lunes, 18 de julio de 2022

Los 5 niveles de conflicto (y sus características)


Mario Arrimada     |     Psicología y Mente     |     11/07/2022 

Estos son los principales niveles de conflicto que pueden producirse entre personas y entre grupos. 

Cada día muchas personas deben lidiar con algunos conflictos de diversa índole y con algunas personas con diferentes personalidades y puntos de vista. Por otro lado, la resolución de esos conflictos, si se gestiona de la manera correcta, podría ofrecer la posibilidad de mejorar las relaciones y avanzar hacia el progreso. 

¿Cuáles son las características del conflicto? 

La palabra conflicto proviene del latín “conflictus” que está formado por el prefijo “con-” (unión, convergencia) y del participio “fligĕre” (flictus=golpe), por lo que estaríamos hablando de “golpe entre varios” o de “el golpe junto”, de manera que vendría a ser el conflicto un tipo de pleito, o la colisión a partir de la oposición de diferentes posturas. Cabe mencionar además que la palabra conflicto, según el diccionario de la RAE, posee las siguientes definiciones: 

·        Pelea, combate, lucha.

·        Enfrentamiento armado.

·        Situación desgraciada y cuya salida resulta complicada, apuro.

·        Materia de discusión, cuestión, problema.

·        La coexistencia de una serie de tendencias que son contradictorias entre sí en un mismo individuo.

·        El momento más duro y violento durante una batalla.

·        En las relaciones laborales, se refiere a la disputa entre los trabajadores (conflicto colectivo).

Como podemos ver, existen diversas definiciones para explicar la palabra conflicto. En el presente artículo nos centraremos principalmente en la cuarta definición (materia de discusión), en la quinta (contradicciones en un mismo individuo) y en la séptima (conflicto en las relaciones laborales). 

Los niveles de conflicto 

Ahora que hemos visto en qué consiste un conflicto, vamos a exponer los diferentes niveles de conflicto que podemos encontrarnos (intrapersonal, interpersonal, intragrupal e intergrupal), de acuerdo con las principales clasificaciones; aunque en algunas también podemos encontrar un quinto nivel, el interorganizacional (este último se encuentra normalmente ubicado dentro de la categoría del conflicto a nivel intergrupo en aquellas clasificaciones en las que solamente se tienen en cuenta 4 niveles de conflicto). A continuación vamos a explicar en qué consiste cada uno de ellos.

1. El conflicto a nivel intrapersonal

El primero de los niveles de conflicto que nos podemos encontrar es el intrapersonal que se utiliza para referirse a los conflictos que solamente implican a una persona; siendo una disputa interna. Dicho conflicto podría surgir a partir de las propias emociones, pensamientos, ideas, predisposiciones y/o valores de una personas, de forma que el conflicto podría comenzar en el momento en que esa persona se encuentra con el dilema en el que debería elegir entre lo que “debería hacer” y lo que “quisiera hacer realmente”. 

Cuando pretendemos arreglar un conflicto intrapersonal, se deben tener presentes una serie de premisas: seguir y tener siempre presentes los propios valores y analizar si van acorde con los de la empresa, revisar minuciosamente la política de la empresa, anotar el concilio junto a una lista de pros y contras asociados al mismo, al mismo tiempo que se trata de buscar diferentes opciones que estés disponibles para resolver el conflicto y, en base a todo ello, tratar de elegir la mejor opción. 

Si es necesario, lo mejor sería buscar ayuda profesional que pueda guiarnos en este proceso. 

2. El conflicto a nivel interpersonal

Otro de los niveles de conflicto que nos podemos encontrar sería el interpersonal que ocurre cuando dos o incluso más personas de una organización tiene una pugna o desacuerdo acerca de un determinado asunto relacionado con el ámbito laboral en el que trabajan o sobre cómo lograr determinados objetivos asociados. 

A la hora de intentar resolver un conflicto interpersonal se debe empezar por definir y analizar el conflicto real, poniéndolo siempre en contexto para ver cómo ha impactado en cada una de las partes del conflicto y también cómo puede influir todo esto en el proyecto de la organización. Una vez hecho todo lo anterior habría que buscar distintas opciones para resolver el conflicto, ofreciendo la posibilidad a todos los implicados de dar su punto de vista y así poder buscar una solución que sea favorable para todas las partes y para la organización 

3. El conflicto a nivel intragrupal 

El conflicto intragrupal es otro de los niveles de conflicto y se desarrolla cuando hay una disputa o existe una disidencia o una oposición entre dos o más personas que trabajan en el mismo grupo dentro de una organización o una empresa por un objetivo común, habiendo por tanto una amplia variedad de opiniones y perspectivas al respecto.

