viernes, 16 de mayo de 2025

Luis Miguel Real, psicólogo: "No hace falta que compares tu dolor con el de otros para ver si mereces estar mal. No es una competición de desgracias" - Una profunda reflexión

JOSÉ LUIS MARÍN ROJAS      |    lavanguardia.com     |     02/05/2025     


El terapeuta animó a sus seguidores a abrazar sus dificultades y dejar de juzgarse a sí mismos

Millones de personas en todo el mundo tienden a menospreciar e invalidar sus propios sentimientos porque creen que no son merecedoras de atención y cuidado. En muchas ocasiones, el gran problema reside en la comparación: al ver a otros individuos en circunstancias objetivamente peores, no se permiten reconocer sus propias dificultades, como si el sufrimiento no dependiera de las capacidades individuales ni de las situaciones personales.

El psicólogo Luis Miguel Real, conocido en redes sociales como Instagram y X por sus reflexiones sobre salud mental, autocuidado y bienestar emocional, abordó esta cuestión en un post que publicó recientemente en la plataforma de Elon Musk.

''Si te duele, algo pasa. No necesitas justificarlo ni pedir permiso para sentirlo. No hace falta que compares tu dolor con el de otros para ver si 'mereces' estar mal. No es una competición de desgracias. No funciona así'', empezó diciendo el experto, dejando claro que todos afrontamos situaciones complejas y debemos permitirnos estar mal.

Según su opinión, el problema está en que nos han educado para apartar el dolor como si fuera una alarma molesta: ''A base de distracciones, frases hechas y sonrisas forzadas. El clásico 'haz como que no importa', mientras por dentro llevas un incendio. Pero ignorarlo no lo apaga. Ignorarlo es echar gasolina y taparlo con una manta''.

En el hilo que publicó, el cual generó una gran conversación en la red social de microblogging, el terapeuta explicó que sentirse mal es información valiosa sobre cómo nuestro cuerpo reacciona a diferentes estímulos. Estar tristes o ansiosos puede ayudarnos a identificar heridas emociones aún abiertas, así como a detectar necesidades no satisfechas. 

A lo largo de su reflexión, Real también señaló que, si ignoramos nuestro dolor y seguimos adelante como si no pasara nada, la molestia se convertirá en apatía, cansancio permanente y otros síntomas físicos que nos alejan del bienestar.

Afrontar tu tristeza no te hace débil

Antes de poner fin a su escrito, el psicólogo animó a sus seguidores a hacer frente a sus sentimientos, explicando que experimentar tristeza o malestar no los convierte en personas débiles, sino en seres humanos completamente normales: ''Te convierte en alguien que se respeta lo suficiente como para no anestesiarse más''.

''La verdadera fuerza, la que vale de verdad, empieza cuando te permites sentir sin excusas. Cuando dejas de pelear contra lo que te pasa y empiezas a preguntarte qué puedes hacer con ello. No viniste a esta vida a ser una estatua. Viniste a sentir, a vivir, a moverte'', sentenció el experto.

miércoles, 14 de mayo de 2025

José Luis Marín, psiquiatra; "Vivimos en una "happycracia"; tienes que ser feliz por las buenas o por las malas"

 LOIS BALADO      |     lavozdegalicia.es      |     15/04/2025                 

 

El especialista reclama otra manera de hacer psicoterapia y lamenta la falta de alternativas no farmacológicas de las últimas cuatro décadas

José Luis Marín, psiquiatra, pero también psicoterapeuta, mantiene un discurso incómodo. Sin espacio para la autocomplacencia por los avances supuestamente conseguidos en los últimos años sobre salud mental. Mucha tinta ha corrido sobre ella, pero la práctica es otro cantar. Expone un escenario donde, en resumidas cuentas, muy pocas cosas han cambiado. No hablamos de en estos últimos años, cuando la pandemia disparó el debate. Se refiere a los últimos «treinta o cuarenta». Dice que los resultados de las intervenciones que se realizan —siempre se incluye en la crítica, hablando en primera persona del plural— desde los profesionales de salud mental son «malos», y lo justifica en una simple cuestión numérica. No son buenos porque cada vez hay más pacientes. No es que haya que ser un experto en silogismos para comprender su punto. En este último tiempo, ha saltado al terreno de la divulgación en redes sociales a través del Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia, del que es presidente. Y claro, sus opiniones incómodas generan debates. 

—El otro día mantuve una discusión acerca de su figura. La persona argumentaba que, si en sus peores momentos hubiese visto sus vídeos hablando de psicofármacos, para él hubiese sido peligroso. ¿Considera que, en algún caso, su discurso puede ser peligroso? 

