sábado, 7 de mayo de 2022

¿En qué miedo descubriste que eras valiente?

LAURA ROJAS-MARCO      |     Telva     |     28/03/2022

 

Tengo miedo, luego existo. El miedo, considerado la emoción salvavidas, es definida como la más intensa e inquietante que surge cuando percibimos un peligro real o imaginario. Es junto a las otras cinco emociones universales (la alegría, tristeza, ira, asco y sorpresa) la que más compartimos con el resto de la humanidad y la que más fácilmente identificamos en el reino animal.

¿POR QUÉ TENGO MIEDO?

Todos convivimos con algún miedo. Algunas personas compartimos temores comunes como el miedo al dolor, a la pérdida o a la muerte. Sin embargo, otros miedos son individuales, únicos e intransferibles y tienen un significado muy personal. No obstante, sean cuales sean nuestros temores, al final todos tienen en común que cada uno tiene un nombre, un origen, una historia y un porqué. Asimismo, tienen en común que surgen por los siguientes motivos: al recordar una experiencia del pasado, al anticipar un riesgo de amenaza en el futuro, o al sentir en el presente, aquí y ahora, un peligro inminente. Al final sean del tipo que sean todos surgen cuando se tambalea el pilar que sostiene nuestra seguridad física, emocional o mental, así como los cimientos que protegen nuestra dignidad e integridad.

EL MIEDO NECESARIO

Sentir miedo es sano y necesario, es un indicador de que la amígdala cerebral situada en el sistema límbico funciona correctamente. En cambio, cabe señalar que a pesar de que hay personas más miedosas que otras, algunas desconocen esta emoción. Por ejemplo, las personas que padecen de lioidoproteinosis o el síndrome de Juan sin miedo, basado en un personaje de uno de los cuentos infantiles de los hermanos Grimm, son incapaces de sentir miedo. Como resultado, no detectan el peligro lo que perjudica su seguridad. Por lo tanto, tener la capacidad de sentir miedo es esencial ya que de todas las emociones es la que mejor conectada está con nuestro instinto de supervivencia y conservación. Es decir, es la que tiene línea directa con todos nuestros sentidos, incluido con el de la intuición, el sexto sentido que nos susurra al oído sobre cualquier peligro visible o invisible, tangible o etéreo.

EL MIEDO SANO Y EL MIEDO INSANO

Quizá el miedo tiene dos caras. Por un lado, está el miedo sano y por el otro, el miedo insano. El sano es un gran amigo y aliado que tiene vista de lince, la fuerza de un elefante, la capacidad para trepar de un tigre y el vuelo de un halcón. Como un radar detecta las amenazas más sutiles y sigilosas para defender y proteger nuestro bienestar y vida. Por otro lado, tenemos el miedo insano, con un sistema de alerta dañado, que detecta peligros falsos o erróneamente para luego desencadenar una reacción de pánico o fóbica y nos paraliza. Es un miedo desmesurado que perjudica nuestra vida por tanto necesita ser corregido o tratado. En palabras de Martín Luther King "El temor normal nos protege; el temor anormal nos paraliza. El temor normal nos impulsa a mejorar nuestro bienestar individual y colectivo; el temor anormal no deja de emponzoñar y distorsionar nuestra vida íntima. El problema no consiste en deshacerse del miedo, sino en controlarlo y dominarlo."

A veces los miedos son claros y se pueden definir, pero otras veces crean confusión, especialmente cuando vienen acompañados de sentimientos encontrados que despiertan dudas en nuestra conciencia como: "¿qué es lo correcto y qué debo hacer, huir o luchar?" En ocasiones nos encontramos frente a un dilema entre lo que siento que quiero hacer y lo que creo que debo hacer. Quizás frente al miedo nuestra primera reacción es correr para ponernos a salvo, pero una vocecita en nuestro interior, la voz de la conciencia, nos lo impide; aquella donde reside el sentido de justicia, del deber y de responsabilidad. En estos casos no es fácil decidir qué hacer ya que dejarnos llevar por el miedo pone en juego nuestros principios y valores. Como resultado, podemos perder algo que después es difícil recuperar: el sueño, la buena conciencia y la paz interior.

¿QUÉ HACER CUANDO TENGO MIEDO?

