lunes, 8 de febrero de 2016

Trastorno bipolar:cuando el ánimo se desequilibra

PSIQUIATRIA | Enfermedades
·        Se alternan episodios de depresión con otros de euforia
·        El tratamiento empleado suele ser de por vida
CRISTINA G. LUCIO |  Madrid | El Mundo | 28/08/2015
                                    
Como una montaña rusa. Así de cambiante es el humor de quienes sufren trastorno bipolar, una enfermedad psiquiátrica que provoca oscilaciones extremas en el estado de ánimo. Los afectados suelen alternar episodios de depresión con otros de euforia, periodos marcados por la desesperanza con otros en los que la energía y el optimismo del paciente son desbordantes.
Se calcula que aproximadamente el 1,5% de la población sufre este trastorno que tiende aparecer en la adolescencia o la primera etapa de la edad adulta (entre los 18 y los 25 años) y tiene diferentes formas de presentación. Mientras que en algunos pacientes las fases de depresión y manía son muy marcadas, en otros, los periodos eufóricos suelen ser menos extremos (hipomanía) y no llegan a desligar al paciente de la realidad.

En cualquier caso, los especialistas en Psiquiatría recuerdan que el trastorno se diferencia bien de las oscilaciones normales en el estado de ánimo que cualquier persona tiene a lo largo de su vida.

"En la fase depresiva, el paciente todo lo ve negro, no ve futuro, mientras que en la de exaltación se siente lleno de energía, muy activo, habla con rapidez y puede comportarse de manera distinta a lo normal, por ejemplo derrochando el dinero", explica José Luis Carrasco, psiquiatra del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid.

Cuando las fases son muy severas, el paciente puede llegar a tener síntomas psicóticos, explica Elena Sanz, jefa del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Quirón de Madrid. Puede tener ideas megalomaniacas, delirios de grandeza, como que tiene una misión importante que cumplir o que posee poderes especiales. También pueden aparecer alucinaciones.

La violencia, subraya esta especialista, no suele ser característica en estos pacientes. "En la fase depresiva, si utilizan la violencia suele ser contra sí mismos; y en la fase de manía, si tiene un delirio de que le persiguen puede usarla como autodefensa, pero no es lo habitual", aclara Sanz, quien remarca que "la violencia ejercida por pacientes mentales es menor que la que se registra en la población general. No se puede establecer una correlación".

Generalmente, cuando se diagnostica la enfermedad, se suele indicar un tratamiento para intentar controlar las oscilaciones y evitar los episodios de manía o depresión. "Entre los tratamientos estabilizadores del estado de ánimo es común utilizar el litio, con buenos resultados. También se emplean fármacos antiepilépticos, como la carbamacepina, entre otros, siempre monitorizando las dosis y la respuesta", señala Sanz.

Si se da una recaída, se suelen indicar medicamentos específicos, como antidepresivos si el estado de ánimo es muy bajo o antipsicóticos, que también son útiles para la estabilización del estado de ánimo, en caso de una fase maníaca.

Sanz y Carrasco coinciden en señalar que el tratamiento con fármacos estabilizadores del estado de ánimo "suele ser de por vida", precisamente porque esta es una enfermedad fásica que 'reaparece' en el tiempo.

Sin embargo, en algunos casos, como cuando no hay antecedentes familiares, el paciente ha estado asintomático durante un largo periodo de tiempo y su funcionamiento social y calidad de vida son buenos "se puede plantear retirar la medicación y observar, aunque no es lo habitual".

"En general, con la medicación, la mayoría de los pacientes pueden llevar una vida normal", apunta Carrasco, quien subraya que la psicoeducación es muy útil en la evolución del paciente. "Educar al afectado a conocer su enfermedad, a distinguir los primeros síntomas ayuda a un mejor pronóstico", señala.

