martes, 12 de abril de 2022

Laura Rojas-Marcos, psicóloga: "Es abrumador cómo ha empeorado en pandemia la salud mental de las mujeres".


BEATRIZ GARCÍA       |     Madrid     |     niusdiario.es     |     06/03/2022

La hija del conocido psiquiatra Luis Rojas Marcos destaca el empeoramiento de la salud mental de las mujeres en la pandemia.

Para Rojas Marcos la conciliación es la causa subyacente de la mayor parte de los problemas mentales de las mujeres.

La psicóloga ha apoyado la atención psicológica gratuita que ofrece la Asociación Yo No Renuncio. 

Atendió a fuerzas de seguridad tras los atentados del 11S, ha estado ayudando a sanitarios en España tras la pandemia. Todo, de forma voluntaria. Laura Rojas Marcos, hija del conocido psiquiatra afincado en Estados Unidos, Luis Rojas Marcos, se centra ahora en las mujeres. Lo hace apoyando la puesta en marcha de un teléfono de asistencia psicológica gratuita de la Asociación Yo No Renuncio, perteneciente al CLub de Malasmadres. 

 

Son mayoría en su consulta, y más, dice, tras la pandemia, cuando no han podido compartir la carga que ya llevaban con los abuelos, o personal contratado para ello. Laura Rojas Marcos, psicóloga, humanista, escritora y divulgadora, autora además de varios libros como Hablar y aprenderEl sentimiento de culpaSomos cambio o La familia, anima a pedir ayuda sin complejos cuando algo nos haga sentir mal.

 

Pregunta. ¿Van a terapia más mujeres que hombres?

 

Respuesta. En mi experiencia las mujeres no es que necesiten más la terapia, sino que somos más conscientes o aprendemos a identificar antes cuándo necesitamos ayuda. Y no sentimos tanto como los hombres que tienen que demostrar nada, el tema del ego. Lamentablemente muchos hombres a lo largo de la historia han tenido una gran dificultad a la hora de expresar sus sentimientos, necesidades... Estaba mal visto, ya sabes, "los hombres no lloran". Eso se está superando, se está naturalizando que a veces estamos estresados o angustiados y necesitamos ayuda.

 

Me gustaría dejar claro que las personas que buscan ayuda en la terapia psicológica o en el psiquiatra son personas sanas. Yo tengo la consulta llena de mujeres sanas que están pasando por un mal momento. La gran mayoría de los que vienen a mi consulta vienen porque están sufriendo, quieren mejorar y conectan con una parte de ellos muy valiente, mucho, que desea cambiar y confiar. 

 

P. ¿Qué motivos llevan a las mujeres a acudir a terapia?

 

R. Muchas de las mujeres que encuentro no pueden gestionar su estrés y dificultades para conciliar su vida laboral y familiar. Y otras que padecen el llamado síndrome de estar quemado: dan tanto a los demás, a su familia sobre todo, que llega un momento en el que se sienten vacías e insatisfechas.

Sobre todo porque sienten que no hay un equilibrio entre lo que dan y lo que reciben. Las mujeres que llegan a mi consulta están sufriendo, quieren resolverlo, lo han intentado y no lo han conseguido. 

 

P. Y, ¿a qué edad suelen acudir las mujeres a su consulta?

 

R. Ronda la edad de tener hijos, y vienen tanto las que los tienen como las que no. Y estas últimas a veces lo tienen más difícil todavía, porque tomar esa decisión para la que parece que te ha preparado la vida y la sociedad, es duro. Pero ellas sienten que tienen que elegir entre varios aspectos de su vida, y cuando hacen una valoración de cómo gestionarían su vida siendo madres, ven que no es lo que quieren

 

P. ¿Se ha agudizado el malestar mental de las mujeres en la pandemia?

 

R. Muchísimo. Ha empeorado la salud mental de toda la sociedad, su estabilidad emocional. Es abrumador, especialmente en mujeres. Porque esa conciliación ha desaparecido totalmente en la pandemia. Me he encontrado, pasando consulta, con muchas mujeres que estaban intentando trabajar, proteger y hacer bien su trabajo, con los niños encima o al lado porque no había otra persona. O lo hacían ellas o no se hacía. Como sociedad hemos descubierto que los abuelos eran fundamentales, porque aún no hay igualdad en responsabilidad y oportunidades.

Es cierto que hemos mejorado mucho respecto a generaciones anteriores, pero las mujeres seguimos llevando una gran carga que se nota en las consultas de los psicólogos. El futuro tiene que saber que la salud mental es un derecho, por eso es importante que las niñas de ahora vean que sus madres cuidan su salud emocional, el respeto a tu intimidad y tus necesidades. Ellas tienen más suerte porque esa desestigmatización que se está produciendo les hará más fácil tomar la decisión de pedir ayuda profesional.

 

P. Por sus respuestas, se deduce que la conciliación de la vida personal o familiar y la profesional o social es la causa subyacente a la mayoría de consultas de mujeres, ¿no?

