sábado, 16 de abril de 2022

La solución de los problemas está en un nivel superior de consciencia


SERGI MORA      |        Psicología y Mente

Solucionar problemas implica ir más allá del puro intelecto.

No es lo mismo sabiduría que intelecto. La sabiduría es la inteligencia del corazón. El intelecto es la inteligencia de la mente.

Cuanto más amas, más sabio o consciente eres de la realidad. Cuanto más miedo tienes (lo contrario del amor), menos consciente eres y más te dejas engañar por tu propio ego (o el ego de los demás).

El corazón está gobernado por el amor, es decir, por la comprensión de que tú y yo no somos dos (igual que una ola no es distinta a otra ola, sino que son el mismo océano). Para el intelecto somos olas diferentes y punto (no ve la unidad subyacente), pero para el amor somos expresiones de la misma esencia.

La diferencia entre sabiduría e intelecto

La física cuántica empieza a acercarse al paradigma de la sabiduría cuando demuestra que “el observador influye en lo observado”. Lo que todavía no ha demostrado la ciencia es que lo observado es realmente el mismo observador. No intentes comprender intelectualmente lo que acabo de decir, pues la naturaleza dual del intelecto te lo impide.

El intelecto es muy bueno diseccionando la realidad, igual que puede diseccionar un elefante en sus partes anatómicas (trompa, oreja, cola…) pero no es nada bueno comprendiendo el conjunto (elefante) de la realidad. Para ello necesitas subir de nivel de consciencia y usar la sabiduría.

El intelecto está gobernado por el ego (que en el fondo es un pensamiento que se autodenomina “yo”). La sabiduría está gobernada por el amor y la intuición, que es una comprensión directa (y no dual) de la realidad sin la intervención de los sentidos físicos. La sabiduría sabe y el intelecto conoce (o cree conocer). El intelecto pertenece a la naturaleza inferior del ser humano, y la sabiduría pertenece a su naturaleza superior.

Del mismo modo que podemos observar distintos grados en la capacidad intelectual de las personas, existen distintos grados en el nivel de consciencia de las mismas. Y no van necesariamente de la mano. Se puede tener una gran capacidad intelectual (de memoria, de creatividad, de lógica…) pero un bajo grado de consciencia (o sabiduría). El grado de consciencia se puede medir por el grado de luz y paz que desprende esa persona. Cuanto más sabio o consciente, menos juzgas pues más comprendes. Cuanto más sabio, más ves la perfección de todo y más despiertas (con tu simple presencia) la perfección en los demás.

Cuanto más consciente te vuelves de quién eres realmente (más allá de lo que te dicen tus sentidos o tus creencias), más sabio eres. Suele ocurrir que cuanto más intelecto tienes (a menudo representado por el número de títulos académicos que tienes) más te pierdes en los árboles del ego y menos ves el bosque. Un poeta suele estar más cerca de la Verdad que un premio nobel de física. No siempre es así, pero lo que quiero decir es que hoy en día abunda mucho intelecto al servicio del ego y poco intelecto al servicio de lo que es correcto o sabio.

Cómo medir nuestro grado de sabiduría

El Doctor David R. Hawkins fue un renombrado psiquiatra que desarrolló un mapa de la consciencia del ser humano. La consciencia se puede medir (mediante un test muscular) entre 0 y 1.000 grados. Una persona que no quiere vivir (y se quiere suicidar) calibra muy bajo, cerca de 10 o 0 grados. Una persona que vive en éxtasis continuo y desprende paz, gozo y dicha, calibra a 1.000 grados y se puede considerar la más sabia.

Cuando un ser humano calibra por debajo de 200, ese ser humano vive en el paradigma del ego (cuya emoción principal es el miedo y el ansia de control o poder). Cuando un ser humano vibra por encima de los 200, empieza a estar despierto a su naturaleza superior (cuya emoción principal es el amor, la paz y la comprensión). Una persona totalmente “despierta” como cualquier gran Avatar, calibraría a 1.000 (que representa la máxima sabiduría, amor y verdad).

Alguien humilde que transmita paz tiene tremendo poder y tiene mucha más fuerza que 1.000.000 de hombres poco despiertos. Recordad por ejemplo el poder que demostró Gandhi. Ni todos los tanques y soldados del imperio británico pudieron vencer su paz. Pero no todos los hombres despiertos acaban bien.