La raíz del problema en este tipo de casos no está en que exista una amplia variedad de opiniones y perspectivas, sino que unas partes del grupo no tengan en cuenta las de los demás y viceversa, de manera que será más complicado ponerse de acuerdo para alcanzar los objetivos comunes. 

Otro factor que muchas veces influye en el desarrollo de conflictos intragrupo es el hecho de que haya una amplia disparidad entre las personalidades de varios miembros del grupo, lo cual no quiere decir que no se puedan resolver las disputas y llegar a un acuerdo que sea beneficioso para todos los miembros del grupo y para la empresa. 

Los conflictos intragrupo se deberán resolver comenzando por un debate dentro del equipo o grupo de trabajo con el fin de analizar cuál es la causa del conflicto real y cómo se sienten al respecto las diferentes partes involucradas. Una vez analizado se podría proceder al desarrollo de una lluvia de ideas acerca de los pros y los contras de los diferentes puntos de vista con sus respectivas soluciones para avanzar en el proyecto común. Por último, habría que tomar una decisión que pueda beneficiar al grupo en su conjunto y que no dé pie a nuevos conflictos. 

4. El conflicto a nivel intergrupal 

El conflicto a nivel intergrupal consiste en una disputa o desacuerdo importante entre distintos grupos dentro de una organización más grande o incluso entre los que no tienen los mismos objetivos o metas a nivel general. 

A la hora de resolver conflictos intergrupales se podría comenzar por un debate donde cada una de las partes implicadas en el conflicto expongan sus puntos de vista y se vayan analizando los problemas que hayan surgido y pudieran ir apareciendo. Otro ejercicio que podría servir es el traslado de alguno de los miembros de cada uno de los grupos a otro grupo que tenga un punto de vista diferente con el fin de que pudieran ver una perspectiva distinta a la suya para resolver el problema. 

Por último, habría que hacer una lluvia de ideas con el fin de buscar soluciones que pudieran tener el mayor impacto positivo que fuera posible para todas las partes implicadas en el conflicto y, por supuesto, para la organización para la que trabajan con el fin de seguir evolucionando hacia el progreso. Para encontrar una solución se podría optar por llevar a cabo una votación para analizar el interés que tiene cada una de las partes en las diferentes soluciones que habían sido propuestas. 

5. El conflicto a nivel interorganizacional 

En algunas clasificaciones acerca de los niveles de conflicto podemos encontrar un quinto nivel, el que se da a nivel interorganizacional que consiste en una disputa o conflicto entre dos o más organizaciones, perteneciendo normalmente éstas al mismo sector. Dichos conflictos entre organizaciones pueden ser de diversos tipos, tal y como podemos ver a continuación. 

5.1 Conflicto interorganizacional sustantivo 

Este tipo de conflicto surge cuando existe un desacuerdo fundamental entre dos o más organizaciones que se encuentran implicadas en una disputa. Por poner un ejemplo, podríamos estar hablando de un conflicto por motivos éticos como podría ser ante un tema como el trato hacia los animales, de manera que una empresa u organización podría entrar en conflicto contra otra que esté realizando una serie de experimentos con animales. 

5.2 Conflicto interorganizacional cultural 

En este caso, estaríamos hablando de un conflicto surgido a raíz de una serie de disputas entre dos o más empresas sobre la base de los deseos culturales y de las necesidades, aunque este tipo de conflictos con bastante frecuencia son el resultado de una mala interpretación básica. 

Por otro lado, podrían surgir conflictos interorganizacionales por una amplia variedad de motivos como pueden ser conflictos de intereses, pagos dudosos por parte de otra empresa, relaciones con los proveedores, distribuidores y clientes, competencia desleal o incluso a causa de ciertas relaciones con los gobiernos, entre otras causas. 

A la hora de tratar de resolver los conflictos interorganizacionales, una buena mediación entre las diferentes organizaciones a través de alguien cualificado que sea capaz de promover un diálogo abierto para un entendimiento entre las diferentes partes involucradas en el conflicto puede resultar crucial. 

