viernes, 18 de diciembre de 2020

Cómo superar el resentimiento: 7 ideas clave


ARTURO TORRES      |      Psicología y Mente

El sentimiento de hostilidad dirigido contra alguien puede llegar a convertirse en todo un problema.

Las emociones pueden llevarnos a reaccionar de manera rápida ante situaciones que requieren de una respuesta urgente, pero, paradójicamente, también nos pueden anclar en el pasado si no sabemos gestionarlas bien.

El caso del resentimiento es el ejemplo más claro de esto último: a través de él, una experiencia pasada es capaz de mantenernos reviviendo una y otra vez el sentimiento de molestia que alguna vez vivimos, pero que en realidad no tendríamos por qué estar sufriendo en el presente.

En este artículo veremos varias claves acerca de cómo superar el resentimiento, reorientar nuestras emociones y dejar de sentirnos frustrados por algo que ya no tiene la importancia que le damos.

Superar el resentimiento, paso a paso

Estas son algunas claves para entender de qué manera se puede superar el resentimiento. Eso sí, no hay que perder de vista el hecho de que cada caso es único y hay que saber adaptar estas ideas al modo en el que se vive en un contexto y un momento determinados.

1. Delimita el motivo de tu resentimiento

La gran mayoría de las ocasiones en las que se experimenta resentimiento, este está dirigido hacia una persona o colectivo concreto (independientemente del tamaño de este último).

Por eso, el primer paso para afrontar este fenómeno psicológico es detectar contra quién estamos dirigiendo esa hostilidad. Esto es algo que puede resultar cuestión de segundos en algunos casos, pero en ocasiones resulta algo complejo, especialmente cuando aquello contra lo cual adoptamos actitudes negativas es algo más bien abstracto.

En todo caso, identificar este elemento nos ayudará a deshacer esa dinámica de hostilidad del modo más rápido posible.

2. Anota las consecuencias negativas de sentir resentimiento

El principal motivo por el que interesa desprenderse del resentimiento es dejar de hacerse daño de uno mismo.

Es importante tener esto muy en cuenta, ya que si no lo hacemos, se dará la paradoja de que el hecho de fantasear con la humillación o derrota de quien creemos que nos ha hecho daño es algo que nos mantiene sumidos en un estado que nos hace sufrir, de manera que le damos a esa otra persona más poder sobre nosotros de la que tendría normalmente.

Por eso, párate a pensar y haz un listado de las consecuencias negativas de sentirte tal y como te sientes al albergar esa antipatía hacia alguien, sin olvidar que el tiempo también es un aspecto a tener en cuenta: cuanto más prolonguemos esta fase, más durarán sus daños.

3. Asume que aceptar no es perdonar

A veces, perdonar es prácticamente imposible, o tan complicado que el coste de intentarlo supera las posibles consecuencias positivas en términos de esfuerzo y tiempo. Por eso, piensa en la diferencia entre perdón y aceptación.

Para tratar con una persona o tenerla cerca en el día a día, no hace falta que sea nuestra amiga, que podamos confiar en ella o que nos caiga bien. Aceptar que algunas personas no están hechas para tener un papel importante en nuestras vidas es necesario para superar el resentimiento que en algunos casos podamos albergar contra alguien.

4. No dejes que el cero contacto te esclavice

A veces, alejarse de una persona es bueno para superar la primera fase del enfado, pero esta etapa no debería prolongarse demasiado si no queremos que las consecuencias negativas de ver nuestra libertad restringida a la hora de movernos se convierta en una fuente más de malestar y resentimiento.

5. Aprende a no tomártelo como algo personal

No tomarse algo de manera personal no significa congraciarse con alguien y asumir que no pretendía herirnos. En efecto, el mundo está lleno de personas que dadas las condiciones adecuadas puede pretender herirnos, pero eso no significa que debamos darle importancia a sus intenciones.

Si adoptamos una perspectiva distante, veremos que los sucesos solo tienen importancia si se la damos, y que a no ser que les demos protagonismo a quienes nos ofenden, podemos hacer que lo que opinen de nosotros o el hecho de que nos intenten incomodar no tenga importancia.

