martes, 19 de abril de 2022

Psiquiatría crítica: ¿qué es y qué reivindica?

 

GRECIA GUZMÁN MARTÍNEZ        |        Psicología y Mente

La psiquiatría ha generado grandes avances, pero es bueno revisar sus limitaciones. 

La psiquiatría, especialidad médica que se encarga de detectar y tratar las enfermedades mentales, ha atravesado una crisis importante en épocas recientes debido a la emergencia de distintos cuestionamientos sobre las características de sus conocimientos y prácticas. 

A partir de dichos cuestionamientos ha surgido la Psiquiatría Crítica, una corriente teórica que cuestiona y busca reformar las prácticas de la asistencia psiquiátrica. Entre otras cosas, pone en evidencia que la psiquiatría tradicional tiene algunos límites fundamentales en la forma de entender y tratar con el sufrimiento psíquico, lo que en concreto genera dilemas éticos en el uso de su conocimiento. 

¿De dónde surge la Psiquiatría Crítica?

Uno de los antecedentes más recientes es la conferencia de la Critical Psychiatry Network (Red de Psiquiatría Crítica) realizada en Bradford Inglaterra en 1999, donde se discutió la necesidad de promover una transformación radical en nuestro acercamiento a los problemas de salud mental; lo que han suscrito miles de profesionales alrededor del mundo, principalmente a través de publicaciones académicas, pero también mediante la movilización política.

En la misma línea, la Psiquiatría Crítica tiene muchos de sus antecedentes en la antipsiquiatría, movimiento teórico y político impulsado por profesionales de salud mental que inició en la segunda mitad del siglo pasado y que cuestionó firmemente la forma en la que la psiquiatría operaba, especialmente en Europa y Estados Unidos.

Aunque la antipsiquiatría y la Psiquiatría Crítica son movimientos que surgen en momentos distintos, lo que tienen en común es que rechazan la patologización de la heterogeneidad humana y mantienen el compromiso de transformar la asistencia psiquiátrica.

Finalmente, esta corriente ha estado impulsada por distintos movimientos asociativos en primera persona, es decir, colectivos gestionados por las personas usuarias de los servicios de atención psiquiátrica. Por ejemplo, el colectivo británico Hearing Voices Network (Escuchando voces) quienes rechazan la comprensión psiquiátrica tradicional de dicha experiencia, buscando así mismo eliminar el estigma y reforzar los grupos de ayuda mutua.

Lo anterior se articula posteriormente con el paradigma de derechos que ha quedado formalizado desde el 2006 en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad aprobada por la Organización las Naciones Unidas, así como a través de otros documentos e informes de prevención de la tortura en psiquiatría que se han desarrollado en distintos países. 

Principios fundamentales

En términos generales la Psiquiatría Crítica busca hacer visible la intersección entre las relaciones psicológicas, sociales y somáticas, tanto de las personas como de la propia práctica psiquiátrica, de manera que sea posible reformarla.

Más específicamente podemos seguir a Philip Thomas (2013) para enumerar cinco temas de discusión que emergen a partir de la Psiquiatría Crítica: el problema de los diagnósticos psiquiátricos, el problema de la medicina basada en la evidencia en psiquiatría (y su relación con la industria farmacéutica), el rol del contexto donde la psiquiatría se desarrolla y actúa, el problema de las prácticas coercitivas, y finalmente, la base teórica y filosófica del conocimiento psiquiátrico y de sus prácticas.

1. El problema de los diagnósticos psiquiátricos

La Psiquiatría Crítica hace visible que las barreras entre la “normalidad” y el “trastorno” son fácilmente manipulables y en gran medida arbitrarias. De hecho, con frecuencia varía la cantidad de diagnósticos psiquiátricos disponibles; estos aparecen y desaparecen y se actualizan cada determinado tiempo (algunos de ellos cada vez que la misma población diagnosticada se manifiesta en contra de ser considerada como enferma o trastornada, por ejemplo, lo que pasó con la homosexualidad que hasta apenas la segunda mitad del siglo pasado dejó de ser considerada un trastorno mental).

