jueves, 26 de marzo de 2020

Así afecta dónde vives y en qué trabajas a tu nivel de estrés

                 
ROCÍO NAVARRO MACÍAS   |   La Vanguardia   |   03/12/2019
La extensión de la ciudad, la competitividad o la incertidumbre influyen en los estresores diarios.

Es difícil encontrar a alguien ajeno al estrés. Nueve de cada diez personas en España lo han sentido en algún momento de su vida, y cuatro de cada diez de manera frecuente o continuada. Son datos del estudio Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés , avalado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS).
“El estrés puede entenderse como una sobrecarga para el individuo. Depende tanto de las demandas de la situación, como de los recursos con los que cuenta cada persona para afrontarla. Cuánto mayores sean las demandas de las circunstancias y cuánto menores sean los recursos del individuo, mayor será la sobrecarga”, explican desde la SEAS.
Factores como la ciudad de residencia o el tipo de trabajo son determinantes en el impacto que este estímulo ejerce en la vida diaria, porque de ellos dependen una buena parte de las circunstancias de nuestra vida y, de estas, las mayores o menores demandas a que nos vemos sometidos. Así lo demuestra el Mapa del estrés, elaborado por los especialistas en perfiles de estrés de Nascia, que indica cómo el peso del estrés aumenta sobre todo en las grandes ciudades.
Pero ¿cuáles son los motivos que provocan este hecho? ¿Puede realmente el lugar de residencia o la profesión disparar los niveles de ansiedad? Esta es la situación que encontramos ante la denominada epidemia del siglo XXI.
Casi con un sobresaliente puntúa Madrid en el Mapa del Estrés: 8,1 sobre 10 es el nivel que soportan quienes viven en la capital española. Le sigue muy de cerca Barcelona, con un 7,9. “Las ciudades, especialmente si son grandes, comportan estresores que pueden explicar estos resultados. Para empezar todo va más rápido, y la gente suele mostrarse más agresiva. También hay más atascos, contaminación, dificultades de movilidad… Es decir, aumentan todos los condicionantes medio ambientales” que contribuyen al estrés, explica el doctor en psicología Guillermo Fouce.
La propia naturaleza de las metrópolis, sobre todo su extensión, es uno de los principales detonantes de la ansiedad. “Ocupan espacios geográficos muy amplios que exigen recorrer más distancia y emplear más tiempo para llegar al centro de trabajo o de estudio. Esto aumenta la necesidad de madrugar. Además, el uso de vehículos particulares supone enfrentarse a atascos, lo que eleva la respuesta de estrés”, explica José Antonio Portellano, profesor en psicología de la Universidad Complutense.
Todo ello antes de tan siquiera comenzar la jornada. Una vez en el puesto de trabajo, la situación empeora. “Otro agente que explica el incremento de los niveles de estrés en las grandes ciudades es su carácter más competitivo. Generan reacciones de ansiedad en muchas personas, especialmente en aquellas que emocionalmente son más vulnerables”, expresa Portellano.
Su colega comparte que el ritmo de las ciudades es más intenso: “Todo pasa más deprisa, la gente, incluso si no tiene prisa, va corriendo de un lado a otro, y hay más competencia”.
Además, a ello se suma otro factor: la soledad no deseada, que se eleva al 34% solo en el grupo entre 20 y 39 años, lo que aumenta la sensación de angustia. “Especialmente en los últimos tiempos, vivimos rodeados de gente pero impera una sensación de aislamiento”, expresa Fouce, que alude también al hacinamiento como otro estresor importante para quienes viven en las grandes ciudades.
Pero la lista de factores estresantes de las grandes urbes no acaba aquí. Cuestiones como el exceso de iluminación elevan también la tensión diaria, ya que hace que disminuya en una hora el tiempo medio dedicado al sueño. “Dormir seis horas o menos incrementa el riesgo de sufrir alteraciones que afectan al metabolismo corporal, y también generan mayor riesgo de ansiedad, nerviosismo y estrés, convirtiéndose en crónico”, continúa Portellano.

