miércoles, 18 de diciembre de 2019

¿Generoso o dependiente?

Borja Vilaseca    |  El País   |  (Psicología)

Hay personas que se dedican compulsivamente a ayudar y resolver los problemas de los demás. Pero a veces esta actitud esconde otra cara.

Hay personas que se pasan la vida pensando más en los demás que en sí mismos. Personas extremadamente empáticas y solidarias, cuya vocación consiste en ayudar a otros. De hecho, muchos profesionalizan esta pulsión innata con la que nacieron, convirtiéndose en médicos, enfermeros, psicólogos, asistentes sociales o voluntarios al servicio de alguna causa humanitaria. En muchos casos, incluso dedican sus vacaciones a enrolarse en alguna ONG, atendiendo a los más pobres y desfavorecidos.

En su ámbito familiar y social, por ejemplo, suelen convertirse en la persona de referencia a la que el resto de amigos acuden cuando padecen algún contratiempo, problema o penuria. Son los primeros en ir al hospital cuando alguien que conocen acaba de ser operado, sufre una enfermedad o ha tenido un accidente. O en echar una mano cuando alguien se cambia de piso y necesita ayuda con la mudanza.

Todos ellos suelen tener como referentes a la madre Teresa de Calcuta o a Vicente Ferrer. Inspirados por su ejemplo, consideran que lo más importante en la vida es ser “buenas personas”. De ahí que por encima de todo se comprometan con la generosidad, el altruismo y el servicio a los demás. Sin embargo, este comportamiento aparentemente impecable puede albergar un lado oscuro. Tarde o temprano llega un punto en que su compulsión por ayudar les termina pasando factura.

Para ser generoso con uno mismo
Dentro de este “club de buenas personas” hay quienes dan desde la abundancia y quienes, por el contrario, lo hacen desde la escasez. Es decir, quienes dan por el placer de dar y quienes, por el contrario, lo hacen con la esperanza de recibir. Centrémonos en estos últimos, indagando acerca de lo que mueve realmente sus acciones.

Muchos de estos ayudadores se fuerzan a hacer el bien, siguiendo los dictados de una vocecilla que les recuerda que ocuparse de sí mismos, de sus propias necesidades, es “un acto egoísta”. No en vano están convencidos de que, para ser felices, la gente les ha de querer. Y de que, para que la gente les quiera y piense bien de ellos, han de ser buenas personas. Movidos por este tipo de creencias, suelen ofrecer compulsivamente su ayuda, atrayendo a su vida a personas necesitadas e incapaces de valerse por sí mismas.

Al posicionarse como salvadores, consideran que los demás no podrían sobrevivir ni prosperar sin su ayuda. De ahí que tiendan a interferir en los asuntos de sus conocidos, ofreciéndoles consejos aun cuando nadie les haya preguntado. Sin ser conscientes de ello, pecan de soberbia, posicionándose por encima de quienes ayudan, creyendo que saben mejor que ellos lo que necesitan. Paradójicamente, su orgullo les impide reconocer sus propias necesidades y pedir auxilio cuando lo requieren.

Detrás de su personalidad inclinada a agradar siempre, bondadosa y servicial se esconde una dolorosa herida: la falta de amor hacia sí mismos. Un sentimiento que buscan desesperadamente entre quienes ayudan, volviéndose individuos muy dependientes emocionalmente. Esta es la razón por la que con el tiempo aflora su oscuridad en forma de reproches, sintiéndose dolidos y tristes por no recibir afecto y agradecimiento a cambio de los servicios prestados. En algunos casos extremos terminan estallando agresivamente, echando en cara todo lo que han hecho por los demás. También utilizan el chantaje emocional, el victimismo o la manipulación para hacer sentir culpables a quienes han ayudado, esperando así obtener el amor que creen que merecen y necesitan para sentirse bien consigo mismos.

“Si das para recibir, es cuestión de tiempo que acabes echando en cara lo que has dado por no recibir lo que esperabas” - Erich Fromm.
El punto de inflexión de estos ayudadores compulsivos comienza el día que deciden adentrarse en un terreno tan desconocido como aterrador: la soledad y la introspección, poniendo su empatía al servicio de sus propias necesidades. Solo así superan su adicción y dependencia por el amor del prójimo, volviéndose mucho más autosuficientes emocionalmente. Solo así logran poner límites a su ayuda –sabiendo decir “no”–, sin sentirse culpables o egoístas por priorizarse a sí mismos cuando más lo necesiten.