Así mismo, las bases científicas del diagnóstico psiquiátrico empezaron a cuestionarse porque si bien se han encontrado sustratos orgánicos, la evidencia científica que postula que los trastornos mentales tienen un origen biológico y una cura definitiva en el mismo sentido, es insuficiente.

2. La medicina basada en la evidencia y la industria farmacéutica

La medicina basada en la evidencia es un concepto que hace referencia a la práctica médica basada en los ensayos clínicos, las estadísticas y los manuales que ofrecen información genérica sobre una condición determinada.

Esto ha sido cuestionado por la Psiquiatría Crítica, ya que las causas de los trastornos mentales son inespecíficas, y la medicina basada en la evidencia puede promover y generalizar unas prácticas también inespecíficas, pero además potencialmente dañinas en algunos sentidos, porque en psiquiatría las prácticas son por excelencia de intervención directa (farmacológica o mecánica).

Asimismo, en muchas ocasiones los diagnósticos y el tratamiento farmacéutico están fuertemente influenciados por intereses económicos de las industrias encargadas de producir y distribuir los fármacos, así como de financiar gran parte de la formación de profesionales. Esto ha sido muy debatido en las últimas décadas por un sector importante de los profesionales de la salud mental alrededor del mundo. 

3. El contexto de la psiquiatría

El abanico de diagnósticos psiquiátricos está relacionado con el contexto donde se construyen, es decir que varía el porcentaje de gente a la que se le atribuyen ciertos problemas según la población específica a la que pertenecen.

La misma práctica psiquiátrica se encuentra dentro de un contexto social, lo que significa que en el diagnóstico y en la relación asistencial se reproducen ideologías y formas de relacionarse; y que el sufrimiento psíquico es más que una experiencia individual, es una experiencia tiene que ver con las condiciones de posibilidad o de vulnerabilidad del mismo entorno. 

4. Las prácticas coercitivas

Entre las críticas más fuertes que se han hecho a la psiquiatría desde el siglo pasado están el internamiento psiquiátrico obligado y las prácticas de contención como las ataduras, la terapia electroconvulsiva y la sobremedicalización.

Lejos de ser concebida como un conjunto de técnicas (y por lo tanto libre de valores), la Psiquiatría Crítica busca revisar constantemente las prácticas que se promueven y sus posibles efectos perjudiciales (desde el paternalismo intrínseco en la práctica clínica hasta las actitudes estigmatizantes o las prácticas explícitamente agresivas).

En muchos contextos se han promovido alternativas que van desde el cierre de hospitales psiquiátricos o la desmedicalización paulatina, hasta la creación de centros comunitarios y el reforzamiento de una salud mental que se promueva de una manera más colectiva y menos coercitiva. 

5. Base teórica y filosófica de la psiquiatría

La Psiquiatría Crítica cuestiona el dualismo mente-cuerpo que fundamenta a la psiquiatría biomédica tradicional, así como la ideología biologicista que reduce la salud y la enfermedad mental a las ciencias moleculares del cerebro.

Esto último hace que se consideren una serie de demandas sociales donde la psiquiatría se estaba posicionando como la única o la mejor solución para entender los problemas de la gente; lo que muchas veces se traduce en la omisión de las carencias afectivas, sociales o económicas promovidas por las estructuras sociales.

Finalmente y dado que la atención a los problemas de salud mental es un fenómeno globalizado, a pesar de haberse generado e impulsado con base en las necesidades del contexto europeo y estadounidense, la corriente de la Psiquiatría Crítica ha tenido repercusiones alrededor del mundo.

