SERGI MORA | Psicología y Mente
Solucionar problemas implica ir más allá del puro
intelecto.
SERGI MORA | Psicología y Mente
Solucionar problemas implica ir más allá del puro
intelecto.
GEMA SÁNCHEZ
CUEVAS | La Mente es Maravillosa |
01/02/2022
Escrito por Edith Sánchez
La intransigencia es
una actitud que puede resultar muy destructiva. ¿Por qué alguien cierra su
mente y se niega a ver razones o evidencias que podrían sacarle de un error?.
La intransigencia, como otros muchos atributos, es uno de esos rasgos que suma y ayuda cuando es oportuno y se ejerce en la medida justa. De no ser así, se convierte en un veneno muy ponzoñoso.
Tal vez la definición esencial de la intransigencia es
la de una actitud en la que hay
voluntad de no ceder. No es lo mismo que obstinación o terquedad, pero sí
puede conducir a ellas.
La obstinación
hace referencia a la limitación que lleva a considerar solo un punto de vista
frente. Por su parte, la terquedad tiene que ver con mantenerse en alguna idea,
sentimiento o deseo en contra de toda evidencia.
En el caso de la intransigencia, es posible que se consideren varios puntos de vista. Así mismo, en muchos casos se sustenta sobre evidencias. Sin embargo, lo que difiere significativamente del punto de vista, o las evidencias que prueban una postura diferente son demeritadas o no tomadas en cuenta.
“La actitud intransigente es más
indicativa de una incertidumbre interior que de una profunda convicción”.
– Eric Hoffer -
La intransigencia es una actitud
Más allá de lo razonable o no que resulte una idea,
una opinión o un deseo, lo que prima en la
intransigencia es el rechazo necio a ceder. Por lo tanto, no se
trata en sí misma de una forma de razonar o de un sesgo como tal, sino de una
actitud que bloquea cualquier posibilidad de conciliación con otras posturas.
Lo que hay en esta actitud es una falta de flexibilidad. En ese sentido, está emparentada o bien con la rigidez mental o bien con motivaciones que no pueden o no quieren hacerse explícitos. Estas pueden ser el propio ego, el deseo de imponerse a otros o algún interés oculto y concreto.
La intransigencia supone un elevado coste personal o social en muchas circunstancias. A veces lleva a que una persona se haga daño de forma innecesaria, pero también puede causar muchos males en el plano social.
Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Sussex demostró que durante la Primera Guerra Mundial las autoridades no quisieron acoger el concepto de “neurosis de guerra”. Quienes padecían sus síntomas eran considerados simples “cobardes”. La intransigencia dominante impidió que los soldados recibieran un trato adaptado a sus circunstancias reales.
El elevado coste de la intransigencia
La Universidad Stony Brook de Nueva York llevó a cabo
un estudio en el que se evaluaron las actitudes de diversos individuos
frente a la negociación. Se tomaron como base personas
que pensaban diferente y con intereses divergentes. El objetivo era
ver en qué medida eran capaces de llegar a acuerdos y cerrar una negociación
eficaz, es decir, una en la que ambas partes ganaran algo.
En principio,
se propuso una negociación estrictamente económica. El resultado fue alentador,
ya que el 62 % de los involucrados se mostraron flexibles. El 84 % fue capaz de
tomar decisiones que favorecían a sus oponentes con tal de llevar la
negociación a buen puerto.
Sin embargo, a las mismas personas se les propuso una negociación asociada a la política. Allí entraron en juego los valores morales de los participantes y entonces el 60% fue mucho más radical. Las actitudes se mostraron más extremas, lo que hizo que más de la mitad de las negociaciones fracasaran.
Intransigencia e inseguridad
El filósofo Eric Hoffer fue muy lúcido sobre la verdadera naturaleza de la intransigencia negativa. Dijo que “la postura intransigente se dirige más contra la duda interior que contra el agresor exterior”. En efecto, todo indica que esa actitud está mucho más asociada con la autodefensa que con la convicción.
Es muy frecuente que las actitudes intransigentes no nazcan de férreos valores y opiniones, sino que más bien se asocien con un ego que se siente amenazado y que responde radicalizándose.
La intransigencia suele develar miedo o inseguridad en aquello en lo que se cree o se desea.
Muchas veces la función de la obstinación es cerrar el
diálogo, cortar la comunicación. El objetivo es que las
creencias no sean puestas en tela de juicio o que se revele su fragilidad.
