jueves, 22 de febrero de 2024

5 rasgos asociados a traumas de la infancia

 

Sergio De Dios González.     |     La Mente es Maravillosa     |     07/08/2023

Escrito por Edith Sánchez

 

Los neurocientíficos ya comprenden mucho mejor las características asociadas a los traumas de infancia. Esto posibilita el tener ya mejores terapias para superar dichos eventos del pasado.

La niñez es una etapa decisiva y trascendente en la vida del ser humano. Las impresiones físicas y psicológicas que se reciben durante esa etapa dejan huellas  duraderas en el cerebro. Por eso los traumas de la infancia impregnan por completo la personalidad y su influencia se prolonga a lo largo del tiempo.

 

Esto no quiere decir que no se puedan superar, o en el peor de los casos que no se puedan superar en una medida razonable. Que alguien haya vivido una infancia difícil no quiere decir que no se pueda llevar una vida plena. Sin embargo, esto suele requerir procesos terapéuticos o de una elaboración personal profunda.

 

Hay algunos rasgos que denotan la presencia de traumas de infancia no superados. Si tuviste una niñez difícil, vale la pena que revises si alguna de esas características está presente en tu forma de ser. Son excelentes indicadores para darte cuenta de que es hora de hacer algo por ti mismo.

 

El trauma no lo provoca la muerte, sino la vida. Uno puede morir sin saberlo. El nacimiento implica el trauma de la comprensión”. – Richard Matheson –

 

1.      Inhibición, un rasgo asociado a traumas de infancia

 

La inhibición  es el retraimiento de la personalidad. Es invisibilizar emociones y sentimientos. Es quedarse incluso en un rincón apartado de la propia vida. Es el caso de las personas que se cohíben de decir lo que piensan o de hacer lo que desean. Sienten miedo de hacerlo o sencillamente no se les ocurre nada.

·        Los traumas de infancia hacen que alguien se sienta inhibido para autoafirmarse en las distintas situaciones.

·        Lo que hay, en cambio, es hermetismoAislamiento. Gran dificultad para relacionarse con los demás y temor a los otros.

Hay personas que son introvertidas y por eso, no siempre son muy adeptas a las situaciones sociales. Sin embargo, no tienen problema en decir en voz alta lo que piensan o sienten. Actúan con autonomía.

En cambio, cuando hay traumas de infancia que no se han superado, la persona quiere pasar desapercibida, no llamar la atención. Es más, estudios como el llevado a cabo por William E. Copeland, de la Universidad de Duke, nos señalan que este es uno de los rasgos más característicos.

 

2.     Irascibilidad, mal humor, frustración

 

En las personas que no han superado sus traumas de la infancia suele percibirse un cúmulo de ira. No necesariamente son personas violentas. Lo que sí suelen ser es poco tolerantes a la frustración y dadas a reaccionar agresivamente. Parece como si siempre estuvieran a punto de explotar, aunque no lo hagan.

 

Su irascibilidad también se nota a menudo en su falta de paciencia para ciertas cosas. Al poco se cansan, pierden el interés, se enfadan. Esto se percibe por ejemplo a nivel laboral o en el académico. Les cuesta mucho formar equipos de trabajo.

 

3.     Infravaloración personal

 

Las personas que no han superado sus traumas de la infancia suelen tener también problemas para valorarse a sí mismas. O se sienten muy por debajo de los demás o se sienten muy superiores. Esto último es solo en apariencia. Un mecanismo para compensar la pobre opinión que tienen de sí mismos.

 

Por eso es usual que rechacen los halagos de los demás. Creen que nunca son lo suficientemente buenos. Por eso nunca terminan de confiar en los refuerzos emocionales, en las palabras de admiración. Les parece que se trata de un engaño o de una burla. No pueden entender cómo alguien tiene buen concepto de ellas, siendo que ellas mismas se detestan.

 

4.     Disculparse constantemente

 

Alguien con traumas de infancia siente que todo lo que dice o hace puede molestar a los demás. Por eso se disculpa frecuentemente. Pide perdón por cosas por las que no debería hacerlo. Se disculpa cuando va a hablar, como si no tuviera derecho a ello. O cuando va a entrar en un lugar o a salir de él, etc.

 

En ese tipo de acciones se ve la huella de una crianza restrictiva, quizás humillante y con pocas expresiones de afecto. Tales personas sienten como si tuvieran que pedir perdón por cualquier acción que les dé presencia en el mundo. Ese es precisamente uno de los grandes efectos de los traumas no superados de la infancia.

