lunes, 7 de febrero de 2022

La importancia del autocuidado emocional en tiempos de Covid-19


TATIANA LARA FLORIAN         |     Top Doctors     |     16/02/2021

Es importante fomentar el autocuidado y la salud mental como medida de prevención para mantener al cuerpo en estado óptimo, el ser humano debe aprender a conectarse con sus dones y talentos.

Contextualizando la problemática 

En estos momentos de Pandemia en donde las personas ruegan por la salud planetaria son tiempos de cambio de conciencia, pues el ser humano tiene que enfrentar grandes desafíos y retos para enfrentar el Estrés y la Ansiedad producto del COVID-19. Al día de hoy están muy presentes la falta de sueño, atención, concentración y la montaña rusa emocional por miedo a contagiarse o a contagiar a otros, o simplemente por padecerlo. Esto genera cambios en las dinámicas familiares y pone a prueba los recursos de afrontamiento de la familia como contexto de desarrollo. 

A causa del Coronavirus han cambiado las rutinas y hábitos. Algunas personas han padecido este virus y varios familiares están generando gran tensión por no poderlos visitar en el hospital con la incertidumbre que se recuperarán o en casos inevitables han fallecido haciendo que se cambiaran los rituales de despedida y la manera de enterrar a los fallecidos, sin funerarias, sin velación, sin cementerios. 

Las personas han quedado imposibilitadas de poder acompañar a sus familiares en su proceso de despedida, aceptando la cremación, sin siquiera poder vestirlos por última vez, sin ese cierre social y emocional por el estigma social y el miedo al contagio. 

El suceso es tan fuerte que en la mayoría de las ocasiones que las personas sólo han enviado condolencias por medio de las redes sociales, se han perdido de ese abrazo silencioso y sincero en el que se les hacían saber a los seres queridos ese sentimiento de compañía en el dolor. 

Otras familias han cambiado de ciudad, país, las familias se han separado y desintegrado generando procesos de inmenso dolor y de adaptación por el hecho de ser emigrantes. Esta reflexión hace que los humanos se replanteen cambiar nuestras creencias y pensamientos. En este sentido, se recomienda ser más positivos y optimistas, practicar actividades como cantar, bailar, hacer ejercicio, tomar más agua, cuidar la salud, jugar como niños, ver películas cómicas, respirar, meditar, agendar nuestra felicidad y encontrar un propósito para implementar los nuevos hábitos. 

La importancia del autocuidado

Es importante fomentar el autocuidado y la salud mental como medida de prevención para mantener al cuerpo en estado óptimo, el ser humano debe aprender a conectarse con sus dones y talentos. Estas prácticas permiten fortalecer la autoestima y ligar a la esencia vital, el ser interior, la unidad familiar, los rituales, el afecto, la aceptación y el respeto. 

En este sentido, es imperativo fomentar la comunicación asertiva, y la espiritualidad, aprender a vivir con acuerdos pacíficos, tomar un respiro, dar un momento de tiempo afuera, a dar y recibir y ayudar a otros a dejar fluir las energías, a vivir el presente sin paso y sin prisa. 

En esta Pandemia los seres humanos deben acomodarse a una nueva situación para ser más resilientes ante la adversidad, ser más respetuosos, empáticos ante el dolor y la compasión, la pobreza y la enfermedad para encontrar los para qué y no los porqués. 

Los aprendizajes, para crecer, para ser mejores seres humanos, para perdonarse a sí mismos y a los que se han lastimado. La sociedad debe unirse y crear redes de solidaridad y armonía, a volver a amar y a cuidar la naturaleza. Es momento de reinventarse y sacar nuestra mejor versión, es momento de vivir el aquí y el ahora viviendo un día a la vez, a desatar nuestra imaginación para la paz y el bien universal.

sábado, 5 de febrero de 2022

¿Cuánto tiempo tardamos en hacernos adictos a algo? (II)


LOIS BALADO TOMÉ  | La voz de la salud-la voz de galicia.es  |  31/01/2022
 
En el abordaje de una adicción, ¿funciona la terapia de grupo?
 