Por otra parte, el liderazgo de cada una de las organizaciones implicadas en los conflictos interorganizacionales o incluso ante cualquiera de los diferentes niveles de conflicto puede resultar útil a la hora de promover el bienestar y la salud organizacional y laboral con el fin de manejar adecuadamente los posibles conflictos a nivel interorganizacional, prestando una atención especial a los diversos factores psicosociales que podrían estar detrás.

Nota.- He omitido algún párrafo  que me ha parecido reiterativo, Si lo queréis leer completo lo encontraréis en Internet con las señas que menciono al principio.

viernes, 15 de julio de 2022

Entrevista a Pablo Carbajosa: así funciona la adicción a las drogas

 Psicología y Mente     |     04/06/2019
Este psicólogo habla desde su experiencia ayudando a pacientes con dependencia de sustancias.

La adicción a las drogas muchas veces es vista como un problema excesivamente simple; se criminaliza a los adictos, asumiendo que han "elegido" llevar sus vidas por esa senda, y que si no cambian a mejor es porque les falta fuerza de voluntad.
 
Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que eso. La dependencia de las sustancias tiene varias dimensiones, y una de las más importantes tiene que ver con el modo en el que el contexto influye en la persona. Eso significa que no todo se reduce a la fuerza de voluntad del adicto o al hecho de tomar decisiones equivocadas, y afortunadamente significa también que modificando el contexto se puede lograr una recuperación, la superación del trastorno adictivo.
 
En las próximas líneas encontrarás una entrevista a Pablo Carbajosa, psicólogo especializado en Psicología Clínica, el cual trabaja en el Centro Psicológico Cepsim (ubicado en la zona de Chamberí, Madrid) ayudando a pacientes con drogodependencias de todo tipo, entre otras cosas. Veamos el modo en el que situar a los pacientes en otros contextos y entrenarlos para que ellos mismos modifiquen su entorno a su favor les puede ayudar a dejar atrás las drogas.
 
Entrevista a Pablo Carbajosa: la psicología de la adicción a las drogas
 
Pablo Carbajosa es psicólogo especializado en las alteraciones conductuales y de salud mental que tienen que ver con los contextos adversos: secuelas de la violencia familiar, los abusos sexuales y las drogodependencias. Desde el Centro Psicológico Cepsim, clínica de psicoterapia de Madrid, ayuda a los pacientes cuyas interacciones con su entorno cercano les han llevado a desarrollar alteraciones psicológicas como la dependencia a las sustancias, los traumas o una autoestima extremadamente baja.
 
¿Cuáles son las drogas más consumidas entre los pacientes con problemas de adicciones que acuden al psicólogo en busca de ayuda?
 
En nuestro centro las más comunes en adultos son el alcohol, la cocaína y el hachís. Entre los consumidores más jóvenes el principal problema es el consumo de hachís y drogas de diseño, y los fines de semana otros como el éxtasis y la cocaína.
 
¿Puede hablarse de un perfil del consumidor habitual de drogas con problemas de adicción? ¿O hay varios perfiles?
 
No existe un perfil único de consumidor de drogas. Las investigaciones muestran distintas tipologías de consumidores en función de variables sociodemográficas, la droga de consumo, severidad de la dependencia y los rasgos de personalidad.
 
A día de hoy sabemos que hay determinados rasgos de personalidad como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones o autocontrol que se relacionan con la edad de inicio del consumo y con la gravedad de la adicción. También importan la alta prevalencia de rasgos y trastornos de personalidad límite y antisocial, especialmente en los consumidores de cocaína. La presencia de estos factores se relaciona con una mayor probabilidad de abandono de los tratamientos.
 
Es fundamental realizar una evaluación exhaustiva de caso prestando especial atención a cómo se configuran estos factores en cada persona para diseñar una intervención efectiva.
 
¿Cuáles suelen ser los principales motivos por los que las personas con problemas de adicciones a drogas empiezan a consumir estas sustancias?
 
De manera habitual el consumo comienza en la adolescencia o juventud, asociado al ocio en salidas de fin de semana. Suele comenzar con el consumo de alcohol, y en el grupo de pares se buscan probar nuevas experiencias probando el hachís, cocaína o drogas de diseño.
 
¿Y los motivos por los que empiezan a ir a psicoterapia?
 