Asimismo, el ruido es otro de los factores que rompe el equilibrio y que es más acusado en las grandes ciudades. “La exposición a niveles intensos y continuados produce una activación excesiva del sistema simpático, alterando la secreción de hormonas y neurotransmisores, lo que puede dañar distintos sistemas orgánicos (aparato digestivo, sistema nervioso, respuesta inmunitaria, etcétera). Es decir, aumenta innecesariamente el nivel de alerta”, comenta el profesor.
Otra fuente determinante del nivel de estrés al que nos vemos sometidos es el trabajo. De media, pasamos 40 horas dedicados a la actividad laboral. Vivir este lapso de tiempo dominado por la angustia puede tener consecuencias, a veces en forma de agotamiento físico y mental, por lo que conviene estar atentos a los síntomas para saber si se sufre desgaste laboral.
Existen profesiones que, de alguna forma, exigen mantener un estado de alerta prácticamente permanente. En la investigación desarrollada por Nascia se apunta a colectivos como las fuerzas de seguridad, periodistas, organizadores de eventos y mandos ejecutivos como quienes están sujetos a una mayor carga de estrés.
Como comenta Portellano, “el síndrome del burn-out o trabajador quemado consiste en una respuesta de agotamiento psicológico que va asociado a elevados niveles de estrés crónico en personas con alto nivel de responsabilidad, o en los profesionales de la salud, la educación o los servicios”.
Sin embargo, el experto advierte que en muchos casos no es la profesión que se ejerce la que produce un mayor o menor grado de estrés, sino el modo de afrontarla por parte de cada persona. “Muchas personas anticipan la respuesta de hiperalerta y sobreactivación emocional antes de que se produzca un evento estresante. Deberían aprender el sabio consejo del refrán que dice: Si las cosas tienen arreglo, no te preocupes. Pero si no tienen solución, para qué te vas a preocupar”, comenta.
El año 2018 cerró con una cifra media de 3.254.663 autónomos, según datos de la Asociación de Trabajadores Autónomos, la más alta de los últimos diez años. Este crecimiento de los empleados autónomos conlleva también un aumento en la probabilidad de padecer estrés, ya que los empresarios y autoempleados están más expuestos. “Un autónomo habitualmente vive con un nivel de incertidumbre mayor al de los trabajadores asalariados. En parte porque tienen menos soportes en forma de ayudas sociales, seguro de paro, posibilidad de ser sustituidos en caso de enfermedad, etcétera. Todo esto aumenta el riesgo de manifestar respuestas de estrés, que puede cronificarse”, expone Portellano.
A esta inseguridad hay que añadir las labores administrativas y logísticas que se suman al trabajo propiamente dicho y que implican una sobrecarga de tareas. Tal y como dice Fouce, los autónomos “tienen que resolver todo ellos mismos: son su secretaria, su tesorero, los ejecutores, los evaluadores, el encargado del transporte…”
Aunque parezca que la vida moderna esté orquestada para desencadenar sí o sí estrés, lo cierto es que se pueden poner frenos a esta tensión. Aspectos tan básicos como mantener una rutina de sueño adecuada pueden modular su influencia. “Dormimos para mantener el metabolismo en condiciones óptimas, y por esa razón ningún adulto debería dormir menos de 7 horas, ya que la falta de horas de sueño incrementa el riesgo de presentar estrés crónico”, advierte Portellano.
Asimismo, la conciliación entre la vida laboral y la personal es necesaria para mantener el equilibrio. En el trabajo, Portellano recomienda hacer una pausa en mitad de la jornada, y durante varios minutos combinar ejercicios de respiración, estiramiento muscular y pensamientos tranquilizadores. Y además de recomendaciones básicas y de carácter general como realizar actividad física, meditación, yoga o evitar el consumo de sustancias psicoactivadoras, existen técnicas para cortar con la sensación de ansiedad al acabar el día.
“Cuando nos vayamos a la cama no debemos ponernos a negociar con los pensamientos negativos: producen más intranquilidad y nunca contribuyen a mejorar la situación. Es bueno sustituirlos por recuerdos divertidos y amables sobre algo que nos ha sucedido a lo largo del día o en cualquier otro momento. Los pensamientos positivos no resuelven los problemas, pero sí contribuyen a que disminuyan nuestros niveles de nerviosismo, ansiedad y estrés”, concluye el profesor.



lunes, 23 de marzo de 2020

Estos son los beneficios que reporta sonreir; a nosotros y a los demás

CRISTIAN VÁZQUEZ   |   eldiario.es   |   04/02/2020

·        Sonreír de manera natural y espontánea es una señal de bienestar y satisfacción

·        Pero incluso forzar una sonrisa tiene beneficios, tanto a nivel hormonal como para la vida en sociedad


