LAURA PERAITA |
ABC | 12/09/2021
Javier Urra, director Clínico de Recurra Ginso,
asegura que «mostrar amor» es un gran salvavidas en aquellos niños y
adolescentes con ideación suicida
Con motivo del Día Internacional para la Prevención
del Suicidio, Javier Urra, director Clínico de Recurra Ginso, recalca que cuando un hijo
transmite a sus padres que sería mejor desaparecer de este mundo «hay que tomarlo muy en serio». Explica que es
imprescindible escucharle y acompañarle en todos los momentos posibles e
indagar de dónde ha podido elaborar esa idea autolítica. «Además, hay que
ponerse inmediatamente en manos de un especialista clínico si creemos que está
deprimido y de un psiquiatra quien probablemente le administrará un
psicofármaco».
En su opinión, prevenir supone no silenciar y, por
ello, recomienda comunicar a familiares y amigos íntimos la situación para que
entre todos le vuelvan a mostrar que la vida merece la pena, que se le quiere y
que sería una pérdida irremplazable.
«Mostrar amor es un gran salvavidas. Y, desde luego,
si la causa que le justifica es que nos hace daño, que nos perjudica, hemos de
erradicarle que esa conducta sea la solución. El suicidio no genera solución,
sino un dolor insondable.
¿De qué manera podemos ayudarle a
calmarse y cambiar de idea?
Con proximidad no agobiante y escucha activa para que
capte nuestro verdadero esfuerzo por comprenderle, por ayudar. Resulta
esencial. No obstante, a veces es necesaria una información relevante que nos
puede transmitir alguien que le conozca bien y con quien haya podido y querido
sincerarse.
Hemos de estar atentos a los cambios conductuales, a
lo que tenga dicho o escrito. Que gran error es que la sociedad crea que cuando
alguien amenaza con el suicidio no lo llevará a efecto. Muy al contrario. El
solo hecho de pensarlo ya encamina a dar un paso al acto irreversible.
Resulta esencial conocer la etiología, la causa, que
puede ser muy diversa. Desde problemas de acoso escolar a sentimientos de poca
valía, de haber sido despreciado por alguien a quien quiere a conflictos
continuados con el entorno próximo, etc.
No despreciemos tampoco la influencia de las redes
sociales, ni a quienes incitan a la autolesión o a quitarse de en medio.
El hecho de que lo verbalice,
¿debe tomarse como un síntoma de alarma?
Sin duda. Sí. Resulta muy significativo. Y nos
equivocaremos si se interpreta como un mero chantaje.
Y si no lo verbaliza, ¿cómo
podemos sospechar que lo está planeando?
La pista nos la puede dar su forma de actuar.
Encerrarse en su cuarto en la soledad o ante una pantalla, la dejación en la
higiene y vestimenta, el abandono de la relación con los amigos... Pero también
las explosiones coléricas injustificadas o, por contra, una dejación absoluta,
una falta de ilusión por la vida.
Tengamos claro que es la desesperanza y la depresión
la que conduce al suicidio. Todo lo antedicho se pudiera agravar si ha conocido
de un caso anterior que haya tomado tan terrible decisión. Y, desde luego,
aunque parezca una obviedad, hay que evitar riesgos como armas próximas, etc.
¿Cuándo es indispensable acudir a
un especialista? ¿Sería el psiquiatra el encargado de atenderle?
En los casos de depresión que se requiere receta para
un psicofármaco específico, la respuesta es sí. Ahora bien, si estamos ante un
síntoma de una realidad más profunda y cronificada, va a requerir de alguien
que se vincule, que consiga un buen apego; es decir, un psicólogo clínico o
sanitario que se implique, que sea capaz de darle un teléfono al que pueda
llamar en sus horas más bajas.
Se trata de una terapia comprometida y siempre de
riesgo, pero después de 10 años tratando con jóvenes en el Centro Terapéutico
de Recurra-Ginso, puedo decir que acudir a un especialista es imprescindible
para superar una depresión o cualquier otro trastorno mental y prevenir, de
este modo, las posibles consecuencias, como el suicidio o la autolesión.
