martes, 1 de diciembre de 2020

La relación entre las emociones y los sentimientos


MARCELO R. CEBERIO     |    La Mente es Maravillosa   |   29/07/2020

Emociones y sentimientos parecen ir siempre de la mano, ¿pero realmente es así? ¿Qué matices solemos dejar por fuera al pensar en ellos?

La relación entre emociones y sentimientos ha sido estudiada en muchas ocasiones y por ello hoy en día se ha podido realizar todo tipo de contrastes de ideas. Lo más interesante es que esta relación siempre termina con una coma, no con punto final, pues aún queda mucho por descubrir.

Tanto emociones como sentimientos se sistematizan en el tiempo y le otorgan una identidad emocional a cada persona. Cuando un problema persiste en la vida de una persona, además de la automatización de procesos de pensamiento, el mundo emocional emergente constituye un patrón que se sistematiza y tiende a formar parte de un estilo de personalidad.

Ese tono emocional que caracteriza a la persona, se sistematiza en relaciones y formas de interacción. También se imprime en el rostro y los gestos estereotipados y posee un correlato neuroquímico.

Esas actitudes emocionales producen funciones en los sistemas. Así, a alguien que es chistoso y dicharachero, el día que aparece serio y reflexivo, su entorno lo cuestionará suponiendo que algo le está sucediendo. De igual modo, alguien que siempre se presenta malhumorado, el día que esboza una sonrisa, causa asombro en su entorno.

Todo esto quiere decir que el tinte emocional que presentamos a los demás genera funciones en nuestros sistemas de interacción. 

El sentimiento es una demostración de conciencia

Antonio Damasio señala que un sentimiento es la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar.

También afirma que para tener sentimientos se requiere de un sistema nervioso que sea capaz de cartografiar –es decir, realizar un mapeo– de los estados corporales en patrones neurales y transformarlos en representaciones mentales. En concreto: las representaciones mentales requieren de conciencia.

El cerebro humano es el que genera los mismos estados corporales que luego son evocados frente a los diversos objetos. También construye el estado corporal emocional concreto para generar el sentimiento correspondiente.

Si bien la relación entre sentimiento y conciencia no es directa ni sencilla, parece difícil sentir sin tener conciencia de ello.

Cuando sentimos, nos percibimos como YO

Sentimos porque existen patrones de actividad en regiones del cerebro que sienten el cuerpo, regiones que por ello, por sentir el cuerpo, permiten que nos sintamos y comencemos a percibirnos como YO. Sin cuerpo, no habría YO, tampoco conciencia, ni emociones ni sentimientos. 

Richard Lazarus, sugiere subordinar los sentimientos en el marco de las emociones, puesto que entiende que estas son más abarcativas. Por ende, define el sentimiento como el componente subjetivo o cognitivo de las emociones, es decir la experiencia subjetiva de estas.

Según Lazarus, cuando tomamos conciencia de las sensaciones (o alteraciones) del cuerpo al recibir ese estímulo, la emoción se convierte en sentimiento. Es decir, en el momento que notamos que el organismo sufre una alteración –y somos conscientes de ello– ponemos nombre a lo que estamos sintiendo (la emoción) con una etiqueta o sello específico.

Aún así, los sentimientos pueden persistir en ausencia de estímulos externos cuando son generados por nosotros mismos.

El tiempo, un factor clave de distinción

Una de las diferencias más marcadas entre emociones y sentimientos radica en el tiempo. Como decíamos al inicio, las emociones son abruptas; irrumpen, muchas de ellas, intempestivamente, como la ira, la sorpresa o el miedo. Son automáticas y aunque en algunos casos se pueden regular, no siempre tenemos conciencia de ellas cuando se detonan.

Mientras que los sentimientos se desarrollan en la interacción y resultan de mayor persistencia que las emociones, ya que se producen como resultado del vínculo y el vínculo no es una simple interacción sino que conlleva una relación no fortuita. 

Las emociones son primitivas porque básicamente no involucran procesos cognitivos. Es decir, uno no piensa en emocionarse, sino que lo hace directa y súbitamente. En cambio, los sentimientos sí se asocian a elementos de pensamiento y se instauran a través de tiempo.

