martes, 11 de junio de 2019

Marian Rojas Estapé."Hemos sustituído el sentido de la vida por pantallas, porno y alcohol"

Iñako Díaz-Guerra   |   El Mundo   |   27/03/2019
MARIAN ROJAS ESTAPÉ. Madrid, 1983. Psiquiatra. Escribió Cómo hacer que te pasen cosas buenas para utilizarlo como apoyo en sus terapias, pero se ha convertido en el libro más vendido en España en lo que va de 2019. Medicina o autoayuda, ésa es la cuestión.
Pregunta.-¿Qué dice de España que el libro más vendido de lo que va de año sea uno titulado ‘Cómo hacer que te pasen cosas buenas’?  |  Respuesta.- En el fondo me preocupa. Nunca jamás me lo imaginé. Me gustaría mandar el mensaje optimista de que no estamos tan mal como sociedad, pero la realidad es que hay un vacío. La felicidad depende del sentido que cada uno le da la vida, de tener un proyecto vital, un propósito por el que vivir, lo que los japoneses llaman el ikigai. Somos una sociedad que ha perdido el sentido de la vida. Lo hemos sustituido por otras cosas: sensaciones, redes sociales, pantallas, pornografía, alcohol… Ese es el problema y es un problema grave. Sobrevivimos, pero no vivimos. Hemos dejado de hacernos preguntas.

P.-¿Cuál es tu pregunta más habitual a los pacientes?  |  R.- Si hay vida después de la muerte. Hay que hacerse esa pregunta porque la muerte es la puerta de la filosofía.

P.-¿Sirve realmente para algo un libro así?  |  R.- Todos los días recibo agradecimientos de lectores diciéndome que sí, que tras leerlo su vida es mejor. Eso me emociona, porque mi objetivo como médico es ayudar a los demás y he descubierto que puedo hacerlo a través de un libro, que es algo que nunca imaginé. Mi finalidad era que me sirviese de apoyo para terapias y conferencias, nada más. Cuando se publicó, acababa de dar a luz y no pude hacer promoción y, de repente, se empezó a vender y vender y vender… No sabíamos a qué se debía. La única explicación es el boca a boca y yo soy la primera sorprendida. La clave del éxito de este libro es que la gente se siente muy identificada y porque les habla sobre sus errores de forma muy delicada y sin juzgar al lector. Todos hemos pasado momentos en nuestra vida de los que no nos sentimos orgullosos o lo hemos pasado muy mal y no hemos entendido por qué. Ese es el quid del libro: entiende tu cerebro, gestiona tus emociones, mejora tu vida. Yo no quería hacer un libro de autoayuda de sonríe y ser feliz, sino un libro de neurociencia que explique cómo funciona tu cerebro ante determinados estímulos y cómo manejarlo. Manda un mensaje optimista cogido de Ramón y Cajal: “Todos podemos ser escultores de nuestro cerebro”.

P.-¿Todo esto es medicina o pseudociencia?  |  R.-Tu cerebro y tus emociones te enferman y te curan; y si conoces cómo funcionan, tú eres capaz de curarte o enfermarte. El poder de la mente es brutal. Uno de los problemas de la medicina occidental, que no tiene la medicina oriental, es que no estudia el interior de las personas, desprecia la meditación… En la medicina occidental estamos acostumbrados a tratar el síntoma y no a la persona; eso es poner parches. Hay que buscar el origen. Yo no vengo a negar el dolor y el sufrimiento, porque existen y son ingredientes de la vida que bien integrados en ella nos hacen ser mejores, pero sí a intentar explicar cómo gestionarlos.

P.-¿Crees en eso que se ha dado en llamar terapias alternativas?  |  R.- No. Son peligrosísimas sobre todo cuando sustituyen a la medicina que conocemos. Lo que sucede es que es muy complicado marcar una línea entre lo que es medicina y lo que no lo es, porque al final todos estamos deseando que nos den la receta fácil para ponernos bien y no sufrir. Da igual que te digan que son unas gotas o unos rituales. Nuestro cerebro es capaz de engancharse a lo que sea con tal de pensar que no va a sufrir y eso está dando lugar a casos dramáticos de gente que decide no tratarse enfermedades muy graves pese a que la medicina podría ayudarle. Eso es un riesgo y un error.
Aún así mi experiencia es que como apoyo, pueden ser de utilidad en muchos momentos. El cuerpo nos va mandando señales de alerta antes de enfermar gravemente y eso también hay que estudiarlo. Cuando una persona lleva enferma dos años, encadenando diferentes síntomas, el cuerpo le está avisando de algo grave. La ansiedad es a la mente lo que la fiebre es al cuerpo. Ambas te avisan de que algo no va bien. ¿Qué sucede? Que cuando ya tienes tu enfermedad gravísima y tu diagnóstico terrible, te tienes que poner en manos de los médicos y dejarte de tonterías. Pero en todo ese recorrido previo, hay muchos momentos en que te pueden ayudar desde otras perspectivas, a veces, menos convencionales. El problema de la sociedad occidental es que nos cuesta mucho parar y conectar con nuestro interior.  

