lunes, 4 de marzo de 2024

¿Sabes qué es un niño 'ancla' y la presión que llevan estos niños a sus espaldas?


ELENA VILLEGAS     |     Madrid     |     hola.com-padres     |   20/02/2024

Son los padres quienes ejercen esa presión sobre sus hijos y, si bien no siempre lo hacen de manera consciente, tiene importantes repercusiones en los menores

 

Hay muchos tipos de familias, como bien sabemos. Y muchas situaciones personales que arrastran cada uno de los miembros que interfiere directamente en la estructura de cada núcleo familiar y de cada individuo que lo conforma, incluidos los niños. Así, “en el complejo entramado de la vida familiar, a menudo encontramos a niños que, a una edad temprana, se ven obligados a asumir responsabilidades que van más allá de su desarrollo y capacidad”, nos indica Paola Porrúa Ocejo, psicóloga clínica y neuropsicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques. Son los llamados niños ancla o niños bastón, una expresión que describe a aquellos menores que, “debido a circunstancias familiares difíciles o desafiantes, se convierten en pilares de apoyo y cuidado dentro de su hogar”.

 

Asumen, por tanto, roles que no les corresponden y, si bien los progenitores pueden no ser conscientes de la situación, la realidad es que las repercusiones “pueden ser devastadoras tanto en el núcleo familiar como en el propio niño”.

 

Los roles que asumen los hijos ancla pueden ser de muy diversa índole, “desde ocuparse de hermanos más pequeños, realizar tareas domésticas hasta brindar apoyo emocional a los adultos en situaciones difíciles”, detalla la psicóloga. Y, del mismo modo, las circunstancias dan lugar a esa situación son también diversas, “como la enfermedad crónica de un padre o madre, el abuso de sustancias, la ausencia de uno o ambos progenitores, padres ausentes, entre otras”. La cuestión es que, se deba a un motivo o a otro, las consecuencias en el desarrollo y en el bienestar del pequeño son casi inevitables.

 

Repercusiones para el niño que se ha convertido en un ‘hijo ancla’ 

“Debemos tener en cuenta que la ley de vida es siempre descendente, los padres, los hijos, los nietos, los biznietos… y lo mismo es lo que ocurre en torno al amor, ya que siempre se da preferencia al más débil, con lo cual también es descendente; pero cuando se toman responsabilidades exigidas en el ambiente familiar que se relacionan con la supervivencia, todo cambia y se trastoca”.

 

El hecho de que un menor asuma un papel que no le corresponde “genera en sí una personalidad

no sana”, advierte Paola Porrúa. Ya se trate de un niño de muy corta edad, ya de un adolescente, le afectará de una manera u otra. “En primer lugar, esta situación puede generar estrés, ansiedad y sentimientos de sobrecarga emocional en el niño”.

 

A esto hay que añadir que el que tenga que “lidiar con responsabilidades propias de los adultos puede interferir con su desarrollo emocional y social, así como con su rendimiento académico”, puesto que no puede dedicar su tiempo a estudiar ni a relacionarse con otros niños de su edad mientras ejercen las funciones que les han encomendado sus padres.

 

“Además, los niños ancla pueden experimentar sentimientos de culpa por no poder disfrutar de una infancia sin preocupaciones y por no poder cumplir con las expectativas impuestas sobre ellos. Este tipo de situaciones insanas pueden traer problemas y dificultades graves tanto psíquicas como emocionales en su vida adulta”.

 

¿Es posible que un hijo ‘ancla’ deje de serlo? 

Teniendo en cuenta las repercusiones que el hecho de ser un hijo ancla puede implicar para el niño y el sufrimiento que puede haber detrás de haber llegado a esa situación, “es esencial brindar apoyo tanto a los niños ancla como a sus padres para abordar esta situación de manera efectiva”, dice con contundencia la psicóloga del centro Loreto Charques. Para ello, los pasos que recomienda seguir son los siguientes:

 

1.      Identificar y reconocer la existencia de los niños ancla en el entorno familiar y comunitario, así como proporcionarles un espacio seguro para expresar sus preocupaciones y necesidades.