Damasio señala que, evolutivamente, las emociones son más primitivas que los sentimientos puesto que los mecanismos cerebrales que fundamentan las reacciones emocionales se formaron antes que los que sostienen a los sentimientos. 

Las emociones básicas cumplen una función en los sistemas: aseguran la supervivencia y colaboran con el organismo en pos de su defensa en el intento de asegurar la vida. En síntesis, son reguladoras de la función vital y facilitan las relaciones sociales y la estabilidad.

Describe dos emociones básicas como la alegría y la tristeza que rigen la autorregulación vital. Ciertos mapas configurados de una determinada manera son la base del estado mental que denominamos alegría, diversión, placer, motivación, entre otros, son la base por antagonismo para el estado mental que denominamos tristeza o pena, angustia, o dolor.

El mandato biológico de sobrevivir

Los mapas asociados a la alegría o la felicidad implican bienestar y son más relevantes para la supervivencia porque son sucedáneos de otras emociones. Además, significan estados de equilibrio para el organismo. Estos estados de alegría son motivadores, y permiten el desarrollo social y una mayor capacidad para actuar. Por ello, alguien que sintió miedo y superó una situación difícil, se siente feliz.

En cambio, los mapas relacionados con la tristeza corresponden a desequilibrios funcionales del organismo y pueden resultar invalidantes. En el caso del dolor, los síntomas de enfermedad indican un desequilibrio de las funciones vitales que, de no resolverse, es de mal pronóstico: la situación puede evolucionar hacia la enfermedad y la muerte.

Los sentimientos pueden ser sensores mentales del interior del organismo, expresiones mentales de equilibrio o desequilibrio interno, como indica Antonio Damasio.

Implícitamente, el mandato biológico consiste en sobrevivir y hacer de la experiencia de supervivencia una situación placentera en lugar de la dolorosa. La condición de regulación de la vida se expresa en forma de afectos (alegría-tristeza) y la felicidad como bien consiste en librarse de las emociones negativas. Con este objetivo de sobrevivir, a lo largo de la evolución se desarrolló un mecanismo que permite reaccionar y decidir de inmediato para actuar rápidamente.

En esas situaciones no hay tiempo suficiente para planear o pensar conscientemente y luego decidir. Exigen una reacción “automática-lista”. El tiempo que el pensamiento racional requiere para analizar las posibilidades de actuación, en muchos casos disminuye la probabilidad de supervivencia, puesto que reduce la posibilidad de decidir y actuar rápidamente.

Siempre hay excepciones

Frente a una situación inesperada de peligro inminente es la amígdala cerebral la que reacciona. Esto es porque es nuestra alarma personal. Ante el peligro, dialoga con la memoria (el hipocampo) al rescate de información y la analiza con el prefrontal (que es el centro del análisis racional y lógico), entre otras funciones. Este proceso se produce para protegernos y hasta nos puede salvar la vida.

Pero Joseph LeDoux descubre un circuito que consiste en un atajo de la amígdala en estas situaciones que obvia el diálogo con los otros interlocutores y gana segundos y milisegundos en la reacción, y eso en situaciones extremas es importante.

Es la viejecita que está en el banco y cuando entran ladrones, ella le golpea con su cartera al arma de uno de ellos y así la policía entra en acción y los reduce rápidamente, evitando así el robo. Luego, la heroína no entiende que sucedió y confusa dice: ¡¡¿Qué paso, qué paso?!! En este tipo de proceso, no hay consciencia.

LeDoux describe el circuito rápido amigdalino a partir de la situación peligrosa y habla de disparadores emocionales, que posibilitan la detección y reacción apropiadas.

Por su parte, Ekman dice que existe un banco de datos de alerta emocional que se acciona por medio de una red neuronal en los grupos humanos en todas las culturas. El cuerpo manifiesta de manera diferente cada una de las emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco) por medio de indicadores musculares específicos y distintos para cada tipo de emoción básica.

