martes, 18 de enero de 2022

José Juan Uriarte, psiquiatra: Los psicofármacos no modifican la manera de ser de las personas


LAURA MIYARA      |     Galicia    |     LA VOZ DE LA SALUD     |     13/01/2022

 

Los medicamentos son muy eficaces en tratamientos de salud mental, pero están rodeados de prejuicio. 

Cuando se trata de cuidar nuestra salud física, es probable que tengamos una actitud proactiva. Que nos interesemos por aprender qué prácticas, consumos y controles debemos realizar para mantener nuestro bienestar y prevenir problemas. Pero, si se trata de nuestra salud mental, no siempre estamos tan predispuestos a tener esos cuidados. En muchos casos, no estamos acostumbrados a tratar nuestra mente como una parte más que integra nuestra salud. De hecho, es posible que no sepamos qué hábitos debemos cultivar para mejorar nuestra salud mental, o a qué síntomas estar alerta para acudir a una consulta.

 

«Existe una confusión entre sufrimiento emocional, algo inherente a la vida y sus circunstancias, y las enfermedades psiquiátricas. Obviamente, hay un cierto solapamiento, y las circunstancias vitales adversas pueden sobrepasar nuestra capacidad de adaptación y nuestros apoyos y generar necesidad de tratamiento, farmacológico o no», explica el doctor José Juan Uriarte Uriarte, Jefe de Servicios Asistenciales de Adultos de la Red de Salud Mental de Bizkaia. Sin embargo, «la ansiedad y la tristeza, cuando están motivadas por esas circunstancias adversas, no son enfermedades ni, por tanto, susceptibles en general de tratamiento psicológico o farmacológico», aclara.

 

En cambio, cuando se establece que hay un trastorno psiquiátrico, se pueden indicar tratamientos con psicofármacos. «La ansiedad y la depresión son los trastornos psiquiátricos más frecuentes, por lo que los medicamentos más recetados son los ansiolíticos y los antidepresivos», señala Uriarte. Veamos qué se esconde detrás de estos tratamientos que están rodeados de prejuicios.

 

¿Qué son los psicofármacos?

 

Los psicofármacos son medicamentos que actúan modificando los efectos de los neurotransmisores cerebrales, unas sustancias que se encargan de transmitir información entre las neuronas. También pueden actuar sobre estructuras encefálicas o la corteza cerebral. Pueden, por ejemplo, reducir la concentración de neurotransmisores en la sinapsis o impedir su efecto bloqueando los receptores sobre los que actúan. Otros psicofármacos aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, mejorando los estados de depresión.

 

Los neurotransmisores juegan un papel importante en nuestra salud mental. «Sustancias como la dopamina, en el caso de los antipsicóticos o la serotonina, en el caso de los antidepresivos, son ejemplos característicos. ¿Esto significa que la depresión se deba a falta de serotonina o la esquizofrenia a un exceso de dopamina en el cerebro? Pues no, al menos no como única explicación. Las cosas en el cerebro son mucho más complicadas que eso», señala Uriarte.

 

«Los medicamentos que se utilizan para tratar las enfermedades psiquiátricas se pueden clasificar en 5 grupos principales. Prácticamente todos ellos fueron introducidos en la década de los 50 y 60 del siglo pasado, aunque se han ido desarrollando nuevas versiones que han mejorado, sobre todo, sus efectos secundarios», explica Uriarte. Aunque estos medicamentos se utilicen desde hace décadas, «nuestro conocimiento sobre las causas y los mecanismos que subyacen a las enfermedades psiquiátricas sigue siendo muy limitado, por lo que también es limitada nuestra comprensión sobre el funcionamiento de unos fármacos cuya efectividad en los trastornos psiquiátricos, fue, en buena medida, descubierta por casualidad», señala.

 

Los psicofármacos son, principalmente, antipsicóticos, antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos y estabilizadores o reguladores del estado de ánimo.


Antipsicóticos

También conocidos como neurolépticos, estos medicamentos «son útiles para tratar lo que llamamos síntomas psicóticos, es decir, aquellos que interfieren con la manera de ver la realidad», dice Uriarte. Ejemplos de síntomas psicóticos son las alucinaciones, escuchar voces, o las ideas delirantes (creencias que no se ajustan a la realidad, como ser perseguido o vigilado). Una enfermedad en la que estos síntomas aparecen de manera característica es la esquizofrenia.

Los antipsicóticos también se utilizan en las llamadas fases maníacas del trastorno bipolar, una enfermedad en la que las personas afectadas alternan períodos de depresión profunda con otros de euforia, hiperactividad e ideas de grandeza o facultades superiores a lo normal. Las medicaciones antipsicóticas son eficaces para aminorar y, en algunos casos, suprimir estos síntomas y también para evitar recaídas cuando se toman de manera continuada.

 

«Las medicaciones antipsicóticas no curan la esquizofrenia, pero controlan sus síntomas y reducen la posibilidad de recaídas. En muchos casos, permiten a las personas realizar una vida normal», señala Uriarte. Algunas de las medicaciones antipsicóticas más utilizadas son la risperidona, la olanzapina y la quetiapina.


