sábado, 16 de mayo de 2026

Qué hábitos ayudan a combatir la adicción al celular, según especialistas

 MARTINA CORTÉS MOSCHETTI     |     infobae.com     |     08/05/2026

Pequeños cambios en la rutina pueden mejorar la concentración, reducir la ansiedad y disminuir la necesidad de revisar la pantalla constantemente

La adicción al celular se ha consolidado como una preocupación sanitaria y social a nivel mundial, tras más de dos décadas de expansión de los teléfonos inteligentes. De acuerdo con especialistas consultados por The New York Times, limitar únicamente el tiempo de uso resulta insuficiente para combatir la dependencia digital. Los expertos insisten en que la solución requiere intervenciones prácticas y humanas, adaptadas a las dinámicas familiares, escolares y comunitarias.

La relación de la sociedad con el móvil es cada vez más compulsiva. Diversos estudios internacionales coinciden en que niñas, niños, adolescentes y adultos reportan dificultades para dejar de usar el dispositivo, lo que perpetúa un ciclo de uso problemático asociado a síntomas de ansiedad, disminución de la concentración y alteraciones del sueño.

Un informe especial de The New York Times describe que escuelas y comunidades educativas han adoptado medidas en respuesta al descenso del rendimiento académico y al aumento de los problemas de socialización vinculados a la distracción digital.

Por ello, cientos de escuelas en todo el mundo han restringido el uso de celulares en el aula, con el objetivo de mejorar el desempeño escolar y fomentar la interacción presencial entre estudiantes.

Respuestas institucionales y legales frente a la dependencia digital

La preocupación por los efectos negativos del teléfono móvil ha alcanzado también el ámbito judicial. Padres, autoridades y organizaciones de defensa del consumidor han presentado demandas colectivas contra empresas tecnológicas, responsabilizando a los desarrolladores de aplicaciones adictivas por incentivar el uso compulsivo.

Un caso reciente en California llevó a un jurado a considerar a Meta y Google responsables de los daños ocasionados por la exposición constante a sus plataformas. Paralelamente, la saturación de estímulos digitales ha impulsado la popularidad de los denominados “teléfonos básicos” o feature phones.

Estos dispositivos, limitados a funciones esenciales como llamadas y mensajes, son elegidos por familias y usuarios que buscan reducir la sobrecarga mental y recuperar el control sobre su tiempo y atención.

Aunque el discurso público suele centrarse en la preocupación por el tiempo de pantalla en adolescentes, los especialistas advierten que los adultos también contribuyen al problema. De hecho, padres que imponen límites estrictos a sus hijos rara vez aplican normas similares a sus propios hábitos, lo que debilita la efectividad de cualquier política doméstica.

Según los expertos citados por The New York Timesmedir las horas de uso no aborda las causas profundas de la dependencia digital. Este enfoque, basado en la restricción horaria, no modifica los patrones de comportamiento ni fortalece la capacidad de autorregulación. En consecuencia, se propone un cambio de paradigma que privilegie el acompañamiento, la educación y el desarrollo de hábitos saludables.

Estrategias recomendadas para una convivencia digital saludable

Frente a este escenario, especialistas y profesores plantean un conjunto de acciones prácticas:

  • Parentalidad consciente: Los adultos deben asumir el liderazgo como modelos de uso equilibrado del móvil y promover conversaciones abiertas sobre los desafíos digitales en el hogar.
  • Selección de contenidos apropiados: Es fundamental establecer filtros y acompañar a niñas, niños y adolescentes en la elección de aplicaciones, juegos y redes sociales, priorizando propuestas educativas y recreativas seguras.
  • Zonas libres de pantallas: Crear espacios en la vivienda —como comedores, dormitorios y áreas comunes— donde el uso de dispositivos esté restringido, favorece el vínculo familiar y la calidad del descanso.
  • Dispositivos simplificados: Optar por teléfonos básicos reduce la exposición a estímulos constantes y ayuda a regular la interacción con el entorno digital.
  • Acuerdos familiares y educativos: Diseñar reglas claras y consensuadas sobre el consumo de tecnología, tanto en el hogar como en la escuela, facilita la convivencia y previene conflictos.
  • Fomento de la autorregulación: Más allá del control externo, es indispensable enseñar a niñas, niños y adolescentes a identificar señales de uso excesivo y a gestionar de manera autónoma su relación con la tecnología.

