miércoles, 15 de septiembre de 2021

El suicidio se convierte en la primera causa de muerte entre los jóvenes

ANTONIO PANIAGUA      |     Heraldo     |     25/07/2021 

La pandemia ha deteriorado gravemente su salud mental y duplicado las urgencias psiquiátricas.


El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte en los jóvenes españoles, algo que nunca había pasado en la historia desde que se dispone de estadísticas. En 2019 se quitaron la vida 309 personas de edades comprendidas entre los 15 y 29 años, una cifra que se sitúa ligeramente por delante de los accidentes de tráfico, que sumaron 307 defunciones, según datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. El presidente de esta organización, Andoni Anseán, se muestra cauto a la hora de evaluar los números y asegura que el fenómeno obedece en parte a la paulatina reducción de los fallecimientos por siniestros de circulación, que han bajado un 40% desde 2010, mientras que los suicidios han crecido un 30% en el mismo periodo.

 

La tercera causa de mortalidad, el cáncer, se ha desplomado también un 33% en una década. "Estos datos hay que cogerlos con pinzas. Hay que ver lo que pasa en el año 2020, en el que seguramente se registre una disminución a causa del confinamiento, dado que en casa los intentos de suicidio son mucho menores. La existencia de gente es el mayor factor de protección. Lo que no sabemos es si después, en 2021, afloró de nuevo, porque todavía no existen cifras", apunta Anseán.

 

Es cierto que por ahora no se tienen números oficiales, pero la percepción entre los jefes de servicio de psiquiatría de los hospitales es que durante los últimos meses las urgencias en este campo se han disparado.

 

De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEP), este tipo de atención en menores se ha duplicado desde el inicio de la pandemia, lo que se ha traducido en un agravamiento de los trastornos de conducta alimentaria y un aumento de los casos de ansiedad, alteraciones obsesivo-compulsivas, depresión, autolesiones e intentos de suicido en adolescentes.

 

La Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la organización de pediatras argumenta que la avalancha de noticias negativas, unida a los ritmos irregulares del sueño, menoscaba la salud mental de los menores. ¿Qué está ocurriendo para que se produzca este deterioro de la salud mental a edades tan tempranas? La creciente incertidumbre económica, la falta de expectativas y el desempleo rampante abonan el terreno de la precariedad. En esta tesitura, la emancipación se antoja imposible.

 

Para Anseán, el perfil de los pacientes ingresados en centros sanitarios ha cambiado. Si antes predominaban los internamientos de mujeres que intentaban suicidarse mediante la ingesta de medicamentos, ahora abundan personas más jóvenes que utilizan métodos bastante drásticos para desaparecer del mapa. "Ahora se están viendo muchos casos de menores". Uno de los pocos estudios que da fe de esta de esta subida de tentativas suicidas y autolesiones es el coordinado por la jefa del área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu de Espluges de Llobregat (Barcelona), Montse Dolz, quien ha constatado un crecimiento de los intentos, especialmente de adolescentes, en su centro. Según el trabajo, este tipo de empeños se elevó a un 27% en el primer trimestre de 2021. 

martes, 14 de septiembre de 2021

Raymond Cattell y su teoría de la personalidad


EDITH SÁNCHEZ       |        La Mente es Maravillosa     |     18/08/2018

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 09/06/2019. 

Raymond Cattell nació en Inglaterra a comienzos del siglo XX. De mayor, su trayectoria profesional haría de este inglés uno de los teóricos de la personalidad más importantes en la historia de la psicología. Sus aportes fueron decisivos en la llamada teoría de los rasgos y han tenido aplicación práctica en un test que lleva su nombre. 

Aunque Raymond Cattell estudió inicialmente química, tras licenciarse comenzó a interesarse por la psicología. Durante 30 años fue profesor en la Universidad de Illinois y durante 20 en la Universidad de Hawai. También fue un investigador incansable del comportamiento humano y el fundador del Institute for Personality and Ability Testing (IPAT). 