—Entiendo la preocupación de los pacientes, porque tampoco tienen por qué entender bien cuál es el mensaje. Lo que planteo y planteamos muchos, porque esto no es una idea personal, sino toda una corriente psiquiátrica llamada psiquiatría crítica, es que nos parece que la deriva exclusivamente biológica, farmacológica, de la psiquiatría de los últimos años no ha aportado las soluciones que esperábamos. Que hay que revisar lo que estamos haciendo. Me hacía referencia a que este mensaje podría ser peligroso para algunas personas. Y es verdad que, cuando ellos les ven, están pasándolo mal. No tengo ninguna duda sobre eso. El sufrimiento es genuino, legítimo, terrible y muy doloroso. El problema es que la única alternativa que les han dado ha sido la medicación. Esa es la preocupación. Si no tenemos otra alternativa, si la medicación es lo único que hay, pues ya está. Y sí, si no le hubiesen recetado esos fármacos, pues posiblemente habría seguido igual. Pero el planteamiento es que los psicofármacos no le han curado. Le han ayudado a mantener una estabilidad, pero había otros recursos. El problema es que nos hemos centrado demasiado en las soluciones biológicas y eso nos ha impedido ver y desarrollar otras vías en las que los fármacos podrían haber sido mucho menos protagonistas.

—Usted habla de manera bastante crítica sobre el DSM-5. En una de sus charlas le escuché una pregunta: «¿Qué cura, la psicoterapia o cura el psicoterapeuta?». Usaré esta misma lógica, porque sí creo que el manual ha sido útil en muchas ocasiones, ¿Qué es lo malo?, ¿el DSM-5 o el uso del psiquiatra del DSM-5?

—Es exactamente el matiz que haces. Y lo mismo podríamos decir de las redes sociales o de los teléfonos inteligentes. Ahora mismo hay una gran corriente de queja con respecto al móvil. Que si hacen daño a la infancia, que si las redes sociales son terribles... No. Realmente, los teléfonos inteligentes son un avance técnico fantástico, como lo fue en su día internet o lo fue el frigorífico. El problema es el uso que se le da al invento. El DSM es un manual de diagnóstico y de estadística de los trastornos mentales. Se hizo, en teoría, exclusivamente para que los psiquiatras de todo el mundo pudiéramos utilizar un lenguaje relativamente común. ¿Dónde está el problema? En que se ha confundido, y ha habido intereses para que eso fuera así, con un libro de psicopatología. La pregunta que ya nos hacíamos antes del DSM y que algunos psiquiatras seguimos haciéndonos es: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Sí, el diagnóstico de depresión, de trastorno de ansiedad o de anorexia nerviosa es ese, el que pone el DSM. La mayoría de los psiquiatras de mi generación no hemos tenido la sensación de que el DSM nos ha ayudase en nada, porque los diagnósticos los hacíamos exactamente igual. Solo que ahora, teóricamente, cuando decimos «episodio depresivo mayor» en A Coruña, en Madrid o en Singapur, estamos refiriéndonos a lo mismo. Para eso se creó. Pero cuando nosotros hacemos un diagnóstico de episodio depresivo mayor, lo que nos preguntamos es por qué esta persona está deprimida en este momento. La pregunta es cómo hemos llegado hasta aquí. ¿Por qué esta persona presenta ahora esta sintomatología que el DSM llama trastorno bipolar? Y esto es lo que se ha perdido, el estudio de la psicopatología, de intentar entender las causas. Porque eso es lo que nos va a dar una correcta visión del tratamiento, saber el porqué, exactamente igual que en cualquier otra especialidad de la medicina. Pero el DSM se ha confundido. Se ha obviado la psicopatología, se ha obviado la psiquiatría. Es un catálogo de síntomas. Simplemente. Te da un diagnóstico y automáticamente se plantea un tratamiento, mayoritariamente farmacológico. Esa es nuestra queja, nada más. 

—Usted defiende que «la psiquiatría nunca quiso ser esto», ¿qué quiso ser o qué quiere ser entonces?

—Qué pregunta... La psiquiatría es cierto que es una especialidad que surge intentando desgajarse la neuropsiquiatría y queriendo ser tan científica como lo podía ser la medicina interna, la reumatología o la inmunología. Y no nos ha salido demasiado bien. En los últimos treinta años, prescindimos de la psicología para centrarnos sobre todo en la biología. Nos hemos focalizado tanto en ella, concretamente en la farmacología, que ahora los psiquiatras, sobre todo los más jóvenes, no tienen otros argumentos porque no se les ha enseñado psicoterapia; no se les ha enseñado a mirar la historia de los pacientes. Solo a mirar el DSM-5. La psiquiatría solo maneja psicofármacos, ningún otro tipo de recurso. Pero resulta que en este momento la psicofarmacología está en crisis. Lo que nos parece es que los trastornos mentales no son una enfermedad del cerebro como tal. Este modelo que tiene que ver con la relación con la serotonina, con la dopamina, con la noradrenalina; esto de que los trastornos mentales son desequilibrios químicos, es un modelo fallido. Ya no se puede seguir sosteniendo. Entonces, tenemos muchos psicofármacos. Que no curan, sino que cronifican las historias de los pacientes. Hay muchos estudios que demuestran que pacientes con cualquier tipo de trastorno mental y sin tratamiento evolucionan más o menos igual que los que tienen tratamiento farmacológico. Lo único que tenemos son psicofármacos. Y no terminan de resolver el problema. Cada día hay más demanda, más pacientes tomándolos, pero no terminamos de curar a nadie. Y no tenemos otros recursos. Dejamos de mirar a la psicología, a la sociología, no miramos el entorno social o cultural, nos centramos en la biología y ahora mismo solo tenemos un recurso que no parece que resuelva los problemas.

