lunes, 14 de agosto de 2023

Los siete comportamientos que delatan a un mentiroso patológico


Redacción Uppers         |     03/06/2022
Todos mentimos, a veces por necesidad; y luego están los que mienten por gusto: los mentirosos compulsivos
El mentiroso patológico no obtiene necesariamente algo, pero sí experimenta un sentimiento de
bienestar
  
Los mentirosos compulsivos son egocéntricos y creen que sus mentiras nunca hacen daño
 
Admitámoslo: todos mentimos en algún momento: para sobrevivir, para disimular algo que no nos beneficia, para obtener algo... Incluso hay mentiras que pueden tener un objetivo noble. Son las famosas 'mentiras piadosas', las 'white lies". Porque, también hay que admitirlo, no siempre decir la verdad beneficia o es útil.
 
Al margen de esto, hay personas que mienten de manera habitual y sin que necesariamente obtengan ningún beneficio personal. Son mentirosos patológicos, mentirosos compulsivos. La buena noticia es que se les detecta pronto. La tarea puede ser aún más fácil si estás atento a estas señales.
 
1 Son egoístas 
 
Una persona mentirosa es egoísta. Su principal rasgo de carácter es que es terriblemente egocéntrica. Siempre se pone por encima de los otros sin importarle nada, aunque aparentemente parezca que son humildes. Pero no lo son, mienten con el fin de sentir, aunque sea momentáneamente, superioridad.
 
2 Creen su propia ficción 
 
El mentiroso patológico cree en sus propias mentiras y desea que esas mentiras se conviertan en realidad. Tienen la habilidad de contar mentiras creíbles. Pero a veces la fantasía les delata y es común que algunos detalles no nos cuadren. Si es así, tendrás que confirmar si la persona que tienes delante no es un impostor
 
3 Son muy vanidosos 
 
Un rasgo característico del mentiroso patológico es que presume continuamente. Alardean todo el tiempo, quieren mostrar constantemente todo lo que presumen saber sobre diversos temas. Los mentirosos asumen una modestia falsa y la mayoría de las veces logran pasar como personas humildes. 
 
4 Cuestionan a los demás 
Toda su actitud hace que tengan confianza en sí mismos. Van de 'sobrados', lo que les permite tener cierta agilidad para darle vuelta a las situaciones desfavorables, incluso cuestionan la buena memoria de otras personas con el único fin de lograr dar credibilidad a sus mentiras.
 
5 No se sienten culpables 
Las personas que mienten, pero no lo hacen de manera compulsiva, suelen mostrar algo de culpa de alguna forma u otra. Sin embargo, el mentiroso patológico no siente ninguna culpa, no tiene empatía y suelen pensar que sus mentiras no hacen mal a nadie.
 
6 Están a la defensiva
Cuando una persona que miente de manera habitual se siente desenmascarada, se pondrá a la defensiva de una manera poco habitual. No se sentirá culpable ni dará muestras de inseguridad. Al contrario, se le verá animado y empezará a cambiar de conversación para desviar la atención o incluso culpabilizar a otros. Y todo con un punto de euforia.
 
7 Evitan el contacto visual
Muchas personas que son mentirosas patológicas, muy frecuentemente, se comportan con naturalidad en sociedad. Pero la cosa cambia cuando hablan de manera más íntima o cercana con una sola persona. Se sienten incómodos y evitan todo contacto visual. En una situación de cierta intimidad se sienten incómodos porque saben que no es el ambiente propicio para mentir. Están mejor cuando pueden contar mentiras. Es la paradoja del que se ha construido una ficción como marca personal. 

sábado, 12 de agosto de 2023

Empatía y ecpatía, ¿cómo se relacionan?

GORKA JIMÉNEZ PAJARES     |     La Mente es maravillosa     |     04/01/2023 

Mientras que el hecho de ser capaz de vincular emocionalmente con los demás es una virtud, saber desconectar de la tormenta afectiva ajena cuando nos desborda es una necesidad. ¿Cómo se relacionan la empatía y la ecpatía?

 

Comencemos con un ejercicio de reflexión: en mitad de una conversación, ¿eres capaz de sentir lo que el otro siente? ¿Y de pensar lo que el otro piensa? Si esto sucede, ¿eres capaz de desvincularte de lo que el otro está sintiendo o pensando? En esto consisten las habilidades que denominamos empatía y ecpatía. En este artículo vamos a explicar por qué son términos opuestos que hacen referencia a acciones antagónicas.