La sonrisa es una de las expresiones más elementales de los seres humanos. Sonreímos, de hecho, desde antes de nacer, desde que estamos en el útero materno, tal como ha permitido comprobar la tecnología de las ecografías ultrasonido. Y también sonríen niños ciegos de nacimiento, quienes obviamente no han tenido la oportunidad de "aprender" a sonreír por imitación, por verlo en sus padres o en otras personas.
Muchísimos estudios científicos han analizado la sonrisa, sus implicaciones, sus efectos, todo lo que sonreír conlleva. Una de las conclusiones más destacadas de esos trabajos es que la sonrisa tiene mucho poder de seducción. En primer lugar, porque la sonrisa no es solo un resultado involuntario de sentirse bien: también es posible forzar una sonrisa. En línea con Charles Darwin -quien anotó que "la simulación de una emoción tiende a despertarla en nuestras mentes"- cuando una persona sonríe, aunque no sea de manera genuina, se ayuda a sí misma a sentir alegría o satisfacción.
Hay muchas diferencias entre una sonrisa natural y otra impostada, incluso a nivel cerebral. En la sonrisa genuina o espontánea (llamada "sonrisa de Duchenne", en homenaje al médico francés Guillaume Duchenne, que la investigó en el siglo XIX), los extremos de la boca y las mejillas suben, los dientes quedan expuestos y se forman arrugas al lado de los ojos. En el cerebro se activan la corteza temporal prefrontal, los ganglios basales y el hipotálamo.
En cambio, cuando alguien ejecuta una sonrisa de manera voluntaria actúan en su cerebro las cortezas motora y premotora. Intenta reproducir los mismos rasgos de la sonrisa de Duchenne, pero aun para quienes lo entrenan (los políticos, por ejemplo) es muy difícil dar a esas sonrisas "artificiales" un aspecto de total naturalidad.
Más sonrisas, mayor bienestar y menos estrés
¿Y qué pasa a nivel hormonal? Sonreír estimula la liberación de sustancias como dopamina, serotonina y endorfinas, neurotransmisores que contribuyen a aumentar la sensación de bienestar, y reduce los niveles de cortisol, una hormona que se segrega como respuesta al estrés y la ansiedad. Por ello, se genera una suerte de círculo virtuoso: sentirse bien hace que uno sonría, y la misma sonrisa aumenta la sensación de bienestar. Algo así como si la sonrisa y la felicidad se alimentaran a sí mismas.
Un elemento positivo es que esto también funciona con las sonrisas no genuinas. En un experimento realizado por investigadores de la Universidad de Kansas, Estados Unidos -cuyos resultados se publicaron en 2012-, se pidió a un grupo de personas que sostuvieran con la boca unos palillos que les formaban una sonrisa involuntaria; a la mitad de esas personas les pidieron de forma explícita que sonrieran, mientras que a la otra mitad no les dijeron nada al respecto. Tanto esas personas como las de un grupo de control tuvieron que resolver dos tareas estresantes.
Los resultados fueron contundentes: todos los participantes "sonrientes", tanto aquellos a quienes les habían pedido que sonrieran como aquellos a los que no, mostraron frecuencias cardíacas más bajas durante la recuperación del estrés que los del grupo de control, es decir, los que realizaron las tareas sin sonreír. "Estos hallazgos -escribieron los investigadores- demuestran que existen beneficios fisiológicos y psicológicos al mantener expresiones faciales positivas durante situaciones de estrés", incluso aunque esas expresiones fuera involuntarias.
Una expresión que se contagia
Resulta casi de sentido común el hecho de que la sonrisa es un valor muy apreciado en las personas que trabajan en el área de servicios y de atención a los clientes. Pero también hay estudios que lo han analizado, como uno realizado por expertos de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, y publicado en 2004: comprobaron que -siempre y cuando el trabajo esté bien hecho- si los trabajadores sonríen no solo generan la sensación de ser simpáticos y amables, sino también más competentes.
