viernes, 4 de febrero de 2022

Tipos de estrés


SANITAS  

Antes de referirse a los diferentes tipos de estrés patológico, también denominado distrés, es importante resaltar el hecho de que el estrés es también un mecanismo de respuesta que el organismo tiene ante estímulos exteriores y que es, cuando se produce en su justa medida, bueno y saludable, ya que genera satisfacción, alegría, mejora la actividad cardiaca y la resistencia física, así como la actividad mental. En este caso recibe el nombre técnico de estrés.

El problema surge cuando el estrés es una respuesta a situaciones de conflicto, de duelo, de accidentes traumáticos, desengaños, pérdida de empleo y una larga lista de situaciones negativas.

En tales ocasiones se producen una serie de síntomas claros que determinan una situación patológica que debe ser convenientemente tratada:
   

·        Emocionales: irascibilidad, frustración, ansiedad, pánico o miedo.

·        Físicos: dolor de cabeza, de espalda o cuello.

·        Intestinales: diarrea o estreñimiento, acidez, calambres estomacales, reflujo gástrico o náuseas.

·        Fisiológicos: dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones o aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial. 

Establecidos los síntomas posibles de un cuadro de estrés, cabe diferenciar tres tipos:
   

·        Estrés agudo: es el tipo más frecuente de estrés y se produce fundamentalmente como reacción a la exigencia o la presión puntual, por lo que es de corta duración y es fácilmente manejable y tratable. Se manifiesta con cansancio y síntomas tensionales, sobreexcitación, pies y manos fríos, sentimientos depresivos o una ligera ansiedad.
  

·        Estrés agudo episódico: se refiere a las personas que sufren situaciones de estrés agudo de forma repetitiva y que parecen acabar atrapadas en una espiral de asunción excesiva de responsabilidades, que las sumerge en una vida desordenada, regida por la presión autoimpuesta e inmersa en una crisis continua. Son personas  que suelen mostrarse con un carácter agrio, irritables, muy nerviosas y que están en un continuo estado de ansiedad.  Además, a menudo culpan a otras personas de todos sus problemas.
Otra forma de este tipo de estrés es el pesimismo constante que se transforma en una negatividad que se aplica a todo, esperando siempre que suceda lo peor. En cualquier caso, los síntomas son más graves, caracterizándose por la presencia frecuente de migrañas y dolores tensionales, hipertensión arteria, presión en el pecho y propensión a sufrir enfermedades cardiacas. Su tratamiento pasa por una terapia psicológica que puede durar meses, ya que son personas resistentes a los cambios.
   

·        Estrés crónico: es un estrés agotador que produce un desgaste físico y emocional continuo a la persona que lo sufre. Las situaciones de pobreza, de familias disfuncionales, tener un empleo que se desprecia son algunas de las situaciones que pueden generarlo. Nunca se ve la salida y se deja de buscar soluciones. En ocasiones hay que buscar el origen en hechos traumáticos que se han vivido durante la infancia y que marcan el desarrollo de la personalidad y de las referencias para el comportamiento. En ocasiones este tipo de estrés induce la idea de suicidio y puede estar en el origen de un infarto de miocardio o de otras enfermedades sistémicas, como el ictus. Los síntomas más severos que en los casos anteriores pueden requerir un tratamiento farmacológico, además de terapia psicológica.
   

El estrés crónico mata a través del suicidio, la violencia, el ataque al corazón, la apoplejía e incluso el cáncer. Las personas se desgastan hasta llegar a una crisis nerviosa final y fatal. Debido a que los recursos físicos y mentales se ven consumidos por el desgaste a largo plazo, los síntomas de estrés crónico son difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo del estrés.  

martes, 1 de febrero de 2022

¿Puede la psicología ayudarnos a detectar mentiras?

MARÍA GALLEGO  BLANCO      |     Top Doctors     |     03/09/2020

Editado por NICOLE MÁRQUEZ

¿Es posible para una persona como cualquiera de nosotros detectar las mentiras?

La verdad es que no es una pregunta fácil. Para intentar responderla voy a hablar un poco del hallazgo más conocido: las llamadas “microexpresiones faciales” de Paul Ekman. El Dr. Ekman, experto en el tema, al que probablemente relacionen con una serie americana que trataba precisamente de cómo desenmascarar a mentirosos y que llevaba por título “Lie to me”, “Miénteme”. 