6. Asume que la gente no es perfecta

Finalmente, nos ahorraremos muchos momentos de enfado y resentimiento si aprendemos a aceptar que cometer errores no es en sí motivo para que nos enemistemos con alguien, incluso si eso tiene consecuencias significativamente negativas para nosotros.

La vida no es perfecta y todo el mundo tiene momentos en los que les fallan las fuerzas o en los que se toman las decisiones equivocadas. Si eso nos produce frustración es una cosa, pero no implica que debamos culpar a alguien por haberse equivocado.

7. Cambia de estilo de vida

Incluso aunque tengamos motivos muy válidos para estar resentidos con alguien o con un grupo de personas, quien más se ve perjudicado por esa situación es uno mismo.

Por eso, saber cómo superar el resentimiento no es tanto un acto por el que valoramos si tenemos motivos para culpar a alguien de algo malo que ha ocurrido, como un acto para pasar página y centrarnos en otros aspectos de la vida que nos resulten más estimulantes.

Y como es muy complicado pensar de manera diferente haciendo exactamente lo mismo, es importante que modifiques ciertas cosas de tu día a día. Nuevas aficiones, nuevas amistades, nuevos lugares... Todo esto te permitirá cerrar una etapa de tu desarrollo y pasar a otra en la que el pasado no te limite tanto y puedas mirar atrás sin que el malestar te domine.

martes, 15 de diciembre de 2020

Los 10 consejos del popular psiquiatra Enrique Rojas para ser feliz: la clave es valorar bien


ReligiónenLibertad   |   11/12/2020

De su nuevo libro «Todo lo que tienes que saber sobre la vida»

El psiquiatra Enrique Rojas da consejos para la vida, que ayudan a afrontar las dificultades con madurez y serenidad.

El popular psiquiatra y divulgador Enrique Rojas, catedrático con más de 3 millones de libros vendidos, publica ahora Todo lo que tienes que saber sobre la vida, un libro lleno de sabiduría práctica, que anima a tener ideas claras, fortalecer la voluntad, ser generoso, educar las pasiones y apoyarse en la fe. El libro está organizado en 12 capítulos y el último recoge estos 10 consejos.

Diez consejos para ser feliz

1. La felicidad consiste en ser capaz de cerrar las heridas del pasado.

"La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Los psicólogos y los psiquiatras sabemos lo importante que es ayudar a nuestros pacientes a hacer la cirugía estética del pasado, cerrando heridas de forma definitiva y sabiendo encajarlas de forma adecuada en el organigrama de nuestra biografía".

Una persona que no puede cerrar esas heridas puede convertirse, advierte, en una persona "agria, amargada, resentida y echada a perder. En términos psiquiátricos, se convierte en neurótica por esa rampa deslizante y se va viendo invadida de conflictos no resueltos que, antes o después, asoman y la dañan y vuelvcen tóxica".

Entre los autores que han vivido experiencias duras, sobre todo en la cárcel y bajo amenaza, y han escrito de ellas con desapego y perdón, recomienda a Santo Tomás Moro, el cardenal Van Thuan, el misionero en el gulag Walter Ciszek, el escritor ortodoxo Aleksandr Solzhenitsyn o el dramaturgo y político checo Vaclav Havel.

2. Aprender a tener una visión positiva de la vida

"Esto hay que aprenderlo, como casi todo", advierte. "La clave está en el esfuerzo psicológico, un trabajo de artesanía personal mediante el cual vamos siendo capaces de descubrir la dimensión más positiva de la realidad, ese segmento que se esconde en el fondo de los hechos y que tiene unas notas positivas que nos puede enseñar lecciones muy sabias".

Implica la resiliencia, "la capacidad para sacar fuerzas de una experiencia traumática y darle la vuelta y de ese modo ser capaz de ser inexpugnable, pétreo, inalterable, blindado... es todo arte, y significa adquirir una fortaleza extraordinaria para lograr la superación".

3. Tener una voluntad de hierro

"Necesita ser educada desde los primeros años de la vida. Es una pieza clave en la psicología que, si es sólida, consigue que nuestros objetivos y metas lleguen a buen puerto. Toda educación empieza y termina por la voluntad. Tener una voluntad firme es uno de los más claros indicadores de madurez de la persona".