La mayoría, en un mundo inconsciente, acaban marginados o asesinados. Un hombre sabio es una amenaza para el ego de muchos pues cuestiona la base poco sólida sobre la que sustentan sus vidas. Y el ego, que prefiere tener razón antes que reconocer la Verdad, opta por querer cambiar a los demás (o apartarlos) del sistema.

El punto de inflexión en la evolución de cada individuo

Doscientos es un nivel muy importante, pues es a partir de ese nivel de consciencia que uno tiene el coraje de ver su propia sombra psicológica e ir más allá de su ego. A partir de 200 uno empieza a mirar adentro y asumir su responsabilidad. A partir de 200 uno deja de quejarse (o sentirse víctima y vivir desde el miedo). A partir de 200, uno deja de seguir al rebaño de forma inconsciente pues se ha dado cuenta que eso es una forma de ceder su responsabilidad.

En este mundo la mayoría calibran (según el Doctor Hawkins) una media de 207. Pero un gran porcentaje de la población calibran por debajo de 200, y por eso se dejan llevar fácilmente por su propio ego y es fácilmente manipulable por los egos de los demás. Por eso tenemos un mundo convulso, lleno de corrupción e injusticias. Vivimos en un mundo de ovejas, gobernado por una panda de lobos que a su vez están influidos por un puñado de buitres. Es un mundo gobernado por personas que ansían el poder y usan el miedo como forma de control. Pero quienes calibran por debajo de 200 no son capaces de ver tal oscuridad. No tienen luz (consciencia) suficiente para ver lo falso como falso.

El sabio tiene la claridad suficiente para ver la realidad sin los filtros o distorsiones del ego o del miedo. Y cuando dice lo que percibe y cuestiona la narrativa oficial (para controlar al rebaño) es menospreciado o considerado un loco. Pero no los llaman locos sino “antisistema” o “negacionistas” o “conspiranoicos”. Todo eso son etiquetas para ridiculizar (uso de agresividad pasiva).

En una sociedad donde la mayoría calibra por debajo de 200 y por lo tanto está gobernada por su ego, el sabio no encaja. El sabio no sigue la norma y la mayoría lo considera como la oveja negra, es decir, lo ve como una amenaza a su sentido de pertenencia a una sociedad enferma (o inconsciente).

El ego busca refugio en el rebaño. El ego cree a ciegas en el pastor (papá estado o papá institución o papá amigos y familia). El ego proyecta su miedo en forma de agresividad cuando ve amenazada su falsa seguridad. El ego no sabe que vive en la oscuridad (inconsciencia) y tiene miedo de ver desmontada su realidad basada en cómodas mentiras. Cuando un ego ve a una persona despierta (sabia) se defiende atacando, juzgando, acusando y ridiculizando. No verás nunca a un sabio agredir ni ridiculizar a nadie porque el sabio vive en contacto con el amor, y vive tranquilo pues sabe discernir entre lo que es verdad y lo que no lo es.                                                                                                                                                                           Hay quien prefiere la verdad y hay quien prefiere tener razón

Cuando calibras por debajo de 200, tus prioridades son la seguridad, el confort, la riqueza o el poder por encima de la Verdad. Cuando el intelecto está al servicio de la Verdad (que calibra a 1.000) y no al servicio de intereses propios (ego), entonces tenemos un intelecto iluminado.

Einstein era una mente brillante, no solo por su alto coeficiente intelectual, sino porque su intelecto estaba al servicio de su sabiduría. Según el Doctor David R. Hawkins, Einstein calibraba a 499. Una de las frases más famosas de Einstein fue “no podemos resolver un problema en el mismo nivel donde lo hemos creado”. Por nivel, se refería al nivel de consciencia. El 100% de los problemas se resuelven a medida que incrementas tu nivel de consciencia y desaparecen del todo cuando subes al nivel de consciencia de 600 (que representa el primer grado de la iluminación).

El momento de la verdad para la humanidad

Hoy en día asistimos a un momento importante para la Humanidad. Estamos ante un momento donde cada uno debemos decidir si seguir el camino fácil (y seguro) que dicta una autoridad (y unos medios de control o comunicación que propagan una única narrativa y censuran cualquier otra posibilidad) o bien seguir el camino estrecho de escuchar nuestra intuición, aunque eso suponga dejar de seguir a la mayoría.