¿Actuar o no actuar frente al miedo? es probablemente la pregunta más frecuente que nos hacemos frente a una amenaza. Decidir si reaccionar o no ante el temor tiene un impacto no sólo en nuestra conciencia sino sobre todo en cómo nos recordaremos en el futuro. Por lo tanto, a la hora de afrontar un miedo podemos preguntarnos ¿cómo quiero recordarme? ¿quiero recordarme valiente, confiado y sintiéndome orgulloso de tener el coraje de afrontarlo y cumplir con lo que considero justo y correcto? o ¿quiero recordarme atrapado en su tela de araña sintiéndome indefenso y temeroso? Mientras que en algunos casos es mejor evaluar la situación y pensárselo dos veces, en otros casos es mejor afrontarlos en vez de sucumbir a ellos. No olvidemos que esperar a que desaparezcan los miedos para poder actuar puede llevar una eternidad, por lo tanto, a veces es mejor afrontar el miedo con valentía y coraje; actuar a pesar del miedo. Como dijo Nelson Mandela"Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. La persona valiente no es aquella que no siente miedo, sino la que conquista ese miedo".

HACER FRENTE AL MIEDO EN 5 PASOS

La valentía requiere encontrar un camino a través de la jungla del temor. Es tener el valor de mirar al miedo directamente a los ojos y no apartar la vista, es soportar la ansiedad que produce estar frente a él y de cerca. Es descubrir en nuestro mapa interior el lugar en el que nace el río llamado VALOR. Como dijo Miguel de Cervantes"El verdadero valor se encuentra entre la cobardía y la temeridad". Luego, ante la duda sobre cómo afrontar nuestros temores recomiendo seguir cinco pasos básicos:

  • primero, llamemos nuestro miedo por su nombre,
  • segundo, identifiquemos su origen, de dónde nos viene y cuál es el papel que tiene en nuestra vida; darle sentido y forma ayuda a conocer sus limitaciones,
  • tercero, desarrollemos un mapa emocional compuesto por nuestras fortalezas y estrategias de afrontamiento,
  • cuarto, pongámonos nuestra armadura protectora aquella que nos protege de los golpes y nos cubre las heridas,
  • y en quito y último lugar, pidamos apoyo a nuestras personas de confianza, aquellas que nos animan y ayudan a reconectar con nuestro "yo valiente", esa parte de nosotros que siempre nos acompaña cuando debemos afrontar las dificultades de la vida. 

Así que te pregunto querido lector ¿recuerdas en qué miedo descubriste que eras valiente? 

miércoles, 4 de mayo de 2022

Así afecta el "doomscrolling" a tu cerebro (y cómo ponerle remedio)


Redacción de Alma Corazón y Vida      |     18/03/2022
 
Consumir de manera compulsiva contenidos negativos y noticias malas antes de ir a dormir pasa factura: aquí van una serie de consejos para que no te suceda
 
Tras la llegada de la pandemia, también apareció en nuestras vidas un término asociado a una conducta negativa: consumir noticias malas de manera compulsiva: el 'doomscrolling'. En aquella época no recibíamos ningún mensaje tranquilizador sobre el coronavirus y, ya fuera porque sintiéramos la necesidad o por mero masoquismo, mirábamos la televisión y consultábamos el teléfono móvil con más ansiedad que de costumbre. Y, obviamente, eso no hizo ningún bien para nuestra salud mental.
Está comprobado que el 'doomscrolling' favorece la aparición de síntomas relacionados con la ansiedad y la depresión debido a su influencia en nuestro estado de ánimo y lo empáticos que somos con los mensajes que recibimos. Si solo recibimos noticias negativas y encima buceamos en ellas de forma compulsiva, el cóctel resultante puede imbuirnos en un estado de apatía, tristeza o paranoia, depende del caso y la persona.
¿Eres un adicto a 'doomscrolling'? El nuevo hábito aterrador provocado por el Covid-19

Empatizar excesivamente con todo lo malo que ocurre en el mundo (como por ejemplo ahora la invasión de Ucrania por parte de Rusia), no hace nada para que esas cosas desaparezcan, sino que nos vuelve más vulnerables a que nuestros pensamientos negativos afecten a nuestra salud mental y bienestar. Esto, si se cronifica, puede producir una disminución de la capacidad cognitiva a largo plazo, como una menor atención o problemas de memoria. Al fin y al cabo, consumir contenidos malos de forma reiterativa nos exige un esfuerzo y tiempo mental muy valioso que deberíamos estar aprovechando en otras cosas.
 
