viernes, 4 de noviembre de 2022

¿Cómo ayudar a una persona alcohólica a no recaer?

CLÍNICAS CITA  |  Con la supervisión de “Psicología y Mente”  |  28/12/2021 

Consejos y estrategias usadas para ayudar a las personas adictas al alcohol a no recaer. 

El proceso de mantenimiento de la abstinencia, es decir, de no adicción, es complicado; por este motivo es importante no bajar la guardia y seguir trabajando para no recaer en el consumo.

Durante la realización de la terapia, es fundamental empezar a entrenar y concienciar al paciente de las posibles situaciones de riesgo de recaída que se puede encontrar en el camino, para que así las afronte de manera eficaz. Para este propósito existen programas específicos para prevenir la recaída del consumo de sustancias como el alcohol.

Del mismo modo, también será importante que el entorno cercano del sujeto como la familia y amigos colaboren, que lo refuerce, lo apoye y lo motive para seguir con el proceso y ayudarle a crear un ambiente sano, alejándole de estímulos, lugares, situaciones y personas que le inciten a consumir y de esta manera ser un soporte con quien puedan comunicarse, expresar cómo se sienten sin ser juzgado y les apoyen si necesita pedir ayuda profesional.

En este artículo encontrarás un resumen de las características principales del alcoholismo y algunas técnicas de ayuda y estrategias usadas por profesionales de la salud y por parte de personas del entorno de la persona adicta que se usan para ayudarle a prevenir las recaída en el consumo de alcohol.

Características del alcoholismo

El alcoholismo es uno de los trastornos por consumo de sustancias más comunes, clasificado en la quinta edición del Manual Diagnóstico de la Asociación de Psiquiatras Americanos (DSM 5) como patología capaz de deteriorar gravemente la calidad de vida de la persona. Estadísticamente surge de manera distinta según el sexo de la población, con una proporción del 12,2% en varones versus un 4,9% en mujeres. También hay diferencias según edad, con un 4,6% en sujetos entre 12 y 17 años en contraposición a los sujetos mayores de 18 años con un 8,5%.

Así pues, la edad de inicio del trastorno suele ser entre los 20 y 30 años, en la etapa de la juventud y en la que es frecuente consumir bebida alcohólica en contextos de ocio, presentándose normalmente la primera intoxicación por alcohol antes de los 20 años.

Del mismo modo, esta afectación también influye en la posibilidad de desarrollar otro trastorno comórbido, aumentando al doble la probabilidad de que aparezca otro trastorno psiquiátrico, siendo como el trastorno bipolar, la esquizofrenia, los trastornos depresivos y de ansiedad y el trastorno de personalidad antisocial.

El alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central, afectando y lesionando distintas áreas cerebrales como los cuerpos mamilares, que forma parte del sistema límbico y se relacionan principalmente con la memoria o como el tálamo, órgano de integración emocional y sensorial que envía y recibe información de la corteza cerebral. De este modo, el alcohol es la sustancia psicoactivas que repercute más en la vida personal, social y en la salud de los individuos afectados, aumentando el riego de suicidio y de mortalidad.

Maneras de ayudar a una persona a no recaer en el alcoholismo

Como sucede con otros trastornos adictivos, es probable que se dé una recaída en el consumo. Por este motivo será importante trabajar, preparar y dar herramientas a los pacientes para que puedan afrontar distintas situaciones de riesgo que aumentan la probabilidad de recaída tanto durante el tratamiento como sobre todo finalizada la terapia, cuando ya no recibe tanto apoyo, ya que el proceso de mantenimiento de la abstinencia es igual de complicado que el de desintoxicación.

Del mismo modo el soporte y trabajo que se da para evitar recaídas viene del terapeuta, pero también es fundamental y beneficioso que el entorno del paciente como su familia y amigos estén informados del problema y colaboren en el tratamiento y mantenimiento de la abstinencia.

Entrenamiento en prevención de recaídas desde el ámbito profesional

De este modo será fundamental empezar a trabajar con el paciente durante las sesiones de terapia las posibles situaciones de riesgo de recaídas y posibles consumos que se puedan dar. Por esta razón existe un modelo específico para la prevención de recaídas creado por Marlatt y Gordon; este plantea que hay distintas variables que influyen en la recaída, tanto individuales, fisiológicas, situacionales o socioculturales.

Estos autores apuntan como componente esencial de este entrenamiento explicar al paciente la diferencia que existe entre caída y recaída, ya que genera confusión, pero no son para nada lo mismo. En el primer caso, en la caída, solo se produce un consumo aislado, es decir el paciente ha vuelto a beber en una situación o momento puntual y específico. En cambio, la recaída sí que supone volver a adquirir el hábito de consumo.