Estas estrategias buscan no solo reducir el uso excesivo del móvil, sino también sostener el bienestar emocional y cognitivo de las personas en un entorno saturado de estímulos digitales.

El fenómeno de la dependencia digital trasciende fronteras. La Organización Mundial de la Salud y la Academia Americana de Pediatría han publicado recomendaciones específicas para el uso responsable de tecnología digital en menores, subrayando la importancia del acompañamiento adulto y la promoción de hábitos saludables desde la infancia.

El desafío central para autoridades, familias y comunidades educativas reside en encontrar un equilibrio entre los beneficios de la conectividad y la protección frente a los riesgos de la hiperconectividad.

El debate actual apunta a una transformación cultural que valore el uso consciente, la desconexión periódica y el fortalecimiento de vínculos sociales presenciales, en línea con la evidencia científica y las mejores prácticas internacionales.

lunes, 11 de mayo de 2026

Kike Esnaola, psicólogo: “Creemos que la causa de todo nuestro malestar es el diagnóstico, pero lo que sentimos es el resultado de una historia vital muy compleja”

ANNA RODRÍGUEZ HURTADO      |     lavanguardia.com     |     08/05/2026

El psicólogo y autor de “Habitando el malestar” denuncia un comportamiento extendido al afrontar el malestar. 

“Estamos consumiendo psicología en las redes sociales o incluso en una conversación en el ascensor, porque hoy en día se habla en cualquier sitio de cuestiones que tienen que ver con la salud mental”, denuncia Kike Esnaola. El efecto, advierte, puede ser similar al de consultar el horóscopo, ya que se muestra un listado de síntomas muy generales con los que muchos se pueden identificar. 

El psicólogo sanitario, orientador educativo y divulgador propone en Habitando el malestar (Planeta) reflexionar sobre el verdadero origen del malestar, dejando a un lado la lectura generalizada de los síntomas y poniendo el foco no solo en uno mismo, sino también en el entorno. Entre otros, el laboral, donde cada vez se habla más de ansiedad, estrés o agotamiento.

En Habitando el malestar, propone que para dar respuesta a los problemas individuales hay que mirar de frente la realidad social. ¿Cómo definiría la realidad actual?

Me parece que la realidad está muy polarizada. Cada vez hay más fragmentación social y eso nos hace creer que el sentido de comunidad se agrieta. Es algo que está muy validado por el contexto social, aunque no somos conscientes de ello. Es una realidad peligrosa para el bienestar y la salud mental.

¿Podría poner un ejemplo cotidiano de ese individualismo?

Un caso frecuente es despertarte en casa, contestar un WhatsApp, bajar a la calle y no conocer a ningún vecino, trabajar en remoto, en un coworking con gente que no es de la ciudad, volver a casa, contestar otros WhatsApps, utilizar cualquier aplicación para ligar, scrollear en las redes sociales y luego cenar comida precocinada o pedirla a domicilio e irte a dormir.

¿Y cómo afecta esta forma de vivir?

Los pacientes que tienen relatos como este suelen expresar que se sienten solos, tristes y poco conectados. Tenemos tan normalizado este funcionamiento individualizado que, por ejemplo, sentimos que hemos hablado mucho por WhatsApp a lo largo del día –algo que puede generar una sensación de fatiga social–, pero en realidad la conectividad con otras personas no se da, al menos no en el plano analógico.

¿Es algo que le preocupa como profesional?

Mi mayor preocupación y la de otros profesionales es ver que en los últimos años se ha hablado muchísimo de salud mental –que era una conversación muy necesaria–, pero así hemos simplificado la forma en la que abordamos el tema. 

De repente se han colado en el lenguaje social etiquetas médicas y clínicas, que ni siquiera vienen de la psicología, vienen de la psiquiatría médica y de los manuales de diagnóstico, para describir emociones, estados de ánimo, incomodidad y malestar humano.

¿Qué etiquetas son las más recurrentes para describir el malestar?

Últimamente, estamos utilizando muchísimo términos como ansiedad, depresión, PAS (persona altamente sensible), TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad), TCA (trastorno de conducta alimentaria) y TOC (trastorno obsesivo compulsivo).

¿Qué efectos negativos puede tener ponerse una etiqueta sin un diagnóstico médico?

El principal efecto negativo es que las etiquetas utilizan descripciones muy generales, sobre todo las que viajan a través del algoritmo de TikTok y de Instagram. Me parece que activan una mirada enfermiza del malestar y lo simplifican.

