lunes, 14 de junio de 2021

Impacto psicológico de la COVID-19 en una muestra de profesionales sanitarios españoles


Autores: María Dosil Santamaría, Naiara Ozamiz-Etxebarria, Iratxe Redondo Rodríguez, Joana Jaureguizar, Alboniga-Mayor, Maitane Picaza Gorrotxategi      |      Elsevier.es      |      2020

Introducción

Ante la actual pandemia de la COVID-19, el personal sanitario se enfrenta a estresores laborales muy intensos, tales como jornadas laborales prolongadas, sobrecarga de trabajo, instrucciones y medidas de seguridad estrictas, necesidad permanente de concentración y vigilancia, escasez de equipamientos de protección y reducción del contacto social, además de tener que realizar tareas para las que muchos no estaban preparados.

En esta situación de estrés, se pone en riesgo tanto su salud física como la mental, dando lugar a la posible aparición de síntomas de ansiedad, depresión o trastornos por estrés postraumático o traumatización vicaria derivada de la compasión hacia los pacientes que están atendiendo.

En las investigaciones previas sobre epidemias, ya se han observado reacciones psicológicas adversas entre los y las trabajadoras sanitarias, por ejemplo, ante el brote de SARS, del MERS y actualmente ante la COVID-19. Estos estudios mostraron que dichos trabajadores temían el contagio y la infección de sus familiares, amistades y colegas, y sentían incertidumbre y estigmatización, lo que podría derivar en consecuencias psicológicas a largo plazo. Además, tal como se ha demostrado en el contexto de otras epidemias, el estrés y la ansiedad entre el personal no solo influyen directamente en su salud, sino que indirectamente afectan al sistema sanitario al dejar de acudir al trabajo como consecuencia de ello.

Otro aspecto que puede estar alterado por la sobrecarga de trabajo es el sueño, que ha mostrado ser un indicador clave de la salud, ya que además de mejorar la eficacia y el trato a pacientes, mantiene una función inmunológica óptima para prevenir las infecciones.

A todo ello, habría que sumar la compleja relación entre estas variables. Por un lado, existe evidencia de que el estrés funciona como detonante de los síntomas de ansiedad y depresión en personal sanitario joven. En el contexto de la pandemia de la COVID-19, tanto la sobrecarga de trabajo como el miedo a la posible infección podrían estar generando y aumentando los niveles de estrés. Además, la incidencia de estos síntomas, por ejemplo, la de la ansiedad, suele ser mayor en el personal médico femenino que en el masculino.

Actualmente, ante la expansión de la COVID-19 en España, existe preocupación sobre todas estas cuestiones y especialmente acerca del ajuste psicológico y la recuperación del personal sanitario que trata a pacientes con este virus, aunque, por el momento, apenas hay investigaciones al respecto. Teniendo todo esto en cuenta, el objetivo del presente trabajo ha sido evaluar los niveles de estrés, ansiedad, depresión y alteraciones del sueño entre el personal sanitario que trata a pacientes expuestos al virus de la COVID-19 en la comunidad autónoma del País Vasco (CAPV) y Navarra. También se estudian otras variables descriptivas de la muestra que podrían estar relacionadas con estos niveles de sintomatología psicológica. 

Material y métodos

Este estudio se realizó con una muestra total de 421 profesionales sanitarios del Departamento de Salud de la CAPV y Navarra, todos ellos profesionales en activo en diferentes centros hospitalarios públicos y privados de dichas comunidades. La muestra se obtuvo mediante un muestreo no probabilístico por bola de nieve. La edad mínima fue de 18 años y la máxima de 74 años. De estas personas, 338 eran mujeres y 83 eran hombres.

Se diseñó un cuestionario que contenía datos sociodemográficos (sexo y edad) y preguntas acerca de si vivían acompañados de alguna persona con enfermedad crónica, si habían tenido contacto con personas infectadas por el virus de la COVID-19, si tenían miedo al ir a trabajar y sobre la percepción del cumplimiento de las normas de confinamiento de la población.

La depresión se evaluó con la versión española de la escala Depression Anxiety and Stress Scale-21. Tiene 4 opciones de respuesta (de 0 = no me ha ocurrido a 3 = me ha ocurrido mucho o la mayor parte del tiempo) que se agrupan en 3 factores: depresión, ansiedad y estrés. Para el estudio, se emplearon los puntos de corte de Portocarrero AN y Jiménez-Genchi, A: sin sintomatología, sintomatología leve, moderada, severa y extremadamente severa. 