 

5.     Huir del conflicto o vivir en él

 

Las infancias traumáticas suelen desarrollarse en una familia altamente conflictiva. Un contexto en el que los desacuerdos y las agresiones eran la norma. Cualquier palabra o cualquier acto podían desencadenar problemas, recriminaciones e incluso humillaciones. Por eso la persona puede crecer con miedo o con fijación por el conflicto.

 

Quienes temen al conflicto, van a huir de él en cualquier circunstancia. Incluso son capaces de pasar por encima de sus propias convicciones con tal de evitar una contradicción. Los que se apegan al conflicto convierten todo en un problema. Se mantienen atados a la repetición de las conductas que aprendieron de niños.

 

Los traumas de infancia no se resuelven porque sí, o al menos rara vez lo hacen. Es necesario trabajar con ellos para que no terminen invadiendo la personalidad vetando por completo el crecimiento, la capacidad de ser felices. A día de hoy los neurocientíficos ya conocen mucho mejor los mecanismos del trauma y ello, es sin duda un avance a nivel terapéutico.

 

Así, estrategias basadas en la salud emocional, en la autoestima y esos enfoques basados en la psiconeurología del trauma dan buenos resultados


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista. 

martes, 20 de febrero de 2024

La regla de las 4R para criar a niños sin recurrir a castigos, según el psicólogo Rafa Guerrero


LUCÍA MOLINA     |     Vanitatis-El Confidencial     |     30/01/2024

El castigo ha sido objeto de un profundo escrutinio en la psicología infantil en los últimos años, debido a su notable influencia en el desarrollo mental de los niños

 

Frecuentemente, la educación convencional se ha caracterizado por su inflexibilidad, la imposición del respeto, el uso de coerción y la aplicación de sanciones. No obstante, en la actualidad, es cada vez más habitual observar un enfoque educativo distinto, que se fundamenta en el respeto mutuo y la comunicación. 

Precisamente, este enfoque educativo facilita el desarrollo de habilidades de empatía en los niños, ya que mantener una relación sólida con sus padres es esencial para que tengan confianza en su entorno y en sí mismos.

De esta forma, el psicólogo Rafa Guerrero, explica que los castigos son sustituidos por las consecuencias. Un tipo de enseñanza, que consigue muy buenos resultados en un medio-largo plazo y que tiene en cuenta el desarrollo y las necesidades del menor. 

Las consecuencias que se apliquen pueden ser de tipo natural, es decir, aquellas que se dan sin que los padres o maestros intervengan de ninguna manera, o bien pueden ser lógicas, en donde sí interviene el adulto. Sin embargo, para que una consecuencia sea efectiva, el psicólogo afirma que deben de seguir cuatro requisitos, que te describimos a continuación.

Respetuosa

La consecuencia debe de respetar al menor y tenerle presente en todo momento. El objetivo de este tipo de reprimenda es que aprenda, no que sienta miedo. Además, mostrar respeto hacia tu hijo es primordial para que estos confíen en ti y se sientan más seguros conforme pasen los años.

Razonable

Todas las consecuencias que apliques deben de ser sensatas y razonables, evitando la exageración en todos los casos. Si tu hijo no comprende la reprimenda, no aprenderá de ella. Si como padre le dices algo que no tiene sentido, los menores sentirán impotencia y frustración, que llevará a rabietas.

Revelada con anterioridad

La anticipación es uno de los recursos fundamentales, que los padres pueden usar con sus hijos en su crianza. Explicarles qué es lo que va a ocurrir si no hacen una determinada tarea o función es una herramienta muy útil de aprendizaje, pues ayuda a los niños a anticiparse sobre las consecuencias que pueden tener sus actos.

Relacionada

Por último, este punto tiene que ver con la segunda R mencionada, la de razonable. La consecuencia debe de tener una relación con el acto que se ha llevado a cabo. Es decir, si no existe una continuidad entre la acción y la consecuencia, es posible que lo que se esté aplicando sea un castigo. 

Siguiendo estas cuatro claves podrás ayudar a tu hijo a vivir una vida más plena, no solo consigo mismo, sino también con todo aquello que lo rodea. Los castigos pueden hacer sentir a los niños emociones de defensa como la rabia, el miedo o la tristeza.