Todos hemos visto cómo en alguna película se afrontan procesos en los que algún protagonista busca desintoxicarse. Las referencias a la terapia grupal son habituales en el séptimo arte. Seguro que son capaces de imaginarse esta escena. El protagonista se levanta y dice ante un grupo de compañeros con su mismo trastorno adictivo como el alcohol: «Hola, soy fulanito y soy alcohólico». ¿Cuánto de fantasía y de realidad hay sobre las terapias de grupo? ¿Funcionan?
 
Lo primero que debemos tener claro es que, por desgracia, no existe una pastilla que vaya a curar a una persona adicta. «Para tratar una dependencia no tenemos un fármaco que te puedas tomar y con el que ya no seas dependiente de una droga. Hay que hacer un trabajo psicosocial. Un trabajo de reconstruir de la persona. Y si el paciente es muy joven, tal vez haya que, directamente, construir a esa persona.», avanza la psiquiatra catalana.
 
Lourdes Suárez es psicóloga y también dirige una Unidad de Conductas Adictivas en Carballo (A Coruña). La profesional recomienda siempre un abordaje clínico y ser muy rigurosos con la información que se aporta. Tanto al paciente como a su entorno. «La información que se tiene que dar a las familias y que debe llegar a la población en general tiene que ser clara e inequívoca. El tratamiento de los trastornos adictivos tiene que estar basado en evidencias científicas, no en visiones subjetivas, distorsionadas o trasnochadas que sugieren que las adicciones son un vicio o un acto voluntario. Los trastornos adictivos son trastornos mentales y requieren de un abordaje integral. Si lo basamos en opiniones personales o visiones subjetivas, lo más probable es que nos equivoquemos y que el paciente sufra las consecuencias», asegura.
 
La motivación del afectado es un aspecto importante (aunque más adelante veremos que no definitivo). ¿Qué hacemos entonces si la persona se niega a solicitar ayuda y no hay visos de que lo vaya a hacer nunca? «Es posible que suceda. El tratamiento de las adicciones tiene que ser voluntario, accesible y gratuito, como el resto de los servicios sanitarios del sistema público de salud. No podemos obligar a una persona a iniciar un tratamiento, si no es esa su voluntad. Pero sí podemos atender a sus familiares y allegados, darles pautas de manejo y orientarlos sobre cómo hablar con esta persona para incrementar las posibilidades de que acuda, al menos, a una entrevista con los profesionales. Esa entrevista nos permitirá abordar su motivación hacia el cambio», dice Suárez.
 
LA AYUDA A UNA PERSONA CON UN TRASTORNO ADICTIVO DEBE SER:
1.      Voluntario
2.     Accesible
3.     Gratuito
 
La importancia de que una adicción pase por el médico de cabecera
 
La psicóloga del centro coruñés recomienda que todo el proceso de desintoxicación se ajuste a la ruta claramente trazada por los servicios públicos de salud, cuya puerta de entrada es la atención primaria. «El médico de cabecera suele ser una persona de confianza para los pacientes y ser de gran ayuda para que tomen conciencia de su problema y poner en marcha el proceso de tratamiento».
 
Nuestro médico más cercano será el encargado de poner en marcha la maquinaria, aunque reconoce que hay casos excepcionales. «Hay unas pautas que siguen todos los centros públicos y, una muy importante, es facilitar el acceso de usuarios de drogas ilegales, que suelen estar más desvinculados del sistema sanitario. Se avalúa su demanda, se realiza un diagnóstico biopsicosocial y se elabora un plan de tratamiento consensuado con el paciente», puntualiza. Considera importante la coordinación, tanto con la atención primaria como con la especializada, como en cualquier otra patología. Las unidades de tratamiento de trastornos adictivos son un servicio especializado, en este caso, en el ámbito de la salud mental. Lo más beneficioso para el paciente es que entre en un circuito sanitario normalizado», explica Lourdes Suárez.
 