Antes de volver a ayudar a alguien, puede ser interesante que se pregunten lo que les mueve a hacerlo, comprendiendo el patrón inconsciente que se oculta detrás de sus buenas intenciones. De este modo, dejarán de acumular sentimientos negativos hacia aquellos que no les devuelven los favores prestados. A su vez, también pueden recordarse que cada persona es capaz de asumir su propio destino, aprendiendo a resolver sus problemas por sí misma.

En este sentido, es fundamental que comprendan que nadie hace feliz a nadie, puesto que la felicidad se encuentra en el interior de cada ser humano. Lo cierto es que este bienestar interno es el motor del verdadero amor, desde el que las personas dan lo mejor de sí mismas sin esperar nada a cambio. En vez de comportarse como buenos samaritanos, su gran aprendizaje consiste en ser personas felices. Es entonces cuando comprenden que dar puede resultar la verdadera recompensa.


lunes, 16 de diciembre de 2019

Cada vez se lleva más a los hijos al psiquiatra para tratar comportamientos que han provocado los padres


LAURA PERAITA   |   ABC   |  03/07/2019

Según Alfred Sonnenfeld, doctor en Medicina y Teología, la sociedad está presionando a muchos progenitores, «por lo que es necesario volver a tener serenidad, intuición y sentido común»
En su último libro, «Educar para madurar»Alfred Sonnenfeld, doctor en Medicina y Teología, explica que cada niño es un microcosmos y que su educación no es una meta fácil puesto que no hay recetas preconcebidas que garanticen el éxito de manera infalible. Añade que, en este sentido, «sería un atentado contra el desenvolvimiento progresivo y sano del menor tratarlo a temprana edad como a un adulto, sin permitirle que recorra las etapas normales del desarrollo infantil».

¿Considera que se está acortando la infancia a los niños?
Efectivamente, es lo que está ocurriendo por parte de los padres. Pero no lo hacen de forma intencionada, es que no se dan cuenta de ello, y es lo grave. Los progenitores están abusando emocionalmente de sus hijos. Hace años, cuando los padres acudían al psiquiatra, lo hacían porque consideraban que el niño tenía un problema. Esto ha cambiado. Ahora van más niños porque, a pesar de que los padres se ocupan mucho más de ellos, la presión de la sociedad sobre los progenitores es tan grande que ejerce una gran influencia negativa sobre los hijos. Esta situación provoca que la psique del pequeño no se desarrolle y quede bloqueada emocional y sociológicamente. Es lo que se llama simbiosis y es un virus letal.
¿Por qué se bloquea su mente?
Porque los padres viven como en una rueda de hámster totalmente estresados por la dinámica de la sociedad y, sobre todo, por la hiperconectividad. No paran de recibir correos electrónicos, mensajes de whatsApp..., a los que se espera que se dé una contestación rápida, tanto de día como de noche. Todo ello genera situaciones de estrés que no son nada positivas y producen malestar en la familia. Lo positivo de esta enfermedad denominada simbiosis es que se puede curar de forma relativamente fácil.
¿De qué manera?
Yo le diría a las familias que se vayan ocho horas al bosque sin móvil y disfruten de la vida, de la naturaleza. Cada vez es más necesario. Urge la serenidad, la calma en la adversidad. Es necesario establecer prioridades, saber qué es esencial, darse cuenta de que hay cosas que no son tan relevantes y dar importancia al presente porque lo que no se haga hoy con los hijos tendrá efectos en su futuro.
¿Considera que las nuevas tecnologías son un gran problema?
Sí, estamos siendo arrollados por la revolución digital. Cada vez hay más evidencias de cómo el mundo digital está enfermando a las personas. Les está impidiendo una conversación normal, que ya se está convirtiendo en un producto de lujo. La gente casi no habla cara a cara y cuando lo hace, se menosprecia a las personas por mirar continuamente la pantalla del móvil. Todo esto tiene una influencia muy grande en los niños.
¿Qué tiene que ocurrir para cambiar la situación?
Hace falta serenidad, tener más sentido común y volver a la intuición. Estamos tan estresados y sometidos a tantas presiones externas que no sabemos reaccionar con paz. Todo ello también motiva que los padres quieran complacer por encima de todo a los hijos y no se dan cuenta de que para crecer bien los niños necesitan límites, puntos de orientación claros y referencias.
¿Por qué van ahora más los niños al psicólogo y psiquiatra?
Precisamente por esto que es lo que está en la base de todo. Su psique no se desarrolla bien, les falta esa normalidad de aceptar límites. No hay que olvidar que «yo me hago gracias al tú»; es decir, sin la ayuda de los padres el niño no es nada. Un niño para hablar tiene que ser hablado, necesita modelos, guías. Nuestro cerebro es relacional y social, y la felicidad depende también de las relaciones con otras personas, y eso se aprende en la familia. Si hay buenas relaciones en su hogar, ese niño saldrá fuerte para la vida, sabrá abordar los problemas. Pero cuando los padres tienen un estilo de vida problemático y estresante tendrá una influencia negativa sobre el sistema inmunológico del pequeño. Está demostrado que es así, que las defensas normales del cuerpo humano bajan y el cortisol aumenta y, en consecuencia, hay mayor estrés. Esto conlleva una serie de problemas considerables en el niño.
Al final, los padres llevan a los hijos al psiquiatra para tratar determinados comportamientos que, por lo general, los han provocado los padres por su manera de actuar, como consecuencia del estrés, por estar enganchados a las nuevas tecnologías, no ponerles límites... En definitiva, la educación de los hijos se les escapa de las manos. Y hay que decirlo con mucha insistencia. No se trata de echar la culpa a los padres, pero es que no se dan cuenta de que lo hacen mal y hay familias que son un verdadero sunami.
¿Cree que hay padres que no dicen «no» por temor e, incluso, miedo a las rabietas de los hijos?
Es así, y está mal, muy mal. No basta solo con decir no. El diálogo educativo es saber explicárselo. Lo que ocurre es que muchos padres no lo hacen porque tienen miedo a perder el cariño de los hijos. Y, por eso, están colonizando al niño. Le están concediendo todo. No le dejan crecer.
Y los padres, ¿son menos felices ahora?
Si tienen un hijo y no saben decir no ni tienen diálogo educativo y están todo el tiempo de rabietas, pues cualquier hijo les parecerá una carga enorme. ¡Cómo se van a plantear tener otro! Hay que tener dónde están los peligros en su educación y ellos no lo saben. Los padres están desbordados.
¿Qué pueden hacer para cambiar la situación?
Más que consejos, les haría exigencias. Los padres hoy saben de pedagogía, psicología, sociología... Ahora vengo yo y les digo que sepan de neurobiología, de cómo funciona el cerebro, que es lo que ocurre con su hijo cada vez que se actúa o dice algo... Si conocen algunas de las claves de la neurobiología tendrán más herramientas para ayudar mejor y con más seguridad a sus hijos.

