sábado, 8 de abril de 2023

Los seis pilares de la resiliencia: cómo ser mejor cuando las cosas se ponen feas

 

NACHO HONTORIA     | Madrid |     uppers.es     |     28/04/2021

Resiliencia, dícese de la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas 

Agustín Peralt tuvo que vivir algunas de ellas muy próximas en el tiempo, pero supo resurgir y renovarse

Ahora cuenta las claves en 'Los 6 pilares de la resiliencia', su nuevo libro.

 

La vida de Agustín Peralt (50), en los últimos años, ha sido como la del junco que se balancea de un lado para otro en la corriente de un río. Un despido, una deuda injusta con su ex-empresa y un divorcio turbulento fueron los tres elementos de su tormenta perfecta, de su bajada a los infiernos. Allí, en vez de hundirse en el desasosiego y la desesperanza, encontró la energía suficiente para resurgir de sus cenizas y rehacer su vida. Ahora lo comparte día a día en su nuevo trabajo como mentor de importantes directivos y lo ha querido plasmar en su nuevo libro 'Los 6 pilares de la resiliencia' (Plataforma empresa). En Uppers nos ha querido dar las claves para ser mejor cuando las cosas se pongan peor y esto es lo que nos ha contado.

 

Hablamos de resiliencia, la palabra de moda de nuestra época.

 

Las personas resilientes son aquellas que son capaces de hacer frente a la adversidad saliendo fortalecidos de la situación y con un crecimiento personal por los aprendizajes que las situaciones complejas nos aportan.

 

Hay personas que por genética son más resilientes que otras. También otra evidencia es que aquellas personas que han pasado por situaciones de complejidad en sus vidas han ido desarrollando el músculo de la resiliencia pues realmente es cómo un músculo.

 

Pero también es verdad que existen técnicas y actitudes que nos pueden ayudar a desarrollar la resiliencia de manera proactiva es decir con antelación a esas adversidades que es evidente que siempre acaban llegando en la vida de una manera u otra. Por lo que la clave está tanto en trabajar de manera proactiva esas claves como no huir de situaciones de complejidad pues es una forma clara de entrenarnos para ello.

 

¿Cómo ser más resiliente cuando te quedas sin trabajo a una edad madura?

 

Lo primero es tomarte el proyecto de búsqueda de trabajo como un proyecto en sí mismo donde el fortalecer tu resiliencia va a ser probablemente la parte más determinante del proyecto. En segundo lugar, analizar cómo estás en las claves de la resiliencia para desde ese punto de partida empezar a trabajar en ellas.

 

Tener definido tu propósito personal por escrito, aceptar la realidad y asumir tu responsabilidad en primera persona, fortalecerte emocionalmente y apoyarte en el entorno que tienes sin miedo a demostrar tu vulnerabilidad son muchas de las claves que acaban incrementando tu capacidad de salir fortalecido y aguantar la dificultad de esos procesos.

 

Cuáles son los trucos de experto para estar preparados frente a las adversidades

 

El principal sería el fortalecernos en dos ámbitos. El primero nuestra propia fortaleza mental es decir todo aquello que sea incrementar nuestra inteligencia emocional para poder gestionar esos estados emocionales de la mejor manera ante los momentos de dificultad.

 

Si vamos paulatinamente fortaleciéndonos mentalmente seremos capaces de tomar el control en determinadas situaciones de adversidad sin que nuestras capacidades y habilidades se vean mermadas actuando. En segundo lugar, construir un entorno de amigos, familiares, compañeros del trabajo de manera paulatina que nos servirá para poder estar acompañados en el futuro cuando los necesitemos.

En momentos de adversidad el disponer de esas personas que te ayudan, te refuerzan, te proponen soluciones... Y de la misma manera sacar personas tóxicas de tu vida, pues es lo último que necesitas en esos momentos.

 

¿Se puede ser resiliente sin un entorno adecuado?

Se puede, si bien perdemos mucho apoyo, que es clave. En momentos de adversidad necesitas apoyarte en las personas cercanas, pues son multiplicadores de tus capacidades y una forma de fortalecerte en momentos de cansancio mental. Y por supuesto, las estrategias para salir de situaciones adversas se ven muy enriquecidas cuando tu entorno te ayuda a pensar en soluciones.

 

Además, no debemos olvidar que una de las principales motivaciones del ser humano es relacionarse, sentirse parte de un grupo, sentirse querido. Y en esos momentos de adversidad personal o laboral necesitas motivaciones. Lo que ocurre es que no podemos esperar a construir ese entorno cuando ya tenemos la adversidad delante. Demasiado tarde.

 

¿Cómo conseguir un propósito cuando la cosa se torna complicada?

Cogiendo distancia y pensando con papel y boli. Siendo capaces de dedicarles momentos de calidad con suficiente frecuencia. La exigencia de inmediatez actual es excesiva. Cada vez las personas tenemos menos paciencia. Queremos muchas cosas con menos esfuerzo. Y el propósito requiere que nos paremos a pensar, le dediquemos tiempo, lo pongamos en común, reflexionemos... Nos sobra información y tecnología y nos falta pararnos a pensar desde la distancia, sin distracciones.

¿Consejos para la gente que ha visto cómo la pandemia le ha cambiado la vida?

Que aceptemos la realidad y asumamos nuestra responsabilidad para salir de esto. La vida es compleja, sólo que de pequeños no nos lo cuentan. Estoy viendo a personas que empiezan a salir fortalecidos de esta situación, pues han crecido como personas y como profesionales, y eso es algo que se lo quedan de por vida.

