martes, 14 de abril de 2020

"Me siento mejor porque tengo fobia a la calle" - Coronavirus

JAVIER MARTÍN-ARROYO|ANA ALFAGEME   |   El País   |   Sevilla-Madrid   |   13-04-2020

Las personas con problemas de salud mental soportan con entereza el confinamiento e incluso experimentan progresos.

 “Es un reto mantenernos como grupo, ¡pero tenemos que adaptarnos!”. El grito contenido sale de la videoconferencia que mantienen estos días una quincena de personas con problemas de salud mental junto a los psicólogos Ignacio Puerta y Dina Fariñas para mitigar el confinamiento. Las montañas de pensamientos de los miembros de esta asociación, Madrid norte Afaem5, se reordenan y aligeran su peso al compartirse ahora en pantalla, antaño en sesiones, excursiones y reuniones de apoyo mutuo. Para sorpresa de la mayoría, lidian con la reclusión con entereza, a veces incluso han experimentado cierta mejoría.

“No es tan infrecuente”, dice el psicólogo Fernando Egea. “Ocurre en las guerras. El instinto de supervivencia enmascara los problemas psicológicos”. “Es como si las neurosis no nos las pudiéramos permitir en estas circunstancias”, asegura el psiquiatra Enrique García Bernardo. Este hecho también lo recoge la guía para psiquiatras que ha elaborado para esta crisis el Centro para el Estudio del Estrés Traumático de Estados Unidos: “La mayoría de las personas con enfermedades mentales preexistentes se manejarán bien, incluso algunos pueden mejorar ante los desafíos y necesidades de los otros”, dice textualmente.

“Las emociones cambian por minutos. Estamos acostumbrados a un control y tranquilidad para sobrevivir a los conflictos, convivir en situación extrema nos hace vivirlo de otra manera. Aunque haya miedo, el entorno está bastante más preparado de lo que pensábamos”, indica Pedro Reina en la videoconferencia. La conversación fluye por encima de los ecos y el sonido enlatado, y el coronavirus deja espacio suficiente para que cada uno hable de sus anhelos y comparta bromas. La casuística es variadísima, como en botica.

Cristina (nombre ficticio), con trastorno límite de la personalidad, atraviesa picos y valles en su rutina anímica diaria: “La convivencia en casa no está siendo idílica. Ahora me siento agobiada, pero al menos estoy con mis cosas. Estoy más encerrada, pero es donde mejor me siento porque tengo fobia a la calle. Y te frenas para ir al hospital, no sabes cómo va a salir la cosa, si será incluso peor”. El real decreto del estado de alarma no incluyó en un principio el permiso para que pasearan por las calles las personas con problemas mentales, pero posteriormente se corrigió.

Juan José Sánchez, padre de dos hijas con esquizofrenia, ofrece la cara positiva: “A una de ellas le ha subido la autoestima porque ahora va ella a comprar, toma la iniciativa y viene contenta. Esto nos ha roto la rutina”. Sobre la dureza de la reclusión en pisos a menudo estrechos, Puerta detalla: “Para ellos, la dificultad principal en los hogares es encontrar espacios donde encontrar su propia identidad”.

El número de personas que lidian con alguna enfermedad mental durante el confinamiento no es menor. En España, una de cada 10 personas sufre algún problema de salud mental y una de cada cuatro lo tendrá en algún momento de su vida. Es decir, en torno a 11 millones de personas, diagnosticadas o sin diagnosticar, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta institución apunta a que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030.

Nel González, presidente de la confederación Salud Mental España, que reúne a 300 asociaciones con 47.000 miembros, matiza: “A veces las convivencias en casa no son un jardín de rosas, tanto tiempo sin válvula de escape... El 85% de la gente vive con su familia y las reacciones son muy diversas, desde el miedo hasta la necesidad de salir, pasando por la inestabilidad ante el futuro incierto”.

En la guía estadounidense anteriormente citada se advierte de que habrá pacientes que sufrirán estrés emocional y aconseja a los sanitarios que en estos casos tengan en cuenta sus preocupaciones e incertidumbres ante la pandemia. Deben “compartirles conocimientos médicos precisos e identificar las medidas que pueden tomar ellos para reducir el malestar y mantener conductas saludables, particularmente el sueño”, señala el documento.