Eso podría estar relacionado con el hecho de que la sonrisa es una gran herramienta para lograr empatía: la sonrisa se "contagia". La explicación radica en las llamadas neuronas espejo, las cuales nos inducen a imitar ciertos gestos y conductas que vemos en los demás. En términos sencillos, se puede decir que las neuronas espejo nos hacen actuar como los demás para que sea más sencillo ponernos en su lugar y entenderlos. De ahí que, cuando alguien sonríe, quien lo vea también sienta el impulso de sonreír.
De hecho, en una investigación de 2011 se propuso a un grupo de voluntarios que interpretaran los gestos que veían en otras personas. Pero a la mitad de esos voluntarios se les indicó que debían sostener un lápiz con la boca, lo cual les impedía sonreír cuando veían a alguien sonriente. Pues bien, quienes tenían un lápiz en la boca mostraron mayores dificultades para interpretar los gestos que quienes podían imitarlos sin obstáculos.
Más aún: hay trabajos científicos que han explicado que esta es la razón por la cual es difícil fruncir el ceño cuando se observa la sonrisa de otra persona. Por otra parte, las personas que se inyectan bótox con fines estéticos pierden cierta movilidad en algunos músculos faciales. Está comprobado que esas intervenciones producen ciertas limitaciones en los movimientos faciales, entre ellos la sonrisa. Como consecuencia, esas personas tampoco pueden imitar del todo bien los gestos de las personas con las que interactúan y, por lo tanto, se modifica su procesamiento neuronal.
Personas que sonríen, más longevas
Las sonrisas también podrían predecir la longevidad. Científicos de Estados Unidos analizaron los gestos con los que 230 jugadores profesionales de béisbol de ese país fueron fotografiados en 1952. ¿El resultado? Los jugadores que en las imágenes no sonreían vivieron una media de 72,9 años. La expectativa de quienes mostraron una "sonrisa parcial", una pose, fue algo superior: 75 años.
Y la de quienes tenían en la cara una sonrisa plena, una sonrisa de Duchenne, fueron los que vivieron más: un promedio de 79,9 años. Los expertos aclaran que, por supuesto, la sonrisa no es una fórmula mágica para prolongar la vida. La explicación radicaría en una cuestión de probabilidades: quienes sonreían en las fotos debían sonreír más durante el resto de sus vidas. Y eso, como se ha venido señalando, es una señal -y a su vez causa- de una existencia con menos estrés y mayor bienestar.
Si hiciera falta otro motivo para sonreír más, se puede destacar el hecho de que, como asegura un estudio realizado también en Estados Unidos, las personas que sonríen resultan más atractivas. Un hecho que no solo tiene su importancia al momento de ligar, sino que -de acuerdo con la autora del trabajo- hace que esas personas también sean vistas como más exitosas, amigables e inteligentes.
En 2012, el investigador Ron Gutman ofreció una charla TED sobre "el poder de las sonrisas", y afirmó que "una sonrisa puede generar el mismo nivel de estimulación cerebral que 2.000 barras de chocolate". Con la ventaja de que, al revés que el chocolate, el exceso de sonrisas no tiene contraindicaciones, sino que hace bien a la salud.
Sin embargo, un estudio del año pasado ha venido a plantear una objeción sobre esa última idea. Según sus resultados, los trabajadores que durante más tiempo exhiben sonrisas impostadas para complacer a sus clientes son los que más alcohol beben después del trabajo. Al parecer, también las sonrisas, si no son genuinas, hay que manejarlas con moderación.