No obstante, esta no es la única crítica que se ha hecho a la psiquiatría tradicional. Por ejemplo, en las ciencias sociales como la antropologia, la psicologia social o la sociología en latinoamérica se han investigado recientemente las formas comunitarias de atención a la salud (incluida la salud mental), así como las formas prehispánicas de comprender lo que de momento llamamos “trastorno” o “enfermedad mental”; a la par de las carencias en la atención institucional y en los servicios de salud mental más tradicionales.

domingo, 17 de abril de 2022

Cómo la depresión cambia la forma de actuar y pensar


CUCA SUAREZ BLAY     |     TopDoctors     |     22/03/2022 

La depresión es uno de los problemas emocionales más frecuentes; este trastorno conlleva cambios en la manera en la que sentimos, pensamos y actuamos

¿Qué emociones se sienten?

  • Tristeza
  • Irritabilidad
  • Ansiedad
  • Culpa

Todas estas, entre otras emociones que nos resultan desagradables.

¿Qué sensaciones físicas hay?

  • Cansancio continuo y/o excesivo
  • Pérdida o exceso de apetito
  • Problemas de sueño
  • Tensión muscular
  • Presión en el pecho

¿Cómo cambia la forma de pensar?

Se tiende a ver una realidad distorsionada, desde el pesimismo y la negatividad. No se acaba de entender bien la vida ni cómo ni por qué suceden las cosas. No hay esperanza hacia el futuro y se tienen pocas ganas de continuar.

¿Cómo cambia la manera de actuar?

Se pierden las ganas por hacer actividades como quedar con gente, salir a la calle, dedicar tiempo a las aficiones e incluso ir al trabajo. Domina la pasividad y la inercia. 

La medicación antidepresiva funciona a corto plazo, pero el problema es que si no se acompaña de un tratamiento psicológico, cuando la persona deje de tomar el fármaco, probablemente recaiga en la depresión. 

Por lo tanto, la mejor opción es el uso de fármacos, que ayudan a estabilizar el estado de ánimo, junto al tratamiento psicológico que tiene un efecto a largo plazo, porque enseña habilidades de afrontamiento para prevenir posibles recaídas. 

En las primeras fases de la terapia cognitivo-conductual se emplean técnicas para acercarse al nivel de funcionamiento que la persona tenía antes de la depresión. A raíz de conseguir este objetivo se usan técnicas para trabajar las distorsiones cognitivas y los pensamientos negativos y automáticos.

 

sábado, 16 de abril de 2022

La solución de los problemas está en un nivel superior de consciencia


SERGI MORA      |        Psicología y Mente

Solucionar problemas implica ir más allá del puro intelecto.

No es lo mismo sabiduría que intelecto. La sabiduría es la inteligencia del corazón. El intelecto es la inteligencia de la mente.

Cuanto más amas, más sabio o consciente eres de la realidad. Cuanto más miedo tienes (lo contrario del amor), menos consciente eres y más te dejas engañar por tu propio ego (o el ego de los demás).

El corazón está gobernado por el amor, es decir, por la comprensión de que tú y yo no somos dos (igual que una ola no es distinta a otra ola, sino que son el mismo océano). Para el intelecto somos olas diferentes y punto (no ve la unidad subyacente), pero para el amor somos expresiones de la misma esencia.

La diferencia entre sabiduría e intelecto

La física cuántica empieza a acercarse al paradigma de la sabiduría cuando demuestra que “el observador influye en lo observado”. Lo que todavía no ha demostrado la ciencia es que lo observado es realmente el mismo observador. No intentes comprender intelectualmente lo que acabo de decir, pues la naturaleza dual del intelecto te lo impide.

El intelecto es muy bueno diseccionando la realidad, igual que puede diseccionar un elefante en sus partes anatómicas (trompa, oreja, cola…) pero no es nada bueno comprendiendo el conjunto (elefante) de la realidad. Para ello necesitas subir de nivel de consciencia y usar la sabiduría.

El intelecto está gobernado por el ego (que en el fondo es un pensamiento que se autodenomina “yo”). La sabiduría está gobernada por el amor y la intuición, que es una comprensión directa (y no dual) de la realidad sin la intervención de los sentidos físicos. La sabiduría sabe y el intelecto conoce (o cree conocer). El intelecto pertenece a la naturaleza inferior del ser humano, y la sabiduría pertenece a su naturaleza superior.