—Dice que el modelo farmacológico está en crisis. Depende de para quién. ¿Por qué España es esta anomalía mundial de semejante prescripción?

—Esta es la pregunta que nos hacemos muchos psiquiatras. Creo que cada vez más. ¿Qué está pasando aquí? No tiene ningún sentido. Según los datos y las estadísticas de salud de todo el mundo, España es uno de los países con mejor salud en general. Y, sin embargo, somos los que consumimos más antidepresivos en Europa. Algo está pasando. Y sí, la psiquiatría biológica está en crisis para algunos. Claro, para los fabricantes de antidepresivos, pues imagínate. Cómo es posible que estemos recetando este nivel de psicofármacos es una pregunta que llevamos haciéndonos muchos psiquiatras mucho tiempo. Hay una bibliografía impresionante sobre este tema. Ciertamente no podemos seguir así, no podemos seguir recetando nada más que antidepresivos y no querer mirar a lo que está haciendo la cultura, lo que está haciendo la sociedad. ¿Qué sociedad estamos creando entre todos para que España sea consumidora de antidepresivos de esta manera? Que la gente está mal es indiscutible. Pero que no tenemos nada diferente al resto que explique algo así. Porque una cosa es pasarlo mal por el entorno social en el que estamos viviendo, porque no llegas a fin de mes, porque estás solo, porque las redes sociales nos están aislando, porque no hablamos entre nosotros, porque vivimos muy lejos del trabajo, porque no hay espacios verdes o porque hay demasiada televisión. Qué sé yo, hay muchas, muchas cosas... 

—Sí, pero ninguna de ellas es un fenómeno exclusivamente español. Los móviles están en todos lados. Seguramente vivamos mucho más cerca del trabajo que la mayoría en Estados Unidos, sin embargo, no sé si por una cuestión de tradición, algo pasa en España.

—Puede que suceda porque haya una tremenda presión de la industria farmacéutica. Que la hay en España y en todos los países, solo que algunos la manejan de una forma y otros de otra. Y tampoco hay tiempo para mirar al paciente, para escucharle. Muy poco en la sanidad pública y, en la privada, tampoco demasiado. Lo más sencillo es recetar un fármaco. Es curioso porque en España, por esa tradición católica, lo de aguantar el sufrimiento, probablemente lo hayamos hecho mejor que otros. Pero en todo el mundo occidental, cada vez se tolera menos el malestar. Estamos viviendo en una happycracia. Tienes que ser feliz por las buenas o por las malas. Y si no eres feliz es que algo te está pasando y tú eres el responsable. Porque «tú puedes». Este pensamiento positivo tan generalizado está haciendo mucho daño; esta exigencia de ser feliz y de no sufrir. Para muchas personas es difícil no pasarlo mal, porque realmente tienen muchos motivos. Y, además, la reacción natural hacia ciertos acontecimientos de la vida diaria, ya sea rabia, nerviosismo, preocupación, miedo o tristeza, se psiquiatriza. Cuentan que están angustiados, que no pueden dormir, que están preocupados, pero nadie les pregunta por qué. Si estoy triste, no me apetece levantarme por la mañana o estoy de mal humor, rápidamente cae una receta de un antidepresivo. ¿Por qué aquí pasa más? No lo sé, sinceramente, creo que no lo sabe nadie. Pero es verdad que está ocurriendo y nos preocupa. Algunos pacientes, cuando nos escuchan decir según qué cosas sobre los tratamientos farmacológicos, se enfadan. Que de no haber sido por la medicación, no saben qué hubiera pasado con ellos. Y les entiendo muy bien, tienen razón. Pero le hemos dado tanto valor a la medicación en los últimos cuarenta años que hemos dejado de mirar otros recursos, otras opciones.

—Seguro que le habrán dicho que su enfoque puede recordar a aquellas viejas tesis de la antipsiquiatría. —

Sí. Yo viví la antipsiquiatría, claro. Era un psiquiatra muy jovencito y a mí escuchar a Basaglia y a Cooper y a Laing me pareció fantástico. La antipsiquiatría planteaba un sistema excesivamente radical que fue inviable, fue inmanejable plantearlo en su momento. Ahora, no estamos en el plan de la antipsiquiatría. La psiquiatría crítica no está en plan revolucionario, sino mucho más en la línea de contemporizar; de poner encima de la mesa algo que parece muy obvio y que no hay que darle muchas vueltas. Es que los resultados de nuestras intervenciones, las intervenciones psiquiátricas y psicológicas, son malos. Porque cada vez tenemos más pacientes. Ese es el dato y nuestra preocupación. Cada vez tenemos más pacientes, más demanda, y no sabemos qué hacer con ella. Esa es la realidad. Se habla tanto de salud mental que creo que el discurso, ahora mismo, está vacío de contenido. Se habla de salud mental, pero las posibles soluciones que se plantean son las mismas que hace treinta años o cuarenta años. Y eso no va a funcionar. De hecho, no funciona. Somos el Pepito Grillo. Somos incómodos, porque estamos planteando algo que todo el mundo sabe, pero ante lo que no se sabe muy bien qué hacer.

