miércoles, 22 de abril de 2020

El mayor mapa genético de los trastornos psiquiátricos

ABC-Madrid   |   13/03/2020

Un estudio publicado en la revista Cell ha descrito 109 variantes genéticas relacionadas con ocho patologías psiquiátricasel autismo, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo, la anorexia y el síndrome de Tourette.

Para ello, ha trabajado con cerca de 230.000 pacientes de todo el mundo. Se trata de la investigación más detallada que se ha publicado hasta ahora sobre genética de trastornos psiquiátricos.

Más allá de elaborar una lista de posibles factores genéticos que predisponen a desarrollar estas patologías, la investigación determina qué factores de riesgo comparten los diferentes trastornos psiquiátricos.

Un 25 % de la población mundial está afectada por algún tipo de trastorno psiquiátrico que puede alterarles la capacidad intelectual,la conductala afectividad y las relaciones sociales.

El estudio ha definido tres grupos de trastornos genéticamente afines: los que responden a comportamientos compulsivos (anorexia nerviosa, trastorno obsesivo-compulsivo, síndrome de Tourette); los trastornos del humor y psicóticos (trastorno bipolar, depresión mayor y esquizofrenia) y los del neurodesarrollo de inicio precoz (trastorno del espectro autista, TDAH y síndrome de Tourette).

Según detalla Bru Cormand, de la Universidad de Barcelona, centro que participa en el trabajo, «los trastornos clasificados dentro de un mismo grupo tienen tendencia a compartir más factores genéticos de riesgo entre ellos que con los otros grupos. Además, también comprobamos que estas agrupaciones, basadas en criterios genéticos, concuerdan con el tratamiento clínico de las patologías».

Ahora bien, agrega Cormand, «el nuevo trabajo no hace hincapié en los genes que comparten los miembros de un mismo grupo, sino en los genes compartidos por el máximo número de trastornos». Es decir, aquellos factores que darían lugar a un cerebro ‘sensible’, más propenso a sufrir cualquier trastorno psiquiátrico. «Que acabe siendo uno u otro trastorno dependería de factores genéticos más específicos, sin olvidar los factores ambientales».

Es conocido que los pacientes tienden a manifestar muchos trastornos psiquiátricos al mismo tiempo o secuencialmente, a lo largo de su vida.

Según los resultados del trabajo, el gen DCC (relacionado con el desarrollo del sistema nervioso) está presente en los ocho trastornos estudiados. A su vez, el gen RBFOX1 (que regula el proceso de corte y empalme de material genético) está implicado en siete de los ocho trastornos.

También se ha visto, por ejemplo, que el TDAH y la depresión comparten un 44 % de los factores genéticos de riesgo que son frecuentes en la población general. Y en el caso de la esquizofrenia y del trastorno bipolar, la cifra llega al 70 %.

Por su parte, Josep Antoni Ramos-Quiroga, miembro del Vall d'Hebron Instituto de Investigación, opina que «estos resultados ayudan a entender mejor el trastorno TDAH y las razones por las que estas personas pueden sufrir depresiones con más frecuencia. También es una nueva demostración científica de la persistencia del trastorno a lo largo de la vida, incluso en adultos. Esperamos que todo ello ayude a reducir el estigma social alrededor del TDAH y del resto de trastornos mentales», manifiesta.

Cormand destaca que «ahora sabemos que esta coocurrencia de trastornos psiquiátricos tiene, en parte, una base genética. Por tanto, en el caso de una persona afectada por TDAH, podemos llegar a estimar el riesgo de que desarrolle otros trastornos –por ejemplo, la adicción a drogas– y así tomar medidas preventivas. Sin embargo, estas predicciones son de carácter probabilístico y no hay certezas sobre ellas», aclara.

El trabajo se adentra, por ejemplo, en el impacto de la expresión génica en regiones específicas, como los órganos, regiones del cerebro, etc. Así como en el momento en el que se activan y se desarrollan.

El estudio revela que los genes que son factores de riesgo para más de un trastorno suelen expresarse más durante el segundo trimestre del embarazo, coincidiendo con un momento decisivo en el desarrollo del sistema nervioso.