Como digo, es probablemente la persona (o una de las personas) que más ha estudiado el tema y que, además, enseña cómo detectar la mentira en talleres que imparte, juntamente con su equipo. En palabras suyas, se puede tardar en conseguir detectar una mentira en 32 horas, si no recuerdo mal. Entrenar a la gente para detectar lo que él llama una “microexpresión”, una expresión facial que dura muy poquito, (una veinticincoava parte de un segundo) es lo más útil para conseguirlo. 

Él y su equipo han experimentado y testado a más de 15.000 personas en todos los ámbitos de la vida, y más del 99% no las ven, aunque con un entrenamiento adecuado cualquier persona podría aprender a ser consciente de ellas. ¿Qué es lo que ocurre? Que las microexpresiones, evidentemente, tienen limitaciones. Voy a hacer referencia a una: solamente pueden decirte que la persona está ocultando una emoción (lo que constituiría una mentira), pero no informarte de lo que esa persona siente realmente.

Vamos a poner un ejemplo para entenderlo mejor. Si me acusan de algo terrible que no he hecho, siento ira por ello y oculto esta emoción, manteniendo verbalmente mi inocencia, podrán detectarse elementos discordantes con lo que digo (microexpresiones). Pero eso no es necesariamente indicativo de mi culpabilidad, sino de que escondo una emoción (en este caso, como digo, la ira). La cuestión, como vemos, no es tan sencilla como parece. Detectar una emoción que alguien desea ocultar (según el Dr. Ekman) es posible, pero no hace a esa persona necesariamente culpable de nada. 

Por otra parte, también es importante hacer referencia a que las investigaciones de este psicólogo no solo tienen seguidores, sino también detractores. 

La sensación de culpabilidad disminuye contra más se practica la mentira. 

¿Cuánto más se miente, más culpable se siente uno?

No necesariamente. De hecho, hay investigaciones que han concluido lo contrario. Un estudio de científicos de Reino Unido (de la University College of London), por ejemplo, ha llegado a la conclusión de que la repetición del engaño hace que el cerebro pierda sensibilidad frente a la mentira y, como consecuencia, se produzca una escalada de falsedades. 

La investigación, publicada en la revista Nature Neuroscience, proporciona evidencia empírica de cómo ocurre este proceso en el cerebro. Es decir, cuanto más mentimos, más se adapta nuestro cerebro a la situación de mentir y nos genera menos culpa. Aunque la gente inicialmente se pueda sentir culpable, esa sensación de culpabilidad va desapareciendo (o se va difuminando) con la práctica. 

¿Hay alguna relación entre mentira y autoestima baja?

Algunas veces sí. Se me ocurre el caso de aquellas personas que tienen poca confianza en que vayan a ser aceptadas tal como son, y que podríamos decir que caen en la tentación de “adornar” su historia o sus habilidades, para intentar causar una impresión más favorable en terceros. 

¿A qué edad comenzamos a mentir?

Tempranito, diría yo. De pequeños. Un niño de alrededor de 1 año es capaz de fingir el llanto, hacer una pausa para ver si alguien viene, y continuar haciendo que llora. Cualquier padre o madre se habrá percatado de ese hecho tan curioso. Uno de 2 años ya es capaz de disimular y uno de 5 puede mentir sin reservas, abiertamente. 

En conclusión: nuestra relación con la mentira nos viene desde muy muy pequeñitos. 

¿Cómo detectarlas a través del lenguaje verbal?

Antes de hablar de este tema desde un punto de vista práctico, tengo que matizar que los datos a los que voy a hacer referencia son indicadores. Nunca (y de ninguna forma) son pruebas de que alguien intenta ocultar algo. Muchas veces, aislados, no tienen ninguna relevancia. Son el resultado de investigaciones, pero no podemos tomar uno de estos datos aislados para acusar a nadie. La realidad es mucho más compleja que eso. 

En relación con el tema del lenguaje, hay estudios que demuestran que las personas obstinadas en negar sus actos tienden a recurrir al uso del lenguaje formal, más que al informal; y a recurrir más a lo que llamamos el lenguaje distanciador (es decir: los mentirosos inconscientemente se distancian de la persona de la que hablan, utilizando como herramienta su forma de hablar, el lenguaje). Hay más elementos que pueden delatar a alguien que trata de mentir: 

Sabemos que el lenguaje calificativo quita credibilidad a la persona (“para ser honesto …” “con toda franqueza”) El hecho de repetir la pregunta completa que le acaban de hacer (de formular) a uno. Saturar el relato con detalles que no vienen al caso, puede ponernos un poquito en guardia. En relación con todo esto, una cosa que suelen hacer los interrogadores entrenados (experimentados) es pedir a la persona que narre su versión de la historia (que muchas veces, como digo, tenderá a plagar de detalles irrelevantes y contará los hechos en orden cronológico). 

