martes, 21 de marzo de 2023

Anhedonia o por qué algunas personas no disfrutan de nada


INMACULADA VÁZQUEZ      |     abc.es     |    24/02/2023

Melisa González(Redactora)

   

Según los expertos en psicología, para superar esta incapacidad de disfrute, es de vital importancia apoyar lo que a esa persona le provoque algo de vitalidad.

 

Imaginemos una situación: estás yendo con tu amigo al concierto que lleváis meses esperando y que incluso se trata de su cantante favorito. Llegados al lugar y ya metidos en materia, éste pregunta constantemente por la hora porque ya tiene ganas de irse. Te resultaría extraño, ¿verdad? Y cuando decimos de un concierto hablamos de cualquier plan que en un principio le apetecía pero que en el momento del mismo no llega a mostrar el más mínimo atisbo de alegría. Pensarías que es un aburrido quizá, pero lo cierto es que no se trata de eso, sino de que esa persona padece una incapacidad y es la de disfrutar.

 

La anhedonia es la incapacidad de sentir placer.

 

Es un síntoma común de la depresión, así como de otros trastornos de salud mental en el que algunas personas pierden la capacidad de sentir alegría. Por tanto, las cosas que alguna vez los satisfacían ya no son divertidas ni placenteras.

 

Tipos de anhedonia

 

Inmaculada Vázquez, psicóloga en Mundopsicologos.com, indica que la anhedonia puede presentarse en varios ámbitos:

Esfera personal: referido a la alimentación, la intimidad sexual y el propio cuidado en general.

Esfera social: desgana a la hora de relacionarse con otros miembros de la familia, entre amigos, o para conocer gente nueva. 

«Los síntomas son la falta de vitalidad y de placer, es decir, la posibilidad de disfrutar. Si se produce en el ámbito personal, a quien la sufre no le apetece. Por ejemplo, alimentarse. Lo definitorio es la falta de placer en el proceso de alimentarse, aunque puede detectarse previamente. Entonces, hay una desgana, una falta de interés como por ejemplo en comer, y una de sus consecuencias es la falta de placer que se experimenta al realizar la actividad que estemos observando», comenta la experta. 

Por otro lado, en el ámbito social hablamos de anhedonia cuando la persona «no desea estar con sus seres queridos» y, menos aún, involucrarse en actividades sociales con personas desconocidas. «Hay un retraimiento social. En la persona con anhedonia hay una vitalidad disminuida, hasta tal punto que el deseo y su recompensa, el placer, no existen», asegura Inmaculada.

 

Dejar atrás la anhedonia

 

Al igual que se puede superar una depresión o la ansiedad, la anhedonia también. Eso sí, es difícil que lo venza por sí misma. Tal como dice la experta en psicología, necesita el apoyo de su entorno y si es más acuciante necesita apoyo profesional.

 

El entorno juega, por tanto, un papel importante en la superación de esta incapacidad. al parecer, quienes tienen alrededor a alguien con anhedonia, con incapacidad para sentir placer, suelen sentir frustración. Inmaculada comenta que en la medida de lo posible «es recomendable que quienes están cerca se conozcan lo mejor posible a sí mismos» ya que de esta manera «podrán gestionar la frustración que sienten de una manera diferente y no la verterán sobre quien padece anhedonia. Para quien la sufre la frustración del entorno empeora su situación».

 

Además, insta a mantener una «buena conexión emocional» con la persona que ha tenido episodios de anhedonia. Así, cuando comienza a aparecer, su entorno puede detectarlo y actuar.

 

«La manera de actuar más efectiva es asumir que esa persona está sufriendo y lo que está haciendo es lo mejor que puede hacer en ese momento. Asimismo, desde el reconocimiento de la situación difícil que está atravesando, es de utilidad mantener el acompañamiento; es cuando más nos necesitan aunque pueda parecer lo contrario», recuerda la psicóloga. Este acompañamiento es en sí mismo de gran ayuda, aunque puede no tener efectos inmediatos. Finalmente, es útil también apoyar lo que a esa persona le provoque algo de vitalidad, por ejemplo, dar paseos por un cierto lugar. «Es desde la vitalidad desde donde se recupera el placer», afirma.