viernes, 13 de diciembre de 2019

La violencia familiar como problema de salud pública

Miguel Gutiérrez Fraile -  Sociedad Española de Psiquiatría.

 La violencia familiar es un problema importante de salud pública y produce consecuencias muy negativas en todos los miembros de la familia y en el conjunto de la sociedad. Raro es el día que amanecemos sin alguna noticia luctuosa relacionada con la violencia familiar, en sus diferentes versiones, noticias casi siempre atroces. Es solo la punta del iceberg. El problema presenta una dimensión no imaginada. La familia es la unidad básica en nuestra sociedad y es la que provee de las necesidades fundamentales al individuo a lo largo de su desarrollo. Las familias con un buen equilibrio emocional y con mayor capacidad de resolución de problemas son las que menos padecen este fenómeno. La mayoría de las familias cumplen adecuadamente este objetivo, sin embargo llama la atención que un número considerable de las mismas no son capaces de crear o mantener un ambiente seguro debido a la violencia familiar que incluye agresiones físicas, sexuales o psicológicas entre o contra miembros de la familia. Empujones, bofetadas, patadas o el uso de armas o las agresiones sexuales, son formas claras de violencia.

El abandono, el ninguneo, la coacción, los comportamientos degradantes, o haber presenciado violencia en el marco familiar son otras formas más sutiles de violencia. La violencia familiar más frecuente es entre marido y mujer o entre padres e hijos y también contra las personas mayores. Los malos tratos pueden llegar a sufrirlos alrededor del 5 por ciento de los ancianos. Consisten en lesiones por acciones u omisiones que producen daño o malestar. Los malos tratos pueden ser: Psicológicos: gritos, insultos, amenazas. Físicos: golpes, abusos sexuales, etc. Materiales: robo, abuso de dinero o de sus propiedades. De derechos: ingresos en residencias, reclusión en lugares inapropiados, etc.

El abandono es otra situación que puede darse en los dementes y consiste en la falta de cobertura de las necesidades básicas por parte del cuidador o persona responsable del mismo. En general la violencia familiar no es un simple acto de agresión sino que más frecuentemente pone de manifiesto una forma de interactuar, una manera de relacionarse en la familia y ello explica la tendencia a transmitirse de generación en generación.

Un tercio de los niños que han sufrido violencia familiar generarán violencia en sus familias cuando sean adultos. Se aprende a ser violento cuando se es miembro de una familia violenta. Tremendo. Son muchos los factores que pueden influir en este fenómeno. Desde el punto de vista individual se han citado problemas psicopatológicos, abuso de drogas o alcohol, victimización previa, vulnerabilidad de la víctima y otros relacionados con la biología de los comportamientos agresivos.