No caigamos en la queja, sino tracemos planes coherentes y ejecutémoslos día a día… Las cosas no se cambian en una semana, pero también es verdad que las personas que trabajan con objetivos claros alineados con sus propósitos personales y profesionales y que, además, actúan con intenciones coherentes, con frecuencia y consistencia en el tiempo, acaban saliendo fortalecidos de muchas situaciones donde otros nos salen de la queja y el lamento.

 

Debemos de pasar del 'por qué a mí' al '¿por qué no a mí?'. Somos muchos los que, con el tiempo, miramos atrás y damos gracias a aquellos momentos de adversidad.



David Gómez, psicólogo: "No somos superhéroes, no tenemos que resolver todo solos"


LAURA MIYARA       |   La voz de galicia – La voz de la salud.es   |   13/01/2022

 

Tristeza, incapacidad para disfrutar e insomnio son algunos de los síntomas característicos de la depresión, un cuadro psicológico frecuente en personas de todas las edades. La depresión está muy asociada a lo afectivo, por lo que conlleva situaciones de baja autoestima y aislamiento social. En este sentido, las habilidades sociales y la autoestima pueden ser claves no solo en términos de prevención de los estados depresivos, sino para ayudarnos a salir de ellos. Según el psicólogo David Gómez, autor del libro Guía para tener una sana autoestima, la autoestima influye en estos cuadros en calidad de «causa y consecuencia», es decir, que reforzar nuestra autoestima es sumamente importante en la lucha contra la depresión.

Para construir una autoestima saludable, indica Gómez, será fundamental alcanzar un cierto nivel de alfabetización emocional, de conocimiento acerca de las emociones y lo que ellas nos pueden estar diciendo sobre nuestros patrones de vida. En el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, el psicólogo nos da algunas pautas para entender nuestras emociones y aprender de ellas.

 

¿Cómo se relaciona la autoestima con la depresión?

 

La autoestima no es más que la etiqueta que le ponemos a un conjunto de conductas, de verbalizaciones que yo me digo a mí mismo sobre mí, sobre las cosas que me pasan, sobre cómo pienso, cómo siento y cómo funciona mi mundo. Es verdad que una depresión como trastorno me aísla de cosas que son importantes para mí, porque a lo mejor me hace quedarme en la cama hecho una pelotita, y me aleja de esas fuentes importantes de refuerzo o de los planes sociales, y al final eso baja la autoestima. Pero es verdad que también, por circunstancias que me hayan pasado en la vida, puede que empiece a hablarme de manera muy negativa y eso también puede ser causa o antecedente para que caiga en una depresión o llegue a una. Entonces, los niveles de autoestima son causa y consecuencia de nuestra situación emocional.

 

¿Cómo podemos trabajar para construir una mejor autoestima?

Lo primero que podemos hacer es ver qué implica eso que yo etiqueto como baja autoestima. Es decir, puede que considere que tengo dificultades en varias áreas de mi vida, puede que me esté hablando fatal, puede que el trato que me estoy dando a mí mismo sea muy negativo, puede que me perciba como una persona muy poco competente en ciertas áreas. Una vez que he analizado eso, puedo intentar poner solución a lo que no esté funcionando bien.

Por ejemplo, si me considero una persona muy poco hábil en relaciones sociales y yo me digo a mí mismo eso, una manera que tengo de aumentar mi autoestima es empezar a interaccionar más socialmente. Si yo tengo una carencia, lo que tengo que hacer es exponerme a eso en lo que tengo carencia.

Si tengo una visión de la vida muy negativa, porque emito verbalizaciones muy negativas sobre mí mismo, sobre el mundo, puedo empezar a cambiar un poquito esas verbalizaciones. Si las cambio y se vuelven más adaptativas, más positivas, quizás me relacione mejor con el mundo y mi autoestima pueda subir un poquito. Por ejemplo, imagínate que yo por la tarde tengo un paciente. No es lo mismo que yo cuando voy a atender a este paciente me diga que soy un inútil, que no valgo para esto, que no voy a poder ayudarle, a que me diga: «Venga tío, eres el mejor, te lo has currado muchísimo, vas a poder ayudar a esta persona».

¿Cómo podemos identificar esa forma negativa de hablar con nosotros mismos?

La clave sería la autoobservación. Tengo que ser capaz de observar qué me está pasando, qué me estoy diciendo. Eso incluye en lo que llamamos los eventos privados e internos: los pensamientos, las verbalizaciones, las emociones, las sensaciones, los recuerdos, las imágenes. Tengo que ser consciente, no dejarme llevar por ellos. Algo que me puede ayudar con eso es escribir lo que estoy pensando y sintiendo. Esto me permite ver cómo mis pensamientos influyen en mi respuesta emocional y en mi respuesta conductual.

Pero a veces no es tan sencillo, nos sentimos mal y no sabemos el por qué. Entonces, lo primero que podemos hacer es etiquetar lo que estamos sintiendo. Muchas veces, nuestro lenguaje emocional es bastante pobre. No pasamos del «estoy bien» o «estoy mal». Hay que ver qué es estar mal. Estar mal puede ser sentirme triste, sentirme con ansiedad, sentirme culpable, sentir vergüenza, sentir desgana, sentir apatía, frustración, rabia, ira, asco, etcétera.

Una vez que le he puesto nombre a la emoción, lo que se llama etiquetado emocional, puedo informarme, leer para qué sirve, qué funciones tiene esa emoción. Incluso de manera simbólica puedo interrogar a la emoción: esta emoción que estoy sintiendo, ¿qué me quiere decir? ¿Qué mensaje me está mandando?