Curiosamente, algunas variaciones genéticas pueden ser un factor de riesgo para un trastorno determinado pero tener un efecto protector en otros casos. «En el estudio se han identificado once regiones del genoma en que los efectos son contrarios en diferentes parejas de trastornos», detalla la profesora Raquel Rabionet, que confirma que todavía estamos lejos de poder resolver el puzle puesto que las relaciones entre los genes son más complejas de lo que pensábamos.

Los cambios en un único nucleótido del ADN –SNP– podrían explicar menos de un tercio de la base genética relacionada con estas patologías. Los otros dos tercios pueden corresponder a otros tipos de alteraciones genéticas, como las variantes raras, que no son tan frecuentes en el genoma humano.

Según apuntan los expertos, los trastornos psiquiátricos tienen un origen multifactorial. «Por ejemplo, gracias a los estudios en gemelos sabemos que el TDAH tiene una carga genética de cerca del 75 %, mientras que el 25 % restante se explicaría por el impacto de factores ambientales, como experiencias traumáticas en la infancia, exposición a toxinas, etc. ».

«Es decir, los SNP tienen un peso importante, pero todavía hay muchos otros factores por explorar», detallan los autores.
«Gracias a los estudios en gemelos sabemos que el TDAH tiene una carga genética de cerca del 75 %», dicen los autores.

En el futuro, una de las prioridades del Consorcio de Genómica Psiquiátrica es completar el paisaje genético de los trastornos mentales mediante el análisis de otras variaciones genéticas, por ejemplo las variaciones del número de copias o CNV, que afectan a segmentos largos del ADN.

Desde la perspectiva de la epigenética –en especial, la metilación del ADN– también se quiere analizar las interacciones entre genes y ambiente, que pueden ser decisivas en psiquiatría.

Además, será importante entender cómo las alteraciones genéticas se traducen en la enfermedad y ello implica estudiar en detalle la función de genes concretos señalados por los estudios genómicos –con modelos animales o celulares–.

«En cualquier caso, el objetivo final será siempre utilizar la genética para mejorar y personalizar el diagnóstico, el pronóstico y la terapia de estas patologías tan prevalentes y, a menudo, tan incapacitantes para las personas que las sufren», concluyen.


domingo, 19 de abril de 2020

"No hay cura en salud mental si no se rehabilita socialmente al paciente "