Si se aplican consecuencias basadas en el respeto y la comunicación, los menores podrán aprender a comprender sus emociones y las de su entorno, logrando tener esa cualidad tan necesaria en la vida, la empatía.

domingo, 18 de febrero de 2024

El papel de la educación y la neuropsicología en el desarrollo y aprendizaje de los niños


ELENA VILLEGAS          |    Madrid      |     Hola         |        15/01/2024

¿Es posible facilitar la manera de aprender de un niño si conocemos el funcionamiento de su cerebro?


¿Y si la Ciencia nos indicara cómo ha de ser la enseñanza para optimizar el proceso de aprendizaje de los niños? Es decir, ¿es posible saber cómo y cuándo ofrecer ciertos conocimientos para asegurarnos de que el cerebro del niño está realmente preparado para recibirlos, procesarlos y, por tanto, aprenderlos? Es lo que hace la neuroeducación, que “es una ciencia que aporta evidencias a la educación”, señala Coral Elizondo, maestra, orientadora y profesora en el Máster de Neuroeducación Avanzada de la Universidad de Barcelona. La experta nos detalla que, gracias a esta disciplina científica, es posible saber “qué funciona y cómo en el aprendizaje de los niños”.

 

“No solo las investigaciones referidas a la cognición, al estudio de las neuronas o áreas cerebrales nos ofrecen esta información; desde hace muy poco tiempo, 3 ó 4 años, se incluye el estudio del cuerpo y las relaciones entre el cerebro y el resto de los órganos, de forma que se incide en la importancia de la respiración, de la postura, de la microbiota…”.

 

Lo que hace unos años parecía ciencia ficción y únicamente se basaba en la observación y en los conocimientos que la experiencia aportaba a los maestros es hoy una realidad a la que cada vez se le presta más atención. De hecho, cada vez es más habitual oír hablar de neuroeducación y de neuropsicología, términos que hace un lustro eran desconocidos para la gran mayoría de la población. ¿Por qué se ha producido este auge?, ¿qué diferencias aporta la neuroeducación respecto a la educación tradicional?

 

“La última década del siglo XX es considerada como la década del cerebro”, nos cuenta Elizondo. “El estudio del cerebro nos ha permitido conocer no solo cómo aprendemos, sino también cómo enseñar.


Por ejemplo, ahora sabemos el importante papel de las emociones en el aprendizaje como moduladoras del mismo o conocemos el efecto negativo del estrés e, incluso, en investigaciones recientes sabemos la importancia de la respiración y cómo influye en la memoria. Crear entornos acogedores y seguros en el aula, respetar los ritmos de aprendizaje, despertar la curiosidad y la creatividad, aprender del error, trabajar con retos y desafíos, potenciar las funciones ejecutivas, la metacognición, el pensamiento crítico, la mentalidad de crecimiento… son aspectos que diferencian la educación”. 

Neuroeducación y neuropsicología o cómo la unión hace la fuerza

Si cada vez se oye hablar más de neuroeducación, no menos ocurre con la neuropsicología. ¿Para que la primera sea verdaderamente eficaz ha de ir de la mano con la segunda? “La neuroeducación es una ciencia transdisciplinar y Tracey Tokuhama-Espinosa (investigadora y profesora de neurociencia del aprendizaje en la Escuela de Extensión de Harvard) explica perfectamente la conexión entre las distintas disciplinas y habla de la Ciencia de la mente, el cerebro, la educación y añade también la salud”:

 

·        La psicología aporta el estudio de la mente, de la cognición, de la motivación

·        La neurociencia estudia el cerebro, la conciencia, la atención, la memoria

·        La educación se centra en el aprendizaje a lo largo de la vida, en la didáctica, en la pedagogía

·        La salud estudia el bienestar físico, la nutrición, el sueño, el ejercicio físico

 

¿Es posible aplicar la neuroeducación en casa?

Más allá de cómo se estructure y se impartan las distintas materias y conocimientos en los centros escolares en función de la evidencia que aporta la neurociencia a la educación, ¿es posible aplicar esta evidencia en casa? ¿Podemos los padres ayudar a nuestros hijos a aprender mejor, tanto desde el punto de vista académico como desde el emocional? “En la actualidad no existe la figura del neuroeducador que, como defiende Francisco Mora (doctor en neurociencias por la Universidad de Oxford que es un referente en neuroeducación), guíe y oriente en la educación, pero sí que hay pautas sencillas para trabajar en casa con nuestros hijos que nos pueden ayudar como padres”, asegura Coral Elizondo. 

 

En este sentido, la experta apunta la importancia del apego, cuya eficacia en el desarrollo intelectual y emocional del niño resulta evidente. Así, “generando vínculos positivos con nuestros hijos”, recomienda actividades tan sencillas como “potenciar el ejercicio físico en familia, salir al parque, andar en bici, patinar…”.