Por ejemplo, si estoy triste, a lo mejor me está mandando el mensaje de que hay algo en mi vida que no funciona bien. Si siento ansiedad, a lo mejor hay una alarma que tengo que intentar atender. Una vez que tomo contacto con esa etiqueta y esa emoción, puedo intentar hacer algo para modificar el contexto e intentar solucionar ese estado emocional, o bien arreglar algo de manera interna, a nivel de mis pensamientos.

¿Qué podemos hacer cuando esos pensamientos negativos vienen asociados a comparaciones con otras personas?

Tenemos que desintoxicarnos de la perfección de Instagram y de los demás. Muchas veces, cuando nos comparamos se produce una asimetría entre la cualidad que yo estoy cogiendo de la otra persona para compararme, respecto de una que me falta a mí. Hay que analizar lo que yo estoy comparando y entender que estoy sobredimensionando lo de la otra persona e infravalorando lo mío. Hay una discrepancia y pierdo, mi autoestima se viene abajo. Entonces, tengo que poner el foco en mí, no en los demás. Para eso, hay que limitar y vigilar lo que estamos consumiendo. Preguntarnos: ¿Cuánto tiempo paso al día en redes sociales? ¿Qué tipo de cuentas estoy seleccionando? Cuando me salta una cuenta de estas de postureo y perfección, ¿qué estoy sacando de eso? Ese análisis forma parte de la desintoxicación digital.

¿Cómo podemos recomponer la autoestima cuando hemos pasado por un período donde no hemos estado bien?

Buscando ayuda. Analizando las áreas que no han funcionado o no están funcionando bien e intentando conductualmente hacer en cada una de ellas algo que sea importante, relevante y significativo para nosotros. Así, poco a poco voy mejorando esas áreas que para mí son importantes. Me voy diciendo cosas agradables, positivas y placenteras sobre los esfuerzos que estoy haciendo y lo que voy trabajando poquito a poco.

¿Cómo podemos revitalizar nuestra vida social tras un episodio depresivo y de baja autoestima?

Una de las características que tiene la depresión es que nos aislamos socialmente. Como estamos muy tristes, no nos apetece hacer cosas. Pero como no hacemos cosas, no accedemos a reforzadores, que para nosotros son importantes, y al final seguimos tristes. Entonces, es importante plantearse una activación conductual en el plano social, pero poco a poco y gradualmente. Empezar a enviarle mensajes por WhatsApp a personas con las que hemos perdido el contacto, o proponerle tomar un café a la persona con la que tengamos más confianza. También algo pequeño como proponernos un rato al día salir a dar una vuelta y simplemente ser amable con el cajero cuando vamos a hacer la compra. Poquito a poco ir haciendo exposiciones graduales a esas fuentes de reforzadores que he perdido.

¿Qué puede hacer el entorno de la persona con depresión para ayudarla?

Lo primero es escuchar. Comprendervalidar y empatizar. Es muy importante la validación emocional, porque se tiende a invalidar con ideas como: «Bueno, no estés triste, no es para tanto, ya verás que vas a estar bien, venga, que hay gente que la está pasando peor». Entonces es muy importante la escucha empática y la validación emocional.

¿Cómo podemos intervenir para ayudar a alguien a salir del aislamiento?

Lo que podemos hacer es intentar tirar de la persona. Pero eso tiene un límite. Es decir, si yo invito a alguien y no obtengo nada, a las diez veces, la conducta de invitar queda extinguida. Con lo cual, al final dejo de hacerlo. Pero teniendo en cuenta que esa persona tiene dificultades, que no es que quiera deliberadamente pasar de nosotros, la clave es seguir insistiendo o incluso adaptar un poquito los planes a la situación de esa persona. Quedar cerca de su casa, incluso ir a su casa a tomar unas cervezas y jugar a un juego de mesa, o ver una peli. Intentar adaptarnos a esa persona que sabemos que está sufriendo, que no lo hace a posta.

¿Cuándo tenemos que buscar ayuda?

 

La respuesta es siempre. Imagínate que yo me veo un bulto en mi cuerpo. ¿Cuándo tengo que consultar con un médico? Hombre, pues en cuanto he detectado que algo no funciona bien. Bueno, con esto pasa lo mismo. Si yo me doy cuenta de que normalmente estoy sintiendo mis emociones de manera intensa, enérgica, duradera o frecuente, puede ser motivo de consulta. Luego, cuando reacciono de una manera muy negativa a mis emociones: esto es terrible, no me gusta sentirme así, no voy a poder soportarlo, qué mal lo estoy pasando.

Lo tercero es cuando intento escaparme o evitar esa emoción, hago esfuerzos para que se vaya porque no me gusta nada sentir eso. En esos momentos nos podemos plantear buscar ayuda. O incluso, cuando a lo mejor siento una emoción que se está dilatando mucho en el tiempo, también es momento de buscar ayuda. Si creo que hay problemas que no estoy sabiendo resolver, también es un buen momento. Si siento que hay ciertos aspectos de mi vida en los cuales estoy muy limitado, también.

En definitiva, cuando detectamos que algo no funciona bien en nuestra vida, hay que buscar ayuda psicológica.

Sí que me gustaría destacar el problema que tenemos en el sistema de salud en España. Cuando alguien quiere pedir ayuda porque está sufriendo, el acceso a la ayuda es tremendamente limitado, porque el sistema de salud mental está tremendamente desmantelado y es muy escaso. Hace falta que aumenten los recursos para la población. Cuando alguien quiere pedir ayuda, pasan dos cosas. O va al médico y le medican, con lo cual tenemos una población sobremedicada, o le dan cita para psiquiatría dentro de mes y medio y el psiquiatra le deriva al psicólogo clínico en cuatro meses, cuando la persona está sufriendo hoy. 