Por otro lado, se utilizó la escala de insomnio de Atenas (AIS) en su versión española. Se trata de un instrumento diseñado para cuantificar la dificultad del sueño en base en la CIE-10. Se compone de 8 elementos; los 4 primeros se refieren a variables cuantitativas del sueño, incluyendo la inducción del mismo y despertares nocturnos, despertar final y la duración total del sueño. El quinto se refiere a la calidad del sueño, y los 3 últimos hacen referencia al impacto del insomnio sobre el rendimiento durante el día. Los ítems se puntúan de 0 a 3, siendo las puntuaciones más altas las que denotan un sueño más deteriorado. La puntuación total varía de 0 a 24 puntos. En el presente estudio, se utilizó una puntuación AIS total de 6 o más para considerar el insomnio.

El estudio obtuvo la aprobación del Comité de Ética de la UPV/EHU. El contacto se hizo a través del correo electrónico y las respuestas se recogieron mediante un cuestionario online entre los días 1 y 10 de abril del 2020, con previa solicitud del consentimiento para la participación de los sujetos. En el cuestionario se explicaban tanto los objetivos del estudio como el procedimiento a seguir. Los datos se analizaron mediante el programa estadístico IBM SPSS Statistics for Windows, Version 25.0. En primer lugar, se describieron tanto las frecuencias como los porcentajes de las variables sociodemográficas. Posteriormente, se procedió a realizar un análisis multivariado sucesivo de la varianza, con el fin de probar las diferencias entre los niveles de depresión, ansiedad, estrés e insomnio en función de las variables sociodemográficas analizadas. 

Resultados

El 46,7% de los participantes indicaron sufrir estrés, el 37% ansiedad, el 27,4% depresión y el 28,9% problemas de sueño. En cuanto a las diferencias por sexo, las mujeres mostraron mayores niveles de ansiedad  y estrés. Y por lo que se refiere a la edad, fueron los mayores de 36 años los que mostraron en mayor medida estrés, ansiedad, insomnio y depresión. 

En lo referido a los datos recogidos en el cuestionario ad hoc, el 72,2% de la muestra señaló que no convivía con una persona con enfermedad crónica. El 71,5% sí había tenido contacto con personas infectadas por la COVID-19 y el 44,4% indicó que sentía miedo al contagio. Finalmente, el 88,4% percibía que la población estaba respetando las normas de confinamiento.

Las personas que respondieron sentir miedo en su trabajo fueron también las que mayores niveles de depresión, ansiedad y estrés presentaban, siendo el estrés la variable dependiente con mayor tamaño del efecto, seguido de la ansiedad y de la depresión.

Por último, los y las profesionales que perciben que en general la población no está respetando las medidas que se han impuesto respecto al confinamiento, son las que mayores niveles de depresión, ansiedad, estrés, e insomnio presentan, todas ellas con un tamaño del efecto intermedio, excepto el insomnio, que muestra un tamaño pequeño. 

Discusión

El impacto de la COVID-19 y sus implicaciones están suponiendo un reto importante al personal sanitario, que a menudo se enfrenta a una gran sobrecarga de trabajo, en condiciones psíquicamente exigentes, y con la sensación de disponer de pocos medios y apoyos.

Los datos revelaron que un porcentaje alto de profesionales sanitarios señala sufrir síntomas de ansiedad, estrés, depresión y trastornos del sueño. Las prevalencias de ansiedad, depresión y estrés encontrados fueron superiores a los de estudios previos sobre la COVID-19.

Además, el estudio puso de manifiesto niveles de ansiedad, depresión, estrés e insomnio superiores en mujeres, siendo las diferencias estadísticamente significativas para la ansiedad y el estrés, en la línea de estudios previos. El papel principal de cuidadoras que las mujeres ejercen en sus hogares (hijos y padres) puede que esté detrás de su mayor ansiedad y estrés, por el miedo al contagio. No obstante, habría que contextualizar los resultados, ya que algo más del 80% de la muestra del presente estudio eran mujeres.

En lo que se refiere a la edad, y contrariamente a lo hallado en otros estudios, los y las profesionales sanitarias de mayor edad, revelaron niveles más altos de toda la sintomatología evaluada. Quizá, a mayor edad es más probable que los participantes cuenten con familia a su cargo, hijos o padres, lo que aumenta la presión de la responsabilidad, el miedo a llevar el virus a sus hogares, etc.