Disparadores y alertas emocionales

Como comentábamos anteriormente, la relación entre emociones, conciencia y sentimientos no es sencilla. Sin embargo, gracias a las distintas investigaciones hemos podido realizar contrastes de ideas muy interesantes. Ahora bien, hay que tener claro siempre dos cosas:

·        El cerebro monitorea continuamente los cambios en el cuerpo.

·        El cuerpo siente la emoción al mismo tiempo que la experimenta.

En conclusión, los seres humanos poseemos un complejo repertorio de mecanismos de regulación para la supervivencia, que pueden clasificarse como automáticos o no automáticos. Los primeros incluyen a las emociones y los sentimientos que originan, y son el fundamento de un repertorio de conductas orientadas a la supervivencia: éticas, compasivas, colaborativas, etc.

Dentro de los mecanismos no automáticos tendría que ser posible incluir a ciertas instituciones humanas cuyas normas y afirmaciones deberían ser extensiones de los modos de regulación vital y de las estrategias de autorregulación y autopreservación: escuelas, instituciones científicas, lugares de trabajo, de esparcimiento, familias, etc.

El problema es que, con frecuencia, los dispositivos no automáticos parecen entrar en conflicto con los automáticos. Así, vivimos en instituciones sociales regidas por mecanismos de competencia, lucha, agresión, poder, miedo, no cooperación, negación del otro, etc., que van en contra de nuestra base emocional para la supervivencia: cooperación, asociación y amor… ¡Vaya paradoja!

lunes, 30 de noviembre de 2020

Solo un tercio de las noticias sobre depresión tiene un tono positivo

 

REDACCIÓN    |     Barcelona     |     La Vanguardia     |     19/11/2020        

(EFE).- Solo un tercio de las noticias sobre depresión en Cataluña tienen un tono positivo, según ha concluido el informe presentado por la organización en defensa de la salud mental Obertament, sobre el tratamiento de la ansiedad y la depresión en los medios de comunicación catalanes.

Ariadna Rogero, responsable del informe, asegura que "los medios no solamente deben informar sobre la salud mental, también deben ofrecer un contexto para entender la naturaleza de la depresión".

Según el estudio, el 74,3 % de los artículos analizados contenían información sobre las causas de la depresión o la ansiedad, y el 67,7 % sobre el tratamiento y la recuperación.

Sin embargo, el 45,8 % del contenido analizado, casi la mitad, asocia la enfermedad a la peligrosidad, mientras que solo un tercio, el 34,7 %, se centra en la acción positiva.

En esta franja en la que se asocia la ansiedad y la depresión a la peligrosidad, mayoritariamente se vincula al suicidio, a la victimización de un delito o al abuso de drogas y alcohol, pero no se muestra a la persona afectada como peligrosa para el resto, aunque sí para ella misma.

Desde Obertament, señalan la responsabilidad de los medios de comunicación en la reducción del estigma asociado a la depresión y la ansiedad como la mejor forma de promover su recuperación, algo que solo observan en una de cada cinco noticias.

Anna Manso, guionista y articulista, ha vivido en primera persona los efectos de la ansiedad y ha aconsejado que los medios de comunicación deberían dejar de enfocar las recuperaciones como fenómenos épicos: "Ojalá no tuviera épica explicarlo", ha señalado.

Manso también ha querido apreciar una falta de concienciación sobre los efectos psicológicos que ha supuesto el confinamiento: "Estamos pasando por alto la salud mental durante la pandemia, y en especial la de los jóvenes, quienes, además, tienen que cargar con la criminalización", ha dicho.

Los responsables del informe aconsejan evitar el uso de imágenes oscuras en noticias sobre la depresión y apostar por imágenes que reflejen la realidad de las personas afectadas, incluir sus testimonios y evitar los términos "depresivo" o "enfermo".