2.     Ofrecer recursos y servicios que ayuden a aliviar la carga de responsabilidad del niño, como programas de cuidado infantil, apoyo psicológico y asistencia social, es fundamental.

3.     Proporcionar orientación y capacitación a los padres para que puedan identificar y abordar las causas subyacentes de la situación, así como desarrollar habilidades parentales positivas y efectivas.

4.     Fomentar un ambiente familiar y comunitario donde se promueva la equidad de género, el respeto mutuo y la colaboración en la crianza de los hijos puede ayudar a reducir la presión sobre los niños ancla y crear un entorno más saludable y solidario para ellos y sus familias

 

“En resumen, los niños ancla representan un desafío complejo que requiere una respuesta compasiva y proactiva por parte de la sociedad en su conjunto. Al reconocer, comprender y apoyar a estos niños y sus familias, podemos ayudar a romper el ciclo de la responsabilidad excesiva y brindarles la oportunidad de disfrutar de una infancia plena y feliz”, señala Paola Porrúa Ocejo. “La jerarquía familiar, sin duda, es un papel bastante importante que debemos respetar ante cualquier situación, por difícil que sea, ya que de lo contrario puede traer un desequilibrio que pone en riesgo a la unidad familiar”.

sábado, 2 de marzo de 2024

5 señales de baja salud mental que no habrías pensado que lo eran

ELENA SANZ         La Mente es Maravillosa     |     04/10/2023

La baja salud mental no siempre se manifiesta de forma clara y llamativa. Existen indicadores menos evidentes que también puede ser una señal en este sentido.

La salud mental no es una dimensión ni una dicotomía. La cuestión va más allá de estar sano o enfermo; por el contrario, existe todo un rango de posibilidades entre el bienestar absoluto y la enfermedad en el que las personas pueden situarse.

Por ello, podemos llegar a presentar ciertos síntomas que empeoran nuestra calidad de vida sin que estos constituyan un trastorno psicológico. Atender a estas señales de baja salud mental es fundamental para cuidar de nosotros mismos.

 

Todos tenemos áreas de mejora, eso es cierto. No existe un ser humano perfecto y siempre podemos trabajar en nosotros mismos para ser más felices y funcionales.

Señales de baja salud mental que no debes pasar por alto

 

En ocasiones, algunas dificultades entorpecen nuestro bienestar y, por estar tan centrados en la rutina y las obligaciones, terminamos normalizándolas. Por lo mismo, te mostramos algunos indicios importantes que quizá hayas pasado por alto.

 

1.     Procrastinación

¿Alguna vez has escuchado el dicho “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”? Pues bien, para las personas que procrastinan, este sería justo al contrario: “no hagas ahora lo que puedas dejar para más tarde”. Y es que la procrastinación consiste en posponer las tareas y obligaciones pendientes y dedicar el tiempo a cualquier otra actividad más agradable, pero innecesaria.

En un análisis superficial podríamos achacarlo a pereza o falta de voluntad, pero generalmente se debe a inseguridad y perfeccionismo. Cuando las tareas se perciben como demasiado complicadas, cuando la persona no se siente capaz de completarlas o de alcanzar el listón de autoexigencia, puede optar por postergarlas. Así, si tienes tendencia a procrastinar, es posible que necesites trabajar tu rigidez mental.

 

2.    Desorden y desorganización 

Existen algunos autores que defienden que un cierto nivel de desorden promueve la creatividad. Sin embargo, en muchos casos también parece que esta falta de orden, cuando se vuelve acusada, en los espacios físicos es un reflejo del mismo problema en el espacio mental.

Se ha evidenciado que las personas desordenadas se encuentran más insatisfechas con su vida y son menos productivas. Además, esta desorganización puede generar ansiedad, falta de concentración y trastornos del sueño, especialmente si se da en el dormitorio o en los espacios de trabajo.