 

R. Es que lo es, es uno de los problemas principales del mundo entero. Ese sentir no ser suficiente, no estar a la altura, no llegar a todo, que soy yo la que tiene el problema... Es el pan de cada día en mi consulta. Y me parece terrible. Por eso parte de mi intención es hacer ver a la sociedad que no, verás, que el problema no es tuyo, es del entorno. 

Lo importante es dotar a las mujeres, y a todos, de herramientas para lidiar con ese entorno, con el sistema, sin que nos cueste la salud mental.

Laura Rojas Marcos afirma que las cosas han cambiado mucho en España desde que ella se trasladó aquí en 2002, pero siente que aún queda otro tanto por hacer. Una tarea en la que la psicología tendrá gran protagonismo, aunque todavía sea poco accesible para la mayoría. En España hay seis psicólogos cada cien mil habitantes, frente a los dieciocho de la media europea

domingo, 10 de abril de 2022

¿Cómo convencer a alguien de ir al psicólogo? 10 consejos prácticos

 

NAHUM MONTAGUD RUBIO       |      Psicología y Mente 

¿Cómo persuadir a alguien para que vaya a psicoterapia? Veamos pautas para hacerlo sin presionar.

Somos seres empáticos. Ello hace que nos preocupemos no únicamente por nosotros mismos, sino también del bienestar de nuestros familiares y amigos, los cuales pueden estar pasando por una mala situación.

A veces se hace necesario recurrir a un psicólogo, quien puede contribuir a mejorar el estado de nuestro ser querido. Sin embargo, acudir a terapia no es una decisión que se suela tomar con facilidad y puede darse el caso de que quien necesita ayuda profesional no la llegue a pedir por diferentes motivos. El hecho de que alguien cercano tenga un problema no únicamente le afecta a él, sino también a su círculo cercano, y son sus allegados quienes consideran oportuno que se haga una visita a un profesional.

La pregunta que muchas personas se hacen al encontrarse en esta situación es: ¿cómo convencer a alguien de ir al psicólogo? El proponérselo puede llegar a ser un tema muy delicado, y generar una situación de tensión al sentirse ofendido y que se le puede estar llamando “loco”. Veamos varios consejos e ideas clave para saber cómo abordar esta clase de problemas.

 

¿Qué resistencias pueden surgir al proponer ir a psicoterapia?

Aunque en las últimas décadas la profesión del psicólogo ha ido adquiriendo mayor popularidad, además de divulgarse mejor qué es lo que se realiza en la consulta psicológica, lo cierto es que muchas personas se muestran reticentes a acudir a terapia psicológica.

Si bien la imagen del psicólogo como aquella persona que se encarga únicamente de las personas con trastornos psicológicos graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, se ha ido superando, son muchos los que siguen creyendo que ir al psicólogo es cosa de “locos”.

También puede darse el caso de que la persona que está sufriendo considere que se encuentra en una situación tan grave que ya no tiene situación, o que tema que al ir al psicólogo le confirme que no hay nada que hacer, y decida no enfrentarse a ello.

Hay quienes ven el pedir ayuda como una muestra de debilidad, y temen acabar dependiendo de un profesional de la salud mental. También, debido a un desconocimiento de lo que realmente hacen los psicólogos, creen que los acabarán medicando y sabrán realmente abordar de manera profunda su situación.

Si bien hay personas que son conscientes de que están sufriendo y necesitan ayuda, el temor a un elevado costo económico de la psicoterapia puede impedir que vayan al psicólogo.

Es importante indicar que, salvo en situaciones donde haya un trastorno psicológico muy grave, debe ser la propia persona quien acuda al psicólogo de forma libre, sin que sus familiares, amigos o pareja hayan organizado un engaño o la lleven a la consulta de forma forzada. Para un psicólogo clínico, este tipo de situaciones son especialmente difíciles, dado que la persona a la que se debe intervenir no desea recibir ayuda profesional.

Consejos para convencer a alguien de ir al psicólogo

Como amigos, familiares o pareja de alguien que está sufriendo, se puede seguir una serie de recomendaciones que pueden ayudarnos a que la persona sea consciente de que necesita ayuda y de que puede mejorar, además de mostrarle que estamos de su lado, que la apoyamos y queremos lo mejor para ella.

A continuación se presentan algunos consejos cuya finalidad es ayudar a saber cómo convencer a alguien de ir al psicólogo.

1. Elige el mejor momento y lugar

Proponer ir al psicólogo es un tema delicado. Es por ello que lo recomendable es elegir un momento y un lugar en los que predomine la calma y la intimidad, en los que no haya tensión y no hayan otras personas que puedan reaccionar negativamente a la propuesta de acudir al profesional e influir en quien necesita ayuda.

2. Escúchale y sé empático/a

Queremos ayudarle, y por ello hemos de mostrar que esa es nuestra intención. Pregunta sobre sus sentimientos, cómo está viviendo la situación y cómo percibe que puede evolucionar. Si alguna vez te ha ocurrido algo similar, cuéntaselo y hazle entender que todo puede mejorar con la ayuda adecuada.