Añade la estimulación sensorial, pues “está demostrado que, cuantas más modalidades usemos, más potenciaremos el aprendizaje”, y otros aspectos básicos en el desarrollo integral de todo individuo, como son “la alimentación, el sueño, la socialización, el juego…”. Aspectos, todos ellos, esenciales para el crecimiento físico, emocional e intelectual de los niños.

 

viernes, 16 de febrero de 2024

¿Sabías cuál es uno de los pilares más profundos y complejos de la felicidad?

 

MARIANA ALVES GUERRA       |      Psicología Positiva     |     30/01/2024

 

Escribiendo la reseña para un libro de una querida amiga y colega (ya te enterarás), volví a conectar con este concepto del propósito. El propósito y sentido de la vida es el cuarto pilar del bienestar, la vía más profunda de alcanzar la felicidad y la más compleja de llevar a cabo. Cuando sabemos qué es lo que nos hace vibrar podremos florecer ante la adversidad.

Martin Seligman nos dice que una vida con sentido es la que pasa a formar parte de algo más elevado que nosotros, y cuanto más elevado sea ese algo, más sentido tendrá nuestra existencia. Sin embargo, el propósito es un término muy subjetivo, que atañe a cada uno de nosotros y suele ser complejo de descifrar. Y me gustaría agregar, que a veces buscar algo tan elevado puede ser contraproducente, aún más si eres perfeccionista. Así que me gustaría que pudieras bajar esta idea a tierra y quitarle tanto peso, a través de los siguientes ejercicios:

Descubre tu misión: Tu misión te pone en contacto con el propósito que quieres conseguir en esta vida, define cual podría ser tu aporte a la sociedad; las huellas que podrías llegar a dejar en otros, sin importar qué tan pequeñas creas que sean.

Permite que afloren cualidades que tienes, los dones con los que has venido y tus habilidades naturales. Estas capacidades innatas te muestran las actividades en las que puedes desarrollarte con facilidad, te conectan con lo que te gusta hacer, te hacen sentir que eres útil, que tienes algo para dar a la comunidad.

Algunas preguntas que pueden orientarte para encontrarlas son: 

¿Cual es el propósito más grande con el que deseas comprometerte?

¿Qué legado te gustaría dejar en este mundo?

¿A través de qué capacidades puedes expresarte?

¿Qué te apasiona hacer?

Construye tu visión: La visión es esa imagen interna que te conecta con tus sueños. ¿que sueños tienes pendientes?, ¿cómo te ves en un futuro? La visión es lo que te permite visualizar cómo quieres ser en un futuro como individuo, cual es el estado al que deseas llegar y que situación quieres hacer realidad. Te guía para alcanzar ese estado deseado. Tu visión te conecta con la orientación que quieres darle a tu vida. Algunas preguntas que pueden guiarte para encontrar tu visión son:

¿Qué aspiras llegar a ser?

Qué estado deseas lograr?

¿Qué capacidades te gustaría desarrollar?

¿En qué ámbito te gustaría desplegarlas?

¿Cómo te ves de aquí a unos años?

¿Qué situación te gustaría hacer realidad?

Valores: Los valores son las pautas que orientan nuestro comportamiento y nos permiten realizarnos como personas. Nos facilitan la ejecución de determinadas acciones y nos restringen en otras. Nos permite evaluar entre lo bueno y lo malo. Nos guían en nuestras elecciones y nuestros intereses. Cuando conocemos los valores de una persona, podemos predecir su comportamiento. Un vínculo de confianza se construye cuando se comparten los mismos valores. 

¿Qué valores te guían para lograr tus objetivos laborales?

¿Qué valores están presentes en tu relación de pareja?

¿Cuáles son los valores que imperan en tu familia?

¿Qué valores pones en juego en tus amistades?

Construye tu propio marco de valores

Para tener una buena calidad de vida y vivirla con un sentido, es necesario poner en práctica nuestras habilidades, talentos y conocimientos, enfocados a una meta específica para poder ayudar a otras personas de forma directa o indirecta.

Lo importante es tener esa brújula interna que nos vaya guiando para que no perdamos el camino, porque sabemos que tenemos un destino a donde ir y que debemos disfrutar del trayecto para sentirnos plenos. 

Pon manos a la obra y acércate a tu propósito. Toda existencia tiene sentido, solamente hace falta descubrirlo.