¿En qué sentido son demasiado generales?

Hay definiciones de trastorno por estrés postraumático, de trastorno de conducta alimentaria o de trastorno obsesivo compulsivo con las que todos y todas nos podemos sentir representados. Así, se genera algo muy parecido al horóscopo: un efecto de identificación con aspectos muy generales con los que la mayoría nos podríamos identificar.

¿El riesgo es atribuirle a la etiqueta todo lo que nos pasa?

Creemos que la causa de todo nuestro malestar es la etiqueta, es el diagnóstico: “Yo estoy muy mal porque tengo depresión” o “no me gusta nada mi cuerpo porque tengo TCA”, cuando en realidad lo que sentimos es el resultado de una historia vital muy compleja.

Satisface de alguna manera una necesidad muy humana. La de pertenecer a un grupo. Esto nos ciega y nos impide encontrar soluciones profundas y disminuye nuestra capacidad de autocomprendernos.

¿Cómo se traslada esta visión al ámbito laboral?

La frustración o quemazón que muchos trabajadores pueden sentir se debe a unas condiciones laborales injustas o precarias, pero también existen otras casuísticas. Por ejemplo, hay personas trabajando en sitios que se alejan de sus propios gustos y que en algunas ocasiones les impiden vivir el proyecto vital que quieren. Por eso se relacionan con el trabajo más desde la supervivencia que desde el deseo.

Por otro lado, está el contexto social. Es innegable que en España nos encontramos en una situación complicada, que hay una crisis y una dificultad de acceso a la vivienda, y todas esas cuestiones culturales y contextuales influyen muchísimo en el bienestar individual. En una empresa pasa igual: hay variables como el género, la estructura, la jerarquía, el liderazgo, que influyen en el bienestar individual de los trabajadores.

Entonces, cuando alguien se siente mal en el trabajo, ¿cómo puede distinguir qué parte tiene que ver con la empresa y qué parte tiene que ver consigo mismo?

Creo que hay que empezar a sustituir el autoetiquetaje por la reflexión profunda y consciente para tener un ojo crítico y neutro con la institución, pero también con nosotros mismos. Hay que enfrentarse al conflicto y repartir las cargas. No hay que cargar con la culpa de todo lo que nos pasa ni tampoco desplazar toda responsabilidad a una institución.

¿Cuál es el mayor aprendizaje que se puede extraer del libro?

Que el malestar no es algo de lo que tengamos que huir. Si me encuentro mal en el trabajo y cambias, puede que sea una respuesta de huida. Tenemos que escuchar el malestar, ver qué nos tiene que decir, saber por qué nos duele. Si hacemos ese viaje con una mirada crítica y aprendemos a repartir las cargas, podemos conocer muchísimo más de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

domingo, 10 de mayo de 2026

Un nuevo estudio identificó tres perfiles cerebrales en el TDAH: qué implica para el tratamiento de cada paciente

 CONSTANZA ALMIRÓN|      infobae.com     |      08/05/2026

Una investigación internacional revela diferencias neurobiológicas y emocionales entre pacientes con el mismo diagnóstico. Cómo este hallazgo impulsa el avance hacia las terapias más personalizadas

Durante décadas, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) fue definido principalmente por conductas visibles: dificultad para concentrarse, impulsividad e hiperactividad.

Sin embargo, en consultorios, escuelas y hogares, muchos profesionales y familias observaban algo más complejo. Había niños extremadamente distraídos, y también pacientes que reaccionaban con crisis emocionales intensas frente a situaciones cotidianas, con explosiones de enojo, llanto o frustración difíciles de controlar.

Un estudio publicado en JAMA Psychiatry identificó tres perfiles cerebrales diferenciados asociados al TDAH mediante resonancias magnéticas y análisis computacionales avanzados. En paralelo, trabajos desarrollados por Lund University en adultos reforzaron la idea de que el trastorno puede manifestarse de formas muy distintas y requerir tratamientos más personalizados.

El límite del modelo actual de diagnóstico

Hoy, el diagnóstico del TDAH se realiza a partir de criterios establecidos en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), la guía utilizada internacionalmente por psiquiatras y psicólogos para clasificar trastornos mentales.