—Ya que saca el tema, le he escuchado decir que un 10% de pacientes que entran en psicoterapia, empeoran.

—Sí, esos son los datos que tenemos, datos de investigación. A mí me gusta mucho la investigación y me gusta mucho leer. Y estos son datos que están publicados, algunos de ellos por autores españoles. Hay entre un 8% y un 12% de pacientes a los que les ocurre esto, yo digo el 10% por simplificarlo. Alrededor del 10% de los pacientes que empiezan en psicoterapia, empeoran. Y más del 20%, abandonan muy pronto.

—¿Y qué hacemos con esta gente a la que le hemos dicho que la solución es hacer terapia?

—Eso es. ¿Qué hacemos con todos nosotros? ¿Qué hacemos? Este es el quid de la cuestión. Y esto es de lo que algunos de nosotros nos lamentamos y queremos poner encima de la mesa. Somos el mensajero. A algunas personas no les gusta y matar al mensajero es lo más fácil, ¿no? Pero no podemos seguir otra vez hablando de que la solución en salud mental son más medicamentos o la solución en salud mental son más psicólogos. No, no, no, tampoco. Yo soy más psicoterapeuta que psiquiatra y los psicoterapeutas también tenemos muchas limitaciones. Así que lo que proponemos es que el debate sobre la salud mental tiene que estar en otro nivel. En un nivel mucho más de prevención. Mucho antes de que necesites la psicoterapia o que necesites el psicofármaco. Las propuestas para trabajar en salud mental tienen que ser de otra naturaleza, no propuestas terapéuticas, no más psicoterapia, no más psicofármacos. Estas son intervenciones terapéuticas no es que no funcionen, pero lo hacen de una manera limitada. Si queremos hablar del debate de salud mental, tiene que estar en la maternidad, tiene que estar en los estilos de crianza, cómo se organiza la paternidad, cómo se organizan las bajas de maternidad, cómo se organiza todo lo perinatal, cómo se organiza el desarrollo neurológico de los recién nacidos, que son los que después van a venir a nuestras consultas. Cómo se organiza la vida de cada día, esta vida loca de andar corriendo para todas partes; toda esta presión, y no solo de la industria farmacéutica, también la presión de los alimentos basura o la presión de la industria del ocio, que tienes que ir a hacerte un selfie a no sé dónde. Recuerdo que cuando era joven, bueno, los viajes de vacaciones eran realmente unas vacaciones. Ahora te das cuenta de que el mes de septiembre es cuando más consultas se piden, porque la gente vuelve destrozada de las vacaciones, porque han sido un desastre. Todo a partir de una presión social que nos obliga a ir de vacaciones y a disfrutar exageradamente de ellas, a disfrutar más que los demás y además hacerlo público. Vivimos en una sociedad absolutamente estresada.

—Pues me parece que está complicado darle un vuelco a todo esto. Es más complejo que dejar el tabaco o comer sin sal. Hablamos de salarios, calidad de vida, comer de otra manera, ir sin prisa...

—Exacto. Y esto es lo que no suena bien de nuestro discurso y por eso somos ese mensajero al que hay que matar. Porque las noticias que traemos, las alternativas a la salud mental son programas para 20 años. Pero claro, dependemos de los votos de cada cuatro años y es difícil plantear estrategias a tan largo plazo. Entonces, seguimos enfocando mal el debate sobre la salud mental. Es una cosa curiosa, si te das cuenta, cada vez que se habla de salud mental se habla de tratamientos, no se habla de salud. El debate debería ser sobre enfermedad mental, y no se habla de salud mental. Se habla de mejorar poniendo más psicólogos en los centros de salud para hacer psicoterapia, de seguir investigando en nuevos fármacos que sean más activos, pero no se habla de prevención, no se habla de crear espacios saludables, espacios en los que las personas puedan hablar, que no tengan que ir al médico a darse de baja, que se pueda compartir el malestar, como se ha hecho toda la vida. En los pueblos, en los barrios, entre las familias o los amigos, incluso podían ser espacios para la palabra, no espacios para hablar. Pero vivimos en una sociedad en la que se habla muy poco. Las redes sociales que nos vendieron como algo fantástico para estar unidos, ha conseguido que el ser humano esté más aislado y más solo que nunca. Estamos solos en grupos, en grupos enormes, pero absolutamente aislados, absolutamente sin hablar. Y este es el debate. La solución no pasa porque pongamos más profesionales. No. Más profesionales sí, pero orientados de otra manera, en otras áreas, no solo en los tratamientos cuando el trastorno y, por tanto, el sufrimiento, ya se está manifestando. 