Aunque no se conocen bien sus causas, sí se sabe que el trastorno bipolar, que afecta por igual a hombres y mujeres, tiene una alta heredabilidad. Las posibilidades de padecer el trastorno aumentan hasta un 20% si se tiene un familiar de primer grado con la enfermedad.


sábado, 6 de febrero de 2016

La paradoja del perfeccionismo.

PSICOLOGÍA | Rasgos de personalidad
·        Es un rasgo que se asocia con falta de seguridad y confianza
·        Los perfeccionistas suelen tener altos niveles de ansiedad que les provocan sufrimiento
BEATRIZ G. PORTALATÍN | Madrid | El Mundo | 18/08/2015

El ritmo de vida actual demanda cada vez más prisa, más eficacia y más resultados. La rutina se convierte en una carrera de fondo donde conjugar velocidad y aciertos es cada vez más complicado. Falta tiempo para todo y la perfección parece convertirse en una meta a la que debemos llegar, cueste lo que cueste. Sin embargo y aunque suene a paradoja, la perfección no siempre es perfecta, pues en muchas ocasiones y en contra de lo que se pueda pensar, conlleva muchos más inconvenientes que ventajas para nuestra salud física y mental.
Las personas perfeccionistas suelen ser rígidas en su pensamiento, muy críticas consigo mismas, disciplinarias e incansables en la consecución de metas personales. Pero además de esto, tienen otros dos factores muy relevantes que pueden acarrear algunos problemas: la ansiedad y el sufrimiento.
"Una persona perfeccionista es aquella que en todo momento está sufriendo y fomenta su inseguridad, ya que quiere llegar a una perfección tal que, o cree que la consigue o no dará por terminada la acción que realiza. Lo normal es que pierda tanto tiempo en realizar acciones cotidianas que tenga que descuidar su vida personal", explica Fernando Miralles, profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo.
El perfeccionismo está muy relacionado con una falta de confianza y seguridad. Por lo que, en extremo, suele dar lugar a a comportamientos demasiados rígidos o controladores. "Sienten una gran presión que les produce mucho sufrimiento: nunca están conformes con el resultado de sus acciones y rechazan cualquier error o imperfección, relacionándolo con una falta de valía personal", afirma Josefa Pérez, presidenta de la Asociación Nacional de Psicólogos clínicos y sanitarios (ANPCS). Y ese es realmente, el verdadero problema: "Tanto aciertos como fallos, no siempre son valorados desde la objetividad, sino desde el fracaso personal", confirma Mª Luisa Regedera, psicopedagoga y directora de ISEP Clínic Mallorca.

