.

 

·        Por último y no menos importante, inseguridad y baja autoestima cursan con múltiples problemas de salud mental y también física.

Por ejemplo, algo que se ha demostrado es la estrecha relación de estas dimensiones con los trastornos de la alimentación. Así, desde el Hospital Universitario Infanta Leonor, en Madrid, España, se realizó una interesante investigación en la cual, se evidenció que la baja autoestima es un factor de riesgo para desarrollar estas serias condiciones.


¿Cómo dejar de ser mi propio enemigo y despertar la seguridad en mí mismo? 

La autoestima no se recupera de un día para otro. No si arrastramos, por ejemplo, el peso de una crianza traumática, la herida de haber pasado muchos años sufriendo mobbing en el trabajo o el sufrimiento de sentir en piel propia el impacto de una relación afectiva dependiente. ¿Qué podemos hacer en estas situaciones?

 

·        La terapia psicológica es el mejor recurso para trabajar el origen de esas inseguridades. Abordar esos desencadenantes y dotar a la persona de habilidades y herramientas para mejorar su diálogo interno, es sin duda, la mejor estrategia.


·        Asimismo, también es adecuado llevar un diario con el fin de identificar patrones de pensamiento poco saludables. Detectar la negatividad, los pensamientos irracionales y esa voz que actúa como castigadora, y no como veladora de nuestro potencial, es otro paso indispensable.

 

·        Es interesante también ponernos metas y objetivos sencillos en el día a día para ir conquistándolos. Esos pequeños avances van fortaleciendo nuestras seguridades.

Asimismo, sería altamente recomendable iniciar proyectos nuevos. A veces, los cambios nos sitúan en nuevos escenarios en los que casi, sin saber cómo, surge un nuevo «yo». Alguien que se ilusiona por la vida y, sobre todo, por sí mismo. 

Esa es la clave.