Aunque todavía no existen datos suficientes para afirmarlo, Rogero ha comentado que se observa una evolución positiva y, sobre todo, un incremento en las peticiones de asesoramiento por parte de los periodistas. EFE

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Las pequeñas manías de niño pueden derivar en trastornos obsesivos de adultos


RAÚL CASADO     |    Madrid     |      La Vanguardia     |      18/11/2020

(EFE).- Las pequeñas manías o supersticiones que manifiestan frecuentemente los niños desaparecen normalmente con el tiempo, pero en algunos casos esos comportamientos pueden derivar y evolucionar hasta convertirse en trastornos obsesivos compulsivos en la edad adulta.

Un equipo de investigadores españoles ha logrado identificar los patrones de conexión que existen en algunas zonas del cerebro y que estarían asociados a la aparición de esos síntomas leves en los niños, y que podrían ser utilizados como biomarcadores para reconocer a aquellos niños que tienen un riesgo de desarrollar esos trastornos cuando sean mayores.

El trabajo ha sido realizado por especialistas del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam) y las conclusiones se han publicado en la revista Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry.

El coordinador del estudio, Carles Soriano-Mas, ha explicado que el motivo principal de preocupación debe ser cuando las conductas de los niños entorpecen la vida diaria -porque dificultan los estudios o las relaciones sociales del niño- o cuando generan sufrimiento -ansiedad, miedos o preocupación-.

En declaraciones a EFE, Soriano-Mas ha observado que, en ocasiones, ese sufrimiento entre los niños se produce cuando no pueden realizar esas manías como pretenden o porque implican pensamientos muy desagradables (del tipo "si no hago esto un número determinado de veces a mis padres les pasará algo").

Diferenciar las manías y las supersticiones "normales" de las que señalan una predisposición a sufrir un trastorno obsesivo es difícil, según los investigadores, que han analizado las conexiones neuronales de más de 200 niños que no habían sido diagnosticados de ningún trastorno obsesivo compulsivo pero que ya presentaban un amplio abanico de síntomas preclínicos.

En ese análisis comprobaron que había una relación entre la aparición de síntomas y algunos cambios que se producían en las conexiones entre la corteza prefrontal y algunas regiones subcorticales del cerebro, las mismas precisamente que se ven afectadas por los pacientes adultos que sufren trastornos obsesivos.

Carles Soriano-Mas ha explicado que las manías son fácilmente detectables cuando se trata de conductas "estereotipadas e inflexibles", las que un niño realiza cada día en situaciones determinadas y es muy difícil convencerle de que no lo haga; "y si lo intentamos le generará ansiedad o malestar, ya que asociará el hecho de no poderlo hacer con el temor a consecuencias desagradables o incluso catastróficas".

Otras conductas no son tan fáciles de detectar ya que son "rituales" de tipo mental (contar, sumar números o repetir frases en voz baja), ha observado Carles Soriano-Mas, del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental.

Las "manías" más sencillas (las relacionadas con ordenar las cosas de una determinada manera o tocar las cosas un número determinado de veces) suelen desaparecer a los 5 o 6 años, aunque pueden también perdurar más tiempo e incluso durante toda la vida y no llegar nunca a ser problemáticas. El motivo de alarma, según los investigadores, es cuando entorpecen la vida diaria de una persona.

Y la situación a causa de la pandemia no es la mejor para las personas con trastornos obsesivos, en especial para las personas que tienen obsesiones con la contaminación y compulsiones de limpieza y desinfección, ha señalado Carles Soriano-Mas, y ha precisado que miedos y conductas que antes eran "claramente desproporcionados" ahora pueden estar justificados.

"Los altos niveles de ansiedad facilitan que desarrollemos preocupaciones -sobre nuestra salud y la de los demás, o sobre el estado de la economía- que son difíciles de poner bajo control y que generarán más ansiedad, creando una especie de circulo vicioso", ha manifestado el investigador.

En el caso de los niños, el confinamiento ha podido, sin embargo, contribuir en algunos casos a reducir los niveles de ansiedad al pasar más tiempo en el entorno "seguro" que para ellos es la casa y evitar entornos que potencialmente les pueden causar una mayor ansiedad, como la escuela o algunos grupos de amigos.

