domingo, 13 de octubre de 2019

Los antidepresivos funcionan, según el mayor estudio de su eficacia

BRUNO MARTÍN | El País | 26/02/2018
“Un análisis de 522 ensayos confirma la utilidad de los 21 fármacos más comunes para tratar la depresión.”
Un equipo internacional de científicos que ha analizado cientos de ensayos clínicos de los 21 fármacos antidepresivos más comunes ha llegado a la conclusión de que todos ellos son más eficaces para reducir los síntomas de la depresión grave que un placebo. Los investigadores aseguran que estos resultados, publicados en la revista médica The Lancet, son la “mejor evidencia” de que los antidepresivos funcionan y de que más personas enfermas podrían beneficiarse de sus efectos.

El efecto placebo es extraordinario, especialmente con la depresión”, explica Andrea Cipriani de la Universidad de Oxford, el autor principal del estudio. En los ensayos con control aleatorio, un tercio de los pacientes de depresión grave mejora tras dos o tres meses de tratamiento solo con pastillas azucaradas. Sin embargo, el porcentaje medio de pacientes que mejora al tomar un antidepresivo real es del 60%. “El ingrediente activo, la molécula del fármaco, aumenta en 20 o 25 puntos porcentuales la probabilidad de mejoría”, señala Cipriani. “Sabemos que es estadísticamente significativo, ahora tenemos que ver cómo de significativo es en la clínica”.

La investigación es un metaanálisis, es decir, un estudio estadístico de los resultados de investigaciones científicas previas, en este caso de 522 ensayos con 116.477 personas adultas. Para hacer el análisis lo más robusto posible, los investigadores “se esforzaron mucho” por incluir también datos no publicados, dice la experta en metodología de la Universidad de Berna (Suiza) Georgia Salanti, que también participó en la investigación. “Buscamos también estudios de empresas farmacéuticas o de investigadores privados que no llegaron a publicar los resultados de sus ensayos porque quizás no eran favorables”, explica.

Los científicos encontraron diferencias entre la eficacia de los antidepresivos: varían desde los que son el doble de eficaces que un placebo hasta los que son solo una tercera parte más eficaces que el placebo. En este caso, la eficacia de un medicamento se define como la probabilidad de que reduzca los síntomas de la depresión en al menos un 50% después de ocho semanas de tratamiento. Además, los investigadores compararon la aceptación de cada fármaco, una medida de los efectos secundarios y del nivel de satisfacción de los pacientes inferida por los abandonos de tratamiento durante ensayos clínicos.
Muchos no reciben tratamiento
En todo el mundo, solo una de cada seis personas que requieren atención médica por depresión recibe un tratamiento eficaz, dice Andrea Cipriani. Esta atención puede ser farmacológica o de otro tipo, como la psicoterapia. En España la cifra es una de cada cuatro o cinco. Esto significa que muchas más personas enfermas de las que actualmente siguen tratamiento podrían beneficiarse del efecto de los antidepresivos, además de las otras terapias eficaces disponibles.
Según Julio Bobes, parte del problema es que la gente que realmente necesita atención médica puede no acudir a los especialistas por ignorancia de la enfermedad o de la eficacia de los tratamientos. “Los propios afectados a veces no creen que es una enfermedad”, explica el psiquiatra. En España aproximadamente el 5% de la población sufre depresión y el 10% tendrá depresión en algún momento de su vida.
En una nota adjunta al estudio publicada en el mismo número de la revista, los investigadores Sagar Parikh de la Universidad de Michigan (EE UU) y Sidney Kennedy de la Universidad de Toronto (Canadá) señalan que tres medicamentos en concreto podrían considerarse una “primera opción” recomendable en la clínica, por sus altas puntuaciones en eficacia y aceptación: son la agomelatina, el escitalopram y la vortioxetina. Sin embargo, Salanti aclara que los datos se basan en efectos promedios y el objetivo de su publicación "no es hacer recomendaciones específicas”. Cipriani opina que la jerarquía puede ser especialmente útil para los casos clínicos nuevos y sin antecedentes familiares en los que un médico y su paciente deben escoger un medicamento antidepresivo sin ninguna indicación —más allá de los datos estadísticos generales— de la respuesta individual que podría generar.
En la práctica, los psiquiatras se guían por su experiencia en el uso de cada antidepresivo y evalúan los casos particulares de cada paciente, asegura Julio Bobes, el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. Dado que los estudios recopilados usan distintas metodologías y dosis, el metaanálisis “no es la forma de rigor de ordenar fármacos en términos de eficacia”, opina el doctor. Sin embargo, Bobes matiza que el estudio “está muy bien hecho” y señala que los datos respaldan lo que los profesionales clínicos ya sabían: que los antidepresivos funcionan para tratar la depresión grave. Tanto él como el autor del estudio, Cipriani, coinciden en que las mismas conclusiones no se pueden aplicar a casos de depresión leve.