Aunque cada caso es único y las motivaciones son múltiples, en general los motivos están relacionados con algún tipo de consecuencia negativa derivada del consumo continuado de sustancias.
El consumo empieza a generar problemas familiares, económicos, laborales y en el estado de ánimo. En adolescentes o jóvenes es habitual que los padres lo descubran por cambios en el estado de ánimo, aislamiento, problemas escolares, comportamientos agresivos o un gasto excesivo de dinero no justificado.

Inicialmente estos jóvenes acuden básicamente por la presión familiar, presentan poca motivación al tratamiento y muy poca conciencia del problema. Generar esta motivación al cambio y aumentar la conciencia de problema será una de las piedras angulares del inicio y durante el tratamiento.

En adultos es habitual que después de años de consumo semanal o mensual y de varios intentos fallidos de intentar controlar el consumo y de no ser capaces de mantener la abstinencia comiencen a aparecer la conciencia de problema. Suele darse que la pareja o la familia lo descubra y se ponga el tratamiento como condición para continuar la relación.
 
En otros casos, el consumo empieza a generar problemas laborales y económicos, o va afectando al estado de ánimo general (depresión, ansiedad, irritabilidad). En estos casos es habitual que la frecuencia del consumo en el último año haya ido en aumento, y también la sensación de descontrol.
 
Es complicado resumir el trabajo de los psicólogos, pero... ¿cuáles son las técnicas y herramientas que acostumbran a utilizar los profesionales de la psicoterapia para tratar a las personas con problemas de adicción?
 
Las técnicas dependerán del enfoque de tratamiento que utilicemos y de si se trabajaba en formato grupal o individual, en un centro público ambulatorio o en una comunidad terapéutica.
 
Sin embargo, junto a las técnicas generales, la entrevista motivacional para abordar la motivación y conciencia de problema son algo fundamental.
 
Las técnicas del modelo cognitivo conductual como la relajación, la reestructuración cognitiva o técnicas actuales como el protocolo Detur basadas en el EMDR o Mindfulness serán fundamentales para intervenir sobre características específicas de esta población, como el manejo de craving o la urgencia de consumo.

También es necesario utilizar técnicas dirigidas al estilo de vida del adicto y de los entornos de consumo. Es importante acordar con la persona y establecer compromisos de manera gradual de control estimular (el control económico, evitar los entornos y personas asociadas al consumo, etc.) y manejo de contingencias para reducir en la medida de lo posible los estímulos disparadores de las ganas de consumir.

De forma paralela es necesario ir trabajando todos los aspectos personales relacionados con el consumo. Al final del tratamiento las técnicas se centrarán en el enfoque de prevención de recaídas.
 
¿En qué aspectos crees que es importante que los psicólogos se muestren humanos y cercanos con los pacientes dependientes de sustancias?
 
Fundamental en casos de pacientes con adicciones. Una de las características específicas de este tipo de personas es que la baja motivación de cara al cambio y la conciencia del problema suele ser escasa de manera inicial y muy fluctuante a lo largo del tratamiento. Esto hace que establecer una buena alianza terapéutica sea clave para el éxito del tratamiento.
 
¿Es necesario reforzar la autoestima de estas personas para que confíen en su capacidad de dejar atrás la droga?
 
En muchos casos puede haber traumas o problemas de apego graves previos al consumo. Además, el propio consumo continuado hace que la persona se ponga en situaciones de riesgo personal y vaya erosionando la autoestima. Esto hace que el propio consumo genere consecuencias negativas a nivel personal, laboral y familiar.
 
Todo esto va a ir afectando a la autoestima y a la sensación de autoeficacia o capacidad para dejar de consumir. Reforzar la autoestima, motivar al cambio y aumentar la sensación de autoeficacia será un objetivo continuo durante el tratamiento.
 
Probablemente no es fácil que un paciente adicto a sustancias se comprometa seriamente con la terapia. ¿Qué pueden hacer los psicólogos y los familiares de los pacientes para favorecer que no abandonen el tratamiento?
 
La motivación y conciencia del problema son una de las claves de esta problemática. La motivación se alimenta de consecuencias positivas y negativas. Para favorecer la conciencia del problema y motivar al cambio, la familia tiene que apoyar el proceso de en todo momento, pero manteniendo la presión sobre las consecuencias negativas de abandonarlo. El equilibrio entre estos dos aspectos va a favorecer que la motivación se siga manteniendo.
 