Juan Carlos Maestro, psicólogo clínico del hospital Virgen de las Nieves de Granada, ha visitado una veintena de pacientes en casas hogar: “El 90% lo está llevando igual de bien que nosotros, para sorpresa nuestra”. Fuera de las casas, las unidades de pacientes agudos de los hospitales han sufrido un bajón y tienen camas vacías, confirman sanitarios de Sevilla, Granada, Girona y Santiago de Compostela. Avelino Martínez, enfermero supervisor de la unidad de enfermos agudos del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, confirma: “Los pacientes están respetando la situación muy bien, ya veremos con el paso del tiempo, pero de momento no tenemos ingresos vinculados al confinamiento”.

Consultas por Skype

El psiquiatra García Bernardo, como gran parte de los profesionales de salud mental, ha proseguido sus consultas a través de Skype o Facetime: “Que te vean es algo muy tranquilizador”, asegura. Sus pacientes, tras días de confinamiento, “están razonablemente bien”. “No he visto los cuadros que se daban en la epidemia del sida, con muchas conductas paranoicas”, asegura. También el psicólogo Fernando Egea y sus colegas del centro Psyche han cambiado la relación cara a cara por la pantalla. “Lo importante es hacer seguimiento, en eso la tecnología nos está ayudando muchísimo”, dice.

Esa parece ser la clave. La Sociedad Española de Psiquiatría ha distribuido una extensa guía para que se pueda seguir atendiendo pacientes a través del teléfono o videollamadas. A Celso Arango, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón y presidente de la citada sociedad científica, le preocupan sus pacientes no tanto por el efecto que pueda tener sobre ellos el confinamiento, sino porque no puedan recibir terapias intensivas que lo precisan. “Ahora lo hacemos telefónicamente”, puntualiza. Y los que forman parte de ensayos clínicos reciben su medicación a través de mensajero.

UNA VULNERABILIDAD QUE SE SUMA A OTRAS MUCHAS

El confinamiento pasará factura psicológica a toda la población, independientemente del estado de salud mental previo. Una revisión de investigaciones realizada por The Lancet y publicada en marzo señalaba que las personas que fueron sometidas a cuarentena en epidemias previas a esta crisis tuvieron más riesgo de padecer síntomas de estrés postraumático (una dolencia que se observa en catástrofes o emergencias caracterizada por pesadillas y flashbacks que reviven la situación dañina, un estado de hipervigilancia, anestesia emocional y evitación de los escenarios de la tragedia) además de irritabilidad, malestar, depresión, estrés, agotamiento emocional y un estado de ánimo decaído. Y a más duración de la reclusión, peores eran los efectos sobre la salud mental. “Nos queda una etapa larga, porque luego habrá mucho estrés postraumático”, intuye Susana Mantas, enfermera psiquiátrica y psicóloga del hospital Santa Catalina de Gerona. Los autores del artículo de la publicación británica señalan que padecer una enfermedad mental previa a la situación de confinamiento es un factor de riesgo para sufrir síntomas de ansiedad y episodios de ira cuando concluye el periodo de cuarentena. Otra publicación de The Journal of the American Medical Association recalca la mayor susceptibilidad de los enfermos mentales a la infección por coronavirus por cuestiones como las altas tasas de tabaquismo que se dan en el colectivo y que causan peor pronóstico en caso de enfermar. También destaca que dentro de la población sin techo, donde se dan muchas patologías mentales, es difícil el control de la Covid-19, porque es más ardua la identificación de la infección, su seguimiento y el adecuado tratamiento.



Cómo detectar y tratar la depresión

DR. RAÚL FERNÁNDEZ-VILLAMOR ORTIZ   |   TopDoctors   |   08/01/2020
La depresión es una enfermedad que consta de síntomas emocionales o mentales, pero también físicos o corporales. Se trata de un estado de ánimo triste, transitorio, que se produce a causa de una circunstancia adversa, que puede estar relacionada con factores genéticosbiológicos y psicosociales.