ANTONI GRAU   |   ITA, especialistas en Salud Mental   |   14/04/2020

ITA está formado por una red de 31 centros ubicados por toda España, y especializados en trastornos alimentarios, de conducta, las adicciones (drogas, juego, comportamentales, nuevas tecnologías) y en la psiquiatría general. Su modelo propio de terapia —imitado y validado nacional e internacionalmente— le ha convertido en un grupo de referencia, donde más de 1.000 profesionales tratan anualmente a más de 5.000 pacientes de entre 7 y 72 años.
-¿Cuándo podemos hablar de trastorno mental? 
Cuando se produce una alteración del funcionamiento normal de nuestro día a día. Una alteración biológica, psicológica o social que rompe nuestra continuidad, nos crea sufrimiento y supone una disfunción en nuestra actividad normal diaria y en nuestras relaciones sociales y familiares.
-¿En qué se basa la metodología propia de ITA? 
El modelo ITA fue pionero, y continúa diferenciándose en cuatro aspectos. El primero pasa por buscar la base de malestar que genera el trastorno y acabar con éste de raíz. Atendemos los síntomas, pero lo más importante es resolver los motivos que condujeron a la irrupción del trastorno. El segundo es que nuestros tratamientos son interdisiciplinares, enfocados desde un punto de vista médico, psicológico y social. Un tercer elemento pasa por la implicación del entorno y la familia del paciente. Y en último lugar, actuamos como una red que cubre todo el proceso asistencial desde la hospitalización, el centro de día y las consultas externas.
-Tratan a muchos adolescentes… 
Comenzamos en 1998 como especialistas en trastornos alimentarios, convirtiéndonos en referencia nacional. Posteriormente, aplicamos algunos de nuestros ingredientes terapéuticos a los trastornos de conducta. En el momento actual tratamos patologías como las adicciones, los trastornos de la personalidad, trastornos psicóticos y trastornos adaptativos entre otros.
-¿Por qué se dan estas conductas en algunos adolescentes? 
En un primer lugar porque los adolescentes tienen cada vez una menor resistencia a la frustración —los adultos también—; en segundo lugar una progresiva devaluación de la idea de autoridad que establece roles y límites en la familia, a lo que hay que añadir familias sobreprotectoras y familias donde no existe un rol parental definido por motivo de desestructuración o por motivos laborales. En tercer lugar una dilatación de la adolescencia. Y, por supuesto, factores externos como la crisis económica de la que estamos viendo ahora las consecuencias en la salud mental.
-¿Cómo podemos saber que nuestro hija o hijo adolescente sufre este tipo de trastorno? 
La rebeldía, si me permite la expresión, del adolescente es algo inherente a su crecimiento. Ponerle una hora de llegada a las 22h y que llegue un poco más tarde es normal. Nos está poniendo a prueba. En cambio cuando se transgreden esos límites, no se respetan de forma reiterada; aparecen comportamientos violentos verbales o físicos y se produce un sufrimiento tanto en el joven como en la familia podemos hablar de trastorno. Algo que se agrava cuando hablamos de consumo de drogas, haciendo a estos jóvenes más impulsivos, con problemas de atención, baja tolerancia al frustración, etc.
-Por último, desde ITA, ¿defienden la incorporación a la sociedad de sus pacientes? 
Absolutamente. No hay cura en salud mental si no se rehabilita socialmente al paciente, devolviéndole su ciudadanía y su derecho a vivir, trabajar y ser un individuo plenamente activo en nuestra sociedad. 
La escesiva medicalización de la vida cotidiana
Para Antoni Grau, Director Clínico de ITA, nuestra sociedad abusa de la medicalización de muchos problemas cotidianos. “Un duelo o una separación se tratan como un problema médico, como si fuese un patología y en muchos casos recurrimos a fármacos, cuando debe ser la propia persona la que desarrolle mecanismos para recomponerse y superar la situación. No debemos buscarles una justificación médica a situaciones que son propias de nuestra vida cotidiana”. Grau señala que “es diferente cuando existe un problema de base que con esa situación puede desencadenar un trastorno mental”. 

Antoni Grau. Director clínico (www.itasaludmental.com) 


viernes, 17 de abril de 2020

El bullying o el estrés prenatal pueden desencadenar psicosis en la adolescencia

ABC   |   Barcelona   |   13/12/2019

Las experiencias estresantes tempranas en los primeros años de vida como el maltrato infantil o el bullying o incluso el estrés prenatal son factores de riesgo de presentar experiencias psicóticas y desarrollar un trastorno psicótico durante la adolescencia o la etapa adulta.

Así lo ha manifestado el psiquiatra Xavier Labad, miembro de la Sociedad Catalana de Psiquiatría y Salud Mental (SCPiSM), de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña, durante una jornada que se celebró en Barcelona sobre «Esquizofrenia y otras Psicosis».

Desde el punto de vista biológico, Labad ha explicado que se ha comprobado que determinadas hormonas relacionadas con el estrés, como por ejemplo el cortisol, factores inflamatorios y alteraciones genéticas y epigenéticas actúan como posibles mecanismos causantes de alteraciones cerebrales y riesgo de sufrir una psicosis en el futuro.

«Desde el punto de vista psicológico también se sabe que el trauma infantil puede impactar negativamente en estilos de pensamiento con errores cognitivos que se asocian a un mayor riesgo de sufrir una psicosis. Sin embargo, el cese de estas experiencias estresantes disminuye el riesgo de presentar síntomas psicóticos», ha añadido el especialista.

Labad ha insistido en que «hay que intervenir precozmente con estrategias preventivas en personas vulnerables, especialmente durante la infancia o la adolescencia, a fin de preservar su salud mental y disminuir el riesgo de sufrir, en el futuro, una enfermedad mental».