Raymond Cattell definió 16 aspectos básicos de la personalidadCada uno de ellos fue identificado con una letra. A partir de estos creó su famoso test, que aún hoy en día se aplica con diferentes propósitos. Veamos cuáles son los factores de personalidad definidos por este extraordinario teórico.

La psicología es un campo peliagudo, en la que incluso notables autoridades se han movido en círculos, describiendo cosas que todo el mundo conoce con palabras que ninguno entiende”.

-Raymond Cattell-

Factores A, B, C y E en la teoría de Raymond Cattell

Los factores A, B, C y E en la teoría de la personalidad de Raymond Cattell corresponden a: afectividad, razonamiento, estabilidad y dominancia. La afectividad, según su teoría, representaría el grado de contacto que una persona establece con otros individuos.

El razonamiento tendría que ver con la capacidad intelectual. En este sentido, cuanto más profundo y acertado sea el pensamiento abstracto de un individuo, más inteligente decimos que es.

Por su parte, la estabilidad hace referencia a la capacidad de adaptación en la teoría de Raymond Cattell. Corresponde a la habilidad de las personas para no dejarse perturbar por los estímulos del medio, junto a la disposición y capacidad para comprenderlos y apropiarse de ellos.

La dominancia es el grado de autonomía o sumisión de una persona. En este sentido, las personas más dominantes suelen ser competitivas, agresivas y seguras de sí mismas. Las menos dominantes serían más frágiles y se subordinarían con facilidad a otros. 

Los factores F, G, H e I

Los factores F, G, H e I corresponden a: impulsividad, conformidad grupal, atrevimiento y sensibilidad. Cattell relaciona a la impulsividad con la espontaneidad y la expresividad. Cuanto más impulsiva una persona, más entusiasta serían. Cuanto menos impulsiva, más prudente, reservada y pesimista.

Para Raymond Cattell, la conformidad grupal se refiere al grado de aceptación de las normas sociales que muestran los individuos. Las más conformes serían personas que se tornan moralistas. Los más inconformes, rebeldes o revolucionarios.

En cuanto al atrevimiento, estaría relacionado con la capacidad de asumir riesgos y actuar bajo presión. Quienes no tienen un alto nivel en esta dimensión tenderían a buscar lo seguro y predecible.

Por su parte, la sensibilidad aludiría al predominio de los aspectos emocionales frente a los racionales en la conducta. Una persona altamente sensible tendería a dejarse dominar por sus sentimientos. Alguien con baja sensibilidad tendería a ser realista y práctico. 

Los factores L, M, N y O

Los factores L, M, N y O corresponden a: suspicacia, imaginación, astucia y culpabilidad. La suspicacia tendría que ver con el grado de confianza o desconfianza hacia los demás. La imaginación, por su parte, sería la capacidad de una persona para sumergirse en su pensamiento y en su mundo interno.

El factor N, o astucia, se relaciona con la destreza para analizar la realidad, identificando aquellos rasgos que permitan obtener algo positivo de los demás. Por lo tanto, los más astutos serían también calculadores y fríos. Los menos astutos son sinceros, espontáneos y directos.

El último factor, culpabilidad, se refiere a la capacidad de una persona para responsabilizarse de sus actos de una manera realista. Quienes puntúan alto en este factor serían personas que tienden a sufrir y a culparse por todo. Quienes puntúan bajo tendrían una excelente opinión de sí mismos y serían más indulgentes con sus errores. 

Los factores Q 1, Q2, Q3 y Q4

Los factores Q, del 1 al 4, son: Rebeldía, Autosuficiencia, Autocontrol y Tensión. La rebeldía tiene que ver con la apertura al cambio y la capacidad para transformar las situaciones. La autosuficiencia está relacionada con el grado de independencia personal.

Por su parte, el autocontrol tiene que ver con el nivel de tendencia que tiene un individuo para comportarse socialmente de forma ideal. Y la tensión se refiere al grado de ansiedad que experimenta un sujeto en su vida cotidiana.