 

Mientras que la empatía implica “saber situarse en el lugar de otra persona”, la ecpatía hace referencia al hecho “situarse en el propio”. Son dos habilidades que se complementan, puesto que cuando empatizamos en exceso nos fatigamos, nos cansamos y nos duele el cuerpo y el alma; y en consecuencia, aparece la fatiga por compasión.

 

“La realidad es la misma para todos, pero cada uno la ve de una manera diferente porque la enfoca desde su punto de vista particular”. – José Luis González de Rivera y Revuelta -

La empatía es la locomotora que nos permite vincular y conectar con nuestros seres queridos.

 

¿Qué es la empatía?

 

La empatía proviene del griego em-patheia y significa de manera literal ‘sentir dentro.

 

Aplicada al campo de la Psicología se entiende como la capacidad de conectar con las personas que nos rodean, y podemos hacerlo de dos formas:

·        Conectando con los pensamientos y las situaciones de la otra persona: ponernos en sus botas. Esto recibe el nombre de empatía cognitiva.

·        Sintiendo las emociones que puede estar sintiendo la otra persona. Pongamos un ejemplo: nuestra pareja nos cuenta el dolor que siente ante la pérdida de un familiar. En esta situación, ¿eres capaz de sentir su tristeza? Esto recibe el nombre de empatía emocional.

 

La empatía es un ingrediente clave a la hora de establecer la intimidad en las relaciones. Nos permite conectar y contactar con el otro. La empatía es promotora de los vínculos a través de los que nos sentimos queridos y seguros.

 

¿Qué es la ecpatía?

 

Este curioso término también proviene del griego: en concreto del término ek-patheia. Como hemos comentado, es lo opuesto a la empatía. Esto dista de significar que sea algo malo: significa ‘sentir fuera’.

 

Pongamos una metáfora, tu vivienda se sitúa cerca de un lugar donde son habituales las fiestas con música a elevado volumen. Imagina que eres incapaz de aislarte de tanta intensidad. La ecpatía hace referencia a nuestra capacidad para aislarnos y, más en concreto, para alejarnos de los sentimientos de los demás.

 

Ser empáticos es bueno, pero, ¿te imaginas ser empático todo el tiempo, a todas horas, siempre? Los seres humanos tenemos la capacidad de empatizar en momentos en los que se necesita esta habilidad y ecpatizar en las situaciones en las que la conexión emocional con otros nos hiere.

 

Autorregulación emocional

 

Transitar por la vida en solitario, además de ser duro, es imposible. Los seres humanos somos seres gregarios y sociales. En este sentido, la empatía nos permite sumergirnos en otras historias, en otras vidas y vivirlas como si fueran nuestras. Ser empático es un don. Pero dista de ser un don imposible de potenciar y mejorar: puede desarrollarse.

En contraparte, la ecpatía es una capacidad autorregulatoria y protectora. Es un acto mental, una habilidad que nos permite desconectar del tsunami emocional que podemos sentir al empatizar demasiado con los demás.

 

La ecpatía el freno que nos sostiene cuando nos sentimos arrastrados por las respuestas afectivas de los que nos rodean.

 

La ecpatía nos protege de la fatiga por compasión

 

Los individuos hiperempáticos son imanes para las emociones ajenas. Les cuesta desconectar de su intensidad y, en consecuencia, se agotan. La fatiga por compasión es el agotamiento psíquico y orgánico que ocurre en respuesta a una intensa exposición a las emociones y a las circunstancias problemáticas de los demás.

 

“La fatiga por compasión es el sentimiento de profunda empatía y pena por otro que está sufriendo, acompañado por un fuerte deseo de aliviar el dolor o de resolver sus causas”.- José Fco. Campos-Vidal-

 

De manera paradójica, la fatiga por compasión induce el estado contrario: nos volvemos menos flexibles ante las emociones ajenas y nuestra capacidad y deseo de sostener esas emociones se desvanece. En cierta manera, la fatiga por compasión puede resultar psicológicamente traumática, ya que implica soportar el impacto de una serie de emociones de manera intensa y prolongada en el tiempo.

 

La ecpatía actúa como contramedida al exceso de empatía. Implica controlar con consciencia con quién, dónde y en qué sentido queremos empatizar con la otra persona. Actúa como la vacuna que nos inmuniza frente al contagio emocional de las personas que se encuentran atravesando momentos muy complicados de sus vidas (como ocurre en pacientes de cuidados paliativos).