Por su parte, Judith Usall, también miembro de la SCPiSM y una de las organizadoras de la jornada, ha señalado que los trastornos psicóticos constituyen un grupo de enfermedades mentales con una repercusión muy importante en la evolución vital y la funcionalidad de las personas que las padecen. «Una de las patologías más importantes dentro las psicosis es la esquizofrenia que, en toda Cataluña, afecta a un 1 % de la población, similar en porcentajes en el resto del mundo», ha especificado Usall.

Marta Coromina, otra de las organizadoras de la jornada, ha añadido que la esquizofrenia «es crónica y necesita recursos sanitarios y sociales de por vida». «También hay otros trastornos psicóticos, como la psicosis posparto, algunas psicosis en el trastorno bipolar, las psicosis secundarias a enfermedades médicas o tratamientos farmacológicos, y las secundarias al consumo de sustancias", ha añadido Coromina, que ha señalado la importancia de estudiar diferentes abordajes terapéuticos para conseguir "una mejor funcionalidad y una disminución de los efectos secundarios derivados de los fármacos».

La jornada la ha organizado la SCPiSM y la ha dirigido Gemma Garcia-Parés, con la participación de más de 150 profesionales, con el objetivo de dar formación basada en la evidencia tanto sobre las actuaciones preventivas como sobre los tratamientos psicológicos, psiquiátricos y sociales de cada síndrome psiquiátrico.


jueves, 16 de abril de 2020

Cómo activar el sistema inmunitario psicológico para resistir mejor la crisis del coronavirus

ROCÍO NAVARRO MACÍAS   |   La Vanguardia   |   15/04/2020

Fortalecer nuestras defensas mentales nos aleja de la negatividad y también mejora la respuesta del organismo.

Igual que el cuerpo cuenta con herramientas para combatir virus y bacterias y salvaguardar la salud física, la mente dispone de sus propios mecanismos que la mantienen en equilibrio. Su herramienta es el sistema inmunitario psicológico. “Por una parte nos ayuda a enfocar nuestros objetivos en la vida en todo momento y, por otra, a protegernos frente a situaciones conflictivas. Ayuda a gestionar mejor el miedo, la ansiedad y el estrés”, comparte el psicólogo sanitario José Elías.

Mantener en forma nuestras defensas mentales es fundamental para sobrellevar situaciones adversas como la crisis epidemiológica a la que se enfrenta la sociedad en estos momentos. Un buen escudo psicológico nos aleja de la negatividad y es fundamental para adaptarse, con optimismo, a las circunstancias. ¿Quieres saber cómo fortalecerlo?

¿Cómo funciona?   |   Un mecanismo automático que tenemos todos los humanos

Cuando nos anticipamos a una situación desagradable, el córtex prefrontal simula una “realidad” basada en el potencial sufrimiento. Sin embargo, cuando el escenario sucede, la respuesta suele ser mejor de lo que esperábamos. Lo que explica esa positividad inesperada es el poder del sistema inmunológico psicológico. Las situaciones desafortunadas tienen un golpe más débil de lo que parecían.

“Este sistema nos permite sobrellevar no solo los pequeños problemas cotidianos, sino también situaciones muy complicadas. Es cierto que ante hechos traumáticos tenemos que sucumbir en la tristeza, pero la calidad de nuestro sistema inmune facilitará la recuperación”, comparte Elías.

Se trata de un mecanismo automático que todos los humanos tenemos. Lo desarrollado que esté dependerá de la calidad de los pensamientos y sentimientos. “Para activarlo, reforzarlo y mantenerlo en estado óptimo es necesario aprender a percibir la realidad cotidiana desde ópticas más alegres y felices. Ante la mayoría de acontecimientos de la vida podemos pensar positiva o negativamente, y eso afianzará o debitará nuestro sistema inmune mental”.