Esta investigación incluye personas de distintas etnias y nacionalidades, pero se basa solo en adultos y no contempla diferencias en la respuesta a los fármacos por edad, sexo u otras variables. Hace dos años Cipriani publicó otro estudio en The Lancet que cuestionaba la eficacia de los antidepresivos en niños y adolescentes. Entonces los investigadores encontraron que solo la fluoxetina —conocida por su nombre comercial Prozac— es eficaz para esos pacientes, quizá porque la depresión infantil y juvenil tiene orígenes y mecanismos particulares. En adultos, la fluoxetina resultó ser uno de los medicamentos menos eficaces (solo aumenta la probabilidad de mejora en un 52% respecto al placebo), aunque también de los mejores aceptados, ya que causa pocos efectos secundarios y tiene bajas tasas de abandono en los ensayos clínicos. De media, el fármaco más eficaz para reducir los síntomas de la depresión grave en adultos es la amitriptilina, que fue el sexto mejor aceptado de los 21 estudiados.




Entre el 50 y el 80% de las enfermedades mentales se inician en la infancia

LAURA PERAITA   |    ABC   |   10/10/2019

La jefe de la sección de Psiquiatría del Niño y el Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón asegura que «estamos muy enfadados porque nuestro sistema sanitario no dispone de una especialidad en Psiquiatría Infantil»
Dolores Moreno, jefe de la sección de Psiquiatría del Niño y el Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón, profesora asociada de la Universidad Complutense de Madrid, presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA) y vocal de la Asociación de Científicos de Salud Mental del Niño y Adolescente de la Fundación Alicia Koplowitz, muestra su gran preocupación por el hecho de que no exista en nuestro país una especialidad de Psiquiatría Infantil. «Sinceramente, no lo entiendo. Me gustaría ser políticamente correcta, pero es difícil. Los profesionales médicos estamos muy disgustados con este asunto».
Asegura que en 2014 fue una especialidad, pero esta decisión solo duró unos meses «por un efecto colateral de la caída del Decreto de la troncalidad». Insiste en que si a alguien nos debemos parecer «es a nuestro entorno, a los países desarrollados que tienen esta especialidad médica. Con el gobierno anterior todos los grupos parlamentarios estaban de acuerdo en apoyar la decisión y en que se sacara por la vía rápida. Cuando estábamos a punto de conseguirlo el gobierno actual decidió sacar un Real Decreto para las especialidades nuevas. Le dijimos que ya había consenso parlamentario y que todos estaban a favor de que la psiquiatría infantil fuera una especialidad y que no nos llevaran otra vez a la casilla de salida. Pero no fue así. Ahora la petición está en un borrador. Con estos gobiernos tan cortos no hay manera. Nosotros vamos cumpliendo todo, pero cada político nos dice una cosa distinta. Estamos muy enfadados»

¿Qué supone tener esta especialidad?
Lo primero, estar al nivel del resto de países desarrollados, sobre todo cuando en España tenemos un sistema sanitario tan poderoso y valorado. Estamos a la cabeza, además, con un sistema que es público. La especialidad supone que se pueda tratar a los pacientes por personas especialmente cualificadas porque estas enfermedades son muy prevalentes.
Aunque tiene áreas muy parecidas a otras especialidades –como la Pediatría, la Neurología, la Psiquiatría general...–, tiene aspectos muy distintos y concretos, como el conocimiento o la investigación, y abarca a un sector de la población que, salvo que los adultos tengamos la capacidad de defenderlo bien, es muy vulnerable y con una prevalencia de enfermedades mentales muy alta.
Invertir hoy en salud mental es invertir en que nuestros hombres y mujeres tengan a largo plazo menor discapacidad porque entre el 50 y el 80% de las enfermedades mentales se inician en la infancia. Cuanto antes intervengamos con personas capacitadas para ello, mejor será.
Como tutora de residentes y coordinadora de una unidad docente multiprofesional, puedo apuntar que los residentes tiene una formación de cuatro meses en Psiquiatría infantil. ¿Cómo haciendo cuatro meses puede estar una persona capacitada para atender a niños? Pues hacemos lo que podemos. Nosotros estamos en un hospital muy potente y ofrecemos un año de formación, pero muchos otros centros no pueden hacerlo.