La terapia de grupo

Existe cierta aura de misterio sobre las terapias de grupo. A algunas asociaciones se las acusa de hacer abordajes demasiado radicales u obsoletos. La pregunta es, ¿funcionan? ¿Son recomendables? «Nosotros tenemos un abordaje básicamente clínico», confirma Mercè Balcells, que sí ve beneficios en las sesiones con otros pacientes: «Yo digo que todo lo que sirve, tenemos que usarlo. Sin duda, la terapia grupal sirve. Creo que tiene un papel muy importante, todo el tratamiento psicológico lo tiene».
 
Y a nivel clínico, ¿cómo se trabaja? «Nosotros hacemos un abordaje que se denomina motivacional. Trabajamos con la entrevista motivacional, buscamos hacer que las personas aumenten su probabilidad de cambiar las cosas. Es un abordaje terapéutico y psicológico. Si me preguntas por Alcohólicos Anónimos, por ejemplo, creo que tienen un largo recorrido y que a quien les pida ayuda le va a ir bien. Estar en un grupo de apoyo, sea el que sea, ayuda. A veces se necesita salir de un entorno para poder reconstruirse y pensar. Y todas las ayudas son bienvenidas Está claro que está bien unirse a un grupo, pero a veces si no hay un clínico, si hay otros trastornos psiquiátricos u orgánicos, eso no se va a atender. Por eso recomendamos que se haga en unidades especializadas, pero toda ayuda es bienvenida», comenta la directora de la Unidad del Clínic.
 
Si tengo un amigo que tiene una adicción, ¿debo «arrastrarle» a desintoxicarse?
 
Hay una creencia común que dice que, hasta que uno no quiera, no se desenganchará de una adicción. ¿Es esto realmente así? ¿Llevar a alguien a terapia a la fuerza supone que el tratamiento está abocado al fracaso?
 
Evidentemente, si el paciente está convencido y decidido a querer recuperar su vida todo será mucho más sencillo, pero eso no significa necesariamente que no se pueda intervenir y dejar a su suerte al resto de casos. «Sí, necesitas querer para dejar una adicción, pero a veces necesitas que alguien te ''arrastre'' para poder empezar a querer dejarlo. En las adicciones hay mucha ambivalencia; uno quiere y no quiere a la vez. Uno quiere encontrarse bien, no quiere fastidiar a su entorno, no perder el trabajo; pero a la vez es verdad que quieres seguir consumiendo porque esta vía volitiva está alterada. Quieres y no quieres al mismo tiempo. A veces, con ayuda, es más fácil que se resuelva la ambivalencia y que uno diga «sí, quiero dejarlo y me voy a poner a ello», dice la psiquiatra catalana.
 
Lourdes Suárez, por su parte, prefiere cambiar el verbo «arrastrar» (que, por supuesto, no es literal), por dialogar: «Arrastrar a la persona, no; dialogar con ella, sí. Claro que hay muchas contradicciones en una persona con un trastorno adictivo. Muchas veces son conscientes de los problemas que está generando su problema a nivel familiar, laboral, económico, legal o de salud. Pero se muestran ambivalentes ante el cambio. Les gustaría seguir consumiendo sin arrastrar todos esos problemas. O tener un consumo controlado», razona. explicando que en una persona que ya ha desarrollado un trastorno de este tipo, el consumo ocasional es prácticamente imposible. «Una de las cosas características de una adicción es la pérdida del control», sentencia.
 
Consejos para las familias
 
Lourdes Suárez expone una lista de recomendaciones clave para los familiares que conviven con una persona con un trastorno adictivo para intentar solucionar el problema y aumentar las capacidades de éxito.
 
Son las siguientes:
1.      Entender que una adicción es un trastorno mental. Si no se parte de esta base, todo el resto será una atención no adecuada.