Síntomas físicos y emocionales. - Las personas que tienen este rasgo de personalidad suelen tener por regla general, altos niveles de ansiedad que sumado al factor de inseguridad mencionado anteriormente, "les llevan a un sufrimiento tan elevado, que pueden tener crisis de ansiedad, cansancio excesivo o incluso una falta de motivación", indica Miralles.
Así lo confirma también un estudio elaborado por la Universidad de Brock, en Ontario. Después de examinar la relación entre perfeccionismo y salud física de 492 personas, de entre 24 y 35 años de edad, los resultados concluyeron lo siguiente: las personas perfeccionistas son más propensas a sentirse mal, y a quejarse de falta de sueño, dolor y fatigas que aquellas que no lo son. Además de que son personas que temen mucho un fracaso.
No obstante, las conductas perfeccionistas están relacionadas con muchas alteraciones, "dependiendo de la historia personal del sujeto y de sus rasgos de personalidad", afirma Pérez. De este modo, es frecuente que puedan somatizar con síntomas físicos como problemas digestivos, intestinales, cefaleas tensionales, jaquecas, dermatitis, etc. Y a nivel emocional, estos comportamientos pueden generar tensión y ansiedad, sobre todo en personas inseguras. De forma que "cuando no consiguen esa aceptación que les gustaría, pueden sentir mucha insatisfacción y frustración, pudiendo desembocar en estados depresivos", explica esta profesional.
Este rasgo de personalidad no está considerado en los manuales (DSM-V o CIE-10) como una patología como tal, por tanto no hay estadísticas exactas. Pero si la persona no trata de solucionar este comportamiento, podría llegar a sufrir un trastorno obsesivo compulsivo o un trastorno anacástico de la personalidad. En este caso, señala el profesor Miralles, la estadística nos marca una prevalencia aproximada del 2.3% de la población. "Las personas demasiado perfeccionistas podrían llegar a tener el temido trastorno obsesivo-compulsivo, que les marcará cada vez más apartados de su vida y tendrán que ir a un facultativo para poder disminuir los síntomas de ansiedad y malestar", afirma.
Consecuencias laborales, sociales y personales. - Normalmente una persona perfeccionista lo empieza a ser desde niño. Suelen empezar en la fase de estudiantes e ir ampliando esta característica a otras facetas de su vida. No tiene porqué ser perfeccionista en todas las áreas, insiste Miralles, pero lo normal en que si lo es una se extienda también a las demás.
Ámbito laboral. - Una persona muy perfeccionista tendrá la virtud de repasar muchas veces su trabajo, pero esto supone un contra: perderá mucho tiempo en estas revisiones y será lento en la ejecución. Emplea normalmente, mucho más tiempo que sus compañeros en realizar ciertos trabajos y esto conlleva a ese temido sufrimiento. La parte positiva de esta conducta es que su trabajo será impecable, puesto que lo han revisado varias veces antes de entregarlo.
Ámbito social. - Según la opinión de Regedera, el perfeccionista es una persona que ama con la misma intensidad que es capaz de criticar su realidad, por lo que es constante, afectuosa de manera intensa y leal. Pero lo negativo de esta conducta es inversamente proporcional: suele ser la persona más odiada y la primera prescindible en grupos sociales.
Ámbito relacional y personal. - Suelen ser exigente con el otro, autocrítico y rígido de pensamiento y comprensión de la vida. Pero también, añade Regedera, es apasionado y gran compañero, amante y amigo donde lo da todo por el otro porque la relación también es algo en lo que no puede fallar. En cuanto a la amistad, (como relación emocional y sentimental) es exactamente igual de perfecto. "El pro sería su autenticidad e intensidad y el contra la dificultad en sus relaciones", señala.
En las relaciones de pareja, pueden buscar lo que desearían ser; una persona no tan perfeccionista que a su vez es mucho más natural en su manera de ser, con índices bajos de ansiedad, elevada autoestima y seguridad en sí misma. Entonces, ¿valoramos la imperfección en otro?. "No es que valoremos más la imperfección, es que es más fácil que nos sintamos reflejados en ella, permitiéndonos a la vez identificarnos con los demás y aceptarnos mejor a nosotros mismos, lo que contribuye a mejorar nuestro equilibrio emocional haciéndonos mas libres", añade Pérez.
Lo importante, como todo en la vida es buscar el punto medio. Tener ambición de ser perfectos en la vida es bueno, "siempre y cuando no afecta a nuestro equilibrio emocional y bienestar personal". Y es que no todo es blanco o negro en la vida: "El perfeccionismo como cualidad humana puede ser bueno, pero siempre y cuando sepamos controlar desde la emotividad", concluye Regedera.
Seis pautas para controlar el perfeccionismo -  Emplear técnicas de relajación para mejorar la ansiedad - Mejorar y trabajar la autoestima - Aceptarse a sí mismo, quererse y respetarse, porque nadie es perfecto - Reconocer el derecho a equivocarse - Deshacerse de la rigidez para disfrutar de todas las vivencias - Cuidar la parte emocional más incluso que la racional.


martes, 2 de febrero de 2016

"Hay que hacerle ver a la sociedad que los enfermos somos capaces de todo"

 Afectado por un trastorno bipolar, es el primer aspirante a liderar las asociaciones de pacientes psiquiátricos