martes, 8 de octubre de 2019

"Padres helicóptero", "mamás tigres", "papás aspiradora"... ¿Cómo combatir el hiperparentismo?

 ABC.es Familia   |   Madrid   |  1/10/ 2019

La sobreprotección de los padres de hoy día puede tener consecuencias negativas en el desarrollo normal de los hijos, que se convierten en niños con poca tolerancia al fracaso y la frustración
«Padres helicóptero», «madres tigre», «papás aspiradora»… Estos términos suenan cada vez más en el ámbito educativo para hacer alusión a esos padres sobreprotectores que, según numerosas investigaciones, generan más consecuencias negativas que beneficios a sus hijos. El hiperparentismo es un fenómeno cada vez más común y que nos da una idea de cómo se está abordando la educación de nuestros menores en el siglo XXI.

Muchas de las actitudes rebeldes o intransigentes apreciadas hoy en adolescentes tienen su reflejo en una infancia sobreprotegida, en la que los papás y mamás modernos se han sentido culpables por no prestarles suficiente atención, por pasar demasiado tiempo trabajando o no conseguir siempre lo mejor para ellos. Continuos remordimientos de conciencia que vuelcan sobre los niños con una dosis extra de atención y protección, poco recomendada para su crecimiento y normal desarrollo.
El filósofo y pedagogo español Gregorio Luri califica esta búsqueda incesante de la felicidad de los hijos por parte de los padres como un grave error. Afirma que «la vida es compleja, con incertidumbres y bastante azar» y critica que «se les oculte esta realidad a los niños con el fin de procurarles un tipo de felicidad que luego se vuelve en su contra».








viernes, 4 de octubre de 2019

El estado de salud de la salud mental: la 'hermana pobre' de la Sanidad.

El MUNDO

Cuando inició su residencia en Psiquiatría, allá en los primeros años 90, Juan José Jambrina, hoy director del área de Salud Mental de Avilés (Asturias), se encontró con un fenómeno que amenazaba con minar su vocación. "Las puertas giratorias", como él lo llamaba, provocaban una constante entrada y salida del hospital de pacientes para los que atención parecía quedar en un limbo.

"Eran casos graves, algunos habían estado en hospitales psiquiátricos hasta su cierre. Se trataban y recibían el alta. Pero a los pocos días volvían porque habían abandonado la medicación. Y así una y otra vez. Las familias estaban desesperadas", recuerda.
El cierre de los psiquiátricos "dejó fuera a los enfermos más graves", señala el director de Salud Mental de Avilés. "El modelo comunitario de atención se ha desarrollado de manera deficiente y desigual". Con la idea de cambiar esa situación, continuó formándose dentro y fuera de España hasta que, en 1999, tuvo la oportunidad de iniciar un proyecto piloto que haría cambiar esas tornas: el hospital no esperaría a los pacientes, sino que acudiría a ellos.

Así nació el denominado 'modelo Avilés', que en su vigésimo aniversario sigue utilizando como estandarte la frase "si tú no vienes, nosotros vamos".

El recorrido desde que se reconoce el problema y se acude al médico de atención primaria, hasta que se establece el abordaje terapéutico, es el siguiente: El médico de familia será el primero en valorar nuestra condición, y en muchos casos será también quien nos trate. - 2 de cada 3 pacientes con trastornos de ansiedad o depresión son tratados por el médico de familia -. La Atención Primaria soporta más del 50% de la carga asistencial de la salud mental. Cuando la enfermedad es más seria el enfermo se deriva al psiquiatra o al psicólogo de Atención Primaria y si éstos ven conveniente un ingreso ya serán el psiquiatra y el psicólogo de un hospital los que tratarán al enfermo, en régimen de Hospital de Día o de ingreso.