En la actualidad, la depresión es una enfermedad muy común. De hecho, aproximadamente una de cada tres personas padece, a lo largo de su vida, algún trastorno afectivo. Concretamente, dos de cada tres personas son mujeres y la media de edad de inicio de la enfermedad depresiva es de 40 años.
Los síntomas de la depresión.- Existen una serie de síntomas comunes en la depresión:
  • Tristeza
  • Anhedonia o pérdida de interés e incapacidad de disfrutar
  • Baja autoestima
  • Apatía
  • Falta de ilusión
  • Falta de motivación
  • Falta de iniciativa
  • Alteración del sueño y del apetito
  • Cansancio
  • Problemas de concentración y de memoria
En la mayoría de los casos, estos síntomas van acompañados de otros síntomas ansiosos y físicos, como pueden ser dolores musculares y de cabezacansancioestreñimiento o diarrea y opresión en el pecho. Además, en las depresiones más graves pueden aparecer incluso ideas de muerte y suicidio.
¿Cómo se diagnostica?.- Existen muchos casos de depresión que no son diagnosticados, porque hay muchas personas que padecen esta enfermedad que no saben que la padecen. Esto suele ocurrir, estas personas entienden que cuando existe un conflicto o problema externo es normal estar con esos síntomas.
Sin embargo, cuando los síntomas anteriores se presentan de forma continuada resulta conveniente consultar con un médico, porque la depresión es una enfermedad que causa una disminución importante en el funcionamiento diario.
El tratamiento para la recuperación.- En el caso de que se diagnostique la enfermedad, se debe seguir un tratamiento farmacológico que consiste en la ingesta de fármacos modernos con bajos niveles de efectos indeseables, permitiendo a los pacientes llevar una vida mejor.
Además del tratamiento farmacológico, existen herramientas terapéuticas, como la psicoterapia, que puede contribuir a la recuperación del paciente. Estas técnicas deben ser aplicadas por profesionales competentes, con una serie de objetivos claros para que el paciente pueda afrontar su enfermedad

viernes, 10 de abril de 2020

Hacen falta campañas para prevenir el suicidio como las que se hacen contra los accidentes de tráfico

MIGUEL ÁNGEL MEDINA   |   El País  |    29/10/2019


En 2017, en España se suicidaron 3.680 personas y hubo 1.830 fallecidos en accidentes en las carreteras. La psiquiatra Ana González-Pinto habla sobre el asunto

¿Es positivo informar sobre el suicidio? Ana González-Pinto (Bilbao, 1960; 59 años), presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, considera que romper los tabúes sobre este tema ayuda en la prevención y pide crear campañas específicas para concienciar sobre esta problemática. La psiquiatra, que ha desarrollado su labor en Durango y Vitoria, atiende a EL PAÍS durante la jornada 'Depresión y Suicidio. La realidad silenciada'.

Pregunta. ¿Cómo deben informar los medios sobre el suicidio?   |   Respuesta. Los medios han pasado por tres fases: la primera, dar las noticias de manera alarmista; la segunda, el silencio; y ahora estamos en una tercera fase en la que hay que tratar la noticia con delicadeza, prevenir, dar esperanza a las personas que están en riesgo.

P. ¿Los medios están siguiendo estas pautas?   |   R. Se está empezando a mejorar, pero queda mucho camino por hacer. Todavía está en la cabeza de los periodistas el silencio, no dar noticias sobre suicidios, esto nos lo comentan muchos periodistas.

P. En las redacciones se solía decir decir que publicar que alguien se quita la vida tenía un efecto llamada...|   R. Eso ocurre si se da la noticia de una forma alarmista. En cualquier caso, no es recomendable hablar sobre un suicidio concreto –porque ahí puedes hacer daño a la familia– es mejor hablar en general de la prevención, del riesgo, de las tasas de suicidio, dar información sobre la problemática.

P.  Entonces, ¿cómo ayudamos a evitar futuros casos?   |   R. Hay que informar sobre lo que lleva al suicidio, que en muchos casos es una depresión. La gente cree que es un estado de ánimo; pero la depresión es una enfermedad y se puede buscar ayuda. Es necesario diferenciar entre estar triste y la enfermedad depresiva. También hay saber qué hacer cuando alguien tiene ideas suicidas: lo primero es recomendarle que acuda al médico. Pero, además, debemos dar noticias a la sociedad pidiéndole solidaridad con las personas que en un momento tienen un problema de salud mental o un trastorno depresivo.