Sabremos cuál es el camino correcto por el grado de presión o libertad que sentimos. Si algo nos presiona (y no nos deja pensar libremente), no es el camino de la verdad. Si alguien se hace pasar por nuestro consejero y usa la amenaza o el miedo como forma de coerción, no es el camino de la verdad. El camino de la verdad nunca presiona, nunca mete miedo. La verdad nos hará libres para asumir nuestra responsabilidad y además no nos ridiculizará, sino que nos amará sea cual sea nuestra decisión.

Cómo incrementar nuestra sabiduría o nivel de consciencia

La mente debe iluminarse con la sabiduría si queremos trascender (resolver de raíz) los problemas. Y la forma más fácil de incrementar nuestro grado de luz (o consciencia) es expandiendo nuestro amor. A medida que incrementamos nuestra autoestima (y, por lo tanto, el amor a la Verdad que somos), incrementamos nuestra sabiduría.

El amor empieza a manifestarse cuando perdemos el miedo a decidir por nosotros mismos (se llama coraje). Debemos aprender a amar la Verdad, aunque eso suponga la incomodidad de tener que hacer cambios de creencias, de hábitos o de relaciones. Pero recuerda que la Verdad sólo es incómoda para nuestro ego, pues vive atrapado en un sueño de seguridad, de querer agradar y pertenecer al rebaño.

Como coach personal, una de las enseñanzas que más transmito a mis clientes es el concepto de responsabilidad. Ser responsable es tener claro que “solo tú debes estar satisfecho con tus decisiones, y sólo él/ella/ellos/ellas deben estar satisfechos o satisfechas con las suyas”. Es decir, no confundamos esto que acabo de decir con “egoísmo”.

Por ejemplo, si se trata de salud, “solo yo soy responsable de mi salud, y solo tu de la tuya. Querer que yo cambie para tu sentirte seguro es ser egoísta. Quere que tu cambies para yo tener menos miedo, es ser egoísta. Dejar que los políticos decidan sobre tu salud sin cuestionarte nada, eso es ceder tu responsabilidad, pero, al fin y al cabo, es tu decisión. Pero querer que todo el mundo haga igual (porque así nos bombardean los medios), eso es un ataque a la libertad del ser humano y tratarlo como a una oveja irresponsable.

Asumir la responsabilidad de tus propias decisiones significa pensar por ti mismo y no ceder ese poder a nadie. Y para poder tomar decisiones, lo mejor es informarse bien (intelectualmente) y, sobre todo, subir tu nivel de consciencia (sabiduría). Recuerda que lo que para el ego puede ser una verdad, desde un nivel superior de consciencia, se ve claramente la falsedad. Si para el ego una serpiente representa un problema, para la sabiduría, esa serpiente no era más que una ilusión de luces y sombras y no es más que una simple cuerda expuesta a poca luz.

 

jueves, 14 de abril de 2022

El elevado coste de la intransigencia


GEMA SÁNCHEZ CUEVAS      |       La Mente es Maravillosa       |       01/02/2022

Escrito por Edith Sánchez 

La intransigencia es una actitud que puede resultar muy destructiva. ¿Por qué alguien cierra su mente y se niega a ver razones o evidencias que podrían sacarle de un error?. 

La intransigencia, como otros muchos atributos, es uno de esos rasgos que suma y ayuda cuando es oportuno y se ejerce en la medida justa. De no ser así, se convierte en un veneno muy ponzoñoso.

Tal vez la definición esencial de la intransigencia es la de una actitud en la que hay voluntad de no ceder. No es lo mismo que obstinación o terquedad, pero sí puede conducir a ellas.

La obstinación hace referencia a la limitación que lleva a considerar solo un punto de vista frente. Por su parte, la terquedad tiene que ver con mantenerse en alguna idea, sentimiento o deseo en contra de toda evidencia.

En el caso de la intransigencia, es posible que se consideren varios puntos de vista. Así mismo, en muchos casos se sustenta sobre evidencias. Sin embargo, lo que difiere significativamente del punto de vista, o las evidencias que prueban una postura diferente son demeritadas o no tomadas en cuenta. 