EMILIO DE BENITO |  Madrid | El País | 23/10/2015

Que Manuel Movilla sea noticia es solo la prueba de lo importante de su cometido. Es la primera persona con una enfermedad mental —en su caso, un trastorno bipolar— que se presenta para presidir Feafes,la Confederación Salud Mental de España. Las votaciones son el sábado. “Todas las asociaciones de pacientes las preside un afectado; en la nuestra, siempre ha sido un familiar”, dice como argumento de peso este electrónico industrial de 59 años nacido en Sevilla pero residente en Huelva. “Hay que hacerle ver a la sociedad que las personas con enfermedad mental somos capaces de todo”.
Movilla se topó con su enfermedad ya de mayor, “hace 16 años”. Fue un proceso complicado. “Tuve un accidente laboral. Me explotó al lado un tanque de 400 toneladas de ácido fosfórico. Estuve tres meses en la unidad de quemados y me han quedado bastantes secuelas”, cuenta. Pero, aparte de esas heridas, algo en su interior se descompuso. “Primero fue el estrés postraumático, luego, pensaron que era una depresión. Cuando hubo fases maníacas [de agitación e intensa actividad] me diagnosticaron el trastorno bipolar. Supongo que siempre estuvo ahí, pero que al dedicarme al trabajo cien por cien se mantuvo oculto”, recuerda.
Ahora lleva “cuatro o cinco años estabilizado, sin crisis”. “Tomo una medicación de mantenimiento. El psiquiatra ha acertado después de varios intentos”, relata.
Antes de eso, en “una crisis muy fuerte”, su mujer, “por desesperación”, acudió a Feafes Huelva. “Estábamos buscando algún recurso que por los canales oficiales no encontrábamos”. Cuando superó aquel episodio, empezó a colaborar con la asociación. Ha aprovechado bien la tranquilidad que le da el largo periodo sin crisis del que está disfrutando. Actualmente es miembro de la junta directiva de la asociación de Huelva y de la Andaluza, y portavoz del Comité de Personas de salud mental de Andalucía. Su próximo reto es la presidencia de Feafes.
“Después de ver la trayectoria del equipo directivo actual, que lleva bastante tiempo, se ve que ha habido bastante continuismo. Cuando los equipos se perpetúan en el cargo, se relajan”, es su reflexión.
Pero, además, Movilla cree que es hora de dar a los pacientes el papel que les corresponde. Entiende que su elección sería, en sí misma, un mensaje. “La recuperación, cada uno a un nivel, es posible. Con alguien como yo de presidente nos van a mirar de otra manera. A las personas con enfermedad mental hay que darles una oportunidad para estar dentro de la sociedad. Por eso doy un paso adelante”, dice.
Le parece que es su hora porque, incluso dentro de las asociaciones, “se cae en paternalismo”. Por ejemplo, en la junta actual de Feafes dice que no hay ninguna persona con una enfermedad mental —declarada, añade—. “Y eso hay que cambiarlo. Queremos que nos miren por nosotros mismos. Que nos valoren por lo que somos capaces, y entre estas personas hay muchas capacidades. Mi madre tiene que ver que puedo valerme por mí mismo. Bueno, es un ejemplo. Eso ya lo ve desde siempre, y eso que he tenido episodios muy duros”, remata.
Según sus informaciones, “los sondeos están muy igualados”. Solo su candidatura le parece un mensaje. Pero si sale, se oirá con más fuerza.

sábado, 30 de enero de 2016

La mitad de los esquizofrénicos se resiste a admitir la enfermedad.

SALUD MENTAL
Mantener el tratamiento es fundamental para prevenir segundos brotes psicóticos.

EMILIO DE BENITO | Madrid | El País | 06/10/2015

Aproximadamente un 1% de la población española tiene una enfermedad mental grave, y la mayoría de estos, unas 400.000 personas, sufre esquizofrenia, según se expuso el lunes en una jornada dedicada a la salud mental patrocinada por Janssen y #di-capacitados, una plataforma que busca desestigmatizar a los afectados y que ha presentado un documental de estos en primera persona. Pero, aparte de su incidencia, tiene un factor añadido frente a otras enfermedades: "La mitad o un poco más no son conscientes de que la sufren", dijo el psiquiatra Fernando Cañas, del Hospital Rodríguez Lafora de Madrid.