Finalmente, si quieres conocer el estado de tu mente, échale un vistazo a tu entorno. Ese caos exterior puede ser una muestra de tu confusión interna y tu falta de dirección.

3. Síntomas físicos 

En ocasiones, olvidamos que cuerpo y mente están profundamente conectados; sin embargo, con frecuencia los síntomas físicos pueden ser una señal de baja salud mental.

Existen múltiples afecciones relacionadas de forma más o menos directa con el estado emocional, que surgen o se exacerban por el estado interno de estrés, nerviosismo o conflicto. Entre las más comunes se encuentran las siguientes:

·        Los problemas gastrointestinales.

·        Migrañas y cefaleas.

·        Prurito, dermatitis y otras afecciones de la piel.

·        Fibromialgia y fatiga crónica.

·        Bruxismo y dolores musculares.

 

En algunos casos existen causas orgánicas que dan lugar a la aparición de estos síntomas y en otras ocasiones estos se derivan directamente del malestar psicológico. Por ello, es importante acudir a un médico y realizar las pruebas pertinentes en todos los casos. Sin embargo, diversos tratamientos psicológicos se han mostrado eficaces a la hora de reducir el dolor y el malestar en muchas de estas patologías.

 

4.Cansancio

El cansancio es una manifestación subjetiva y ambigua que puede tener multitud de causas. No obstante, cuando este es prolongado y persistente, y no se deriva de una enfermedad física o de un exceso de actividad, puede ser un indicativo de baja salud mental.

Generalmente asociamos el cansancio con la depresión y otros trastornos afectivos; y es que, en efecto, la sensación de agotamiento, de apatía y de falta de voluntad es una de las más claras manifestaciones en estos casos. Sin embargo, este también puede ser el resultado de un elevado nivel de ansiedad. 

 

Y es que nuestro organismo no está diseñado para permanecer en constante alerta; los procesos de activación fisiológica y mental que se desencadenan y se prolongan terminan agotándonos y dejándonos exhaustos. Por ello, si te sientes constantemente cansado, no olvides que tu estado psicológico puede tener relación con lo que te ocurre.

 

5. Conflictos frecuentes 

Por último, algunas importantes señales de baja salud mental pueden encontrarse analizando el modo en que la persona se relaciona con otros. Si tienes conflictos constantes, con diversas personas y en diferentes ámbitos es probable que exista un motivo de fondo.

La irritabilidad es con frecuencia la máscara de la tristeza, del miedo o de la insatisfacción; por lo mismo, puede que tu susceptibilidad se deba a heridas internas que necesitan sanar.

 

Por supuesto, pueden existir otros motivos que den lugar a discrepancias y discusiones, como la falta de asertividad o habilidades sociales. Sin embargo, cuando no se ha realizado un trabajo interno, las personas podemos llegar a percibir o interpretar erróneamente los comentarios y actitudes de los otros en base a nuestros asuntos pendientes.

La baja salud mental puede tener muchas caras

Cuando pensamos en baja salud mental, solemos imaginar a una persona que está triste, angustiada o descontrolada. Sin embargo, las señales a veces son más sutiles. Aspectos como el entorno que nos rodea, las relaciones que mantenemos o las sensaciones corporales, pueden ser una señal de que algo no va bien. Y es que la salud es un concepto global que impregna todos los ámbitos de nuestra vida.

 

Por ello, si te sientes identificado en alguno de los anteriores enunciados, no dejes pasar la oportunidad de analizar qué está sucediendo y cómo puedes mejorar tu situación. Y, sobre todo, recuerda que hay profesionales capacitados para ayudarte en este proceso.

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Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista. 

viernes, 1 de marzo de 2024

Cómo conseguir que te escuche tu hijo adolescente

 

TERRY GRAGERA     |     Madrid     |     HOLA     |   17/01/2024 

Durante la adolescencia, los hijos se separan de sus padres y la comunicación se resiente. ¿Qué hacer para conectar con ellos y que la relación no se convierta en una batalla? El profesor Jordi Nomen tiene las respuestas.