De igual forma Marlatt y Gordon distinguen tres factores cognitivos que influyen en el proceso de recaída que son: la autoeficacia, que es la confianza propia para alcanzar tus objetivos, las expectativas de los resultados del consumo y la atribución de causalidad.

Así pues, se plantean programas específicos para la prevención de recaídas apareciendo componentes como la psicoeducación, donde se le enseñe la diferencia entre caída y recaída, al anunciarle que las recaídas son posibles y que no supone el fin del proceso de rehabilitación, no son un fracaso; tener en cuenta y analizar las variables que pueden hacer que recaiga; trabajar habilidades para hacer frente a estas situaciones de riesgo, entrenar para que se mantenga firme en el no consumo y trabajar el afrontamiento y estilo de vida para favorecer la abstinencia.

De este modo, es importante hablar con el sujeto de la posibilidad de recaídas para que así se pueda crear un plan de actuación para prevenirlas. Así mismo se le planteará todos los posibles estímulos y situaciones de riesgo que puede encontrar y tener especialmente en cuenta los que son de aparición más probable; por ejemplo, ciertas personas con las cuales normalmente bebía, lugares como bares y casas de amigos donde era habitual el consumo u objetos y momentos del día o días particulares que relacione con la bebida.

También pueden influir distintos eventos sociales, como por ejemplo la celebración de un cumpleaños o salir de fiesta donde encontrar alcohol es mucho más probable o el estado en el que se encuentre el individuo si está viviendo una situación de estrés. No olvidemos que el trastorno por consumo de alcohol puede presentar otras afecciones o trastornos asociados que pueden dificultar también el mantenimiento.

Así mismo, si el paciente es conocedor de los factores que le pueden llevar a recaer puede optar por evitarlos, es decir dejar de exponerse a ellos, por ejemplo será mejor que durante un tiempo no se relacione con el grupo de amigos con los que siempre consumía o en caso de no poderlo evitar como puede ser una época festiva, intentar estar acompañado y tener el soporte de un amigo que no vincule con el alcohol y refuerce así el no consumo.

Del mismo modo le recomendaremos que se relacione e interactúe con un ambiente sano, es decir que intente buscar nuevos lugares o se relacione con personas que no toman alcohol, ya que el ambiente donde se mueva será determinante para mantener la abstinencia. Puede ser favorable asistir a un grupo de soporte o de ayuda donde pueda interactuar con otros sujetos que estén en su misma situación reforzándose unos a otros y evitando estímulos perjudiciales para el proceso, también hay bares donde no se permite la venta de alcohol, ayudando a mantener el entorno sano.

Apoyo de las personas de su entorno

Como ya venimos explicando, obtener el soporte de la gente que le rodea, sobre todo de las personas más cercanas a la persona que ha desarrollado la adicción, será esencial, ya que estos ayudantes actuarán como apoyo y refuerzo en las situaciones donde se puedan dar dificultades y que quedan más allá del contexto clínico. Podemos entender a estos familiares y amigos como los "andamios" sobre los que se irá asentando el nuevo estilo de vida y conjunto de hábitos saludables cuando haya salido de las sesiones de terapia o del programa de tratamiento por ingreso en un centro de salud.

De esta manera es importante que estas personas mantengan un constante flujo de comunicación con los profesionales de la salud que han tratado o están tratando a la persona, de manera que dispongan de las pautas y consejos que se adapten a las necesidades del adicto y a la vez tengan información de fuetes fiables.

Como ayudantes de la persona que está superando el alcoholismo, ésta encontrará en nosotros un confidente con el que pueda expresar lo que se siente, qué dificultades está teniendo... y sin sentir la presión de los prejuicios y las constantes valoraciones morales. Intentaremos motivarla para que siga con el proceso y reconoceremos sus avances; cada pequeño progreso y día sin consumir es fundamental.