Desde el punto de vista familiar, los patrones de interacción, los roles, las reglas alrededor de las que se organiza la estructura familiar pueden influir en la generación de violencia cuando hay abuso de poder que a menudo coincide con la naturaleza jerárquica de la familia y el papel tradicional del hombre como cabeza de familia.

También la marginación socioeconómica y el aislamiento geográfico son factores que influyen en la génesis de la violencia familiar. Podemos afirmar, en términos generales, que el sistema familiar siempre intenta regular las emociones y la conducta de sus miembros para mantenerse equilibrado, pero no siempre lo consigue y es en estas situaciones donde más fácilmente emerge la violencia familiar.

Desde el punto de vista social, la violencia familiar está determinada por factores estructurales (desigualdad hombre/mujer en nuestra cultura, pobreza, segregación racial o étnica y desintegración social) y por valores y normas que de alguna manera aceptan la violencia como forma de resolver problemas. A ello se suman factores de riesgo, casi siempre vinculados a factores estresantes y factores protectores entre los que el más importante es el equilibrio emocional, interactuando en una dinámica compleja de compensación/descompensación.

Bien, pero ¿qué se puede hacer?. Los esfuerzos para prevenir este problema, incluidos campañas de prensa, medidas legales, programas comunitarios dirigidos a la detección de casos o a la concienciación social del problema, no han dado los resultados apetecibles y no parece que la violencia familiar haya disminuido de una forma notoria, siempre hablando en términos generales y con el máximo respeto para los responsables de estas políticas.

¿Qué podemos aportar los médicos y los profesionales de la psiquiatría y la salud mental? Desde luego todos los profesionales hemos tenido la oportunidad de ver algún caso de violencia familiar en nuestras consultas, entre otras cosas porque la violencia familiar afecta más a las poblaciones clínicas que a las no clínicas, a las que van al médico que a las que no lo necesitan. Quizás debiéramos plantearnos la elaboración sistemática de procedimientos de detección de problemas de violencia familiar.

Ya ha habido iniciativas en este sentido en algunos ámbitos, aunque muy centradas en la violencia de género. La violencia familiar no es exclusivamente un problema de violencia de género y tampoco es únicamente un problema policial o legal. Los profesionales de la seguridad ciudadana o de la justicia no reciben formación para dirigir estrategias de prevención de la violencia familiar. La violencia familiar es un problema de salud pública a cuya disminución deben contribuir los médicos de atención primaria y más específicamente los profesionales de la salud mental. Por su privilegiada situación para detectar los problemas pueden y deben proporcionar soporte emocional y tratamiento a las víctimas. Y ello debe hacerse de forma reglada y en el sistema sanitario público.

Miguel Gutiérrez Fraile - Catedrático de Psiquiatría - Universidad del País Vasco.


martes, 10 de diciembre de 2019

El dolor psíquico y la desesperanza que lleva el suicidio se pueden evitar con información

SONIA MENCIA    |   ABC   |   10/10/2019

El número de suicidios adolescentes en España se ha multiplicado por tres en el último año, mientras que la tasa de enfermedades mentales se mantiene los casos de suicidio sigue aumentando. Estamos un punto de inflexión en el que la sociedad ha decidido quitarle el estigma y el tabú al suicidio y se ha decidido informar correctamente como medida de prevención
Cada 40 segundos una persona se suicida y por cada suicidio se registran 20 intentos fallidos de quitarse la vida, con el riesgo además de que estas personas vuelvan a intentarlo.
En España, se suicidan 10 personas cada día, lo que supone más del doble de muertes que los accidentes de tráfico, 13 veces más que los homicidios y 67 veces más que la violencia de género. Además, es ya la primera causa absoluta de muerte entre hombres de 15 a 29 años y la segunda, después de los tumores, en mujeres de esas edades. El mayor número de suicidios en ambos sexos se produce entre los 40 y los 49 años, si bien el riesgo aumenta con la edad, sobre todo en varones. Sin olvidarnos de los menores de 18 años, 300, que se suicidaron el año pasado en España.

Expertos reunidos en la jornada Suicidio en los medios: el debate pendiente con motivo de la conmemoración hoy 10 de octubre del Día Mundial de la Salud Mental dedicado este año a la prevención del suicidio, han planteado la necesidad de que los medios de comunicación aborden este tema dentro de sus informaciones, pero evitando detalles sensacionalistas como el modo de suicidio, e incorporando a sus textos historias sobre personas que han logrado superar un intento suicida y han superado la enfermedad.