3. Proponle una primera visita

Recomendar empezar inmediatamente con la psicoterapia puede verse como proponer algo complicado y económicamente no asequible. En vez de ello, puedes recomendar que pruebe una toma de contacto con un psicólogo, y ver qué sucede y cómo se siente después de la sesión.

4. Acompáñale en la primera sesión

Ir al psicólogo por primera vez se puede percibir como una tarea intimidante. Para garantizar que la persona vaya, pero sin presionarla, es una muy buena idea acompañarla durante la primera sesión, que sienta que inicia el proceso con el apoyo de alguien cercano.

5. No presupongas el por qué de su sufrimiento

Aunque todos los seres humanos tenemos mucho en común, cada uno puede atribuir y vivir el sufrimiento de formas distintas. No interpretes el por qué de su sufrimiento, simplemente comenta tu percepción dejando claro que cada uno es libre de poder vivir una misma experiencia de forma variada.

6. Ofrécele información veraz y de origen profesional

Muchos son los mitos que existen en torno a la figura del psicólogo. La mejor manera de luchar contra ellos es ofrecer artículos, libros, webs y otros recursos elaborados por los propios profesionales para ayudar a tener una visión real del profesional de la psicología y su labor.

7. No es lo mismo un psicólogo y un psiquiatra

Muchas personas creen que ir al psicólogo implica ser medicado, pese a que este profesional no es quien receta psicofármacos, y le tienen miedo a esa posibilidad. Recetar fármacos es tarea del psiquiatra, y solo medica en caso de que sea necesario. Por eso, hay que informar sobre este aspecto en caso de que resulte un obstáculo a la hora de convencer a alguien de que vaya al psicólogo.

8. Facilita el proceso de búsqueda de un psicólogo

Gracias a las nuevas tecnologías son muchos los psicólogos que disponen de páginas web en las que se pueden concertar citas, además de explicar su ámbito de intervención y en qué se han especializado. Así pues, resulta muy fácil ayudar a encontrar a un profesional de la psicoterapia que se adapte a las necesidades de la persona a la que quieres convencer."

9. Si es posible y necesario, subvenciona el tratamiento

La psicoterapia puede verse como un proceso caro. Si te lo puedes permitir, ofrécete a pagar la primera sesión. Eso demostrará que estás muy implicado en el proceso terapéutico y le motivará a acudir a terapia. Una vez haya empezado, será más fácil que pierda sus miedos y posibles prejuicios.

10. Hazle consciente de que es él/ella quien decide

Todas las personas tienen derecho a ser partícipes en la mejora de su salud mental. Aunque le propongamos ir al psicólogo, también debemos hacerle consciente de que él/ella es libre de decidir si acudir o no a consulta, y que es responsable de su bienestar psicológico.

En caso de que, a pesar de haber seguido estos consejos, la persona no quiera acudir al psicólogo, se debe insistir, pero manteniendo la calma y tratando de argumentar los beneficios de recibir terapia.

viernes, 8 de abril de 2022

Hasta qué punto nos pueden hacer enfermar las emociones


ROCÍO NAVARRRO MACÍAS      |     la vanguardia     |     04/04/2022

Problemas cardiacos, respiratorios o digestivos pueden derivarse de experiencias traumáticas o una situación emocional intensa y cronificada. 

Un estilo de vida rápido, la dependencia de dispositivos digitales y las consecuencias de la pandemia han cronificado sentimientos como el estrés, la ansiedad y la depresión. Estos cuadros emocionales impactan a todos los niveles y en el plano físico suele revelarse en problemas de sueño, dolores de cabeza o intestinales entre otros. Si persisten en el tiempo, las consecuencias pueden ser más severas y dar pie a enfermedades graves. 

Según la Encuesta de Salud Mental durante la pandemia realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2021, el 41,9% de los participantes declaró “haber tenido problemas de sueño”, un 51,9% reconoció “sentirse cansado o con pocas energías” y un 38,7% ha tenido “dolores de cabeza”, entre otros problemas como taquicardias, mareos o desmayos. 

Cuerpo y mente enferman a la vez – Emociones que afectan a los genes 

 “Los traumas o situaciones emocionales intensas, especialmente si son continuadas, además de afectar a la salud mental o psíquica pueden conllevar hipertensión arterial, alteraciones cardiovasculares, del metabolismo como hiperglucemia; reproductivas como amenorrea en mujeres e impotencia en hombres, así como alteración del sistema inmune haciendo a las personas más propensas a desarrollar enfermedades”, Raquel Balmaseda, doctora en psicología y profesora del Máster en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). 