—Alguna vez lo ha dicho, que sabemos mucho de lo micro, pero nada de lo macro. 

—Sabemos muchísimo de neurotransmisores, pero nada de María, Dolores o Juan. Nada. Lo que hacemos es saber cada vez más de cosas más pequeñas. De María y Juan conocemos todas sus mitocondrias, casi todo lo que se puede saber sobre sus neurotransmisores, pero de su historia no sabemos nada. Ni se lo hemos preguntado, ni les hemos mirado a los ojos. Y como dicen Johann Hari, la depresión no está en tu cabeza, está en tu vida. 

martes, 13 de mayo de 2025

El cuidado de mi salud mental afecta a todos los que me rodean

 MARISA MARTÍNEZ      |     Palma     |     ultimahora.es     |     06/04/2025

Compagina su labor de investigación en el campo de la neurociencia con una divulgación científica del impacto que tiene la meditación y la respiración en la salud mental

Acaba de publicar ‘El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración’ (Siruela/La Magrana) con la premisa de que todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro, si nos lo proponemos.

Una lectura para motivarnos a dar nueva forma a nuestro cerebro.
—Intento que tengamos esa intención. El libro es pedagogía sobre el cuidado mental porque cuidamos nuestra salud física pero no nuestra salud mental. Dejamos la conducta a la deriva y nos van pasando cosas que pueden ser potencialmente traumáticas, para las que no tenemos herramientas y que nos llevan a un sufrimiento o a adquirir conductas no saludables ni para nosotros ni para nuestro entorno.

¿Deberíamos ir más a terapia?
—Tiene que ser más normal acudir a terapia, no hace falta tener un trastorno, es una forma de prevención que nos permite entrenarnos para enfrentar esas situaciones que, sin duda, vamos a pasar en algún momento y que, aunque no sean extremas, nos van a generar ansiedad. Es importante que nos revisemos y dar valor a la medicina preventiva en salud mental igual que se lo damos a la física. Me gusta mucho el concepto de gimnasia mental, hacemos ejercicio físico pero no entrenamos nuestra conducta y podríamos estar mejor de lo que estamos.

Al menos se habla más de salud mental y empieza a normalizarse.
—Se habla más de ello, es un gran avance pero queda mucho trabajo, porque no nos enseñan inteligencia emocional. Es un salto enorme que se incorpore a la medicina el estilo de vida, que en una consulta clínica te puedan dar consejos sobre hábitos para prevenir y hacernos más fuertes en lo físico y en lo mental.

A nivel científico sí se está avanzando mucho en este campo.
—Sí, cuestiones como la influencia que tiene la dieta y la conexión intestino-cerebro ya es muy conocida afortunadamente. Cada vez somos más conscientes de ello. La respiración también se empieza a incorporar más en la sociedad y a tener en cuenta en muchos ámbitos.

Explíquenos los beneficios del control de la respiración
—La respiración afecta a cómo vivimos las experiencias y en la toma de decisiones. Está demostrado que una respiración adecuada puede ayudar a que las decisiones sean más acertadas que las que se toman bajo los efectos de la ansiedad, que afecta a las áreas de cognición. Ofrece una gran ventaja, y es que es una herramienta muy sencilla, que ayuda mucho y está al alcance de todos. Se pueden dar ciertas pautas que, por supuesto no solucionan del todo un problema, pero sí que ayudan a llevar de otra forma las situaciones de ansiedad.

Y cuenta con evidencia científica.
—Sí, hay evidencia científica de la influencia de la respiración en nuestro diálogo interior. Hace diez años era impensable, no tenía mucho sentido y no había nada donde apoyarse. Afortunadamente ya se habla de ello en toda la comunidad científica y este ámbito de investigación está presente en las grandes universidades.

Diálogo que no suele ser amable.
—No, la verdad es que no suele ser muy amable. Confundimos pensamiento, que es consciente, con diálogo interior, que es involuntario y espontáneo y por eso no lo puedo parar. En momentos de ansiedad ese diálogo suele ser rumiante, se enfoca en el tema que nos preocupa y hace que la respiración se altere. Igual que sea altera cuando hablamos, también cuando nos hablamos. Por eso es importante trabajar con respiración. Ralentizarla nos ayuda a bajar la frecuencia de esos pensamientos rumiantes. La red cerebral más involucrada en la generación de ese diálogo interior es la misma zona que recibe la información respiratoria, así que con una podemos influir en la otra.

Se puede entrenar ¿con tenacidad?
—Tampoco tanta. Cuando empecé el proyecto de investigación comenzamos a medir a personas con un gran control que no me interesaban mucho porque yo no tengo cinco horas al día para meditar, ni vivo en un monasterio. Me interesaba más cómo la respiración podía beneficiar a personas como yo. A partir de ahí, iniciamos experimentos en población normal y vimos que en pocas semanas adquirían el hábito. Le damos un sentido esotérico y muy elevado y es más sencillo de lo que se piensa.