2.     Asesorarse con las personas adecuadas. Los profesionales de las unidades de Trastornos Adictivos pueden dar pautas de manejo a las familias si el afectado no quiere acudir al centro o mejorar las estrategias para convencerlo.
 
3.     Entender que es un proceso largo y con tendencia a las recaídas. Suelen alternarse períodos de consumo descontrolado con abstinencia o intermitencia.
 
4.     No es una atención a situaciones de urgencia. no hay una pastilla mágica. Un trastorno adictivo requiere una valoración adecuada, un diagnóstico, un plan de intervención y un equipo multidisciplinar.
 
5.     Dialogar y escuchar. El paciente es una persona, no un problema.
 
6.     Evitar las medidas de coacción. Los chantajes y las amenzas para que se sometan a un tratamiento, no funcionan. El usuario llegará presionado y no convecido.
 
7.      Evitar posturas demasiado permisivas. Darles dinero, permitir conductas en casa o aceptar chantajes (por ejemplo, durante el síndrome de abstinencia) es una mala decisión.
 
8.     Buscar el máximo consenso familiar. Las fisuras entre los diferentes miembros de la familia, pueden ser utilizadas por el adicto para justificar y mantener su conducta.
 
9.     Que la familia y el paciente no se desvinculen. Los familiares suelen estar desbordados por esta problemática. Muchas veces se arrastran años de evolución, que han deteriorado enormemente la convivencia y las relaciones interpersonales. Pese a todo, es fundamental el soporte familiar a lo largo del proceso de rehabilitación.
 
10.  Evitar culpabilizar, presionar en exceso o criticar continuamente. No funcionará y aumentará la distancia con la familia.
 
11.   Entender que no se va a resolver con fuerza de voluntad, sino con ayuda profesional.
 
12.   La familia no debe culpabilizarse.
 
13.   Establecer unos límites claros de convivencia. No son aceptables las conductas agresivas, la violencia familiar, las amenazas o los robos.
 
14.   No esperar milagros. Es un proceso largo que requiere mucho trabajo y en el que puede haber períodos frustrantes. 
 

¿Cuánto tiempo tardamos en hacernos adictos a algo? (I)


LOIS BALADO TOMÉ   |  La voz de la salud-la voz de galicia.es  |  31/01/2022

El consumo repetido de una sustancia o una conducta puede hacer que caigamos en una adicción, pero la vulnerabilidad de cada persona es diferente.

¿Cuánto tiempo debe estar una persona en contacto con una sustancia para volverse adicto a ella? ¿Existe una respuesta científica y precisa? La televisión popularizó hace unos años aquello de los 21 días. Una fórmula sencilla, fácilmente comprensible y recordable que caló en la gente. Si la respuesta fuese tan sencilla, sería tan fácil como frenar el consumo en el día 20 para no caer presos de una adicción. Lamentablemente, en cuestiones biopsicosociales, la respuesta nunca es tan fácil.

Es cierto que, cuanto más prolongado sea un contacto con una sustancia, más probabilidades tienes de hacerte dependiente. Es solo una de las muchísimas variables. Y no debe confundirse un hábito con una adicción. Así que eviten los atajos. En este artículo trataremos de dar respuesta a algunas preguntas claves. ¿Qué es una adicción? ¿Puede una adicción ser positiva? ¿Hay un componente genético que nos hace tener más predisposición para caer? ¿Cúal es la mejor manera de ayudar a una persona adicta?
 
El mito de los 21 días
 
«Lo de los 21 días es un mito. No son 21 días», afirma con rotundidad Mercè Balcells, coordinadora de la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital Clínic de Barcelona: «Es verdad que para hacerte adicto a alguna sustancia tienes que entrar en contacto con ella varias veces. Va a depender de la sustancia y de tu vulnerabilidad biológica que necesites más o menos contactos para hacerte adicto. En general, las adicciones tienen que ver con una vulnerabilidad genética, pero son biopsicosociales, influye mucho el entorno personal».
 