Uno de los subtipos identificados corresponde al TDAH inatento, vinculado con alteraciones en áreas cerebrales asociadas a la atención

Ese sistema organiza el cuadro según listas de síntomas observables y divide el trastorno en tres presentaciones: predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva/impulsiva o combinada.

El problema, señalan muchos investigadores, es que esas categorías se basan sobre todo en el comportamiento y no en diferencias biológicas del cerebro. En la práctica, dos personas pueden recibir exactamente el mismo diagnóstico y, aun así, presentar dificultades completamente distintas.

Por ejemplo, algunos pacientes tienen problemas principalmente vinculados con la atención sostenida, mientras otros muestran fuertes alteraciones emocionales, baja tolerancia a la frustración o cambios abruptos de humor que afectan la vida cotidiana, los vínculos sociales y el rendimiento escolar o laboral.

Sin embargo, esas diferencias suelen quedar diluidas dentro de una misma clasificación clínica. Los nuevos estudios buscan precisamente cambiar esa lógica: en lugar de partir únicamente de síntomas visibles, intentan identificar patrones biológicos concretos detrás de cada perfil.

Cómo lograron detectar los nuevos biotipos

La investigación principal analizó datos de 1.831 participantes provenientes de 10 centros internacionales. Los investigadores utilizaron resonancias magnéticas cerebrales y herramientas de inteligencia artificial para detectar patrones estructurales en el cerebro.

A diferencia de otros estudios centrados en regiones aisladas, el equipo analizó cómo distintas áreas cerebrales se relacionan entre sí, como si observaran un sistema de rutas interconectadas en lugar de calles separadas.

Para eso emplearon una técnica llamada “redes de similitud morfométrica”, que permite mapear conexiones estructurales entre diferentes regiones cerebrales. Luego aplicaron algoritmos capaces de agrupar perfiles con características compartidas. El análisis permitió identificar tres biotipos claramente diferenciados.

Uno de los perfiles correspondió al subtipo predominantemente inatento, asociado a alteraciones en áreas vinculadas con la atención sostenida. Otro presentó un patrón hiperactivo e impulsivo, relacionado con cambios en circuitos cerebrales involucrados en el control conductual. El hallazgo que más llamó la atención de los investigadores fue un tercer biotipo severo combinado con desregulación emocional.

El perfil más complejo: emociones intensas y mayor afectación cerebral

Este tercer grupo presentó alteraciones mucho más extensas que los otros dos. Los investigadores detectaron 45 áreas cerebrales con desviaciones significativas, frente a las 26 observadas en los demás perfiles. Las diferencias aparecieron especialmente en regiones vinculadas con la regulación emocional, el control de impulsos y la motivación, como la corteza prefrontal medial y el pálido.

En términos simples, estas áreas ayudan a modular reacciones emocionales y a “frenar” respuestas impulsivas. Eso podría explicar por qué algunos pacientes con TDAH experimentan reacciones extremadamente intensas frente a situaciones relativamente pequeñas, algo que muchas familias describen desde hace años.

En ese sentido, Paul Rosen, director de la ADHD Rapid Assessment Clinic del Norton Children’s Medical Group, describió a este grupo en declaraciones a The Washington Post como “volcanes en estado latente”: niños que pueden parecer tranquilos hasta que una situación de estrés, frustración o sobrecarga emocional desencadena crisis intensas y prolongadas.

Lo importante es que la desregulación emocional no ocupa actualmente un lugar central dentro de los criterios diagnósticos tradicionales del TDAH.

Por eso, muchos pacientes terminan recibiendo otros diagnósticos asociados, como ansiedad, trastornos oposicionistas o alteraciones del estado de ánimo, sin que necesariamente se reconozca el componente emocional del propio TDAH.

Para F. Xavier Castellanos, neurocientífico de la Universidad de Nueva York y uno de los referentes históricos en el estudio del trastorno, los nuevos hallazgos podrían modificar ese paradigma en futuras revisiones clínicas.

Diferencias químicas y tratamientos más ajustados

Los investigadores también encontraron variaciones en distintos sistemas neuroquímicos cerebrales, incluidos circuitos relacionados con serotonina, dopamina, acetilcolina y glutamato. Esto resulta especialmente relevante porque muchos tratamientos actuales actúan precisamente sobre algunos de esos mecanismos.

La posibilidad de identificar perfiles biológicos diferenciados podría permitir, en el futuro, diseñar intervenciones más específicas según las necesidades de cada paciente, en lugar de aplicar estrategias generales para todos los casos.