En el caso de los profesionales, reforzar continuamente la alianza terapéutica y estar atentos a las fluctuaciones en la motivación. Por ejemplo, es habitual que los pacientes que consiguen un tiempo de abstinencia, tras un periodo de tratamiento, sientan que ya está superado el problema y piensen abandonar el tratamiento. Detectar estas situaciones y reforzar la necesidad de seguir avanzando en el proceso de cambio, para mantener la abstinencia a largo plazo, será fundamental.

jueves, 14 de julio de 2022

El consumo y la delincuencia como productores de identidad

 

MELINA N. GANCEDO      |    Psicología y Mente 

El bucle de consumo de drogas y violencia es, además, una forma de encontrar una identidad propia.


Consumir, delinquir, volver a consumir. El consumo problemático y el acto compulsivo de cometer delitos pueden ser pensados en el marco de un proceso de construcción de la subjetividad. Esta es una lectura diferente a la simple idea de que quienes se drogan y roban son personas que eligen la “vida fácil” o la mala vida.
 
El consumo problemático de sustancias implica una relación entre una persona y una droga, con un significado y funciones singulares. A su vez, para aquellos que también cometen delitos, este modo de comportarse tiene una función implicada.
 
Observamos identidades constituidas en función del tener, con relatos reiterados que hacen alusión a que "soy" (soy alguien, soy importante), "porque tengo" (armas o sustancia, ingerida o en el bolsillo y para compartir). Frases del tipo “Cuando consumía / cuando salía a robar, era distinto, me sentía mejor, más importante”. Más “completo”, podríamos agregar, entendiendo a la abstinencia de ambos actos compulsivos como equivalente a un vacío inquietante, una crisis en la identidad y una pérdida del sentido de pertenencia construido en los grupos de pares, en la esquina, en la calle.
 
Una identidad construida por el consumo de droga
 
El dejar de reunirse con los compañeros de consumo representa un proceso de duelo, un acto de des-afiliación, desvinculación con los lazos que ha podido armar y sostener en ese contexto. Son lazos unidos por el goce compartido que implica el consumir y delinquir con otros, lo cual hace las veces de generador de identificación que hace pertenecer. 
 
Si una persona se ha sentido excluida por su familia, escuela o contexto social más amplio, puede, por medio del consumo o del delito, sentir que es parte de la sociedad, por ejemplo bajo la etiqueta de ser parte de los “chicos peligrosos del barrio”. De esta manera es visto por la sociedad, mal visto pero visto al fin y al cabo.
 
En la cultura de la calle surge algo
 
En la esquina, en la calle, se producen procesos de socialización que no se han generado en otros ámbitos tales como la familia o la escuela, por las crisis que éstas instituciones padecen, ya que deberían integrar, contener, formar y terminan excluyendo. 
 
Frente a la ausencia de otras personas significativas, se idealizan nuevos referentes, como el líder de la banda, los compañeros de consumo o los chicos de la esquina. Se crea pertenencia, que empieza por consolidar algo de la subjetividad."
 
En la cárcel también surge algo
 
Al conceptualizar el acto de delinquir como modo de (y para) ser alguien, podemos pensar que el hecho de cumplir una condena y, al decir de muchos, “no deberle nada a la justicia” no representa en todas las situaciones un acto de liberación y libertad. En muchos casos, sienten que “en la cárcel estaba mejor”. Es más fácil trasgredir la ley que respetarla, dar lugar al acto compulsivo de delinquir que generar nuevas maneras de vincularse con la ley y los otros.
 
En tanto las reglas y normas sociales no sean interiorizadas, la resolución de conflictos no sea pensada mediante la palabra y el consumo compulsivo no sea visto como un problema de salud, estar en libertad en la sociedad no equivale necesariamente a sentirse libre. Al contrario, se está preso de sí mismo, de su falta de control y su dificultad para la puesta de límites, preso en libertad de su repetición imposible de controlar, por lo que pulsa e impulsa sin elaboración mediante. Sin incorporación de la ley, se la busca transgredir, de modo incontrolable.
Los adictos se sienten presos en libertad, condicionados a acatar una ley que no están dispuestos o preparados para respetar, presos de su propia libertad, con la magnitud de posibilidades y responsabilidades que la libertad significa.
 