Es importante resaltar que ser adicto a algo (una conducta o una sustancia) implica cambios neuronales. Una adicción modifica el funcionamiento de nuestro cerebro. «La sustancia actúa en una parte de nuestras vías neuronales que controlan el sistema de refuerzos positivos y la parte volitiva (la función neuronal que nos mueve y que hace que queramos cosas). El alcohol, el cannabis, la cocaína... alteran esas vías neuronales , pero también tiene que ver también con la vulnerabilidad de cada persona y con su entorno», detalla la psiquiatra e investigadora del hospital catalán, uno de los más importantes de todo el país.
 
¿Hay gente que nunca se hace adicta?
 
«Es verdad que hay personas que son más resistentes a una sustancia, pero si insistimos, creo que todos podemos hacernos adictos a una sustancia con un poder adictivo, independientemente de que nos pueda costar más o menos», opina Mercè Balcells. En cualquier caso, la profesional entierra definitivamente esa fórmula tan digerible en la que los 21 días marcan un punto de inflexión. «Creo que eso tiene que ver más con los hábitos que con las adicciones. Adicción y hábito no son lo mismo. El hábito tiene que ver más con una dimensión psicológica y se requiere de un tiempo para modificarlos. Pero una adicción va más allá», detalla.
 
¿Se puede ser adicto a cualquier cosa o solo a lo que produce reacciones químicas en nuestro cuerpo?
 
Coloquialmente, cuando hablamos en un círculo de confianza tendemos a decir que somos adictos a cosas que nos gustan mucho. «Soy adicto a las pipas», «soy adicto a la novela negra» o «soy adicto a la crema de manos». Pero no somos adictos a las pipas ni a la novela negra ni a ninguna crema, aunque tú mismo sepas que te estás pasando embadurnándote las manos cada poco tiempo. «Tú puedes hacer un uso compulsivo o patológico de algo. Imaginemos que te sucede con el agua; en ningún caso tienes una adicción al agua. Puedes tener un consumo patológico de comida, pero no tienes una adicción a la comida, tienes un trastorno alimentario», dice Balcells. Es una diferencia importante y, trasladado a otro tipo de ejemplos más comunes es fácil de entender. Todo el mundo sabe que una bala puede matarte, pero eso no significa que seas alérgico a las balas.
 
Es decir, ser adicto no es lo mismo que hacer un uso patológico de algo. Una adicción tiene implicaciones a nivel neurológico y clínico.

Qué es una adicción
 
Ahora que ya sabemos qué no es, buscamos saber qué es una adicción. «Las adicciones son a sustancias adictivas o a conductas que acaban desarrollando una dependencia porque alteran estas vías neuronales de los refuerzos (aquí juega un papel esencial la dopamina) y también todas estas vías son responsables de la parte volitiva, que es la que te moviliza a hacer estas cosas», define la psiquiatra del Clínic. 
 
Una adicción tiene siempre connotaciones negativas. Es decir, ¿se puede ser adicto a «algo bueno»?, ¿ser dependientes de algo que en realidad nos viene bien porque es sano? La respuesta es que no, no existe una adicción buena. «Una adicción es siempre negativa porque lleva implícito perder la capacidad de decidir. La sustancia es la que decide por ti, altera las vías volitivas y en esta nueva escala de valores tú vas a poner por delante la adicción, que te impide hacer otras cosas» desgrana Mercé Balcells, que puntualiza: «Una definición que a mí me gusta dice que una adicción es cuando usas una sustancia a pesar de las consecuencias. El uso de la sustancia te invade. La necesitas. Y no tiene nada que ver con lo que buscas, con lo que quieres o con lo que necesitas. Pierdes libertad. Eso no puede ser bueno».
Aunque cada sustancia es diferente, sí que existen una serie de criterios comunes que pueden ayudar a identificar una adicción.
 
¿Qué tipo de adicciones hay?, ¿se puede ser adicto al deporte?