Relacionado con lo anterior, se observó que convivir con una persona con enfermedad crónica aumentaba también los niveles de ansiedad en las personas participantes, por el miedo al contagio. Además, el hecho de trabajar con pacientes infectados por la COVID-19 aumentó los niveles de ansiedad, estrés e insomnio. Y si, además de trabajar con pacientes con infección por el virus de la COVID-19, convivían con personas con enfermedad crónica, sus niveles de ansiedad eran aún mayores. Es evidente que el miedo al contagio está muy presente entre el personal sanitario que participó en el estudio. El miedo es una respuesta natural frente a la amenaza y la COVID-19 se está viviendo actualmente como tal, en gran medida, por el gran vacío de conocimiento que existe sobre la misma, lo que despierta sentimientos de vulnerabilidad o de pérdida de control, y preocupaciones sobre la salud personal, la de la familia y sobre el aislamiento.

Actualmente, el confinamiento y la distancia social (junto con las medidas de higiene) son las principales medidas de prevención con las que cuenta la población, y un alto porcentaje de los participantes percibían que la población las estaba respetando. Sin embargo, aquellas personas que percibían que no era así fueron las que mayores niveles de depresión, ansiedad, estrés e insomnio señalaron. Si las medidas de prevención no se cumplen estrictamente, el riesgo al colapso sanitario es mayor, de ahí que el personal sanitario se preocupe especialmente por la responsabilidad social de la ciudadanía.

Hasta el momento, no se cuentan con estudios en España que exploren el impacto psicológico de la pandemia en el personal sanitario. Esta sería la principal fortaleza del estudio. Las implicaciones prácticas del mismo son también relevantes. Es necesario reducir el impacto psicológico del personal sanitario, y para ello, se recomienda aportar formación sobre la COVID-19, reforzar medidas de seguridad y garantizar las necesidades básicas del personal, tales como alimento y sueño. Se recomienda pues proveer de áreas de descanso y facilitar visitas periódicas de profesionales de la salud mental o asistencia psicológica telefónica. Será importante sostener estos servicios durante el tiempo, ya que la sobrecarga de trabajo se mantiene y es preciso evitar y tratar posibles casos de estrés postraumático causados por esta pandemia.

En cuanto a las limitaciones del estudio, cabe destacar que la distribución de la muestra (más del 80% mujeres) debe llevarnos a tomar los resultados de diferencias por sexo con cierta cautela. Asimismo, la generalización de los resultados está limitada, ya que es una muestra no probabilística en la que puede haber cierto sesgo de selección: la participación fue voluntaria, pudiendo haber participado aquellas personas especialmente impactadas emocionalmente. Futuros estudios deberían ampliar la muestra, obteniendo una muestra probabilística más equilibrada respecto al sexo y hacerla extensible a más comunidades autónomas.

sábado, 12 de junio de 2021

5 Ejemplos de habilidades sociales de diferentes tipos para entrenar


ALEJANDRO VERA        |     grulla.psicologiaynutricion.com     |       01/12/2019

Seguramente la mayoría de vosotros sepa responder a la cuestión qué son las habilidades sociales, en este artículo vamos a ver diferentes tipos de ejemplos de habilidades sociales para mejorar nuestro desempeño.

¿Habilidad social es lo mismo que inteligencia social?

Habilidades sociales e inteligencia social son dos constructos psicológicos que pueden en cierta manera usarte indistintamente.

Sin embargo, a mí me gusta diferenciarlos por la siguiente razón: puedes tener una alta inteligencia social y malas habilidades sociales, pero no al revés.

Muchas personas son capaces de comprender los entresijos de las relaciones (inteligencia social), pero fallan en la ejecución. La mayoría de las veces por inseguridad, timidez y ansiedad social.

Por el contrario, me cuesta imaginar una persona con buenas habilidades sociales que carezca de inteligencia social.

Si bien es cierto que, muchas personas se muestran abiertas y receptivas, esto no es lo que yo entiendo por habilidad social.

A mí forma de entender, el entrenamiento en habilidades sociales implica desarrollarnos en un amplio abanico de recursos.

Diferentes tipos de habilidades sociales

Realmente cuando hablamos de habilidad social, hablamos de un compendio de recursos y capacidades muy variado. Para poder explicártelo de forma sencilla, he hecho dos grupos: las habilidades sociales básicas y las avanzadas:

Tipos de habilidades sociales básicas

Las habilidades sociales incluyen desde destrezas básicas a otras más avanzadas. Algunas básicas son:

-Autocontrol emocional

Aunque generalmente la persona que busca entrenarse en habilidades sociales lo hace porque necesita aprender a perder la vergüenza, muchas personas se encuentran en el polo opuesto. Saber cómo no extralimitarse es una cualidad que no para todo el mundo es sencilla. Para ello, debemos ser capaces de desarrollar un termómetro de activación, detectar nuestras emociones y aprender a parar.