Y lo más importante: nos quita la perspectiva suficiente como para poder separar o relativizar todo lo malo que nos ocurre a nosotros o a los demás, dejando de lado asuntos que pueden ser más urgentes y que tienen una solución más fácil, en detrimento de aquellas preocupaciones que son inasumibles debido al alcance o porque sencillamente no podemos hacer nada por aliviarlas.
 
¿Usas demasiado el teléfono?
 
Por otro lado, aunque consumiéramos contenidos positivos de manera compulsiva, nuestra atención también se resentiría. Utilizar el móvil para lo que sea mientras estás haciendo otra cosa (especialmente una tarea que requiere de concentración) resta capacidad de memorización, lo que a largo plazo puede desencadenar un problema crónico de atención. Un estudio, por ejemplo, midió las consecuencias académicas de unos alumnos que estudiaron con y sin el móvil para un examen. Al final del experimento, aquellos que no se vieron interrumpidos por ningún mensaje experimentaron mejores niveles de concentración y agilidad mental (expresados en la rapidez con la que acabaron la prueba) que aquellos que revisaron constantemente su teléfono, que además sintieron una fuerte sensación de estrés.
 
Por ello, no es solo que el 'doomscrolling' nos dañe a nivel mental y emocional con contenidos negativos, es el propio uso del teléfono lo que también conduce a una peor capacidad de retención de conceptos y razonamiento mental. Y esto, evidentemente, puede afectarnos en todas las esferas de la vida: la personal, la laboral o la académica. Ahora bien, ¿qué hacer al respecto?
 
Lo más importante es dominar la situación, lo que pasa por tomar decisiones conscientes y no dejarse llevar. "Trata de programar algo que disfrutes hacer, te relaje o te desestrese, como leer un libro, ver una película, visitar a familiares o amigos...", aconseja un grupo de psicólogos desde 'Science Direct'. "Hacer ejercicio, aprender algo nuevo, como un idioma o tocar un instrumento musical... mejora tanto el estado de ánimo como la cognición.
 
Si por ejemplo todas las noches recorres de manera obsesiva el 'timeline' de tu red social favorita, reduce unos minutos de esta actividad para leer un libro. Eso estimulará tu cerebro para que descanse mejor y a la vez te proporcionará un sueño mucho más placentero y profundo, por lo que tu descanso mejorará. No pongas la excusa de que no tienes ganas, pues todo depende del libro que escojas según los temas que te interesen.
 
En caso de que creas que no puedes salir de ese círculo de noticias negativas por ti mismo, lo mejor que puedes hacer es acudir a la ayuda de un especialista. A lo mejor has adquirido un trastorno obsesivo conductual (TOC), aunque sea leve, al que necesites poner freno o remedio. "En un mundo globalizado y moderno con tantos flujos de información y estimulación, algunos buenos y otros malos, es esencial identificar tus objetivos", esgrimen desde la web anteriormente mencionada. "Por ello, es igualmente necesario desarrollar una estrategia para lograrlos y evitar distracciones”. Al final, lo básico para conseguirlo es tratar de mantenerte positivo y resistente, por tu bien y el de los demás".

martes, 3 de mayo de 2022

Quiénes son los "empáticos oscuros" y por qué hay que tener cuidado con ellos


Redacción de Alma Corazón y Vida      |     11/04/2022

A veces para dañar a los demás tenemos que entenderlos bien. Un nuevo estudio cambia por completo la idea que teníamos de las personas agresivas o peligrosas
 
Ya sabemos que las personas con "rasgos oscuros de personalidad", como la psicopatía o el narcisismo, tienen más probabilidades de ser insensibles, desagradables y antagónicas por naturaleza. Aunque todos participamos en mayor o menor medida de esos rasgos, y esto no equivale a ser diagnosticados con un trastorno de personalidad.
 
Tradicionalmente, se considera que las personas que tienen muchos rasgos oscuros tienen déficit de empatía, lo que las hace potencialmente más peligrosas y agresivas que el resto de los que podríamos considerar 'normales', pero un nuevo estudio tiene mucho que decir al respecto, informa 'Science Alert'.
 
Resulta que el estudio llegó a la conclusión de que hay un grupo de personas con rasgos oscuros que, sin embargo, también tienen capacidades empáticas por encima del promedio; lo que los expertos llaman "empáticos oscuros". Y se han ganado una reputación bastante peligrosa, aunque, ¿qué hay de cierto en todo esto?
 
Los rasgos oscuros de la personalidad incluyen la psicopatía, el maquiavelismo y el narcisismo, denominados colectivamente la "tríada oscura".
 