En el encuentro, organizado por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) con la ayuda de Janssen, el doctor Víctor Aparicio Basauri, exasesor de Salud Mental de la Organización Mundial de Salud (OMS), ha advertido de que, en cualquier caso, estas cifras están subestimadas. «En España, hay siete suicidios por cada 100.000 habitantes, según las estadísticas oficiales. Sin embargo, algunos estudios avanzan que esta cifra podría estar cercana a 10 por cada 100.000», ha añadido”.

José Carlos Soto, superviviente de suicidio y padre de niña que se había suicidado, descubrió después de lo que le pasó a su hija que en su mismo colegio había habido 6 casos en 6 años anteriormente, «en el colegio se había silenciado, pero eso no ayudó, al contrario, nosotros necesitábamos más información y no la encontrábamos»
Entre otros aspectos, Aparicio ha explicado que las estadísticas oficiales están viciadas por el envejecimiento, ya que las cifras son más altas en aquellas regiones con mayor esperanza de vida, como Asturias y Galicia con los índices de suicidio más altos de España. «Sería bueno que esas tasas se ajustaran por envejecimiento, ya que nos daría una versión más cercana de lo que está ocurriendo. De esta manera, sólo se genera más confusión relacionando el suicidio con una posible eutanasia», ha lamentado.

El experto también ha desmentido, por ejemplo, la idea de que los suicidios son cosa de los países nórdicos. Es algo totalmente falso. Están en unas cifras de 12 por cada 100.000 habitantes, muy cercanas a las nuestras. Existen falsas creencias e ideas como que la falta de luz les lleva al suicidio, ha criticado sobre algunos de los detalles que se recogen en las informaciones periodísticas al tratar el suicidio. Son los países Bálticos los de las tasas más altas pero no sólo por la falta de luz.

Por su parte, la directora general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, Pilar Aparicio, ha asegurado que los medios «pueden hacer mucho para romper el estigma y el silencio en torno a este tema, y ha insistido en que para las personas en situación complicada puede ser «importante» tener acceso a historias de gente similar que ha pasado por su situación y acabar con el estigma.

«Es bueno hablar de suicidio, claramente sí. Pero siempre con información responsable y no sensacionalista, especialmente en personas de relevancia. También es importante plasmar que hay una salida a esta situación, así como no dar detalles de cómo se ha cometido el suicidio. Hay que adoptar un enfoque de casos positivos que han superado la situación», ha abogado Aparicio, quien ha apuntado que la puesta en marcha a nivel estatal de un teléfono gratuito contra el suicidio, similar al 016 en violencia de género, se está estudiando desde el Ministerio, aunque han reconocido que es complejo.

En este sentido, el coordinador del Servicio de Información de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid, Javier Ayuso, también ha incidido en que "no todos los suicidios son noticias". «La labor de los medios no es formar, sino informar. Si queremos que cuenten las medidas para evitar los suicidios y formar a la población, tenemos que ser las administraciones quienes les demos los recursos para hacerlo. Tenemos que ser fuentes fiables », ha reflexionado.

En torno a este debate, el vocal de la sección de Sanidad del Consejo Asesor de Sanidad del Ministerio, José Luis Pedreira Massa, ha afirmado que «no es función de los medios prevenir» los suicidios, pero ha puntualizado que «determinadas informaciones pueden desencadenar o prevenir el acto suicida. Es necesario un cambio, dejar de hablar de causas y hablar de factores y eliminar el porque y añadir el para que», añade «Por ejemplo, pueden comunicar que las estadísticas no lo dicen todo, o hacer la comparación con violencia de género o tráfico, que resulta efectiva», ha reclamado. Por otra propone la unión de periodistas y médicos para trabajar en estrategias de prevención, como se hizo en concreto con casos como los del Síndróme Tóxico.
Ayuso ha mantenido que «para atajar el problema del suicidio, hay que visibilizarlo». «No se puede tratar como un suceso más. No se puede contar el cómo y demás circunstancias escabrosas. Sí que es recomendable la publicación de estadísticas o reportajes con familiares o personas que han salido del túnel», ha defendido.

Para el secretario general de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB)Guillermo Lahera, jornadas como ésta donde se aborda el papel de los medios en las conductas suicidas demuestran que la sociedad se encuentra «en un punto de inflexión». «Estamos empezando a abordar el tema con seriedad», ha celebrado, proponiendo que las informaciones periodísticas empaticen con el fallecido, las familias y las poblaciones vulnerables con riesgo de suicidio.