-Respetar el espacio personal

En la línea del autocontrol, otra habilidad básica consiste en ser capaces de leer cuando estamos resultando invasivos o no estamos respetando los tiempos y necesidades de las personas con las que nos relacionamos.

-Saber escuchar

Algo que a priori podríamos pensar que fácil, en la práctica no lo es tanto. Estar frente a un buen escuchador es una de las cosas más agradables que hay. Entre los puntos fuertes de un buen escuchador están: no interrumpir y escuchar hasta el final, respetar las pausas y silencios, y reforzar con la mirada, los gestos y la sonrisa.

-El lenguaje no verbal

Sobre esta cuestión escribiré un artículo en profundidad más adelante. Aprender a manejar nuestro lenguaje no verbal es uno de los aspectos fundamentales y quizás más difíciles. El 80 % de nuestra comunicación es lenguaje no verbal, entre lo que incluye:

La prosodia o modulación de nuestra voz

Los gestos y las muecas.

Contacto visual.

Posturas y actitud del cuerpo.

La sonrisa.

Aprender a comunicar es en gran parte aprender a usar nuestro lenguaje corporal, ya que gracias a él podemos decir cantidad de cosas sin hablar, reforzar, mostrar nuestras emociones, étc

-Comunicación verbal

Es decir, la conversación. Los elementos principales de una conversación son el inicio, el mantenimiento y el cierre. Más adelante hablaré sobre estos.

-Tipos de habilidades sociales avanzadas

Sin embargo, las HHSS tienen diferentes grados de dificultad. Algunas habilidades sociales avanzadas son:

 

§  Negociación.

§  Resolución de conflictos.

§  Asertividad

§  Pedir ayuda

§  Expresar emociones

§  Persuasión y Seducción.

§  Uso del lenguaje subliminal.

§  Empleo del lenguaje emocional o simbólico.

§  Uso del lenguaje visual.

§  Expresión corporal avanzada.

Sobre este tipo de habilidades escribiré en futuros artículos, ya que su grado de complejidad es más alto y existen numerosas técnicas y ejemplos que la psicología ha estudiado.

-¿Siempre es bueno entrenar nuestra destreza social?

Me gustaría advertir de un riesgo que vengo detectando cuando a consulta acuden personas solicitando entrenamiento en habilidades sociales.

Existen casos claros donde la intervención a través del entrenamiento en habilidades sociales es totalmente necesario, por ejemplo:

§  Síndrome de Asperger

§  Trastorno esquizode de la personalidad

§  Gestión de conflictos en pareja, familia y/o trabajo

§  Descontrol emocional

§  Ansiedad para hablar en público

§  Otros

Sin embargo, algunas personas pueden acabar usando el entrenamiento en habilidades sociales como una forma de esconderse.

 

Me explico mejor:

Si aprendemos a ser simpáticos, agradables y a saber cómo caer bien a la gente, es posible que adquiramos una gran destreza en ello a cambio de dejar ser nosotros mismos.

En muchos casos, el objetivo que debe perseguir la persona es recuperar la naturalidad. Decir lo que piensa, y actuar como realmente le nace.

Esto conlleva un ejercicio de empoderamiento donde hemos de permitirnos ser como somos y asumir la responsabilidad de no caer en gracia a todo el mundo.

Como dice uno de mis personajes de ficción favoritos House: Si le caes bien a todo el mundo, es que algo estás haciendo mal.

¿Para qué sirven las habilidades sociales en una conversación?

Las personas que sufren cierto grado de ansiedad social pueden llegar a sufrir mucho con algo que para el resto de personas es tan normal, como lo es una conversación.

Algo que para muchos otros es tan natural como el comer, para otros es motivo de activación cognitiva. Dicho de otro modo, se activa la necesidad de pensar cómo ejecutar la tarea.

Esta parte del artículo va especialmente destinada para ti que sufres ansiedad social:

-Ejemplos de habilidades sociales

A continuación voy a compartir contigo algunos ejemplos prácticos de habilidades sociales. Para hacerlo de una manera lo más sistemática posible, he dividido dichos ejemplos en los diferentes momentos que tiene una conversación: inicio, mantenimiento y cierre.