La reforma psiquiátrica que se produjo en 1986, y que supuso el cierre de los psiquiátricos, "dejó fuera a los enfermos más graves", señala Jambrina. "No planificó bien los recursos que iban a ser necesarios para mantener estables a enfermos crónicos, con problemas graves, como las psicosis. Y, aunque la teoría era apostar por un modelo comunitario de atención en salud mental, eso se ha desarrollado de manera deficiente y bastante desigual", denuncia.

"Hay una población muy vulnerable que necesita ayuda intensiva, algunos de ellos de por vida", comenta. Y es en esos casos, "los más complejos de los complejos", donde interviene el 'modelo Avilés' y los denominados equipos de tratamiento asertivo comunitario (ETAC).

A través de diferentes grupos, en los que trabajan psiquiatras, enfermeras y auxiliares sanitarios y trabajadores sociales, el modelo se encarga de trasladarse al entorno del paciente, facilitarle el acceso a los recursos, solventar dudas con la medicación, introducir pautas de intervención psicoeducativa, etc. "En muchos casos somos el único contacto social que tienen", señala este psiquiatra. Y sin ese hilo, aumentan exponencialmente las posibilidades de que esos enfermos -con problemas como la esquizofrenia, trastornos paranoides de la personalidad o trastorno bipolar- pierdan el contacto con el sistema y acaben en un ingreso forzoso, con todo lo que eso conlleva. "Lo que intentamos, en definitiva, es anticiparnos a los problemas y garantizar la continuidad de la asistencia", subraya.

Según las cifras que maneja Jambrina, el proyecto consigue reducir el número de ingresos de los pacientes entre un 63 y un 73% y reducir los días de internamiento en una proporción similar. De todas formas, el psiquiatra recuerda que los ETAC trabajan "en coordinación absoluta" con la Unidad de Agudos, el centro de día o la Unidad de Rehabilitación, entre otros recursos, para que "cada paciente reciba la intervención que necesita en cada momento".

"Esto no es una varita mágica. Sí, estabilizamos y resolvemos muchas situaciones, pero no damos la vuelta a todos los problemas, que son de una dureza y de una severidad muy importante. Sobre todo teniendo en cuenta que los recursos son limitados. Si se quiere apostar por el modelo comunitario, hace falta una inversión mucho mayor", reclama.