Del mismo modo que podemos observar distintos grados en la capacidad intelectual de las personas, existen distintos grados en el nivel de consciencia de las mismas. Y no van necesariamente de la mano. Se puede tener una gran capacidad intelectual (de memoria, de creatividad, de lógica…) pero un bajo grado de consciencia (o sabiduría). El grado de consciencia se puede medir por el grado de luz y paz que desprende esa persona. Cuanto más sabio o consciente, menos juzgas pues más comprendes. Cuanto más sabio, más ves la perfección de todo y más despiertas (con tu simple presencia) la perfección en los demás.

Cuanto más consciente te vuelves de quién eres realmente (más allá de lo que te dicen tus sentidos o tus creencias), más sabio eres. Suele ocurrir que cuanto más intelecto tienes (a menudo representado por el número de títulos académicos que tienes) más te pierdes en los árboles del ego y menos ves el bosque. Un poeta suele estar más cerca de la Verdad que un premio nobel de física. No siempre es así, pero lo que quiero decir es que hoy en día abunda mucho intelecto al servicio del ego y poco intelecto al servicio de lo que es correcto o sabio.

Cómo medir nuestro grado de sabiduría

El Doctor David R. Hawkins fue un renombrado psiquiatra que desarrolló un mapa de la consciencia del ser humano. La consciencia se puede medir (mediante un test muscular) entre 0 y 1.000 grados. Una persona que no quiere vivir (y se quiere suicidar) calibra muy bajo, cerca de 10 o 0 grados. Una persona que vive en éxtasis continuo y desprende paz, gozo y dicha, calibra a 1.000 grados y se puede considerar la más sabia.

Cuando un ser humano calibra por debajo de 200, ese ser humano vive en el paradigma del ego (cuya emoción principal es el miedo y el ansia de control o poder). Cuando un ser humano vibra por encima de los 200, empieza a estar despierto a su naturaleza superior (cuya emoción principal es el amor, la paz y la comprensión). Una persona totalmente “despierta” como cualquier gran Avatar, calibraría a 1.000 (que representa la máxima sabiduría, amor y verdad).

Alguien humilde que transmita paz tiene tremendo poder y tiene mucha más fuerza que 1.000.000 de hombres poco despiertos. Recordad por ejemplo el poder que demostró Gandhi. Ni todos los tanques y soldados del imperio británico pudieron vencer su paz. Pero no todos los hombres despiertos acaban bien.

La mayoría, en un mundo inconsciente, acaban marginados o asesinados. Un hombre sabio es una amenaza para el ego de muchos pues cuestiona la base poco sólida sobre la que sustentan sus vidas. Y el ego, que prefiere tener razón antes que reconocer la Verdad, opta por querer cambiar a los demás (o apartarlos) del sistema.

El punto de inflexión en la evolución de cada individuo

Doscientos es un nivel muy importante, pues es a partir de ese nivel de consciencia que uno tiene el coraje de ver su propia sombra psicológica e ir más allá de su ego. A partir de 200 uno empieza a mirar adentro y asumir su responsabilidad. A partir de 200 uno deja de quejarse (o sentirse víctima y vivir desde el miedo). A partir de 200, uno deja de seguir al rebaño de forma inconsciente pues se ha dado cuenta que eso es una forma de ceder su responsabilidad.

En este mundo la mayoría calibran (según el Doctor Hawkins) una media de 207. Pero un gran porcentaje de la población calibran por debajo de 200, y por eso se dejan llevar fácilmente por su propio ego y es fácilmente manipulable por los egos de los demás. Por eso tenemos un mundo convulso, lleno de corrupción e injusticias. Vivimos en un mundo de ovejas, gobernado por una panda de lobos que a su vez están influidos por un puñado de buitres. Es un mundo gobernado por personas que ansían el poder y usan el miedo como forma de control. Pero quienes calibran por debajo de 200 no son capaces de ver tal oscuridad. No tienen luz (consciencia) suficiente para ver lo falso como falso.