En este sentido el también vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría apunta en un artículo de opinión que el suicidio «puede prevenirse, pero es necesaria una estrategia nacional multisectorial integral» y a día de hoy se aprecian grandes diferencias entre distintas comunidades autónomas acerca de la intensidad y el tipo de programas aplicados.

Reivindica así programas de prevención en el medio escolar y laboral, en el papel de la atención primaria o en la puesta en marcha de programas específicos dentro de los servicios de salud mental, unas iniciativas necesarias porque cuentan ya con evidencia científica sobre su efectividad ya que se han puesto en marcha en otros países o comunidades.
Considera sin embargo que esto no es suficiente cuando los datos indican que la prevalencia de enfermedades mentales se mantiene relativamente estable pero aumentan las conductas suicidas, a su juicio no solo por el sufrimiento de una enfermedad mental sino también porque la decisión final se toma desde la desesperanza y muchas veces desde la rabia, con frecuencia potenciados por el empleo de alcohol y otras sustancias.

viernes, 6 de diciembre de 2019

El valor de un empresario que contrata a un joven con 'Asperger'

Silvia Lucchetti   |   Aleteia   |   01/11/2019
Una mamá cuenta con el corazón lleno de gratitud y orgullo la historia de su hijo y la generosidad de su empleador que, ante los obstáculos burocráticos, decidió contratarlo con un contrato indefinido, renunciando a las desgravaciones fiscales establecidas para las categorías protegidas
En el Corriere Buone Notizie una mamá, Nadia Basso, cuenta llena de gratitud y orgullo la historia de su hijo Emanuele, y es realmente una hermosa historia que vale la pena compartir.
Los protagonistas son precisamente su hijo, un joven con asperger y su empleador, “un emprendedor rock”, así lo define la señora Nadia, porque “tuvo el valor de apostar por una persona “especial”.
Emanuele y la experiencia de la pasantía: ¡cuántas mejoras!
Emanuele, tras haber terminado la secundaria sin profesores de apoyo y en la casi total soledad, hasta el punto que afirma “Nadie ha jugado conmigo nunca” (Corriere), es incluido en las listas de empleo específicas y en marzo de 2017 empieza una pasantía en una empresa que ensambla lámparas led en la provincia de Padua, cuyo propietario es Luca Pellegrino.
Cuenta la mamá que la experiencia laboral representa para Emanuele una verdadera y propia terapia psicológica, un motor poderoso capaz de implementar un cambio importante y valioso en la vida del chico que tiene dificultades, como suele suceder en las personas con síndrome de Asperger, precisamente en las relaciones con los demás y en el manejo de la novedad.
La primera buena noticia: el contrato temporal
El joven en la empresa se ocupa de controlar el material que llega y hacer pequeños ensamblajes y a pesar de que no es muy veloz es muy preciso, cuida sus tareas y es confiable. Después de la pasantía llega la primera bella noticia: Emanuele es contratado con un contrato temporal.
Más tarde el señor Pellegrino cambia su actividad a la provincia de Treviso y además de volver a contratar a 30 empleados tiene la intención de llevar a Emanuele a la nueva sede. ¡Piensa qué satisfacción para el joven y toda su familia! Pero desgraciadamente, como cuenta la señora Basso, se presenta un obstáculo: la burocracia.
Los tropiezos de la burocracia
El centro para el empleo de Trevisto no emite el permiso, en cambio pide que una comisión reexamine las capacidades laborales de Emanuele. Y no importa si el dueño lo conoce y quiere contratarlo precisamente él. El asistente social que lo ha seguido durante la pasantía propone redactar una relación sobre el recorrido y los objetivos alcanzados. Nada qué hacer. No lo quieren. Están cumpliendo con las normas obligatorias y no necesitan menos de 4 meses para el informe de evaluación final (Corriere).
La inactividad hace retroceder a Emanuele
Así empieza para Emanuele un periodo difícil de inactividad, en donde el joven…
Retrocede, sacude las manos continuamente, camina adelante y atrás en la cocina de manera obsesiva, no sale de casa, duerme poco (Ibidem).
La sociedad Fabbian busca de todos los modos posibles resolver la situación pero cualquier intento es en vano…
Hasta que el dueño decide ir al grano y contratarlo como “normotípico”, renunciando a la degravación fiscal. Es el 21 de enero de 2019. El Instituto Nacional de Seguridad Social convalida las capacidades laborales de Emanuel y mi hijo fue contratado con contrato indefinido.
Donde no llega la burocracia llega el corazón de un emprendedor
Un gesto generoso y valiente, realmente contracorriente. Una elección que alegra el corazón de todos y que sobre todo revoluciona la vida de Emanuele, que hoy está menos encerrado, más autónomo y sobre todo sonriente.
Donde la burocracia se ha ralentizado… el corazón de un emprendedor ha llegado rápidamente, que ciertamente sabe que la riqueza más grande para una empresa es no dejar atrás a nadie.
Aquí está mi y nuestras buenas noticias. La experiencia laboral de estos dos años le ha dado confianza, autoestima, hoy habla mucho más, lee Il Corriere todos los días, lo comenta con colegas (…), cuando tenemos amigos, no se encierra en su habitación. Ha empezado a salir solo de casa. Entra en los bares del pueblo para tomar un café solo. Asiste al gimnasio seguido de un fisioterapeuta. Ha comenzado un curso de inglés (nivel avanzado) y es el mejor de la clase. Y él sonríe, ¡Emanuele sonríe! ¡Nada de esto es obvio para un niño autista! (Corriere).