Por eso, en los entornos de gran incertidumbre la gente tiende a volverse más
radical también. Por lo tanto, puede afirmarse que el antídoto contra la
intransigencia negativa es la confianza en uno mismo.
BEATRIZ GARCÍA | Madrid | niusdiario.es | 06/03/2022
La hija del conocido psiquiatra Luis Rojas Marcos destaca el empeoramiento de la salud mental de las mujeres en la pandemia.
Para Rojas Marcos la conciliación es la causa subyacente de la mayor parte de los problemas mentales de las mujeres.
La psicóloga ha apoyado la atención psicológica gratuita que ofrece la Asociación Yo No Renuncio.
Atendió a fuerzas de
seguridad tras los atentados del 11S, ha estado ayudando a sanitarios en España
tras la pandemia. Todo, de forma voluntaria. Laura Rojas Marcos, hija del
conocido psiquiatra afincado en Estados Unidos, Luis Rojas Marcos, se centra
ahora en las mujeres. Lo hace apoyando la puesta en marcha de un teléfono de
asistencia psicológica gratuita de la Asociación Yo No Renuncio, perteneciente al CLub de
Malasmadres.
Son mayoría en su
consulta, y más, dice, tras la pandemia, cuando no han podido compartir la
carga que ya llevaban con los abuelos, o personal contratado para ello. Laura
Rojas Marcos, psicóloga, humanista, escritora y divulgadora, autora además de
varios libros como Hablar y aprender, El sentimiento
de culpa, Somos cambio o La familia,
anima a pedir ayuda sin
complejos cuando algo nos haga sentir mal.
Pregunta. ¿Van a terapia más
mujeres que hombres?
Respuesta. En mi experiencia
las mujeres no es que necesiten más la terapia, sino que somos más
conscientes o aprendemos a identificar antes cuándo necesitamos ayuda. Y
no sentimos tanto como los hombres que tienen que demostrar nada, el tema del
ego. Lamentablemente muchos hombres a lo largo de la historia han tenido una
gran dificultad a la hora de expresar sus sentimientos, necesidades... Estaba
mal visto, ya sabes, "los hombres no lloran". Eso se está superando,
se está naturalizando que a veces estamos estresados o angustiados y
necesitamos ayuda.
Me gustaría dejar claro
que las personas que buscan ayuda en la terapia psicológica o en el
psiquiatra son personas sanas. Yo tengo la consulta llena
de mujeres sanas que están pasando por un mal momento. La gran mayoría de los
que vienen a mi consulta vienen porque están sufriendo, quieren mejorar y
conectan con una parte de ellos muy valiente, mucho, que desea cambiar y
confiar.
P. ¿Qué motivos llevan a las
mujeres a acudir a terapia?
R. Muchas de las mujeres
que encuentro no pueden gestionar su estrés y dificultades para conciliar
su vida laboral y familiar. Y otras que padecen el llamado
síndrome de estar quemado: dan tanto a los demás, a su familia sobre todo, que
llega un momento en el que se sienten vacías e insatisfechas.
Sobre todo porque sienten
que no hay un equilibrio entre lo que dan y lo que reciben. Las
mujeres que llegan a mi consulta están sufriendo, quieren resolverlo, lo han
intentado y no lo han conseguido.
P. Y, ¿a qué edad
suelen acudir las mujeres a su consulta?
R. Ronda la edad de tener hijos, y vienen tanto las que los tienen como las que no. Y estas últimas a veces lo tienen más difícil todavía, porque tomar esa decisión para la que parece que te ha preparado la vida y la sociedad, es duro. Pero ellas sienten que tienen que elegir entre varios aspectos de su vida, y cuando hacen una valoración de cómo gestionarían su vida siendo madres, ven que no es lo que quieren
P. ¿Se ha agudizado
el malestar mental de las mujeres en la pandemia?
R. Muchísimo. Ha
empeorado la salud mental de toda la sociedad, su estabilidad emocional. Es
abrumador, especialmente en mujeres. Porque esa conciliación ha desaparecido
totalmente en la pandemia. Me he encontrado, pasando
consulta, con muchas mujeres que estaban intentando trabajar, proteger y hacer
bien su trabajo, con los niños encima o al lado porque no había otra persona. O
lo hacían ellas o no se hacía. Como sociedad hemos descubierto que los abuelos
eran fundamentales, porque aún no hay igualdad en responsabilidad y
oportunidades.