De igual modo, intentaremos ser comprensivos y un buen referente. Tendremos en cuenta las circunstancias de esa persona y procuraremos no efectuar nosotros una conducta que pueda precipitar la recaída como beber en frente de él, y no le forzaremos a hacer cosas por las que no se vea preparado como asistir a una fiesta donde seguro que habrá alcohol. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

Este es el tipo de ambición que ayuda a superarse sin pisar a nadie


PATRICIA RAMÍREZ      |     ABC (El lunes empiezo-Blog)     |    31/10/2021                                                                                  

El concepto de ambición tiene amantes y detractores. Ambición, definida por la RAE es “deseo ardiente de conseguir algo, especialmente, riquezas, dignidades o fama”. La primera parte, deseo ardiente de conseguir algo, ya contiene una expresión fuera de lo normal, “ardiente”. Pero la segunda parte referida a la riquezas o fama nos suele chirriar. Si relacionamos el concepto de ambición con cualquiera de los tres elementos, enseguida visualizamos a alguien corrupto, capaz de saltarse los límites legales, éticos y de todo tipo, con tal de conseguir su propósito. “Este tío es un ambicioso y le da igual todo”. Con ello queremos expresar que será capaz de pisar, humillar, guardarse información, traicionar o saltarse las reglas con tal de ganar. Tenemos asociado el concepto de ambición a esos tiburones de empresas que lo quieren todo a toda costa. Pero también a ese deportista incansable que compite lesionado, con dolor y que se deja hasta el último aliento para poder vencer su partido.

Para muchas personas la ambición es una esclavitud, porque las lleva a estar todo el día superándose, corriendo, buscando la perfección. No se dan tregua, lo quieren todo y lo quieren ya. Vivir con esa ambición es una agonía. Incluso fomenta sentimientos desagradables como la envidia. Ambicionas tener el sueldo, el coche, los músculos, la pareja, el estilo de vida hasta la paz de las personas a las que envidias. Y para ello te sometes a duras horas de trabajo, a entrenamientos extenuantes, y lo peor de todo, te saltas tu escala de valores. Dices que en tu escala de valores la familia es lo primero, pero le dedicas diariamente catorce horas al trabajo para no perder oportunidades y seguir en la primera línea de combate. Te saltas otros valores como la cooperación, la generosidadprestar ayuda, porque cuando lo haces acercas a ti a tu rival y lo que tú deseas es tenerlo lejos. 

La ambición negativa es aquella que te impide vivir de forma relajada, ser coherente con tu escala de valores y, sobre todo, dañar a otras personas en pro de tus intereses. 

La sana ambición, entendida como el entrenamiento en valores, disciplina, esfuerzo, método, para alcanzar los sueños que entendemos que nos van a hacer más felices o nos van a facilitar una vida más plena, y siempre y cuando no perjudiquemos a nadie, nos ayuda a tener una vida con más sentido. Es decir, la ambición puede ser una forma de ser que aporta un extra importantísimo. Puede ser una de las diferencias claves entre el éxito y el fracaso. Una persona ambiciosa puede sacar un plus de esfuerzo, de energía, de concentración, de voluntad, de ánimo, de lucha, de ideas, de todo. Un plus que le acerca a sus metas, a sus sueños. Y es que los sueños están muy caros y hay mucha gente queriendo conseguirlos. 

La ambición nos ayuda a mantener el sueño, a aspirar al máximo y luchar al límite. Nadie puede dar su “best” si no tiene un sueño que perseguir. La ambición puede ayudarnos a superarnos ante muchas situaciones. 

Si deseas una inyección de ambición, puedes seguir estos consejos:

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1.   1. La mentalidad depende en gran parte de lo que te dices a ti mismo. Una persona con ambición verbaliza lo que desea conseguir y en términos positivos. Las palabras y lo que te dices condiciona tu entrega.

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2.   2. Visualiza tu sueño, tan real como puedas. Cómo lo pelearás, qué te dirás, cómo te sentirás, lo que necesitas tener y hacer, el momento, tu seguridad, tu fuerza. Visualiza la toma de decisiones, tu actuación, todo. No dejes nada al azar de lo que se pueda controlar.


·        3. No pienses en las consecuencias de un error, en los “Y si…” o en lo que pueda fallar sin más.

 

·        4. No pierdas de vista tu motor. El para qué estás esforzándote es lo que te permite ser ambicioso y sacar fuerzas dónde otras personas tiran la toalla.


·        5. A cada problema que anticipes, busca una solución que te dé control.


·        6. Recuerda que tienes algo que te hace únic0


·        7. Gestiona las derrotas y los errores con curiosidad, no con frustración. ¿Qué tengo que cambiar la próxima vez? Trabaja tu resiliencia. Un golpe no te deja fuera del camino. Solo se analiza y se sacan conclusiones positivas.


·        8. Ten rutinas. Te ayudarán a mantener la concentración y el ánimo. Las rutinas te dan seguridad y te enfocan en tu objetivo.


·        9. Cuida tu lenguaje no verbal. Muéstrate firme y seguro. La imagen que das de ti no solo informa al exterior, también informa a tu mente. Tu cerebro interpreta tu postura y saca conclusiones sobre tu estado de ánimo. Una persona ambiciosa mira a los ojos, saca el pecho y despliega su confianza al resto del entorno.