P.-¿Y a qué lo achacas?   |   R.- Todo en nuestra sociedad actual se enfoca a solucionar problemas rápidamente, resolver conflictos, las pantallas, las redes sociales… Cuando paras, tu organismo se siente mal. La cronopatía, que es la incapacidad de frenar, es una de las actitudes que nos enferman hoy en día. Llegas al fin de semana deseando que sea lunes, porque no sabes qué hacer con el tiempo libre. Hemos perdido el equilibrio entre el modo supervivencia y el modo calma, que deben compensarse. Y no estamos diseñados para vivir constantemente en ese modo supervivencia, eso te enferma. Hay una hormona, el cortisol, que se activa para afrontar el estrés, la alarma o la supervivencia. Pone en marcha el mecanismo de lucha o huida. Y si en vez de actuar en casos excepcionales, lo estamos generando permanentemente, como sucede hoy en día, la mente y el cuerpo acaban por no diferenciar los problemas reales de los imaginarios. El 90 por ciento de las cosan que nos preocupan jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente las viven como si fueran reales. Sentimos que todo es una amenaza. Te pasas todo el día alerta y el sistema inmunológico está tan pendiente de eso que no presta la atención que requieren otras partes del cuerpo. Y se paga.

P.- ¿Qué nos ha convertido en esos seres permanentemente preocupados?  |  R.- Lo achaco a cuatro factores. La cronopatía, de la que ya hemos hablado. Luego, la necesidad patológica de controlarlo todo, incluido el futuro, lo que es imposible. La felicidad consiste en vivir instalado en el presente habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro. Si vives enganchado al pasado, eres depresivo. Si vives angustiado por el futuro, eres un ansioso. La felicidad consiste en conectar con el presente y eso requiere saber que la felicidad no es lo que te pasa, sino cómo lo interpretas. La tercera es el perfeccionismo, la sociedad occidental está obsesionada con una perfección que no existe y te condena a la insatisfacción. Y la cuarta es la pantalla, que te envía alertas permanentes. Los programadores han buscado nuestro punto más vulnerable, que es la validación social, y lo han atacado.

P.-¿Es posible la felicidad real en el mundo virtual?  |  R.- No, es imposible. El mundo virtual genera gratificación instantánea, chispazos de dopamina que te dan instantes de placer, pero provocan un bajón, un síndrome de abstinencia. La felicidad está en conectar con las personas en el tú a tú, en la vida real.

P.-¿No es la felicidad un lujo burgués, un anhelo de quien ya tiene lo básico cubierto?  |  R.- Totalmente. Todo el mundo quiere ser feliz y me parece bien, es una buena aspiración. Pero tienes que saber que es un estado que no se alcanza de un modo permanente, que requiere un equilibrio entre tus aspiraciones y lo que has logrado, y esas expectativas deben ser moderadas. La felicidad consiste en disfrutar los instantes buenos que tienen todos los días sabiendo que no van a evitar los momentos malos. Yo aprendí mucho haciendo labor social en Camboya, en el Bronx… Ahí ves que el sufrimiento tiene un valor. Cuando todo te va bien, te olvidas de la gente que sufre. Necesitas haber sufrido para empatizar con  los demás. La sociedad actual quiere fingir que el sufrimiento no existe, no queremos que nadie nos cuente penas porque es muy exigente acompañar a una persona que sufre. Eso es la compasión: te entiendo y te ayudo. Es un grado superior a la empatía y es muy cansada, es de seres superiores. Pero hoy vivimos tan rápido que fingimos que empatizamos, pero sólo hasta un punto en que no nos exija nada.