Distinguimos dos tipos de adicciones: las adicciones a una sustancia y las adicciones conductuales. Muchas de las segundas están todavía en estudio y a día de hoy, en el campo de las adicciones conductuales, solo está catalogada oficialmente la adicción al juego. Pero vendrán más. Y la adicción a las pantallas está haciendo méritos para ser incluida más pronto que tarde en esta categoría.
 
Tipos de adicciones

§  Adicción a una sustancia (alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, heroína, etc)
§  Adicción conductual 
 
Como ya hemos comentado anteriormente, existe una predisposición genética a que acabemos siendo adictos a algo. Pero cabe aclarar que eso no significa que haya un gen identificado como el «culpable» de que no sepamos controlar el consumo. «Hay gente que sabemos que va a tener más capacidad para engancharse, por ejemplo, a una droga; a convertirse en adicto. No se trata de un gen en concreto, sino que es multicausal. Más un polimorfismo que un gen en concreto».
 
Ahora bien, qué sucede cuando no hay una sustancia por el medio. Todo el mundo ha escuchado hablar de la adicción al sexo, al juego o al móvil. ¿Son también adicciones? «Es verdad estamos empezando a ver trastornos adictivos sin sustancia, conductuales. A día de hoy, el juego ya está reconocido como una adicción. Con las pantallas vamos viendo que, seguramente, en los próximos años, será reconocida como tal», pronostica Balcells.
 
¿Se puede ser adicto al deporte, por ejemplo? «A día de hoy no», responde la jefa de la Unidad de Adicciones del Clínic de Barcelona, que matiza: «Para que pudiéramos a la larga ser adictos al deporte, tendría que tener connotaciones negativas. Si a ti te gusta mucho el deporte y lo practicas mucho, perfecto. Pero si no puedes evitarlo y lo pones por delante de otras cosas que son importantes para ti, o incluso por delante de la propia salud… La vigorexia, por ejemplo, acaba perjudicando en vez de ser saludable».
 
Lourdes Suárez, psicóloga y también directora de una unidad de trastornos adictivos en Galicia (Carballo, A Coruña), sí ve claramente las características típicas de un trastorno adictivo en las adicciones comportamentales. «Algunas conductas son potencialmente adictivas, como el juego, el sexo, las redes socialeslas compras o la comida. Al igual que sucede con las adicciones a sustancias psicoactivas, activan el circuito cerebral de recompensa y pueden convertirse en conductas repetitivas, compulsivas, que generen pérdida de control, dependencia y craving».
 
Y el consumo ocasional y controlado, ¿existe o es un mito?

Todos conocemos a alguien que se autodefine como «fumador social». Tal vez también se les venga alguien a la cabeza que consume ocasionalmente cocaína, en noches señaladas o alguna boda. ¿Es realmente esto un consumo controlado? «Sabemos que el consumo de bajo riesgo existe. Con el alcohol, incluso lo tenemos tipificado, aunque la OMS acaba de hacer una corrección. Si antes se establecía el límite en menos de 40 g de alcohol al día para hombres y de 20 para una mujer, en el 2021 se modificó y ya es menos de 20 g para el hombre y de 10 para la mujer. Consideramos que ese consumo es de bajo riesgo, aunque lógicamente para las otras drogas no lo tenemos tan tipificado», comentan desde el Clínic.
 
En el hospital catalán, a través de una beca de investigación, están trabajando en los efectos del cannabis sobre nuestro cuerpo. «Estamos estudiando si es posible un consumo de bajo riesgo de cannabis. Sabemos que es una sustancia que está disponible en nuestro entorno y sabemos que aún lo va a estar más, queremos saber si es posible que exista un consumo de bajo riesgo. No lo sabemos. Para otras drogas no está tan estudiado, aunque seguramente pueda existir», aventura Mercè, que sin embargo advierte: «También es cierto que todas las adicciones suelen empezar como conductas de bajo riesgo. No puedo decir que eso no exista pero tampoco lo voy a recomendar a nadie. No sabemos cuál es tu vulnerabilidad genética. Cuando más tarde se introduzca una droga en nuestro entorno y menos contactos se tengan con ella, menos números tendremos de desarrollar una adicción».
 