La adolescencia es imprevisible y por eso genera miedo en los que tienen que enfrentarse o convivir con ella. Pero detrás de la ‘mala prensa’ de esta etapa hay también mucho estigma y desconocimiento.

El profesor de Filosofía Jordi Nomen acaba de publicar su libro Cómo hablar con un adolescente y que te escuche (Ed. Arpa), un manual donde hace un extenso repaso por las herramientas que le han valido para construir relaciones de escucha y confianza con centenares de adolescentes. Hemos charlado con él.

Comenta en el libro que los adolescentes necesitan esa separación de los padres para crecer, pero que su familia continúa siendo su lugar seguro. ¿Cómo no distanciarse de los hijos en esta etapa cuando parece que ya no tienen interés en escuchar lo que dices?

La familia debe hacer un duelo por ese niño o niña que no volverá y disponerse a descubrir esa adolescencia que se va desvelando. Los adolescentes tienen que romper con la autoridad existente, para aprender a descubrir su propia autoridad. En el manejo de las ideas ganan seguridad en sí mismos, creando, poco a poco, sus propias opiniones. El pensamiento se va fortaleciendo y la argumentación y el manejo de la lengua también. No obstante, esa madurez no ha llegado todavía a la gestión de los sentimientos y emociones. Expresar cómo se sienten es ahora mucho más difícil que en la infancia. Debemos aconsejar a las familias que no se tomen el distanciamiento como algo personal. El conflicto que se genera es una puesta a punto. Deberíamos acercarnos a los adolescentes para hablar de forma superficial sobre lo que les gusta y compartir momentos de calidad emocional con ellos. Luego, algún día, por ese canal de comunicación que hemos abierto, llegarán las conversaciones más profundas, cuando ellos y ellas lo decidan.

 

Los adolescentes viven en el aquí, mientras que los adultos somos capaces de ver más allá. ¿Debemos adaptar nuestra comunicación a esa temporalidad de ellos o es bueno que les demos una visión más de futuro de la vida?

 

Debemos entender que su tiempo no es nuestro tiempo. El suyo se centra en el presente y vive focalizado en lo que se siente. Ya sabemos que bajo el imperio de las emociones, el tiempo se alarga o se acorta (si sufrimos o disfrutamos). Eso es lo que debemos entender los adultos, para empatizar con ellos y ellas. No obstante, no hay que olvidar que somos referentes, que nos observan de reojo, para ver cómo gestionamos nuestras decisiones y nuestras emociones. Los adultos somos ejemplos, aunque nunca lo vayan a admitir. Por lo tanto, más que hablar de ello (que también, si lo piden), deben ver que nosotros gestionamos el tiempo pasado, presente y futuro de forma más efectiva, analizando errores y previendo alternativas y consecuencias.

¿Cómo abordar cuestiones complejas en la comunicación con un adolescente cuando no muestra interés por escuchar?

 

El abordaje de cuestiones complejas no las decide el adulto; lo siento. Si forzamos la comunicación (lo que se suele llamar sermón), los adolescentes responden con el rechazo o la pasividad (según su personalidad). Por ello, hay que preparar el canal para que esté libre con conversaciones informales, superficiales, sobre sus gustos y realidades próximas. Cuando ese canal se ha creado con eficiencia, siempre que ellos y ellas quieran y lo necesitan, se van a acercar a hablar de temas más trascendentes. Cuando lo hagan, conviene más escuchar que hablar, repreguntar para captar lo que explican u opinar si lo piden (sin prejuicios ni estigmas). Si realmente hay algo que nos preocupa mucho debemos hablar poco y de forma directa, manifestando lo que creemos en mensajes casi de titulares, para separarse y dejar tiempo a la reflexión.

 

En las dificultades de comunicación con los adolescentes, ¿juegan algún papel los tiempos de atención tan cortos que suelen presentar? 