P.-¿Un mundo feliz sería un mundo mejor?  |  R.- No, sería peor. El dolor es necesario y ha sido un motor artístico, filosófico y emocional de la humanidad. Lo que pasa es que depende de cómo definas la felicidad: si es ausencia de dolor y una vida perfecta, eso no existe en la Tierra. Además, la gente tiende a olvidarse de los demás cuando todo le va bien. Es una pena, porque el mundo sí sería mejor si nuestra felicidad nos hiciera más compasivos, pero no es lo habitual.

P.-En el libro acabas por proponer el amor como solución para todo. ¿Eres una romántica en tiempos cínicos?  |  R.- Lo que marca la vida es el amor a las personas, no sólo a las parejas. Es lo más importante en esta vida y el único antídoto para el sufrimiento. Es la respuesta a todo. No hay nada en la historia que sane y proteja tanto como el amor. Hay un estudio importantísimo de Harvard que demuestra que el parámetro que más condiciona que le gente envejezca sana y feliz es el amor. La soledad mata, sentirse solo mata a la altura del tabaco. No es que yo te diga que el amor sana como una cosa del Romanticismo del siglo XVIII, te estoy hablando de que está científicamente demostrado que es así. Me da pena que a las cosas básicas que sabemos haya que darles una base científica para que la gente se las crea. Pero sí, hay que volver al amor. Y esto es medicina, no pseudociencia. Lo que pasa es que vivimos en una sociedad en la que lo que se rompe lo tiramos, en vez de arreglarlo. También el amor. En eso tendríamos mucho que aprender de la sociedad de nuestros padres y abuelos.

P.-Te parecen un problema las redes sociales para ligar?  |  R.- El amor de usar y tirar está haciendo muchísimo daño a la gente. En España se separa una pareja cada cuatro minutos. Y quitando la muerte, por lo que más sufre uno en esta vida es por amor. Hay que volver a querer, no hay nada como sentirse querido. Yo ahora trabajo principalmente con adolescentes y la gente joven hoy en día conecta mejor con una pantalla que con una persona. No le pidas a un chaval que se lleve a una chica a tomar unas tapas y ligar con ella en un bar porque no sabe hacerlo. Se agobia, de hecho. Tengo un paciente que veía inaudito invitar a salir a una chica porque no podía saber cómo iba a acabar la cosa. Sólo entienden ir a tiro hecho, se ha perdido la posibilidad del rechazo.

P.-Convertir el móvil en el enemigo parece una batalla anacrónica… y perdida.  |  R.- El problema es que cogemos el dispositivo en dos momentos: cuando te aburres y cuando estás estresado. Tu cerebro se va modulando a medida que vas haciendo cosas con él. Si te pones ahora a tocar el piano, en un par de semanas tu cerebro ha aumentado su grosor en las zonas de los dedos y de la música. Si lo dejas, vuelve a como estaba. Esto es clave: el cerebro se adapta a tus hábitos. Y si tú, ante el aburrimiento o el estrés, coges el teléfono, no generas mecanismos para hacerles frente. Y eso provoca un drama que estamos viendo actualmente en la juventud: la cero tolerancia a la frustración. Es un componente clave de la vida que no se desarrolla debido a las pantallas. Planteas tu identidad adolescente respecto a las redes sociales, creemos que la gente te quiere o no por unos likes... La búsqueda de la identidad, que se desarrolla en la adolescencia, queda completamente en manos ajenas e invisibles, eres vulnerable. La vida virtual genera felicidad a golpe de clics, pero no felicidad estructural. Es todo un bluff y tu cerebro lo sabe, pero es adictivo. De hecho, la medicación para tratar la adicción a las redes sociales es muy similar a la de la cocaína. Es terrible.


viernes, 7 de junio de 2019

Cómo sobrevivir al estrés y mantener la mente sana en la ciudad.

La vida urbana pone en riesgo la salud mental de varias maneras, pero hay una buena noticia: existen formas de amortiguar el impacto

EVA CARNERO  |  el país |  30/05/2019
                     
Nos gusta vivir en la ciudad. Más de la mitad del planeta lo hace actualmente. En el caso de España, el 95% de la población habita en menos de la mitad de la superficie del país, y a finales de siglo, siete de cada diez habitantes del planeta vivirán en ciudades. Es comprensible. Las grandes urbes tienen numerosas ventajas, entre las que destacan que cuentan con los mejores servicios sanitarios, educativos, culturales y de ocio. Por no hablar de que la gran mayoría del empleo que se genera lo hace en los entornos urbanos. Pero no todo son ventajas: algunos expertos señalan que las ciudades aumentan los riesgos para la salud mental.