 Antidepresivos

Los antidepresivos «no son medicaciones que induzcan euforia o alegría, no tienen efectos estimulantes, ni combaten la tristeza y las preocupaciones normales de la vida», aclara Uriarte. Están hechos para tratar los síntomas de la depresión, normalizando el estado de ánimo, la desesperanza y la angustia que acompañan a esta enfermedad. En las personas que padecen depresiones repetidas y tienden a tener recaídas, su toma continuada puede prevenirlas o atenuar su presentación. «También se utilizan en otras enfermedades como los trastornos de ansiedad, en especial las fobias y el trastorno obsesivo compulsivo», detalla Uriarte.

 

La depresión, en todo caso, no es una enfermedad única; hay distintos tipos de depresión. En algunos casos, los episodios pueden aparecer de manera espontánea, sin precipitantes externos, como en las fases depresivas del trastorno bipolar o en la depresión mayor recurrente. En otros casos, puede darse una depresión como resultado de desencadenantes externos, acontecimientos vitales desfavorables que no pueden ser afrontados adecuadamente por la persona, bien por su fragilidad y vulnerabilidad, bien por la gravedad de sus circunstancias, bien por la falta de apoyos o, más comúnmente, por una suma de estos factores. La fluoxetina, la sertralina o el escitalopram son algunos de los antidepresivos más utilizados.Ansiolíticos

 

Comúnmente conocidos como tranquilizantes, son medicamentos que mejoran los síntomas de ansiedad: la inquietud, la opresión del pecho, las palpitaciones, la tensión muscular y sensaciones similares que sentimos cuando tenemos angustia. De manera similar a la tristeza, la ansiedad no es siempre anormal ni indeseable. De hecho, es la respuesta habitual de nuestro organismo ante situaciones que nos generan incertidumbre, preocupación o amenaza y nos ayuda a afrontarlas. Pero en ocasiones, estos síntomas se presentan sin un desencadenante claro o la reacción de ansiedad es exagerada, como en el trastorno de ansiedad generalizada o las crisis de ansiedad. La ansiedad y la angustia están también habitualmente presentes en la depresión.

 

«Los ansiolíticos son efectivos para atenuar estos síntomas, de manera algo similar a como un analgésico alivia el dolor de cabeza. Calman la ansiedad, pero no curan el problema o la enfermedad de fondo. Aun así, al igual que los analgésicos, son muy útiles en determinados momentos y utilizados con precaución», señala Uriarte. Algunos de los ansiolíticos más reconocidos son el diazepam, el alprazolam o el lorazepam.


Hipnóticos

Esta palabra designa de manera general a las llamadas «pastillas para dormir», o somníferos. Son medicaciones emparentadas con los ansiolíticos que sirven para mejorar la conciliación y el mantenimiento del sueño. Dormir mal, lo que se conoce habitualmente como insomnio, es también una reacción normal en determinadas situaciones: preocupaciones, cambios de horarios, malestar y dolor. En otras ocasiones, dormir mal está asociado a malos hábitos que pueden terminar por hacer crónico el problema. Y, en no pocas ocasiones, el insomnio acompaña a otros problemas psiquiátricos como la depresión, la ansiedad, o los episodios psicóticos.

 

Los medicamentos hipnóticos más comunes son el lormetazepam y el zolpidem. Se trata de sustancias que deben ser consumidas con precaución. «Cuando se usan de vez en cuando, son medicamentos efectivos y seguros. Pero su uso crónico, especialmente si no se abordan las causas subyacentes (hábitos de vida y de sueño) o un posible problema psiquiátrico de fondo (ansiedad, depresión), puede contribuir a empeorar el problema a largo plazo» advierte Uriarte.


Reguladores del humor 

«Este nombre puede inducir a equívocos, sugiriendo que son medicaciones que pueden evitar oscilaciones o cambios en el estado de ánimo que son normales en las personas. En realidad, los reguladores del humor, también llamados eutimizantes, por su capacidad para mantener la eutimia, es decir, el estado de ánimo normal, son medicamentos que se utilizan en el tratamiento del trastorno bipolar, una enfermedad que precisamente se caracteriza por presentar episodios a lo largo de la vida, muchas veces repetidos y/o alternantes, de depresión y de euforia (manía) graves», explica el especialista.

 

Los medicamentos más representativos de este grupo son las sales de litio, capaces de prevenir nuevos episodios y recaídas en las personas que padecen esta enfermedad. Algunos medicamentos efectivos para el tratamiento de la epilepsia, como el ácido valproico, también son eficaces para tratar estos síntomas.