viernes, 4 de febrero de 2022

Tipos de estrés


SANITAS  

Antes de referirse a los diferentes tipos de estrés patológico, también denominado distrés, es importante resaltar el hecho de que el estrés es también un mecanismo de respuesta que el organismo tiene ante estímulos exteriores y que es, cuando se produce en su justa medida, bueno y saludable, ya que genera satisfacción, alegría, mejora la actividad cardiaca y la resistencia física, así como la actividad mental. En este caso recibe el nombre técnico de estrés.

El problema surge cuando el estrés es una respuesta a situaciones de conflicto, de duelo, de accidentes traumáticos, desengaños, pérdida de empleo y una larga lista de situaciones negativas.

En tales ocasiones se producen una serie de síntomas claros que determinan una situación patológica que debe ser convenientemente tratada:
   

·        Emocionales: irascibilidad, frustración, ansiedad, pánico o miedo.

·        Físicos: dolor de cabeza, de espalda o cuello.

·        Intestinales: diarrea o estreñimiento, acidez, calambres estomacales, reflujo gástrico o náuseas.

·        Fisiológicos: dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones o aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial. 

Establecidos los síntomas posibles de un cuadro de estrés, cabe diferenciar tres tipos:
   

·        Estrés agudo: es el tipo más frecuente de estrés y se produce fundamentalmente como reacción a la exigencia o la presión puntual, por lo que es de corta duración y es fácilmente manejable y tratable. Se manifiesta con cansancio y síntomas tensionales, sobreexcitación, pies y manos fríos, sentimientos depresivos o una ligera ansiedad.
  

·        Estrés agudo episódico: se refiere a las personas que sufren situaciones de estrés agudo de forma repetitiva y que parecen acabar atrapadas en una espiral de asunción excesiva de responsabilidades, que las sumerge en una vida desordenada, regida por la presión autoimpuesta e inmersa en una crisis continua. Son personas  que suelen mostrarse con un carácter agrio, irritables, muy nerviosas y que están en un continuo estado de ansiedad.  Además, a menudo culpan a otras personas de todos sus problemas.
Otra forma de este tipo de estrés es el pesimismo constante que se transforma en una negatividad que se aplica a todo, esperando siempre que suceda lo peor. En cualquier caso, los síntomas son más graves, caracterizándose por la presencia frecuente de migrañas y dolores tensionales, hipertensión arteria, presión en el pecho y propensión a sufrir enfermedades cardiacas. Su tratamiento pasa por una terapia psicológica que puede durar meses, ya que son personas resistentes a los cambios.
   

·        Estrés crónico: es un estrés agotador que produce un desgaste físico y emocional continuo a la persona que lo sufre. Las situaciones de pobreza, de familias disfuncionales, tener un empleo que se desprecia son algunas de las situaciones que pueden generarlo. Nunca se ve la salida y se deja de buscar soluciones. En ocasiones hay que buscar el origen en hechos traumáticos que se han vivido durante la infancia y que marcan el desarrollo de la personalidad y de las referencias para el comportamiento. En ocasiones este tipo de estrés induce la idea de suicidio y puede estar en el origen de un infarto de miocardio o de otras enfermedades sistémicas, como el ictus. Los síntomas más severos que en los casos anteriores pueden requerir un tratamiento farmacológico, además de terapia psicológica.
   

El estrés crónico mata a través del suicidio, la violencia, el ataque al corazón, la apoplejía e incluso el cáncer. Las personas se desgastan hasta llegar a una crisis nerviosa final y fatal. Debido a que los recursos físicos y mentales se ven consumidos por el desgaste a largo plazo, los síntomas de estrés crónico son difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo del estrés.