4. Tener un buen equilibrio entre corazón y cabeza

Amor e inteligencia forman un bloque bien armado. tener una afectividad sana implica mover bien los hilos de las relaciones con los demás, cargándolas de sentimientos verdaderos, auténticos, sin doblez, descubriendo que lo afectivo es lo efectivo. Y a la vez saber utilizar bien los instrumentos de la razón: la lógica, el análisis, la síntesis, el discernimiento. Ser capaces de respirar por estos dos pulmones a la vez".

5. Es necesario tener un proyecto de vida coherente y realista

El proyecto de vida, explica el psiquiatra, implica cuatro grandes temas: amor, trabajo, cultura y amistad. Debe ser coherente (con "el menor número de contradicciones posibles"). Debe ser realista, "ajustarse a los hechos de la vida personal y del entorno, aunque con ilusión". Hay que cuidar el amor, hay que estar en un trabajo "que agrade y que saque lo mejor de uno mismo", la cultura da libertad y criterio, y la amistad se construye con afinidad, donación, confidencia.

6. Poner los medios para hacer felices a otras personas

Al volcarnos en hacer felices a los demás olvidamos nuestros problemas y dificultades y eso es bueno. "¿Qué puedo hacer para dar unas gotas de felicidad a los que me rodean?" es una pregunta para hacernos con frecuencia. "Hay más alegría en dar que en recibir", dice el psiquiatra, citando una frase que San Pablo dice que es de Jesucristo (aunque no aparece en los Evangelios). También en psiquiatría y psicología, muchos pacientes mejoran en cuanto perseveran un tiempo en servir y ayudar a los demás.

7. Capacidad para apreciar las pequeñas alegrías de la vida cotidiana

"Se trata de saber parar el reloj y detener el tiempo que corre fugaz y apresarlo para, en esos momentos, saborear el instante, sencillo pero muy positivo. Hay una felicidad grande que se refiere a la exploración de cómo va nuestra vida en sus conjunto, y otra felicidad pequeña, que aspira solo a saber disfrutar de lo menudo, de lo cotidiano, desde un paisaje bonito a una excursión por la montaña a la lectura de un libro que nos tiene absorbidos, pasando por una comidad o una cena agradables..."

8. Saber valorar las cosas que uno tiene y las que uno ha conseguido

"Lo importante no es haber conseguido ciertas metas -que lo es- sino reconocerlo, apreciarlo, evaluarlo, reconocer que detrás de ellos ha habido lucha, esfuerzo, volver a empezar", advierte Enrique Rojas. Es bueno poder ver cómo se ha ido desarrollando nuestra vida, con sus frutos, "sus avatares y las mil y una peripecias" que nos han sucedido.

9. Darle a las cosas que nos pasan la importancia que de verdad tienen

Con equilibrio de razón y emoción podemos juzgar en su justa medida lo que nos afecta, y quitar importancia a muchas cosas que nos llevan a la tristeza y melancolía. Hay que saber mirar con perspectiva, poniendo distancia. Para eso, es decisivo saber hacia donde queremos ir. El fracaso es a menudo necesario para el desarrollo y la maduración de la personalidad. Con esa perspectiva, no nos derrumbamos en los momentos malos, sino que nos crecemos ante la adversidad. Sobre esto, Rojas recomienda el libro de Ricardo Yepes Stork "Fundamentos de antropología" (Eunsa, Pamplona, 1996).

10. No equivocarse en las expectativas: frenar ambiciones excesivas

La existencia humana siempre tendrá límites y barreras y, como dice el refrán, "no hay que pedirle peras al olmo". "La felicidad absoluta no existe, es una utopía", al menos en este mundo. Pero se puede aspirar a una felicidad razonable, desde la moderación. Al final consiste en "descubrir quién quiero ser, hacia dónde quiero dirigirme, y luego aceptar con serenidad las adversidad y las cosas que al final no salieron bien".