P. ¿Sigue habiendo un tabú con estos temas?   |   R. Totalmente. Por eso hay que normalizarlo. Es un trabajo a medio plazo. Hace falta que personas con una enfermedad mental salgan en los medios para contar lo que les ocurre. El suicidio es un problema de salud pública, la primera causa de muerte no natural en los adolescentes. Unas 3.600 personas al año se suicidan en España, son unas cifras enormes. La mortalidad por suicidio es superior a la mortalidad por accidentes de tráfico [en 2017, en España se suicidaron 3.680 personas y hubo 1.830 fallecidos en accidentes de tráfico]. Hay que pensar en el esfuerzo que hace el Gobierno para disminuir los accidentes de tráfico, con unas campañas de publicidad excelentes; tenemos que hacer lo mismo con el suicidio, hacer campañas destinadas a la prevención.

P. ¿Qué queda por hacer?   |   R. Una de las ideas es crear un teléfono gratuito al que acercarse cuando una persona tiene ideas suicidas. Confiamos en que antes de fin de año exista ese teléfono. Y falta mucho más: sobre todo la implicación social en la prevención, no solo del ámbito de la salud mental, que ya está muy implicado, sino también de los médicos de primaria, de los periodistas, de los agentes sociales, de los colegios...


Ansiedad y angustia: un estudio confirma los efectos del confinamiento sobre la salud mental

SALUD EN 1 MINUTO       |    07/04/2020

No solo en busca de fármacos y vacunas contra el Covid-19. La investigación científica también está siendo muy prolífica en muchos otros campos en este momento de alerta sanitaria. Y es que es necesario entender, entre otros aspectos, el impacto que tendrá sobre la salud de los ciudadanos; especialmente, las consecuencias psicológicas de la cuarentena impuesta para revertir la curva de contagios.

Por eso investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con profesionales de la Universidad East Anglia (Reino Unido), han puesto en marcha un estudio(1) en el que participan más de 2.000 ciudadanos de toda España.

El objetivo es evaluar su estado y la evolución de su salud mental a través de un completo seguimiento. De momento, los resultados obtenidos durante la primera semana del confinamiento en nuestro país (del 15 al 22 de marzo) muestran un alto porcentaje de casos de ansiedad y angustia, sintomatología que puede corresponder a un cuadro de estrés agudo, así como ciertos trastornos del sueño y síntomas depresivos.

El estudio continuará en el tiempo, pues entre sus objetivos también está determinar si esos síntomas psicológicos se revierten una vez terminada la crisis. En la mayoría de los casos es lo que se espera que suceda, pero los investigadores alertan de que un alto porcentaje de personas se encuentra en “nivel de riesgo” y de que en algunos casos los efectos de cuarentenas similares anteriores perduraron durante meses o incluso años.