-Iniciar una conversación

Cuando queremos abrir una conversación o integrarnos en un grupo, si es algo que nos suele costar, solemos fijarnos de manera casi obsesiva en el qué tengo que decir. Esto ocurre fruto del miedo a quedarnos en blanco y hacer el ridículo.

Lo que te aconsejaría en primer lugar es calmarte. Es más importante que tus esfuerzos se destinen hacia regularte a ti mismo, antes que a tratar de controlar la imagen que estás dando.

“Si le caes bien a todo el mundo, es que algo estás haciendo mal.” -Doctor House, serie House-

 

Piensa que realmente las personas nos guiamos por impresiones y ofrece mucha mejor impresión una persona serena que una persona que “acierta” con qué decir.

 

En realidad, la cosa es bastante sencilla: puedes hacer una pregunta o añadir un comentario con alguna opinión tuya.

Si estás en grupo, ten paciencia, nadie se ha muerto por estar en silencio. Y si estas a solas con alguien, igual, no tienes que hacerlo todo tú.

-Mantener una conversación

Como decía anteriormente, tan importante como lo que aportamos es saber escuchar. Estar presentes y reforzar la expresión del otro son elementos que harán que las personas se sientan atendidas y comprendidas.

No basta con parecerlo, tenemos que escuchar de verdad.

Un fallo que tienen muchas personas en cuanto a esta habilidad se refiere, es que no escuchan para comprender, sino para contestar.

Existen también varias “técnicas” o “estrategias” (me da un poco de grima llamarlo así la verdad) para demostrar y expresar comprensión.

Algunas de ellas son:

§  Autorrevelaciones: consiste en devolver a la persona un ejemplo donde algo que le pasó a el o ella también nos ha ocurrido de alguna manera a nosotros.

§  Recapitulación: La recapitulación consiste en hacer una breve sinopsis o resumen de lo que nos han contado.

§  Reformulación. Esta es sin duda la habilidad más complicada y que requiere de una gran inteligencia emocional. Consiste en devolverle a la persona una interpretación o forma de sentir que ha sido sugerida en su relato, pero no ha sido dicha de forma explícita.

-Cerrar una conversación

Podríamos pensar que ya está todo el trabajo hecho, pero aprender a cerrar conversaciones es otra habilidad muy importante. Algunos tips para hacerlo con estilo son:

§  Reforzar o agradecer lo que ha aportado la conversación.

§  Si tenemos que irnos o despedirnos de forma precipitada, disculparnos e indicar que se retomará la conversación en el punto donde se ha dejado.

 

jueves, 10 de junio de 2021

Personas intransigentes: el coste de las mentes cerradas


VALERIA SABATER      |      La Mente es maravillosa      |      17/04/2021 

Cuidado con las personas intransigentes, te harán perder la calma y confrontarán todo lo que les digas. Por norma, su rigidez les impide tener en cuenta opiniones y puntos de vista que difieren de los que sostienen en un principio. 

Terquedad, cabezonería… Podríamos definir a las personas intransigentes de muchas maneras, y quizá en la mayoría de ellas las catalogaríamos de mentes cerradas. Resulta muy complicado convivir e incluso compartir espacios con quien se aferra por norma a su propio punto de vista y es incapaz de escuchar o tener en cuenta a los demás.

¿Estamos ante una enfermedad? Evidentemente, no. ¿Se trata de algún trastorno mental? Tampoco. Al fin y al cabo, no podemos etiquetar como condiciones clínicas a simples rasgos de personalidad.

Hay formas de ser, de concebir el mundo y de comportarse que pueden ser problemáticas y es aquí donde reside el desafío de siempre, en la dificultad de hacer vida con quien tiene un carácter con muchas esquinas.

Lo curioso es que no son demasiados los estudios sobre este tipo de perfiles; podríamos decir que hay demasiada rumorología para no tanta información. Es interesante adentrarnos en el laberinto singular de quien se definen por ese conservadurismo cognitivo tan marcado. Lo analizamos. 

¿Cómo son las personas intransigentes?

Hay algo esencial que conviene tener claro. Todos tenemos pleno derecho a mostrarnos intransigentes con lo que no nos gusta o no sintoniza con nuestros valores. Hacerlo con respeto y de forma asertiva forma parte del repertorio más básico de nuestras habilidades sociales. Ahora bien, es importante no hacer de este ejercicio defensivo una constante en la propia conducta.

Esto último es lo que define a las personas intransigentes. Una práctica y una actitud persistente en la oposición, en el gusto por el conflicto, en la obsesión por el desagrado constante y en el arte de la cabezonería.