El cuerpo y la mente son una misma entidad que se retroalimenta. Las emociones desencadenan una serie de procesos con consecuencias en todo el cuerpo, incluso en los genes. “Actualmente sabemos que las experiencias influyen en la genética de tal manera que tienen la capacidad de activar o silenciar algunos de nuestros genes, esto se conoce como epigenética. Las adversas pueden activar genes que nos hagan padecer afecciones que no desarrollaríamos si no se hubiera producido”, comparte Balmaseda. Según indica la psicóloga: “Lo que vivimos hoy puede afectarnos a nivel físico tanto inmediatamente como a largo plazo. Sabemos que experiencias traumáticas tempranas provocan un incremento en la expresión génica para el factor liberador de corticotropina que puede modular las respuestas al estrés de por vida”.

Pero esto no quiere decir que las emociones desagradables tengan un impacto negativo, ya que su papel adaptativo como protectoras ante peligros o situaciones dañinas. “Para que se conviertan en perjudiciales para la salud tienen que ser crónicas, casi constantes. Y aún así, que exista una predisposición en el organismo hacia ciertos problemas.  

¿Cómo afrontar la vida? – Los factores indirectos 

La sensación prolongada de tristeza puede derivar en enfermedades físicas.

Pero si se dan ciertas emociones como la tristeza, la ira o la ansiedad todos o casi todos los días, puede ser un último empujón para generar una disfunción a nivel físico”, explica Gonzalo Hervás doctor en psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Al igual que las emociones desagradables perpetuadas son un riesgo para la salud, desatenderlas por completo puede tener el mismo efecto. “Los problemas aparecerán al cabo del tiempo, pero puede tener también consecuencias a nivel físico en algunos casos”, continúa. 

Algunas de las consecuencias que sobre la salud tienen las emociones desagradables o las experiencias traumáticas no vienen determinadas directamente por ellas, sino los llamados mecanismos indirectos. “Son más variados y tienen que ver con la forma de afrontar la vida y los problemas tras un evento traumático. Es más probable que haya un mayor consumo de alcohol y otras sustancias, más posibilidad de atracones, menos comportamientos saludables, incluyendo lo más básico como ir al médico y seguir sus recomendaciones. Todo esto es más grave cuando fruto de lo vivido hay un rechazo intenso a uno mismo porque eso favorece la aparición de comportamientos autodestructivos. Afortunadamente sucede solo en unos pocos casos”, continúa Hervás.

Sueño, fatiga, tristeza… Las señales de alarma 

Por fortuna, el propio organismo se encarga de avisar cuando detecta que el sistema emocional está desequilibrado. “Algunas señales de alarma pueden ser síntomas continuados de irritabilidad, problemas de sueño, fatiga, tristeza, anhedonia (falta de interés por las cosas o personas que antes nos interesaban) o enfermedades repetidas por desajuste del sistema inmunológico. En niños es posible que se manifiesten trastornos de conducta que antes no exhibían”, advierte Balmaseda. Ante estos indicios, es aconsejable recurrir a la ayuda de un profesional en psicoterapia.  

 “Sabemos que un uso razonable y moderado de nuestra capacidad de análisis puede ayudar a encajar mejor las situaciones cotidianas. Pero debe estar acompañado de otras estrategias como la consciencia corporal, la aceptación y comprensión de lo que sentimos. El uso de estrategias para distraernos, como escuchar música, disfrutar de un hobbie o hacer deporte está muy indicado si se usa no como forma de evitación, sino como complemento a lo anterior: tras atender a las emociones. Tener a alguien de confianza con quien hablar de lo que sentimos está demostrado que por sí solo es de gran ayuda para prevenir complicaciones”, concluye Hervás.

martes, 5 de abril de 2022

Laura Rojas-Marcos: "Hay que tratar el dolor, el duelo y la pérdida con amor, no como si fuesen parásitos" - ( II )

 

RAQUEL NOGUEIRA      |      EL ESPAÑOL      |      24/11/2021 

Entrevista a Laura Rojas-Marcos, Silvia P. Cabeza

Pero hay mucho hater.

Están esas personas a las que les gusta crear confusión, y ese concepto que quizás antes no era tan evidente, pero probablemente sí existían: los haters, que aunque se utiliza el término anglosajón, se traduce como odiadores. Se te ponen los pelos de punta: hay personas que se dedican a odiar, que viven y conviven con la negatividad, con el odio, la rabia y la envidia, y eso mueve miedos y hace mucho daño. 

Más allá de los haters, se suele decir que las redes sociales muestran versiones irreales de la vida de la gente.

Primero tenemos que partir de que el ser humano siempre quiere mostrar la mejor versión de sí mismo. En general, cuando nos hacemos una foto, aunque sea de grupo, la mayoría –y esto está probado científicamente– lo primero que busca en la foto es si sale bien: cómo se ve la propia imagen. A todos nos preocupa nuestra imagen. Hay personas que utilizan las redes sociales para dar una imagen de sí misma que no es tan realista, y no porque utilicen filtros. Quizás lo que necesitamos pensar es, sobre todo, en esas personas que quieren manipular o transmitir un mensaje que en un momento dado puede influir negativamente en otros. 