Todos estos factores son los que mediría el test de Raymond Cattell. Las puntuaciones en estos factores nos permitirían trazar el perfil de personalidad de la persona que ha respondido al test. Actualmente dicho test se utiliza con mucha frecuencia para la selección de personal que hacen los departamentos de recursos humanos. 

domingo, 12 de septiembre de 2021

La medicalización de la condición humana: patologizando el malestar natural


ANDREA BOSCH QUINCOCES         |       Psicología y Mente

Asumir que el malestar es siempre un problema lleva a patologizar la vida cotidiana.

 

No nos parecerá extraño oír que padecemos el “síndrome postvacacional” si nos sentimos decaídos anímicamente al volver de un viaje y nos reencontramos bruscamente con la rutina o, al contrario, que sufrimos el “síndrome del tiempo libre” si vamos de vacaciones y nos cuesta relajarnos por estar acostumbrados a llevar un ritmo de vida muy ajetreado.

 

Estas etiquetas, a pesar de ser utilizadas con normalidad y poder parecer inofensivas, son el reflejo de cómo nuestra sociedad se ha vuelto intolerante al malestar, al dolor y a la incertidumbre.

 

Esto nos ha llevado a patologizar estados de ánimo, sentimientos y emociones que son inherentes a la condición humana como la tristeza, la ira, el estrés, los problemas en la adolescencia o la soledad, entre otras, y que podrían tener más relación con “sentirse mal” que con “padecer una enfermedad” (Pérez, Bobo y Arias, 2013).

 

La paradoja de la salud

 

A lo anterior se le suma lo que denominamos “paradoja de la salud”, es decir, lo que en los países más desarrollados se da cuando la definición de salud es muy objetiva y retroalimenta el crecimiento de los problemas declarados en consulta médica.

 

Esto sucede, por ejemplo, cuando la descripción de los síntomas para identificar una enfermedad o un trastorno es muy específica e involucra una serie de “síntomas” que pueden aparecer también delante de situaciones difíciles o conflictivas.

 

Así pues, es común escuchar a alguien decir que tiene “depresión” por no decir que está triste, o que tiene “ansiedad” por no decir que está nervioso. Del mismo modo, cuanto más se amplían los recursos en el sistema de salud más son las personas que dicen estar enfermas.

 

Por ello, este mecanismo que retroalimenta la percepción de enfermedades ante reacciones normales durante adversidades cotidianas se basa en asumir que no hay personas sanas, sino solo enfermos sin diagnosticar (Orueta et al., 2011), dado que de algún modo, en algún momento u otro, todos encajaríamos en alguna categoría diagnóstica.

 

¿Qué entendemos por salud y felicidad?

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud ya no como la ausencia de enfermedad, sino como la obtención del bienestar absoluto, lo que de alguna manera asegura la instauración de esa patologización extrema del malestar, además de una búsqueda de felicidad inmediata y un consumo excesivo de fármacos sedantes que nos eviten tener que soportar pequeñas dosis de sufrimiento.

 

Esto se debe al lugar inalcanzable en el que se asientan las bases del estándar de salud para el ser humano, cuya condición natural es la variabilidad en el estado de ánimo y provoca que cualquier cosa que no sea percibida como “bienestar absoluto” sea considerada “patológica”.

 

No obstante, el problema no está en buscar o no la felicidad, está en que ya nos han enseñado donde debemos encontrarla, y nosotros, sin cuestionar absolutamente nada, nos lo hemos creído. El consumo, los avances en tecnología y ciencia y el individualismo son esos tres grandes caminos que según nuestra sociedad debemos seguir para encontrar la felicidad (Lipovetsky y Charles, 2006). Los tres forman parte de lo material y están entrelazados entre sí, siendo a la vez, pequeñas porciones de felicidad e infelicidad intermitente.