·        10. Deja la duda en la primera papelera. Dudar de ti va en contra del comportamiento ambicioso. Una cosa es analizar y tener todo lo controlable bajo control, y otra, darle mil vueltas a todo pensando en que algo puede fallar, en que no sabes si lo lograrás. Tus mensajes son poderosos. Si dudas, fallas. 

La conducta ambiciosa no es la única vía para lograr tus sueños. De hecho, yo lo soy bastante poco. Pero sí es cierto que muchísimas personas necesitan ese puntito de adrenalina, de reto, de superación constante para seguir motivadas en el camino de sus sueños. Todas las personas tenemos un sueño por el que luchar, algo grande que conseguir. La ambición puede ser un motor para lograrlo. 

martes, 1 de noviembre de 2022

La razón por la que es imprescindible abrazar a tu hijo adolescente


PALOMA SANTAMARÍA      |      Madrid   |   eldebate.com      |      13/10/2022

Guiar a los adolescentes a través de este intrincado periodo de desarrollo es un auténtico reto para los padres

Tener un hijo adolescente es todo un reto para una familia. Las rabietas de la infancia se quedan en nada en comparación con los conflictos familiares que surgen entre padres e hijos al llegar a los 13 o 14 años. A los cambios físicos se unen los psíquicos y sociales: cuestionan a los adultos, los límites o las reglas en ese camino necesario hacia la edad adulta. Se desarrolla una percepción de quién es uno y se aprende a intimar con personas distintas de los miembros de la familia. 

Guiar a los adolescentes a través de este intrincado periodo de desarrollo es un auténtico reto para los padres. Pero ¿existe una fórmula mágica? 

Un estudio llevado a cabo en EE.UU. concluye que los padres que mantienen una crianza y una participación positiva con sus hijos sentaron las bases para una relación cercana cuando sus adolescentes se convirtieron en adultos. 

Greg Fosco, profesor de desarrollo humano y estudios familiares del Centro de Investigación de Prevención Edna Bennett Pierce en Penn State, e investigador principal, asegura que el estudio es uno de los primeros en examinar cómo los cambios en la participación de los padres, su calidez y la disciplina efectiva durante la adolescencia predicen la calidad de las relaciones entre los padres y sus hijos adultos jóvenes.


El desafío del adolescente 

En el estudio, publicado recientemente en Developmental Psychology, un equipo de investigación encuestó a 1.631 participantes de familias de áreas rurales y semirrurales de Pensilvania e Iowa con hijos con edades comprendidas los entre 11 y los 16 años. Pasado el tiempo, cuando tenían 22 años, repitieron las encuestas.


Los padres mantuvieron una crianza positiva sentaron las bases para una relación cercana cuando sus hijos adolescentes se convirtieron en adultos»Greg Fosco 

Cuando los hijos llegan a la adolescencia, a menudo los padres expresan menos calidez y afecto, pasan menos tiempo con sus hijos adolescentes y se vuelven más duros en su disciplina. De esta forma mantenerse involucrado en la vida del adolescentes y permanecer cerca de ellos mientras buscan una mayor independencia y autonomía es todo un desafío, sin embargo, el profesor de Desarrollo Humano y Estudios Familiares afirma que, a pesar de que la crianza en estos años es difícil y diferente, «nuestra investigación muestra que los padres que pudieron mantener una crianza y una participación positivas sentaron las bases para una relación cercana cuando sus hijos adolescentes se convirtieron en adultos», aseguró Fosco.


La importancia de decir 'Te quiero' 

Aquellos que experimentaron niveles más altos de calidez de los padres en los primeros años de la adolescencia aseguraron sentir más cercanía y calidez con sus madres y padres cuando tenían 20 años. «Este es un gran recordatorio para decir las cosas importantes de la vida, como 'te quiero' o 'me preocupo por ti', o expresiones físicas como un abrazo o una palmada en la espalda», afirma Fosco.

Por su parte, Shichen Fang, del Departamento de Psicología de la Universidad de Concordia, declara: «Los padres deben evitar los castigos excesivos y los gritos a sus hijos adolescentes, y trabajar para mantener la calma y ser constantes en el cumplimiento de las reglas familiares», y añade: «Los adolescentes quieren sentirse respetados y tratados como adultos. Es importante establecer razones claras para las reglas familiares y sus consecuencias». 

Potenciar vínculos 


      Con base en los hallazgos del estudio, los profesores sugieren actividades en familia para potenciar el vínculo padre/madre-hijo/hija:

·       Hacer algo juntos, practicar deportes, montar en bicicleta, hacer ejercicio, caminar, cocinar, asistir a eventos o salir a tomar un postre.
 