Buenas prácticas de intervención psicológica en personas en situación de exclusión social

DAVID APARICIO    |   Psyciencia-Infocop    |   09/01/2020

Los colegas de Infocop, nos informan de la nueva guía publicada por la Asociación Americana de Psicología, para mejorar la atención e intervención psicológica con personas de bajos ingresos y marginalizadas económicamente.
Básicamente las recomendaciones de la guía son las siguientes:
·        Los psicólogos deben esforzarse en aumentar su comprensión sobre cómo sus sesgos relacionados con las clases sociales pueden afectar a la formación y educación que pueden proporcionar.
·        Se anima a los psicólogos a aumentar su conocimiento y entendimiento sobre los aspectos vinculados a la clase social, incluidos la pobreza y la riqueza, a través de la formación continua, el entrenamiento, la supervisión y la consulta a otros profesionales.
·        Los psicólogos deben esforzarse en entender la contribución de la marginalización social y económica en las enormes disparidades en salud en nuestra sociedad.
·        Los psicólogos deben esforzarse en promover la igualdad en el acceso y en la calidad de la atención sanitaria para las personas en situación de bajos ingresos económicos.
·        Los psicólogos reconocen la presencia de la clase social como una variable que está presente en los contextos clínicos. Se invita a los psicólogos a entender cómo la clase social puede afectar a la habilidad del terapeuta para conseguir una implicación eficaz de los clientes en el tratamiento y a estar atentos a las maneras en que se manifiestan las diferencias en la clase social y en el impacto de la intervención en salud mental.
·        Los psicólogos tienen que tratar de entender las barreras que dificultan que las personas con bajos ingresos puedan acceder a una atención en salud mental y hacer esfuerzos para reducir estas barreras a la hora de proporcionar tratamientos psicológicos y/o desarrollar dispositivos y programas de atención en salud mental.
·        Los psicólogos deben esforzarse en entender que los problemas de salud mental comunes tienen más probabilidad de presentarse en las personas con bajos ingresos y en mejorar su habilidad para proporcionar una atención adecuada a estas personas en los contextos clínicos.
·        Los psicólogos deben tratar de entender el impacto de la clase social en el éxito académico, las aspiraciones laborales y el desarrollo laboral a lo largo de la vida.
·        Los psicólogos deben tratar de entender la interacción entre la inseguridad económica, el desempleo y el subempleo e intentar contribuir al desarrollo de programas para mejorar la empleabilidad de estos individuos.
En muchos países la atención psicológica se ha convertido en un servicio elitista donde solo las personas con muchos recursos pueden costear sesiones de 100 dólares para arriba. Es momento que podamos replantearnos el tipo y accesibilidad del servicio que ofrecemos y cómo dice la guía: todos los psicólogos debemos esforzarnos en promover la igualdad del acceso a la atención psicológica. Actuando de dicha manera no solo abrimos la puerta a las personas que lo necesitan sino que también hacemos un acto de justicia social.

jueves, 19 de marzo de 2020

De la ecoansiedad a la solastalgia: así pasa factura el cambio climático a la salud mental

NACHO SÁNCHEZ    |   El País   |   13/08/2019

Los desastres naturales y la incertidumbre que genera el calentamiento global no solo asolan pueblos y tierras de cultivo, también pueden provocar graves trastornos psicológicos.

Cuando el calor aprieta cuesta más conciliar el sueño, el estado de ánimo cambia, aparece la ansiedad y el cansancio llega antes. Son efectos bien conocidos que percibimos como normales y que son cada vez más frecuentes, ya que los termómetros no paran de romper récords, pero las previsiones no son nada halagüeñas, ni en lo que se refiere a las temperaturas ni a los efectos en la salud. La temperatura aumentará entre 3 y 5 grados durante el siglo XXI, según la Organización Meteorológica Mundial, y el cambio climático tendrá graves consecuencias en la salud mental de millones de personas. No hay que esperar al futuro para ver la relación entre el calentamiento global y los trastornos psicológicos; están mostrándose ya.

"A medida que la temperatura ambiente aumenta, la salud mental se ve deteriorada", explica Felipe González, el profesor de la Universidad Católica de Chile que ha liderado un estudio publicado la revista Nature Climate Change, que analiza cómo afecta la subida de los termómetros a la salud mental de las personas. El trabajo, que se ha centrado en Estados Unidos y México, con resultados similares a ambas orillas de Río Bravo, concluye que "durante un mes particularmente caluroso hay más suicidios y las personas tuitean sentimientos más depresivos".

No es una novedad que un incremento de las temperaturas altera los patrones del sueño, empeora el estado de ánimo y reduce comportamientos saludables como hacer ejercicio, pero González explica que aún no se conocen las causas exactas de cómo inciden las variaciones en el clima en nuestra salud. Sin embargo, cree que hay "buenas razones" para pensar en una explicación fisiológica: la forma en que trabajan los neurotransmisores como la serotonina, que regula la emoción y la temperatura corporal, parece estar detrás del fenómeno. "Nuestros procesos fisiológicos están regulados por la naturaleza, y el cambio climático genera perturbaciones, rompe nuestro equilibrio con el entorno y se convierte en una importante fuente de estrés", añade el psicólogo Juan Cruz. "Todo ello incide especialmente en poblaciones más vulnerables como las personas mayores, dependientes o quienes tienen algún problema mental", destaca. No es casualidad que la Organización de Naciones Unidas ha incluido ya la salud mental entre sus indicadores para analizar el impacto del cambio climático.