¿Qué herramientas puede tener una persona para sentirse un poco mejor en el momento?

Ojalá fuera fácil responder a esa pregunta, pero entonces los psicólogos no tendríamos trabajo. Las herramientas para cuando alguien está mal son leer mucho sobre emociones, para poder entenderlas y actuar sobre ellas, e intentar conectar con lo que estoy sintiendo para ver qué está sucediendo. Pero no somos superhéroes, no tenemos que resolver todo solos. Por eso está pedir ayuda. Si no nos apetece ir al psicólogo, o no podemos, podemos pedir ayuda a alguien cercano, un familiar o amigo. Podemos seguir a cuentas de psicología en redes sociales para intentar aprender y tomar contacto con herramientas para gestionar las cosas que nos pasan. Luego, las conductas prosociales, de ayuda hacia otros, son grandes fuentes de reforzamiento e implican unos buenos valores y hacen sentir bien. Desde apadrinar alguna causa humana o de animales, hasta colaborar con alguna organización o protectora, o banco de alimentos, ese tipo de cosas.

miércoles, 5 de abril de 2023

Luis G. Rojas, psiquiatra especializado en adolescentes: "Si tu hijo te lo cuenta todo, tiene un problema grave"


ANA M. LONGO       |       uppers.es      |      18/11/2022

 

Luis Gutiérrez Rojas, licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Psiquiatría, aclara que la adolescencia ha de verse como una etapa buena y no hay que exagerar

"Es crucial educar a nuestros hijos en valores, es decir, que meterse con otro, vilipendiarlo, tratarlo con agresividad o con desprecio es algo que está mal"

"Tener una visión negativa, temerosa e intranquila acerca de la adolescencia, desde luego que transmite miedo e inseguridad a los hijos y les perjudica"

 

Frecuentemente se añade a los progenitores miedo e incerteza frente a la llegada de la adolescencia de sus hijos.  El, también, docente y conferenciante, autor de ‘La belleza de vivir’ (Editorial Ciudadela) subraya que no es acertado atosigar a los hijos en esa etapa o no conseguirán que el hijo se anime a compartir algunas de las situaciones que le acontezcan. Ya Proust, novelista francés, hacía un guiño positivo a esa etapa: "La adolescencia es la única época en la que he aprendido algo".

 

 ¿Qué cree usted que es eso que tanto temen los padres cuando se acerca la época de la adolescencia de sus hijos? ¿Teniendo esas ideas y prejuicios trasmiten inseguridad o miedo a sus hijos? ¿Eso puede perjudicarles?

 

 Recuerdo el lema de una campaña que dice: “Nuestra adolescencia os pondrá a prueba”. Está claro que hay muchos mensajes que como padres nos asustan y nos generan ese miedo. Existe la profecía que es la autocumplida, esto es, cuando pienso que una cosa va a pasar, sea buena o mala, es más probable que suceda. Si yo pienso que mi hijo adolescente va a suspender, va a ser un ladrón o le va a ir muy mal o, todo lo contrario, es más probable que ocurra.

 

Creo que tener una visión negativa, temerosa e intranquila acerca de la adolescencia, desde luego que transmite miedo e inseguridad a los hijos y les perjudica. Hemos de estar precavidos durante esa época y ayudarles a mejorar sus circunstancias.

 

Educación en valores

 

Nuestro país encabeza en cifras la lista europea respecto al bullying, según el primer informe mundial sobre el tema realizado por la ONG 'Bullying sin fronteras'. Es algo que aterroriza a los padres. ¿Qué diría usted que se nos está pasando por alto no solo en la escuela, también en los hogares?

 

Ciertamente da miedo porque nadie quiere que su hijo lo pase mal, que se angustie o sea maltratado o machacado por quienes le rodean. Nuestro hijo puede estar sufriendo y nosotros no ser conscientes de ello.

Es crucial educar a nuestros hijos en valores, es decir, que meterse con otro, vilipendiarlo, tratarlo con agresividad o con desprecio es algo que está mal. Cuando identifiquemos estas conductas que ya pueden observarse entre hermanos. hay que explicarles que no deben hacerlo.

 

Hay que hacer pedagogía desde la cuna, desde los medios de comunicación, cuando vemos una película, con una canción y explicarles. También es recomendable tener un buen contacto con el colegio, hablar con los profesores y que nos informen de cómo ven a nuestro hijo y cómo se relaciona con los demás. Y estar atentos a si el adolescente se encuentra más triste, aislado, apático o ha bajado su rendimiento escolar.

 

Respecto a los embarazos no deseados: ¿cree usted que habría que garantizar una educación sexual integrada en las aulas?

 

Este es un tema muy espinoso porque vivimos en una sociedad que a veces está muy hipersexualizada donde existe un hiperestímulo a los adolescentes sobre el tema sexual en el momento en que ellos están descubriendo esa faceta de su vida. Da la impresión de que la educación se basa en la mera genitalidad, en explicar en qué consiste el acto sexual y los métodos anticonceptivos que hay. Esto es una mala educación porque ya lanza un mensaje en el que tener relaciones siempre y cuando no haya enfermedad o embarazo no pasa nada, pero sí pasa.

 

Hay personas que llegan a tener una relación patológica con la sexualidad porque se han sentido utilizadas, porque se han sentido acosadas o porque han tenido que ceder a ideas de un grupo para que no las considerasen reprimidas o estrechas.

Claramente habría que difundir más educación sexual desde casa unido con la escuela y vincular el sentido y significado de la sexualidad con la afectividad, es decir, el compromiso y amor entre dos personas que consienten.

 

En la adolescencia, el joven parece recibir instrucciones por todos lados: padres, familiares, los profesores, los amigos. ¿Puede sentirse agobiado para ser quién es? ¿Qué necesitaría para sentirse más libre?