Diagnóstico y tratamiento de las enfermedades psiquiátricas

«El escaso conocimiento acerca de las causas y los mecanismos que dan lugar a las enfermedades mentales condiciona también nuestras herramientas para su diagnóstico», dice Uriarte. Estamos acostumbrados a que en el caso de otras enfermedades nos hagan pruebas: análisis, radiografías, escáneres, resonancias, ecografías, biopsias. De hecho, los avances tecnológicos han mejorado mucho en las últimas décadas las pruebas diagnósticas, cada vez más sofisticadas, en muchas dolencias, pero esos avances no han llegado a la salud mental. «No hay análisis, radiografías, escáneres o resonancias que proporcionen un diagnóstico de una esquizofrenia, una depresión o un trastorno bipolar», explica el experto.

Entonces, las enfermedades psiquiátricas se diagnostican a partir de los síntomas y su evolución. «La única manera para llegar a un diagnóstico es hablar con la persona, observarla y, si es necesario, solicitar información adicional de su entorno. Algunas veces se puede llegar a un diagnóstico claro en una sola entrevista. En otras ocasiones, hace falta un tiempo de observación para llegar a un diagnóstico» puntualiza Uriarte.

La decisión acerca de qué medicamento prescribir depende no solo de la enfermedad en cuestión, sino también de las características individuales de la persona a tratar. La edad, el sexo, la presencia de otras posibles enfermedades o de tratamiento con otras medicaciones, los posibles efectos secundarios, la experiencia previa del paciente con medicamentos similares y sus preferencias son algunos de los factores que ayudan a guiar la elección.

 

Los prejuicios que llevamos a la consulta

En lo que refiere a salud mental, la falta de conocimientos sólidos hace que, muchas veces, se caiga en preconceptos e ideas falsas a nivel de la sociedad. «Están bastante generalizadas algunas ideas preconcebidas sobre este asunto: que los medicamentos psiquiátricos son perjudiciales al ser drogas químicas, mientras la psicoterapia es natural y buena, que los medicamentos tienen efectos secundarios y la psicoterapia no, que los psiquiatras solo se dedican a recetar y la psicoterapia la hacen los psicólogos, o que la psicoterapia y los medicamentos son alternativas antagónicas», enumera Uriarte.

«Existen muchos tipos de psicoterapias y no existe un acuerdo generalizado acerca de su efectividad en las distintas enfermedades psiquiátricas. Y, por otro lado, tampoco carecen de efectos secundarios, como cualquier tratamiento. Tanto los psiquiatras como los psicólogos tienen competencia profesional para realizar psicoterapia, y así lo hacen en la mayoría de los casos. Esto requiere de una formación especializada y una buena experiencia clínica», explica Uriarte.

Para muchos pacientes, lo fundamental es la confianza, el consejo, el apoyo y la información. En este sentido, el contexto en el que se administra cualquier tratamiento es lo que permite generar una relación de apoyo y confianza. «En algunos casos, será necesaria una psicoterapia más específica, pero en general, y en las enfermedades mentales de mayor entidad, la combinación de psicoterapia y medicación es la más acertada», dice Uriarte.

Aunque es comprensible sentir aprensión al momento de iniciar un tratamiento con psicofármacos que actúan sobre nuestra mente, hay que tener en cuenta que, como señala Uriarte, «los medicamentos psiquiátricos no modifican la manera de ser de las personas, ni para bien ni para mal; alivian síntomas, favorecen la remisión de los episodios de enfermedad y, en muchas ocasiones, previenen las recaídas».

Asimismo, el especialista destaca que es muy prevalente la idea de que la medicación se receta para «taponar agujeros», sin tomarse el tiempo de hacer una verdadera evaluación de las necesidades y circunstancias del paciente. Se suele pensar que dar medicamentos es fácil, o que no requiere de demasiado tiempo ni formación. Pero la realidad es más compleja que eso.

En realidad, los profesionales a los que acudimos para tratar estos problemas están preparados específicamente para diagnosticarnos, ayudarnos e indicarnos los pasos a seguir. No se limitan a firmar una receta. «Medicar de manera correcta requiere de tiempo, formación y experiencia, al igual que establecer una buena relación con el paciente y proporcionarle herramientas para la gestión y mejora de su enfermedad. En algunos casos será de mayor importancia medicar de una manera adecuada, acertar con el tratamiento, encontrar la mejor eficacia con los menores efectos secundarios. En otros, la medicación se reduce a un apoyo para mejorar los síntomas y facilitar la psicoterapia», explica Uriarte.

En realidad, señala Uriarte, «no existe una alternativa entre psicoterapia y medicamentos. Existe un tratamiento idóneo en una persona concreta con un problema de salud concreto desde una perspectiva integradora. En algunos casos, ese tratamiento será únicamente psicoterápico, en otros medicamentoso y, en una mayoría, una combinación de ambos. Y los servicios de salud mental deben garantizar eso, que los pacientes accedan al tratamiento más efectivo y seguro para su padecimiento».

 

¿Uso o abuso?

En general, los medicamentos psiquiátricos no tienen buena prensa. «Se les tilda de drogas, de ser una alternativa menos costosa y sofisticada que las psicoterapias, se les atribuyen efectos secundarios inadmisibles y, en algunos casos, las personas que los toman son vistas como "débiles", personas que podrían curarse con un esfuerzo personal ayudados o no por algún tipo de psicoterapia», observa Uriarte.