·        Trabajar en un proyecto de la casa.
 
·        Hablar sobre lo que está pasando en el colegio.
 
·       Discutir lo que quiere hacer en el futuro.

domingo, 30 de octubre de 2022

Inma Puig, psicóloga en El Celler de Can Roca: "El poner límites es el ansiolítico más poderoso que hay"


LUCÍA CANCELA       |      La Voz de Galicia      |      22/09/2022 


La especialista, que también fue terapeuta del Fútbol Club Barcelona, asegura que no hay que reprimir los celos o la envidia, «sino conocer su porqué» 

Inma Puig tiene el truco cogido a las relaciones dentro de la empresa. Para bien y para mal. Sabe de celos entre compañeros, de empatía, de comportamiento. Tanto del empleado, como de la propia entidad. Se licenció en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona, y desde entonces, ha ido tejiendo su perfil profesional hasta ser contratada por los más grandes de cada ámbito. Fue la terapeuta del Fútbol Club Barcelona entre el 2003 y el 2018, y desde el 2013 dirige el proyecto Gestión de las Emociones en el alabado El Celler de Can Roca, de los hermanos Roca, tres veces Estrella Michelín. 

 

—Tiene una amplia experiencia tanto en clubes deportivos como en grandes multinacionales, y en alguna ocasión ha comentado que no son tan diferentes como parecen. ¿Por qué? Yo encuentro unas cuantas distinciones entre un restaurante y un equipo de fútbol. 

 

—Fíjate que lo parecen, pero no lo son. Llevo 40 años ejerciendo como psicóloga clínica en ámbitos que aparentemente son muy diferentes, como la consulta privada, empresas multinacionales, firmas familiares o el mundo del deporte. El trabajo entre ellos sí cambia, pero el mío no. Yo siempre me dedico a lo mismo, a las personas. 

 

—En su libro La Revolución Emocional habla de la sostenibilidad emocional. Ahora que estamos muy acostumbrados a ver esta palabra en muchas partes, ¿a qué se refiere usted?

 

—Primero hay que distinguir esta terminología que muchas veces confundimos. Una emoción es una respuesta primaria automática ante un estímulo externo. La sentimos en nuestro interior pero la manifestamos a través de nuestro cuerpo, de una forma fisiológica. Tenemos cambios orgánicos, si te dan un susto, gritas; si tienes vergüenza, te pones colorada y si tienes angustia, sudas. Sin embargo, no debemos confundirlo con los sentimientos, que son una respuesta que damos a cada emoción. De hecho, solemos interpretar la emoción teniendo en cuenta las experiencias pasadas. Digamos que es una evaluación consciente de las emociones. Una vez esto queda claro, las emociones sostenibles consisten en tener en cuenta las propias, y las de los demás. Hoy en día, nos preocupa que los recursos que utilizamos tengan un futuro en el que los agotemos. En cambio, a nivel emocional no tenemos en cuenta si al otro le duele algo, ni si le molesta, ni cómo va a quedar después de mantener una relación con nosotros. Eso es lo que implica la sostenibilidad emocional, y es algo a cuidar porque de lo contrario dejaremos un futuro más complicado. 

 

—También está al mando de los fogones en el proyecto Gestión de las emociones, del Celler de Can Roca, ¿cómo se trabaja la gestión de las emociones en un súper restaurante?

 

—En un súper restaurante suceden las mismas cosas que en uno normal y corriente. Hay que tener en cuenta cómo influye tu trabajo en el día a día en tus emociones, y cómo estas afectan a los que están trabajando contigo. En el Celler, mediante distintos grupos de trabajo (recepción, comunicación, cocina, sommeliers o talleres) siempre decimos que cocinamos a baja temperatura los sentimientos y destilamos las emociones. La destilación consiste en extraer lo más importante a la esencia para recuperarlo mejorado, y cocinar a baja temperatura es una forma de cocción en la que se tienen en cuenta las características de cada producto. De hecho, cada uno tiene una temperatura de cocción ideal que permite que no se pierda ninguna de sus propiedades. Esto sucede igual con las personas. Si a una persona la tratamos en función de qué es lo que necesita para sentirse cuidado, qué es lo que mejor le va, también habrá una mayor sostenibilidad emocional.

 

—¿Cómo de importante es que las empresas inviertan en la gestión de las emociones de sus trabajadores?