La lógica es similar a la medicina personalizada que ya se utiliza en otras áreas, donde un mismo diagnóstico puede dividirse en subgrupos con respuestas terapéuticas distintas.

Qué ocurre en adultos con TDAH

Otra investigación desarrollada por Lund University amplió la mirada hacia adultos con TDAH. El estudio comparó personas medicadas con psicoestimulantes y pacientes sin tratamiento farmacológico. Los resultados mostraron que las diferencias funcionales parecían relacionarse más con la gravedad de los síntomas que con el uso de medicación en sí.

Los investigadores identificaron alteraciones en memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, coordinación motora, flexibilidad cognitiva y control de impulsos. Según Maurizio Cundari, líder del trabajo, esto refuerza la necesidad de abandonar una visión simplificada del trastorno centrada únicamente en la atención.

Los autores sostienen que el futuro del tratamiento probablemente combine distintas estrategias adaptadas a cada perfil clínico y neurobiológico, incluyendo rehabilitación cognitivaactividad física y abordajes personalizados.

Un cambio de paradigma todavía en construcción

Pese al entusiasmo que generan estos resultados, los especialistas advierten que todavía existen limitaciones importantes.

Las resonancias cerebrales aún no permiten diagnosticar TDAH de manera individual en la práctica clínica cotidiana, y los investigadores señalan que serán necesarios estudios de seguimiento para comprender cómo evolucionan estos subtipos a lo largo del tiempo. Sin embargo, el hallazgo marca un cambio profundo en la forma de estudiar el trastorno.

Por primera vez, múltiples investigaciones empiezan a converger en una idea que durante años fue discutida principalmente desde la experiencia clínica: detrás del mismo diagnóstico podrían existir cerebros distintos, trayectorias diferentes y necesidades terapéuticas específicas.

Para millones de personas con TDAH y sus familias, esa diferencia podría cambiar en el futuro no solo el tratamiento, sino también la manera de comprender el trastorno

viernes, 8 de mayo de 2026

José Luis Marín, psiquiatra: “Muchos psicofármacos no curan, solo cronifican”

MARTA RODRÍGUEZ PELETEIRO      |     as.com      |      04/04/2026

 

El autor de ‘La salud mental no existe. La salud sí’ (GROU) advierte sobre el uso prolongado de medicamentos que ocultan problemas sin resolverlos.

 

El psicoterapeuta José Luis Marín critica el uso prolongado de psicofármacos en la sociedad contemporánea, subrayando que muchos de ellos no curan, sino que cronifican. “Hay millones de personas que llevan años, a veces décadas, tomando psicofármacos y siguen exactamente igual que cuando empezaron… Lo cual demuestra que no están curando nada. Están conteniendo síntomas, que es algo muy distinto”, explica en una entrevista con AS. Para el psiquiatra, estos medicamentos pueden ser útiles en momentos de crisis aguda, pero no abordan las causas subyacentes del malestar.

 

Marín puntualiza que el problema no es el fármaco en sí, sino la manera en que se utiliza. “El fármaco alivia, a veces de manera útil, a veces imprescindible en un momento agudo. Pero no toca lo que produce el malestar. No pregunta por la historia, no modifica las condiciones de vida, no restaura los vínculos rotos, no da sentido a lo que no lo tiene”, detalla. Cuando se mantiene indefinidamente, lo que se consigue es estabilizar al paciente químicamente, sin que realmente mejore, generando dependencia y cronificación del problema.

 

El psiquiatra propone un uso más responsable y temporal de los psicofármacos, como un apoyo transitorio y no como solución definitiva. “Hay momentos en que el sufrimiento es tan intenso que impide cualquier otra cosa… En esos momentos un fármaco puede dar un respiro necesario, puede crear las condiciones para que otras cosas sean posibles”, señala. El objetivo, aclara, es que la medicación sea un puente hacia otras intervenciones que realmente restauren bienestar y sentido en la vida de la persona.

 

Comprender el tratamiento

Además, Marín insiste en que los pacientes comprendan su tratamiento: “Siempre digo a los pacientes que no dejen ninguna medicación por su cuenta, que consulten con su médico antes de hacer cambios. Pero también que entiendan que el fármaco debería ser un medio para llegar a algún sitio, no el sitio mismo”. La reflexión apunta a que la medicina actual necesita replantear prioridades, centrándose más en la persona que en la pastilla.