Los rasgos oscuros de la personalidad incluyen la psicopatía, el maquiavelismo y el narcisismo, denominados colectivamente la "tríada oscura". Mientras que la psicopatía se refiere a personas con encanto superficial e insensibilidad (a menudo muestran un estilo de vida errático y un comportamiento antisocial), el maquiavelismo se relaciona con aquellos con una naturaleza explotadora, cínica y manipuladora. Por último, el narcisismo se caracteriza por la superioridad y el pensamiento grandioso.
 
Los rasgos oscuros, particularmente la psicopatía y el maquiavelismo, se han asociado consistentemente con un comportamiento agresivo y antisocial. Por ejemplo, la falta de empatía (específicamente afectiva) es un sello bien documentado en la psicopatía clínica. Una de las razones por las que las personas con rasgos oscuros lastiman a otras personas o tienen dificultades en las relaciones, es la falta de empatía subyacente.
 
"Para manipular a los demás en tu propio beneficio, o incluso disfrutar del dolor de los demás, debes tener al menos cierta capacidad para comprenderlos"
 
Sin embargo, otros estudios apuntan que algunas personas con rasgos oscuros tienen niveles más altos de empatía que los promedio. "Esto tiene sentido en cierto modo, ya que para manipular a los demás en tu propio beneficio, o incluso disfrutar del dolor de los demás, debes tener al menos cierta capacidad para comprenderlos", apuntan fuentes de la investigación.
 
En la investigación, con 1.000 personas, les pidieron que contestaran un cuestionario. Los empáticos oscuros sacaron puntuaciones más altas tanto en rasgos oscuros como en empatía. Curiosamente, este último grupo obtuvo una puntuación más alta tanto en la empatía cognitiva como en la afectiva. No eran tan agresivos como el grupo tradicional de la tríada oscura, lo que sugiere que estos últimos probablemente sean más peligrosos, pero aunque su agresividad estaba limitada, no se encontraba eliminada por completo en sus caracteres.
 
Estas personas no dudaban en herir o manipular a las personas a través de la exclusión social, el humor malicioso y la inducción a la culpa
 
Tampoco dudaban en herir o manipular a las personas a través de la exclusión social, el humor malicioso y la inducción a la culpa. Sus puntuaciones fueron un poco más altas en neuroticismo, pero no puntuaron más alto en depresión, ansiedad o estrés. De hecho, informaron que se juzgaban a sí mismos con más dureza que aquellos con personalidades de la tríada oscura.

lunes, 2 de mayo de 2022

Trastorno Afectivo Bipolar: los riesgos de no tratarlo a tiempo


DR. DAVID MEJÍA RODRÍGUEZ       |    TopDoctors     |     26/05/2021
 
El trastorno afectivo bipolar es una patología del estado de ánimo, donde el paciente de manera episódica (durante varios días, semanas o meses) presenta cuadros depresivos, hipomaníacos o maníacos…


Manifestaciones de los episodios del trastorno afectivo bipolar
 
En los episodios depresivos el paciente presenta bajo estado de ánimo acompañado de tristeza, pérdida del interés y del placer, alteraciones en el sueño y del apetito, cansancio o fatiga, y en algunos casos prevalecen los pensamientos de muerte que pueden llevar al suicidio.
 
Cuando hay episodios maníacos o hipomaniacos el paciente presenta aumento del estado de ánimo, está más alegre de lo usual, con muchos planes en mente, con aumento del habla y llega a involucrarse en situaciones riesgosas (inversiones sin control, compras compulsivas, conducción temeraria y relaciones sexuales de riesgo, etc).
  
Beneficios del tratamiento adecuado

Los pacientes que sufren de Trastorno Afectivo Bipolar requieren de un seguimiento estrecho y continuo por el Psiquiatra, con el objetivo de estabilizar al máximo su estado de ánimo y sólo así prevenir la aparición de nuevos episodios depresivos, maníacos o hipomaníacos.
 
Es indispensable que el paciente siga el tratamiento con medicamentos estabilizadores del estado de ánimo.
 
Cuando los pacientes con el trastorno cumplen con el tratamiento farmacológico, con sus citas periódicas y además llevan un estilo de vida saludable, es decir, duermen bien, realizan actividad física, evitan consumir alcohol y drogas, tienen un menor riesgo de recaer y presentar nuevos episodios, logrando una vida completamente normal con un funcionamiento adecuado a nivel social, familiar, laboral y académico.
Riesgos de no tener un tratamiento adecuado
 
El paciente que sufre el trastorno y no lleva un tratamiento presentará varios episodios afectivos (depresivos, maníacos o hipomaníacos) a lo largo de su vida, cada vez se volverán más frecuentes y continuos, ocasionando daño cerebral y deterioro cognitivo.
 