Resiliencia y autoestima   |    Los recuerdos influyen

Según J. Westermann de la Universidad de Luebeck y su equipo, se puede establecer un paralelismo en la consolidación de la memoria psicológica e inmunológica. El sistema inmune recuerda los contactos con antígenos creando células T de memoria, que duran meses o años, y ayudan al cuerpo a reconocer una infección previa, respondiendo rápidamente en caso de nuevo contacto. “Lo mismo pasa con el sistema inmune mental, los recuerdos influyen en su activación y reforzamiento o debilitamiento dependiendo de su signo e intensidad. Si son positivos generamos un estado emocional que nos permite actuar mayor eficacia y seguridad en el futuro”, explica Elías.

Tener la capacidad de adaptarse a situaciones adversas es esencial para mantener un sistema inmunológico psicológico saludable. “El sistema inmune psicológico está relacionado directamente con la resiliencia, ya que las personas resilientes tienen pensamientos positivos frente a los hechos traumáticos que les suceden, por lo que están reforzándolo constantemente”, indica el psicólogo.

En ello coincide psicólogo clínico y profesor de la Universidad Complutense José Antonio Portellano, que indica cómo el sistema inmune psicológico se ve favorecido por la resiliencia, pero también por una buena autoestima y la práctica de la psicología positiva. “Autoestima no es sinónimo de narcisismo, sino sentimiento de apego y bienestar con nosotros mismos. Cultivarla consiste en focalizar sobre los aspectos positivos de nuestra personalidad, tratando de ponerlos en valor para contribuir a mejorar nuestro sentimiento de bienestar”, continúa.

Se puede mejorar   |  También ayuda a la salud general

Desde hace mucho tiempo se tiene constancia de que el optimismo, la esperanza y la resiliencia favorecen la salud física, tal y como puso de relieve Gregorio Marañón. “El sistema inmune psicológico es el componente cognitivo y emocional que facilita la protección del sistema inmunitario, interactuando con los componentes biológicos del mismo. Los estados mentales positivos favorecen la inmunoactivación, mientras que los de signo opuesto contribuyen a la inmunosupresión”, comparte Portellano.

“Aunque realmente no existen células inmunitarias psicológicas, los estados mentales pueden activar o deprimir la respuesta del sistema inmunitario, favoreciendo o perjudicando la salud de la persona”, matiza el psicólogo.

Aunque el sistema inmunitario psicológico surge de forma innata, ciertos hechos traumáticos en la infancia o ambientes hostiles pueden mermarlo. “Afortunadamente, como toda capacidad o habilidad mental, podemos desarrollarlo si realizamos determinados ejercicios”, comparte Elías, que recomienda cuatro pautas para fortalecerlo.

Potenciar nuestra autoestima, es una de ellas. También tener control sobre nuestros pensamientos, dirigiéndolos hacia las situaciones racionales y positivas. “Tenemos que darnos cuenta que no es importante lo que sucede sino lo que pensamos de lo que sucede. No podemos cambiar los hechos traumáticos, pero si la forma en que nos afectan; si cambiamos la forma de pensar (siendo coherentes), tendremos pensamientos más racionales”, indica Elías.

El especialista también recomienda desarrollar la creatividad, esencial para percibir nuevas oportunidades en situaciones conflictivas, facilitando el desarrollo personal. Asimismo, tener un objetivo vital contribuye a mantenernos fuertes en los momentos adversos. “También encauzará nuestras energías hacia ese objetivo personal”, comenta.

Asimismo, Portellano insiste en cómo técnicas de relajación, mindfulness y meditación son beneficiosas para desarrollar este sistema. “Los seres humanos disponemos de cualidades y defectos. Cuando focalizamos sobre nuestras negatividades estamos favoreciendo cambios neuroquímicos negativos que debilitan la respuesta inmunitaria e incrementan un estado de salud mental negativo. De modo contrario, cultivar la esperanza, la alegría y la visión positiva de la vida producen una modificación en el sistema neuroendocrino, activando el incremento de endorfinas así como de determinados neurotransmisores como la dopamina”, concluye.



martes, 14 de abril de 2020

Terapia grupal para quienes ven morir a los ancianos en residencias: "Culpa, ira, rabia, frustación..." - Coronavirus

JUAN DIEGO QUESADA   |   Madrid    |    El País   |   09/04/2020

Los psicólogos de la clínica López Ibor trabajan las emociones con los cuidadores de los centros de mayores para amortiguar el síndrome de estrés postraumático tras más de 4.000 muertes por la Covid-19.