El libro, de unas 240 páginas, aborda varios temas como el amor y el enamoramiento, la madurez sentimental, cómo tener una personalidad madura y equilibrada, la educación sexual y la pornografía (en todas las edades), algunas ideas para vivir bien en pareja, por qué los hombres son emocionalmente más inmaduros que las mujeres, como elegir bien un cónyuge, cómo ganar en fuerza de voluntad y cómo afrontar las adversidades de la vida.

sábado, 12 de diciembre de 2020

El profesor no sabe detectar situaciones de acoso escolar porque carece de formación


ANA I. MARTÍNEZ    |     Madrid     |     ABC     |    01/12/2019

Carmen Cabestany, secretaria de la asociación No Al Acoso Escolar/NACE, desgrana los datos del I Estudio sobre la percepción de la sociedad española sobre «bullying», desarrollado por Totto y Gestionando Hijos.

«El acoso escolar es, a mi juicio, el presagio de lo que va a ocurrir en un futuro en la sociedad. Estamos hablando de algo importante», ha asegurado este miércoles Leo Farache, director de Gestionando hijos, con motivo de la presentación del I Estudio sobre la percepción de la sociedad española sobre « bullying» en colaboración con la firma Totto.

El acoso escolar es, en la actualidad, una realidad silenciada. En España, 1 de cada 5 niños escolarizados son víctimas del acoso. Un dato preocupante que empeora con otro: solo el 15% de las víctimas se atreven a contárselo a familiares, profesores… «Faltan datos, sensibilidad y ganas de hacer cosas para afrontar y resolver este problema que no solo atañe a la comunidad educativa. También a empresas, familias, ámbito sanitario, etc.», ha alertado Carmen Cabestany, profesora secretaria de la asociación No Al Acoso Escolar (NACE), quien ha mostrado su satisfacción por este informe ya que ofrece datos muy alarmantes pero vitales para empezar a actuar.

Una de las conclusiones del estudio es que sólo 2 de cada 10 profesores se sienten preparados para resolver situaciones de acoso. «No es que los docentes quieran mirar para otro lado. Es que hay falta de formación», ha explicado Cabestany, quien ha recordado que en la carrera, nadie forma a los futuros docentes en este asunto y sí en otros, como en nuevas tecnologías. De ahí su falta de capacidad de actuación.

«Además, el acoso no se produce delante del maestro. Así que si no lo sabe detectar a tiempo e intervenir, no es porque no quiera sino porque el profesor no sabe», ha explicado.

Para los expertos, la formación es vital para acabar con este problema social y más teniendo en cuenta que 1 de cada 2 españoles ha presenciado alguna vez una situación de «bullying», una cifra que asciende a 8 de cada 10 en el caso de los jóvenes (18-24 años). Además, según el estudio, 1 de cada 3 jóvenes que ha presenciado un caso de acoso escolar se ha quedado al margen.

«A mí, muchas veces me comentan que en mi época había más acoso y no pasaba nada», ha comentado Farache. «Nos silenciaron», ha defendido con rotundidad. «Hoy tenemos un nombre: 'bullying'. También información. Y, además, el 94% de los españoles considera que el acoso escolar es un tema de gran importancia en el que toda la población debe involucrarse». A este respecto, la secretaria de la asociación NACE ha añadido: «Este último dato es muy significativo porque antes no se hablaba del acoso escolar. A partir de aquí, ya podemos empezar a caminar en la buena dirección».

Acoso psicológico

La encuesta, que se ha realizado sobre un total de 2019 personas, de las cuales, 1369 son madres y padres, 370 son docentes y 218 jóvenes de entre 18 y 24 años, desvela que 1 de cada 4 españoles aseguran que sus hijos han sufrido «bullying» en alguna ocasión. El 65% afirma que el acoso ha sido de tipo psicológico. Y los progenitores percibieron ciertos cambios en sus menores: el 60% declara que estaba más triste y el 43% que no quería ir al colegio.

«El acoso verbal se ha normalizado. El 'bullying' psicológico es muy alto porque todos los acosos tienen componente psicológico», ha explicado Cabestany. «El acoso de exclusión es, sin embargo, el más oculto -ha continuado-. Y cuesta más que los profesores lo detecten. Es cuando el acosado se esconde, se aísla, se automargina. Y no precisamente por su culpa».