 

Por último, permanecer junto a esa persona y cuidar la relación con ella una vez que el episodio de anhedonia se ha superado es fundamental. Podría decirse, según Inmaculada Vázquez, que es la manera en la que podemos disminuir la probabilidad de que la anhedonia vuelva a aparecer.

 

 

 

 

 

domingo, 19 de marzo de 2023

Los impresionantes efectos que la música tiene en nuestro cerebro


SARAH ROMERO      |     El Confidencial     |      02/03/2023

 

La magia de la música. La música reconfigura el cerebro. Así lo afirman los estudios que muestran que la música crea de forma única nuevas conexiones en nuestro órgano pensante.

 

Ha quedado demostrado con bastante evidencia científica que la música activa algunas de las redes más amplias y diversas del cerebro. Como no podía ser de otra manera, la música activa la corteza auditiva en los lóbulos temporales cercanos a los oídos, pero eso es solo el comienzo. Hay mucho más. Las partes del cerebro involucradas en la emoción no solo activan durante la música la memoria emocional, sino que también se sincronizan. 

 

La música también estimula una variedad de regiones de memoria. Y, curiosamente, también el sistema motor. De hecho, se ha teorizado que es la activación del sistema motor del cerebro lo que nos permite seleccionar el ritmo de la música incluso antes de que empecemos a seguir el ritmo con el pie.

De Harry Styles a Deep Purple: las mejores canciones para poder hacer una buena RCP-Sarah Romero

 

¿Cómo puede la música tener tales efectos cerebrales?

 

Aunque no sabemos las respuestas con certeza, los avances en neurociencia cognitiva en los últimos años nos han permitido especular sobre algunos posibles mecanismos que van mucho más allá de lo que nos imaginamos. 

 

El neurocientífico estadounidense Larry Sherman, de la Oregon Health & Science University de Portland (OHSU), dice que el acto de practicar música puede ayudar a generar neuronas, fortalecer las conexiones entre las células del cerebro llamadas sinapsis y reconstruir las vainas de mielina que permiten la transmisión de señales eléctricas entre las células. Pero no solo tocar, incluso escuchar música beneficia directamente la salud y el funcionamiento del cerebro.

 

El cerebro está conectado a los beneficios de la música

 

“Resulta que practicar un instrumento musical puede ser lo más difícil y desafiante que puede hacer un cerebro humano”, dice el también miembro de la División de Neurociencia del Centro Nacional de Investigación de Primates de Oregón en OHSU. “Estás integrando habilidades motoras sensoriales y finas, habilidades motoras gruesas. Estás sosteniendo tu instrumento, moviendo tus dedos. Estás haciendo todas estas cosas y estás reconfigurando tu cerebro hasta el punto en que puedes convertirte en un músico nominado”.

 

Las imágenes de resonancia magnética han demostrado que la música desencadena una cascada de neurotransmisores, como las endorfinas y la dopamina, que se asocian con sentimientos positivos. Estos neurotransmisores pueden aliviar el dolor y también fomentar un sentimiento de pertenencia comunitaria. Cuanto más grande sea el grupo, mayor será el efecto (de ahí que, por ejemplo, cantar en un coro sea tan saludable a cualquier edad).

 

“Esto es algo asombroso que está haciendo nuestro cerebro. Se está reconfigurando y rehaciendo cada vez que practicamos música”.  

 

La música es estructural, matemática y arquitectónica. Se basa en las relaciones entre una nota y la siguiente. Puede que no lo sepas, pero tu cerebro tiene que hacer mucha computación para darle sentido.

 

Además es un recurso que nos acompaña siempre. Cultivar la habilidad musical desde el principio tiene beneficios para toda la vida. De hecho, para los más pequeños, reproducir música puede ayudar a los niños a leer mejor, almacenar recuerdos y ayudarles a pronunciar mejor diferentes idiomas. Y es que la música hace que el cerebro esté más conectado, lo que induce una plasticidad neuronal capaz de mejorar las capacidades neurológicas más allá de la música. Y, en general, aprender cualquier habilidad desafiante (como el ajedrez, la danza o el golf) tiene beneficios para el cerebro, independientemente de cuándo empieces.