Pero hemos de tener en cuenta que los jóvenes se
caracterizan por los cambios de humor, por la valoración distinta de la
existencia, y al fin, como todo ser humano, la vida cambia, a veces
inopinadamente de un día a otro al conocer a una nueva persona, al encontrarse
en distinta situación, al escuchar una noticia...
¿Qué proceso le espera?
Tener que desnudarse interiormente. El reto de
conocerse y de mirarse a sí mismo ante un espejo para saber cuáles son sus
miedos, sus fantasmas, sus obsesiones... Pero también sus puntos de esperanza,
de optimismo, de fortaleza. Al ser humano le cuesta mucho asumir que va a
morir, pero le produce pánico que pueda quitarse a sí mismo la vida.
Lo que ocurre es que a veces los niños y los jóvenes
se suicidan para no seguir sufriendo. Un sufrimiento que va más allá del dolor,
que puede ser objetivo o profundamente subjetivo, pero absolutamente real.
El encuentro terapéutico buscará encontrar los
déficits, analizar los procesos mentales y los sentimientos profundos, no
siempre conscientes, para dotarle de habilidades, de herramientas para en un
primer momento sobrevivir, y ulteriormente compartir la vida.
A pesar de una posible mejoría,
¿es un pensamiento recurrente que puede asaltar cuando se enfrente a otro
posible problema en el futuro?
Lo es. Quiero manifestar que el riesgo se incrementa
de manera exponencial cuando el paciente pareciera que empieza a superar la
crisis y se asoma del pozo en el que había caído. Puede parecer paradójico,
pero es así. Se encuentra con fuerza para tomar una decisión que entiende
valiente, sin terminar de captar la compleja realidad que supone el yo y los
otros, la empatía y las heridas que conlleva vivir en sociedad y con uno mismo.
¿Y si no quiere ir al
especialista? ¿Qué pueden hacer los padres
Traer al especialista. No es un supuesto en el que
exista la posibilidad de quedarse parados. Hay que actuar necesariamente,
aunque tengamos que intervenir contra su voluntad, pues su voluntad está
secuestrada por una emoción tóxica, de la cual más que posible, probablemente
se arrepienta el día de mañana, y nos agradezca el haberle dado esa
oportunidad.
No dejamos que un niño pequeño introduzca los dedos en
un enchufe, pues no demos carta de libertad a un adolescente o joven cuando se
encuentre incapacitado para analizar con criterio la realidad.
¿Es distinto el procedimiento a
seguir si quien lo dice es un niño o un adolescente?
Sí. Es difícil que un niño verbalice la intención de
suicidarse, salvo que esté en shock por situaciones que estime muy dramáticas,
como la enfermedad grave de un progenitor o el sufrimiento íntimo y vivencial
del acoso escolar.
Los adolescentes no creen que puedan morir por causa
natural, pero sí captan a veces un chispazo de abandonar la vida. Resulta de
interés que los niños conozcan a quienes sufren en un hospital enfermedades
crónicas y luchan por vivir desde sus dificultades, en ocasiones muy
limitativas.
¿Qué sentimientos suele generar en
los padres saber que su hijo se autolesiona o quiere quitarse la vida?
Una cosa es la autolesión, como llamada de atención o
como forma de derivar la ira, la cólera, que genera dolor —y, sin duda, una
consulta que vemos bastante a menudo en la Clínica de Salud Mental—, y otra es
que haya tenido un intento real del que, por circunstancias ajenas a su
voluntad, ha sobrevivido.
En ese caso, la tensión, la ansiedad, la angustia son
indescriptibles, salvo que vea que su hijo ha reconducido la forma de elaborar
y de enfrentar la vida, algo que por suerte hemos visto en ocasiones en nuestro
Centro Terapéutico Residencial en Brea de Tajo.