En este sentido, los progenitores y docentes tienen ciertas claves que pueden utilizar para saber si su hijo o estudiante es víctima. Tal y como ha explicado la experta, se basa en la regla CCC (cuerpo, carácter, campanas), para progenitores, y CCCC (cuerpo, carácter, campanas, costumbres) para docentes. La primera C hace referencia al cuerpo del niño (se pone capuchas, se tapa más de la cuenta, miran al suelo, arrastran los pies...); la segunda al carácter (el niño que sufre acoso está más irritable, el brillo de la mirada lo pierden, lloran, tienen alteraciones con el sueño o las comidas, etc.); la tercera a las campanas o novillos (es decir, el absentismo escolar) y la cuarta a la costumbre (es decir, los docentes ven que el niño llega tarde a clase porque no quiere coincidir con los acosadores en las escaleras o pasillos del colegio o piden ir al lavabo a deshoras porque evitan ir en el recreo o se acercan mucho al profesor).

Niños «tiranos»

En cuanto a las causas del acoso, 7 de cada 10 encuestados afirma que el problema radica en la familia. El 72% de los españoles piensan que los niños que ejercen «bullying» provienen de familias cuyos padres les dejan hacer lo que quieren. «No siempre pero es el perfil que puede degenerar en un acosador porque está acostumbrado incluso a maltratar a los padres (no violencia física pero sí psicológica) para salirse con la suya», ha dicho la docente.

A su vez, el 89% de los españoles piensa que cada vez se dedica menos tiempo a la educación de los hijos en casa. El dato aumenta si se les pregunta a los profesores, que lo creen en un 95% de los casos.

Precisamente, los docentes no lo tienen nada fácil a pesar de ser uno de los máximos protagonistas del acoso escolar porque es en el colegio dónde se produce. Su falta de formación provoca que el 77% considere que su carencia le impide afrontar esta situación. Además, el 76% de los profesores consideran que el «bullying» afecta mucho al desempeño de su actividad en el centro escolar y el 67% consideran que son ellos los responsables de gestionar estos conflictos.

Padres y profesores, juntos

Sin embargo, el 83% de los españoles cree que los profesores no tienen suficiente autoridad y no se les respeta, y el 85% de los españoles creen que los padres contribuyen a que a los profesores no se les respete.

«Esto es muy grave», ha advertido Carmen Cabestany, que ha insistido en la necesidad de que padres y docentes caminen de la mano. «Los niños tiene dos pies y dos manos. Para dar pasos firmes en la vida, deben caminar de una mano del profesor y, de la otra, de los padres. Si no tenemos esa unión clara, estamos causando un perjuicio al alumno e hijo», ha subrayado. La docente también ha señalado que los primero que dicen los padres de un posible acosador es: «Mi hijo no, quien ha dicho esto, donde está la prueba».

Llama especialmente la atención que el estudio contemple que el 95% de los españoles cree que las instituciones deberían incluir un protocolo de actuación frente al «bullying». Algo que ya existe. Tal y como ha explicado la secretaria de la asociación NACE, depende del director del centro activarlo. «Si el centro no tiene interés en que salga ese caso de acoso escolar, están sesgados los protocolos desde la base. Y si encima los profesores dicen que no han visto nada porque carecen de formación, el acosador niega acosar, los 'chivatos' se callan... El protocolo se cierra porque sale negativo. Esto es lo que sucede en la mayoría de los casos», ha alertado Cabestany, por lo que ha insistido en la necesidad de ver el acoso escolar como un problema social porque se da «en el ámbito de la administración».

viernes, 11 de diciembre de 2020

Qué es y en qué consiste la Gestalt, la terapia psicológica de la que se habla en todas partes


IRIA REGUERA     |     Trendencias   |    15/08/2020

La salud mental, como la física, necesita de ciertos cuidados y, cuando una de las dos se ve afectada, lo ideal es acudir a un profesional que nos ayude. El problema con la salud mental suele ser que, cuando nos ponemos a buscar un psicólogo, nos encontramos con que existen diferentes ramas y terapias de la psicología, por lo que puede ser difícil decidir cuál seguir. 

Durante los últimos años se ha puesto muy de moda la que se conoce como terapia Gestalt, que indica buscar, entre otras cosas, el crecimiento personal y desarrollar el potencial humano. Esto la hace muy atractiva y llamativa por lo que no siempre nos paramos a pensar qué más hay detrás de ella. 