 

La adolescencia es la época del descubrimiento del propio yo. El joven se da cuenta que ya no es un niño y ya no es alguien al que le dicen lo que debe hacer.

 

Esta etapa de cierta rebeldía, de negarse... resulta bastante creativa y hace que el adolescente elija su propio camino.

 

Los padres han de ayudarlos y acompañarlos. Las libertades hay que ponerlas poco a poco en función de sus capacidades, de su inteligencia, su coraje, sus valores... Si queremos que el adolescente confíe en sí mismo, hemos de generar nosotros confianza en él y no interrogarle ni cuestionarle cada segundo y por todo.

¿Cómo se le pueden poner límites a los hijos sin que sientan que se les censura o se coartan sus derechos y necesidades? ¿Cómo no resultar un enemigo para ellos?

Se les puede preguntar qué les apetece hacer el fin de semana, en vacaciones... y compartir con ellos y aprovechar para sacar un tema de conversación y un límite. Cuando el adolescente está encerrado en sí no es bueno entrar e invadirle. Por ejemplo: 'No sería bueno que llegases tan tarde porque podemos hacer deporte o algo que te apetezca'. Lo idóneo es no estar pendiente de cómo coartar su conducta.

 

Desdramatizar la adolescencia

¿Qué es imprescindible en la infancia de los hijos para que llegada la adolescencia se expresen desde su libertad y consulten cualquier tema a los padres?

 

No conozco a ningún adolescente del planeta que haya hecho eso, así que digo que ningún padre aspire a ello. Si tu hijo te cuenta todo, tiene un problema grave y es que confía poco en sí mismo. El hijo normalmente consulta algunas cosas y, a veces, porque le pillamos. Lo normal es que nuestro hijo vuelva a contárnoslo todo pasada la fase adolescente. El truco para pasar por ahí es haber querido al hijo mucho desde pequeño, diciéndole lo bien que baila, lo bien que lee o dibuja y diciéndoles que de los fallos también pueden rescatar aciertos. Eso servirá para que se ame a sí mismo y sepa quién.

 

 ¿Cuál diría usted que es un error generalizado por parte de los padres llegada esta etapa y que suele tratar en consulta?

 

 El error es dramatizar o exagerar la adolescencia y decir que a nosotros no nos pasó y que respetábamos más a nuestros padres, es falso. También fuimos adolescentes e hicimos cosas que no estaban bien. Resulta un desacierto no ser conscientes de la existencia de esa fase tan necesaria para que el hijo madure.

 

¿Puede afirmarse que es posible un camino por la adolescencia de los hijos sin angustia?

 

Lo más importante es darse cuenta de que la angustia no sirve para nada. Habría que hablar con otros padres que han pasado por ello y nos dirán que lo pasaron mal pero que todo pasa y que no hay que darle mayor importancia. Seguramente nos dirán que los hijos se ven más fortalecidos y tienen mayor autoestima.

 

No añadamos tragedia a lo que el hijo hace porque eso lo que va a conseguir es que se comporte de una forma todavía más agresiva. Parte de la adolescencia se convierte en una provocación y las provocaciones cumplen sus objetivos cuando consiguen que el otro 'entre al trapo'.

 

Apoyémonos en nuestra pareja o persona que nos acompañe, en los abuelos y hablemos mucho. Nos daremos cuenta de que las cosas pasan de una forma más sencilla de lo que podríamos prever.

lunes, 3 de abril de 2023

La alexitimia y su trascendencia clínica y social


FRANCISCO ALONSO-FERNÁNDEZ    |      Scielo.org.mx

La alexitimia (AL) se define como un déficit comunicativo emocional, asociado con el pensamiento operacional, alta impulsividad y copiosas sensaciones corporales. AL es un frecuente perfil masculino (prevalencia del 10%). En su etiología participan factores cerebroorgánicos, psíquicos o sociales.

I. ANTECEDENTES PSICOSOMÁTICOS DE LA ALEXITIMIA

Casi desde el principio se observó que la presencia de la Alexitimia (AL) en los enfermos psicosomáticos no era constante y que tampoco era un dato específico, puesto que además de alcanzar en la población general una tasa de cierto relieve, su prevalencia era aún más alta en diversos tipos de enfermos físicos o psiquiátricos no encuadrados en la esfera de los enfermos psicosomáticos clásicos.

El fracaso de la psicoterapia verbal en los enfermos psicosomáticos fue atribuido por Rüsch, en un trabajo publicado en 1948 en la revista americana de medicina psicosomática, a que estos enfermos tenían una especial falta de habilidad para descargar sus tensiones emocionales por medio de la palabra, el símbolo o el gesto, porque eran especialmente propensos a utilizar los canales somáticos como única vía disponible para la descarga de sus emociones. Atribuyó esta falta de habilidad a una inmadurez emocional enmarcada en una personalidad infantil.  

II. EL PERFIL DE LA PERSONALIDAD ALEXITÍMICA

El concepto AL fue tomando gradualmente, a partir del radical etimológico señalado, un sentido más global, en forma de un perfil de personalidad, que abarca datos afectivos, cognitivos, psicomotores y somáticos. He aquí la enumeración de los rasgos personales más importantes:

• Incapacidad de identificar, reconocer, nombrar o describir las emociones o los sentimientos propios, con especial dificultad para hallar palabras para describirlos.

• Pobreza en la expresión verbal, mímica o gestual de las emociones o los sentimientos.

• Falta de captación de las emociones o los sentimientos ajenos (trastorno de la empatia).

• Pensamiento muy concreto y pragmático, con dificultades para el pensamiento abstracto.