La factura psicológica de los desastres naturales

El trabajo de González forma parte de un goteo de investigaciones que vinculan el cambio climático con el deterioro de la salud mental. Otras observaciones interesantes apuntan a que en épocas con variaciones importantes del clima -lluvia por encima de lo normal o temperaturas altas poco habituales- las consultas por trastornos mentales se incrementan. Es uno de los principales resultados de un trabajo publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos PNAS, liderado por el investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts Nick Obradovich.

Para llegar a esta alarmante conclusión, los científicos analizaron datos de dos millones de personas entre 2002 y 2012 en el país norteamericano, lo que les permitió establecer una relación entre el aumento de las temperaturas y el incremento de problemas como la ansiedad, el estrés y la depresión. Otra de las conclusiones del estudio es que el riesgo de desarrollar problemas de salud mental de las personas que han vivido el huracán Katrina (que en 2005 dejó 2.000 muertos y más de 650.000 desplazados) es un 4% superior. Los supervivientes, además, tienen gran riesgo de sufrir estrés postraumático y la mitad de ellos tuvieron episodios de ansiedad o un trastorno del estado de ánimo.

Sequías, tormentas, inundaciones y otros desastres que el cambio climático promete hacer más frecuentes tienen un papel clave en la salud mental, que precisa un cuidado más atento de lo que a veces pensamos. Sus consecuencias se traducen en traumas debidos a pérdida de seres queridos o bienes personales, y afectan aún con mayor fuerza cuando obligan a las personas a desplazarse dentro de su propio país o a emigrar a otro. En estos casos surgen problemas de pérdida de identidad personal y profesional, sentimientos de impotencia y miedo, ausencia de autonomía... También aparecen dolencias como la llamada solastalgia, un neologismo que define un "fenómeno que se caracteriza por un sentido de desolación y pérdida similar a lo experimentado por personas obligadas a migrar de su entorno familiar".

Los fenómenos meteorológicos extremos no solo alteran ecosistemas, desorganizan la producción de alimentos y el suministro de agua, dañan infraestructuras y asentamientos humanos, también tienen "consecuencias para la salud mental y el bienestar humano". Insiste en ello el informe Impacto, adaptación y vulnerabilidad, del Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático, que ya en los noventa alertaba de que el principal impacto directo del cambio climático serían las migraciones forzosas, la mayoría en países en vías de desarrollo. Sus poblaciones son las más vulnerables porque "tienden a depender más de la actividad económica relacionada con la agricultura", explica el investigador Felipe González. La economía queda más en manos del clima y, por tanto, su población está más expuesta a los problemas de salud mental. El resto del mundo también se enfrenta a este delicado desafío.

Ecoansiedad por una Tierra perdida

El informe El concepto de refugiado climático, publicado por la Unión Europea en mayo del año pasado, refleja que cerca de 26 millones de personas se ven afectadas cada año por inundaciones, sequías o tormentas en todo el mundo. Prácticamente una cada segundo. También que el clima ha obligado a emigrar a uno de cada diez residentes de islas como Kiribati, Nauru y Tuvalu, en el océano Pacífico, o que 200.000 personas de Bangladesh -el segundo país más vulnerable al cambio climático, después de Chad- se quedan sin hogar anualmente debido a la erosión de la orilla de los ríos.

Pero no hay que viajar tan lejos para comprobar estos perjuicios. Se intuyen en los incendios que España sufre cada verano (que pueden prevenirse con medidas muy poco traumáticas), cuyos efectos se exacerban en tragedias recientes como las de Atenas -con casi un centenar de fallecidos, en julio de 2018- o Portugal, donde 62 personas perdieron la vida el verano de 2017 a causa del fuego. Estos episodios han hecho que muchas personas se hayan quedado sin casa o tierras de cultivo. Para ellas, se ha hecho realidad la amenaza a la salud mental latente bajo los cimientos de un mundo amenazados por el calentamiento global.

"En general, el cambio climático puede considerarse una fuente adicional de estrés para nuestras preocupaciones cotidianas", insiste el estudio Salud mental y nuestro clima cambiante: impactos, implicaciones y orientación, publicado en la revista International Journal of Mental Health Systems y elaborado por la Asociación Psicológica Americana y Ecoamérica. La cada vez más rápida destrucción del planeta inquieta a una ciudadanía a la que la pérdida de biodiversidad, las noticias sobre grandes incendios o la desaparición de especies afectan de una u otra manera. "Aunque no lo parezca, es un sentimiento de tristeza que aparece y nos inquieta", añade el psicólogo Juan Cruz, quien habla del concepto de "ecoansiedad o ansiedad climática", al que define como "el miedo crónico a la destrucción medioambiental" y que sucede bien porque una persona empatiza con ese sufrimiento del planeta bien porque ha vivido una situación directa de catástrofe ambiental. La solución está en el presente, y se llama prevención.