La actitud intransigente es más indicativa de una incertidumbre interior que de una profunda convicción”. – Eric Hoffer - 

La intransigencia es una actitud

Más allá de lo razonable o no que resulte una idea, una opinión o un deseo, lo que prima en la intransigencia es el rechazo necio a ceder. Por lo tanto, no se trata en sí misma de una forma de razonar o de un sesgo como tal, sino de una actitud que bloquea cualquier posibilidad de conciliación con otras posturas. 

Lo que hay en esta actitud es una falta de flexibilidad. En ese sentido, está emparentada o bien con la rigidez mental o bien con motivaciones que no pueden o no quieren hacerse explícitos. Estas pueden ser el propio ego, el deseo de imponerse a otros o algún interés oculto y concreto. 

La intransigencia supone un elevado coste personal o social en muchas circunstancias. A veces lleva a que una persona se haga daño de forma innecesaria, pero también puede causar muchos males en el plano social. 

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Sussex demostró que durante la Primera Guerra Mundial las autoridades no quisieron acoger el concepto de “neurosis de guerra”. Quienes padecían sus síntomas eran considerados simples “cobardes”. La intransigencia dominante impidió que los soldados recibieran un trato adaptado a sus circunstancias reales.

El elevado coste de la intransigencia

La Universidad Stony Brook de Nueva York llevó a cabo un estudio en el que se evaluaron las actitudes de diversos individuos frente a la negociación. Se tomaron como base personas que pensaban diferente y con intereses divergentes. El objetivo era ver en qué medida eran capaces de llegar a acuerdos y cerrar una negociación eficaz, es decir, una en la que ambas partes ganaran algo.

En principio, se propuso una negociación estrictamente económica. El resultado fue alentador, ya que el 62 % de los involucrados se mostraron flexibles. El 84 % fue capaz de tomar decisiones que favorecían a sus oponentes con tal de llevar la negociación a buen puerto.

Sin embargo, a las mismas personas se les propuso una negociación asociada a la política. Allí entraron en juego los valores morales de los participantes y entonces el 60% fue mucho más radical. Las actitudes se mostraron más extremas, lo que hizo que más de la mitad de las negociaciones fracasaran.

Intransigencia e inseguridad 

El filósofo Eric Hoffer fue muy lúcido sobre la verdadera naturaleza de la intransigencia negativa. Dijo que “la postura intransigente se dirige más contra la duda interior que contra el agresor exterior”. En efecto, todo indica que esa actitud está mucho más asociada con la autodefensa que con la convicción.

Es muy frecuente que las actitudes intransigentes no nazcan de férreos valores y opiniones, sino que más bien se asocien con un ego que se siente amenazado y que responde radicalizándose. 

La intransigencia suele develar miedo o inseguridad en aquello en lo que se cree o se desea. 

Muchas veces la función de la obstinación es cerrar el diálogo, cortar la comunicación. El objetivo es que las creencias no sean puestas en tela de juicio o que se revele su fragilidad. Por eso, en los entornos de gran incertidumbre la gente tiende a volverse más radical también. Por lo tanto, puede afirmarse que el antídoto contra la intransigencia negativa es la confianza en uno mismo.

martes, 12 de abril de 2022

Laura Rojas-Marcos, psicóloga: "Es abrumador cómo ha empeorado en pandemia la salud mental de las mujeres".


BEATRIZ GARCÍA       |     Madrid     |     niusdiario.es     |     06/03/2022

La hija del conocido psiquiatra Luis Rojas Marcos destaca el empeoramiento de la salud mental de las mujeres en la pandemia.

Para Rojas Marcos la conciliación es la causa subyacente de la mayor parte de los problemas mentales de las mujeres.

La psicóloga ha apoyado la atención psicológica gratuita que ofrece la Asociación Yo No Renuncio. 

Atendió a fuerzas de seguridad tras los atentados del 11S, ha estado ayudando a sanitarios en España tras la pandemia. Todo, de forma voluntaria. Laura Rojas Marcos, hija del conocido psiquiatra afincado en Estados Unidos, Luis Rojas Marcos, se centra ahora en las mujeres. Lo hace apoyando la puesta en marcha de un teléfono de asistencia psicológica gratuita de la Asociación Yo No Renuncio, perteneciente al CLub de Malasmadres. 