jueves, 16 de marzo de 2023

Rocío Parrado: "No sabemos trabajar las emociones y ahí está el bienestar psicológico" ( II )

 

CARMEN REINA      |       Cordiópolis     |     26/02/2023

Entrevista a Rocío Parrado, presidenta Colegio de Psicología en Córdoba - ÁLEX GALLEGOS

 

(Continuación del artículo anterior)

 

P. Cómo sociedad, ¿necesitamos más educación y concienciación para normalizar el pedir esa ayuda psicológica?

R. Cada vez hay más concienciación, pero sí es verdad que siempre falta un poquito. Es verdad que, desde la pandemia para acá, cada vez sale más gente diciendo que va al psicólogo y lo ven como algo normal. Gente famosa, deportistas, actores, actrices, cantantes… Y eso nos ayuda a visualizar, a decir que esto no es nada malo, que todo el mundo va a un psicólogo y no pasa nada.

 

Es verdad que, antiguamente, cuando yo empecé por ejemplo en Psicología del Deporte, que un deportista fuera al psicólogo no estaba bien visto y se ocultaba mucho. Hoy en día, no. Todo el mundo tiene a su psicólogo para aumentar el rendimiento. Y no es que 'estés loco' ni nada así. La verdad es que vamos venciendo esas barreras cada vez más.

P. Apuntaba antes que la psicología está presente en todas las etapas de la vida. ¿Qué papel tiene en la educación, en la infancia?

R. Hay dos cuestiones, por las que estamos abogando. Primero, por crear una especialización en psicología infantojuvenil. ¿Por qué? Porque tiene unas características concretas, tienen su forma de ver la vida, sus trastornos… Estamos intentando crear esa especialización para atender su idiosincrasia. Y luego, también, abogamos por crear la figura del psicólogo educativo, aparte del orientador, que no tiene nada que ver.

 

Porque es verdad que en los colegios es donde se pueden detectar más casos, por ejemplo, de acoso escolar, ciberbulling, trastornos de la conducta alimentaria… Se pueden detectar muy fácilmente también en los colegios. También violencia de género o violencia filioparental. Ahí, se daría el primer enlace y sería muy bueno tener un psicólogo educativo que pueda detectar e intervenir en esos casos.

 

Porque, como he dicho, la infancia y la juventud es el caldo de cultivo, ahí empiezan muchos problemas que cuando somos mayores se pueden convertir en trastornos. Deberíamos enfatizar un poquito más en la infancia y la adolescencia, sobre todo en prevención.

 

P. ¿Sería un pilar de apoyo dentro del proceso educativo?

R. Sí, sí, un pilar. También sobre el abandono escolar, el rendimiento escolar… Todo eso se podría ver desde los colegios y fomentar la figura del psicólogo educativo para detectar esos problemas y hacer una intervención. Y si hiciera falta, por qué no, una derivación.

 

P. Ahora los psicólogos tratan en esas etapas de la vida cuestiones que antes pasaban desapercibidas o no se atendían, como trastornos de atención, hiperactividad… ¿Van surgiendo o han estado siempre ahí?

R. Eso siempre ha estado ahí. Pero, por ejemplo antes, el niño hiperactivo era el niño malo, que no se estaba quieto, que molestaba… Era la etiqueta de niño malo. Pero a lo mejor no era un niño malo, a lo mejor era un niño hiperactivo.

 

Yo sé que ahora hay mucha controversia, sobre todo con el TDAH -trastorno por déficit de atención e hiperactividad-, pero eso ha habido toda la vida. Trastornos de autismo ha habido siempre, antes no se detectaban y ahora sí se detectan desde la infancia. En la Atención Temprana, de los 0 a los 6 años, ahí podemos detectar muchos problemas que antiguamente no se detectaban o cuando ya se veían eran mayores. Y cuanto antes se trate un problema, mejor. Pero eso es en Medicina, en Psicología y en todo.

Cada vez hay ideas suicidas a edades más tempranas

 

P. En la etapa posterior, en la adolescencia y la juventud, ¿hay ahora una demanda creciente de apoyo psicológico?

R. En general, ha aumentado en todas las edades, pero en esta más. Sí es verdad que ha aumentado el número de problemas en adolescentes, ha crecido la incidencia de gente joven con problemas.