 

Por un lado, nos ofrecen momentos de comodidad y placer, y por el otro, nos hacen sentir inquietud y desasosiego. Por ejemplo, estos nos permiten acceder a remedios contra el dolor, a compras privilegiadas o a avances tecnológicos útiles, pero al mismo tiempo hacen que queramos cada vez más y sintamos que nunca es suficiente, generándonos así sentimientos de insatisfacción e infelicidad.

Por eso, comprar en ausencia de necesidad como método de evasión, carecer de un enfoque crítico ante la ciencia médica y volvernos más individualistas, exigentes y sensibles a la frustración, nos ha convertido en consumistas a veces felices, pero siempre insatisfechos.

 

Un exceso de medicalización

 

El ámbito de la salud mental es un buen ejemplo de todo lo comentado anteriormente. En este ámbito, pese a los recientes esfuerzos por revertir esta situación, se ha abusado y se abusa de una perspectiva biológica para el tratamiento del “malestar” humano.

 

Esto lleva a una medicalización excesiva como medio para combatir “problemas” que en realidad forman parte de las fluctuaciones normales de la vida, proporcionando un bienestar inmediato, aunque fugaz. De esta manera, vamos perdiendo autonomía, acostumbrándonos a tomar una actitud pasiva ante los problemas.

 

Así pues, percibir el dolor, la inquietud o la ansiedad como enfermedades nos permite etiquetarlas y, en consecuencia, tener a disposición un tratamiento, es decir, una solución que se encuentre en el exterior y que, por lo tanto, no nos involucre directamente. Como dijo Conrad en 2007, esto es una manera de transformar condiciones humanas en enfermedades tratables, lo que en este caso retroalimenta que la ciencia y el dinero vayan de la mano y que, por ende, esta disciplina acabe siendo una empresa con fines económicos (Smith, 2005).

 

Hoy en día, por norma general el tratamiento que se busca antes de que llegue “la enfermedad” suele reducirse a fármacos, y estos actúan más como “flotador” que como “barco de rescate” cuando en realidad lo que necesitamos es familiarizarnos con el agua fría y aprender a nadar. Al fin y al cabo, paliar las consecuencias de un problema lo hace más llevadero y soportable, pero no lo hace desaparecer, sino que ayuda a olvidar momentáneamente que dicho problema existe.

 

Por ejemplo, será mucho más fácil pensar que un hijo es revoltoso y desobediente por tener un Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) que pensar que dicha agitación conductual se debe a una dinámica familiar disfuncional (Talarn, Rigat y Carbonell, 2011). Entonces, la solución a un síntoma quizás dado más por un problema familiar que por un trastorno, se encontrará en un fármaco anfetamínico y no en el cuestionamiento de las creencias que hasta el día de hoy han guiado su comportamiento como padres.

 

Nueva perspectivas terapéuticas

 

En definitiva, como sociedad deberíamos entender la incertidumbre y el sufrimiento como parte de la vida para poder volver a normalizar situaciones problemáticas que ya se han medicalizado (Perez et al, 2013), y que, además, podrían derivar de la interacción entre el individuo y su contexto e historia (Bianco y Figueroa, 2008). Ahora bien, esto se complica mientras cualquier lamento se siga interpretando desde una perspectiva médica, por ser esto provechoso a nivel económico y no científico (Talarn et al., 2011).

 

Aun así, es cierto que empieza a visibilizarse esta problemática y empiezan a ser conocidas terapias como la “Terapia de Aceptación y Compromiso” (ACT), cuya premisa principal es la de normalizar el malestar entendiéndolo como producto de la condición humana. Esta expone cómo la sociedad nos enseña a resistir a un sufrimiento que es normal, y como esta resistencia puede generar el verdadero sufrimiento patológico.

 

Su objetivo pues, es el de deshacerse del patrón evitativo y destructivo generado por “la cultura del sentirse bien” que nos lleva a evitar un dolor que forma parte de nuestro ciclo vital y nos ayuda a crecer (Soriano y Salas, 2006).