Qué es la terapia Gestalt

Este tipo de terapia se encuentra encuadrada dentro de lo que se conoce como Psicología Humanista. Se trata de una terapia que comenzó a cimentarse hacía 1950 aproximadamente y cuyo foco está en lo que está sucediendo en el momento. Es decir, se enfoca en lo que estamos pensando ahora mismo, lo que sentimos, etc., sin prestar tanta atención a lo ocurrido en el pasado como sí lo hacen otras terapias conocidas como el psicoanálisis. 

La idea de esta terapia sería, básicamente, conseguir la autorrealización de las personas. En definitiva, encontrar la mejor versión de nosotros mismos. Se trata de una terapia que se utiliza en la clínica más clásica, pero también en otros ámbitos para ayudar a redefinir estilos de vida. 

En qué consiste la terapia Gestalt

Efectivamente, este tipo de terapia no se fija tanto en el pasado y cuando lo hace es para hablar de cómo nos afecta en la actualidad, lo que nos hace sentir y pensar ahora, en el momento presente. 

El método utilizado para esta terapia es el que se conoce como fenomenológico y la búsqueda del darse cuenta o hacerse consciente. El foco se pone en la forma en la que experimentamos los hechos y las cosas que nos ocurren, más que en el hecho en sí. 

Además, la toma de conciencia es otra de las claves que se trabaja en este tipo de terapia. Es decir, intentar darnos cuenta de lo que nos ocurre y de cómo experimentamos las cosas. Prestar atención a cómo nos sentimos, qué pensamos y qué hacemos. De esta manera se pasa a otro de los principios que es la responsabilidad. La idea es que cuando nos damos cuenta de cómo experimentamos y entendemos las cosas, cómo actuamos y pensamos, nos podemos hacer responsables de las decisiones que tomamos y de realizar cambios.

Es decir, si tú sabes cómo experimentas las vivencias y qué otras opciones tienes, puedes elegir cómo vivir las cosas. La elección que hagas, y sus consecuencias, serán algo de lo que puedes responsabilizarte. La idea es trabajar la autonomía de cada persona y no sentirse sujetos al azar u otras circunstancias. En definitiva, se busca que la persona tome las riendas de su vida y potencie sus recursos. 

Es por ello que se trata de una terapia muy llamativa, ya que da todo el poder a la persona. 

Qué dice la ciencia respecto a esta terapia

Sin embargo, que sea llamativa y pueda resultar tentadora, no significa que tenga aval científico. En este sentido, la terapia Gestalt es bastante criticada en los ámbitos más científicos de la psicología. Y es que se trata de una terapia que, por un lado, no tiene una definición clara ni concreta.

Además, es una terapia que bebe de muy diferentes fuentes, cuya base teórica proviene de otras terapias como el psicoanálisis, el psicodrama, la filosofía oriental, la filosofía existencial, entre otros. Ninguno de ellos presentan evidencias científicas. 

Hasta el momento, las investigaciones que sí encuentran eficacia de la terapia Gestalt son pocas y la calidad de las mismas suele cuestionarse. Por poner uno de los ejemplos más recientes, en 2016 se realizó una revisión de 172 estudios que analizaban la eficacia de la terapia Gestalt. 

Esta revisión encontró un único estudio, de 1995, en el que se encontraban efectos positivos de dicha terapia. Y, sin embargo, esta misma investigación señalaba que no se puede hacer una declaración definitiva sobre dichos beneficios.

Otras investigaciones han encontrado que la terapia Gestalt podría ser beneficiosa para problemas como la depresión, la ansiedad o el estrés. Sin embargo, ocurre como en otros casos, que las evidencias son muy escasas, los estudios tienen muchas limitaciones, muestras muy pequeñas y sin una base teórica global.

Algunos defensores de la terapia Gestalt aseguran que, efectivamente, se han hecho pocas investigaciones sobre dicha terapia, pero que esto no significa que no sea efectiva científicamente hablando. Solo que todavía no tendríamos las evidencias, precisamente por esta escasez. Sea como sea, a día de hoy, con lo que sabemos, la terapia Gestalt no tendría apoyo científico. 