El problema para quien miente, puede surgir si le piden que narre la historia hacia atrás (lo contrario al orden cronológico). Y, complicársele más aún, si el interrogador entrenado comienza (además) a fijarse en su lenguaje no verbal. ¿Por qué? Porque las personas que mienten pueden practicar lo que dicen (habitualmente en un supuesto orden cronológico), pero no suelen ensayar sus gestos. 

¿Cómo detectarlas a través del lenguaje corporal?

Hay datos curiosos. La gente, en general, tiende a creer que los mentirosos se mueven constantemente mientras mienten, pero hay investigaciones que han concluido que inmovilizan la parte superior de su cuerpo al mentir. Otro error que cometemos es pensar que no miran a los ojos mientras nos intentan engañar, pero hay estudios que han comprobado que mantienen la mirada (digamos) más de lo normal y cambian la velocidad del parpadeo.

Tienden a sujetar objetos como barreras y los colocan entre ellos y la persona que les interroga. Alteran su tono de voz, frecuentemente disminuyéndolo, y presentan otros muchos signos que son realmente comportamientos aislados y que, aisladamente (como digo), no constituyen la prueba de ningún engaño. 

Un signo que, sin duda, lleva a equívocos es el tema de la sonrisa. Las personas frecuentemente creemos que la cordialidad y la sonrisa son signos de honestidad y de sinceridad, pero un detector de mentiras un poquito entrenado puede identificar muy fácilmente una sonrisa falsa analizando los músculos que se contraen en la cara, por ejemplo, que no son los mismos cuando la contracción es consciente o es involuntaria. Esto sería fácil de detectar en alguien con mascarilla, que solo nos muestra los ojos (con los que es complicado mentir). Hay más indicios de este tipo. 

Existen ocasiones en las que decimos sí, pero nuestra cabeza (muy sutilmente) dice que no. Y otras mostramos una expresión facial con una esquina del labio levantada hacia arriba y hacia dentro. Una expresión muy característica y asimétrica, la de desprecio (que es muy fácilmente detectable). 

Son muchísimos los signos se suelen asociarse a la mentira, y resultan fácilmente reconocibles si sabemos lo que tenemos que buscar y estamos atentos. 