 

P. No sé si tienen que ver las redes sociales, la exposición pública….

R. Hay muchos casos de adicción a las tecnologías y a las redes sociales. También han aumentado bastante. La necesidad de que me vean, de que me acepten… pero luego el contacto social es muy reducido, es más a través de pantallas, de las redes.

Ha cambiado. Están cambiando las formas de relaciones entre los jóvenes. Y entonces, estamos como adaptándonos a esta nueva situación.

P. ¿Se puede llegar a atrofiar de alguna manera esa capacidad de relación social que define al ser humano?

R. Sí, bueno, atrofiar... Pero es que ahora las relaciones sociales se hacen a través de pantallas. La mayoría de relaciones sociales ahora se hacen a través de la pantalla.

Nosotros es que estamos acostumbrados a la relación del tú a tú, de salir, de conocer gente, de estar…que también lo demandan, quieren salir, conocer gente. Pero también quieren tener seguidores. Y es complicado.

 

P. No sé si hay una edad determinada o un perfil determinado, pero la atención psicológica también está presente ante trastornos alimentarios y sobre la obesidad. ¿Cuál es su realidad?

R. Los trastornos de la conducta alimentaria también están aumentando en número. No hay una única causa para que una persona entre en un trastorno de la conducta alimentaria, porque si fuera solamente la presión social por tener un cuerpo determinado, todos tendríamos trastornos de la conducta alimentaria. Es una serie de cuestiones, por ejemplo, una baja autoestima, personas muy autoexigentes… Es verdad que la presión social de estar delgada para tener mayor éxito, está ahí, desde luego.

 

P. ¿Qué tecla toca la psicología en estos casos?

R. El abordaje tiene que ser interdisciplinar, es decir, tenemos que trabajar psiquiatras, endocrinos, nutricionistas y psicólogos. No se puede tratar desde un solo punto de vista. ¿Qué trata el psicólogo? Lo primero que trata de trabajar es la autoestima en esas personas, en chicas y también chicos en un número cada vez mayor. Y hay también más trastornos de la conducta alimentaria, ya no solamente la anorexia y la bulimia, también está la vigorexia. Hay más cosas.

 

Se trata también, sobre todo, la imagen corporal, porque tienen una distorsión de su imagen. Se trabaja mucho el concepto que tienen de su imagen corporal, se trabaja la autoestima. También se puede trabajar la psiconutrición, es decir, el endocrino o nutricionista trabaja su parte y nosotros la parte emocional de la nutrición. Con personas bulímicas, por ejemplo, trabajamos también la impulsividad. Se abordan las características de cada caso.

 

P. ¿Al final está todo en la mente para explicar nuestra conducta?

R. Sí, yo siempre digo que tenemos que cuidar un poco lo que pensamos, porque nuestra mente nos engaña muchas veces. Pensamos cosas y estamos dándole vueltas a cosas que luego, cuando nos paramos a pensar, decimos ‘¿Por qué he pensado eso? No le encuentro sentido’.

 

La mente es poderosa, nos puede llevar a pensar cosas que no son. Entonces, trabajar la mente, trabajar los pensamientos, las ideas, las emociones sobre todo…. Nada más que trabajando un poco el control de las emociones podemos mejorar nuestro bienestar psicológico.

En Atención Primaria, más de un 30% de las consultas son por problemas psicológicos

 

P. La inteligencia emocional no es algo que se suela trabajar…

R. No se suele trabajar y sin embargo es algo que nos puede ayudar en nuestro día a día, durante toda la vida. Como he dicho antes, no hay solo trastornos mentales, sino que sobre todo muchas veces, la mayor parte de la psicología lo que ofrece es bienestar psicológico.

 

P. Quería tocar también otro ámbito en el que actúa la Psicología, en el que tienen un Premio Meridiana por el apoyo psicológico necesario para víctimas de violencia de género. De hecho, la violencia psicológica es más difícil de detectar o autodetectar incluso.