La idea no es nueva. Los científicos llevan décadas profundizando en ella, desde que un estudio de 1930 apuntó que vivir en una ciudad aumenta el riesgo de sufrir psicosis. La lista de enfermedades mentales relacionadas con la vida en núcleos de población densos y, con demasiada frecuencia, contaminados y ruidosos, no ha dejado de crecer desde entonces. La depresión y la ansiedad están entre ellas. Los científicos aún están buscando las pruebas definitivas que relacionen la aparición de algunas de estas enfermedades con el ambiente urbano, pero no hay duda de que quienes viven en la ciudad se exponen a factores que pueden alterar su equilibrio mental, aunque sea de forma pasajera. Afortunadamente, hay maneras para sobrevivir al impacto de la jungla de asfalto.

Medidas contra el humo y el ruido
Un gran enemigo del equilibrio emocional del urbanita es la contaminación, tanto en su versión atmosférica como en la acústica. Según el psiquiatra del Hospital La Luz José Luis Pedreira, el ruido "incrementa la irritabilidad y la excitabilidad, lo cual hace que aumente la tensión y se produzca lo que habitualmente se denomina estrés. La respuesta del individuo puede ir desde descargas agresivas hasta situaciones de hiperactividad psicomotora o reacciones de ansiedad, acompañadas de trastornos del sueño", Esto último origina "una alteración tanto en la conciliación como en la calidad, haciendo que sea más ligero, con despertares nocturnos más frecuentes", sostiene Pedreira. Por supuesto, el ruido puede provocar daños en el oído interno.

Con estos riesgos en mente, el psiquiatra señala algunas de las herramientas disponibles para protegernos de estas amenazas. Por ejemplo, en el caso de la contaminación acústica sugiere insonorizar las viviendas, y usar tapones para los oídos o auriculares que aíslen del ruido. Eso sí, pretender usar auriculares que enmascaren sonidos molestos con música puede costar caro, ya que el volumen de ruido al que nos sometemos acaba siendo mayor. Lo mejor en estos casos es seguir las recomendaciones de la OMS para escuchar música sin perder oído.

En cuanto a cómo hacer frente a los efectos de la polución, el experto propone limpiar con mopas humedecidas, reducir el uso de las calefacciones, aumentar las salidas periódicas a lugares menos contaminados y usar mascarillas para transitar por las calles. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el uso de máscaras para filtrar el aire que respiramos no evitará la exposición a la contaminación ambiental; según un estudio publicado en la revista Science of the Total Environment, 
la mejor de las mascarillas comerciales para ciclistas apenas llega a proteger frente al 50% de las partículas contaminantes.

Una solución tan vieja como audaz: cuidar del prójimo
El profesor de psicología de la Universidad Europea de Madrid Rubén García ve en el compromiso social la clave para crear un entorno proclive a la salud mental. Para García, "nuestro entorno es el lugar donde nos criamos, educamos a nuestros hijos, crecemos y nos desarrollamos. La tarea, en este sentido, sería tejer relaciones de cuidado mutuo en el que se priorice el bienestar, el respeto y el crecimiento de una manera sostenible e igualitaria. Nuestro equilibrio emocional depende, en gran medida, de si llevamos a cabo esta idea". Para conseguirlo, García anima a participar en nuestra comunidad para hacer de los espacios de convivencia lugares más saludables.

Una interesante prueba de que comprometerse con los demás es beneficioso para la salud mental está en las iniciativas relacionadas con las personas mayores. Basta conocer algunos testimonios para comprender que cultivar las relaciones sociales mejora el bienestar emocional, es un propósito que puede hacerte más feliz. Es importante esforzarse en ello porque, irónicamente, la vida en la ciudad puede ponértelo difícil por mucho que las urbes sean los mayores puntos de encuentro de las personas.

Contra el estrés, echa unos bailes
Frente al cuidado mutuo que propone García Sánchez, la psicóloga y socia directora de Somos Psicólogos y Formación, Beatriz González, sugiere buscar tiempo para uno mismo y hacer actividades de ocio con las que disfrutar, ya que "eso ayuda a desconectar de la tensión diaria y a encontrarnos más fuertes ante los estresores y generadores de la ansiedad y la depresión". La idea principal del mensaje es aprovechar esos momentos para recuperar la energía y conocerse a uno mismo. Entre las actividades más adecuadas, la psicóloga destaca el senderismo, el yoga y el baile.