viernes, 28 de enero de 2022

Cinco formas de volver a incorporar lo lúdico a tu vida


STACY M. PETERSON     |     Mayo Clinic     |     29/07/2021

La creatividad, la diversión y los amigos pueden contribuir a la felicidad y la resiliencia durante toda la vida. Aprende a conectar con tu lado lúdico a cualquier edad.
¿Piensas que jugar es solo para niños? Piénsalo dos veces. De hecho, puede tener importantes beneficios para los adultos. Mantener un sentido de creatividad y diversión se relaciona con una mayor felicidad durante toda la vida. Además, se cree que contribuye a la resiliencia y al envejecimiento saludable.
Una posible razón: adoptar un enfoque lúdico puede equiparlo para enfrentar mejor el inevitable estrés de la vida. En un estudio de estudiantes universitarios, se descubrió que aquellos que se calificaban a sí mismos como más propensos a jugar podían afrontar mejor los desafíos en sus vidas.
Es normal experimentar estrés, pero la forma en que percibes ese estrés y lo que haces al respecto puede tener una gran repercusión. En el estudio mencionado, cuanto más propensa a jugar era una persona, más probable era que buscara un lado positivo cuando las cosas no salían según lo planificado, una estrategia denominada reformulación positiva. ¿Llueve cuando estás de vacaciones? Podría ser una oportunidad perfecta para beber té y jugar juegos de mesa.
Existen distintas maneras de ser alegre y divertirse. Muchas personas disfrutan de hablar y relajarse con amigos. Otras disfrutan de la actividad física, como el yoga o la gimnasia acuática. Los investigadores que estudian los beneficios del juego señalan que tiene más que ver con tu actitud que con lo que estás haciendo en realidad: cosas como vivir el momento, encontrar regocijo en los detalles cotidianos o encontrar diversión en la resolución de problemas, como acertijos y crucigramas, son todas maneras de jugar.
Y mientras que algunas personas tienen una inclinación natural hacia la diversión a través del juego, esta habilidad también puede practicarse y aprenderse, de la misma manera en que, con el tiempo, una persona puede aprender a ser más agradecida.
¿Estás listo para jugar y divertirte? He aquí algunas maneras de comenzar:
·        Programa tiempo para un pasatiempo. ¿Siempre quisiste aprender carpintería? ¿Te encanta la jardinería? Encuentra tiempo para hacer las cosas que disfrutas. Pero ponte como meta divertirte en el proceso y no te enfoques únicamente en el producto final.
·        Obtén apoyo social. Hacer cosas divertidas con otras personas es un aspecto clave de la diversión. Tal vez te gustaría unirte a una liga de fútbol para adultos. O tal vez prefieras un club de avistamiento de aves. O quizás simplemente quieras encontrarte con un amigo cercano para tomar un café y hablar acerca de la vida.
·        Juega. Según un estudio, las personas caminaban en promedio 2.000 pasos más al día cuando comenzaban a jugar con una aplicación móvil que utilizaba el GPS del dispositivo y recompensaba a los jugadores por encontrar objetos en distintos lugares. También puedes crear juegos en tu vida no digital. Sube por la escalera común y trata de llegar antes que las personas que usan la escalera mecánica. O juega al Veo, veo mientras haces un viaje en auto.
·        Visita un parque o una plaza. Estar al aire libre puede mejorar el estado de ánimo y ser una actividad social divertida. Y no existe eso de ser demasiado viejo para jugar al aire libre.
·        Disfruta del momento presente. Las personas que juegan suelen ser aquellas que se toman el tiempo para apreciar la belleza que hay en el mundo. Practica la atención plena y trata de atrapar un copo de nieve con la lengua, observa las hojas que cambian de color y cómo se ven, siente o huele este otoño, o permítete saltar en un charco durante la próxima lluvia (las botas de lluvia son opcionales).
 
En palabras simples, jugar es encontrar regocijo, humor, alegría e incluso diversión en la vida cotidiana. Y todos pueden hacerlo si se fijan la meta de involucrarse más en la diversión y las actividades placenteras.

miércoles, 26 de enero de 2022

Tipos de Trastorno Bipolar y sus características

JUAN ARMANDO CORBIN       |      Psicología y Mente

¿Qué clases de Trastorno Bipolar existen y en qué se diferencian? 

El trastorno bipolar es un trastorno grave y complejo que presenta una gran variedad de síntomas. Existen distintos tipos de este trastorno y su sintomatología también puede presentarse junto a otras psicopatologías como la esquizofrenia. 

En el artículo de hoy vamos a repasar los distintos tipos de trastorno bipolar y sus características, pues el diagnóstico de esta enfermedad mental puede ser complicado para los profesionales de la salud mental. 

Un trastorno que ha sido excesivamente diagnosticado

Algunos expertos llevan tiempo avisando de que el trastorno bipolar está siendo excesivamente diagnosticado. Por eso, la Facultad de Medicina de la Universidad de Brown, en el estado de Rhode Island, decidió estudiar este fenómeno, el de la sobrediagnosticación. Sus conclusiones fueron claras: alrededor del 50% de los casos diagnosticados de Trastorno Bipolar podrían ser equivocados.

La investigación se realizó con el análisis de los datos aportados por entrevistas tomadas a 800 pacientes psiquiátricos usando un test de diagnóstico integral la Entrevista Clínica Estructurada para los Trastornos DSM. ¿Pero cuáles son las causas de esta sobrediagnosticación? Los investigadores piensan que existe una mayor propensión especialistas a diagnosticar trastorno bipolar frente a otros desórdenes más estigmatizadores y para los cuales no hay un tratamiento claro.

Por otro lado, existe otra hipótesis que afirma que la culpa se encuentra en la publicidad agresiva por parte de las empresas farmacéuticas, pues tienen un gran interés en la comercialización de los fármacos usados en los tratamientos de esta patología. Algo que también ocurre con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). 

Síntomas del Trastorno Bipolar

Los síntomas primarios del trastorno bipolar son los cambios impredecibles del estado de ánimo, y los más característicos son los síntomas del estado de manía y del estado depresivo.