"Se necesitan compromisos globales, como los Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Marco de Sendai para ayudar a avanzar en la salud mental global y la acción climática", concluye el estudio anterior. Sus investigadores piden en las conclusiones que el tema se aborde "de manera eficiente y holística", convirtiendo la prevención de los problemas de salud mental debido al cambio climático en un reto del siglo XXI.



lunes, 16 de marzo de 2020

Nise da Silveira, la psiquiatra de la creatividad

ALBERTO LÓPEZ      |  El País   |   15/02/2020


La doctora brasileña desafío las violentas terapias establecidas y humanizó el trato a los pacientes con enfermedades mentales a través del arte y el contacto con animales.

Nise da Silveira se acostumbró a ir a contracorriente durante toda su vida y a ser pionera en sus propuestas de terapias: fue la única mujer de su promoción de Medicina, con 157 hombres, y una de las primeras en ejercer la profesión en Brasil. Su constante lucha contra lo establecido por querer poner al paciente siempre en el centro le trajo numerosos disgustos e incluso estuvo a punto del despido, pero su audacia y paciencia lograron imponer unos métodos terapéuticos revolucionarios que han dotado de humanidad a los pacientes de enfermedades mentales y los ha conectado con su realidad y su expresividad.

Diminuta y frágil de aspecto, Nise da Silveira tenía una personalidad arrolladora y fue capaz de conseguir aquello que se propuso. Defendió siempre con gran vehemencia sus ideas en el contexto de la psiquiatría institucional y se convirtió en una pionera de la terapia ocupacional, considerada residual en aquellos años. Luchó y se opuso a los tratamientos violentos a los pacientes mentales y logró transformar tanto este apartado de la medicina que hasta logró el reconocimiento unánime de denominar clientes a los pacientes y coterapeutas a los animales que empleó en los tratamientos.

Su legado, más allá de sus artículos y libros, de la introducción del arte en las clínicas y del trabajo con mandalas y animales con sus pacientes, sigue vivo en Brasil a través del Museo de Imágenes del Inconsciente, que alberga más de 350.000 piezas creadas por ellos a lo largo de los años y que, en algunos casos, han sido catalogadas por los críticos como auténticas obras de arte.

Nise da Silveira nació en Maceió, capital del estado brasileño de Alagoas, el 15 de febrero de 1905. Su padre era periodista, director de uno de los diarios de la ciudad, y eso le permitió estudiar en un buen  colegio religioso solo de niñas. Aunque su madre siempre quiso que fuera pianista, su vocación, sin embargo, la llevó por el terreno científico y con 21 años logró el título de Medicina en una promoción en la que era la única mujer en una clase con 157 hombres.

La joven doctora obtuvo su título en 1926 con su tesis ‘Ensayo sobre la criminalidad de la mujer en Brasil’, y cuando estaba comenzando su carrera profesional, la muerte prematura de su padre un año después la llevó a Río de Janeiro, donde estableció sus raíces intelectuales y profesionales. Nise se casó con un compañero de carrera, Mario Magalhaes, con quien compartió su vida hasta su fallecimiento en 1986. Ambos formaron parte de los círculos artísticos y literarios de la capital, empezaron a participar en los ambientes marxistas y Nise colaboraba con artículos médicos en prensa.

En 1932, con 27 años, la doctora Da Silveira ganó una plaza por concurso para un puesto de psiquiatra y comenzó a trabajar en el Servicio de Asistencia a Psicópatas y Profilaxis Mental en Praia Vermelha y lo compaginó con sus estudios en la clínica neurológica de Antônio Austregésilo.

Una enfermera que trabajaba con ella la denunció en 1936 por tener libros marxistas en su taquilla, y estuvo en prisión 18 meses. A su salida, y durante casi ocho años, Nise y su marido permanecieron casi en la clandestinidad y alejados de las actividades públicas por la persecución política. Este retiro lo aprovechó Nise para leer mucho y seguir formándose.