Es evidente que los medicamentos psiquiátricos están estigmatizados y que estas creencias pueden suponer una barrera para el acceso de los pacientes a tratamientos efectivos. «Igualmente, es cierto que se ha abusado de la prescripción de algunos psicofármacos durante años, como los propios antidepresivos y ansiolíticos, con una psiquiatrización de la vida cotidiana ante el malestar, pero esto es aplicable también a las psicoterapias y la consecuente psicologización del sufrimiento emocional normal», aclara el experto.

Si la prescripción de psicofármacos no ha hecho más que crecer en las últimas décadas, señala Uriarte, esto ha ido «de la mano de una mayor demanda y un mejor acceso a los servicios de salud mental y a la reducción del estigma asociado a acudir a sus profesionales en busca de ayuda». Es decir que, según el especialista, no hay un abuso generalizado de los psicofármacos a nivel de la sociedad. En cambio, lo que ocurre es que el acceso a estos tratamientos ha ido permitiendo que aquellas personas que los necesitan puedan beneficiarse de ellos.

Adicción y dependencia

En contra de lo que se suele pensar, la mayoría de los psicofármacos no causan adicción o dependencia. «Los medicamentos psiquiátricos que más se han relacionado con esa posibilidad, y con cierta justicia, son los ansiolíticos, las llamadas benzodiacepinas. Aunque la tendencia a su abuso se restringe a una minoría de pacientes, las personas que reciben tratamientos con ansiolíticos durante un tiempo prolongado a una dosis determinada, no pueden suspender el tratamiento de manera brusca y deberán reducir la dosis de forma paulatina y lenta», aclara Uriarte.

«En el caso de otros medicamentos psiquiátricos, como los antidepresivos, después de un tiempo prolongado de tratamiento, la suspensión de la toma puede conllevar una rápida reaparición de los síntomas», dice el especialista. No se trata de un síndrome de abstinencia como tal, pero sí implica que, si se decide retirar el tratamiento, haya que hacerlo con precaución y de manera lenta y paulatina. «Esto no sucede solo con los medicamentos psiquiátricos; algo similar puede suceder con medicaciones para tratar la hipertensión. Todos los medicamentos producen cambios y adaptaciones en el organismo, cambios de hecho buscados para tratar la enfermedad o sus síntomas. Pero si se retiran de forma brusca, el organismo puede no tener tiempo para adaptarse y regresar a su equilibrio previo» explica.

 

domingo, 16 de enero de 2022

Día mundial de la Lucha contra la Depresión: ¿Cómo ayudar a quien la padece?

Equipo de Redacción       |        La Vanguardia        |         13/01/2022

Este 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una epidemia silenciosa, que según la OMS afecta al 5% de los adultos en todo el mundo.

La depresión es una enfermedad más común de lo que se cree. La Organización Mundial de la Salud la define como un trastorno mental común y estima que en todo el mundo el 5% de los adultos la padecen, es decir, cerca de 280 millones de personas.

Con la conmemoración del Día de Lucha contra la Depresión se pretende sensibilizar, orientar y prevenir a la población sobre esta enfermedad, cuyas cifras aumentan de manera desproporcionada en el mundo.

De acuerdo con la psiquiatra Johanna Patricia Mogollón, quien trabaja en el Hospital Psiquiátrico San Camilo de Bucaramanga, "la depresión es una enfermedad mental que tiene una base biológica en el cerebro, que está relacionada con problemas psicosociales, es multifactorial y afecta a personas de todas las edades, géneros y estratos sociales".

Según la profesional en salud mental, para desarrollar un cuadro depresivo hay que tener una predisposición genética, es decir, heredarla de los familiares.

Lo anterior, sumado a los estresores del día a día, problemas en el trabajo, con la pareja, con amigos, académicos, entre otros, hacen que se pueda desarrollar la enfermedad. "Es fundamental tener en cuenta que a pesar de los problemas, no todas las personas desarrollan un trastorno depresivo", indicó Mogollón.

¡Hay que ponerle cuidado!

Aunque la depresión tiene distintas variaciones puede convertirse en un problema de salud serio. En el peor de los casos, este trastorno mental puede llevar al suicidio, decisión que cobra la vida de unas 700 mil personas al año en el mundo.

En la actualidad, la pandemia del COVID-19 ha desencadenado no solo secuelas físicas sino mentales. Según cifras de la última encuesta Pulso Social del Dane, realizada en junio 2021, el sentimiento mayormente reportado fue el de preocupación y nerviosismo con un 49,5%, seguido del cansancio.