• Reducción o anulación de la fantasía, los sueños o ensueños y la vida imaginativa.

• Falta de capacidad para la introspección y la creatividad.

• Inclinación al aislamiento, sin tener sensación de soledad.

El núcleo semiológico del perfil de la personalidad alexitímica reside en la afectividad, en forma de una incapacidad para identificar, reconocer, describir o nombrar los sentimientos o las emociones propias y de una dificultad para captar los estados emocionales ajenos, o sea, en conjunto una conciencia emocional precaria. 

Hoy, el concepto global de AL posee una especial trascendencia social y clínica. 

III. LA TRASCENDENCIA SOCIAL DE LA ALEXITIMIA

La AL opera como una variable perturbadora de la interacción social. La trascendencia social de la AL consiste en actuar como fuente de problemas en las relaciones interpersonales por razón del trastorno comunicacional y la penuria emocional o la falta de empatía, a lo que se agrega con frecuencia la descarga de emociones negativas o una acción impulsiva. Todo lo cual denuncia al sujeto alexitímico como responsable del sufrimiento de los demás y poco dotado para el éxito en la vida social.

En la relación de pareja el hombre alexitímico, con un comportamiento habitual serio, reservado e independiente, se convierte en un agente frustrante para su compañera.

El trabajador alexitímico inspira recelo a sus compañeros como el más antipático y distante del grupo y el más amenazado por razones obvias por la pérdida del empleo.

El jefe alexitímico es una figura laboral poco estimada por lo general por sus subordinados, al ejercer su función con despotismo y desafecto y al tiempo mostrarse poco competente al ser incapaz de asumir y desarrollar proyectos de largo alcance.

La AL es asimismo un serio riesgo para el mismo médico por dos serias razones. En primer lugar, porque la AL y el narcisismo –con algunos rasgos comunes entre ambos–son los dos perfiles personales más incompatibles para el ejercicio de la medicina, puesto que ambos hacen imposible la actitud altruista, que, como yo mismo he puesto de relieve en el libro ¿Por qué trabajamos?,7 es la esencia del espíritu médico.

¿Y qué decir de la presencia de la AL en los enfermos? 

IV. EL ENFERMO ALEXITÍMICO

La AL interviene como una variable de riesgo, predisponente, determinante o precipitante, para el enfermar psíquico o físico, utilizando una de estas cuatro vías: la somatización o expresión de las emociones o los sentimientos en forma de signos somáticos; el predominio de la experiencia emocional elemental negativa, tipo hostilidad; la mala calidad de vida, y la degradación de las experiencias interaccionadas con los otros.

El alexitímico es el sujeto somatizador por excelencia. No sólo vierte con preferencia o de modo exclusivo sus emociones y sentimientos por un canal somático, sin ser capaz de diferenciar la emoción en sí de sus signos somatizados, ni de discriminar el sufrimiento emocional del dolor físico, dado que por su condición hiperestésica, experimenta todos los fenómenos corporales de un modo especialmente mortificante.

Por su parte, el enfermo depresivo muestra una profunda afinidad sintomatológica con la AL, tanta que muchas veces podría considerársele como el alexitímico espurio arquetípico. La abundancia de síntomas somáticos primarios –que no son somatizaciones pero pueden confundirse con ellas–, el predominio de las emociones negativas y la pérdida de la sintonización con los demás o con el espacio exterior son un trío sintomatológico que convierte a muchos enfermos depresivos en supuestos alexitímicos transitorios.

El alto porcentaje de AL en la población femenina registrado en algunos estudios epidemiológicos pudiera deberse a haber descuidado establecer las diferencias entre la mujer alexitímica y la mujer depresiva.

La acumulación de AL entre los enfermos adictivos pudiera atribuirse, según estos autores, a que <<la dependencia por un objeto humano se sustituye por la dependencia por un objeto exterior, gracias a la disponibilidad inmediata de este objeto como fuente de placer autárquico>>. También podría especularse con la idea de que el sujeto alexitímico recurre al objeto adictivo, lanzado por la búsqueda de sensaciones para compensar su falta de capacidad para experimentar emociones.

En cuanto a la posible intervención de la AL como un factor adictógeno en las adicciones psicosociales patológicas, se concentra, según los conocimientos actuales, en los tipos adictivos siguientes: el obeso asociado con hiperfagia adictiva, el subtipo de adicto al sexo promiscuo o anónimo, el adicto al cibersexo, el ludópata adictivo y el adicto al trabajo.

Aunque la AL no se acompaña siempre de somatizaciones, hay un amplio sector de alexitímicos somatizadores o polarizados en una actitud hipocondriaca. Por tanto, hay que contar con una nutrida presencia de la AL entre los hipocondriacos genuinos.

V. LA ETIOLOGÍA DE LA ALEXITIMIA

Sobre la base de que hay sujetos con AL ya en el curso del desarrollo infantojuvenil y otros que adquieren la AL en la edad adulta o involutiva, Freyberger (1977) distinguió dos modalidades esenciales de AL: la AL primaria y la AL secundaria. 

La clave neurobiológica de la AL reside en una conexión funcional insuficiente entre ambos hemisferios cerebrales.

Las causas infantojuveniles de la alteración funcional u orgánica del cuerpo calloso se distribuyen entre la herencia, el proceso cerebral orgánico y la carencia afectiva.

La lesión cerebral determinante de AL primaria puede acontecer durante el desarrollo intrauterino en la figura de una displasia cerebral genética o adquirida, o en la primera edad infantil, en forma de un traumatismo craneoencefálico, una encefalitis, un tumor cerebral o un proceso neurodegenerativo.