 

—Importa mucho, e independientemente de que estemos colaborando con la sostenibilidad emocional de las personas que nos rodean, también puede haber una razón más egoísta y económica. Cuando un trabajador se siente cuidado, rinde mucho mejor. Un equipo de personas que sienten que los respetan, pueden crecer y notar que tienen un valor. Por ello, darán lo mejor de sí mismos como simple agradecimiento. En cambio, cuando sienten que no respetan su vida y que no se les tienen en cuenta, se irán protegiendo de forma inconsciente y una forma de hacerlo es no dar todo lo que tienen dentro. 

 

—Entonces, ¿cómo recomienda motivar a los trabajadores?

 

—Hay muchas prácticas y obviamente, depende de las características de la empresa y del trabajo. Pero sobre todo es una cuestión de actitud. El responsable de una empresa tiene que cuidar a sus trabajadores. Esto se vio de una forma muy clara durante la pandemia. Aquellos empleados que se sentían valorados respondieron mucho más en pro de la empresa que aquellos que sentían lo contrario. 

 

—En el día a día, ¿cuál cree que es el error más grande que se comenten con los sentimientos ajenos?

 

—El error más grande es no saber qué es lo que a ti realmente te sucede, a nivel emocional, cuando el otro te cuenta algo que le causa una emoción. Por ejemplo, en el caso de que alguien haya sufrido una pérdida, y esté muy triste y llorando, uno ha de saber que las emociones de la persona que lo está pasando mal conectan con las suyas de cuando tuvo un mal momento. La respuesta más habitual es decirle que salga y que se divierta, quitarle importancia. Pero esta respuesta va más por nosotros que por ellos, porque estamos respondiendo ante algo que nos incomoda. Cuando esto sucede, lo que busca la otra persona es simplemente que la escuchen, no quiere consejos. Y el simple hecho de hacerlo, le hará sentir mejor. 

 

—¿Y sabemos escuchar?

 

—No sabemos. No estamos acostumbrados a escuchar de forma neutral para poder ayudar al otro, y al no hacerlo, no sabemos qué es lo que nos está pidiendo. Todo lo queremos deprisa, cuando el otro está hablando ya pensamos en qué vamos a responder sin que haya terminado. Escuchar es un regalo maravilloso que nos hace alguien que nos cuida. La naturaleza nos ha puesto dos oídos porque escuchar es el doble de importante que hablar. Si quieres atender al otro, hay que escuchar el doble de lo que se habla. Con un oído, atendemos a los que nos dice, y con el otro, a lo que no. 

 

—Otro de los grandes errores que usted atribuye es resistirse a compartir los sentimientos, ¿por qué sigue sucediendo?

 

—Totalmente. Es algo que viene de antes porque a la gran mayoría se nos ha educado en que compartir sentimientos y emociones nos hace más vulnerables, y no es así. La sensibilidad es una fortaleza. Hemos de tener presente que el pasado fue de los fuertes, pero el futuro es de los sensibles.  

 

—Pero entre las generaciones jóvenes está cambiando. Normalizan las conversaciones sobre sentimientos o acerca de ir al psicólogo. 

 

—Sí porque hay más conocimiento. La persona que dice que no quiere ir al psicólogo es por desconocimiento, porque muchas veces no se sabe hasta qué punto puede ayudar el hecho de que alguien externo a tu vida te escuche, alguien en el que puedes confiar y con el que puedes compartir preocupaciones, alegrías o tristezas. 

 

—Ahora se habla mucho de poner límites. ¿Cuándo son útiles?

 

—Siempre, porque solo te pondrá límites el que te quiera o te cuide. No hay nada más peligroso que un niño al que nunca se le han puesto límites, porque va a entrar en caos de un momento a otro. El poner límites es el ansiolítico más poderoso que hay. Por ejemplo, es muy diferente cuando empiezas un trabajo y sabes todo al respecto (tareas, posición, horario o salario), de cuando llegas sin saber lo qué esperar. El que conozca los límites, se centrará más y lo hará mejor. 

 

—Para despedirnos. Hemos hablado de emociones y lo importantes que resultan en el entorno laboral. Sin embargo, pienso en aquellas más negativas como la envidia, los celos o el egoísmo, ¿hay que reprimirlas?