Naturalmente. Por un lado, necesitan romper el cordón umbilical por segunda vez (la primera, cuando nacieron) y gestionan la atención sólo sobre lo que les interesa y apasiona. Aquello que incomoda o les genera malestar lo posponen o lo eliminan. Por ello, los mensajes clave deben ser cortos y claros, y los adultos deben concentrar su comunicación en los espacios sencillos y superficiales que les apasionan (moda, juegos, sus compañeros y compañeras…). Si ese canal está abierto, ellos y ellas elegiran el momento del acercamiento reflexivo. Como generación digital, los adolescentes están acostumbrados a tiempos cortos e intensos.

 

¿Qué consejos seguir para que la comunicación con el adolescente vaya por buen camino?

Recapitulando, son necesarios varios factores. En primer lugar un vínculo basado en los límites y el amor, cara y cruz de la misma moneda. Un apego seguro en la infancia ayuda mucho a ello luego, en la adolescencia. En segundo lugar darles tiempo de calidad, con una atención plena, aunque lo que nos explican nos parezca intrascendente. En tercer lugar mostrar el empeño en ser coherentes –los adultos– entre pensamiento, palabra y acción. En cuarto lugar, grandes dosis de paciencia y autocontrol, con objetivos concretos y verificables. En quinto lugar, un tono de voz suave y comedido, sin perder el control. En sexto lugar, eliminar la discusión que enfrenta y sustituirla por el diálogo, que inquiere sobre el contexto. En séptimo lugar, evitar prejuicios y etiquetas, ofreciendo la oportunidad de enmendar los errores. En octavo lugar, dejar que se equivoquen y permanecer a su lado en equidistancia entre la desprotección y la hiperprotección. En noveno lugar, mantener altas expectativas sobre ellos y ellas, preparándose para sus fracasos también. En décimo lugar, recordar la propia adolescencia, presentándola con sus éxitos y sus fracasos.

 

¿Qué requisitos son necesarios para abordar una conversación importante en la que el adolescente no está interesado en participar?

Un diálogo bien conducido que no sea discusión (y enseñe a dilatar la primera respuesta al problema, que suele ser emocional) tiene unas fases:

a. Predisposición a hablar. No todos los espacios ni tiempos son idóneos. Hay que esperar a su momento, no forzarlo.

b. La escucha atenta, sin interrupciones ni juicios, de lo que nos cuenta.

c. Un hablar calmo y pausado, sin perder el control, sin gritos y con un lenguaje no verbal acorde a nuestra intención de escucha. Si quemamos las naves, no podremos volver a casa.

d. La duda ante el problema (intenciones, medios, consecuencias y circunstancias).

e. Preguntas para aclarar y reformular lo dicho, para asegurar el canal. “¿Eso es lo que querías decir?”,” ¿lo ves así?”…

f. Buscar las diversas alternativas de solución que podríamos considerar en función de lo dicho.

g. El cuestionamiento ético para tener en cuenta al otro —empatía— en la ecuación del problema, su punto de vista, para aproximar posiciones.

h. Evaluar la respuesta una vez se haya dado.  (i. Desentrañar los silencios que, a veces, comunican más que las palabras

¿Sirve de algo advertir de los riesgos sociales (alcohol, drogas...) a los adolescentes o ‘desconectan’ ante mensajes que no quieren escuchar?

El peligro es la posibilidad de recibir un daño y el riesgo la probabilidad de que ello ocurra. Además, los riesgos añaden el descontrol en una situación. Los riesgos dependen de tres factores:

1. La capacidad personal de manejo de los impulsos y los deseos.

2. El influjo de las amistades y su visión del riesgo.

3. La dimensión de oportunidad, las circunstancias en las que se presentan el peligro y el riesgo.

Los peligros y los riesgos se van a dar. No podemos encerrar a los jóvenes en una campana de cristal. Debemos ser conscientes de que van a experimentar un cierto grado de sufrimiento, porque así es la vida para todos. Quitar los obstáculos de delante no es una buena vía para superar esos obstáculos. Nosotros no vamos a estar siempre ahí donde surja el riesgo. Recordad el cuento de la Bella Durmiente en el que el padre, el rey, impone pena de muerte a quien tenga una rueca para impedir que su hija se pinche y se hagar ealidad la maldición. Y, a pesar de ello, se pincha. ¿No hubiera sido mejor trabajar el peligro y el riesgo? Así que sí, hay que advertirles, pero sobre todo fortalecer su capacidad de decisión, conocer cómo se mueve su grupo de amigos y tratar de valorar los contextos en los que se van a encontrar. Ello es un trabajo educativo que empieza mucho antes de la adolescencia. En la infancia hay que enseñarles a decir no cuando convenga y resistir la presión del grupo.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Las 6 cosas de las que más se arrepiente la gente al final de la vida, según el psiquiatra Enrique Rojas

 

MARÍA FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA     |     telva.com     |     27/11/2023   

El famoso psiquiatra español Enrique Rojas se adentra en las emociones, también en las que nos acompañan al final de la vida.

Enrique Rojas se adentra en el mundo de las emociones con su nuevo libro Comprende tus emociones (Espasa, 2023)- a la venta esta semana-, una guía clara y precisa para reconocer lo que sentimos y así tener el control y alcanzar el equilibrio emocional. El catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica y director del Instituto Rojas-Estapé de Psiquiatría, acaba de recibir  el premio Pasteur de la Asociación Europea de Competitividad por su trayectoria clínica. Uno de los temas que aborda en sus páginas son los pensamientos y emociones que nos pueden acompañar en el momento de la muerte. Como psiquiatra, Rojas ha acompañado a muchas personas en los momentos finales de su vida. Su experiencia acumula muchas historias vitales que nos regalan información para vivir mejor ahora que aún tenemos tiempo.

POR QUÉ NO NOS GUSTA HABLAR DE LA MUERTE

"Toda filosofía es meditación sobre la vida; se tarda tiempo en entenderla. Nos pasamos la vida pensando en el día de mañana. Y con frecuencia nos olvidamos de que la existencia se terminaLa muerte es la gran olvidada en la cultura actual. Ha desaparecido del panorama del pensamiento", explica Enrique Rojas. Sin embargo, añade, "cuando la muerte está realmente próxima, ya no se puede mirar hacia otro lado, entonces aparece la hora de la verdad y se suele tener una especial iluminación retrospectiva, son momentos estelares en los que, se quiera o no se quiera, hacemos cuentas con nosotros mismos; es muchas veces como un foco que repasa todo lo que ha ido sucediéndonos de aquí y de allá".

LAS 6 COSAS DE LAS QUE MÁS SE ARREPIENTE LA GENTE AL FINAL DE SU VIDA

1. De vivir para trabajar. "Son mayoría los que se arrepienten de haber trabajado demasiado. De pasar la vida con una sobrecarga profesional excesiva, de haber vivido para trabajar, y, en esos momentos estelares de lucidez total, sienten que su vida ha estado descompensada, que ha faltado equilibrio entre los diferentes ingredientes de los que debe ser la existencia de un ser humano", explica el psiquiatra.

2. De pasarlo mal sin necesidad. "Otra cosa de que una gran mayoría se duele es de haber sufrido mucho por asuntos y problemas que realmente no tenían tanta importancia", señala Enrique Rojas.

3. De no haber sabido disfrutar más de la vida. "Esto tiene un amplio espectro: desde no haber sido capaz de captar y gozar de cosas positivas de la vida ordinaria, en una especie de carpe diem (aprovecha el momento, vive esto y saboréalo), pasando por no haber planificado tiempo libre para uno y buscar esas satisfacciones según las aficiones que uno ha fomentado. Saber descansar también es un arte. Y, al mismo tiempo, ser organizado para dar lo que más nos relaja en el tiempo libre, que es una manera de retratarse", señala el experto.