 

Son mayoría en su consulta, y más, dice, tras la pandemia, cuando no han podido compartir la carga que ya llevaban con los abuelos, o personal contratado para ello. Laura Rojas Marcos, psicóloga, humanista, escritora y divulgadora, autora además de varios libros como Hablar y aprenderEl sentimiento de culpaSomos cambio o La familia, anima a pedir ayuda sin complejos cuando algo nos haga sentir mal.

 

Pregunta. ¿Van a terapia más mujeres que hombres?

 

Respuesta. En mi experiencia las mujeres no es que necesiten más la terapia, sino que somos más conscientes o aprendemos a identificar antes cuándo necesitamos ayuda. Y no sentimos tanto como los hombres que tienen que demostrar nada, el tema del ego. Lamentablemente muchos hombres a lo largo de la historia han tenido una gran dificultad a la hora de expresar sus sentimientos, necesidades... Estaba mal visto, ya sabes, "los hombres no lloran". Eso se está superando, se está naturalizando que a veces estamos estresados o angustiados y necesitamos ayuda.

 

Me gustaría dejar claro que las personas que buscan ayuda en la terapia psicológica o en el psiquiatra son personas sanas. Yo tengo la consulta llena de mujeres sanas que están pasando por un mal momento. La gran mayoría de los que vienen a mi consulta vienen porque están sufriendo, quieren mejorar y conectan con una parte de ellos muy valiente, mucho, que desea cambiar y confiar. 

 

P. ¿Qué motivos llevan a las mujeres a acudir a terapia?

 

R. Muchas de las mujeres que encuentro no pueden gestionar su estrés y dificultades para conciliar su vida laboral y familiar. Y otras que padecen el llamado síndrome de estar quemado: dan tanto a los demás, a su familia sobre todo, que llega un momento en el que se sienten vacías e insatisfechas.

Sobre todo porque sienten que no hay un equilibrio entre lo que dan y lo que reciben. Las mujeres que llegan a mi consulta están sufriendo, quieren resolverlo, lo han intentado y no lo han conseguido. 

 

P. Y, ¿a qué edad suelen acudir las mujeres a su consulta?

 

R. Ronda la edad de tener hijos, y vienen tanto las que los tienen como las que no. Y estas últimas a veces lo tienen más difícil todavía, porque tomar esa decisión para la que parece que te ha preparado la vida y la sociedad, es duro. Pero ellas sienten que tienen que elegir entre varios aspectos de su vida, y cuando hacen una valoración de cómo gestionarían su vida siendo madres, ven que no es lo que quieren

 

P. ¿Se ha agudizado el malestar mental de las mujeres en la pandemia?

 

R. Muchísimo. Ha empeorado la salud mental de toda la sociedad, su estabilidad emocional. Es abrumador, especialmente en mujeres. Porque esa conciliación ha desaparecido totalmente en la pandemia. Me he encontrado, pasando consulta, con muchas mujeres que estaban intentando trabajar, proteger y hacer bien su trabajo, con los niños encima o al lado porque no había otra persona. O lo hacían ellas o no se hacía. Como sociedad hemos descubierto que los abuelos eran fundamentales, porque aún no hay igualdad en responsabilidad y oportunidades.

Es cierto que hemos mejorado mucho respecto a generaciones anteriores, pero las mujeres seguimos llevando una gran carga que se nota en las consultas de los psicólogos. El futuro tiene que saber que la salud mental es un derecho, por eso es importante que las niñas de ahora vean que sus madres cuidan su salud emocional, el respeto a tu intimidad y tus necesidades. Ellas tienen más suerte porque esa desestigmatización que se está produciendo les hará más fácil tomar la decisión de pedir ayuda profesional.

 

P. Por sus respuestas, se deduce que la conciliación de la vida personal o familiar y la profesional o social es la causa subyacente a la mayoría de consultas de mujeres, ¿no?

 

R. Es que lo es, es uno de los problemas principales del mundo entero. Ese sentir no ser suficiente, no estar a la altura, no llegar a todo, que soy yo la que tiene el problema... Es el pan de cada día en mi consulta. Y me parece terrible. Por eso parte de mi intención es hacer ver a la sociedad que no, verás, que el problema no es tuyo, es del entorno. 

Lo importante es dotar a las mujeres, y a todos, de herramientas para lidiar con ese entorno, con el sistema, sin que nos cueste la salud mental.