¿Por ejemplo?

Hay personajes, ya sean públicos o no, hombres o mujeres, que utilizan esas imágenes, por ejemplo sobre el cuerpo, que pueden despertar en otros cierta inseguridad o incluso alimentar inseguridades hasta el punto de que puede llevar a gente joven a desarrollar trastornos alimenticios o dismorfofobia. ¿Qué es lo que a alguien le puede llevar a querer competir o producir eso? Ahí hay mucho que rascar e investigar. 

¿Por qué estamos tan obsesionados por nuestra imagen?

Ya lo describía el psicólogo Abraham Maslow: queremos ser queridos, aceptados, pertenecer, pero también ser admirados. Todos tenemos un ego, pero no hay que confundirlo con el amor propio. 

¿Cuál es la diferencia?

El amor propio es sano, como hay una parte del ego que es positiva: quererse, respetarse, hacerse respetar y saber marcarse ese límite. Pero después hay un ego que es muy peligroso, tanto para uno como para los demás, que es el que despierta ese narcisismo que lleva a las personas a utilizar a otras, a manipular, a utilizar con intenciones negativas. 

En las redes sociales, los que trabajamos en salud mental observamos que esos egos son muy evidentes, pero a la vez tienen unas consecuencias muy negativas en la vida y en los sentimientos de otras personas. No hay filtro.

¿Y la solución?

Sobre todo, a la hora de educar, a los estudiantes, a los jóvenes, incluso de educarnos a cualquier edad, con respecto a las nuevas tecnologías y las redes sociales, la clave está en aprender a identificar los bulos, las fake news, y esa otra pandemia que estamos viviendo que se denomina infodemia, toda esa desinformación y manipulación. Todos necesitamos aprender a detectar lo que no es real, lo que está manipulado, y no siempre es fácil, todos caemos en algún momento sin darnos cuenta. 

Viajemos un momento en el tiempo, hace 20 años viviste en primera persona el 11-S. ¿Qué recuerda de aquel día?

Recuerdo ese día con horror, uno de los peores de mi vida, y uno de los más traumáticos no solamente para mí, sino para muchas personas. Porque lo que ocurrió no solo cambió a Estados Unidos, sino al mundo entero: cambió la economía, las relaciones internacionales, la política… hay un antes y un después. 

Hubo unas consecuencias conscientes, como la parte económica o el miedo. Y otras de las que no somos tan conscientes, pero que afectan a nuestra vida: desde las relaciones familiares a la economía familiar, al trabajo y a cómo miramos el mundo, cómo viajamos y cómo sentimos nuestra libertad. Y, sobre todo, un concepto que nos marcó a todos: la seguridad. El sentimiento de seguridad cambió y seguimos sintiéndola diferente. 

¿Cómo le afectó a nivel psicológico estar en Nueva York hace 20 años?

Afectó a mi salud emocional y me perjudicó, pero intenté trabajarlo, superarlo, pedir ayuda. Hacer algo al respecto y cuidarme primero para poder hacer mi trabajo. Para muchos que lo vivimos de cerca, nos llevó a revisar nuestra vida, a tomar decisiones personales, a priorizar, a hacer limpieza… Después de eso, me especialicé en trauma y lo sigo trabajando, no solo para las situaciones relacionadas con el terrorismo sino para otras situaciones. 

¿Qué aprendizajes saca de una situación como la del 11-S?

Una de las cosas que aprendí es que no puedo cambiar el pasado, forma parte de mí, así que trabajo mi trauma, porque no lo olvidaré jamás. De hecho, hace un par de semanas estuve en Nueva York y fui por segunda vez a la zona cero. Y lo he sentido y vivido diferente: por primera vez he encontrado paz y serenidad. 

Convivo con ello como estamos conviviendo todos con esta situación pandémica, pero la vida sigue. Y Nueva York es una ciudad que se regenera, que cae, que vuelve a resurgir… y por eso estoy totalmente convencida de que de esta pandemia, o de cualquier situación personal que no tenga que ver con la covid, se puede trabajar para superarla. 

¿Cómo afecta a la salud emocional eventos traumáticos como un atentado?

La experiencia traumática deja un recuerdo terrible. Marca, deja huella en tu memoria emocional para siempre. Hay situaciones, sonidos u olores que forman parte de ti y que a veces hacen de máquina del tiempo y te teletransportan psicológicamente a esos momentos tan dolorosos. Dejan secuela, porque mientras que tengamos memoria estará la secuela emocional de ese recuerdo. Pero la mayoría de las personas aprenden a superarlo, que no es olvidarlo. 

Si se hace un trabajo personal bueno y se trabaja ese trauma, uno puede crecer y, sobre todo, desarrollar la personalidad resistente, que es resiliencia, donde uno aprende de la experiencia vivida pasando por todas las dificultades. Pero procesar el duelo es fundamental y forma parte de la vida, como gestionar esas emociones de tristeza, de pérdida, de desazón, de incertidumbre –ya sea con ayuda o por uno mismo–. ¿Qué es lo que yo necesito para superar este dolor? No para olvidarlo y guardarlo en un cajón, sino para tratarlo con cariño. 