Los trastornos obsesivos compulsivos afectan a entre el 1 y el 3 por ciento de la población, y suelen producirse dos "picos" de aparición; uno en torno a los diez años y otro al principio de la edad adulta, en torno a los 20 años, aunque los casos subclínicos -obsesiones evidentes pero que no interfieren en la vida diaria ni requieren ningún tratamiento- son muy superiores y afectan al 9 por ciento de la población a los 11 años y entre el 13 y el 28 por ciento de la población en la edad adulta.

Uno de los mayores problemas, como ocurre en todos los trastornos de salud mental, es "el estigma", ha advertido Soriano-Mas, que ha observado que las personas que los sufren o sus padres siguen mostrando reticencias a acudir a un profesional, porque piensan que los síntomas desaparecerán solos o que el propio afectado debe aprender a controlarlos, lo que dificulta el diagnóstico e impide iniciar el tratamiento más adecuado. EFE

rc/crf

(Recursos de archivo en www.lafototeca.com cód 12354459 y otros)

lunes, 23 de noviembre de 2020

5 Tipos de memoria humana: ¿Qué clases existen?


MAIRENA VÁZQUEZ RODRIGUEZ    |    Grulla Psicología y Nutrición   |   13/04/2020

Las obligaciones que tienes pendientes, lo que comiste ayer, qué hiciste un día como hoy hace justo un año o el recuerdo de ese momento que marcó un antes y un después en tu vida. Toda esa información - y muchísima más - se encuentra almacenada en nuestra memoria.

Sí, “almacenada” literalmente. Nuestro cerebro está compuesto por una especie de “cajitas” en las que se distribuyen los diferentes tipos de memoria humana. Digamos que la memoria es el almacén en el que se guardan nuestras experiencias y nuestros recuerdos.

Prácticamente todas las personas tenemos unas nociones básicas sobre qué es la memoria. Si nos pusiésemos a realizar encuestas en la calle a la gente que pasa podríamos encontrarnos respuestas como: “es lo que nos hace saber dónde vivimos y cómo nos llamamos”, “los recuerdos del pasado”, “lo que nos permite estudiar”…

Efectivamente, todo eso son funciones de la memoria. Según Óscar Wilde (conocido escritor irlandés), “la memoria es el diario que todos llevamos con nosotros”.

Es por ello que cualquier fallo en esta función fruto por ejemplo de un daño cerebral adquirido, de una enfermedad neurodegenerativa o de trastornos psicológicos podría afectar de manera funcional a quien lo sufre.

Según el Diccionario de la Lengua de la RAE la memoria es la “facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”.

Se trata de una función cognitiva realmente compleja que nos ayuda en prácticamente todas las situaciones diarias. Es la capacidad que tenemos para retener, almacenar y recuperar cualquier tipo de información de manera efectiva. Al ser algo tan complejo encontramos un gran número de áreas o estructurales cerebrales implicadas, entre ellas el hipocampo, el sistema límbico y la corteza cerebral.

Pero… ¿cómo introducimos la información en la memoria? A través de 3 fases: codificación, almacenamiento y recuperación.

Tipos de memoria humana 

¿Te imaginas un armario lleno de ropa sin ordenar donde junto a un pantalón te encuentras una camiseta, unos calcetines o incluso un sombrero? Así, sin orden ni concierto, ¡todo revuelto! Esto es algo impensable para la memoria, esa especie de ordenador que tenemos en nuestra cabeza.

Existen diferentes tipos de memoria ordenados según criterios de clasificación:

1.   Dependiendo del tipo de información que se almacene podemos hablar de memoria verbal (recordar la lectura de nuestro libro favorito) o memoria no verbal (retener la imagen de aquel cuadro que tanto nos gusta).

2.   Dependiendo del órgano sensorial estimulado podemos hablar de la memoria auditiva (la canción que nos alegra cada día al resonar en nuestra mente), memoria olfativa (el olor a césped que nos transporta al verano), memoria gustativa (el sabor del postre que trae recuerdos familiares) y memoria háptica (el tacto que eriza la piel al abrazar a un ser querido). Otro tipo importante es la memoria visual (recordamos la sonrisa de nuestro mejor amigo aunque llevemos tiempo sin verle) que además comprende la memoria fotográfica al ser capaces de recordar con todo lujo de detalles las características de una escena.