Este hecho es uno de los que influye en otra característica de esta patología: "Tenemos que tratar a gente que no asume que está enferma", explica Cañas, y ello se cobra un precio en su recuperación. Aunque la esquizofrenia no tiene cura, sí que se puede controlar con medicación. "Se puede recuperar más del 90% de la funcionalidad después del primer brote" con un adecuado control médico, pero "solo el 40% sigue bien el tratamiento después del primer episodio". El resultado pueden ser nuevas recaídas que, cada una, crea un daño mayor y restan más aptitudes y actitudes a los enfermos, como dijo José Manuel Olivares, psiquiatra del Hospital Universitario de Vigo. Por eso "hay que prevenir que se deje la medicación".
La esquizofrenia ni tiene una causa conocida, y sus medicamentos son "para tratar síntomas", explicó Jerónimo Sáiz, jefe de Psiquiatría del hospital Ramón y Cajal de Madrid. Pero quizá su principal característica es que se trata de una enfermedad neurodegenerativa que afecta a personas jóvenes. Lo normal es que el primer episodio ocurra a finales de la segunda década o a principios de la tercera década de vida, entre los 18 y los 25 años.
Tampoco puede hablarse de una esquizofrenia. Un tercio de los afectados solo experimentarán un episodio; otro tercio, la controlarán, y el último tercio tendrá sucesivas recaídas, dijo Sáiz.
Y esto le da características especiales. Se interrumpe la vida en un momento crítico, como explicó Maribel Rodríguez, presidenta de Feafes Empleo (Feafes era el acrónimo de la organización que ahora se llama Confederación Salud Mental España). La persona entra en un círculo sanitario-sociosanitario-familiar que va en paralelo al que le correspondería por su edad, que sería un contexto formativo-laboral. Y ello es un lastre para su vida futura. Por ejemplo, Rodríguez contó que pueden tardarse ocho años o más en que la persona, después de un primer brote, se plantee volver a una vida normalizada buscando empleo. El hecho es que solo el 15% de los afectados por la esquizofrenia en España tiene trabajo, solo el 35% lo busca y una parte de ellos (unas 2.500 personas) está ocupado en centros especiales de empleo. "En siete años se deteriora el 70% de su capacidad social", añade Olivares.
"El empleo es el mejor tratamiento". Y el primer freno a la discriminación, dice Rodríguez. Pero hay estereotipos, como la agresividad, la falta de capacidad, la imposibilidad de adaptarse al estrés del trabajo, que les impide integrarse, afirmó el psiquiatra del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias de la Salud Baleares Miquel Roca. Y el estigma lleva a una "peor búsqueda de tratamiento". Por eso el mensaje de #Di_capacitados es que la integración es posible, sin edulcorar la situación (hay personas que necesitan un apoyo para afrontar el mundo laboral) pero sin victimismos. "Por una vez le hemos dado la voz a los pacientes", dice Rodríguez.

En la jornada, celebrada como anticipo al día mundial de la salud mental que se conmemora el sábado, también se debatió la imagen de la salud mental en los medios. Aunque no se puede ocultar que a veces un crimen se debe a que la persona está sufriendo un delirio, a que tiene la enfermedad mal controlada, no puede buscarse siempre una causa psiquiátrica a todo lo que parece monstruoso, incomprensible, dijo Cañas. "Hay gente que es mala", con enfermedad mental y sin ella, dijo Roca. De hecho, la estadística indica que, proporcionalmente, las personas con enfermedad mental cometen menos crímenes y otros delitos que las que no tienen una de estas patologías.

jueves, 28 de enero de 2016

Continuaré transcrivint articles i començo amb una vivència personal.


Com posava a mitjans de setembre, em sentia incapaç de continuar posant articles al blog, necessitava fer una pausa, en la que ha estat necessari un ingrés d'uns dos mesos i mig, i torno a estar bé per a continuar la tasca.