Síntomas de la fase de manía

Los síntomas de la manía incluyen excitación excesiva, percepción de grandeza, irritabilidad, falta de sueño, aumento notable de energía, alto impulso sexual y verborrea. Durante la fase de manía los individuos puede abusar de drogas, llevar a cabo conductas de riesgo y tomar decisiones perjudiciales y negativas para ellos, como dejar el trabajo.

Síntomas de la fase depresiva

Los síntomas de la fase depresiva incluyen tristeza, ansiedad, irritabilidad, pérdida de energía, llanto incontrolable, cambios en el apetito que llevan a una pérdida o aumento de peso, necesidad excesiva de dormir, dificultad para tomar decisiones y pensamientos suicidas.

Además, los síntomas maníacos y depresivos pueden aparecer juntos. Cuando esto ocurre recibe el nombre de “episodio mixto”. 

Tipos de Trastorno Bipolar

Existen distintos tipos de trastorno bipolar caracterizados por diferentes grados de los síntomas depresivos o maníacos. Los cinco tipos del trastorno bipolar son: ciclotimia, trastorno bipolar de tipo I, trastorno bipolar de tipo II, trastorno bipolar no especificado y trastorno bipolar de ciclado rápido.

Ciclotimia

La ciclotimia es una variante del trastorno bipolar pero sus síntomas son menos graves, es decir, que las personas que sufren este trastorno presentan fases leves de depresión e hipomanía. Esta última, la hipomanía, es una alteración psicológica que puede ser entendida como una versión débil, menos

 acentuada, de la manía, y de hecho no suele poner en riesgo la integridad física de la persona que la desarrolla, algo que sí ocurre con la manía propia del trastorno bipolar.

Los individuos son diagnosticados tras persistir los síntomas durante al menos dos años.

Trastorno Bipolar de tipo I

Una persona afectada por el trastorno bipolar de tipo I ha tenido al menos un episodio de manía durante su vida, pues este tipo de trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de episodios de manía o, en algunos casos, mixtos, y no necesariamente el sujeto ha sufrido una fase depresiva. Ahora bien, aproximadamente el 90 % de los casos el paciente cursa ambas fases (manía y depresión).

Trastorno Bipolar de tipo II

El trastorno bipolar de tipo II se diagnostica cuando el sujeto ha sufrido uno o más episodios de depresión mayor y al menos un episodio de hipomanía. En ocasiones, el trastorno bipolar de tipo II puede confundirse con la depresión mayor, por lo que es imprescindible hacer un diagnóstico correcto para una mejor recuperación del paciente.

Trastorno Bipolar no especificado

Puede ser que el trastorno bipolar no pueda clasificarse dentro de los tres anteriores (ciclotimia, tipo I y tipo II) por diferentes motivos. Por ejemplo, cuando los episodios de hipomanía son recurrentes. Hay situaciones en las que el psicólogo o psiquiatra ha llegado a la conclusión de que hay un trastorno bipolar, pero es incapaz de determinar si es primario, debido a una enfermedad médica o por haber sido inducido por una sustancia.

Los subtipos de trastorno bipolar más frecuentes son los siguientes:

·        Alternancia muy rápida (en días) entre síntomas maníacos y síntomas depresivos que no cumplen el criterio de duración mínima para un episodio maníaco o un episodio depresivo mayor.

·        Episodios hipomaníacos recidivantes sin síntomas depresivos intercurrentes.

·        Un episodio maníaco o mixto superpuesto a un trastorno delirante, una esquizofrenia residual o un trastorno psicótico no especificado.

Trastorno Bipolar de ciclo rápido

Los individuos con trastorno bipolar de ciclo rápido experimentan cuatro o más episodios de manía o depresión en el periodo de un año. Alrededor del 10% al 20% de los pacientes con este trastorno sufren el tipo “ciclado rápido”.

Creencias erróneas sobre el Trastorno Bipolar

A pesar de que el trastorno bipolar es bastante conocido por la población, al menos en cuanto al nombre se refiere, existe una gran desinformación sobre esta psicopatología. Muchas personas piensan que este trastorno se caracteriza por cambios de humor repentinos en el mismo día o por altibajos emocionales.