martes, 7 de abril de 2020

Deporte para prevenir y luchar contra el ciberacoso

PEDRO SEDANO    |   ABC – Castilla y León   |   06/11/2019

“La práctica deportiva como elemento transversal en las aulas puede ser una herramienta contra el acoso escolar, según un equipo de docentes de la Universidad de Burgos”.
La implantación de proyectos cooperativos que fomenten la práctica del deporte como elemento transversal es una de las fórmulas para luchar contra el acoso en las aulas y, sobre todo, contra el ciberacoso, más difícil de prevenir y detectar. Es el punto de partida de un proyecto que ha realizado un equipo de docentes del área de formación de profesorado de la universidad de Burgos. Uno de ellos, David Hortigüela, cree que es una fórmula que permite mejorar la convivencia. El trabajo se ha basado en un caso real de un centro educativo de Burgos en el que la víctima fue una niña de 12 años.
El caso real de una niña llevó a diseñar un modelo para responder a los casos de ciberacoso y prevenir para que no se repitan. Fueron los padres de la alumna los que acudieron al centro para dar la voz de alarma cuando la niña llevaba meses recibiendo mensajes muy duros de acoso a través de una conocida red social.
El objetivo de la respuesta en este caso era «naturalizar» la situación, actuar contra los autores del acoso y no intentar enfocar toda la actuación hacia la víctima porque «ponerla en primer plano podía suponer un problema añadido para ella». El éxito del modelo ha hecho que se plantee como una fórmula de aplicación general en estos casos y se utilice de manera sistemática como "herramienta" de prevención, explica Hortigüela, que es director del Área de Didáctica de Expresión Corporal de la Universidad de Burgos.
Fueron los propios acosadores los encargados de organizar actividades durante todo un curso para favorecer la socialización. Se trata, en buena parte, de fomentar la práctica de la educación física fuera de las clases específicas. En la programación se incluyen «recreos activos», pero también actividad deportiva extraescolar con alumnos, profesores y familiares, e incluso rutas de senderismo de fin de semana abiertas a toda la comunidad educativa.
Hortigüela reconoce que «el inicio de la respuesta es duro» porque no se trata de obviar la situación de ciberacoso, sino de tenerla presente para analizarla y conocer los efectos que puede tener en la víctima. A medio plazo, se pretende olvidar lo ocurrido, una vez superado, pero mantener el recuerdo de su gravedad para que no se repita. En este caso concreto, se crearon grupos de discusión de alumnos para abordar el problema e incluso charlas y vídeos educativos. Insiste en que la lucha contra el acoso debe partir de todas las áreas del centro educativo porque «antes de las enseñanzas de Lengua, Matemáticas o Inglés tiene que haber una base de respeto, empatía y solidaridad, porque si no, no se puede hablar de educación».

Un elemento peligroso

Esta transversalidad es aún más importante en el acoso mediante las nuevas tecnologías, el ciberacoso, que es más difícil de detectar que el acoso físico, que es más medible y observable.
En el origen de este acoso tecnológico se encuentra en muchas ocasiones el teléfono móvil que para Hortigüela es «una herramienta de alto riesgo». Recuerda que es un «instrumento social» cuyo uso requiere educación. En su opinión, la prohibición de uso en los centros educativos no es una solución definitiva porque los chavales siguen usando el móvil cuando salen de las aulas y lo que hay que hacer es enseñarles a prevenir los riesgos que puede conllevar un uso inadecuado. Considera que los chicos no son conscientes en muchas ocasiones de que lo que suben a una red social queda allí aunque luego intenten borrarlo, pero tampoco ven con claridad cómo sus acciones ante la pantalla pueden afectar a los demás, en ocasiones de forma grave.
El manejo de esta «nueva realidad tecnológica» ya se está trabajando en las facultades de Educación, donde se forma a los futuros profesores. También es objeto de cursos de formación del profesorado, dado que muchos profesores no habían recibido estas pautas en su formación inicial.
Para Hortigüela, se debe aprovechar la mejora de la autoestima, la cooperación y la solidaridad que puede fomentarse desde la práctica deportiva bien empleada. Cree que «el uso del cuerpo» más allá del área de Educación Física debe ser algo transversal en los centros educativos. Se trata de un nuevo concepto en el que se apoye el éxito de cada alumno, en lugar de fomentar la competitividad o realizar una «gimnasia tradicional», muy exigente físicamente y que puede provocar que algunos alumnos no sean capaces y queden atrás.


sábado, 4 de abril de 2020

Por qué hacemos lo que hacemos

Eparquio Delgado   |   El País Semanal   |   03/03/2020

La interpretación de las conductas de las personas ha alimentado un abanico de teorías. Solo si conocemos bien sus historias interactivas podremos saber por qué se comportan de cierta forma.

Muchas personas creen que ciertas conductas de los seres humanos tienen un significado oculto, ubicado en el inconsciente. Esta idea tiene que ver con la enorme influencia que ha tenido —y sigue teniendo en algunos países— el psicoanálisis, hasta el punto de que muchos de sus conceptos han pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano: trauma, libido, complejo de Edipo, pulsión… Desde esta perspectiva, si queremos comprender el significado de nuestras respuestas psicológicas, debemos acudir a un psicoanalista que establezca una relación con nosotros para que nos ayude a saber qué es lo que realmente llevamos dentro, eso que solo se manifiesta indirectamente a través de lo que hacemos, pensamos y sentimos.