lunes, 2 de diciembre de 2019

La heroína digital está creando una generación de jóvenes zombis

LAURA PERALTA   |   ABC   |   15/10/2019

Andrés M. Joison, psicólogo, apunta que las «orejeras digitales» reducen el campo visual, la perspectiva y el movimiento necesario para el desarrollo de la identidad del niño de manera saludable.

El psicólogo Andrés M. Joison acaba de publicar el libro «Navegar en el inconsciente, la creatividad en la terapia de adicciones», —cuyo prólogo ha escrito el nieto sobrino de Sigmund Freud, Joseph Knobel Freud— en el que propone un innovador enfoque en la curación de las adicciones mediante la construcción de una nueva identidad en la persona afectada, así como en el desarrollo de la creatividad.

Asegura que en su consulta recibe a numerosos familias con jóvenes adictos a las tecnologías. No duda al afirmar que es un grave error ofrecer a los niños, desde muy pequeños, estos dispositivos para que estén entretenidos, callados y no molesten. «Los padres no son conscientes de los graves riesgos que supone esta decisión en un cerebro infantil en pleno desarrollo. La heroína digital, o adicciones a las nuevas tecnologías, está destrozando una generación entera de jóvenes y adolescentes. Está creando una generación de zombis».

Explica que el uso excesivo de pantallas produce el «síndrome del astronauta», en el que la persona pierde las coordenadas temporales y espaciales, siente que flota perdiendo su sentido de orientación y produciéndose olvidos que comprometen el contacto con sus afectos y afectando su capacidad de imaginación. «Es lo que denomino como "orejeras tecnológicas" que comprometen e involucran una acotación de la perspectiva y de la visión horizontal por una permanente fijación del campo visual y del movimiento de la cabeza restringiendo la capacidad natural de exploración. El movimiento arriba-abajo del espacio reducido de la pantalla produce una adaptación artificial del espacio y del movimiento horizontal. De ahí que se produzca la verticalización del cerebro y de la identidad. Todo esto limita la capacidad natural de exploración del mundo real, reduce el espacio íntimo de la persona e impide que se desarrolle de forma amplia».

Añade que la saturación de imágenes a través de la pantalla «destruyen la creatividad en la infancia, perjudica el desarrollo cognitivo y afectivo del niño, así como su evolución personal porque se crea en el sujeto un vacío de identidad».
Explica que juegos como “el famoso Fornite produce en el niño el mismo impacto que la heroína”. «Cuando el pequeño juega se siente feliz, piensa que todo es maravilloso, se sumerge en él y solo se siente bien mirando la pantalla y participando en el juego. Pero, en realidad, lo que consigue tras horas de juego es quedarse fuera de la realidad, en un entorno difuso. El niño querrá jugar más para sentirse mejor, ganar en seguridad y confianza y, de esa manera, siente que existe. Sus recursos como persona en desarrollo se limitan», matiza.
El problema es que si el niño no accede al juego entra en cólera. «Las rabietas son cada vez mayores y los padres tienden finalmente, y cada vez a mayor velocidad, a darle su "chupete tecnológico". Resultado: se agrava el problema».
En cualquier caso, no recomienda quitar los dispositivos tecnológicos radicalmente «porque puede producir un efecto adverso en el menor. Es mucho más conveniente que el niño se dé cuenta y tome conciencia de lo limitado que está en su vida por estar tantas horas enganchado a vídeojuegos o a las posibilidades de las redes sociales, para que pueda ganar en confianza y lanzarse con seguridad a querer un cambio en su vida. «Se trata de lograr un cambio de actitud. Por ello, es mejor que lo deje paulatinamente y sea consciente de ese cambio, de que deja algo que le atrapa y que, sin ello, es más consciente del afecto, de una mirada de sus padres.... Prohibir su uso llama al deseo y, por ello, no es la fórmula más sensata».
Insiste en que es recomendable contar con apoyo profesional que ayude en este proceso para generar un cambio de actitud. En su caso, trabaja con el inconsciente de manera que la persona recupera sus sueños, la creatividad, se conoce más a sí mismo y es más consciente de su presente para trabajar en el futuro en base a su identidad.

martes, 26 de noviembre de 2019

La depresión otoñal existe y estás triste por esto...