 

En mi opinión, urge la visibilización de este tipo de terapias, ya que es difícil que abramos los ojos si sigue siendo beneficioso hacernos creer que la solución está en cerrarlos. Así que deberíamos apoyar el crecimiento de esta nueva filosofía, porque mientras se nos siga enseñando a ser enfermos tratables, se nos seguirá preparando para consumir y no para tomar una actitud activa ante las situaciones conflictivas de la vida (Lobo, 2006). 

viernes, 10 de septiembre de 2021

Qué es el "nervio vago", cómo funciona y cómo puede ayudarnos a reducir el estrés.

 

Redacción BBC News Mundo       |       31/07/2021

 

¡Eres una pila de nervios!

Seguramente hayas escuchado esta frase o incluso te hayas sentido identificado.

¿Pero qué significa realmente? ¿Una pila literal de fibras nerviosas en nuestro cuerpo? ¿O es una frase conectada a nuestras emociones?

Tal vez ambas.

Existe un nervio, el más largo que tenemos, que recorre gran parte de nuestro cuerpo y que los científicos aseguran que está fuertemente conectado a nuestras emociones.

 

Nos referimos al nervio vago. Y no, no es porque sea un holgazán.


¿Qué es el nervio vago?

El nombre del nervio vago viene del latín nervus vagus.

"Su raíz significa deambular, y realmente describe la forma en que deambula por el cuerpo, así como un vagabundo", detalló la psicóloga Kimberley Wilson en el programa Made of Stronger Stuff ("Hecho de material más fuerte") de Radio 4 de la BBC.

El nervio vago se divide en dos: uno que se extiende por el lado derecho y otro por el izquierdo del cuerpo humano.

Se origina en el tronco cerebral aproximadamente detrás de las orejas y se extienda por cada lado del cuello, cruza el pecho y llega hasta el abdomen.

El nervio vago conecta el tronco cerebral con casi todos los órganos del cuerpo, con el corazón, pulmones, estómago, intestinos, páncreas, hígado, riñones, bazo y vesícula. Se mueve a través de casi todos los órganos esenciales.

Es como una gran y crítica autopista o un cable de teléfono trasatlántico con miles y miles de fibras dentro, comparan los especialistas.

"El 80% de esos cables son sensores, lo que significa que el nervio vago en toda su extensión está reportando lo que pasa en todos los órganos del cuerpo al cerebro", describió a la BBC Kevin Tracey, presidente del Instituto Feinstein de Nueva York y un pionero en el estudio de este nervio.

AGES

En términos científicos, el nervio vago es el componente principal del sistema nervioso parasimpático, que controla las funciones y actos involuntarios de nuestro cuerpo.

"Tú tienes tu sistema nervioso simpático, la parte del sistema nervioso que te prepara para la acción, mientras que el sistema nervioso parasimpático puedes considerarlo como el interruptor de apagado para eso", explicó la psicóloga Wilson.

"Entonces, el nervio vago del sistema nervioso parasimpático ayuda a cambiar el modo corporal para el descanso, la relajación, la recuperación, la regulación de tu frecuencia cardíaca y la respiración, básicamente todas las cosas divertidas que necesitas para vivir", enumeró.

Por lo tanto, si el nervio vago es esta vía de comunicación con sensores que envían señales desde el cuerpo hacia el cerebro, esto puede tener un impacto directo en nuestra mente, nuestros pensamientos y tal vez incluso en nuestros sentimientos, señalaron los especialistas.


Eres lo que comes…

La evidencia dice que una dieta balanceada hace bien a la salud.

Pero ¿cómo se traduce esto en el funcionamiento concreto de nuestro cuerpo? ¿Y qué tiene que ver el nervio vago en esto?

Para tratar de entender este complejo y encadenado proceso hay que empezar con el microbioma.