martes, 1 de octubre de 2019

¿Dificultad para dormir? - No deje que la apnea le robe sus dulces sueños

NIH (Intitutos Nacionales de la Salud, USA )  | Agosto 2017


La mayoría de las personas que tienen apnea del sueño no se dan cuenta. Eso es porque este trastorno solo ocurre durante el sueño.
La apnea del sueño son pausas en la respiración durante el sueño. Estas pausas pueden durar entre segundos y minutos. Es posible que tenga dificultad para respirar algunas veces o decenas de veces por hora.
Estas pausas en la respiración pueden ser peligrosas si causan que el nivel de oxígeno en el cuerpo disminuya o perturbe su sueño. Cuando el nivel de oxígeno disminuye, el cerebro hace todo lo posible para que usted continúe respirando. Por lo tanto, puede que ronque, jadee, bufe ruidosamente o produzca un sonido de asfixia. Puede que el primero en notar estas interrupciones en su sueño sea un familiar o compañero de cama.
La apnea del sueño es un trastorno común. Cualquiera puede padecerlo. "La apnea del sueño puede ocurrir en ambos géneros, en todas las razas y etnias, y en personas de todos los tamaños y formas", afirma el Dr. Michael Twery, experto en el sueño de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés).
El tipo más común de apnea del sueño es la apnea obstructiva del sueño. Todo aire que se escurra por una vía respiratoria bloqueada puede causar ronquidos fuertes. Cuando uno está despierto, los músculos de la garganta ayudan a mantener las vías respiratorias firmes y abiertas. En los adultos, es posible que los músculos de la garganta y de la lengua se relajen durante el sueño o que el tejido graso del cuello estreche las vías respiratorias y cause una obstrucción. En los niños, las vías respiratorias pueden bloquearse si las amígdalas son tan grandes que obstruyen la apertura de las vías respiratorias.
El otro tipo de apnea del sueño es la apnea central del sueño. En la apnea central del sueño, el cerebro no envía las señales correctas a los músculos de la respiración, por lo que la respiración se corta por períodos breves.
Entonces, ¿cómo saber si tiene este trastorno? Uno de los síntomas más comunes es la somnolencia excesiva durante el día. "Todo aquel que se sienta muy cansado de forma regular al punto de que esto sea un obstáculo para su función diurna, incluso si normalmente tiene tiempo para dormir lo suficiente y aun así se siente de esta manera, debe consultarlo con su médico", explica Twery.
Otro síntoma común es el ronquido abundante y frecuente. Pero, no todo aquel que ronca tiene apnea del sueño. Otros síntomas de la apnea del sueño pueden incluir sensación de irritabilidad o depresión, o cambios de humor. Es posible que tenga problemas de memoria o problemas para concentrarse. O bien, puede que despierte con dolor de cabeza o con la boca seca.
Su médico puede diagnosticar apnea del sueño según los síntomas que usted presente o a través de un examen físico y un estudio del sueño. Para realizar un estudio del sueño es posible que su médico lo envíe a un laboratorio de sueño o le proporcione un monitor de sueño portátil. Los estudios del sueño registran cosas como la frecuencia cardíaca y el nivel de oxígeno mientras duerme.
Un estudio del sueño puede mostrar si la apnea es leve o grave. "El mayor porcentaje de la población con apnea del sueño tiene apnea leve del sueño", explica Twery. "La apnea leve puede estar o no vinculada con algún síntoma diurno". Las personas que tienen tanto sueño que corren el riesgo de sufrir un accidente de tráfico debido al sueño probablemente se encuentren en un rango de moderado a grave.
Los médicos pueden prescribir dispositivos para la respiración que bombean el aire, o piezas bucales que ajustan la mandíbula inferior o que sujetan la lengua. Existen otros tratamientos disponibles que pueden ser considerados con el asesoramiento de un médico familiarizado con su estado de salud.
Todo el mundo merece una buena noche de sueño. Para obtener consejos de cuidado personal para respirar mejor mientras duerme, consulte la casilla de "Decisiones inteligentes". Si siente un sueño extremo durante el día o si su compañero de cama dice que usted deja de respirar cuando duerme, consulte a su médico.


viernes, 27 de septiembre de 2019

Más recursos y más información: claves en la prevención del suicidio


SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSIQUIATRÍA   |   10/09/2019
En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra hoy 10 de septiembre, el presidente de la SEP ha participado en un debate en el que se ha abogado por una información más responsable y por más recursos para luchar contra la que ya es la segunda causa de defunción de los jóvenes de entre 15 y 29 años.

La Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), con la colaboración de Muy Interesante, Marie Claire, Gaceta Médica y El Global y el apoyo de Janssen, han organizado un debate en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se ha celebrado hoy, 10 de septiembre.

En el mismo, además del presidente de la SEP, Julio Bobes, han participado Ana González-Pinto, presidenta de la SEPB; Carlos Mur de Viu, gerente del Hospital de Fuenlabrada; Itziar Ceballos, gerente de la Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Avifes); Rafael Casquero, miembro del Grupo de Salud Mental de Semergen; y Jesús Celada, director general de Políticas de Apoyo a la Discapacidad del Ministerio de Sanidad.

Durante el debate, los expertos han destacado la importancia de una buena información, responsable, con campañas de sensibilización desde las administraciones públicas y una evaluación periódica de las acciones que se realizan. Y es que los planes de prevención son fundamentales para afrontar lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera un grave problema de salud pública. Según sus últimos datos, alrededor de 800.000 personas fallecen por este motivo cada año, siendo ya la segunda causa de defunción entre los 15 y los 29 años.

Según ha explicado el presidente de la SEP, hasta 2005 España era un país con una tasa baja de mortalidad por suicidio (menos del 6%) pero en la actualidad ésta se sitúa en torno al 9%, con más de 3.600 personas fallecidas por este motivo en 2018. “No podemos continuar más años expectantes, hay que actuar – " ha asegurado Julio Bobes durante el debate, a la vez que ha recordado el compromiso de los Estados miembros de la OMS de reducir en un 10 por ciento las tasas nacionales de suicidios de cara al próximo año.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Cómo reconocer un ataque de ansiedad y qué hacer para superarlo

MARIAN BENITO    |    El País   |    03/09/2019

Son episodios agobiantes, pero pueden pasarse sin más. Lo grave es dejar que las crisis se cronifiquen.