3.   Y por supuesto dependiendo del tiempo en el que la información permanece en el sistema existen dos clases de memoria: memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.

MEMORIA SENSORIAL

Continuamente estamos recibiendo información que nos llega a través de los sentidos. Deja de leer y observa a tu alrededor: el sol que se cuela por tu ventana, el olor del café, el ruido de las noticias de fondo.

Se trata de información breve que solo dura entre 200 y 300 milisegundos. A pesar de que resulta útil en el aquí y en el ahora tiene dos caminos: o desaparece en el caso de que no sea relevante o se transmite a la memoria a corto plazo. Es un almacén temporal.

MEMORIA A CORTO PLAZO

De la información que recibimos a nivel sensorial, la que resulta más relevante pasa al almacén de la memoria a corto plazo. Este almacén tiene una capacidad limitada de entre 5 y 9 elementos y se encarga de mantener información en nuestra mente durante un breve espacio de tiempo (30-45 segundos). Además realiza funciones de control y se encarga de las operaciones ejecutivas. Está formada por 4 sistemas que retienen los datos: sistema operativo, bucle fonológico, agenda visoespacial y almacén episódico.

MEMORIA A LARGO PLAZO

Es el almacén que permite procesar la información y guardarla de manera prolongada en el tiempo ya sea por minutos, años o décadas. En esta “especie de disco duro” guardamos toda la información que pueda resultar útil en un futuro.

Dependiendo del contenido o utilización de la información, encontramos dos clases de memoria: la memoria declarativa o explícita y la memoria procedimental o implícita.

La memoria declarativa o explícita permite recordar hechos, acontecimientos, episodios o datos como puede ser la celebración de nuestro último cumpleaños o qué cenamos anoche. Esta memoria retrospectiva se divide en dos tipos:

·     Memoria episódica o autobiográfica: Según Tulving (1972) es “el conocimiento consciente de acontecimientos o episodios datados temporalmente, localizados espacialmente y experimentados personalmente”. Información de experiencias personales pasadas como pueden ser los recuerdos de los veranos en la playa.

·     Memoria semántica: nuestra enciclopedia personal, nuestro almacén de conceptos e información. Muy necesaria para el lenguaje. Aquella información sobre el mundo que aprendemos y que permanece invariable como puede ser la información sobre las capitales de Europa o los conocimientos sobre matemáticas.

Por su parte la memoria procedimental o implícita abarca aquellos procedimientos que realizamos de manera automática; información relacionada con el “saber hacer”. Comprende las destrezas motoras y los condicionamientos. Algunos ejemplos de memorias procedimentales son montar en bici, conducir o sumar y resta. 

En definitiva y a pesar de que los diferentes tipos de memoria funcionan de manera particular, todas influyen en el proceso de recordar. Gracias a ello los seres humanos podemos hacer una de las cosas más importantes como personas: definir nuestra propia identidad y ser capaces de darle un sentido tanto a nosotros mismos como a nuestro entorno.

J.L. Borges (escritor argentino) lo ejemplificaba diciendo que “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

De nuestra memoria dependerán nuestras experiencias, nuestros recuerdos, nuestras emociones. Por eso es vital cuidarla y reforzarla a lo largo de la vida. Pero de eso… de eso hablaremos otro día.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Tipos de bullying


FUNDACIÓN EN MOVIMIENTO

Recuerda que el acoso escolar (bullying) se refiere a todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas que ocurren sin una razón clara adoptadas por uno o más estudiantes en contra otro u otros. Existen diferentes tipos de acoso escolar (bullying), a continuación los enlistamos: 

Bullying de exclusión social

·    Este tipo se manifiesta de forma directa o indirecta hacia un alumno, ya sea constante o permanente, provocando sentimientos de rechazo.

·        Popularmente a esto se le conoce como aplicar la “ley del hielo”, es decir, no hablarle.

·    Puede ser uno o varios estudiantes que rehacen a un alumno, lo ignoren, se burlen de él y terminan haciéndoles sentir inferior al grupo.