A esto suma que los pacientes que presentan un trastorno afectivo bipolar tienen un aumento considerable de suicidio, es decir, quince veces más en comparación con la población que padece el trastorno.

viernes, 29 de abril de 2022

Los 10 peores trastornos mentales


ADMINISTRACION DE RANCHO PUNTO CERO      |     05/10/2020
 
La mayoría de trastornos están relacionados con algún área concreta del cerebro o del sistema nervioso, aunque las causas de cada uno de ellos puede diferir e incluso ser desconocida por la comunidad científica.
 
Las enfermedades mentales afectan a gran cantidad de personas. En términos estadísticos, se habla de que un tercio de la población sufrirán algún tipo de desorden mental durante su vida
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A continuación revelaré una lista que contiene algunos de los más severos trastornos mentales.

10. Trastorno Antisocial de la Personalidad
La persona que sufre este trastorno se caracteriza por su tendencia a no relacionarse en sociedad, evitando cualquier interacción.
Los distintos síntomas y conductas que caracterizan el TASP incluyen: robos, agresividad, tendencia a la soledad, violencia, mentiras… Además, las personas afectadas por el TASP tienden a ser tímidas, depresivas y tienen ansiedad social. Este último punto se debe a su temor a ser rechazadas. Con todo, la terapia psicológica es muy efectiva a la hora de manejar los inconvenientes del trastorno antisocial.

9. Síndrome de Estocolmo
El Síndrome de Estocolmo es un trastorno mental relativamente frecuente en las personas que han sido víctimas de un secuestro. Muestran algún tipo de sentimiento positivo hacia sus captores.
Archivos policiales internacionales muestran que alrededor del 27% de las víctimas de secuestros presentan este desorden.
El Síndrome de Estocolmo también se aplica en casos como abuso infantil, violación o maltrato. No es un trastorno que se viva de forma angustiosa, pero llama mucho la atención porque resulta difícil de entender.

8. Síndrome de Lima
El Síndrome de Lima es, justamente, un trastorno opuesto al Síndrome de Estocolmo. En este caso, los secuestradores muestran simpatía hacia su rehén.
Este trastorno fue acuñado después de un incidente que ocurrió en la capital de Perú en 1996. El MRTA secuestró a centenares de políticos, diplomáticos y militares en la embajada japonesa en Lima. Horas después, los secuestradores fueron empatizando con los rehenes, y paulatinamente fueron liberándolos.

7. Trastorno Obsesivo Compulsivo
El Trastorno Obsesivo Compulsivo es un desorden ansioso caracterizado por recurrentes pensamientos que producen miedo, desasosiego, preocupación, conductas compulsivas, etc.
Algunos de los síntomas del TOC son las comprobaciones compulsivas, lavar o limpiar excesivamente, pensamientos religiosos, rituales nerviosos tales como abrir las puertas un número determinado de veces antes de entrar en la habitación, o aversiones irracionales a cifras determinadas. Afortunadamente, la psicoterapia y aprender algunos hábitos permiten una gran calidad de vida a las personas afectadas.
 
6. Dislexia
La Dislexia es un trastorno del aprendizaje. La persona disléxica no puede leer correctamente debido a la discrepancia entre el potencial de aprendizaje y su nivel de rendimiento, sin que exista cualquier tipo de problema, ya sea sensorial, físico, motor o deficiencia educativa. Esto causa ciertos desajustes en la lectura que a su vez pueden causar otro tipo de psicopatologías del aprendizaje y de la autoimagen.
Como consecuencia, las personas afectadas por la Dislexia tienen serios problemas de comprensión en la lectura. Afortunadamente, en nuestro tiempo la intervención y el tratamiento ofrecen muchas garantías para hacer frente a este trastorno y, llegada la adultez, una amplia mayoría de disléxicos no tienen ningún problema para escribir correctamente.