Este último es especialmente interesante en el caso de las personas mayores, ya que, "con este tipo de actividad, además de distraerse, ejercitan los músculos. Y si no se quiere ir a clases de baile, una alternativa puede ser realizar movimientos o ejercicios en casa, poniendo música para hacerlo más ameno", apunta Sánchez. Ahora bien, completar nuestra agenda con actividades puede llegar a saturarla, convirtiendo una actividad que debía ser placentera en un desencadenante de ansiedad, una palabra que no deberíamos usar a la ligera. Por eso García Sánchez insta a "aprender a decir que no, y a seleccionar los eventos sociales, profesionales y familiares que se nos presenten en el día a día. Es mejor no programarse muchas actividades y dejar tiempo para uno mismo".

Otra actividad fundamental para liberar el cuerpo de la tensión de la vida en la ciudad es tan sencilla como dar un paseo. No siempre tiene por qué ser por una zona verde, pero la influencia de la vegetación en la salud es innegable, tanto que vivir a menos de 300 metros de un parque se ha relacionado con una reducción del riesgo de cáncer de mama. Las conclusiones un reciente estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona invita a pensar que, si la costumbre es buena en los adultos, todavía lo es más entre los niños. Según el trabajo, los niños que crecen en contacto con espacios verdes muestran de adultos niveles más bajos de nerviosismo y depresión, así como una mayor vitalidad.

¿Meditar por la mañana y recogerte rodeado de velas?
Después de un descanso de no menos de 7 horas, González recomienda hacer una pequeña meditación nada más despertarse. Aunque no te llevará más de 10 minutos, procura levantarte con tiempo, para no ir con prisas. Si no eres practicante habitual, no te preocupes, puedes encontrar técnicas de meditación "exprés" en internet para guiarte en el ejercicio. Puedes alternar esta práctica con ejercicios de respiración consciente. Eso sí, ten en cuenta que el mindfulness tiene sus sombras.

El mindfulness no va a solucionarte los problemas pero sí puede enseñarte técnicas útiles para gestionar situaciones difíciles. Y la psicología ofrece otras maneras de rebajar el estrés. Por ejemplo, las que se basan en la aceptación y el compromiso. Estos recursos se emplean para conseguir detectar cuándo el estrés comienza a pasarnos factura y ser capaces de alejarnos de nuestras emociones y pensamientos, al menos lo suficiente como para ser conscientes de que podemos controlarlos... y llegar a controlarlos. Eso sí, tal y como explicó a BUENAVIDA el catedrático emérito del departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, Bernardo Moreno, "no pueden resolver continuamente los problemas. Si hay que recurrir a ellas constantemente es que el estrés de fondo no está resuelto".

En todo caso, cuando acabes la jornada el objetivo es bajar pulsaciones. Para ello, la psicóloga Beatriz González sugiere, en primer lugar, dedicar unos minutos a rememorar las vivencias felices. "Si las hemos tenido durante el día podemos recrearnos en ellas, si no, podemos evocar experiencias pasadas. Recordar estos momentos hará que nos renovemos", asegura la experta, quien añade una propuesta última para "vacunarnos" frente al estrés urbanita: "Al terminar el día, una buena opción es darse un baño en un ambiente de relajación. Para ello, use aceites esenciales y velas aromáticas. Los olores agradables generan recuerdos y sensaciones placenteras que producen relajación", concluye.



miércoles, 5 de junio de 2019

¿Antidepresivos en la nevera?. La ciencia estudia como afecta la dieta a la salud mental.

Los alimentos no son medicinas, pero una nutrición equilibrada puede disminuir la probabilidad de sufrir males como la ansiedad y la depresión

SARAH PALANQUES TOST   |  EL PAÍS  |  29/05/2019 

Recostado en el diván, un hombre cualquiera describe un sentimiento de ansiedad que le atenaza cada día. La describe como si fuera un invitado hambriento que no quiere marcharse, una visita indeseada que le obliga a poner más y más aperitivos sobre la mesa, y no es solo una metáfora. También le habla de otros temas y relata estados pasajeros de tristeza que no puede explicar fácilmente. De repente, el psiquiatra se quita las gafas, las deja lentamente sobre la mesita accesoria y hace una extraña pregunta a su paciente... "¿Qué tiene dentro de su nevera?", dice. La mirada del hombre revela una comprensible extrañeza ante el rumbo que ha tomado el interrogatorio, pero la cuestión de la calidad nutricional de los alimentos parece no ser baladí en lo que se refiere a la salud mental.