El sabio tiene la claridad suficiente para ver la realidad sin los filtros o distorsiones del ego o del miedo. Y cuando dice lo que percibe y cuestiona la narrativa oficial (para controlar al rebaño) es menospreciado o considerado un loco. Pero no los llaman locos sino “antisistema” o “negacionistas” o “conspiranoicos”. Todo eso son etiquetas para ridiculizar (uso de agresividad pasiva).

En una sociedad donde la mayoría calibra por debajo de 200 y por lo tanto está gobernada por su ego, el sabio no encaja. El sabio no sigue la norma y la mayoría lo considera como la oveja negra, es decir, lo ve como una amenaza a su sentido de pertenencia a una sociedad enferma (o inconsciente).

El ego busca refugio en el rebaño. El ego cree a ciegas en el pastor (papá estado o papá institución o papá amigos y familia). El ego proyecta su miedo en forma de agresividad cuando ve amenazada su falsa seguridad. El ego no sabe que vive en la oscuridad (inconsciencia) y tiene miedo de ver desmontada su realidad basada en cómodas mentiras. Cuando un ego ve a una persona despierta (sabia) se defiende atacando, juzgando, acusando y ridiculizando. No verás nunca a un sabio agredir ni ridiculizar a nadie porque el sabio vive en contacto con el amor, y vive tranquilo pues sabe discernir entre lo que es verdad y lo que no lo es.                                                                                                                                                                           Hay quien prefiere la verdad y hay quien prefiere tener razón

Cuando calibras por debajo de 200, tus prioridades son la seguridad, el confort, la riqueza o el poder por encima de la Verdad. Cuando el intelecto está al servicio de la Verdad (que calibra a 1.000) y no al servicio de intereses propios (ego), entonces tenemos un intelecto iluminado.

Einstein era una mente brillante, no solo por su alto coeficiente intelectual, sino porque su intelecto estaba al servicio de su sabiduría. Según el Doctor David R. Hawkins, Einstein calibraba a 499. Una de las frases más famosas de Einstein fue “no podemos resolver un problema en el mismo nivel donde lo hemos creado”. Por nivel, se refería al nivel de consciencia. El 100% de los problemas se resuelven a medida que incrementas tu nivel de consciencia y desaparecen del todo cuando subes al nivel de consciencia de 600 (que representa el primer grado de la iluminación).

El momento de la verdad para la humanidad

Hoy en día asistimos a un momento importante para la Humanidad. Estamos ante un momento donde cada uno debemos decidir si seguir el camino fácil (y seguro) que dicta una autoridad (y unos medios de control o comunicación que propagan una única narrativa y censuran cualquier otra posibilidad) o bien seguir el camino estrecho de escuchar nuestra intuición, aunque eso suponga dejar de seguir a la mayoría.

Sabremos cuál es el camino correcto por el grado de presión o libertad que sentimos. Si algo nos presiona (y no nos deja pensar libremente), no es el camino de la verdad. Si alguien se hace pasar por nuestro consejero y usa la amenaza o el miedo como forma de coerción, no es el camino de la verdad. El camino de la verdad nunca presiona, nunca mete miedo. La verdad nos hará libres para asumir nuestra responsabilidad y además no nos ridiculizará, sino que nos amará sea cual sea nuestra decisión.

Cómo incrementar nuestra sabiduría o nivel de consciencia

La mente debe iluminarse con la sabiduría si queremos trascender (resolver de raíz) los problemas. Y la forma más fácil de incrementar nuestro grado de luz (o consciencia) es expandiendo nuestro amor. A medida que incrementamos nuestra autoestima (y, por lo tanto, el amor a la Verdad que somos), incrementamos nuestra sabiduría.

El amor empieza a manifestarse cuando perdemos el miedo a decidir por nosotros mismos (se llama coraje). Debemos aprender a amar la Verdad, aunque eso suponga la incomodidad de tener que hacer cambios de creencias, de hábitos o de relaciones. Pero recuerda que la Verdad sólo es incómoda para nuestro ego, pues vive atrapado en un sueño de seguridad, de querer agradar y pertenecer al rebaño.