De hecho, hace alrededor de un año el Ministerio de Sanidad lanzaba una campaña para luchar contra las pseudoterapias, entre ellas las ofrecidas en el ámbito psicológico. El Colegio Oficial de Psicólogos (COP) defendió algunas de esas terapias, como la Gestalt. Como respuesta, más de 1.000 psicólogos españoles firmaron y publicaron una carta en la que se ponían en contra del COP, negando la efectividad de terapias como la Gestalt y considerándola, efectivamente, una pseudoterapia. 

Por qué se trata, entonces, de una terapia psicológica utilizada

En algunos casos, y como defiende todavía el COP, se considera que el hecho de que una terapia no tenga evidencias científicas no significa que no aporte beneficios a los pacientes. Es decir, que se considera que aunque no se pueda probar su eficacia científicamente, bastaría con el hecho de que para algunos pacientes la experiencia resulte positiva o beneficiosa. 

En otros casos el peso histórico también tiene mucha importancia, como es el caso del psicoanálisis. En cualquier caso, personalmente, pienso que algo nos haga sentir bien no significa que sea una terapia ni que esté ayudándonos a "curar" o solucionar el motivo de nuestro malestar. Por el momento, mientras todas estas terapias estén permitidas, la elección es libre para cada persona. Pero buscar la terapia con más avales científicos - la cognitivo conductual en el caso de la psicología - es la que más garantías puede darnos.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

La obsesión por ser feliz todo el tiempo te hace miserable

                                              

ANA TORRES MENÁRGUEZ     |     Madrid     |     El País     |     04/10/2019

El psicólogo israelí Tal Ben-Shahar, 25 años profesor en Harvard, cree que el gran mal del siglo XXI es que no se busca tiempo para el descanso

Tal Ben-Shahar (Ramat Gan, Israel, 1970), doctor en Psicología y Filosofía por la Universidad de Harvard, donde fue profesor 25 años, lleva otros tantos estudiando la felicidad. Como muchos otros expertos, cree que el gran enemigo del bienestar es el estrés: el 94% de los universitarios estadounidenses lo sufren. "Es la nueva pandemia global", dice en alusión al calificativo empleado por la Organización Mundial de la Salud. Los médicos lo llaman el "asesino silencioso", cuenta. Pero el psicólogo israelí cree que durante años se ha estado mirando al lado equivocado; no hay que estudiar los factores que lo provocan, sino las conductas que no lo curan. "Hemos dejado de darle importancia al descanso, a la recuperación y no basta con el sueño", apunta.

Ben-Shahar cambió hace unos años Boston por Nueva York y ahora imparte un seminario sobre la felicidad en la Universidad de Columbia, además de dirigir el Happiness Studies Academy, una plataforma online con cientos de estudiantes interesados en aprender a gestionar sus emociones. Desde hace años tiene claro el diagnóstico: la felicidad constante no existe.

Esta semana ha participado en EnlightED, un evento sobre el futuro de la educación y su relación con la tecnología organizado en Madrid por South Summit, la Fundación Telefónica, IE University y la Fundación Santillana.

Pregunta. ¿Existe un sistema inmune psicológico? ¿Hay personas que tienen mayor tendencia a la tristeza?

Respuesta. La genética marca la diferencia. Por ejemplo, yo no nací con una genética ligada a las emociones positivas. De niño sentía ansiedad, igual que mis padres y abuelos; la hemos padecido generación tras generación. El hecho de ser infeliz hizo que me interesara por este campo: la ciencia de la felicidad. En los años setenta, en Estados Unidos, se hizo una serie de investigaciones sobre gemelos con idénticos genes. Se les separó al nacer, fueron criados en países distintos, con economías diferentes. Pasados los años se observó que había muchas similitudes en cuanto a sus niveles de bienestar, su comportamiento e incluso sus pasiones. De media la felicidad depende en un 50% de la genética, en un 40% de las elecciones personales y en un 10% del entorno. Esos porcentajes pueden cambiar en situaciones extremas, como una guerra.

P. ¿Cómo se miden los niveles de felicidad en el cerebro?   

R. Hay patrones cerebrales que están asociados con la felicidad, con la depresión o con la rabia. No es solo una parte, sino múltiples que trabajan de forma conjunta. Un ejemplo es la corteza prefrontal: la parte izquierda se asocia con las emociones positivas y la derecha, con las negativas. Es importante conocer los hallazgos en este campo para entender que con nuestra conducta podemos mejorar los niveles de bienestar.