En esta misma encuesta se evidenció que la población de 10 a 24 años, es la más afectada por el COVID-19, pues un 41,2% de ellos manifestó sentir preocupación y nerviosismo.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Salud Mental del Ministerio de Salud, en el año 2015 se encontró que alrededor del 52,2% de los jóvenes encuestados presentaba entre uno o dos síntomas de ansiedad, así como se identificaba que, alrededor del 36,6% de la población encuestada entre 12 y 17 años consideraba que su estado de salud era excelente; por su parte alrededor del 47,6% de la población de 60 años y más consideraba que su estado de salud era bueno, mientras que el 23,8% de la población encuestada perteneciente a este grupo consideraba que su estado de salud era excelente.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

Según explica la Psiquiatra del Hospital San Camilo, existen unos síntomas cardinales de la depresión que son la tristeza y la anhedonia, es decir la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades.

"Además de ello, hay unos síntomas adicionales como por ejemplo problemas para dormir, dormir mucho en la mañana, pérdida del apetito o aumento exagerado de este, problemas de atención y de concentración, alteraciones cognitivas o cognoscitivas, ideas de desesperanza o muerte e ideas de que el mundo, mi vida y el futuro son inciertos".

La alarma que indica que se debe prestar atención o que algo anda mal es que estos síntomas son muy intensos y prolongados.

De otro lado, personas externas también pueden ayudar a identificar una conducta depresiva en un familiar o amigo cercano si prestan atención a cambios evidentes en el comportamiento, tendencia al aislamiento, cambios en el rendimiento académico o laboral, si nota que que duerme mucho, que no se baña, no se arregla, tiene pérdida de peso evidente, entre otros.

¿Cómo ayudar?

Aunque lo más recomendable cuando se identifica un posible trastorno depresivo es acudir a un profesional, que lo guiará en el tratamiento indicado, desde el otro lado se puede ayudar a esa persona cercana que padece la enfermedad.

Según explica la psiquiatra lo más sencillo es mostrarse presente para el otro, disponible para escuchar, listo para el contacto físico cuando se pueda, un abrazo, un apretón de manos, el uso de palabras reforzadoras será de gran ayuda.

"Hay que evitar decir cosas como no debería estar así, no es para tanto, yo ya lo superé, sea fuerte, pues son frases que descalifican el síntoma. Cuando una persona está depresiva no quiere estarlo".

De acuerdo con un informe de la OMS de 2019, Colombia se ubica por encima del promedio mundial de personas que padecen depresión.

Es importante que cuide su salud mental y esté atento a los síntomas. No dude en buscar ayuda profesional.

viernes, 14 de enero de 2022

Hay padres que me confiesan: ¡No puedo más con mi hijo! ¿Qué hago?


LAURA PERAITA     |     ABC     |     18/05/2021

El ex Defensor del Menor, Javier Urra, asegura que «hay una palabra esencial que es respeto y eso lo niños lo tienen que mamar desde bien pequeños»

El psicólogo y ex defensor del Menor Javier Urra conoce muy bien la desesperación de los padres que llegan a su consulta y le confiesan: «¡No puedo con mi hijo! ¿Qué hago?». Por el programa Recurra-Ginso que dirige han pasado más de 2.000 adolescentes para recibir una atención ambulatoria y 900 para formar parte del programa residencial. 

Los jóvenes llegan a situaciones límite con sus familias por ciertas circunstancias como no admitir la autoridad de los padres, profesores, tutores..., por patologías, consumos abusivos, adicciones a las redes sociales... «Es entonces –explica Urra– cuando resulta necesario tratar al chico y explicar a los padres que deben adoptar algunos criterios como el distanciamiento de su hijo, para que sean capaces de adquirir un pensamiento alternativo de la situación, no estar siempre entre líneas con ellos sin abordar los temas esenciales... 

Aún así, lo que captamos siempre es que existe mucho cariño de los hijos a los padres y viceversa, a pesar de que su convivencia sea tan conflictiva. Un estudio reciente señala que si hay algo que los españoles quieren es a la familia, ya sea extensa, tradicional, monoparental, homosexual... Las personas se entregan a su familia y la quieren, aunque haya conflictos en la convivencia diaria».

El problema, matiza este psicólogo, es que los padres tienen menos tiempo del que quisieran para dedicar a su prole, debido a que vivimos en una sociedad compleja con muchísimas separaciones y en la que los padres quieren que los hijos sean muy felices, «mientras que nuestros abuelos lo que luchaban era por lograr que su descendencia sobreviviera y tuviera trabajo. Hoy, la prioridad es que no tengan carencias emocionales ni sufran psicológicamente, lo que no siempre es posible porque hay roces».

Para detectar a tiempo posibles señales en los niños que pueden indicar que de adolescentes tengan un comportamiento muy conflictivo, asegura que los progenitores deben estar muy atentos, «tener un sexto sentido». Tendrán que fijarse, primero, en si el niño es razonablemente feliz, si tiene amigos con los que salir, si encuentra sentido a lo que es el aspecto social, al cariño, la compasión... «De lo contrario, si está solo, aislado, enfadado con el mundo, viste siempre con ropa reivindicativa, está continuamente pegado a una pantalla, odia casi todo lo que hay en su entorno o transmite que la vida no tiene sentido, entonces, habrá un problema».