5. Mutismo Selectivo
El Mutismo Selectivo es un desorden psiquiátrico que causa que la persona no sea capaz de hablar en determinada social o con determinadas personas. Usualmente, el Mutismo Selectivo viene asociado a la timidez y a la ansiedad social.
Es relativamente frecuente en los niños. Cuando empiezan su escolaridad, algunos no pronuncian ni una palabra, a pesar de hablar fluidamente en sus casas. Sólo la continuidad en el tiempo de esta conducta puede alarmarnos de un caso de MS. En la mayoría de casos, los síntomas van desapareciendo poco a poco.

4. Esquizofrenia
La Esquizofrenia es un trastorno mental causado por una anomalía en los procesos cognitivos y por una pobre respuesta emocional. El afectado sufre de alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. Recientemente se han producido importantes avances científicos sobre la esquizofrenia.
Comúnmente se conoce este trastorno como aquel en que la persona afectada oye muchas voces en su cabeza, y estas voces las percibe como exteriores a su cuerpo. Estos síntomas pueden presentarse o no presentarse. Los síntomas generales del cuadro, sin embargo, suelen ser un lenguaje y pensamiento desorganizado, delirios, alucinaciones (dentro de las cuales podríamos referir las famosas ‘voces’), trastornos afectivos y conducta inadecuada.
A pesar de que ha sido un desorden vastamente estudiado, sigue considerándose un trastorno complejo con una gran amalgama de síntomas. El tratamiento psiquiátrico y psicológico ha demostrado una gran eficacia a la hora de controlar este trastorno.
 
3. Trastorno de Identidad Disociativo
El Trastorno de Identidad Disociativa, o Trastorno de Personalidades Múltiples, es un desorden de la identidad. La persona afectada por este trastorno desarrolla más de una personalidad y muestra diferentes conductas y comportamientos en distintas situaciones. En el artículo “Trastorno de Personalidad Múltiple” tienes mucha más información de las características de el que es considerado como uno de los trastornos mentales más severos.
Se suele decir que las personas con TID cambian sus comportamientos radicalmente y posteriormente no recuerdan ese episodio.
Es uno de los trastornos cuyos afectados viven con mayor inquietud, así como uno de los más controvertidos entre la comunidad científica debido a la dificultad de los aparatos psicométricos para diagnosticarlo y por la falta de tratamiento eficaz. De todos modos, en los últimos años ha habido importantes pasos en la mejora de los tratamientos.
 
2. Autolesión / suicidio
La persona que sufre este desorden mental trata de quitarse la vida (o trata de conseguir atenciones debido a estas conductas). Estas conductas incluyen cortarse las manos o brazos, quemarse, etc.
En este tipo de trastorno mental, la persona trata de autolesionarse o hasta de quitarse la vida. Usualmente, esta conducta puede estar motivada no en la consecución de la muerte, sino en algún tipo de atenciones que reciben al mostrar esta conducta, lo cual remite a un trastorno de fondo que suele ser grave.
 
1. Síndrome de Cotard
En este raro trastorno psiquiátrico, el afectado cree que ha muerto, o que ha perdido la sangre o algún órgano interno. Este delirio puede ser peligroso ya que el trastornado puede actuar imprevisiblemente. Frecuentemente se asocian este tipo de conductas a personalidades nihilistas e hipocondríacas.
El Síndrome de Cotard recibe su nombre por Jules Cotard, quien fue el primer médico que diagnosticó esta extraña condición. Describió las diferentes fases del trastorno en una tesis escrita en París, en el 1880.
Las personas afectadas por el Síndrome de Cotard rehúsan el contacto social y descuidan su bienestar personal. Su causa radica comúnmente en patologías neurológicas o mentales, y se asocia con la desrealización y la depresión.

domingo, 24 de abril de 2022

¿Sabes lo que es la megalofobia?


PILAR HERNÁN     |     Hola     |     04/04/2022 

Quien la padece, puede experimentar episodios de ansiedad, que condicionan su día a día.

“La megalofobia es una fobia específica, por lo que antes de definir qué es, es conveniente saber que es una fobia. La fobia específica es el miedo o ansiedad intensa y de manera persistente y desproporcionada, que se da en presencia o anticipación de algún objeto o situación concreta. En el caso de la megalofobia, se da un miedo atroz a las cosas de gran tamaño como un avión, un rascacielos o una estatua como, por ejemplo, la Estatua de la Libertad”, nos comenta la psicóloga Rocío Hernández, de mundopsicologos.com. 

¿Cómo se manifiesta esta fobia?