La carencia afectiva o la falta de cuidado maternal durante los dos o tres primeros años de vida es un factor que puede inhibir o perturbar el desarrollo cerebral perpetuando la escisión parcial o total entre ambos hemisferios.

La hipótesis de la lateralización cerebral en forma de un predominio del hemisferio derecho o del izquierdo, ha suscitado una polémica notable sobre las diferencias funcionales entre ambos hemisferios. A este respecto, resulta apasionante indagar cómo se establece en el alexitímico la relación entre ambos hemisferios cerebrales.

El examen de la repartición de funciones entre ambos hemisferios, a la luz de las últimas observaciones clínicas y morfológicas, permite mantener que el hemisferio izquierdo está más especializado en los sentimientos positivos y el derecho más implicado en los sentimientos negativos. Algo así, como si el hemisferio izquierdo fuera el órgano de la euforia y el placer, y el hemisferio derecho la sede de la tristeza y el displacer.

Para apoyar esta nueva idea sobre la repartición de funciones entre ambos hemisferios, se agolpan los datos clínicos y morfológicos que denotan en los alexitímicos y en los depresivos la presencia de un hemisferio izquierdo hipoactivo o hipoexcitable asociado con un hemisferio derecho sobreactivo o dominante.

Por tanto, puede hoy admitirse que una vez interrumpida la conexión interhemisférica se invierte el grado de actividad proporcional entre los hemisferios convirtiéndose en dominante el hemisferio derecho.

El concepto de la AL secundaria, aquella de aparición tardía, se ha manejado en ocasiones con escaso rigor, sin tener en cuenta que la AL no tiene una naturaleza estructural reactiva o neurótica.

Un grupo familiar muy cohesionado o coherente puede adquirir características alexitímicas cuando afronta circunstancias materiales extremadamente difíciles, llevado por el común esfuerzo de ajustarse a la situación. El embargo de una comunidad familiar por elementos alexitímicos se debe casi siempre a la hiperadaptación a un ambiente sumamente desfavorable o al sometimiento al mismo, y no a un factor hereditario como pudiera presuponerse.

Entre la AL genuina y la AL espuria se interpone la AL situativa, producto de una situación distresante, como puede ser el caso del médico sometido a emergencias negativas reiteradas. 

VI. DETECCIÓN Y ORIENTACIÓN TERAPEÚTICA DE LA ALEXITIMIA

Contando con que el médico examinador no sea alexitímico, y como hemos visto no suele serlo porque si tal aconteciera todos los enfermos le parecerían secos y aburridos, la impresión de encontrarse ante un paciente que habla lentamente, con una tremenda monotonía y se pierde en detalles transmitiendo pesadez, es un dato muy válido para sospechar en principio que nos encontramos ante un paciente alexitímico.

En todo enfermo sospechoso de AL, el médico dispone para verificar su sospecha de la captación de cuatro constructos objetivables, que son como los pilares clínicos de la AL: la falta de verbalización de las emociones; la incapacidad para ofrecer reacciones emocionales, salvo la hostilidad o el enfado; el tipo de pensamiento lento, exterior y prolijo, y la ausencia de imaginación asociada con la escasez de ensoñaciones diurnas o de sueños nocturnos. La precariedad de la conciencia emocional puede alcanzar en el alexitímico distintos niveles, para cuya determinación el índice más fiable se encuentra en la dificultad para encontrar las palabras adecuadas al tratar de describir o enumerar el sentimiento o la emoción experimentada por él o por otra persona. Se dispone hoy de una serie de escalas o cuestionarios para la evaluación psicométrica de la AL.

Es este un momento muy oportuno para insistir por mi parte en el rechazo del manejo autoadministrado o autoevaluado de cualquier test. Toda prueba psicométrica de AL manejada o evaluada sin la presencia o el control directo de un experto ofrece unos resultados carentes de fiabilidad. Incluso, el manejo de estas pruebas en la investigación epidemiológica exige la intervención directa del experto durante su realización y al final en la evaluación de los resultados.

El inicio del tratamiento del alexitímico requiere la existencia de una motivación o una solicitud. La demanda de tratamiento puede partir del médico, de algún familiar muy machacado por el alexitímico o de él mismo para poner remedio a sus somatizaciones o a la patología asociada de tipo físico o mental. Pero si no existe la petición propia o ajena referida, la terapia del alexitímico no podrá concretarse en nada, ante un sujeto que no se queja ni reclama nada.

La psicoterapia selectiva para el alexitímico queda limitada a estas dos modalidades de psicoterapia breve: la psicoterapia interpersonal o al análisis introspectivo.

Con la psicoterapia interpersonal se persigue la reducción de los conflictos personales presentes en una proporción abrumadora en la vida del alexitímico y con el análisis introspectivo se pretende mejorar la restricción de la conciencia emocional (nombrar y expresar las emociones) y enriquecer el pensamiento y la vida imaginaria con la aportación de reflexiones.

En el plano de la socioterapia, el alexitímico puede beneficiarse con el concurso de los contactos personales y la asistencia asidua a un club recreativo para participar en sus actividades. La sujeción a un plan de vida regular, distribuido de forma equilibrada, entre el sueño, el trabajo, la relación con los familiares o los amigos y el ejercicio físico, puede reportarle grandes beneficios, sobre todo si este plan de vida lo comparte con su pareja. No debe olvidarse que la alta susceptibilidad del alexitímico para la patología física proviene en una amplia medida de llevar una vida de mala calidad.