MELISA GONZÁLEZ  |   ABC    |   08/11/2019

Las bajas temperaturas afectan especialmente a mujeres, jóvenes y a los países que viven lejos del ecuador.

La vuelta a la rutina no fue la principal razón que hizo que tuvieras los ánimos por los suelos. La llegada del otoño es otro de los factores principales que afectan fundamentalmente a mujeres, jóvenes y personas alejadas del ecuador. El Trastorno Afectivo Estacional existe y suele aparecer con la llegada del otoño e irse con el final del invierno, presentándose los meses de más frío. Conocido inicialmente como «winter blues», actualmente ha sido descrito como una entidad diagnóstica propia en la última clasificación de enfermedades mentales. ¿Qué ocurre cuando sufres esta depresión? El Dr. Fernández, especialista en psiquiatría, afirma que los primeros síntomas aparecen con la reducción de la energía y haciéndote sentir de mal humor.

¿Cómo se presenta el TAE?

El trastorno afectivo estacional se presenta como alteraciones del humor similares a las que se producen en la depresión (tristeza, irritabilidad, anhedonia, dificultades en la concentración...) que se inician normalmente en otoño-invierno y se resuelven con la llegada de la primavera. «Una característica propia de este trastorno es que suele incluir lo que denominamos síntomas atípicos de la depresión: aumento del apetito (predominando los carbohidratos), hipersomnia y aumento de peso. Lo que marca la diferencia con otros trastornos no es la forma de presentación, sino el tiempo de presentación.

¿Qué fenómenos internos se dan?

«La principal teoría habla de una alteración de la melatonina. Esta hormona se relaciona con las horas de luz mediante receptores que provienen directamente de la retina y estimulándose ante la falta de luz. La alteración o incremento en la secreción de esta hormona es el origen de los síntomas del TAE, por lo que para combatirlo es necesario plantear un tratamiento de fototerapia, que consiste en poner luz en la vida del afectado», comenta el especialista.
Sin embargo, este no es el único síntoma. El Dr. Fernández diferencia otro fenómeno que hace que exista este trastorno. «También se habla de una depleción (disminución de la cantidad de líquido contenido en el organismo o en un órgano) de serotonina y triptófano (el aminoácido con el que se fabrica la serotonina), marcada por un patrón estacional, siendo la serotonina un neurotransmisor implicado en la mayor parte de los trastornos depresivos. Esta teoría explicaría la mayor apetencia por carbohidratos y las alteraciones consecuentes del peso que suelen sufrir las personas con esta depresión. Esta hormona es la precursora que usa la glándula pineal para sintetizar la melatonina», cuenta el psiquiatra.

¿Qué papel tienen la melatonina y las horas de luz?

«La melatonina es una hormona que se está estudiando en numerosas enfermedades, desde los trastornos del espectro autista hasta la enfermedad de Parkinson», comenta el Dr. Fernández. Esta hormona, que se relaciona directamente con las horas de luz a lo largo del día, parece jugar un papel fundamental en este trastorno que, como es de esperar, es más frecuente en países nórdicos, donde las horas de luz pueden limitarse incluso a 6 horas al día, hasta el punto que se está usando iluminación artificial para simular un amanecer que engañe al cerebro. Pero la escasez de luz no afecta solo a estos países: la distribución geográfica de esta enfermedad no sólo depende de la cantidad de luz, sino de otros factores como la polución, la nubosidad o la escasez de luz debido a la construcción en las grandes ciudades podrían también aumentar la incidencia de este trastorno. A este punto, el doctor resalta: «algunos estudios incluso han tenido en cuenta, al distribuir por edades, que los ancianos institucionalizados suelen estar expuestos a menores niveles de luz por las características propias de las residencias y por salir menos a la calle», sentencia.

¿Se diferencia de la astenia?

A diferencia del TAE, la astenia no es una enfermedad. La astenia es un cuadro no patológico que aparece fundamentalmente en primavera. «Probablemente los mecanismos que producen la astenia y los del TAE pueden ser los mismos: los cambios de estación a través de la melatonina. No obstante, cuando hay un cuadro patológico detrás, como es el caso del Trastorno Afectivo Estacional, afecta de una forma más grave», finaliza el doctor Fernández.