Como coach personal, una de las enseñanzas que más transmito a mis clientes es el concepto de responsabilidad. Ser responsable es tener claro que “solo tú debes estar satisfecho con tus decisiones, y sólo él/ella/ellos/ellas deben estar satisfechos o satisfechas con las suyas”. Es decir, no confundamos esto que acabo de decir con “egoísmo”.

Por ejemplo, si se trata de salud, “solo yo soy responsable de mi salud, y solo tu de la tuya. Querer que yo cambie para tu sentirte seguro es ser egoísta. Quere que tu cambies para yo tener menos miedo, es ser egoísta. Dejar que los políticos decidan sobre tu salud sin cuestionarte nada, eso es ceder tu responsabilidad, pero, al fin y al cabo, es tu decisión. Pero querer que todo el mundo haga igual (porque así nos bombardean los medios), eso es un ataque a la libertad del ser humano y tratarlo como a una oveja irresponsable.

Asumir la responsabilidad de tus propias decisiones significa pensar por ti mismo y no ceder ese poder a nadie. Y para poder tomar decisiones, lo mejor es informarse bien (intelectualmente) y, sobre todo, subir tu nivel de consciencia (sabiduría). Recuerda que lo que para el ego puede ser una verdad, desde un nivel superior de consciencia, se ve claramente la falsedad. Si para el ego una serpiente representa un problema, para la sabiduría, esa serpiente no era más que una ilusión de luces y sombras y no es más que una simple cuerda expuesta a poca luz.

 

jueves, 14 de abril de 2022

El elevado coste de la intransigencia


GEMA SÁNCHEZ CUEVAS      |       La Mente es Maravillosa       |       01/02/2022

Escrito por Edith Sánchez 

La intransigencia es una actitud que puede resultar muy destructiva. ¿Por qué alguien cierra su mente y se niega a ver razones o evidencias que podrían sacarle de un error?. 

La intransigencia, como otros muchos atributos, es uno de esos rasgos que suma y ayuda cuando es oportuno y se ejerce en la medida justa. De no ser así, se convierte en un veneno muy ponzoñoso.

Tal vez la definición esencial de la intransigencia es la de una actitud en la que hay voluntad de no ceder. No es lo mismo que obstinación o terquedad, pero sí puede conducir a ellas.

La obstinación hace referencia a la limitación que lleva a considerar solo un punto de vista frente. Por su parte, la terquedad tiene que ver con mantenerse en alguna idea, sentimiento o deseo en contra de toda evidencia.

En el caso de la intransigencia, es posible que se consideren varios puntos de vista. Así mismo, en muchos casos se sustenta sobre evidencias. Sin embargo, lo que difiere significativamente del punto de vista, o las evidencias que prueban una postura diferente son demeritadas o no tomadas en cuenta. 

La actitud intransigente es más indicativa de una incertidumbre interior que de una profunda convicción”. – Eric Hoffer - 

La intransigencia es una actitud

Más allá de lo razonable o no que resulte una idea, una opinión o un deseo, lo que prima en la intransigencia es el rechazo necio a ceder. Por lo tanto, no se trata en sí misma de una forma de razonar o de un sesgo como tal, sino de una actitud que bloquea cualquier posibilidad de conciliación con otras posturas. 

Lo que hay en esta actitud es una falta de flexibilidad. En ese sentido, está emparentada o bien con la rigidez mental o bien con motivaciones que no pueden o no quieren hacerse explícitos. Estas pueden ser el propio ego, el deseo de imponerse a otros o algún interés oculto y concreto. 

La intransigencia supone un elevado coste personal o social en muchas circunstancias. A veces lleva a que una persona se haga daño de forma innecesaria, pero también puede causar muchos males en el plano social. 