Puede ocurrir en el metro, en un supermercado, en el teatro, en un concierto, en casa o en cualquier otro lugar. No hay ninguna amenaza a la vista, pero el corazón se acelera, la respiración se hace dificultosa y aumenta la sensación de falta de oxígeno. Súbitamente y sin razón alguna, uno se siente aterrorizado. Es el inicio de un ataque de ansiedad (o de pánico), un episodio que sufren dos de cada diez personas por lo menos una vez en su vida. No es fácil distinguir sus síntomas, pero es importante hacerlo porque ayuda a superarlo.

Siendo tan alto el porcentaje de personas que, como testigos o protagonistas, ha pasado por este trance, deberíamos estar más que familiarizados con los síntomas. Pero no es así, según el catedrático de Psicología Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). El experto describe los ataques de ansiedad como algo similar a una madeja a la que uno le ha perdido el hilo: confusión total. "El hecho de que irrumpa sin previo aviso ni motivo aparente dificulta más las cosas. Y como en ese ovillo, todo acaba en enredo. La dificultad para respirar crece, el pulso es aún más rápido y el paciente llega casi al desvanecimiento. Por momentos, incluso cree morirse", relata Cano. 

Es una sensación muy intensa pero breve. "Crece rápidamente -subraya Cano- y en diez minutos alcanza su máxima intensidad para después empezar a decrecer. Son minutos de espanto y, aunque las sensaciones son diferentes para cada persona, algunas señales son inequívocas. Hay taquicardia, sofocos, sudoraciónaumento de temperatura, hiperventilación, opresión o malestar torácico, entumecimiento, temblores y sensación de ahogo. Otros dos fenómenos habituales son despersonalización (sensación de estar fuera de uno mismo) y desrealización (creencia de que lo que ocurre no es real)". Algunos pacientes no reconocen ni siquiera su propia calle o a alguien familiar. Todo ello conduce a la pérdida total de control y de conocimiento, hasta el punto de pensar que la muerte es inminente. 

No todos los signos concurren en un mismo episodio, pero con que aparezcan algunos de ellos ya se puede confirmar que estamos ante un ataque de ansiedad. Generalmente, los cuatro primeros síntomas son palpitaciones, sensación de taquicardia, falta de aire y sudoración. El más común es el incremento cardíaco, por eso el médico deberá valorar si está ante un infarto de miocardio. En la población infantil, en la que los casos de ataque de pánico son muy aislados y puntuales, se presenta en forma de miedo intenso, aceleración del ritmo cardíaco, mareo y náuseas. Y conviene prestar especial atención a las personas mayores, pues el episodio comparte síntomas con otras enfermedades más comunes entre ellas. 

Independientemente de la edad, "es un estado que asusta mucho tanto a quien lo sufre como a quien lo presencia, pero la alarma lo que hace es incrementar aún más la vehemencia de esos síntomas. La inquietud se produce, sobre todo, por la falta de explicación. Alguien puede haber vivido ya taquicardias practicando deporte, por ejemplo, pero si aparecen en reposo y sin ningún esfuerzo físico, la reacción inmediata es pensar que le está sucediendo algo grave", dice el catedrático. 

¿Por qué perdemos el control? 

Un ataque de ansiedad es una de las manifestaciones más poderosas de la naturaleza de nuestro cerebro. "Esta reacción, que puede parecer desproporcionada e injustificada, es un anticipo del cerebro a algo que no va a pasar. El sistema de alerta falla y la situación se vuelve incontrolable porque el sistema nervioso autónomo se ha disparado y ha comunicado al cerebro que esto es la guerra. Este sistema controla las funciones involuntarias de las vísceras, como la frecuencia cardíaca, la salivación, la sudoración y la frecuencia respiratoria", explica el experto. Por eso uno entra en un bucle del que resulta muy difícil salir. "Aunque el individuo intenta respirar más despacio, es incapaz de lograrlo. Se produce una reactividad fisiológica similar al rubor: cuando uno teme ruborizarse porque sospecha que está siendo observado, el esfuerzo por evitarlo acaba generando aún más sonrojo. La pérdida de control es la esencia del pánico, y hay que transmitir al sistema nervioso la sensación de que el peligro no es tal. Si no, el cerebro emocional gana a los pensamientos racionales y aunque uno sepa que es inocuo, es difícil no asustarse". 