La experta nos detalla que la megalofobia se manifiesta a nivel fisiológico como cualquier otra fobia, con altos niveles de ansiedad, presentando así síntomas como sudoración, taquicardia, náuseas, temblores, elevación de la tensión arterial y dificultad para respirar. “Sin embargo, a diferencia de otras fobias, a nivel de pensamiento, las personas que sufren megalofobia tienen miedo de ser aplastados por un objeto gigante, a que les coma un animal grande o a caerse desde una gran altura, entre otros. Por todo esto, la persona tiende a evitar exponerse a todas esas cosas que teme, por miedo a experimentar estos síntomas, interfiriendo significativamente en su vida cotidiana”, cuenta.

Nos encontramos, por lo tanto, ante un problema que puede afectar a la calidad de vida de quien lo padece. “La megalofobia es un problema que genera un gran malestar en las personas que lo padecen y repercute de forma negativa en su día a día, ya que es prácticamente inevitable cruzarte con objetos grandes, ya sea un edificio, un barco o cualquier monumento que sea más grande de lo normal en una ciudad”, nos explica la psicóloga, que añade que es por esto, y por lo comentado anteriormente, que la persona tiende a evitar enfrentarse a esos objetos y limita su actividad diaria, ya sea porque no visita sitios que le gustaría, porque a la hora de ir a trabajar tiene que hacer una ruta más larga de lo normal para no cruzarse con nada grande o por el simple hecho de tener perfectamente planificado de antemano todos los lugares a los que ir para no cruzarse con algo temido. “En algunas ocasiones, condiciona a la persona a vivir en un medio rural para facilitar no cruzarse con nada grande o incluso, en aquellas personas que viven en ciudades, les lleva a no salir de casa, faltando así al trabajo, a los estudios o evitando salir con los amigos por esta causa”, afirma.

Cuáles son sus causas

Siempre tendemos a buscar las causas, ¿cuáles son en este caso concreto? “Es importante tener en cuenta que, al igual que en otras fobias, no existe un único factor que la provoque. Una de las posibles causas es la herencia genética por parte de algún progenitor que padezca algún tipo de fobia similar. Otro de los factores que se contemplan, es que sea una conducta aprendida, es decir, que de pequeño se haya tenido alguna experiencia negativa, de carácter traumático, con un objeto de gran tamaño. La megalofobia también se asocia a sensación de inferioridad generado por situaciones de insuficiencia o necesidad en la infancia”, explica Rocío Hernández. 

Una vez que confirmamos el diagnóstico, ¿cómo debemos actuar?

En opinión de la experta, lo ideal para personas que sufren de megalofobia, dada la limitación que supone en el día a día, es acudir a un profesional de la salud mental. “En primer lugar, habría que explorar cuáles son las causas en cada caso concreto, para poder elaborar una intervención totalmente individualizada para la persona. En líneas generales, lo ideal es realizar una intervención completa, teniendo en cuenta los tres aspectos más importantes de la psicología. Por un lado, tendríamos la intervención a nivel conductual, que se centra en dotar a la persona de estrategias de afrontamiento para ir poco a poco enfrentándola al estímulo fóbico, a partir de la exposición gradual y controlada; por otro lado, la intervención cognitiva, que se centra en el análisis y modificación de los pensamientos y creencias con respecto a lo temido; y por último, el trabajo a nivel emocional, para descubrir y reprocesar de dónde viene dicho miedo”, sugiere.

Cómo tomar decisiones: un arte que se aprende

LAURA ROJAS-MARCOS    |     Telva     |      21/12/2021 

Tomamos decisiones cada día, cada hora, a veces, cada minuto o segundo... Elegimos una y otra vez en la vida. La doctora en psicología clínica Laura Rojas-Marcos reflexiona sobre esta realidad vital y nos invita a aprender el arte que nos hace libres. desde la calma y la reflexión.

"Cuando tienes que elegir y no eliges, esa es tu elección" comentó el gran psicólogo y filósofo William James. Unas palabras llenas de sabiduría que leí por primera vez siendo estudiante de psicología y que me acompañan desde hace más de 30 años. A continuación, te animo a que lo vuelvas a leer, pero esta vez, para interiorizarlo, léelo despacio: Cuando tienes que elegir y no eliges, esa es tu elección.

¿POR QUÉ NOS CUESTA TOMAR DECISIONES?

Tomar decisiones es un arte y, a veces, un gran desafío. Es el arte de decidir si hacer o no hacer, de tomar un camino u otro. Lo cierto es que nos pasamos el día tomando decisiones. Sea lo que sea que elijamos, cuando optamos por una cosa, dejamos otra a un lado. Algunas decisiones las tomamos sin pensarlo dos veces, pero otras son más complejas y necesitamos tiempo para reflexionar, no son para tomárselas a la ligera.