Porque, muchas veces, las personas se enfadan con ellas mismas porque sienten algo negativo y no saben cómo deshacerse de ello, como si fuera un parásito. Y no, el dolor, la tristeza, el duelo, la pérdida… hay que tratarlos con amor, aunque tampoco quedarse sentados en el charco, sino hacer algo también cuando uno esté listo para ello. 

Otros eventos traumáticos, cada vez más frecuentes, son los derivados del calentamiento global y el cambio climático.

Con respecto al clima, podemos tener una actitud, primero, responsable. Ser responsable y estar pendiente, contribuir al cuidado del entorno, a cómo gestionar nuestra basura, que existe y va a existir, que no podemos borrarla. Es como las emociones negativas, no podemos anularlas, vamos a sentirlas –la ira, la tristeza, la inseguridad–, pero todo depende de qué hagamos con ellas cuando las sentimos. 

Lo mismo cuando hablamos del clima: si lo tratamos de manera responsable, contribuimos a un entorno y tenemos una actitud ecológica, será positivo porque nos ayudará a nosotros mismos como a nuestra casa. 

El tener una actitud responsable, pero también realista es fundamental. No pensando sólo en el ahora, en el presente, sino en el futuro. Y en ese futuro tener una visión y una misión, y tener un propósito sin obsesionarse. Porque todo lo que lleva a la obsesión nos lleva a vivir en el miedo, y no pensamos bien cuando vivimos en el miedo, no resolvemos los problemas cuando estamos atascados en la parálisis por análisis. Cuando estamos asustamos tenemos visión túnel, no podemos analizar, ni explorar, ni pensar, ni usar bien la imaginación. 

Lo mismo ocurre con la pandemia, ¿no?

Uno de los aprendizajes que hemos tenido dentro de esta tragedia pandémica es que todos hemos recibido un impacto: se ha visto afectada nuestra salud mental, y eso nos ha hecho ser más conscientes, buscar e informarnos más. La necesidad es lo que lleva al ser humano a cubrir las necesidades posteriormente.

En España hay muy buenos profesionales tanto en la salud pública como en la privada, pero no son suficientes. Mi objetivo durante este periodo tan difícil no ha sido solo concienciar o sensibilizar, sino naturalizar que es esperable que estés teniendo ataques de ansiedad o angustia por la situación, o que el trauma lleve a desarrollar el síndrome de estrés postraumático. 

La salud mental en España ha sido una de las grandes olvidadas en el sistema sanitario.

Ahora hace falta hacer una inversión importante en salud mental, a partir de esta concienciación, porque si no vamos a tener unas consecuencias devastadoras. Y todo eso no solamente va a afectar a la salud de la población o a nuestro día a día y bienestar, sino que va a afectar a la economía, a las políticas, al sistema de salud…

Una población que esté sufriendo, que esté dañada, y que no reciba los cuidados que necesita, va a dejar secuelas. Tener una actitud responsable en estos momentos es fundamental. 

Respecto al trauma, hay un tiempo para actuar: tenemos un tiempo para poder abordarlo y prevenir lo que puede ocurrir después. Si no nos ocupamos ahora, lo que vendrá es diez veces peor que lo que estamos viviendo. 

Las cifras son alarmantes, en 2020, solo en España, 3.941 personas se quitaron la vida. ¿Estamos fracasando como sociedad?

El suicidio es un indicador, más que de fracaso, de que aquí hay un problema al que hay que prestar atención. Quizás el término fracaso es la conclusión a la que llegamos, pero estamos a tiempo. Esos números son devastadores. Pero no solamente en términos de suicidio. 

Investigaciones de la revista Lancet señala que durante el 2020 y el 2021 –los años de pandemia– han aumentado en un 170% las ventas de antidepresivos y ansiolíticos, por ejemplo. También ha aumentado de manera drástica –y me preocupa profundamente porque no se le está prestando la suficiente atención– las adicciones al alcohol o a las drogas –las adicciones a sustancias– y a lo que se denomina las adicciones sin sustancias, como a las nuevas tecnologías, a las redes sociales o la ludopatía.

En España ya hay más de medio millón de ludápatas.

La ludopatía no es solo apostar dinero, es que hay plataformas que aparentemente parecen un juego para niños que tienen monedas virtuales. Son los creadores de los futuros ludópatas. En las investigaciones se ha encontrado que la ludopatía ha subido en porcerntajes altísimos en chicos y chicas de entre 14 y 25 años. 

Están pasando una serie de cosas que no estamos haciendo bien. Estamos fracasando en no prestar atención, pero tenemos la oportunidad de hacer algo al respecto, así que vamos a hacerlo. 

¿Eres optimista?