IMAGES

Se trata de una colección de microorganismos, principalmente bacterias que viven en todo el cuerpo, pero particularmente en el intestino y que se encargan de defender el organismo de patógenos y bacterias invasoras.

Pero también asumen parte del trabajo de la digestión de alimentos y extraen determinadas sustancias químicas que son buenas para el cerebro.

Y para que estas sustancias lleguen al cerebro necesitan una ruta: el nervio vago.

"Hay muchas vías de comunicación entre el intestino y el cerebro, pero quizás la más estudiada y que nos ha interesado mucho es el nervio vago. Y me gusta recordarle a la gente que lo que sucede en 'el vago' no solo se queda en 'el vago', sino que en realidad afectará nuestras emociones", afirmó John Cryan, profesor de Anatomía y Neurociencia de la University College Cork, de Irlanda.

A diferencia del genoma, el microbioma es potencialmente modificable y eso se logra a través de la alimentación.

El neurocientífico enumeró una serie de alimentos que se obtienen a partir de la fermentación como el kimchi, la kombucha, el kéfir, el chucrut y el yogurt que son buenos en fibra.

"También se ha demostrado que hay muchas verduras ricas en probióticos que tienen efectos beneficiosos sobre la señalización intestinal-cerebral", explicó.

 

En resumen, comer verduras es bueno, como diría cualquier médico.

"El componente fibroso de los vegetales, en particular los químicos como la insulina, alimentan el microbioma que permite sintetizar químicos que (a su vez) estimulan el nervio vago para activar partes del cerebro que te harán sentir de una manera particular", detalló el doctor Xand van Tulleken, del programa Made of Stronger Stuff de la BBC.

 

Estimulación del nervio vago

Existen tratamientos médicos que estimulan el nervio vago por razones terapéuticas, mediante un pequeño dispositivo similar a un marcapasos que da un impulso eléctrico.

Actualmente, tiene un uso médico limitado para afecciones como la depresión y la epilepsia que son difíciles de tratar.

"El aparato envía una estimulación eléctrica suave y regular a lo largo del nervio (vago) hacia el cerebro. De alguna manera esto calma la actividad cerebral irregular que conduce a convulsiones. Por lo tanto, puede ser que la activación del nervio vago haga que el cerebro libere sustancias químicas, neurotransmisores, que reducen la actividad convulsiva", explicó el doctor van Tulleken.

Pero su efectividad varía mucho dependiendo del paciente.

 

También existen investigaciones sobre la estimulación del nervio vago que puede aplicarse a tratamientos para enfermedades que producen inflamación en el cuerpo, como la artritis reumatoide.

"Si entiendes que el nervio vago tiene la capacidad de ser como los frenos de un auto para detener la inflamación, está la posibilidad de piratearlo con dispositivos o medicamentos para apagar la inflamación", opinó el investigador Kevin Tracey.

Si dejamos de lado las enfermedades y los tratamientos, a nivel personal podemos también estimular el nervio vago para bajar los niveles de ansiedad y estrés.

Entre las técnicas están cantar, tararear o repetir mantras.

Un estudio de 2013 con coristas mostró que estas actividades ayudan a mantener el compás del ritmo del corazón. Y esto se logra a través del nervio vago.

 

"Esto me hace pensar en el yoga, que de forma muy natural es parte de la práctica (de estimulación). Actividades como cantar y recitar una canción hacen vibrar la garganta y la respiración diafragmática profunda, que sabemos que estimula el nervio vago", añade la psicóloga Wilson.

En un futuro, tal vez la fusión de las nuevas tecnologías con viejas y conocidas prácticas ayuden a obtener un beneficio para nuestra salud corporal, mental y emocional.

 

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Qué es una "persona vitamina" y cómo puedes encontrar la tuya

 

RAC 1 – BARCELONA     |     04/09/2021

 

El libro de Marian Rojas Estapé explica por qué conectamos tan bien con algunas personas y lo más mínimo con otros.