Pero no es fácil mantener todo el día una respiración consciente.
—A la vez que te vas familiarizando con la respiración eres más consciente de ella. Ante una situación adversa el cerebro puede poner en práctica lo que ha aprendido. Se empieza por observarla, sin tocar ni alterar nada. Luego vas viendo como ralentizarla y cómo acceder a ella. No es tan difícil.

Defiende que nacemos con mapas heredados ¿Cómo trascender lo que no depende de nosotros?—Creo que tenemos que tener en cuenta la herencia trasgeneracional, no solo lo que he recibido sino lo que voy a dejar. El cuidado de mi salud mental no sólo me afecta a mí, sin o a todo el que me rodea. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos porque sinó vamos a hacer un daño a los demás que podríamos haber evitado. Para mí esta idea es fundamental.

lunes, 12 de mayo de 2025

Patrícia Ramírez, psicóloga: "Estas son las lindeces que te dices cada vez que te equivocas ".

 NEREA PARRAGA FRUTOS     |     lavanguardia.com      04/04/2025       

 

La experta hablaba sobre la costumbre que tienen muchas personas de ''boicotearse'' a sí mismas

La psicóloga Patricia Ramírez, conocida popularmente en redes sociales como PatriPsicóloga, lanzaba hace unas semanas un contundente mensaje a sus más de 750 mil seguidores en Instagram y los casi 20 mil que la siguen en su perfil oficial de TikTok: ''Deja de boicotearte''. 

Según la experta, todas las personas estamos más que acostumbradas a animar y dar buenos consejos a las personas que nos rodean. Una práctica que no solemos llevar a cabo con nosotros mismos la mayoría de las veces. ''Cuando se trata de animar a otros lo solemos hacer genial. Pero, consejos vendo que para mí no tengo, como dice el refrán'', declaraba. 

Tal y como explicaba, cuando las personas cometemos un error en cualquier ámbito de la vida, solemos cometer un error mayor: convertirnos en nuestro peor enemigo. ''Cuando tratas de animarte a ti mismo ante un fallo, ahí te conviertes en una persona dura, sin empatía contigo e inflexible. No te gusta cometer errores y no te gusta perder. No solo no te gusta, es más, no lo soportas y te lo reprochas con dureza''. 

Este pensamiento nos lleva, equivocadamente, a sacar conclusiones de nuestros errores que juzgan de manera directa nuestra persona: ''Impaciente, impulsiva, perezosa, vaga, inútil, torpe, dependiente, ridícula... Estas son las lindezas que automáticamente te dices cada vez que te equivocas o te sientes débil''. 

La psicóloga dejaba claro que ''hablarnos así de mal solo nos lleva a sentirnos todavía peor, a tener tristeza y ansiedad'', afectando de lleno en nuestra autoestima. ''En este contexto, ¿quién desea volver a intentarlo si cabe la posibilidad de volver a fallar y de sentirte igual de miserable? Nadie. Así que lo que sueles hacer es tirar la toalla. Total, para qué, si no eres capaz de cumplir con lo pactado'', aseguraba la especialista.

Por este motivo, Patricia Ramírez recomendaba a sus seguidores cambiar de manera radical esa forma de hablar sobre nuestra propia persona. ''El consejo es muy sencillo. Por favor, háblate como lo harías a cualquier persona a la que admiras, amas y respetas. El mismo discurso que te saldría hacia otra persona, dirígelo ahora hacia ti. Ya está'', concluía.

sábado, 10 de mayo de 2025

Mario Alonso Puig, experto en crecimiento personal, sobre cómo actuar cuando estamos en un callejón sin salida: "Te empezarás a sentir mejor"

CHRISTIAN JIMÉNEZ         |      lavanguardia.com       |           14/03/2025


El experto ofrece una serie de recomendaciones para cuando no vemos solución a nuestros problemas
 
“En el momento en el que una persona se ve capaz, empieza a sentirse mejor”

Cuando nos encontramos en una situación en la que no vemos una solución inmediata, es natural sentir frustración o ansiedad. Sin embargo, es importante recordar que el hecho de no encontrar una respuesta clara en un momento determinado no significa que no haya una salida o que todo esté perdido.

El médico y conferencista Mario Alonso Puig reflexionó sobre ello en una charla en el podcast “Tenía la duda” de Judith Tiral. El experto en bienestar ofreció una serie de consejos para cuando no veamos salida en una situación en la que nos encontramos.

Hazte la pregunta clave. Cuando te sientas atrapado, pregúntate: ¿Cuál es el paso más pequeño que me atrevo a dar? Lo que te puede sacar del hoyo es una pregunta: “Cuando uno está en el hoyo, no solo es que se sienta mal , es que se siente incapaz. Y cuando más incapaz se sienta, peor se va a sentir anímicamente”, afirma Mario Alonso Puig.