Pero Cano insiste en que, a pesar de que impresionan, no hay que inquietarse por estos episodios. El presidente de la SEAS hace hincapié en su principal desencadenante, el estrés (que cuando es moderado y se sabe gestionar puede servir de ayuda). "Aunque una crisis de ansiedad ocurra en un momento de calma, detrás suele haber una situación de estrés prolongado durante demasiado tiempo. No da la cara hasta que un día, inesperadamente, en la ducha o conduciendo aparece". Y no es el único factor de riesgo. El consumo de hachís, por ejemplo, incrementa un 14% el riesgo de ataque de pánico. Una sola calada aumenta la reactividad fisiológica y, por tanto, hace que el individuo responda a un estímulo con miedo intenso, sobresaltado y de forma exagerada. El tabaco, en general, aumenta la sensibilidad a la ansiedad y también influye ser mujer, seguramente debido a los cambios hormonales. De hecho, a menudo ellas lo sufren un día antes de la menstruación. 

Lo peor llega cuando desemboca en una situación patológica y recurrente, haciendo que el individuo se aísle, se bloquee y comprometa su salud física y mental. Es lo que se conoce como un trastorno de pánico, un diagnóstico que afecta a alrededor del 1% de la población y suele estar vinculado con otras patologías, como la agorafobia o la depresión. En él confluyen varias circunstancias: aparece al menos una vez al mes, crea un gran malestar clínico, es incapacitante y provoca aislamiento social. 

Los fármacos no resuelven nada  

El catedrático considera crucial que, una vez que hemos aprendido a detectar un ataque de ansiedad, seamos conscientes de que su duración y su evolución va a depender de cuánto tardemos en tomar el control. Su primer consejo es desviar la atención. "Lo más acertado sería actuar con prudencia y realismo, sin permitir que se agrande. En lugar de retroalimentar esos pensamientos de miedo, dirigirlos hacia otro asunto y tratar de hacer algo que permita no focalizar la atención en esas sensaciones negativas. Pensar en otra cosa, realizar alguna tarea, entablar una conversación sobre cualquier otro tema o intercambiar información con cualquier persona que se encuentre cerca. También ayudan las técnicas de relajación y de respiración, que enseñan a reducir la activación fisiológica y a soltar los músculos. Lo adecuado es entrenar estas habilidades para aprender a tomar el control cuando aparezcan señales de un nuevo ataque". 

La terapia cognitivo conductual está desplazando, cada vez más, a los fármacos usados para afrontar un ataque de ansiedad. A pesar de que España es el segundo consumidor europeo, los psicofármacos o tranquilizantes no resuelven el problema. No son eficaces, y menos teniendo en cuenta que su efecto llega 20 o 30 minutos después de ser ingeridos, ya que en media hora no queda ni rastro de la crisis. Esto quiere decir que llegan tarde. Además, transmiten una señal de seguridad errónea y crean adicción. Por si fuera poco, conducir bajo sus efectos incrementa un 60% la probabilidad de accidente de tráfico y un 50% el riesgo de caída y rotura de cadera. 

Frente a las consecuencias indeseables de los fármacos, Cano indica que con estrategias conductuales y cognitivas, la curación es del 70% después de siete sesiones. En ellas se identifican los patrones de pensamiento dañinos y se ofrecen diferentes pautas para aprender a normalizar la situación. Por su envergadura, el ataque de ansiedad es un asunto que interesa a la ciencia. Los investigadores de la Universidad de California en Davis y de la Universidad de Wisconsin Madison han descubierto recientemente una molécula que podría ser clave para el tratamiento y la prevención. Se trata de la neurotrofina 3, que estimula el crecimiento de las neuronas y sus conexiones. El hallazgo, publicado en la revista Biological Psychiatry, supone un nuevo enfoque para los trastornos de ansiedad y depresión, así como del abuso de sustancias. Dado su carácter debilitante, son causas de discapacidad muy frecuentes. La neurotrofina 3 es la primera molécula que se observa en un primate relacionada con la ansiedad, pero podría haber cientos más.