Poner un punto de ironía, de humor

Añade que es importante que el adolescente tenga una sonrisa fácil, «porque con un hijo se puede discutir, pero si después se quita hierro al asunto, se pone un punto de ironía, de humor, y se sonríe, el problema seguirá, pero se habrá abierto una puerta a la esperanza. No hay que olvidar tampoco lo imprescindible que es escucharles y contarles que nosotros también tenemos dificultades y preocupaciones».

Lamenta que la violencia ascendente (de hijos a padres) sea una realidad y la califica tan inadmisible como el maltrato a la pareja o de padres a hijos. En su opinión, cuando esto ocurre hay que decir «¡basta, hasta aquí hemos llegado». En ese caso, recomienda avisar a un profesional y, si la situación se va de las manos, a veces es necesario acudir a la fiscalía, lo que resulta durísimo para unos padres. 

«Sin embargo, en ocasiones hay que denunciar a un hijo. Por su bien y el de todos. Es positivo privar de libertad a un chaval para que reflexione y se dé cuenta de que hay unos límites y que no puede agredir a sus padres porque, al final, es una agresión contra él mismo también. Hay una palabra esencial que es respeto y eso lo niños lo tienen que mamar desde bien pequeños».

Lo que nunca hay que hacer para llegar a una situación familiar tan complicada es, según Javier Urra, permitir que un hijo piense que tiene más derechos que los demás, que los abuelos, hermanos... «Tampoco hay que convertirse en su esclavo por seguirle y hacerle todo... Nunca hay que dejarse chantajear, ni ser insultados. Y, por supuesto, hay que exigirle: o estudia o trabaja. No puede estar en casa sin hacer nada. En el hogar tienen derechos, pero también obligaciones».

Respecto a lo que sí deben hacer es «aportar, transmitir, decir que nos quiere, hacer en casa la vida más bonita, participar en una ONG, enseñar a los mayores cosas que no sabemos... Todo eso a pesar de que también se discuta o haya algunos conflictos... porque así es la convivencia con los demás».

Este experto no olvida, sin embargo, que el confinamiento y la pandemia han hecho mucho daño a los niños y jóvenes, «pero hay que plantearles lo siguiente: ¿Te das cuenta de que no has podido viajar a un Erasmus, pero has hecho un viaje interior muy importante? A los adolescentes también hay que tratarles desde la seriedad y el respeto, que se den cuenta de que queremos escucharles y compartir tiempo con ellos para que se sientan importantes». 

miércoles, 12 de enero de 2022

Enfermedades mentales: menos prejuicios y más inclusión

 

Escrito por el equipo de RANCHO PUNTO CERO     |     30/09/2020 

La discriminación hacia personas con enfermedades mentales y adicciones es muy recurrente en nuestra sociedad.

Muchas estadísticas nos indican que una de cada cinco personas tendrá un problema de salud mental o una adicción a lo largo de su vida. Desafortunadamente, la gran mayoría de ellas no busca ayuda porque sienten vergüenza o temor; muchas veces creen que otras personas van a juzgarlas negativamente basándose en esos problemas de salud mental.

Además, el encontrar y mantener un trabajo, tener relaciones estables y otros aspectos importantes de la vida son difíciles de superar si no se puede hablar de ellos abiertamente, y recibir la asistencia necesaria. Las personas que viven con estas dificultades plantean que la discriminación que experimentan suele ser peor que la dificultad en sí misma.

El problema con el prejuicio es que se sostiene en ciertas ideas o actitudes negativas acerca de personas que son vistas como diferentes. Cuando discriminamos a alguien estamos ejerciendo una acción basándonos en esos prejuicios.

Algunas investigaciones, dicen que más de la mitad de las personas que viven con problemas de salud mental han sido avergonzadas e igualmente discriminadas.

La salud y el bienestar, incluyen especialmente el reconocimiento de los derechos humanos, por ejemplo en  la posibilidad de desarrollar conexiones de sentido y propósito en nuestra sociedad y lograr oportunidades igualitarias. Cuando se discrimina a las personas, se niegan, precisamente, esos derechos humanos tan importantes que nos unen a todos, se dificultan las relaciones entre las personas y se impide el acceso a oportunidades.

Sin embargo, eso no es todo. Muchas personas, cuando comienzan a tratarse, suelen temer que otros conozcan algún aspecto relacionado con su salud mental; por ejemplo, mantienen en secreto que padecen un problema, ocultan o niegan que están en tratamiento, lo que impide recibir la ayuda que necesitan por temor a ser discriminadas. Recordemos que cuando sentimos y hacemos esto, estamos alejándonos de la valiosa ayuda que necesitamos. Aislarnos y no hablar de lo que nos sucede, si tenemos una enfermedad mental suele profundizar el problema, provocando una mayor desconexión, lo que termina haciendo más difícil la evolución de la situación.

 

Entropía psicológica: qué es y cómo nos afecta emocionalmente


MARIO ARRIMADA     |     Psicología y Mente     |     03/01/2022

La entropía psicológica nos muestra hasta qué punto no podemos controlar lo que nos toca vivir.