Aunque parece paradójico, la transgresión de la ley está presente dentro del sistema carcelario habilitando los actos compulsivos, violencias, adicciones, entre otras situaciones de riesgo no interpretadas como tales por quienes las llevan a cabo. Por lo tanto, pueden hacerlos sentirse libres en el penal.
 
El sentido de la vida a través del consumo y la violencia
 
Consumo y violencia empiezan a ser vistos como necesarios y hasta más valorados que la propia salud y libertad. Los patrones de conducta y pensamientos construidos en el contexto carcelario son interiorizados de tal manera que el hecho de producir cambios al recuperar la libertad se constituye como un verdadero desafío.
 
Consumo y delincuencia terminan dando un sentido a la vida y para que esto deje de tener esa función se deberán construir nuevos sentidos. Será necesario un abordaje integral, con implicaciones a nivel personal, familiar, social, cultural, político, etc.
 
Promoción de salud, reducción de factores de riesgo y fortalecimiento de los factores de protección: enseñar y promover hábitos de vida saludable, modos nuevos de resolver los conflictos cotidianos, modificación de las maneras de relacionarse con los demás, auto-observación, control de impulsos y emociones, utilización de palabras en lugar de actos compulsivos. En definitiva, ya sin consumo compulsivo ni delitos, buscar y asumir nuevas maneras de ser y de vivir.

martes, 12 de julio de 2022

El síntoma de la depresión del que poca gente habla: ¿borra los recuerdos felices?


ENRIQUE ZAMORANO    |     El Confidencial     |     30/06/2022 

Hoy repasamos los estudios que confirman la relación que tiene este trastorno mental con la memoria y, en particular, con aquellos hechos del pasado que tuvieron una significación positiva.

En España, cerca de 2,1 millones de personas sufre un cuadro depresivo, lo que representa un 5,4% de la población. Más allá de este frío y abultado dato, hay historias humanas que se ven truncadas por una tristeza aguda que se manifiesta de diferentes formas, alterando las relaciones sociales, las perspectivas de futuro y la calidad de vida de quien la padece. Ahora más que nunca se pone el acento en la salud mental, un tema que ha adquirido mucha más notoriedad a raíz de la pandemia y que se ha visibilizado gracias, en parte, a las nuevas generaciones que cada vez están más dispuestas a hablar de ello para acabar con su doloroso estigma.

Quizás, una de la/s/ particularidades del estado de ánimo depresivo, es que tiende a borrar progresivamente los recuerdos felices de quien la sufre. Como si fuera un parásito, infecta a su huésped haciendo que cada vez se acuerde menos de lo bueno que le ha pasado en la vida. Son muchos los estudios que corroboran esta relación entre depresión y memoria, hasta el punto de emparentar sus efectos al de otras enfermedades que merman la capacidad de recordar del paciente, como el alzhéimer. 

Debido a un estado de ánimo continuado de tristeza o apatía, la persona ya no puede recordar momentos en los que se sentía diferente

"La depresión afecta negativamente a la memoria episódica, al recuerdo de los sucesos vividos", explica el neurobiólogo y catedrático de la Universidad de Salamanca, José Ramón Alonso, en una entrada en su blog. "La explicación más aceptada es que las responsables son alteraciones neuronales generadas por el estrés. El estrés es parte de nuestros mecanismos de adaptación y defensa, y en una etapa inicial prepara al organismo para una respuesta de lucha o huida. Si el estrés se vuelve crónico, si no es un suceso puntual sino algo que se mantiene en el tiempo, los glucocorticoides, como el cortisol, sobreestimulan las neuronas que están procesando la información para esa respuesta". 

Entonces, "las neuronas 'aceleradas' entran en situación de riesgo y empiezan a desconectarse para evitar la muerte causada por una estimulación excesiva". Por tanto, "el resultado es que la memoria, con parte de sus circuitos neuronales fuera de juego, empieza a funcionar mal", asevera el neurobiólogo. "Así que la primera idea es que la depresión es una enfermedad larga que genera estrés o que puede ser favorecida por una situación de estrés, lo que a su vez altera los procesos de memoria".