En realidad, el trastorno bipolar es un trastorno serio que, igual que la esquizofrenia o el trastorno paranoide, requiere de la administración de fármacos y una vigilancia en los hábitos de vida de los pacientes para evitar recaídas.

lunes, 24 de enero de 2022

Siempre queremos educar como fuimos educados, así es muy difícil que se produzca un cambio

 

LAURA PERAITA      |       ABC     |     10/06/2021 

César Bona, profesor de Primaria y reconocido como el Premio Nobel de la educación en España, explica la necesidad de explicar en las aulas «con sentido común»

César Bona, profesor de Primaria y reconocido como uno de los mejores docentes del mundo por el Global Teacher Prize (2015), acaba de publicar su último libro 'Humanizar la educación' en el que manifiesta su deseo de que en los centros escolares «se recupere el sentido común que, paradójicamente, no encuentra hueco en las aulas».

 

Durante su visita a ABC explicó que en la pandemia ha escuchado muchas veces que "saldremos mejores de esta", pero, en su opinión, no basta con decirlo, «hay que reflexionar y pensar qué ha sucedido, qué herramientas teníamos, cuáles necesitamos y si debemos hacer un cambio o no, porque todo lo que queremos ser empieza en la educación. Durante este periodo de tiempo —recordó— se ha preguntado a muchos expertos en medicina, antropología, microbiología… sobre todo lo qué hay que cambiar, pero ¿y en educación? Si nos conformamos con que los alumnos sepan mantener la distancia de seguridad y ponerse el gel, mal vamos. Habremos perdido una gran oportunidad». 

«Hay que repensar la educación»

No duda al asegurar que «la sociedad que queremos está en la escuelas que tenemos. Si pretendemos que la gente sepa dialogar tenemos que educar a los alumnos en el diálogo, hay que fomentar que hablen entre ellos, se escuchen. Al escuchar se aprende de los demás». Sin embargo, uno de los mayores impedimentos para progresar es que «en la sociedad siempre existe el curioso hecho de que queremos educar como fuimos educados y es muy difícil que el cambio se produzca. Hay que repensar la educación para saber qué herramientas necesitamos».

 

Para luchar contra la tasa de abandono escolar en España, que se sitúa en el del 16%, una de las mayores de Europa, este maestro propone que se escuche más a los alumnos para que se sientan queridos y útiles. «A toda persona le gusta sentirse así y los niños y adolescentes no son una excepción. No son pocos los profesores a los que se les acercan alumnos para contarle algo y, por la presión que tiene por seguir el itinerario académico o por su propio desinterés, el docente les dice: 'esperad, que ahora vamos con la clase y os tengo que contar algo importante. Es una gran paradoja. Hay que escuchar y reflexionar para mejorar entre todos el sistema y prepararnos para un cambio que es necesario».

 

Finalmente, César Bona destaca la importancia de una buena relación entre la familia y la escuela: «no hay nada más emocionante para un estudiante que ver que sus padres y sus profesores van en la misma línea». 


sábado, 22 de enero de 2022

¿Los cigarrillos electrónicos ayudan a dejar de fumar?


LUIS MIGUEL REAL     |     Psicología y Mente     |     07/01/2022 
 
Veamos si vapear para intentar dejar de fumar es una buena estrategia.

Vapear o fumar mediante vaporizadores se ha puesto de moda entre ciertos sectores de la población.

Algunos adolescentes se ponen a vapear porque “parece guay” y la gente no les mirará tan mal como si fumases cigarrillos de tabaco tradicionales o porros. Y muchas de las personas que empiezan a vapear, son fumadores (de tabaco) que intentan dejar de fumar vapean, utilizándolos como una especie de terapia de sustitución por algo aparentemente menos nocivo.

¿Pero es verdad que pasarse a vapear ayuda a dejar de fumar tabaco? Vamos a ver.

¿Vapear es malo para la salud?

Vapear es definitivamente menos nocivo a corto plazo que fumar tabaco. Pero no es bueno para la salud.

Los cigarrillos electrónicos funcionan quemando diferentes sustancias, que crean aerosoles con sustancias nocivas.

Razones por las que vapear no es un buen método para dejar de fumar

El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos de América ha llegado a la conclusión de que no hay evidencia científica suficiente para recomendar el uso de cigarrillos electrónicos como recurso eficaz para dejar de fumar. Veamos por qué.

1. Mantienes los patrones de conducta de fumar

Fumar tabaco es muy adictivo, no solamente por la nicotina, sino por otros elementos que facilitan que se refuerce el hábito. Cuando una persona enciende y fuma un cigarrillo, hay toda una serie de rituales y gestos mecánicos, repetitivos. La repetición de estas fórmulas ayuda a asentar cualquier hábito.