La psiquiatra Marian Rojas Estapé dice que vivimos en modo estrés y en estado de alerta y que esto activa el cortisol. La llamada hormona del estrés nos sirve para afrontar retos, pero si la generamos continuamente, nos intoxica y nos altera desde el estado de ánimo hasta la salud de la piel.

 

Cuando esto ocurre nos conviene más que nunca energía positiva, y esta es la que nos transmite una "persona vitamina". Así califica Rojas las personas que nos apoyan, las que nos inspiran, las que nos animan, las que nos transmiten confianza, todas las que sacan lo mejor de nosotros mismos.

 

Y así como el estrés pulsa el botón del cortisol, las personas vitamina abren las puertas de una sustancia que nos hace sentir bien: la oxitocina u hormona del amor. Hasta hace poco se le asociaba al parto y en la lactancia, pero los últimos estudios científicos aseguran que aparece como protagonista en otras escenas de nuestra película vital.

 

Encontramos oxitocina…

 

-En aquel abrazo intenso que nos dibuja una sonrisa desde el primer segundo.

 

-En esa mirada de confianza que nos lanzan en una reunión cuando nos encontramos en un atasco mental.

 

-En aquella frase de ánimo que alguien nos dice justo cuando nos sentimos aislados de todo y todos.

 

-Cuando mantenemos relaciones sexuales, porque tiene un papel destacado en la erección masculina y la excitación femenina.

 

Toda esta información lo explica Rojas Estapé en su último libro. Se titula “Encuentra tu persona vitamina” y, a partir de conceptos, casos clínicos y reflexiones personales, se adentra en el fascinante y complejo mundo de las relaciones entre personas.

 

Encontrar a tu persona vitamina también da respuesta a preguntas como por qué hay gente pegada a relaciones complicadas o si la educación que hemos recibido influye en las parejas que elegimos.

 

Para acercarse lo máximo posible a las personas vitamina, Rojas nos recomienda evitar o aprender a gestionar las que precisamente no lo son en absoluto. La autora no les llama personas tóxicas porque dice que lo que es tóxico no son ellas sino el efecto que nos producen. Y su guía para identificarlas es esta.

Las personas que no nos convienen

 

-La persona egoísta. Hace sólo lo que quiere ella. Rojas la define como la "yo, mi, me, conmigo".

 

- La negativa. Es la queja personificada.

 

- La envidiosa. Es aquella persona que sufre cuando a otra le van bien las cosas y necesita criticarla y humillarla.

 

- La víctima. Su vida es un auténtico drama y siempre tiene una excusa para todo. Y la culpa, evidentemente, siempre la tienen los demás.

 

- La amargada. Tiene la capacidad de apagar nuestra luz, dice Rojas, en cuestión de minutos.

 

- La persona que juzga. Opina sobre cualquier cosa que tiene que ver contigo y con tu vida.

 

- La que critica. Siempre tiene una palabra negativa para quien no está presente.

 

- La manipuladora. Suele tener muchísima memoria y tiene una enorme influencia sobre nosotros.

- La dependiente. Es aquella que siente que necesita tanto otra persona que lo acaba esclavizando y negándole su propio espacio.

 

- La persona 'put drama in your life'. Rojas dice que este perfil de persona si no tiene un drama se lo inventa.

 

- Y, finalmente, la persona con trastorno límite de la personalidad. Viven las emociones y las situaciones al límite.

lunes, 6 de septiembre de 2021

7 tips emocionales para una vuelta al cole cálida

  

ANABEL DE LA CRUZ SÁNCHEZ  |Vitaliza Psicología de la Salud-Psicología y Mente   |    31/08/2021

Consejos para ponérselo fácil a los pequeños en los días de vuelta a la escuela.


Estos días llega la cuenta atrás para muchos niños y niñas.


Las emociones fluyen en diferentes corrientes, navegando entre la alegría por volver a ver a los amigos y amigas, la pereza por retomar madrugones y la tristeza por dejar atrás unos días de disfrute y descanso junto a la familia.