Un pequeño avance lo cambia todo. No necesitas grandes acciones, solo un primer paso que te haga sentir capaz: “Si tu haces que esa persona empiece a sentirse capaz de hacer algo muy pequeño todo empieza a ser transformado”, comenta el experto.

Sentirte incapaz te hunde más. Cuanto más crees que no puedes, peor te sientes. Rompe ese ciclo con pequeñas acciones.

La capacidad genera bienestar. En cuanto logras algo, por pequeño que sea, tu estado de ánimo mejora y recuperas confianza: “Ten en cuenta que en el momento en el que una persona se ve capaz, empieza a sentirse mejor. La mente tiene que bloquearnos para que no nos sintamos capaces. La pregunta nos puede sacar de ese bloqueo”, termina diciendo Mario Alonso Puig.

jueves, 8 de mayo de 2025

Psicología: la razón por la que los narcisistas buscan a personas emocionalmente inteligentes

 VALENTINA ARAYA        |        diariouno.com      |       06/03/2025

 

Según la psicología las personas con inteligencia emocional suelen atraer a los narcisistas porque poseen cualidades que estos envidian o buscan explotar, como la empatía, la seguridad en sí mismos y la resiliencia.

 Si sientes que siempre terminas rodeado de personas narcisistas, ya sea en el trabajo, en tu hogar o en tu círculo social, podrías preguntarte: "¿Por qué yo?". Según la psicología, el maltrato y la manipulación que ejercen pueden ser abrumadores y afectar tu salud mental.

Sin embargo, la razón por la que podrías ser un objetivo frecuente de los narcisistas no es que haya algo malo en ti, sino todo lo contrario. Existen tres razones principales que sugieren expertos en psicología por los que las personas con inteligencia emocional atraen a los narcisistas.

Según la psicología: ¿Qué es un narcisista?

Un narcisista es una persona con una percepción exagerada de su importancia, una profunda necesidad de admiración y una falta de empatía por los demás. Según la psicología, a menudo, presentan una fachada de seguridad y autoconfianza, pero en el fondo pueden ser extremadamente inseguros. Para proteger su frágil ego, manipulan a quienes los rodean para mantener el control y la superioridad en sus relaciones.

Razones por las que buscan a personas emocionalmente inteligentes, según la psicología

  • Admiran y envidian la inteligencia emocional: las personas con inteligencia emocional pueden reconocer, comprender y manejar sus propias emociones, además de ser empáticas con los demás. Los narcisistas carecen de esta habilidad y, aunque no la comprendan del todo, sienten su poder. Para ello, pueden recurrir a críticas constantes o comentarios despectivos que afectan la confianza de la otra persona.
  • Son inseguros y buscan apropiarse de la seguridad ajena: aunque un narcisista puede aparentar seguridad extrema, en realidad suelen ser profundamente inseguros. Para compensarlo, intentan desestabilizar a quienes proyectan una mayor estabilidad emocional. Utilizan la manipulación para hacer que la persona emocionalmente inteligente dude de sí misma, lo que les permite mantener un control sobre la relación y reforzar su falsa sensación de superioridad.
  • Ven la amabilidad y la empatía como debilidades: las personas con alta inteligencia emocional suelen ser amables, generosas y flexibles, lo que los narcisistas perciben como oportunidades para explotarlas. Manipulan la situación haciéndose las víctimas y fingiendo dificultades para lograr que los demás se encarguen de sus responsabilidades. Además, pueden malinterpretar la bondad como una señal de debilidad, creyendo que pueden aprovecharse sin consecuencias.

¿Cómo protegerse, según la psicología?

Si te das cuenta de que frecuentemente atraes a personas narcisistas, es importante que reconozcas tu propio valor y fortalezcas tus límites. La mejor defensa contra la manipulación es la consciencia: entender cómo operan las personas narcisistas y evitar caer en sus trampas emocionales. Establecer límites claros y priorizar tu bienestar son pasos clave para mantener relaciones saludables y equilibradas.

martes, 6 de mayo de 2025

José Luís Marín, psiquiatra: "Cuando hablamos de ansiedad, en realidad se trata de una llamada de atención"

PAZ PINEDA       |       elespanol.com     |      09/04/2025

Escuchar nuestro cuerpo y nuestras emociones, en lugar de apresurarnos a etiquetar y medicalizar el malestar, es más saludable, según el experto.


La ansiedad se ha convertido en una de las preocupaciones más mencionadas cuando hablamos de salud mental. Se estima que en España, este es el problema psicológico que más afecta a la población: un 6,7% del total, siendo un 8,8% en mujeres y un 4,5% en hombres, según el Ministerio de Sanidad.

Es muy frecuente que, al sentirse abrumadas por el estrés, la angustia o la preocupación, recurramos rápidamente a la etiqueta de "ansiedad", convenciéndonos de que padecemos un trastorno psicológico que requiere tratamiento.

 

Sin embargo, el psiquiatra español José Luis Marín, una de las voces más influyentes en el campo de la psiquiatría, advierte que en muchos casos estamos confundiendo una respuesta emocional natural con una patología médica.