Es cierto que hemos
mejorado mucho respecto a generaciones anteriores, pero las
mujeres seguimos llevando una gran carga que se nota en las consultas de los
psicólogos. El futuro tiene que saber que la salud mental es un
derecho, por eso es importante que las niñas de ahora vean que sus madres
cuidan su salud emocional, el respeto a tu intimidad y tus necesidades. Ellas
tienen más suerte porque esa desestigmatización que se está produciendo les
hará más fácil tomar la decisión de pedir ayuda profesional.
P. Por sus respuestas,
se deduce que la conciliación de la vida personal o familiar y la profesional o
social es la causa subyacente a la mayoría de consultas de mujeres,
¿no?
R. Es que lo es, es
uno de los problemas principales del mundo entero. Ese sentir no
ser suficiente, no estar a la altura, no llegar a todo, que soy yo la que tiene
el problema... Es el pan de cada día en mi consulta. Y me
parece terrible. Por eso parte de mi intención es hacer ver a la sociedad que
no, verás, que el problema no es tuyo, es del entorno.
Lo importante es dotar a las
mujeres, y a todos, de herramientas para lidiar con ese entorno,
con el sistema, sin que nos cueste la salud mental.
Laura Rojas Marcos afirma
que las cosas han cambiado mucho en España desde que ella se trasladó aquí en
2002, pero siente que aún queda otro tanto por hacer. Una tarea en la que la
psicología tendrá gran protagonismo, aunque todavía sea poco accesible para la
mayoría. En España hay seis psicólogos cada cien mil habitantes, frente a los
dieciocho de la media europea.
NAHUM MONTAGUD RUBIO | Psicología y Mente
¿Cómo
persuadir a alguien para que vaya a psicoterapia? Veamos pautas para hacerlo
sin presionar.
Somos seres empáticos. Ello hace que
nos preocupemos no únicamente por nosotros mismos, sino también del bienestar
de nuestros familiares y amigos, los cuales pueden estar pasando por una mala
situación.
A veces se hace necesario recurrir a un
psicólogo, quien puede contribuir a mejorar el estado de nuestro ser querido.
Sin embargo, acudir a terapia no es una decisión que se suela tomar con
facilidad y puede darse el caso de que
quien necesita ayuda profesional no la llegue a pedir por
diferentes motivos. El hecho de que alguien cercano tenga un problema no
únicamente le afecta a él, sino también a su círculo cercano, y son sus
allegados quienes consideran oportuno que se haga una visita a un profesional.
La pregunta que muchas personas se hacen al encontrarse en esta situación
es: ¿cómo convencer a alguien de ir
al psicólogo? El proponérselo puede llegar a ser un tema
muy delicado, y generar una situación de tensión al sentirse ofendido y que se
le puede estar llamando “loco”. Veamos varios consejos e ideas clave para saber
cómo abordar esta clase de problemas.
Aunque en las últimas décadas la
profesión del psicólogo ha ido adquiriendo mayor popularidad, además de
divulgarse mejor qué es lo que se realiza en la consulta psicológica, lo cierto
es que muchas personas se
muestran reticentes a acudir a terapia psicológica.
Si bien la imagen del psicólogo como
aquella persona que se encarga únicamente de las personas con trastornos psicológicos
graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, se ha ido superando, son
muchos los que siguen creyendo que ir al psicólogo es cosa de “locos”.
También puede darse el caso de que la persona que está sufriendo considere
que se encuentra en una situación tan grave que ya no tiene situación,
o que tema que al ir al psicólogo le confirme que no hay nada que hacer, y
decida no enfrentarse a ello.
Hay quienes ven el pedir ayuda como una
muestra de debilidad, y temen acabar dependiendo de un profesional de la salud
mental. También, debido a un desconocimiento de lo que realmente hacen los
psicólogos, creen que los acabarán medicando y sabrán realmente abordar de
manera profunda su situación.
Si bien hay personas que son
conscientes de que están sufriendo y necesitan ayuda, el temor a un elevado
costo económico de la psicoterapia puede impedir que vayan al psicólogo.
Es importante indicar que, salvo en
situaciones donde haya un trastorno psicológico muy grave, debe ser la propia persona quien acuda al
psicólogo de forma libre, sin que sus familiares, amigos o
pareja hayan organizado un engaño o la lleven a la consulta de forma forzada.
Para un psicólogo clínico, este tipo de situaciones son especialmente
difíciles, dado que la persona a la que se debe intervenir no desea recibir
ayuda profesional.