Hace décadas que los científicos conocen los beneficios que una dieta y nutrición adecuadas tienen en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares, digestivas y endocrinas. Y no solo los médicos son conscientes de que la salud entra por la boca; la información dirigida al común de los mortales para cuidar su dieta es de todo menos escasa. La situación es muy distinta en el campo de la psiquiatría, aunque en los últimos años un creciente número de investigaciones apuntan que la alimentación no solo tiene un papel crucial en nuestra salud física sino también en la mental. Si uno tiene en cuenta que la depresión es una de las enfermedades que se han relacionado con la calidad nutricional de la dieta, la idea de que la felicidad está en el plato no es tan descabellada.

Inflamación, un nexo de unión entre dieta y enfermedad
Es obvio que las emociones y la comida están relacionadas; todos hemos sufrido alguna vez un fuerte empujón a la despensa en momentos de ansiedad, y la terapia para superar los momentos de bajón a base de helado es un clásico en las películas que giran en torno al desamor Las evidencias son mucho más esquivas desde una óptica empírica, pero la comunidad científica ha empezado a preguntarse por qué la enfermedad mental no se trata también desde la perspectiva nutricional, y los expertos se han encontrado una paradoja muy interesante.

"Las enfermedades psiquiátricas, como la depresión o la esquizofrenia, no son muy diferentes de la diabetes si nos fijamos en los cambios que se producen en el organismo a un nivel molecular. Las personas con diabetes y con depresión se encuentran en un estado de inflamación sistémica, leve pero crónica", dice el profesor de psiquiatría y psicología médica de la Universidad de Valencia y miembro del comité ejecutivo de la Sociedad Internacional para la Investigación en Psiquiatría Nutricional Vicent Balanzá. "Asumiendo esto, las intervenciones con dieta y nutrición podrían ser eficaces para corregir la inflamación también en las enfermedades psiquiátricas y, en general, para mejorar el pronóstico de las personas que las sufren. Al fin y al cabo, la división entre cerebro-mente y cuerpo no tiene fundamento científico", añade el también investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental.

Por eso médicos e investigadores de todo el mundo han empezado a trabajar sinérgicamente para averiguar más sobre las relaciones entre los nutrientes y la mente, y han englobado el conocimiento adquirido bajo el término de psiquiatría nutricional. Uno de los máximos exponentes de la disciplina emergente, el agricultor y psiquiatra de la Universidad de Columbia, en Nueva York (EE UU), Drew Ramsey, defiende que una dieta deficiente es uno de los mayores factores que contribuyen a la depresión. En este sentido, uno de los metaanálisis más recientes que se han publicado sobre los efectos de la nutrición en la salud mental, en el que participaron científicos de todo el mundo (incluidos un par de grupos de investigación españoles), encontró que "adherirse a una dieta saludable, en particular una dieta mediterránea tradicional, o evitar una dieta proinflamatoria parece conferir cierta protección contra la depresión en estudios observacionales. Esto proporciona una base de evidencia razonable para evaluar el papel de las intervenciones dietéticas para prevenir la depresión", afirma el texto.

"El creciente campo de la psiquiatría nutricional evidencia muchas consecuencias y correlaciones entre lo que comemos con la forma en que nos sentimos y cómo nos comportamos. Es un tema que cada vez toma más fuerza", defiende la psiquiatra especialista en trastornos de adicciones y medicina legal Paula Vernimmen. Pero, ¿podemos mejorar nuestra salud mental cambiando nuestra alimentación? ¿Hay comida que nos hace felices y viceversa?

No busques un alimento milagro, lo importante es la dieta
Balanzá advierte de que la relación entre los nutrientes y la depresión es muy compleja, y que no es tan directa como puede parecer. Entre otras cosas, porque en el desarrollo de la enfermedad mental intervienen numerosos factores además de este. "Por ejemplo, las diferencias genéticas entre los individuos hacen que los déficits nutricionales repercutan más o menos en el riesgo de enfermar. Y en los últimos años hemos aprendido que lo más relevante para la salud mental es el patrón dietético, la dieta, más que un alimento o un nutriente concreto. Lo que le importa a nuestro cerebro es la diversidad y la armonía entre ellos. La dieta es como una orquesta que puede emitir una música hermosa, la salud, si la cultivamos", explica el investigador.