Laura Rojas Marcos afirma que las cosas han cambiado mucho en España desde que ella se trasladó aquí en 2002, pero siente que aún queda otro tanto por hacer. Una tarea en la que la psicología tendrá gran protagonismo, aunque todavía sea poco accesible para la mayoría. En España hay seis psicólogos cada cien mil habitantes, frente a los dieciocho de la media europea

domingo, 10 de abril de 2022

¿Cómo convencer a alguien de ir al psicólogo? 10 consejos prácticos

 

NAHUM MONTAGUD RUBIO       |      Psicología y Mente 

¿Cómo persuadir a alguien para que vaya a psicoterapia? Veamos pautas para hacerlo sin presionar.

Somos seres empáticos. Ello hace que nos preocupemos no únicamente por nosotros mismos, sino también del bienestar de nuestros familiares y amigos, los cuales pueden estar pasando por una mala situación.

A veces se hace necesario recurrir a un psicólogo, quien puede contribuir a mejorar el estado de nuestro ser querido. Sin embargo, acudir a terapia no es una decisión que se suela tomar con facilidad y puede darse el caso de que quien necesita ayuda profesional no la llegue a pedir por diferentes motivos. El hecho de que alguien cercano tenga un problema no únicamente le afecta a él, sino también a su círculo cercano, y son sus allegados quienes consideran oportuno que se haga una visita a un profesional.

La pregunta que muchas personas se hacen al encontrarse en esta situación es: ¿cómo convencer a alguien de ir al psicólogo? El proponérselo puede llegar a ser un tema muy delicado, y generar una situación de tensión al sentirse ofendido y que se le puede estar llamando “loco”. Veamos varios consejos e ideas clave para saber cómo abordar esta clase de problemas.

 

¿Qué resistencias pueden surgir al proponer ir a psicoterapia?

Aunque en las últimas décadas la profesión del psicólogo ha ido adquiriendo mayor popularidad, además de divulgarse mejor qué es lo que se realiza en la consulta psicológica, lo cierto es que muchas personas se muestran reticentes a acudir a terapia psicológica.

Si bien la imagen del psicólogo como aquella persona que se encarga únicamente de las personas con trastornos psicológicos graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, se ha ido superando, son muchos los que siguen creyendo que ir al psicólogo es cosa de “locos”.

También puede darse el caso de que la persona que está sufriendo considere que se encuentra en una situación tan grave que ya no tiene situación, o que tema que al ir al psicólogo le confirme que no hay nada que hacer, y decida no enfrentarse a ello.

Hay quienes ven el pedir ayuda como una muestra de debilidad, y temen acabar dependiendo de un profesional de la salud mental. También, debido a un desconocimiento de lo que realmente hacen los psicólogos, creen que los acabarán medicando y sabrán realmente abordar de manera profunda su situación.

Si bien hay personas que son conscientes de que están sufriendo y necesitan ayuda, el temor a un elevado costo económico de la psicoterapia puede impedir que vayan al psicólogo.

Es importante indicar que, salvo en situaciones donde haya un trastorno psicológico muy grave, debe ser la propia persona quien acuda al psicólogo de forma libre, sin que sus familiares, amigos o pareja hayan organizado un engaño o la lleven a la consulta de forma forzada. Para un psicólogo clínico, este tipo de situaciones son especialmente difíciles, dado que la persona a la que se debe intervenir no desea recibir ayuda profesional.

Consejos para convencer a alguien de ir al psicólogo

Como amigos, familiares o pareja de alguien que está sufriendo, se puede seguir una serie de recomendaciones que pueden ayudarnos a que la persona sea consciente de que necesita ayuda y de que puede mejorar, además de mostrarle que estamos de su lado, que la apoyamos y queremos lo mejor para ella.

A continuación se presentan algunos consejos cuya finalidad es ayudar a saber cómo convencer a alguien de ir al psicólogo.

1. Elige el mejor momento y lugar

Proponer ir al psicólogo es un tema delicado. Es por ello que lo recomendable es elegir un momento y un lugar en los que predomine la calma y la intimidad, en los que no haya tensión y no hayan otras personas que puedan reaccionar negativamente a la propuesta de acudir al profesional e influir en quien necesita ayuda.