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Sussex demostró que durante la Primera Guerra Mundial las autoridades no quisieron acoger el concepto de “neurosis de guerra”. Quienes padecían sus síntomas eran considerados simples “cobardes”. La intransigencia dominante impidió que los soldados recibieran un trato adaptado a sus circunstancias reales.

El elevado coste de la intransigencia

La Universidad Stony Brook de Nueva York llevó a cabo un estudio en el que se evaluaron las actitudes de diversos individuos frente a la negociación. Se tomaron como base personas que pensaban diferente y con intereses divergentes. El objetivo era ver en qué medida eran capaces de llegar a acuerdos y cerrar una negociación eficaz, es decir, una en la que ambas partes ganaran algo.

En principio, se propuso una negociación estrictamente económica. El resultado fue alentador, ya que el 62 % de los involucrados se mostraron flexibles. El 84 % fue capaz de tomar decisiones que favorecían a sus oponentes con tal de llevar la negociación a buen puerto.

Sin embargo, a las mismas personas se les propuso una negociación asociada a la política. Allí entraron en juego los valores morales de los participantes y entonces el 60% fue mucho más radical. Las actitudes se mostraron más extremas, lo que hizo que más de la mitad de las negociaciones fracasaran.

Intransigencia e inseguridad 

El filósofo Eric Hoffer fue muy lúcido sobre la verdadera naturaleza de la intransigencia negativa. Dijo que “la postura intransigente se dirige más contra la duda interior que contra el agresor exterior”. En efecto, todo indica que esa actitud está mucho más asociada con la autodefensa que con la convicción.

Es muy frecuente que las actitudes intransigentes no nazcan de férreos valores y opiniones, sino que más bien se asocien con un ego que se siente amenazado y que responde radicalizándose. 

La intransigencia suele develar miedo o inseguridad en aquello en lo que se cree o se desea. 

Muchas veces la función de la obstinación es cerrar el diálogo, cortar la comunicación. El objetivo es que las creencias no sean puestas en tela de juicio o que se revele su fragilidad. Por eso, en los entornos de gran incertidumbre la gente tiende a volverse más radical también. Por lo tanto, puede afirmarse que el antídoto contra la intransigencia negativa es la confianza en uno mismo.

martes, 12 de abril de 2022

Laura Rojas-Marcos, psicóloga: "Es abrumador cómo ha empeorado en pandemia la salud mental de las mujeres".


BEATRIZ GARCÍA       |     Madrid     |     niusdiario.es     |     06/03/2022

La hija del conocido psiquiatra Luis Rojas Marcos destaca el empeoramiento de la salud mental de las mujeres en la pandemia.

Para Rojas Marcos la conciliación es la causa subyacente de la mayor parte de los problemas mentales de las mujeres.

La psicóloga ha apoyado la atención psicológica gratuita que ofrece la Asociación Yo No Renuncio. 

Atendió a fuerzas de seguridad tras los atentados del 11S, ha estado ayudando a sanitarios en España tras la pandemia. Todo, de forma voluntaria. Laura Rojas Marcos, hija del conocido psiquiatra afincado en Estados Unidos, Luis Rojas Marcos, se centra ahora en las mujeres. Lo hace apoyando la puesta en marcha de un teléfono de asistencia psicológica gratuita de la Asociación Yo No Renuncio, perteneciente al CLub de Malasmadres. 

 

Son mayoría en su consulta, y más, dice, tras la pandemia, cuando no han podido compartir la carga que ya llevaban con los abuelos, o personal contratado para ello. Laura Rojas Marcos, psicóloga, humanista, escritora y divulgadora, autora además de varios libros como Hablar y aprenderEl sentimiento de culpaSomos cambio o La familia, anima a pedir ayuda sin complejos cuando algo nos haga sentir mal.

 

Pregunta. ¿Van a terapia más mujeres que hombres?