La indicación de psicofármacos en los alexitímicos se ajusta al logro de estos cuatro objetivos: primero, activar los sentimientos positivos; segundo, reducir la hostilidad y los sentimientos negativos; tercer objetivo, inhibir la impulsividad o facilitar el autocontrol, y el cuarto, amortiguar las somatizaciones, dos metas accesibles al empleo de ciertas moléculas psicorreguladoras

La mejoría del alexitímico es accesible, pero exige un gran empeño terapéutico desplegado en los tres frentes comentados: la aplicación de los medicamentos adecuados, la entrega a la modalidad de psicoterapia breve efectiva señalada y una estrategia de vida debidamente planificada.

Tres apretadas conclusiones:

• 1a. La recomendación de retener en la memoria las pistas que hemos dado para reconocer al alexitímico a través del trato familiar, social o laboral, o la entrevista clínica.

• 2a. El giro copernicano registrado en la repartición de funciones entre el cerebro derecho y el izquierdo.

• 3a. La exigencia de efectuar un examen psiquiátrico en la mayor parte de los enfermos somáticos cronificados. En más del 60% de los enfermos somáticos crónicos existe una sobrecarga psicopatológica.

En atención a esta elevada tasa de comorbilidad entre la patología mental y la patología orgánica crónica, se establece el alto interés actual de realizar una revisión psiquiátrica sistemática en todo enfermo somático cronificado.

 

 

sábado, 1 de abril de 2023

Psiquiatría del Mayor se suma a la carrera por tener su propia capacitación


REDACCIÓN MÉDICA      |      27/02/2023

Los sanitarios españoles señalan una falta de formación ante el problema de los suicidios en este grupo.

En 2021, 999 personas mayores de 70 años, sobre todo varones, se quitaron la vida, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La soledad y las enfermedades causadas por el envejecimiento son algunas de las causas por las que estas personas toman esta decisión. Además, hay que tener en cuenta que la población española cada vez es más envejecida. Todos estos motivos llevan a Psiquiatría a pedir un área de capacitación específica (ACE) para tratar y acompañar a estos pacientes.

“Hay mucho que hacer en el campo de la atención psiquiátrica a los mayores”, explica a Redacción Médica Manuel Martín Carrasco, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM). “En la Estrategia de Salud Mental no se incluye una línea específica de suicidio en personas mayores. La formación en salud mental para las personas mayores tampoco está desarrollada, ni un área de capacitación específica (ACE) ni centros acreditados para formar a profesionales”, explica el psiquiatra.

Martín, además, señala la necesidad de hacer un plan de prevención “dirigido específicamente a los mayores” o que en los autonómicos se “incluyera una sección". En cuanto a las medidas, Martín explica que con ellos no es de tanta ayuda el teléfono de la esperanza ya que “no piden ayuda”. Por tanto, las medidas para prevenir los suicidios tendrían que estar dirigidas “a los profesionales de la salud en general y a los de salud mental” y centrarse “en la detección de ideación suicida” conociendo los factores de riesgo.

Estos factores incluyen la soledad, haber enviudado recientemente, el consumo de alcohol y trastornos del ánimo, como la depresión, pero también otros como la bipolaridad, añade el psiquiatra. Las enfermedades crónicas o que implican cierto grado de dependencia también son una variable a tener en cuenta.

A nivel social, se está generalizando que cada vez más personas vivan solas durante la vejez: “En otros momentos, lo que se consideraba normal era que los mayores vivieran con su familia. Esta podría ser una forma de paliar este problema”, añade el psiquiatra. “En otros países ya ha tomado más conciencia” de esta situación y en España hay que hacer lo mismo.

Por su parte, Gema Pérez, experta en gerontología y coordinadora del Grupo de Buenos tratos a personas mayores del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, señala que en la Estrategia Nacional de Salud Mental tendría que “ponerse el foco en los diferentes grupos de población, pero en este caso con mayor razón”, ya que es “en el que se producen más suicidios y menos parasuicidios (intentos de suicidio)”.


Familia y Farmacia, primer lugar en el que pedir ayuda

La Atención Primaria está “ligada” a la atención de estos pacientes, ya que llevan tiempo haciendo sus seguimientos y conocen si tienen factores de riesgo, explican tanto Vicente Gasull, médico de Familia y coordinador del grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), como Antonio Torres, médico de Familia y coordinador de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Gasull señala que lo más importante es la “prevención del suicidio” y para ello destaca cuatro puntos: “En primer lugar, evitar que tengan acceso a medios letales (armas de fuego si son cazadores). Lo segundo sería que se traten las patologías crónicas, tanto físicas como mentales, y evaluar el riesgo de suicidio que conllevan. La tercera medida sería aumentar la formación de todo el personal sanitario y de todos los profesionales que estén relacionados con estos pacientes (como enfermeros o trabajadores sociales). Cuarto, en aquellos casos en los que haya habido ideación suicida, aunque sea sin un plan estructurado, hacer un seguimiento”. Tanto Gasull como Torres señalan que con el tiempo actual de visitas no pueden hacer los seguimientos adecuados a sus pacienetes y que esto también se tendría que tener en cuenta de cara a los planes de prevención.

Por su parte, desde el Consejo General de Farmacia (CGF) piden ser parte de la Estrategia de Salud Mental y los planes de las diferentes comunidades autónomas ya que pueden ser tanto detectores de “cuándo una persona necesita ayuda” como, luego, asegurar la “adherencia a los tratamientos”, explica Ana López Casero, del Comité Directivo del CGF.

Sobre prevención del suicidio, en algunas farmacias de Navarra se ha llevado a cabo una iniciativa para hablar sobre suicidio y, ahora, están buscando la manera de incorporarla al plan de prevención de toda la comunidad foral, según explica Marta Galipienzo, vicepresidenta del Consejo General de Farmacia y presidenta del Colegio de Navarra.