 

¿Cómo propiciar una vuelta al cole cálida?

 

Para muchos niños y niñas, la vuelta al cole no siempre es fácil; por ello, os dejamos a continuación una serie de recomendaciones que pueden ayudarnos a la adaptación de nuestros hijos e hijas.

 

Para familias... 

Estos son los consejos e ideas clave a tener en cuenta por padres y madres para ponérselo fácil a los pequeños.

 

1. Conexión

Hablar con ellos sobre cómo se sienten ante el comienzo de curso (para ello podemos emplear dibujos, juegos, canciones), calmando su malestar en caso de que exista miedo, rabia o ansiedad, sin minimizar o quitarle importancia, y ayudándoles a integrar esa emoción a través de la transmisión por parte del adulto de comprensión y seguridad.

 

2. Anticipación 

Visitar la escuela días antes del comienzo, tratar de propiciar un encuentro previo en el parque con niños que van a pertenecer a su aula, explicar a través de muñecos o imágenes, o hacer un viaje imaginario hacia la escuela; puede ayudar a dotar de confianza a los menores en su comienzo.

 

3. Cooperación 

Para que nuestros hijos sientan que se les tiene en cuenta, que su opinión y colaboración es importante para nosotros hacerles partícipes en los preparativos del material escolar, acompañándonos a comprar y siempre que sea posible, eligiendo en base a sus gustos. Esto fortalecerá la creación de una expectativa positiva hacia la vuelta al cole.

 

4. Acompañamiento con serenidad y calma

Evitar prisas y ansiedad por parte de los padres a la hora de acudir al colegio, tomando conciencia del momento presente y estando al lado de nuestros hijos, escuchando lo que nos cuentan o ayudando a poner palabras a los que están viviendo, siempre siendo conscientes que transmitimos seguridad y no “me tengo que ir”. Este momento es muy importante, para que los primeros pasos de nuestros hijos/as hacia la escuela, se den con aplomo y serenidad.

 

Para el profesorado...

El profesorado también puede ayudar con muchas acciones a recibir a sus alumnos con y desde el corazón, propiciando emociones agradables y positivas sobre el reencuentro. Para ello, nuestras sugerencias son las siguientes.

 

1. Comunicación previa

Cualquier toma de contacto con el alumnado, días antes de empezar, que vaya cargado de emocionalidad, transmitiendo acogida y seguridad, puede ayudar a que los niños y niñas acudan a clase más confiados.

 

Una video llamada, email o por ejemplo, la idea que tuvo la profesora de mi hija, Bakarne Robles, con esta postal a domicilio, cargada de cariño e imágenes, pueden llenar de ilusión y de expectativas positivas a los menores.

 

2. Crear puentes entre el hogar y la escuela

Comenzar con una actividad que suponga una continuidad entre la casa y la escuela, como puede ser traer una foto de las vacaciones (ejemplo que podéis ver en la postal previa), o un objeto que recuerde dónde hemos estado (conchas, arena, piedras, libros, etc.), permitirá que la transición sea más fluida.

 

Asimismo, ofrecer a las familias la posibilidad de comunicación previa, en el caso de que consideren la necesidad de transmitir alguna información relevante, siempre ayudará a contextualizar mejor a cada alumno.

 

3. Vaciar la mochila de las emociones

Como docentes, también se activan estados mentales y emocionales en nosotros ante el comienzo de curso. Tomar consciencia nos ayudará a recoger mejor las emociones que traigan los alumnos, ya que como dice Jose María Toro, “la buena educación, tiene mucho de crear lazos y desatar nudos”.

 

Todo ello podemos conseguirlo poniendo en marcha una comunicación afectiva, y transmitiendo un estado emocional (tono de la voz, gestos, ritmo del habla), que denoten compromiso y comprensión, para envolver en un aura de seguridad al alumnado.