Residencia de ancianos en La Moraleja, Madrid. 14.30. Dos psicólogos de la clínica psiquiátrica López Ibor tienen enfrente, acomodados en sillas, a los trabajadores del centro. La sesión arranca con una arenga:

—Sois la primera línea de combate. Después vienen todas las demás. Sin embargo, no sentís ese agradecimiento que sí reciben otros servicios de salud.

—Estamos siendo atacados por la sociedad, responde uno de los trabajadores.

—Es una sensación que no hemos vivido antes y se lleva mal, añade otro.

Un tercero cava un poco más profundo:

—Te matas a trabajar. Después sales de aquí y oyes comentarios. Que si no estamos preparados, que si no estamos atendiendo a sus padres. Nos están atacando mucho desde fuera.

—¿Qué emociones sentís cuando os dicen eso?, insisten los psicólogos.

—Impotencia.

Los terapeutas piden que alce la mano quien no haya experimentado esa sensación desde que el virus fuera detectado hace un mes en las residencias.

Nadie lo hace. Sin embargo, una mujer toma la palabra:

—Yo tengo rabia, ira, frustración, pena, lástima. De todo.

El grupo se anima poco a poco. Otra mujer apunta:

—Siento tristeza por la gente que se está yendo. Porque les tenemos cariño y no puedes hacer nada. Luego llegas a casa y le das vueltas y vueltas. Por las noches no puedes dormir, añade la empleada.

La gente que “se está yendo”. No hay muertes en las residencias. Ese es un concepto tabú aquí. Los ancianos entran un día por la puerta y tarde o temprano “se van”. Ahora se van muchos a la vez. De golpe. Hombres y mujeres con los que han convivido durante años agonizan sin que ellos puedan hacer nada. Telefonean a la ambulancia y la ambulancia no viene. Los hospitales están saturados. Después avisan a la funeraria para que recoja el cadáver y también se demora. No hay suficientes hornos en la ciudad para quemar sus cuerpos. Esas imágenes no les dejan pegar ojo.

Algunos asienten. Sí, sí, exacto. Es lo mismo que les ocurre a ellos. Las noches se hacen largas. A veces amanece y todavía no han conciliado el sueño.

Ahora toca abordar un tema espinoso.

—¿Hay alguna emoción detrás de lo que no habéis podido hacer?

—Culpa.

Dice alguien en alto, muy convencido. Otros no están de acuerdo. Se genera una pequeña discusión. Los expertos aprovechan para indagar sobre esa asunción de responsabilidad:

—Es fácil caer en esa distorsión. Y verlo desde la culpa, de que sois responsables. Lleváis haciendo este trabajo durante muchos años y ahora ha pasado esto. La responsabilidad no puede caer encima de ese trabajador que sigue haciendo lo mismo de antes. La emoción de la culpa tenemos que sentirla, es normal que lo sintamos, pero si nos paramos a analizarla, toda esa culpa no tiene razón de ser.
Un trabajador de la residencia Orpea de La Moraleja (Madrid) durante la charla terapia, el martes. DAVID EXPÓSITO.

Lo que los psicólogos Ester Silva y Pedro Neira tienen ante sí es un grupo de trabajadores de las residencias Orpea golpeados por la pandemia. Cuidadores, sanitarios, limpiadores, bedeles, a los que nadie aplaude a las ocho de la tarde desde los balcones. Viven en “primera línea de combate”, pero pocos se lo reconocen como un mérito. A menudo, se enfrentan a la ira y la frustración de hijos que se despidieron de sus padres hace 30 días, cuando el Gobierno prohibió las visitas, y la próxima vez que se encontraron fue en un cementerio.