Y si la mediterránea puede tener efectos terapéuticos sobre la depresión, ¿podría una dieta inadecuada empeorar sus síntomas? La respuesta es sí, especialmente en el caso de "las dietas hipercalóricas pero pobres en nutrientes, basadas en productos ultraprocesados y comida rápida", confirma Balanzá. Una dieta saludable, como la mediterránea, "aporta nutrientes clave para el cerebro, como son diversos minerales, vitaminas, aminoácidos esenciales y ácidos grasos esenciales. Son importantes porque tienen efectos antioxidantes, antiinflamatorios y neuroprotectores, que ayudan a combatir mejor las consecuencias negativas del estrés. Pero la carencia de nutrientes esenciales tiene repercusiones para el cerebro de las personas en general. Así, un déficit de algunas vitaminas, como el folato o la vitamina B12, se ha relacionado con un estado de ánimo depresivo y también con el deterioro cognitivo", prosigue el experto.

De hechoen un trabajo de 2015 publicado en BMC Medicine los científicos observaron que una menor ingesta de alimentos densos en nutrientes y una mayor de comida poco saludable se asocia con un menor volumen del hipocampo izquierdo. "Esta fue la primera demostración en humanos de que la calidad de la dieta puede repercutir en estructuras cerebrales", valora Balanzá.

Rebajar el riesgo de depresión hasta un 35%
Según la doctora Vernimmen, este campo de investigación está proporcionando hallazgos halagüeños. Por ejemplo, se sabe que "las personas que siguen dietas ricas en verduras, frutas, granos sin procesar, pescados y mariscos, que contienen pocas cantidades de carnes magras y lácteos, tienen un riesgo de depresión de un 25% a un 35% más bajo. Además, una mala hidratación, el consumo de alcohol, de cafeína y el hábito de fumar pueden precipitar o simular los síntomas de ansiedad". La experta añade que los picos altos de azúcar "pueden imitar desde una crisis de ansiedad hasta un ataque de pánico". Por último, "los periodos prolongados de ayuno, donde se generen estados hipoglucemiantes -caracterizados por la disminución de los niveles de azúcar en sangre-, pueden simular síntomas de depresión".

Pero aunque todos estos descubrimientos son, sin lugar a dudas, emocionantes, hay que tomarlos con un rigor académico como el que demuestra Balanzá, quien se toma esta nueva tendencia con un optimismo moderado. "No es suficiente presuponer que las vitaminas o los probióticos favorecen la salud mental porque son naturales y saludables. En los ensayos clínicos hay que exigir el mismo rigor metodológico que se pide a los fármacos. Un mensaje importantísimo para la ciudadanía es que mejorar la dieta por sí solo no va a curar los trastornos mentales y saber esto es vacunarse contra las promesas de los charlatanes y las pseudociencias".

Pronto sabremos más. Desde 2013 un grupo de unos 300 profesionales psiquiatras, epidemiólogos, nutricionistas, dietistas, psicólogos e investigadores básicos se reúnen anualmente para generar y difundir conocimiento científico. Este año lo harán en Londres para hablar, precisamente, de psiquiatría nutricional. Será una buena oportunidad para tomarle el pulso a esta disciplina que ya está ocupando espacios y generando una nueva narrativa sobre la salud mental.


Identificadas dos bacterias intestinales que influyen en la salud mental

Big Vang – Redacción |  La Vanguardia |  4-02-2019  

Hasta ahora la relación entre microbiota y comportamiento solo se había demostrado en animales

Científicos de la Universidad belga de Leuven han logrado demostrar por primera vez en humanos cómo la microbiota intestinal está implicada en la salud mental, algo que hasta el momento se sospechaba y que solo se había logrado probar en animales. En un estudio que publican en Nature Microbiology, los investigadores consiguen identificar dos bacterias que son clave en la depresión y, en general, en la calidad de la salud mental. Este hallazgo abre la puerta a diseñar, en un futuro, nuevos tratamientos que tengan como diana estas dos comunidades de bacterias.

Asimismo, también han comprobado cómo algunos de los miles de millones de microorganismos que conforman la microbiota intestinal son capaces de producir compuestos neuroactivos.