Esa idea de que podemos encontrar significados ocultos en los gestos, reacciones, posturas y demás conductas humanas sigue presente en la psicología científica actual. El famoso psicólogo Paul Ekman ha dedicado buena parte de su vida a identificar las llamadas microexpresiones, pequeños movimientos faciales casi imperceptibles para los demás que son extremadamente difíciles de controlar. La teoría es que si uno aprende a identificar estos microgestos puede diferenciar a un mentiroso de alguien que dice la verdad.

A pesar de lo populares que se han hecho las tesis de Ekman, ningún sistema judicial del mundo acepta como prueba de mentira el informe de una persona o sistema artificial entrenado en la lectura de las microexpresiones. El propio autor ha sido más moderado que algunos de sus entusiastas divulgadores al referirse a este asunto. En varias ocasiones ha comentado que no existe un signo universal de la mentira y que, para saber si alguien miente, el mejor método es comparar su conducta actual con su conducta pasada. Aunque hay conjuntos de microexpresiones que encontramos habitualmente en las personas cuando mienten, no se puede decir que a través de ellas podamos acceder a algo que está en otro lugar más allá de nuestros ojos; en este caso, la intención de mentir. Las microexpresiones no tienen un significado oculto.

Ekman ha sido un autor favorable a la tesis de que la conducta tiene un significado en el interior de la persona. No en vano ha sido uno de los grandes defensores de que la expresión de las emociones es universal, compartida por todos los seres humanos y producto de la evolución de la especie. Según esta postura, todos los seres humanos expresamos las emociones de la misma manera, por lo que se puede saber lo que alguien siente observando su rostro. Esta ha sido una afirmación indiscutida hasta hace bien poco, pero hoy contamos con algunas pruebas que indican que quizá la expresión de las emociones no sea tan universal como se pensaba. Un estudio realizado por antropólogos españoles y publicado en 2016 encontraba que las expresiones emocionales son herramientas que utilizamos en la relación social, más que el signo de un estado emocional interno, y que no siempre una expresión significa lo mismo en dos culturas distintas. Parece probable que las expresiones emocionales vayan tomando forma en el seno de una comunidad en lugar de venir “de serie” en nuestra biología.

Frente a esta búsqueda del significado de la conducta en lugares misteriosos ubicados en el interior, podemos conocer el sentido de su comportamiento de una manera más natural y sencilla. Una cosa es que no podamos entender lo que una persona hace y otra muy distinta es asumir que resulte imposible saberlo porque se refiere a algo que está oculto. De hecho, todos comprendemos a diario el significado de las conductas de los demás sin necesidad de preguntarles por las razones e intenciones de lo que hacen. Es suficiente con conocer la historia de esa persona y la relación que ha tenido con esa misma situación. Incluso es suficiente con que nosotros mismos hayamos pasado por situaciones similares. Cuando conocemos a alguien muy bien porque hemos compartido mucho tiempo con él, somos capaces de anticipar sus reacciones con asombrosa facilidad, intuir si se encuentra bien o mal e incluso saber lo que está pensando. Para entender por qué y para qué se comporta como lo hace no hace falta adentrarnos en su mente, en su inconsciente ni tampoco en su cerebro. Si conocemos bien la historia interactiva de una persona, podemos llegar a entender perfectamente el significado de su conducta, y esto es posible porque no reaccionamos psicológicamente a los objetos y situaciones en sí mismas, sino en función de la historia que tenemos con ellos. Un perfume puede ser solamente un aroma agradable o evocar el recuerdo de un amor perdido. Bailar puede resultar divertido para alguien a quien han felicitado reiteradamente por su manera de moverse al son de la música o una experiencia tormentosa para quien ha sufrido burlas en esa misma situación. Somos una historia que se actualiza continuamente.

¿Qué hará la próxima vez que alguien haga algo que no comprenda? Puede optar por suponer que su conducta refleja un significado profundo y oculto para usted y posiblemente para la propia persona, dar por sentado que lo que hace no tiene sentido y que, por tanto, está “loco”, abrirle el cráneo para buscar el significado en su cerebro o asumir que quizá le falta información e indagar en su historia para comprender por qué y para qué hace lo que hace. ¿Qué le parece más útil?