R. Normalmente, siempre empiezan por la violencia psicológica. Te anulan. Primero te tienen que anular, te tienen que dominar. Un maltratador, normalmente lo primero que hace es machacarte psicológicamente. Te aísla de la familia, te aísla de todo el mundo, empieza a decirte que no vales, a controlarte… Y luego ya, aparece el maltrato físico. Pero lo que más cuesta que una persona sea consciente es de ese maltrato psicológico, no son tan conscientes de ese machaque que les dan.

 

P. ¿Cómo se trabaja en esas situaciones?

R. Es complicado. Muchas veces tú hablas con una mujer maltratada psicológicamente y ella no lo ve, lo justifica…Entonces, en un principio puede ser muy complicado porque si ella no quiere ser ayudada, no le puedes ayudar. Pero yo siempre les digo a los familiares que tienen que estar ahí, apoyándola, que no se aísle, que no la dejen y que, en un momento dado, puede pedir ayuda y hay que recogerla. Y ahí empezar a trabajar con ella.

 

Que denuncie, es muy complicado que denuncie. Nosotros -el Colegio de Psicología- propusimos el apoyo psicológico a mujeres maltratadas cuando dan el primer paso, en la denuncia. Porque ahí tenemos que ayudarlas a dar ese paso. Muchas de esas mujeres se arrepienten o no dan el paso si no tienen un apoyo, si no se sienten apoyadas, si no se sienten comprendidas, arropadas. Ese es el primer paso para sacarlas de ahí, de esa vida. Es un paso muy complicado, muy difícil y muchas de ellas se arrepienten, por miedo.

 

P. ¿Les ha llegado algún caso de un hombre que haya ejercido violencia de género, que se haya puesto en manos de psicólogos para intentar reconducir su conducta?

R. Bueno, puedo hablar a nivel particular. Conozco algunos casos, de hombres que han dicho ‘quiero cambiar’. Por dos motivos, bien porque se ven obligados y dicen ‘me han denunciado y tengo que aparentar’, y hay otros casos que, bueno, sí. Pocos, pero los hay. Hay programas (especiales de reinserción) para hombres maltratadores.

Hay que fomentar la figura del psicólogo educativo para detectar cuanto antes los problemas

 

P. Cree que cuando la salud mental no se cuida como sociedad ¿es un fracaso?

R. Yo, como profesional, te diría que sí. También en mi opinión personal, es un fracaso, pues sí. Lo estamos viendo. El no atender a los problemas mentales y al bienestar psicológico, es negar una cosa que es evidente. Y al negar una cosa que es evidente y es un problema que está ahí, el no darle solución es un fracaso. Porque está ahí, está candente y si no lo vemos y no le damos una solución…yo lo veo como un fracaso. Es un problema que se ve y que, a la larga, eso trae muchísimas complicaciones. En todos los aspectos. Y si no se soluciona, yo creo que sí es un fracaso de la sociedad.

 

P. ¿La punta del iceberg y la mayor tragedia de ese fracaso pueden ser los suicidios, el no atender adecuadamente a esas personas?

R. Ahí están las tasas de suicidio. Ahí están los números. En 2021, creo que hubo más de 4.000 personas que se quitaron la vida (en España). Y eso está ahí. Ignorarlo es una barbaridad. Y cada vez, se ha visto desde la pandemia y se han hecho estudios, hay ideas suicidas a edades más tempranas. Eso está ahí en los estudios, no nos lo hemos inventado los psicólogos. Entonces, ignorar eso y no darle una prevención, es ignorar un problema que hay que cada vez es mayor. Hay una tasa de suicidio en Andalucía entre los 18 y 25 años de un 11%.

 

El suicidio es la segunda causa de muerte externa y no se está atendiendo. Cuando se dice que hay muchas muertes por ataques al corazón, ponemos remedio. Pero ¿y los suicidios?

 

P. Me había fijado en una definición de Psicología de la RAE, que dice que es ‘la manera de sentir de un individuo o colectividad’. En este mundo acelerado e individualista, ¿nos hemos olvidado de atender lo que sentimos?

R. Nos hemos olvidado. Ahí está la regulación emocional, el trabajo emocional, la parte emocional. No sabemos trabajar eso, no sabemos tener control emocional. Se nos escapa de las manos. Ahí va el bienestar psicológico. Hay un vacío ahí. No se nos ha educado…Pero nunca es tarde.