Como amigos, familiares o
pareja de alguien que está sufriendo, se puede seguir una serie de
recomendaciones que pueden
ayudarnos a que la persona sea consciente de que necesita ayuda y de que puede
mejorar, además de mostrarle que estamos de su lado, que la apoyamos y queremos
lo mejor para ella.
A continuación se presentan algunos consejos cuya finalidad es ayudar a
saber cómo convencer a alguien de ir al psicólogo.
Proponer ir al psicólogo es un tema
delicado. Es por ello que lo recomendable es elegir un momento y un lugar en los que predomine la
calma y la intimidad, en los que no haya tensión y no hayan
otras personas que puedan reaccionar negativamente a la propuesta de acudir al
profesional e influir en quien necesita ayuda.
Queremos ayudarle, y por ello hemos de
mostrar que esa es nuestra intención. Pregunta sobre sus sentimientos, cómo está viviendo la situación y
cómo percibe que puede evolucionar. Si alguna vez te ha
ocurrido algo similar, cuéntaselo y hazle entender que todo puede mejorar con
la ayuda adecuada.
Recomendar empezar inmediatamente con
la psicoterapia puede verse como proponer algo complicado y económicamente no
asequible. En vez de ello, puedes recomendar que pruebe una toma de contacto
con un psicólogo, y ver qué sucede y cómo se siente después de la sesión.
Ir al psicólogo por primera vez se
puede percibir como una tarea intimidante. Para garantizar que la persona vaya, pero sin
presionarla, es una muy buena idea acompañarla durante la
primera sesión, que sienta que inicia el proceso con el apoyo de alguien
cercano.
Aunque todos los seres humanos tenemos
mucho en común, cada uno puede atribuir y vivir el sufrimiento de formas
distintas. No interpretes el por qué de su sufrimiento, simplemente comenta tu
percepción dejando claro que cada uno es libre de poder vivir una misma
experiencia de forma variada.
Muchos son los mitos que existen en
torno a la figura del psicólogo. La mejor manera de luchar contra ellos es
ofrecer artículos, libros, webs y otros recursos elaborados por los propios
profesionales para ayudar
a tener una visión real del profesional de la psicología y su labor.
Muchas personas creen que ir al
psicólogo implica ser medicado, pese a que este profesional no es quien receta psicofármacos, y le
tienen miedo a esa posibilidad. Recetar fármacos es tarea del psiquiatra, y
solo medica en caso de que sea necesario. Por eso, hay que informar sobre este
aspecto en caso de que resulte un obstáculo a la hora de convencer a alguien de
que vaya al psicólogo.
Gracias a las nuevas tecnologías son
muchos los psicólogos que disponen de páginas web en las que se pueden
concertar citas, además de explicar su ámbito de intervención y en qué se han
especializado. Así pues, resulta muy fácil ayudar a encontrar a un profesional de la psicoterapia
que se adapte a las necesidades de la persona a la que quieres convencer."
La psicoterapia puede verse como un
proceso caro. Si te lo puedes permitir, ofrécete a pagar la primera sesión. Eso
demostrará que estás muy implicado en el proceso terapéutico y le motivará a
acudir a terapia. Una
vez haya empezado, será más fácil que pierda sus miedos y posibles prejuicios.
Todas las personas tienen derecho a ser
partícipes en la mejora de su salud mental. Aunque le propongamos ir al
psicólogo, también debemos hacerle consciente de que él/ella es libre de decidir si acudir o no a consulta,
y que es responsable de su bienestar psicológico.
En caso de que, a pesar de haber
seguido estos consejos, la persona no quiera acudir al psicólogo, se debe
insistir, pero manteniendo
la calma y tratando de argumentar los beneficios de recibir terapia.
ROCÍO NAVARRRO MACÍAS | la vanguardia | 04/04/2022
Problemas cardiacos, respiratorios o digestivos pueden
derivarse de experiencias traumáticas o una situación emocional intensa y
cronificada.
Un estilo de vida rápido, la dependencia de dispositivos digitales y las consecuencias de la pandemia han cronificado sentimientos como el estrés, la ansiedad y la depresión. Estos cuadros emocionales impactan a todos los niveles y en el plano físico suele revelarse en problemas de sueño, dolores de cabeza o intestinales entre otros. Si persisten en el tiempo, las consecuencias pueden ser más severas y dar pie a enfermedades graves.