 

—Las hemos de entender, saber el porqué. A veces los confundimos, y por ello obtienen un trato social muy diferente. Con los celos somos más condescendientes. La envidia no se suele tener a una persona, sino a lo que posee esa persona. Y esa persona nos genera resentimiento. Es una relación entre dos individuos y ni siquiera es necesario que se conozcan. En cambio, los celos aparecen entre personas que se conocen, y como mínimo involucran a tres personas. Surgen porque hay alguien que tiene una relación con otra persona, y la aparición de un tercero lo vive como una amenaza que trata de desestabilizar esta unión. ¿El resultado? Se siente mal. Pero cuando esto le pasa a un niño pequeño, todos somos muy condescendientes y decimos: «Ay pobre, mira qué celoso está de su hermano». Eso sí, con los adultos no lo somos tanto. 

viernes, 28 de octubre de 2022

No poder levantarse de la cama: cuando los ánimos fallan


VALERIA SABATER       |      La Mente es Maravillosa     |     20/10/2022

Esos días en los que las sábanas parecen pesar una tonelada, tanto que resulta imposible encontrar la energía para salir de la cama. ¿A qué se debe esta experiencia? ¿Hay un problema de salud detrás o estamos lidiando quizá con un problema psicológico?

Si hay algo que nos repiten con frecuencia es que cada mañana, nada más abrir los ojos, visualicemos esos motivos que nos ilusionan para empezar la jornada. Ahora bien, ¿y si no hallamos ninguno? ¿Y si los ánimos han desaparecido por las cañerías de la apatía? En efecto, hay épocas en que uno no encuentra las fuerzas y motivantes suficientes para empezar el día, para vestirse y luchar contra el mundo o bailar con él. 

No poder levantarse de la cama es una experiencia recurrente entre quienes lidian con el desánimo; no es preciso estar bordeando ya el abismo de una depresión. Hay momentos en los que, por diversas circunstancias, nos cuesta mucho más quitarnos el pijama y activarnos. En ocasiones, un trabajo estresante apaga las ganas y las energías por salir del refugio plácido de las sábanas.

Con esto queremos decir que no es preciso patologizar el estrés puntual o el cansancio acumulado. Todos tenemos derecho a transitar por esos momentos en que todo pesa, nada apetece y uno desearía estar una semana entera refugiado en la propia habitación. La vida no es fácil, y es comprensible experimentar estas sensaciones y percepciones ocasionales.

La clave es no dejar que dichas situaciones se alarguen en el tiempo. Las emociones de valencia negativa que no se gestionan pueden llegar a ser muy incapacitantes. Comprender lo que nos pasa nos ofrecerá herramientas para afrontar mejor lo que nos sucede. Veámoslo. 

La depresión afecta a las personas de varias maneras, una de ellas es tener la necesidad de estar más tiempo en la cama. Sin embargo, no todos los pacientes evidencian esta característica.

Hay muchas razones que pueden dificultarnos el salir de la cama para empezar el día. Clarificarlas es el primer paso.

No poder levantarse de la cama: ¿por qué ocurre? 

Una cosa es que seamos algo remolones y nos cueste salir de la comodidad plácida de nuestra cama y otra muy diferente es no poder salir de ella. No tener fuerzas, ánimos y la capacidad para dejar las sábanas y vestirnos define una realidad mucho más complicada. Es importante hacer esta distinción, porque hay problemas de salud física y mental que pueden imposibilitar a una persona el empezar el día. 

Son muchos los hombres y mujeres que, poco a poco, ven cómo su vida cambia. Tienen dificultades para acudir puntualmente a su trabajo. E incluso se sienten incapaces de responsabilizarse de las tareas más básicas del hogar y del día a día. A estas vivencias se le añade el pinchazo inevitable de la culpa y la desazón por no poder cumplir con las propias obligaciones. 

Ante este panorama personal es imprescindible actuar. No podemos dejar para mañana ese malestar que limita la propia calidad de vida. Veamos qué media en la experiencia de no poder levantarse de la cama. 

La dysania define la incapacidad absoluta de salir de la cama. En estos casos, se trata de una característica de la depresión mayor.

Trastornos del sueño, algo más que dormir mal

Insomnio, apnea del sueño, síndrome de las piernas inquietas Hay muchas alteraciones del sueño que pueden mediar en el hecho de que nos cueste levantarnos. El mal cansancio nocturno, los despertares constantes o incluso trabajar por turnos y tener a veces que dormir de día puede hacer que nos sintamos de este modo.

La glándula tiroides y las alteraciones en nuestra salud 

Cualquier alteración en la glándula tiroides alterará múltiples áreas de nuestro bienestar. Así, aunque siempre pensamos en que lo más común es subir de peso o perderlo, lo cierto es que hay muchos más síntomas asociados. El hipotiroidismo, esa condición en la que se produce una desaceleración del metabolismo, suele cursar con somnolencia excesiva. 

Ante situaciones de cansancio excesivo y cualquier otro cambio en nuestra salud, no lo dudemos, acudamos al médico. Un estudio de la Clínica Mayo, por ejemplo, incide en que las alteraciones de la tiroides se relacionan de manera directa con los trastornos del sueño.