Según el experto, lo que muchas personas perciben como ansiedad es, en realidad, un grito ahogado o una llamada de atención que necesita ser escuchada y comprendida desde un enfoque más humano. Siente miedo

Así lo explicaba durante un simposio en el Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia en el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid: "Hemos aprendido que todos esos pacientes que vienen con esas referencias de ansiedad, simplemente están asustados, tienen miedo. Lo que ocurre es que cada vez, más en esta cultura, no nos atrevemos a decir que tenemos miedo."

 

¿Qué es realmente la ansiedad?

La ansiedad es, en términos simples, una respuesta natural del cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazas o desafíos. De hecho, un cierto nivel de ansiedad es incluso saludable, ya que nos mantiene alertas y preparados para enfrentar situaciones difíciles.

 

No obstante, como señala José Luis Marín, cuando esta ansiedad se desborda y se convierte en un malestar persistente, es cuando se habla de trastornos de ansiedad. Estos trastornos, que van desde las fobias hasta el trastorno de pánico, pueden afectar significativamente la vida de las personas, dificultando sus interacciones sociales, laborales y familiares.

El psiquiatra destaca que la ansiedad no es una enfermedad mental per se, sino una emoción válida y normal que todos experimentamos. Lo que ocurre, según el psiquiatra, es que vivimos en una sociedad que ha medicalizado la ansiedad, convirtiéndola en un diagnóstico más que en una señal de que algo en nuestra vida necesita atención.

 

La medicalización de la ansiedad

Una de las críticas más importantes que hace José Luis Marín a la forma en que se maneja la ansiedad hoy en día es la tendencia de la sociedad a etiquetarla y tratarla como una enfermedad desde el momento en que se presentan sus síntomas.

En lugar de abordar la raíz emocional y psicosocial del problema, muchas personas buscan respuestas rápidas a través de internet o acuden al médico, quienes a menudo recetan medicación sin explorar en profundidad la causa subyacente del malestar.

No solo es peligrosa, sino que contribuye a una sociedad cada vez más medicalizada que, lejos de resolver el problema, simplemente lo pone en pausa temporalmente con medicamentos. Además, en un mundo donde las redes sociales amplifican cada vez más las experiencias de malestar, la ansiedad ha sido transformada en un "negocio" que genera más confusión que soluciones.

La ansiedad es un grito de miedo

Lo que realmente propone Marín es una reflexión sobre lo que estamos sintiendo cuando hablamos de ansiedad. Según el psiquiatra, la ansiedad es en realidad un grito de miedo, una emoción de angustia y desesperación que no sabe cómo ser expresada. Vivimos en una sociedad que ha aprendido a reprimir muchas emociones humanas naturales, y el miedo es una de las más difíciles de admitir.

 

A pesar de ser una emoción universal, el miedo sigue siendo un tabú en nuestra cultura. Las personas temen admitir que tienen miedo porque eso podría interpretarse como una debilidad, algo inadmisible en un entorno tan enfocado en el éxito y la productividad constante.

Según Marín, decir "tengo miedo" se ha vuelto un acto de vulnerabilidad en una sociedad que premia el rendimiento y la fortaleza. Esta desconexión con las emociones genuinas genera ansiedad, que se convierte en un ruido emocional que no sabe cómo ser canalizado.

La angustia y la ansiedad

José Luis Marín propone una alternativa más profunda y humana a la forma en que tratamos los trastornos de ansiedad. En lugar de etiquetar rápidamente el malestar como una patología que requiere intervención médica, el especialista aboga por un enfoque basado en la escucha activa y la exploración emocional. Según Marín, la ansiedad es un síntoma que debe ser interpretado, y no un diagnóstico preestablecido.

 

Lo que Marín denomina "angustia" es el resultado de la ansiedad mal gestionada. Para él, la angustia es la manifestación física y emocional del miedo no expresado, un malestar que se ha acumulado y que necesita ser comprendido en su totalidad.

La solución no está en medicar automáticamente, sino en enfrentar los miedos subyacentes a través de terapias como la psicoterapia conductual, que permite a la persona tomar conciencia de lo que realmente le está causando angustia.

¿Qué hacer cuando sentimos ansiedad?

Si bien cada persona experimenta la ansiedad de manera diferente, el consejo principal de José Luis Marín es claro: no ignoremos el mensaje que nos está enviando nuestra mente y cuerpo.

La ansiedad no siempre requiere tratamiento médico. A menudo, lo que se necesita es un espacio donde poder hablar sobre lo que realmente está ocurriendo, sin presiones sociales ni expectativas externasMarín sugiere que una de las claves para manejar la ansiedad de forma más efectiva es el apoyo social. El sentirnos escuchados por otros y el compartir nuestras experiencias pueden ayudarnos a procesar lo que sentimos. Además, el experto hace hincapié en que debemos ver la ansiedad no como un enemigo, sino como una señal para detenernos y reflexionar sobre nuestra vida, nuestras emociones y nuestras relaciones.