El 17 de abril de 1944 Nise da Silveira regresó a la administración pública en el Hospital Pedro II, antiguo Centro Nacional de Psiquiatría ubicado en un suburbio de Río de Janeiro. Allí se opuso con todas sus fuerzas a los tratamientos que se realizaban por electrochoques, así como a las camisas de fuerza, al aislamiento, a la psicocirugía y a otros métodos que ella consideraba extremadamente brutales y torturas.

Ese mismo año sintió la satisfacción de colaborar con el psiquiatra Fábio Sodre en la introducción de la terapia ocupacional en el hospital, con tanto éxito que dos años después el director del centro le pidió que creara la Sección de Terapia Ocupacional y Rehabilitación (STOR) en el hospital. Nise dirigió la STOR desde su fundación en 1946 hasta su jubilación forzosa en 1975 al cumplir los 70 años.

Antes de llegar Nise la terapia ocupacional de los pacientes consistía en tareas de limpieza y mantenimiento. Con ella se crearon talleres de pintura y modelado con el propósito de permitir a los pacientes restablecer sus lazos con la realidad a través de la expresión simbólica y la creatividad.

La Sección de Terapia Ocupacional y Rehabilitación tenía algunas secciones especializadas, pero fue la creación del taller de pintura la que la hizo famosa. En poco tiempo el taller de la STOR ganó notoriedad a nivel local y nacional y la producción de los pacientes se convirtió en un material impresionante sobre las imágenes de la psicosis, dando lugar a exposiciones de las obras de los pacientes incluso en el Museo de Sao Paulo de Arte Moderno. Para preservar e investigar la colección de obras que se iban produciendo, y que en la actualidad reúne cerca de 350.000, Nise creó el internacionalmente famoso Museo de Imágenes del Inconsciente en 1952.

Para Nise la terapia ocupacional era una psicoterapia no verbal, única y apropiada para la rehabilitación del psicótico. Para ella, el psicótico no era una mera lista de síntomas positivos y negativos; era preciso dar al paciente un ambiente en el que pudiera encontrar el apoyo emocional que le ayudara a volver al mundo exterior.

Más adelante, Nise también introdujo animales (gatos y perros) en su servicio como una forma de atraer el afecto de establecer un puente psicótico con el mundo real. El hecho de cuidar de los animales tuvo un efecto positivo en estos pacientes, y esta relación con los animales la acompañó durante toda la vida.

En 1956, Nise da Silveira desarrolló otro proyecto revolucionario: la Casa das Palmeiras, una clínica para antiguos pacientes de instituciones psiquiátricas en la que podrían expresar libremente su arte y ser tratados como pacientes externos a diario.

Nise estudió la terapia ocupacional desde todos los puntos de vista de su época y encontró en la psicología profunda de Carl Gustav Jung la base para explicar la producción artística en el taller de pintura que ella creó. Tras intercambiarse muchas cartas, logró entender el posible lenguaje del proceso de la psicosis, al descubrir que había una profusión de figuras circulares o mandalas, la recurrencia de temas mitológicos y religiosos en las pinturas de sus pacientes, y darse cuenta de que se trataba de una producción en vivo del inconsciente de estos.

El primer encuentro entre Nise y Jung se produjo en 1957 en el II Congreso Internacional de Psiquiatría en Zúrich. Después, Jung inauguró la Exposición ‘Esquizofrenia en Imágenes’ del Museo de Imágenes del Inconsciente de Nise. Esta muestra causó tal impresión que supuso el reconocimiento internacional definitivo de las ideas y el trabajo de Nise da Silveira. Después, en Brasil, fundó el Grupo de Estudio de Carl Jung, que presidió hasta 1968.

El trabajo de Nise da Silveira sobre terapia ocupacional y la comprensión del proceso psicótico a través de imágenes del inconsciente dio origen, a exposiciones, películas, documentales, audiovisuales, cursos, simposios, publicaciones y conferencias. A lo largo de su vida recibió condecoraciones, títulos y premios en diferentes áreas del conocimiento.

Nise da Silveira falleció en Río de Janeiro el 30 de octubre de 1999, a los 94 años de edad. Su obra e ideas inspiraron la creación de museos, centros culturales e instituciones terapéuticas similares a las creadas en diversos estados del Brasil, se sucedieron por todo el mundo como reconocimiento a su gran contribución a la psiquiatría y la humanización de los pacientes.

La película de 2015 ‘Nise: el corazón de la locura’, dirigida por Roberto Berliner y protagonizada por Glória Pires, realiza un recorrido por la vida profesional de Nise y sus logros médicos.