2. Escúchale y sé empático/a

Queremos ayudarle, y por ello hemos de mostrar que esa es nuestra intención. Pregunta sobre sus sentimientos, cómo está viviendo la situación y cómo percibe que puede evolucionar. Si alguna vez te ha ocurrido algo similar, cuéntaselo y hazle entender que todo puede mejorar con la ayuda adecuada.

3. Proponle una primera visita

Recomendar empezar inmediatamente con la psicoterapia puede verse como proponer algo complicado y económicamente no asequible. En vez de ello, puedes recomendar que pruebe una toma de contacto con un psicólogo, y ver qué sucede y cómo se siente después de la sesión.

4. Acompáñale en la primera sesión

Ir al psicólogo por primera vez se puede percibir como una tarea intimidante. Para garantizar que la persona vaya, pero sin presionarla, es una muy buena idea acompañarla durante la primera sesión, que sienta que inicia el proceso con el apoyo de alguien cercano.

5. No presupongas el por qué de su sufrimiento

Aunque todos los seres humanos tenemos mucho en común, cada uno puede atribuir y vivir el sufrimiento de formas distintas. No interpretes el por qué de su sufrimiento, simplemente comenta tu percepción dejando claro que cada uno es libre de poder vivir una misma experiencia de forma variada.

6. Ofrécele información veraz y de origen profesional

Muchos son los mitos que existen en torno a la figura del psicólogo. La mejor manera de luchar contra ellos es ofrecer artículos, libros, webs y otros recursos elaborados por los propios profesionales para ayudar a tener una visión real del profesional de la psicología y su labor.

7. No es lo mismo un psicólogo y un psiquiatra

Muchas personas creen que ir al psicólogo implica ser medicado, pese a que este profesional no es quien receta psicofármacos, y le tienen miedo a esa posibilidad. Recetar fármacos es tarea del psiquiatra, y solo medica en caso de que sea necesario. Por eso, hay que informar sobre este aspecto en caso de que resulte un obstáculo a la hora de convencer a alguien de que vaya al psicólogo.

8. Facilita el proceso de búsqueda de un psicólogo

Gracias a las nuevas tecnologías son muchos los psicólogos que disponen de páginas web en las que se pueden concertar citas, además de explicar su ámbito de intervención y en qué se han especializado. Así pues, resulta muy fácil ayudar a encontrar a un profesional de la psicoterapia que se adapte a las necesidades de la persona a la que quieres convencer."

9. Si es posible y necesario, subvenciona el tratamiento

La psicoterapia puede verse como un proceso caro. Si te lo puedes permitir, ofrécete a pagar la primera sesión. Eso demostrará que estás muy implicado en el proceso terapéutico y le motivará a acudir a terapia. Una vez haya empezado, será más fácil que pierda sus miedos y posibles prejuicios.

10. Hazle consciente de que es él/ella quien decide

Todas las personas tienen derecho a ser partícipes en la mejora de su salud mental. Aunque le propongamos ir al psicólogo, también debemos hacerle consciente de que él/ella es libre de decidir si acudir o no a consulta, y que es responsable de su bienestar psicológico.

En caso de que, a pesar de haber seguido estos consejos, la persona no quiera acudir al psicólogo, se debe insistir, pero manteniendo la calma y tratando de argumentar los beneficios de recibir terapia.

viernes, 8 de abril de 2022

Hasta qué punto nos pueden hacer enfermar las emociones


ROCÍO NAVARRRO MACÍAS      |     la vanguardia     |     04/04/2022

Problemas cardiacos, respiratorios o digestivos pueden derivarse de experiencias traumáticas o una situación emocional intensa y cronificada. 

Un estilo de vida rápido, la dependencia de dispositivos digitales y las consecuencias de la pandemia han cronificado sentimientos como el estrés, la ansiedad y la depresión. Estos cuadros emocionales impactan a todos los niveles y en el plano físico suele revelarse en problemas de sueño, dolores de cabeza o intestinales entre otros. Si persisten en el tiempo, las consecuencias pueden ser más severas y dar pie a enfermedades graves. 

Según la Encuesta de Salud Mental durante la pandemia realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2021, el 41,9% de los participantes declaró “haber tenido problemas de sueño”, un 51,9% reconoció “sentirse cansado o con pocas energías” y un 38,7% ha tenido “dolores de cabeza”, entre otros problemas como taquicardias, mareos o desmayos. 