·        La mayoría de las veces puede pasar desapercibido y no se le da la importancia a estos hechos por lo que se llegan omitir. 

Bullying verbal

·        Se caracteriza por burlas, apodos ofensivos, chismes, insultos, groserías, etc.

·     El amenazar, generar rumores, hacer chistes raciales o de género, realizar acciones de exclusión o hacer bromas insultantes, son considerados como bullying verbal.

·        Se puede presentar en cualquier etapa escolar 

Bullying emocional o psicológico

·  Las manifestaciones con las cuales se presentan puede ser la intimidación y descalificación para desestabilizar a un individuo.

·   Tiene el propósito de lastimar, atemorizar, amedrentar, acobardar, empequeñecer, acorralar, someter, dominar, provocar, marginar y bajar su autoestima.

·        Hace que se distorsione su autopercepción, debilita de forma paulatina su personalidad y a futuro tiene un impacto desfavorable en su vida adulta. 

Bullying gesticular

·        Este se identifica mediante una agresión constante que incluye gestos o señas.

·       Se puede manifestar con la mirada amenazante, señas obscenas, cerrar el puño, sacar la lengua, entre otras.

·        Las agresiones gesticulares también pueden ser utilizadas para reforzar otro tipo de acoso escolar como el emocional o el verbal.

·        Normalmente suele presentarse a escondidas de los docentes y directivos, por lo que en la mayoría de los casos resulta difícil detectarlo. 

Bullying físico

·        Se presenta por ataques constantes que dañan la integridad física, pero también tiene un impacto de forma emocional, generando inseguridad y temor en el alumno que es agredido.

·        Algunas de las manifestaciones de este tipo de bullying son golpes con el cuerpo o con algún objeto, robo de objetos personales, dañar objetos personales o ropa, jalones, empujones, peleas, meter el pie y patadas.

·    Este tipo de bullying es más visible porque se identifica por dejar marcas corporales como rasguños, moretones y diversas heridas.

·        También se puede identificar cuando se daña las propiedades de la víctima como en la ropa, mochila, útiles escolares, inclusive se puede considerar dentro de este tipo de bullying, si al alumno le roban su dinero, comida o algún objeto personal. 

Bullying sexual

·        Este tipo de acoso escolar es una forma de maltrato que hace unos años atrás se presentaba principalmente en la adolescencia.

·        Lamentablemente en años recientes, se reportan casos a más temprana edad.

·    Se puede presentar con comentarios machistas u homofóbicos, tocamiento en partes corporales como piernas, glúteos, o zonas íntimas, besos robados, obligar al alumno a ver un contenido de pornografía, bromas a partir de comentarios sexuales, y en casos extremos se usa el chantaje o amenazas para tener relaciones sexuales.

·        Es importante tomar en cuenta que cuando existe este tipo de bullying, no es por el hecho de que exista una atracción entre ambas partes involucradas, sino por la simple razón de ejercer poder hacia una o varias personas. 

Bullying mixto

·        Se manifiesta con dos o más tipos de acoso escolar e incluso se puede ir intercalando, por ejemplo: puede haber bullying físico, después verbal y regresar al bullying físico. Esto puede ocurrir con cualquier otro tipo de bullying.

·        Llega a generar más daño a quien lo vive.

·        Intervienen tanto el alumno que genera la violencia como los testigos. 

Bullying homofóbico

·        Es un tipo de violencia, común en el contexto escolar, que se dirige hacia personas por su orientación sexual y/o identidad de género, percibida o real.

·        La forma de atenderlo debe estar dirigido hacia la prevención, generar un ambiente de aprendizaje armónico y protegido para todos, incluso para quienes ejercen acoso escolar.

·        El papel del docente es fundamental y radica en no juzgar a las personas sino ayudarlas a vivir mejor. 

Recordemos que el respeto debe ser parte fundamental en la convivencia en todos lados, en este caso en específico dentro de la escuela y sobre todo en los salones de clases, por lo que la intervención de los maestros para frenar este tipo de comentarios debe formar parte de su día a día.