Los factores que determinan el grado de dificultad para tomar una decisión son numerosos, pero la mayoría de las personas compartimos principalmente los siguientes: primero, el miedo a equivocarnos, a decepcionar y a no cumplir las expectativas propias o de los demás; segundo, la dificultad para tomar riesgos y asumir la responsabilidad de nuestra decisión; y tercero, el temor a arrepentirnos, sentirnos culpables, hacer daño a otros o a nosotros mismos y sufrir el tormento de tener mala conciencia. Como resultado, no es de extrañar que a veces caigamos en un abismo de dudas y permanezcamos estancados en el bucle mental eterno del "no sé", como en el mito de Sísifo en la mitología griega, quién fue castigado y condenado a empujar una gran piedra cuesta arriba por la ladera de una montaña que, antes de llegar a la cima, volvería a rodar hacia abajo para tener que repetir el proceso durante la eternidad.

NO EXISTE UNA DECISIÓN IGUAL A OTRA (AUNQUE LO PAREZCA)

Nuestra vida es una constante sucesión de decisiones. Algunas las tomamos de forma consciente y otras automáticamente, pero de lo que no cabe duda, es que nuestro día a día está compuesto por un sinfín de elecciones que van determinando nuestro camino. Luego, aprender a tomarlas es clave para ser autónomos, independientes y libres. Como me dijo un amigo: "La libertad ni se compra ni se regala, se conquista".

Cuando decidimos tomar un camino, renunciamos a otro. A veces nos apartarnos de este último para siempre, y otras, de manera temporal con el fin de retomarlo más tarde. En ocasiones, antes de tomar una decisión de forma permanente, optamos por realizar con anterioridad un reconocimiento del camino; comprobar para confirmar las diferentes posibilidades. Como también dijo William James, "Si puedes cambiar de opinión, también puedes cambiar tu vida". Sin embargo, cabe señalar que, aunque cambiemos de opinión y decidamos retroceder para volver al punto inicial, el camino de vuelta lo haremos con una perspectiva diferente. Como dijo el filósofo Heráclito de Éfeso cuando desarrolló el concepto del devenir: "Ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, porque no es el mismo río y él no es el mismo hombre". Por tanto, aunque el río parezca el mismo, el agua que corre por su cauce nunca lo es.

¿ERES RACIONAL O EMOCIONAL TOMANDO DECISIONES?

En mi trabajo como psicóloga observo que algunas decisiones las tomamos desde el razonamiento lógico, es decir, nos guiamos por la razón y el sentido común, pero la mayoría de nuestras decisiones son emocionales, es decir, surgen a partir del sentimiento de deseo, los afectos, el apetito y apetencia, así como a partir de emociones intensas como la ansiedad, la ira, la incertidumbre o miedo. Así pues, aprender a tomar decisiones no sólo favorece nuestra salud emocional y autoestima, sino que es imprescindible para conseguir nuestros propósitos y poder avanzar en la vida; sentir que somos dueños de nuestro destino.

CLAVES PARA TOMAR DECISIONES

Independientemente de nuestra edad, forma de ser y experiencias vitales, todos podemos aprender a tomar decisiones en cualquier momento de la vida, es cuestión de pedir ayuda, seguir unas pautas y practicar. Por ejemplo, podemos empezar tomando pequeñas decisiones, para aprender a dar prioridad y diferenciar entre aquellas que son urgentes y las que pueden esperar. También podemos desarrollar nuestra capacidad analítica y pensamiento crítico explorando los aspectos positivos y negativos de cada una de nuestras opciones, es decir, qué beneficios o inconvenientes tienen el camino A, B y C. Pero, sobre todo, es esencial aprender a identificar nuestro propósito y preguntarnos ¿por qué y para qué necesito tomar mi decisión? Sólo así podremos dar el primer paso.

Conclusión, aprender a tomar decisiones es en sí misma una decisión. Es la decisión de tener una actitud proactiva y resolutiva, aquella que pone en forma el músculo de la voluntad. Así pues, es conveniente empezar despacio y siguiendo nuestro ritmo, y sin perder de vista nuestro objetivo final: aprender a crear el gran hábito que nos abrirá las puertas a la libertad. En palabras de Aristóteles"Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, es un hábito".