Por otro lado, si bien señalábamos hace un momento que no existen demasiados estudios sobre este rasgo en el ámbito de la psicología de la personalidad, sí hubo un ámbito que tuvo interés en dicha característica. 

La psicología social siempre ha querido conocer y profundizar en los procesos de resistencia al cambio (Zuwerinnk y Devine, 1996). ¿Qué hace, por ejemplo, que una persona se niegue a modificar su postura para llegar a un acuerdo? ¿Por qué alguien no es capaz de tener en cuenta otros argumentos aparte de los suyos aunque sean válidos? Desde la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España) nos dan algunas claves en uno de sus estudios.

Características que definen a las personas intransigentes

Todos conocemos a alguien con quien es muy difícil hablar o alcanzar acuerdos. Compañeros de trabajo, amigos, vecinos o incluso familiares. ¿A qué se debe esa terquedad que se combina con el egoísmo? Lo analizamos.

 

·        Inflexibilidad cognitiva, definida por esa incapacidad para cambiar de pensamiento. Esta competencia es básica para permitirnos aprender, para mejorar al integrar nuevos conocimientos.

·        La reactancia psicológica es otro factor de gran interés. Esta teoría enunciada por Brehm define esas situaciones en las que se rechazan de manera automática normas, sugerencias o afirmaciones ajenas a las propias al interpretar estas dinámicas como desafíos a la propia libertad.

·        Las personas intransigentes siempre están alerta. Además son muy susceptibles a los comentarios o comportamientos de los demás. Suelen interpretar cualquier cosa como una amenaza a la propia dignidad.

·        El conservadurismo cognitivo, por su parte, perfila a esas mentes que se niegan a cambiar de opinión, a pensar de manera diferente. Aún más, demuestran una clara incapacidad para actuar de manera inflexible cuando las circunstancias demandan un cambio necesario.

·        Persistencia poco razonable en determinados pensamientos para aumentar la sensación de control y ganar en seguridad. Es decir, este factor aparece en esas situaciones en las que uno se aferra a sus ideas, sesgos y estereotipos porque necesita que el mundo siga predecible. Todo aquello que sea diferente a lo que yo piense, que desafíe a mi mundo cuadriculado, se vive como una amenaza y se reacciona ante ello.¿Cómo tratar a este perfil de personalidad?

 

¿Cómo convivir con quien no se puede hablar? ¿Cómo trabajar o llegar a acuerdos con las personas intransigentes? Parece difícil, sin embargo, ya tenemos algo a nuestro favor: conocemos el origen de su comportamiento. Nada es tan decisivo como saber qué hilos son los que mueven a este tipo de perfiles tan problemáticos.

Reflexionemos a continuación sobre una serie de estrategias que pueden ser de utilidad.

Cómo sobrevivir con éxito a la intransigencia crónica 

Para navegar en el día a día con la intransigencia crónica hace falta, en primer lugar, paciencia y calma. Si perdemos los nervios entramos de pleno en el terreno del intransigente y ahí tendremos todas las de perder. 

Conviene estar siempre por encima de esta personalidad y un modo de lograrlo es teniendo ese equilibrio mental del que ellos carecen. Estas claves nos pueden ayudar.


·        Haz uso del respeto personal en todo momento. No importa cómo responda el otro, es esencial mostrarnos respetuosos.

·        Cuando mantengas una discusión o un diálogo con estas personas, asume que en buena parte de los casos no vas a lograr nada. No te obsesiones por convencerlos.

·        En lugar de discutir con ellos, permite que te den todos los argumentos posibles al respecto de aquello de lo que estéis hablando. Por término medio, el intransigente siempre aporta argumentos muy débiles basados solo en sus propias creencias. Tarde o temprano será fácil contradecirlos.

·        Evita situarte a su mismo nivel. Es importante que tengas un buen control sobre tus emociones.

·        Establece límites y fronteras. Reacciona ante las faltas de respeto con asertividad: “por favor, te pido que no me levantes la voz“.

·        Expón de manera sencilla los efectos que puede tener esa conducta intransigente. Toda persona que se niega a llegar a acuerdos o a respetar a los demás sufrirá tarde o temprano consecuencias. Es adecuado hacérselo saber.

 

Para concluir, quien más y quien menos convive con alguna personalidad tendente a este comportamiento. Al final, aprendemos a sobrevivir en todo tipo de “fauna” comportamental y esta no es una excepción.