Deporte y salud mental en tiempos de confinamiento

sergi escudero (EFE)   |   Barcelona   |     La Vanguardia   |    02/04/2020

 Santi Díaz atiende a EFE vía telefónica después de hacer una consulta con su psiquiatra y poco antes de empezar una clase conjunta de ejercicios físicos mediante videoconferencia. "Ahora hablaba con mi psiquiatra sobre el hecho de que yo estoy acostumbrado a estar confinado y eso me permite llevar mejor la situación actual. He estado ingresado 15 veces en un centro psiquiátrico", explicó.
Hace un año, Díaz, un hombre de mediana edad, se reconcilió con el deporte en la unidad de subagudos del área de psiquiatría del Hospital Mare de Déu de la Mercè de Barcelona. Allí se lo recomendó una trabajadora social del centro.
La primera experiencia de Díaz fue salir a correr en grupo y con un monitor (de una empresa que usa el deporte para que mejore la vida de las personas con trastornos mentales y adicciones) por la ribera del Rio Besòs, el cual desemboca en la playa de Sant Adrià. Pero no tardó en pasarse a las clases de 'wellness' en un gimnasio barcelonés, donde hasta el confinamiento acudía tres veces por semana.
"El deporte te pone las pilas. Yo soy una persona muy intelectual, dedico mucho tiempo a la música, a la pintura y a la escritura, y a veces, desdeño un poco el deporte. Hacerlo en grupo me motiva", relató Díaz, diagnosticado de bipolaridad tipo 1. En el pasado tuvo otros diagnósticos diferentes.
"Ahora estoy compensado, que le llaman", relató. "El deporte te fortalece el cuerpo, produce endorfinas y me ha ayudado a mejorar mi flexibilidad, que la tenía muy poco desarrollada", añadió.
Por eso, se quejó de la poca importancia que se le da en los centros psiquiátricos. "Básicamente lo que hace la mayoría es tenerte controlado. Allí todavía se llevan a cabo prácticas como atar personas a la cama u obligarlas a comerse todo lo que hay en el plato", sentenció Díaz. "No querer tomarte la medicación te puede crear problemas. Es una cosa con la que yo he tenido que lidiar mucho tiempo porque no quería medicarme. Pero, al final, mi propia experiencia ha hecho que prefiera hacerlo".
Durante estas semanas de estado de alarma las comunidades terapéuticas se han encontrado con dificultades para que sus pacientes con trastornos mentales puedan seguir practicando deporte justo en el momento que más lo necesitan. Las empresas externas que acudían a dar las clases se han visto con problemas para seguir llevándolas a cabo, aunque algunos centros han considerado el deporte como una actividad sanitaria imprescindible y han permitido que los monitores pudiesen seguir acudiendo a ellos gracias a una carta que así lo certifica.
En el caso de los pacientes que viven en sus casas, como Santi Díaz, los monitores les están ofreciendo clases grupales virtuales para que sigan haciendo deporte durante el confinamiento.
"Hay que seguir pensando en los pacientes durante estos días de confinamiento", advirtió Eduardo Torras, CEO de una de las empresas que utilizan el deporte para mejorar la salud mental de pacientes con trastornos psicológicos. "A los pacientes siempre les decimos que la rutina es lo que les ayudará a mejorar y, de golpe, sucede una cosa así y la rutina se rompe en añicos", añadió.
"Nosotros llevamos tiempo intentando que cale en la sociedad el discurso de que el deporte es imprescindible, algo que se está pudiendo comprobar muy bien estas semanas. Las personas con problemas de salud mental ahora necesitan el deporte más que nunca, pero este país aún no lo entiende", continuó Torras.
Muchos de los pacientes que a día de hoy se encuentran ingresados en centros psiquiátricos están acostumbrados a estar confinados en un lugar, así que no se les hace especialmente nueva esta situación que están viviendo. Lo que más les preocupa, y les estresa, según los profesionales, es lo que sucede en el exterior, sobre todo a sus familiares.
Díaz se encuentra mejor y vuelve a vivir en su casa. Allí escribe poesía para expresar lo que siente y lo que sueña, compone canciones y dibuja. Además, vive en una calle donde habitan otros músicos y estos días de confinamiento se animan unos a otros desde los balcones mientras comparten su arte.
"Está bien soñar y salir un poco de la monotonía del fútbol y el periódico, de lo de siempre, para sacar lo que uno tiene dentro", sentenció Santi Díaz. EFE