No és pas la primera vegada que he estat ingressada, però a l'hora d'escriure aquesta nota he pensat que podia transmetre experiències viscudes personalment o pels companys, que ens poden ajudar a tots a millorar d'estat, anar més ràpids en la consecució del que ens té allà i per tant fer l'estada més curta.

El propòsit principal, en aquest cas,  ha estat reduir medicació i he de dir, fent honor a la veritat, que s’ha aconseguit, encara que quedin “serrells” que poc a poc si es pot intentarem solucionar.

En primer lloc hi ha el tema de la sinceritat total amb els terapeutes, encara que sigui al preu de posar-nos vermells o no poder mirar-los la cara per vergonya, mentre els ho expliquem.

Pot ajudar tenir un petit bloc i anar apuntant el que sentim, pensem, fem a les hores lliures, com dormim,  on anem amb les visites i de què parlem, perquè així logrem ser objectius al explicar-nos d’una consulta a la següent, tenint en compta que moltes vegades estant en el "taller" et vénen a buscar per passar consulta amb el psiquiatra o el psicòleg i t’agafa d’imprevist.

També penso honradament que va bé preguntar el que no entenem, si és que ens parlen en un llenguatge mèdic massa tècnic. No ens ha de fer cap por o vergonya. Va bé saber  què tenim, en quina etapa estem i cap on anem en el procés de recuperació.

I per últim un consell que em van donar és estar amb les altres persones i fer l’estada agradable en la mesura que puguem, però sense voler posar-nos a la pell d’ells. D’això ja se’n encarreguen els metges i infermers i cadascú estem allà per a curar-nos.

És cert que per afinitat de caràcters, edats o altres coses sempre hi ha més tracte amb unes persones que amb altres i compartim converses personals i de l’enfermetat. Però assumir els problemes de l’altra persona i fer-los propis no ens és bo. En tot cas si se’ns comenta un fet que ens sembla important, preguntar si ho ha dit, i sinó ho ha fet animar a la persona a fer-ho pel seu bé.


M. Carme Samaranch



martes, 15 de septiembre de 2015

Seguiré endavant en el blog "Bona Salut Mental" ?


Hola a tothom,

Fa prop de 2 anys, concretament el 8/10/2013, vaig fer una pausa en la publicació d’articles al blog.

Ara la repeteixo perquè m’estic qüestionant si val la pena continuar mantenint-lo actiu. Hi he posat 321 articles, últimament quasi tots de diaris –fent-ne una tria-, i pocs de vivències personals.

En tinc uns 50 més que he de revisar, i se’n publiquen continuament a la premsa, cosa de la que no me’n desentendré perquè personalment m’interessa, però ara em sento incapaç de seguir endavant.

Del nombre de persones que han consultat el blog, només que algun article els hagi servit per ajudar, orientar o ampliar informació pròpia o aliena, ja ha estat útil mantener-lo fins ara.

Si més endavant continuo i torno a reemprendre la feina, ja ho veureu obrint el blog. El temps i els vostres comentaris al mail (mcsamaranch@gmail.com), m’ajudaran a decidir si segueixo o ho deixo aquí. No hi ha cap problema si escriviu en un altre idioma, avui dia els traductors dels ordinadors són una bona eina per a la comunicació.

Gràcies als que fins ara heu llegit articles i una abraçada a tots,

M. Carme Samaranch.

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Hola a todos;

El 8/10/2013, hace ya casi 2 años, hice una pausa en la publicación de artículos en el blog.

Ahora la hago de nuevo porque me estoy preguntando si es útil seguir manteniendo el blog. Hay 321 artículos, casi todos de periódicos o revistas - sobretodo últimamente-, después de leerlos y escoger los que me parecen aportan algo a nuestro tema.

Tengo más de 50 para revisar y casi diariamente se publican novedades en prensa y revistas especializadas, trabajo que seguiré haciendo porque me interesa, pero estoy muy cansada y en este momento me siento incapaz de seguir adelante.