Según la Encuesta de Salud Mental durante la pandemia realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2021, el 41,9% de los participantes declaró “haber tenido problemas de sueño”, un 51,9% reconoció “sentirse cansado o con pocas energías” y un 38,7% ha tenido “dolores de cabeza”, entre otros problemas como taquicardias, mareos o desmayos.
Cuerpo y mente enferman a la vez – Emociones que
afectan a los genes
“Los traumas o situaciones emocionales intensas, especialmente si son continuadas, además de afectar a la salud mental o psíquica pueden conllevar hipertensión arterial, alteraciones cardiovasculares, del metabolismo como hiperglucemia; reproductivas como amenorrea en mujeres e impotencia en hombres, así como alteración del sistema inmune haciendo a las personas más propensas a desarrollar enfermedades”, Raquel Balmaseda, doctora en psicología y profesora del Máster en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
El cuerpo y la mente son una misma entidad que se retroalimenta. Las emociones desencadenan una serie de procesos con consecuencias en todo el cuerpo, incluso en los genes. “Actualmente sabemos que las experiencias influyen en la genética de tal manera que tienen la capacidad de activar o silenciar algunos de nuestros genes, esto se conoce como epigenética. Las adversas pueden activar genes que nos hagan padecer afecciones que no desarrollaríamos si no se hubiera producido”, comparte Balmaseda. Según indica la psicóloga: “Lo que vivimos hoy puede afectarnos a nivel físico tanto inmediatamente como a largo plazo. Sabemos que experiencias traumáticas tempranas provocan un incremento en la expresión génica para el factor liberador de corticotropina que puede modular las respuestas al estrés de por vida”.
Pero esto no quiere decir que las emociones desagradables tengan un impacto negativo, ya que su papel adaptativo como protectoras ante peligros o situaciones dañinas. “Para que se conviertan en perjudiciales para la salud tienen que ser crónicas, casi constantes. Y aún así, que exista una predisposición en el organismo hacia ciertos problemas.
¿Cómo afrontar la vida? – Los factores indirectos
La sensación prolongada de tristeza puede derivar en enfermedades físicas.
Pero si se dan ciertas emociones como la tristeza, la ira o la ansiedad todos o casi todos los días, puede ser un último empujón para generar una disfunción a nivel físico”, explica Gonzalo Hervás doctor en psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Al igual que las emociones desagradables perpetuadas son un riesgo para la salud, desatenderlas por completo puede tener el mismo efecto. “Los problemas aparecerán al cabo del tiempo, pero puede tener también consecuencias a nivel físico en algunos casos”, continúa.
Algunas de las consecuencias que sobre la salud tienen las emociones
desagradables o las experiencias traumáticas no vienen determinadas
directamente por ellas, sino los llamados mecanismos indirectos. “Son más
variados y tienen que ver con la forma de afrontar la vida y los problemas tras
un evento traumático. Es más probable que haya un mayor consumo de alcohol y
otras sustancias, más posibilidad de atracones, menos comportamientos
saludables, incluyendo lo más básico como ir al médico y seguir sus
recomendaciones. Todo esto es más grave cuando fruto de lo vivido hay un
rechazo intenso a uno mismo porque eso favorece la aparición de comportamientos
autodestructivos. Afortunadamente sucede solo en unos pocos casos”, continúa
Hervás.
Sueño, fatiga, tristeza… Las señales de alarma
Por fortuna, el propio organismo se encarga de avisar cuando detecta que el sistema emocional está desequilibrado. “Algunas señales de alarma pueden ser síntomas continuados de irritabilidad, problemas de sueño, fatiga, tristeza, anhedonia (falta de interés por las cosas o personas que antes nos interesaban) o enfermedades repetidas por desajuste del sistema inmunológico. En niños es posible que se manifiesten trastornos de conducta que antes no exhibían”, advierte Balmaseda. Ante estos indicios, es aconsejable recurrir a la ayuda de un profesional en psicoterapia.
“Sabemos que un uso razonable y moderado de
nuestra capacidad de análisis puede ayudar a encajar mejor las situaciones
cotidianas. Pero debe estar acompañado de otras estrategias como la consciencia
corporal, la aceptación y comprensión de lo que sentimos. El uso de estrategias
para distraernos, como escuchar música, disfrutar de un hobbie o hacer deporte
está muy indicado si se usa no como forma de evitación, sino como complemento a
lo anterior: tras atender a las emociones. Tener a alguien de confianza con
quien hablar de lo que sentimos está demostrado que por sí solo es de gran
ayuda para prevenir complicaciones”, concluye Hervás.