 

¿Qué es la entropía psicológica?

La entropía psicológica es un término de la psicología que proviene de la termodinámica, refiriéndose, de acuerdo con esta rama de la física, al hecho por el cual los sistemas tienen una tendencia a derivarse hacia un estado desordenado y caótico. Esto aplicado al ámbito de la psicología viene refiriéndose a ese grado de desorden e incertidumbre al que están expuestas las vidas de las personas, por lo que adaptarse a ello es una necesidad e incluso una obligación que tiene el ser humano para salir adelante.

El caos es un hecho irrefutable y como tal debe ser aceptado, por lo que los seres humanos deben convivir con el hecho de que en sus vidas no hay nada que sea predecible al 100%, por lo que siempre pueden surgir cosas inesperadas, ya que hay una parte importante de los acontecimientos que está supeditada al azar, a lo incierto y eso es algo que puede generar nerviosismo o ansiedad en las personas.

De acuerdo con el concepto de entropía psicológica, las personas deben aceptar ese factor caótico que siempre está presente, ya que nunca se va a poder predecir lo que va a ocurrir en un futuro y por más que uno se esmere en intentar controlar todas las variables de un contexto con el fin de controlar lo que va a suceder, siempre puede ocurrir algo inesperado y que esté fuera de su control, por lo que sería más adecuado asumir que siempre existirá ese componente caótico y de incertidumbre.

Aceptar que haya una entropía psicológica, con lo que este concepto conlleva, facilita a las personas a la hora de equilibrar su mente. Por paradójico que parezca, aprender a tolerar cierto caos y de incertidumbre que se escapa del control de uno mismo, ayuda a encontrar un mayor grado de equilibrio psicológico, puesto que se evitan preocupaciones por algo que no se puede controlar. Ahora bien, hay que buscar un término medio, ya que si nos sumimos completamente en el caos y permitimos que impere la entropía psicológica, es muy probable que esto nos cause serios problemas psicológicos.

En otras palabras, tanto hundirse en la entropía psicológica del caos total como el acto de intentar combatir contra ella van a terminar perjudicándonos a nivel psicológico, lo cual repercutirá en otras facetas de nuestra vida (p. ej., a nivel relacional, laboral o académico, etc.). Es por ello que lo más beneficioso sería intentar adaptarse a los cambios que son inevitables, aprender a tolerar la incertidumbre y no intentar tener todo bajo control buscando mantener una rigidez absoluta en nuestra vida, al igual que tampoco podemos dejar que impere el caos absoluto.

Relación entre la entropía psicológica y los trastornos de ansiedad

Jacob B. Hirsh y sus colaboradores realizaron en el año 2011 una investigación en la estudiaron la relación que podría haber entre los trastornos de ansiedad y la entropía psicológica, partiendo de la premisa de que los seres humanos son una especie de sistemas autoorganizados que buscan constantemente mantener la homeostasis o equilibrio en todos o la mayoría de las áreas vitales con el fin de mantener su propia vida bajo control y evitar el mayor número de sorpresas o imprevistos posible.

En cambio, debido a que los seres humanos habitan en un contexto o ambiente que se encuentra en constante cambio, esos cambios externos propicia que esos imprevistos y sorpresas provoquen el caos, malestar y miedo a la incertidumbre en las personas, siendo esto el fenómeno conocido como entropía psicológica y es que si ese malestar producido por el miedo a la incertidumbre y las demás afecciones a nivel psicológico se mantienen durante un tiempo prolongado, van a terminar produciendo una serie de problemas mentales, como podrían ser los trastornos de ansiedad.

En las investigaciones al respecto se ha encontrado que el cerebro humano procesa los síntomas de ansiedad de la misma forma que la incertidumbre, y es que en ambos casos se libera una cantidad notablemente mayor de noradrenalina debido a una mayor actividad en la corteza cingulada anterior que ha generado el aumento de los niveles de este neurotransmisor del sistema nervioso central.

La importancia de aceptar la entropía psicológica

Debido a los problemas de nivel psicológico que puede generar el hecho de evitar o no aceptar el fenómeno conocido como entropía psicológica con los factores a los que está asociado y que influyen en la vida de las personas, conviene aprender a vivir con ello, puesto que es algo que no se puede erradicar y cuando más se oponga uno a ello, más problemas podría causarle.

La entropía psicológica, al igual que la entropía dentro de la termodinámica, es un fenómeno natural que no se puede erradicar, ya que es inherente a la mente humana, a la naturaleza y al universo, ya que por mucho que intentemos controlar todas las facetas de nuestra vida para evitar sorpresas, siempre habrá fenómenos externos que puedan cambiar nuestro rumbo por completo.

Tenemos un claro ejemplo de fenómenos externos inesperados que han generado mucha incertidumbre en la vida de las personas, debido al alto grado de incertidumbre generado, como es el caso de la pandemia producida por el virus SARS-Cov-2, que comenzó en el año 2019 en la localidad de Wuhan (China), llegando a expandirse por todos los países del mundo y continuando con su expansión y provocando contagios aún en 2022, sin que se sepa cuándo se podrá volver a la normalidad.