Ya en muchas situaciones y círculos se está haciendo algo. Ahora bien, ¿vamos al ritmo que necesitamos? No. Vamos lentos. Pero vamos avanzando. Aunque necesitamos meter un poco más de presión, porque si seguimos por el mismo camino vamos a dejar en la cuneta a muchas personas que después provocan consecuencias no solo en su propia vida, sino en sus entornos. 

Las adicciones son los destructores de familias, es devastador y si lo podemos prevenir, ¿por qué no? Vamos a esforzarnos por el bien de todos, para crear una sociedad saludable, con un buen sistema inmune a nivel social, que pueda reaccionar para protegernos y proteger a otros.

Laura Rojas-Marcos: "Hay que tratar el dolor, el duelo y la pérdida con amor, no como si fuesen parásitos" - ( I )


RAQUEL NOGUEIRA      |      EL ESPAÑOL      |      24/11/2021 

La psicóloga hispano estadounidense analiza las consecuencias en la salud mental y emocional de eventos traumáticos como atentados o la pandemia de la covid-19.

Laura Rojas-Marcos (Nueva York, 1970) llega a la redacción de EL ESPAÑOL con una sonrisa en la boca. "Mi libro está teniendo muy buena acogida", dice. Y luego reconoce que se "siente feliz" por haber vuelto a su ciudad natal, la Gran Manzana, después de casi dos años de restricciones de viaje. 

Entrevista a Laura Rojas-Marcos, Silvia P. Cabeza

Esta doctora en Psicología Clínica y de la Salud acaba de publicar Convivir y compartir (Grijalbo, 2021), un compendio de claves para relacionarnos "saludablemente contigo y con los demás". Rojas-Marcos reflexiona en su texto sobre salud mental y emocional y cómo vivimos con otros y con nosotros mismos.  

Su último libro arranca con un capítulo titulado El arte de convivir, y yo le pregunto: ¿sabemos convivir con los demás?

No deja de ser un arte que ya viene con nosotros, por lo menos estamos todos predispuestos, genéticamente, a poder convivir. Dependiendo de nuestra personalidad, de nuestro aprendizaje y demás, quizás tengamos más o menos facilidad para ello. No obstante, la capacidad para aprender a relacionarnos, a conectar es algo con lo que venimos a este mundo. 

Evidentemente, hay situaciones o entornos de convivencia donde quizás es muy protagonista la agresividad, la negligencia, el rechazo… y son más complejos. No obstante, es muy importante señalar que, a pesar de lo duro que a veces puede ser una infancia o un periodo de vida, es posible retomar, aprender y seguir avanzando. 

Convivir es un arte como lo es bailar. Porque es el arte de compartir espacio, energía, tiempo, emociones, intereses, y también el arte de aprender a gestionar los conflictos, las adversidades, los pisotones, como puede ocurrir, por ejemplo en un pasodoble. ¿No? O a la hora de bailar el tango, entonces requiere, evidentemente práctica. Requiere interés y requiere, también, paciencia, paciencia. 

¿Es más complicado convivir con otros o con nosotros mismos?

Convivir con uno mismo y con los demás es algo diferente. Convivimos con dos grupos o dos tipos de personas diferentes. El primero son los elegidos: nuestros amigos, las parejas, esas personas que elegimos, que no nos vienen dadas, sino que las elegimos a lo largo de la vida. 

Después están las personas no elegidas. ¿Y quiénes son esas no elegidas? Ahí están todos los demás: la familia –no elegimos la familia en la que nacer–, los compañeros de trabajo, los vecinos… Los no elegidos pueden ser conocidos o desconocidos. Pero, nuestro mayor no elegido, el que va a marcar nuestra vida, somos nosotros mismos. 

Nosotros no nos elegimos. Pero sí estamos forzados a convivir mientras estemos aquí: desde el momento en que nacemos hasta nuestro último suspiro.  

Pero ¿es fácil convivir con uno mismo?

Para poder convivir con nosotros mismos necesitamos, sobre todo, aprender a escucharnos, a hablarnos, a convivir con distintas emociones –positivas, negativas, incluso emociones que desconocemos–. Es importante conocerse, conocer y aprender a identificar quién soy, qué quiero, qué es importante para mí, cuáles son mis necesidades o mis deseos. Todo eso, puede ir cambiando a lo largo de la vida.

El aprender a convivir contigo mismo es quizás el pilar esencial para aprender a convivir con los demás, para poder mantener ese equilibrio, para poder comunicar bien, para poder desarrollar la actitud asertiva, para aprender y saber poner límites.  

Con la pandemia y los confinamientos hemos tenido como una masterclass de conocernos a nosotros mismos, pero ¿hemos sacado alguna enseñanza positiva de esta situación?

Por supuesto que sí. Tenemos que partir de que no ha sido una experiencia positiva, porque todos hemos perdido, ya sea a personas, trabajo o seguridad. Todos hemos tenido que aprender a convivir con los sentimientos de incertidumbre, de ansiedad, de miedo. Ha habido muchas emociones. Evidentemente, hay personas que lo han tenido muchísimo peor y han vivido una serie de experiencias traumáticas, dolorosas, de desgarro, de las que les va a llevar muchos años recuperarse.