P. Hay un boom, cientos de best sellers sobre el tema. ¿Nos preocupamos más ahora por intentar ser felices? 

R. No, es algo ancestral. Hace 2.500 años, Aristóteles escribía sobre ello. La Biblia también trata ese tema. Siempre ha sido parte de nuestro pensamiento. La diferencia es que ahora tenemos más tiempo libre y a eso se suman unas expectativas de vida irreales. El resultado es que nos sentimos infelices porque no entendemos lo que es la felicidad.

P. ¿Qué es la felicidad?

R. No es posible estar siempre feliz. Las emociones negativas, como la rabia, el miedo, o la ansiedad, nos hacen falta. Solo los psicópatas están a salvo de eso. El problema es que, por falta de educación emocional, cuando las sentimos, las rechazamos, y eso hace que se intensifiquen y que nos domine el pánico. Si bloqueamos una emoción negativa, igualmente lo hacemos con las positivas. Hay que sentir el miedo y ser conscientes de que tiramos hacia adelante con él. No es resignación, sino una aceptación activa. Cuando nació mi hijo David, al mes empecé a sentir celos de él. Mi esposa le dedicaba más atención que a mí. En ocasiones las emociones se polarizan, llegamos a extremos y no por ello somos mejores o peores personas. Somos humanos.

P. Según un reciente estudio de la agencia europea Eurofound, los niveles de estrés están aumentando en la escuela y la transición de los jóvenes hacia la vida adulta se complica por las expectativas de sus padres y las presiones de la sociedad.

R. Las expectativas tienen un papel clave en la felicidad. La más peligrosa es creer que se puede estar en la cresta de la ola de forma constante. La obsesión por ser feliz todo el tiempo hace que la gente se sienta miserable. En los últimos años las redes sociales han influido bastante; ver las caras sonrientes de los demás, sus relaciones de pareja idílicas, un trabajo ejemplar. Cuando sentimos tristeza o ansiedad esas imágenes refuerzan nuestra idea de que algo estamos haciendo mal. Pero nada de eso es real, todos vivimos en una montaña rusa emocional. Es inevitable y no es malo.

P. El 14% de los jóvenes europeos entre 15 y 24 años está en riesgo de sufrir depresión —según el último informe de Eurofound— y lideran el ranking países como Suecia (con una tasa del 41%), Estonia (27%) y Malta (22%). En España, donde la tasa de desempleo juvenil es más elevada, está por debajo del 10%. ¿Qué está fallando?

R. Te pondré otro ejemplo. En Estados Unidos cada cinco años se miden los niveles de salud mental, que suelen variar un 1% hacia arriba o abajo. En el último periodo, los resultados han sido muy diferentes: entre adolescentes, los niveles de depresión han crecido hasta en un 30%. Uno de los motivos es que están disminuyendo las interacciones cara a cara, se sustituyen por el smartphone. Las relaciones personales son un antídoto contra la depresión.

P. En el siglo XIX se trabajaba hasta 18 horas diarias y ninguna ley impedía hacerlo 24 si era necesario. Hoy tenemos mayor calidad de vida. ¿Cuál es la raíz de la insatisfacción permanente?

R. La expectativa de vida de los trabajadores era proveer suficiente comida a su familia para sobrevivir. Hoy pensamos en ganar más dinero, en las vacaciones soñadas... Hoy lo puedes hacer todo; aunque tengas un empleo interesante y te gusten tus colegas, no es suficiente. Como puedes elegir y cambiar, nunca estás satisfecho.

P. ¿Cómo puede la escuela prepararnos para saber lo que es la felicidad?

R. Hay que enseñar a cultivar relaciones sanas, a identificar propósitos y sentido en lo que hacemos. Y lo más importante: a encontrar tiempo para el descanso. Las investigaciones han demostrado que ese el gran problema, que no nos recuperamos del estrés. No vale con leer best sellers de autoayuda, hace falta una acción. En el trabajo, hacer un parón cada dos horas de 30 minutos, o de 30 segundos si trabajas en Bolsa, pero desconectar y respirar. Tomarte un día libre. Aprender que la felicidad no es un código binario, de uno a cero, sino un subir y bajar. Es un viaje impredecible que termina cuando mueres.