Solo que algun artículo haya ayudado a alguna persona que haya consultado el blog, ya sea para sí o para familiares, amigos o compañeros, me doy por satisfecha.

Si dentro de unos meses continuo con este trabajo, lo veréis de inmediato consultando el blog. Vuestros comentarios a mi correo electrónico (mcsamaranch @gmail.com) junto con mi salud me ayudarán a decidir en uno u otro sentido. Podéis escribir en cualquier idioma porque los traductores nos ayudan a todos.

Gracias a los que hasta ahora habéis leído algunos artículos, sóis muchos, y un abrazo a todos.

M. Carme Samaranch. 

La magia de conversar

PSICOLOGÍA
La verdadera comunicación es algo más que enviar mensajes desde el móvil

FRANCESC MIRALLES | El País | 07/08/2015

Desde la irrupción de las redes sociales y la mensajería móvil, mantener una conversación cara a cara se ha convertido en algo casi exótico. Estamos en contacto de forma abreviada y superficial con un número creciente de personas, pero cada vez nos sentimos más solos. Para mejorar nuestras relaciones con los demás, comprenderlos y ser comprendidos, es esencial recuperar el buen hábito de hablar con tiempo y verdadera atención.

Parece demostrado que un déficit de conversación hace al sujeto más susceptible de padecer trastornos psicológicos. La falta de comunicación, directa e interactiva, con otras personas que puedan darle su opinión y relativizar los acontecimientos facilita que estos queden atrapados en la mente.

Cuando una experiencia se estanca en el circuito cerrado de un solo individuo, las emociones se amplifican y los mismos hechos se acaban distorsionando, algo que podría haberse evitado con una charla en buena compañía.

Deborah Tannen, profesora de lingüística de la Universidad de Georgetown, explica al respecto que “una conversación bien llevada es una visión de cordura, una ratificación de nuestro propio modo de ser humano y de nuestro propio lugar en el mundo”. Sin embargo, esta actividad tan humana se puede volver en nuestra contra cuando no la realizamos de forma saludable o con las personas adecuadas. “No hay nada más profundamente inquietante que una conversación que fracasa (…) Si sucede con frecuencia, también eso puede hacer tambalear nuestra sensación de bienestar psicológico”.

Esta autora comenta en su ensayo Hablando se entiende la gente que muchas de las disputas que se producen en las parejas heterosexuales tienen su origen en nuestra formación social, durante la infancia y adolescencia, con amigos de nuestro mismo sexo. Esto provoca que, en muchos casos, se creen estilos conversacionales separados por falta de interacción entre géneros.

El mayor obstáculo para una buena conversación es la incapacidad del ser humano para escuchar al otro con inteligencia, habilidad y comprensión - Carl Rogers

A partir de aquí se generan mitos como que “los hombres no saben escuchar” o que “las mujeres hablan de sus problemas sin cesar”, lo cual son claros prejuicios de género. Como sucede con cualquier otra actividad humana, hay diferentes grados de implicación y dominio en la comunicación oral con los demás. En el lado más ligero de este arte, estaría la charla informal, que según Debra Fine está injustamente poco valorada:

“La charla tiene el estigma de ser considerada la humilde hijastra de la verdadera conversación, aun cuando cumple una función extremadamente importante. Sin ella es muy difícil entablar un verdadero coloquio. Quienes dominan la charla informal son expertos en lograr que los demás se sientan involucrados, valorados y cómodos, y eso ayuda a reforzar una relación laboral, cerrar un trato, dejar la puerta abierta a una nueva relación amorosa o entablar una amistad”.

Según esta experta en oratoria, la conversación informal es el primer paso para que pueda surgir la empatía entre dos personas. Aunque charlemos sobre un tema poco trascendente, en ese primer contacto en realidad estamos diciendo mucho, porque empezamos a crear un vínculo en el que ya se transmite cercanía o distancia, confianza o reservas hacia el otro.