La "memoria congruente con el estado de ánimo"

Otra de las explicaciones que ofrecen los psiquiatras a esta pérdida de memoria aguda relacionada con la depresión es que debido a un estado de ánimo continuado de tristeza, apatía o indefensión, la persona ya no puede recordar otros momentos en los que su ánimo era diferente, más positivo y enérgico. A esto lo llaman en psicología "memoria congruente con el estado de ánimo", lo que demuestra una asociación entre nuestros propios pensamientos en un momento determinado y lo que somos más proclives a recordar.

Es más probable que recuerdes momentos tristes y sientas que nunca pasa nada positivo. Pero, en realidad, solo olvidas las cosas buenas 

En cualquier caso, ambas explicaciones coinciden en que la depresión acaba derivando en una espiral de sentimientos negativos de los que parece imposible salir. "Este efecto es muy negativo, ya que es más probable que recuerdes momentos tristes y perpetúes el ciclo de sentir que nunca pasa nada positivo cuando, en realidad, solo estás olvidando las cosas buenas", admite la periodista estadounidense Lauren Vinopal, en un artículo reciente en 'Mel Magazine' donde se explora esta problemática en este trastorno mental. 

Por otro lado, nuestro cerebro trata de protegerse mediante la disonancia mental, lo que puede hacer que no nos sintamos conectados del todo a nuestra mente, cuerpo y pensamientos, causando esta pérdida de memoria. Es el argumento que esgrime Brent Metcalf en la citada revista, quien piensa que la disonancia cognitiva, a menudo presentada por personajes en películas como producto de una división de la personalidad a raíz de un trauma significativo, "en la realidad puede mostrarse como un efecto muy sutil en el cerebro", en este caso, "sentir que no estás del todo en conexión con tu cuerpo, tus pensamientos y tu entorno".

Lo bueno: se puede recuperar

La buena noticia es que, a diferencia de las enfermedades degenerativas que implican una pérdida de memoria en la mayoría de los casos irreversible, en el caso de la depresión sí que se puede tratar y poner atajo. El centro de la memoria en el cerebro es el hipocampo, que a su vez es el área más afectada por el efecto del cortisol, la hormona del estrés. Toda la toxicidad de los glucocorticoides de los que hablamos más arriba va esta zona, por lo que si la depresión se vuelve crónica, su tamaño cada vez será más reducido. 

Pero tanto como se reduce, puede volver a agrandarse debido a su gran plasticidad. "Con terapia, ejercicios de memoria y estrategias cognitivas adecuadas puede volver a su tamaño original para mejorar nuestra atención y recuerdo", explican desde 'La Mente es Maravillosa'. Lo malo es que cada persona experimenta esta pérdida de memoria de manera distinta, pues no hay nada más subjetivo que la constancia que tenemos de nuestros propios recuerdos, por lo que se necesita un abordaje integral para mitigar los efectos de la depresión y a la vez recuperar los recuerdos felices perdidos. 

domingo, 10 de julio de 2022

Así manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas


VALERIA SABATER       |       La Mente es Maravillosa     |     05/08/2020


La forma en la que manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas dice mucho de sus habilidades psicológicas. No se dejan avasallar, saben poner límites y son conscientes del impacto que esas dinámicas desgastantes tienen en la propia salud. Así, uno de los mejores regalos que podemos hacernos es aprender a neutralizar y gestionar todas las estrategias que aplica este tipo de perfil.

 

Algunos sociólogos y expertos en psicología social se aventuran a decir que vivimos en tiempos con un grado alto de toxicidad. Somos conscientes de que nos hemos acostumbrado a escuchar con exceso este término y que a veces no sabemos dónde está el límite. Ahora bien, si hay algo que está claro es que vivimos un momento marcado por la inestabilidad y la incertidumbre y todo ello se impregna en muchos de nuestros contextos cotidianos.

 

 Las personas tóxicas no solo lesionan a los demás emocionalmente, también son una amenaza para la salud. Asimismo, algo que se ve con frecuencia es el hecho de que cuando el comportamiento tóxico se arraiga en un entorno, la mayoría de sus miembros acaban aplicando conductas dañinas y cínicas.

 

Tanto es así que, tal y como nos revelan diversos estudios, si hay un escenario donde abunda el comportamiento tóxico es en el trabajo. Sobre todo en aquellos entornos laborales donde la productividad es clave. Es ahí donde aparece la desconfianza, la competición, las envidias, la frustración y esos daños personales que atentan a todo el bienestar sistémico de la organización.