Pues cuando vapeas, estás manteniendo muchos de esos elementos. Cuando sientes “ganas de fumar”, respondes a esa sensación con el acto de sacar el vaporizador del bolsillo, la sensación del vapor en la garganta y la nariz (y todos los sabores y olores asociados, que en el caso de los vapers suelen ser agradables, olores a frutas, etc).

Juntas todos esos elementos, y tienes un producto que va a seguir aprovechándose de esas claves para volver a la persona dependiente de él.
 
2. Del cigarrillo tradicional al cigarrillo electrónico, y del cigarrillo electrónico al cigarrillo tradicional
 
No hay evidencia científica que muestre que los fumadores que empiezan a vapear dejen de fumar tabaco o dejen de vapear siquiera. De entre los fumadores que se han pasado a los vaporizadores con la intención de dejar de fumar, muchos han terminado volviendo al tabaco poco después (o fumando y vapeando a la vez).
 
Esto ocurre porque, al ser las experiencias de fumar tabaco y vapear tan parecidas, la persona mantiene el “hábito de fumar”, pero con muy poca nicotina o sin ella. Eso, en muchos casos, hace que al fumador “le sepa a poco” y termine escalando el consumo de vapear, y eventualmente, volviendo a pasarse a los cigarros tradicionales para volver a disfrutar de su dosis de nicotina.
 
3. Vapear no es un buen método para dejar de fumar, porque la persona sigue fumando

Muchos de mis pacientes de terapia (que han utilizado cigarrillos electrónicos de algún momento) me relatan cómo terminaron volviendo a comprar tabaco en algún momento de crisis, de vulnerabilidad, de ansiedad.

Simplemente, los cigarrillos electrónicos les habían mantenido muy cerca del tabaco, a veces comprando esos productos en el mismo lugar en el que venden tabaco. Así que la transición de vuelta al tabaco fue demasiado fácil. 

4. Vapear es fumar

Cuando un fumador se pasa a vapear, se podría estar enviando a sí mismos la idea implícita de que nunca dejará de fumar. Vapeas porque no sabes cómo dejar de sentir la necesidad de hacerlo.

Si uno quiere dejar de fumar, va reduciendo lo que fuma hasta dejarlo. Utilizar los vaporizadores como sustitutivos crea una falsa sensación de seguridad.
Es como cuando alguien que quiere perder peso, en vez de dejar de comprar mayonesa, simplemente se pasa a la mayonesa “baja en grasas”. El impacto de ese cambio en su salud va a ser mínimo, y sigue sin atender al problema principal, que no sabe comer sin abusar de las salsas ultra-procesadas.

5. Sigues siendo un esclavo de las tabacaleras

La mayoría de productos de vapeo (vaporizadores, aceites, etc) son productos de las propias empresas tabacaleras. Es simplemente otra fórmula para seguir ordeñando a sus vacas (los fumadores) y de seguir contribuyendo económicamente a una de las industrias menos éticas de la historia de la humanidad.

6. Te distraes de los tratamientos reales

Al utilizar el vapeo como método para dejar de fumar, estás desplazando otros tratamientos que sí que tengan efectividad con evidencia científica demostrada. Si te pones a vapear por tu cuenta, dejas de ir al médico o al psicólogo para que te ayuden con un tratamiento de deshabituación para dejar de fumar.

De la misma manera, sustituir los cigarros normales por cigarrillos electrónicos no te acerca más a tu objetivo de dejar el tabaco, muchas veces te aleja más.

Cómo dejar de fumar (sin vapear)

Vapear como sustitutivo del tabaco no funciona. Los cigarrillos electrónicos no ayudan a la gente a dejar de fumar. Simplemente, las distraen un tiempo hasta que vuelvan a fumar tabaco.

En un verdadero tratamiento para dejar de fumar, te ayudarán a:

·        Estudiar y comprender tus hábitos de consumo.
·        Saber cómo lidiar con la ansiedad del síndrome de abstinencia de la nicotina.
·        Aplicar estrategias efectivas para fumar menos (que han demostrado funcionar).
·        Diseñar estrategias de prevención de recaídas adaptadas a tu caso concreto, para que no     tengas el constante miedo de recaer al día siguiente.