Desde hace poco más de una década los científicos estudian el complejo intercambio de mensajes, tanto químicos como eléctricos, entre el cerebro y el intestino a través, sobre todo del nervio vago, que se extiende desde la base del cerebro hasta el abdomen. En 2011 se publicaron los primeros resultados que demostraban cómo la microbiota influía en el comportamiento; científicos de la Universidad de Cork, en Irlanda, de la McMaster, en Canadá, y del Instituto Karolinska, en Suecia, realizaron tres experimentos en los que lograban modificar el comportamiento de ratones tan solo alterando la composición de su microbiota intestinal.

Es más, recientemente, uno de esos equipos de investigadores, el de Premysl Bercik, de la Universidad McMaster, uno de los pioneros en el estudio del eje cerebro-intestino, en un estudio en Nature Comunications demostraba en ratones cómo las bacterias intestinales desempeñaban un papel crucial para producir ansiedad y depresión.

Ahora los investigadores flamencos han logrado demostrar eso mismo pero en humanos, que cuentan con una microbiota intestinal, formada por una comunidad de miles de millones de organismos, mucho más rica, variada y compleja que la de los roedores. Para ello, han cruzado datos acerca de la composición microbiana intestinal y de diagnósticos médicos de depresión de 1054 individuos de la cohorte del Proyecto flamenco de microbiota intestinal. De esta forma lograron identificar que las bacterias Coprococcus y Dialisterestán en cantidades ínfimas en la microbiota intestinal de las personas que sufren depresión, independientemente de que tomen tratamiento, en comparación con personas sin la enfermedad.

A continuación, validaron esos resultados en otra cohorte de más de 1000 personas clínicamente deprimidas, del Hospital Universitario de Leuven.

“La relación entre el metabolismo de la microbiota intestinal y la salud mental es un tema controvertido en ciencia”, apunta en un comunicado Jeroen Raes, coautor del trabajo e investigador del Centro de microbiología de la Universidad de Leuven. Para este científico, a pesar de los interesantes resultados de estudios previos en animales que han arrojado luz a la relación entre metabolitos -o productos de desecho que generan las bacterias después de digerir los alimentos- y comportamiento y sentimientos, la investigación en humanos, a su juicio, se ha quedado completamente rezagada.

“En nuestro estudio hemos logrado identificar diversos grupos de bacterias que varían en función de si la persona tiene o no depresión y también de la calidad de su salud mental”, añade.

De hecho, en trabajos previos este mismo grupo de investigadores ya habían establecido qué enterotipos, esto es qué composición -en variedad y cantidad- de la microbiota intestinal, se asociaban a personas con síndrome de Crohn, una enfermedad inflamatoria autoinmune que afecta al tracto intestinal. Y en este nuevo estudio han visto que la composición microbiana de las personas con depresión o una salud mental pobre era similar a la de aquellos con Crohn.

En este sentido, se sabía que casi 9 de cada 10 personas que padecen síndrome de intestino inflamado, colitis ulcerosa o Crohn suelen sufrir con mayor frecuencia que personas sin estas enfermedades intestinales depresión, ansiedad y otros trastornos psicológicos. Y también se ha visto que ocurre al revés, que determinadas patologías mentales provocan alteraciones intestinales.

Asimismo, los investigadores han creado un catálogo de microbios intestinales en función de su capacidad de producir o degradar moléculas que pueden potencialmente interactuar con el sistema nervioso. Para ello han empleado una técnica computacional para estudiar el genoma de 500 bacterias aisladas del tracto intestinal de personas con depresión. Han obtenido información acerca de la capacidad de producir compuestos neuroactivos.

“No solo hemos podido identificar las distintas bacterias que podrían desempeñar un papel clave en las enfermedades mentales sino también los mecanismos involucrados potencialmente en esa interacción con el huésped”, señala en un comunicado Mireia Valles-Colomer, coautora del trabajo. “Por ejemplo, hemos visto que la capacidad de los microorganismos de producir DOPAC, un tipo de metabolito del neutrotransmisor dopamina, se asociaba con una mejor calidad mental”, resalta.



lunes, 3 de junio de 2019

Som-hi ...


Hola a tothom, 

Ja fa un any i cinc mesos que no he posat cap article al blog, però m’ha sorprès que tot i no haver-hi novetats, l’hagin visitat moltes persones de procedències diverses.

Això m’anima a seguir buscant notícies i transcriure’n alguna que he llegit durant aquest temps.

Potser seran menys nombroses que abans, però em conformo amb despertar l’interés d’algunes persones per tenir més informació sobre la salut mental, o ajudar a esbrinar i entendre una mica més el món tan desconegut dels diferents tipus de trastorns mentals.

Salutacions cordials,

M. Carme.