Madrid ha cifrado en 4.750 los ancianos que han muerto en los 710 centros de la Comunidad desde que estalló la crisis del coronavirus. 781 han sido registrados oficialmente como víctimas del Covid19, ya que a ellos sí se les había hecho el test. El resto presentaba síntomas, aunque no se les hizo. No había suficientes. Eso quiere decir que miles de familias han enterrado a los suyos con la sombra de la duda.

La magnitud del problema ha erosionado el estado emocional de los empleados de estos centros. Orpea, con 22 residencias en la capital y 49 en toda España, ha sido la primera empresa del sector en ofrecer ayuda psicológica a sus trabajadores. “Escuché decir a un médico del 12 de Octubre que esto era un 11-M continuo. Me pareció acertado. Todos los días los cuidadores se han enfrentado a una tragedia, con una vulnerabilidad increíble”, señala Neira, uno de los psicólogos que imparte la terapia.

Su compañera, Ester Silva, explica que están descubriendo que en los cuidadores existe una negación y un distanciamiento emocional respecto a lo vivido. En el momento en el que ponen nombre a sus verdaderos sentimientos comienzan a aflorar las emociones. En los primeros encuentros insisten mucho en la psicoeducación, en la manera en la que funcionan las emociones y lo importante que es sentirlas en plenitud, sin sustitutivos. Pasa por no temer el pedir ayuda ni creerse juzgados por la empresa o sus compañeros. “Muchos de ellos las reprimen a modo de mecanismo de defensa. No procesar el duelo puede derivar en un posible estrés postraumático”, añade Neira.

El psiquiatra Vicente Ezquerro no tiene ninguna duda de que muchos profesionales del sector sufrirán ese trastorno. “Que se te muera a mansalva gente con la que has establecido vínculos emocionales es muy duro. Se están enfrentando a situaciones de mucha angustia. Si ese estrés lo va a tener gente que está en su casa, imagina los que se han enfrentado a la muerte y al miedo cara a cara”, explica el doctor por teléfono.

Mientras se lleva a cabo la terapia de grupo en uno de los salones de la residencia, dos sanitarios aparcan la ambulancia en la puerta. Parece que no hay ni un momento de tregua. Los visitantes se protegen con los equipos de protección (EPI) y acceden al interior. Tienen la misión de recoger a uno de los ancianos que ha empeorado de salud, pero a los 20 minutos salen de allí de vacío. A última hora se ha cancelado el traslado.

Los psicólogos de la López Ibor a menudo se topan con profesionales que no terminan de asimilar lo vivido. En uno de los centros un grupo de trabajadores entró a la sesión entre risas. En el momento en el que se les preguntó por sus emociones les cambió el semblante. Esa disonancia también se hace presente en Orpea La Moraleja:

—¿Qué más habéis sentido?, pregunta Silva.

—¡Alegría!, responde uno.

Durante unos segundos, el grupo se queda en silencio.

Begoña, una auxiliar clínica, renunció al cuarto día de aceptar un trabajo en una residencia del centro de Madrid. La morgue, en el sótano del edificio, estaba saturada. Los cuerpos de los últimos en morir permanecían durante días en las habitaciones, ocultos bajo una sábana blanca. Dos ventiladores conectados trataban de disipar el olor, pero lo que hacían era esparcirlo por los pasillos. “No aguanté más. Presenté mi renuncia”, cuenta por teléfono.

En el lugar donde se celebra la terapia una mujer con alzheimer perdió a su marido de manera fulminante por el coronavirus. Se le cuenta lo que ha ocurrido, pero la señora lo olvida. Los trabajadores evitan informarle cada día para evitar un duelo diario, para ella y para ellos mismos. “Todo eso nos lo hemos comido nosotros solos”, resume Noelia Ortega, la directora del centro, de 42 años.

Pasan las tres de la tarde. La sesión de grupo está a punto de finalizar. Neira les propone cerrar los ojos un minuto para conectar con el sentimiento más profundo que alberguen en ese momento:

—¿Qué sentís?

—¡Hambre!, le contestan los trabajadores.

No hay tiempo para más.