 

Ahora bien, tal y como sabemos, tampoco faltan ese tipo de presencias en el ámbito familiar. Personas que por su personalidad o situación particular despliegan conductas dañinas hacia sus hijos o parejas. En estos últimos casos, el impacto y el desgaste pueden ser mayores porque se les añade un componente emocional, un vínculo de cercanía.

¿Cómo manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas?

La forma en que manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas responde a una serie de factores. El primero es la asunción simple y evidente de que todo comportamiento tóxico carece de lógica. Entender esto nos ayudará mucho. Lo hará porque dejaremos de dar tanta relevancia a una serie de actos y palabras que carecen de sentido, ahí donde se busca casi de forma exclusiva proyectar el malestar, la frustración y las emociones negativas sobre alguien.

 

En segundo lugar, hay un aspecto que no podemos dejar de lado. Tal y como nos reveló un trabajo del Departamento de Psicología Clínica y Biológica de la Universidad Friedrich Schiller, en Alemania, la exposición continua a esta serie de dinámicas afecta a nuestra salud cerebral.


Experimentamos mayor estrés, ansiedad, agotamiento y problemas para concentrarnos y pensar con claridad. Tener claro este detalle desde un principio nos animará a establecer adecuados límites. Veamos por tanto cómo manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas a través de las siguientes claves.

Se enfocan en las soluciones no en los problemas

Cuando en nuestro entorno habita una persona tóxica vivimos en constante amenaza. Es como ver a diario la aleta de un tiburón rondando a nuestro alrededor. Así, y de algún modo, nos preocupamos más por su presencia, por aquello que dice, no dice, hace o no hace que en aplicar estrategias para que esa presencia no nos afecte tanto.

 

Las personas inteligentes se orientan más en buscar soluciones que en centrarse en el comportamiento tóxico. En cuanto algo les inquieta o les molesta reaccionan al instante.

Hay que poner límites lo antes posible

Sabemos ya que hay que tener una buena capacidad de respuesta. Sin embargo, ¿qué tipo de acción es la que debemos emprender para frenar el comportamiento tóxico? Bien, lo que debemos saber es que en estos casos no siempre vale la huida o nos es posible poner distancia.

Hay que poner límites, barreras de protección. Para ello hay que dejarle claro a la persona en cuestión que sus actos tienen consecuencias. Que no todo es permisible, que ciertas conductas duelen y crean malos entornos.

Debemos dejarles claro de forma temprana cuáles son nuestras líneas rojas, esas que no vamos a permitir que sobrepasen.

 

Adecuado control emocional

Hay que ser plenamente conscientes de nuestros estados emocionales. Si experimentamos desgaste o agotamiento psicológico hay que gestionar esa situación. Lo primero, entender que nadie tiene por qué arrebatarnos la alegría o la calma. Lo segundo, no dar excesiva relevancia en nuestra vida a quien sencillamente, no se gana su puesto en ella.

Puesto que nunca es posible poner distancia física lo mejor es poner distancia emocional, abrir nuestro paraguas y protegernos.

La empatía cognitiva ante la persona tóxica

Aplicar una empatía cognitiva siempre será más preferible a la empatía emocional en estos casos. ¿Qué queremos decir con ello? Sencillamente que es muy recomendable ser capaces de entender por lo que puede estar pasando la persona tóxica. Tal vez tras ese rostro y esas dinámicas agotadoras haya un perfil con una depresión encubierta. Alguien con baja autoestima o con problemas personales.

 

La empatía cognitiva nos permite comprender realidades ajenas sin impregnarnos de sus emociones. Y esto último es sin duda altamente recomendable. Una estrategia que define al modo en que manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas.

Cuidan de su salud y bienestar

Podemos tener a una o varias personas tóxicas a nuestro alrededor. Podemos incluso manejarlas con efectividad. Sin embargo, hay algo que no hay que perder de vista ni un solo día: la propia salud. De ahí que debamos dar prioridad a nuestra alimentación, tiempos de descanso y ocio.

Aprender a desconectar y a no pensar en estos perfiles psicológicos nos permitirá ganar en calidad de vida. Queda claro que cuesta bastante, ya que hablamos de personas expertas en poner zancadilla. No obstante hagámoslo, seamos esas personas inteligentes que saben vivir, también, por encima de estas circunstancias.