Cuerpo y mente enferman a la vez – Emociones que afectan a los genes 

 “Los traumas o situaciones emocionales intensas, especialmente si son continuadas, además de afectar a la salud mental o psíquica pueden conllevar hipertensión arterial, alteraciones cardiovasculares, del metabolismo como hiperglucemia; reproductivas como amenorrea en mujeres e impotencia en hombres, así como alteración del sistema inmune haciendo a las personas más propensas a desarrollar enfermedades”, Raquel Balmaseda, doctora en psicología y profesora del Máster en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). 

El cuerpo y la mente son una misma entidad que se retroalimenta. Las emociones desencadenan una serie de procesos con consecuencias en todo el cuerpo, incluso en los genes. “Actualmente sabemos que las experiencias influyen en la genética de tal manera que tienen la capacidad de activar o silenciar algunos de nuestros genes, esto se conoce como epigenética. Las adversas pueden activar genes que nos hagan padecer afecciones que no desarrollaríamos si no se hubiera producido”, comparte Balmaseda. Según indica la psicóloga: “Lo que vivimos hoy puede afectarnos a nivel físico tanto inmediatamente como a largo plazo. Sabemos que experiencias traumáticas tempranas provocan un incremento en la expresión génica para el factor liberador de corticotropina que puede modular las respuestas al estrés de por vida”.

Pero esto no quiere decir que las emociones desagradables tengan un impacto negativo, ya que su papel adaptativo como protectoras ante peligros o situaciones dañinas. “Para que se conviertan en perjudiciales para la salud tienen que ser crónicas, casi constantes. Y aún así, que exista una predisposición en el organismo hacia ciertos problemas.  

¿Cómo afrontar la vida? – Los factores indirectos 

La sensación prolongada de tristeza puede derivar en enfermedades físicas.

Pero si se dan ciertas emociones como la tristeza, la ira o la ansiedad todos o casi todos los días, puede ser un último empujón para generar una disfunción a nivel físico”, explica Gonzalo Hervás doctor en psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Al igual que las emociones desagradables perpetuadas son un riesgo para la salud, desatenderlas por completo puede tener el mismo efecto. “Los problemas aparecerán al cabo del tiempo, pero puede tener también consecuencias a nivel físico en algunos casos”, continúa. 

Algunas de las consecuencias que sobre la salud tienen las emociones desagradables o las experiencias traumáticas no vienen determinadas directamente por ellas, sino los llamados mecanismos indirectos. “Son más variados y tienen que ver con la forma de afrontar la vida y los problemas tras un evento traumático. Es más probable que haya un mayor consumo de alcohol y otras sustancias, más posibilidad de atracones, menos comportamientos saludables, incluyendo lo más básico como ir al médico y seguir sus recomendaciones. Todo esto es más grave cuando fruto de lo vivido hay un rechazo intenso a uno mismo porque eso favorece la aparición de comportamientos autodestructivos. Afortunadamente sucede solo en unos pocos casos”, continúa Hervás.

Sueño, fatiga, tristeza… Las señales de alarma 

Por fortuna, el propio organismo se encarga de avisar cuando detecta que el sistema emocional está desequilibrado. “Algunas señales de alarma pueden ser síntomas continuados de irritabilidad, problemas de sueño, fatiga, tristeza, anhedonia (falta de interés por las cosas o personas que antes nos interesaban) o enfermedades repetidas por desajuste del sistema inmunológico. En niños es posible que se manifiesten trastornos de conducta que antes no exhibían”, advierte Balmaseda. Ante estos indicios, es aconsejable recurrir a la ayuda de un profesional en psicoterapia.  

 “Sabemos que un uso razonable y moderado de nuestra capacidad de análisis puede ayudar a encajar mejor las situaciones cotidianas. Pero debe estar acompañado de otras estrategias como la consciencia corporal, la aceptación y comprensión de lo que sentimos. El uso de estrategias para distraernos, como escuchar música, disfrutar de un hobbie o hacer deporte está muy indicado si se usa no como forma de evitación, sino como complemento a lo anterior: tras atender a las emociones. Tener a alguien de confianza con quien hablar de lo que sentimos está demostrado que por sí solo es de gran ayuda para prevenir complicaciones”, concluye Hervás.