 

Respuesta. En mi experiencia las mujeres no es que necesiten más la terapia, sino que somos más conscientes o aprendemos a identificar antes cuándo necesitamos ayuda. Y no sentimos tanto como los hombres que tienen que demostrar nada, el tema del ego. Lamentablemente muchos hombres a lo largo de la historia han tenido una gran dificultad a la hora de expresar sus sentimientos, necesidades... Estaba mal visto, ya sabes, "los hombres no lloran". Eso se está superando, se está naturalizando que a veces estamos estresados o angustiados y necesitamos ayuda.

 

Me gustaría dejar claro que las personas que buscan ayuda en la terapia psicológica o en el psiquiatra son personas sanas. Yo tengo la consulta llena de mujeres sanas que están pasando por un mal momento. La gran mayoría de los que vienen a mi consulta vienen porque están sufriendo, quieren mejorar y conectan con una parte de ellos muy valiente, mucho, que desea cambiar y confiar. 

 

P. ¿Qué motivos llevan a las mujeres a acudir a terapia?

 

R. Muchas de las mujeres que encuentro no pueden gestionar su estrés y dificultades para conciliar su vida laboral y familiar. Y otras que padecen el llamado síndrome de estar quemado: dan tanto a los demás, a su familia sobre todo, que llega un momento en el que se sienten vacías e insatisfechas.

Sobre todo porque sienten que no hay un equilibrio entre lo que dan y lo que reciben. Las mujeres que llegan a mi consulta están sufriendo, quieren resolverlo, lo han intentado y no lo han conseguido. 

 

P. Y, ¿a qué edad suelen acudir las mujeres a su consulta?

 

R. Ronda la edad de tener hijos, y vienen tanto las que los tienen como las que no. Y estas últimas a veces lo tienen más difícil todavía, porque tomar esa decisión para la que parece que te ha preparado la vida y la sociedad, es duro. Pero ellas sienten que tienen que elegir entre varios aspectos de su vida, y cuando hacen una valoración de cómo gestionarían su vida siendo madres, ven que no es lo que quieren

 

P. ¿Se ha agudizado el malestar mental de las mujeres en la pandemia?

 

R. Muchísimo. Ha empeorado la salud mental de toda la sociedad, su estabilidad emocional. Es abrumador, especialmente en mujeres. Porque esa conciliación ha desaparecido totalmente en la pandemia. Me he encontrado, pasando consulta, con muchas mujeres que estaban intentando trabajar, proteger y hacer bien su trabajo, con los niños encima o al lado porque no había otra persona. O lo hacían ellas o no se hacía. Como sociedad hemos descubierto que los abuelos eran fundamentales, porque aún no hay igualdad en responsabilidad y oportunidades.

Es cierto que hemos mejorado mucho respecto a generaciones anteriores, pero las mujeres seguimos llevando una gran carga que se nota en las consultas de los psicólogos. El futuro tiene que saber que la salud mental es un derecho, por eso es importante que las niñas de ahora vean que sus madres cuidan su salud emocional, el respeto a tu intimidad y tus necesidades. Ellas tienen más suerte porque esa desestigmatización que se está produciendo les hará más fácil tomar la decisión de pedir ayuda profesional.

 

P. Por sus respuestas, se deduce que la conciliación de la vida personal o familiar y la profesional o social es la causa subyacente a la mayoría de consultas de mujeres, ¿no?

 

R. Es que lo es, es uno de los problemas principales del mundo entero. Ese sentir no ser suficiente, no estar a la altura, no llegar a todo, que soy yo la que tiene el problema... Es el pan de cada día en mi consulta. Y me parece terrible. Por eso parte de mi intención es hacer ver a la sociedad que no, verás, que el problema no es tuyo, es del entorno. 

Lo importante es dotar a las mujeres, y a todos, de herramientas para lidiar con ese entorno, con el sistema, sin que nos cueste la salud mental.

Laura Rojas Marcos afirma que las cosas han cambiado mucho en España desde que ella se trasladó aquí en 2002, pero siente que aún queda otro tanto por hacer. Una tarea en la que la psicología tendrá gran protagonismo, aunque todavía sea poco accesible para la mayoría. En España hay seis psicólogos cada cien mil habitantes, frente a los dieciocho de la media europea