Ninguna experiencia dolorosa es algo bueno. Pero, y aquí viene el aprendizaje, frente a la adversidad, siempre hay algo que en un momento dado podemos trabajar para aprender, para poder crecer, conectar y entender qué es lo que ha pasado, y qué, de toda esta tragedia, me llevo. 

Entonces, ¿qué aspectos positivos saca?

Como terapeuta, he podido observar que muchas personas, frente al confinamiento, sobre todo esos meses más duros, han aprendido y han redescubierto a las personas con las que conviven. Han vuelto a conectar, a hablar, a compartir… Quizás, incluso a resolver una serie de cosas que a lo mejor llevaban años pendientes, han resuelto fantasmas del pasado o resentimientos. Y eso es algo muy positivo. 

En el día a día, muchas familias, e incluso personas que han estados solas, han aprendido a organizarse y a compartir. Y algo que a mí personalmente me ha emocionado, es la generosidad hacia desconocidos, hacia tus familiares y amigos. Todos hemos querido –incluso necesitado o exigido– querer ayudar a otros. 

Pero también hay mucho trauma y lo que se denomina síndrome de estrés postraumático en la población general y en los profesionales esenciales. Y, sobre todo, y tengo que decir que a mi también me ha pasado, lo que se denomina el trauma vicario. 

¿Trauma vicario?

Nos pasa sobre todo a los que nos dedicamos a ayudar, o somos cuidadores, o estamos dentro del sistema de salud. Llega un momento en que el sufrimiento ajeno se convierte en propio, además del que tú también tienes. 

Volvamos a los aprendizajes…

Ha habido muchos aprendizajes, sigue habiendo. Esto todavía no ha terminado, lamentablemente. Muchos –no todo el mundo– hemos tenido la oportunidad de revisar y de aprender a no dar por hecho y a ser agradecidos. Y sobre todo un concepto que trabajo mucho, especialmente con gente joven: además de esos derechos que uno siente que debe reivindicar, tenemos una serie de deberes. Y para una buena convivencia es importantes colaborar, contribuir y ser coherente entre lo que pensamos, lo que decimos, lo que sentimos y lo que hacemos. 

¿Han cambiado las prioridades de la gente?

Pues sí, he visto que para muchas personas han cambiado las prioridades. Por ejemplo, prioridades en relación a las relaciones familiares o incluso sobre a qué dedico mi vida. Personas que a lo mejor no eran felices o no les gustaba su trabajo. O incluso personas que estaban involucradas en relaciones tóxicas y dañinas. Después de esta experiencia y de la reflexión y del análisis, han decidido ser valientes y dar un paso no solamente a la hora de buscar ayuda, sino de cambiar y de darse la oportunidad de mejorar. 

He trabajado con muchísimas parejas cuya relación estaba deteriorada, y esta situación tan dramática y dolorosa les ha ayudado o empujado a revisar su vida, cuáles son sus prioridades o sus objetivos. Y quizás también a priorizar el autocuidado. Y esto está directamente relacionado con la propia salud, no solamente la física, sino también la mental y emocional.  

La salud mental, la física, la emocional y la relacional son pilares esenciales, y si tenemos las cosas claras, si nos conocemos y sabemos esa diferencia entre lo que quiero, lo que necesito, lo que creo que debo hacer, dónde están mis compromisos y propósitos, podremos ordenar nuestras prioridades, y también trabajar la diferencia entre lo que es urgente, lo que es importantes y lo que puede esperar. 

Las redes sociales han jugado un papel bastante importante en nuestras vidas, especialmente estos dos últimos años. ¿Hemo desaprendido lo que es la convivencia con ellas?

Más que desaprender diría que continúanos aprendiendo. Parto de la idea de que las redes sociales, las nuevas tecnologías, son algo muy positivo. No solamente nos acercan al que está más lejos, sino que también nos da la oportunidad de poder informarnos libremente. Evidentemente es bueno saber dónde buscar. Pero que exista eso es libertad. 

Tenemos la libertad, pero como en todo entorno libre, también todo tiene su otra cara, ese lado oscuro. Las nuevas tecnologías no son el problema, es el uso que se hace de ellas. Son las personas que las utilizan. Hay quienes las quieren utilizar para algo constructivo, para aportar, para dar, para compartir, para enseñar, para ofrecer información, o para enseñar a pensar.  

Pero el ser humano es imperfecto, y ahí todos tenemos un lado oscuro. Quizás algunas personas son más perversas, más psicópatas, más dañinas y utilizan o manipulan. Ya sea o para fomentar el miento, o para controlar, o para hacer a las personas sumisas, y robarles esa libertad. El lenguaje, la comunicación, es fundamental, y qué comunicamos, o cómo comunicamos. Ahí hay un papel de responsabilidad que tenemos todos los que comunicamos. 

…sigue en el siguiente artículo…( II)