Otro ejemplo, es el acontecimiento sucedido en septiembre de 2021 por la erupción del volcán de la isla de La Palma, que ha durado 3 meses, y que provocó que miles de personas que residían allí tuvieran que abandonar sus casas.

Estos son dos claros ejemplos de cambios inesperados que pueden cambiar de un día para otro la vida de las personas, lo que demuestra que por mucho que intentemos controlar todos los ámbitos de nuestra vida, siempre habrá muchos factores incontrolables por lo que nunca podremos predecir con total certeza nuestro futuro por más que lo intentemos, lo que demuestra la necesidad de adoptar la entropía psicológica como parte de la vida sin intentar combatirla ni evitarla.

Este caos que rodea a todas las personas obliga a que tengan que desarrollar estrategias nuevas de forma constante para adaptarse a los continuos cambios surgidos a lo largo de la vida, ya que si no se hace y una persona no acepta la incertidumbre, intentando resistirse, lo único que conseguirá será sufrir de manera prologada, pudiendo además desencadenar ese sufrimiento en el desarrollo de síntomas de ansiedad y/o depresión.

En la vida de cualquier persona siempre puede haber un grado de estabilidad hasta cierto punto, pero el cambio siempre estará presente y será inevitable que se produzca, por lo que todos deben aprender a asumir esos cambios que no se pueden evitar y también intentar desarrollar unas estrategias que posibiliten una futura mejor adaptación a los cambios que vengan en el futuro, lo que supone aceptar la entropía psicológica.

domingo, 9 de enero de 2022

Una nueva revisión respalda los efectos antidepresivos de la ketamina

 

BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA     |     La Vanguardia     |     06/01/2022


Numerosos estudios apuntan que la pandemia del coronavirus ha provocado un aumento del número de personas que padecen depresión y ansiedad, lo que hace que se intensifiquen los esfuerzos por encontrar un tratamiento eficaz que ayude a combatir estos episodios. Más aún cuando otros tratamientos no funcionan. Ya en 2019, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) aceptó la ketamina como posible tratamiento en caso de depresión resistente a los fármacos. Ahora, una revisión sistemática integral publicada por la Universidad de Cambridge concluye que las revisiones y los metaanálisis respaldan los efectos antidepresivos «rápidos y transitorios» de la ketamina.

 

Este nuevo trabajo, que incluye 83 estudios previos, recoge que las revisiones sistemáticas se centran también en los efectos anti suicidas de la ketamina. En sus conclusiones, los autores sugieren efectos positivos y de corta duración en otras indicaciones, aunque de forma menos sólida. El estudio recomienda que las  conclusiones se interpreten «con cautela», debido al alto riesgo de sesgo en los estudios.


La dosis hace el veneno

Sugiere, además, que se examinen más a fondo algunas cuestiones como cuáles podrían ser los modos de administración y la dosificación óptima, así como otras formas más eficaces de terapias que puedan resultar complementarias a este fármaco desarrollado en 1964. Utilizada principalmente en anestesia veterinaria y pediátrica, la ketamina ha despertado en los últimos años el interés en el ámbito de la psiquiatría, por sus efectos antidepresivos de acción rápida. 

 

Tal y como recoge la revisión sistemática integral publicada por la Universidad de Cambridge, la dosificación de esta sustancia en los casos indicados es una cuestión clave, ya que los efectos terapéuticos y psicoactivos de la ketamina «varían sustancialmente en función de la vía a través de la cual se administre» y, muy especialmente, de la dosis indicada en cada caso, cuya evolución recoge.

 

Mientras en los primeros estudios se utilizaron dosis más altas, administradas mediante inyección intramuscular, los trabajos más recientes incluyen dosis más bajas de ketamina, administrada por vía intravenosa. Sus efectos pueden durar «desde uno o dos días hasta dos semanas», por lo que, en ocasiones, el profesional decide repetir la pauta para prolongar la recuperación.

Terapias cognitivo-conductuales

En cualquier caso, la revisión recoge la necesidad de realizar más trabajos empíricos para poder hallar un modelo óptimo de administración de ketamina en casos de depresión resistente a los fármacos, así como enfatizar en la importancia de la participación del terapeuta y la utilización de otras terapias complementarias, que pueden ser clave en algunos casos.

 

Por ejemplo, recientemente se ha descubierto que terapias como la cognitivo-conductual realizadas de forma complementaria tras la administración de la ketamina, prolonga sus efectos terapéuticos contra la depresión. Numerosos estudios inciden en el importante papel del apoyo terapéutico para acentuar y extender la longevidad de los efectos del fármaco.

 

En cualquier caso, el papel de los efectos psicoactivos de la ketamina continúa siendo motivo de debate y harán falta nuevas investigaciones para obtener datos más concluyentes al respecto que, probablemente, no tarden en llegar.