4. De no haber dedicado más tiempo a la familia. "Hoy lo vemos esto con bastante frecuencia. De hecho, tiene mucha actualidad la figura del padre/madre ausente, que es aquel que no ha tenido casi influencia en la educación de sus hijos, por no tener tiempo y haber dejado esta tarea en manos de la madre/padre, porque la profesión le ha absorbido demasiado y no ha tenido presencia psicológica y afectiva con sus hijos".

5. De no haber tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los demás esperaban de mí. "En el fondo, esto tiene mucho que ver con atreverse a ser uno mismo. Saber desarrollar la propia personalidad, puliendo y limando las aristas y puntos negativos de la misma, con la ayuda de los más cercanos y, a la vez, trabajar el programa personal diseñado previamente, teniendo claros los objetivos y luchando y batallando por irlos alcanzando", explica Rojas.

6. De no haber tenido una espiritualidad más sólida, "que les diera respuesta a los grandes interrogantes de la vida", señala

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lunes, 26 de febrero de 2024

¿Cómo identificar a un psicópata y qué hacer si conozco a uno de ellos?. La recomendación de los expertos


El Cronista     |      27/12/2023

Los expertos en psicología han detallado cómo identificar a estas personas y qué hacer en caso de conocer a alguien con este trastorno-

Durante los últimos años, Netflix agregó a su catálogo dos series que tenían como protagonistas a personas psicópatas (You y Jeffrey Dahmer) que se convirtieron en éxitos rotundos y atraparon por completo la atención de los usuarios.

Sin embargo, convivir o socializar con alguien que sufra este trastorno de la personalidad caracterizado por la falta de empatía y manipulación hacia el otro puede llegar a ser riesgoso, aseguran los expertos. Por ello, es necesario saber cómo identificar a estos perfiles para estar alerta.

¿Cómo identificar a un psicópata?

La revista científica de ciencias sociales y humanidades UNIR la Universidad en Internet ha publicado un informe en el que explica que "la psicopatía se considera una alteración o trastorno de personalidad".

Aunque resaltan que son muchos los rasgos que pueden caracterizar al psicópata, las características que más suelen aparecer en estas personas son el narcisismo, la impulsividad o conductas de control y manipulación.

Por otro lado, el informe resaltó cuáles son los rasgos principales de la personalidad de un psicópata:

1.      Egocentrismo y narcisismo.

Los expertos en psicología subrayaron que el psicópata "se siente superior al resto", cree que todo lo que le ocurre es más importante y "es incapaz de asumir el punto de vista de otra persona".

2. Ausencia de empatía y remordimiento.

A pesar de que existen varias opiniones al respecto, algunos profesionales consideran que estas personan cuentan con empatía cognitiva, pero no emocional. Además, no son capaces de sentir remordimiento por ello

3. Necesidad de poder y control

Las personas con este trastorno buscan dominar y controlar hasta el último detalle y a las personas con las que se relacionan.

4. Estilo de vida parasitario

Otra de las características señaladas por los expertos es que "la persona que presenta psicopatía se aprovecha de los demás para desarrollar su vida o satisfacer sus necesidades fundamentales".

5. Manipulación

"En la psicopatía es muy habitual la manipulación y la falta de sinceridad", afirmó el informe de la revista UNIR.

6. Impulsividad

Por una menor activación de la corteza frontal y los aumentos de los niveles de testosterona, la impulsividad, la falta de planificación a largo plazo y el déficit de autocontrol son características de un psicópata.

7. Conducta antisocial y delictiva

Como último rasgo, el informe subrayó que "en muchos casos suele coincidir la psicopatía con la presencia de conductas criminales, pero no siempre es así".

Las recomendaciones de los expertos para tratar a un psicópata

Para finalizar, cabe señalar que el profesor Robert Hare, de la universidad canadiense British Columbia, aseguró que el 1% de la población "puede ser psicópata", pero que "no todos terminan siendo delincuentes", informó Europa Press.

Además, Hare recomendó que primero se debe entender que "el psicópata es el gato y no el ratón" y que se deben distanciar de estas personas, ya que "puede poner en peligro la vida del otro, aunque en principio sean encantadores".