En palabras de Debra Fine: “La conversación intrascendente es el equivalente verbal a la primera ficha de dominó: dispara una reacción en cadena, con todo tipo de consecuencias”. Contra el prejuicio de que un desconocido no tendrá nada en común con nosotros, al arriesgarnos a charlar nos podemos llevar más de una grata sorpresa.
¿Cuántas parejas, buenos negocios o amistades tienen su origen en una conversación casual? Probablemente, la mayoría. Más allá de las habilidades comunicativas de cada uno, el arte de la conversación puede ser aprendido y potenciado. Los antiguos griegos daban gran importancia a ejercitar la oratoria y, en tiempos modernos, ya en 1875 Cecil B. Hartley mencionaba en su Guía de un caballero de etiqueta una serie de claves que siguen siendo vigentes, ya que lamentablemente aún hoy nos pasan por alto muchas de ellas.

Podemos resumirlas en estos 10 puntos:
1. Aunque estemos convencidos de que el otro está totalmente equivocado, en lugar de discutir es aconsejable cambiar hábilmente de conversación. Es absurdo pretender que los demás estén de acuerdo con nosotros.
2. Nunca hay que interrumpir ni anticiparnos a la historia de nuestro interlocutor. Saber escuchar es la regla dorada del buen conversador.
3. Evitemos poner cara de fatiga durante el discurso de otra persona, así como distraernos con otra cosa mientras está hablando. Hartley mencionaba como entretenimientos “mirar el reloj, leer una carta u hojear un libro”. El equivalente actual sería la irritante costumbre de mirar el móvil.
4. La modestia nos ahorrará muchas antipatías. No hay que exhibir conocimientos, méritos o posesiones que haga sentir a los demás que se encuentran en inferioridad.

Existen pocas buenas conversaciones: debido a la escasez de posibilidades de que dos transmisores inteligentes se encuentren - Truman Capote

5. No es necesario hablar de uno mismo, a no ser que nos pregunten. Nuestros interlocutores se enterarán de nuestras virtudes sin necesidades de que se las precisemos.
6. La brevedad ocurrente es siempre más eficaz que entregarse a largos discursos o a historias aburridas.
7. Criticar o comparar unas personas con otras, así como censurar a los ausentes, puede parecer divertido, pero acabaremos causando una mala impresión.
8. Nunca hay que señalar ni corregir los errores en el lenguaje de los demás, aunque sean extranjeros, ya que se sentirán humillados por la observación.
9. No hay que ofrecer asistencia o asesoramiento a no ser que nos hayan pedido consejo expresamente.
10. El elogio excesivo crea desconfianza, pues nuestro interlocutor puede pensar que tenemos intenciones ocultas.
Al final, la esencia del buen diálogo es nuestra capacidad de entregarnos al intercambio con el otro como si de una coreografía se tratara. Los participantes hacen danzar juntas sus ideas, que se encuentran, se separan –para ampliar su horizonte de opiniones– y vuelven a unirse para crear nuevos significados.
Es por eso que después de una conversación profunda nos sentimos transformados. Nos hemos nutrido con nuevas ideas y hemos sometido nuestra propia óptica a un enfoque diferente que amplía nuestra comprensión sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
En su libro Conversación, el pensador Theodore Zeldin sostiene que “dos individuos, conversando con honestidad, pueden sentirse inspirados por el sentimiento de que están unidos en una empresa común con el objetivo de inventar un arte de vivir juntos que no se ha intentado antes”.

Puesto que es uno de los pocos placeres que no requieren otra inversión aparte del tiempo, merece la pena recuperar este viejo arte para volvernos a sentir humanos.

Si el tiempo que gastamos en enviar o responder cientos de mensajes de compromiso los dedicamos a compartir nuestro universo con personas que puedan enriquecerlo, viviremos con un mayor “ancho de banda” y afrontaremos los problemas que nos traiga la vida de forma más inteligente y serena.

elpaissemanal@elpais.es