Dysania, la razón de no poder levantarte por la mañana 

La dysania es una realidad clínica que cursa con no poder levantarse de la cama. No es que la persona experimente cierta desgana o que tenga más sueño de lo habitual. Se trata de una incapacidad fisiológica real para llevar a cabo este acto tan cotidiano. A veces, a pesar de haber logrado levantarse, vestirse y salir de casa, se ve con la necesidad urgente de volver a la cama. 

Esta condición no es una enfermedad por sí misma, sino el síntoma de un problema de salud subyacente. Por lo general, la dysania cursa con un trastorno depresivo mayor o con el síndrome de fatiga crónica. 

Trastornos psicológicos asociados: cuando el ánimo nos incapacita 

Cuando no tenemos un diagnóstico claro que demuestre la existencia de un problema de salud, deberemos barajar otra posibilidad. A menudo, el no poder levantarnos de la cama se asocia a un problema psicológico. En estos casos, es imprescindible acudir a un profesional especializado. 

Veamos esas realidades clínicas vinculadas a esta experiencia:

·        Depresión. Tal y como venimos avanzando, un síntoma común de los trastornos depresivos es la necesidad de pasar más tiempo en la cama, en soledad, y con las ventanas bajadas.

·        Ansiedad. Por término medio, las personas que lidian con la ansiedad suelen pasar las noches en vela rumiando pensamientos, ideas, recuerdos, etc. Esa energía mental y esa carga de emociones negativas y angustiosas imposibilitan el descanso nocturno. Y, en consecuencia, el poder levantarse por la mañana.

·        Trastorno bipolar. Los altibajos, es decir, pasar de la fase maníaca a la depresiva, hacen del trastorno bipolar esa condición en la que es muy frecuente no poder salir de la cama en ciertas épocas.

·        Los trastornos afectivos estacionales son otra causa muy conocida asociada con esa imposibilidad para empezar el día.

·        El trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), por ejemplo, se relaciona con alteraciones del sueño. En estos casos, siempre es recomendable que tanto médicos como psicólogos nos asesoren para tener una mejor calidad de vida en este aspecto.

 

En caso de que lidiemos con más de una semana sin poder encontrar fuerzas y ánimos para salir de la cama, es conveniente hablar con nuestro médico.

¿Qué hacer cuando los ánimos fallan y no podemos empezar el día? 

Una persona con depresión no se queda en la cama porque carece de objetivos y metas. No quiere salir de la cama porque todo aquello a lo que se aferraba está fallando. Cuando los ánimos decaen a ras de suelo, lo último que necesitamos son recetas fáciles; de ahí que no dejemos de hacer hincapié en la necesidad de solicitar ayuda especializada. 

Esa sería la primera estrategia. La primera línea de salida es entender qué nos sucede y dejarnos ayudar por personas expertas. A continuación, y siempre como estrategias secundarias o complementarias, podemos poner en práctica las siguientes claves: 

1. Deja entrar la luz natural a tu habitación

La terapia de luz es un recurso muy positivo para mejorar el estado de ánimo. Basta con permitir que entre la luz del sol del amanecer por la ventana para estimular el cerebro y facilitar un tranquilo despertar. 

2. Empieza el día con pequeños pasos

Tener que empezar el día con prisas mina el ánimo y la energía. Por ello, vale la pena poner el despertador un poco antes y permitirnos salir de la cama a cámara lenta, poco a poco, dándonos nuestro tiempo. Establezcamos rituales que nos sean gratificantes: poner música, prepararnos un desayuno que nos guste, etc. 

3. Cuidar nuestros horarios y ser regulares

Si nuestro trabajo y obligaciones nos lo permiten, procuremos tener unos mismos horarios para levantarnos y acostarnos. Comer a las mismas horas y apagar la tecnología dos horas antes de acostarnos también nos ayudará.

4. Planifica una experiencia motivadora cada día

Quedar con un amigo para tomar un café, comprarnos un libro, salir a pasear al campo, ir a clases de baile o pintura… Todos tenemos pasiones, gente especial con la que compartir tiempo. Un modo de mejorar el ánimo es activarnos conductualmente y realizando el esfuerzo por conectar con nuestro entorno y con esas aficiones que nos definen. Intentémoslo. 

Para concluir, las épocas en las que cuesta dejar el refugio cálido de la cama son comunes. A veces esta sensación se debe al cansancio o al simple estrés laboral. Sea como sea, podemos pasar a la acción para disminuir la intensidad de esas sensaciones