 

 “Desde el punto de vista intelectual, tampoco hay que confundir el punto de vista ajeno con dejarse convencer por todo el mundo”. – José Luis González de Rivera y Revuelta - 

jueves, 10 de agosto de 2023

La fuerza de voluntad no es la solución ante los trastornos alimentarios


HEALTHY CENTER  (Centro de Psicología en Valencia)    |  Psicología y Mente   |   27/09/2022
 
Asumir que la fuerza de voluntad permite superar un trastorno alimentario es caer en una trampa.
 
Los trastornos alimentarios son un problema social grave cuya conceptualización y reconocimiento han experimentado un crecimiento exponencial en los últimos 10 años.
 
A día de hoy, la anorexia nerviosa (AN) y la bulimia nerviosa (BM) no son los únicos trastornos de la conducta alimentaria que permean el ámbito psiquiátrico, pues cada vez se tiene más conocimiento social de otros descritos de forma reciente, como el trastorno por atracón (binge eating disorder BED) o el trastorno de la alimentación selectiva (avoidant/restrictive food intake disorder, ARFID).
 
Calcular la prevalencia de estos desajustes tanto físicos como emocionales es muy difícil, sobre todo por la naturaleza transitoria e inadvertida de muchos de los cuadros. Por ejemplo, se estima que la prevalencia de la anorexia nerviosa a largo plazo en los adolescentes es del 0,3 al 2,2% y la puntual del 0,1 al 1,5%. En lo que a la bulimia se refiere, las cifras son similares: del 0,1 al 2% de la población joven.
 
Por impactante que suene, tal y como indica el British Medical Journal (the BMJ), la anorexia nerviosa es la patología psiquiátrica con una tasa de mortalidad más alta del mundo. Es la primera causa de pérdida de peso grave en mujeres jóvenes y también se lleva el podio en lo que a la tasa de admisión en centros especializados se refiere. Con estos datos, hoy queremos traerte una idea que debe quedar más que clara: la fuerza de voluntad no es la solución ante los trastornos alimentarios.
 
¿Qué son los trastornos alimentarios?
 
Antes de adentrarnos en terrenos subjetivos, es necesario que establezcamos una serie de bases a nivel diagnóstico.
 
Un trastorno alimentario se define como una patología mental dictaminada por unos hábitos dietéticos que afectan de forma negativa a la salud física y/o emocional del paciente.
 
Aquí se engloban la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón, el trastorno de alimentación selectiva, la pica, el síndrome de rumiación y otras condiciones. Cabe destacar que la obesidad no se recoge dentro de este conjunto de cuadros clínicos.
 
No vamos a describir la sintomatología de cada uno de los desórdenes, pues tampoco es nuestra intención recorrer el espectro de todos los trastornos alimentarios. De todas formas, como ejemplo, te presentamos el criterio diagnóstico que sigue el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DMS-5) para identificar la anorexia nerviosa:
·        El paciente restringe la ingesta energética en relación con las necesidades, lo que conduce a un peso corporal significativamente bajo según la edad, el sexo, el curso del desarrollo y la salud física.
·        Miedo intenso a ganar peso o engordar. El paciente presenta un comportamiento persistente que confluye de forma directa con un posible aumento de peso.
·        Alteración en la forma en que uno mismo percibe su propio peso o constitución. Existe una falta de reconocimiento de la gravedad que supone el cuadro de infrapeso.
 
Según el ICD-10 (international classification of diseases) para que una persona se pueda considerar anoréxica, debe presentar un peso un 15% más bajo de lo esperable para su condición y edad, tener un Índice de Masa Corporal (IMC) menor a 17.5, inducir de forma voluntaria su propia delgadez, mostrar conductas que evidencian una imagen corporal distorsionada y sufrir una serie de trastornos endocrinos característicos (en mujeres, modificación del eje hipotalámico-pituitario-gonadal)
 
¿Puedes llevar la anorexia solo?
 
La respuesta es tajante: no. Recuperamos un dato que hemos citado con anterioridad, pero que no debe ser olvidado: la anorexia es la enfermedad mortal con mayor tasa de mortalidad en el mundo, por encima de la esquizofrenia y el trastorno bipolar, consideradas más “graves” por la población general. Sin tratamiento, hasta el 20% de las personas con trastornos alimentarios terminan muriendo, mientras que esta cifra cae a un 2-3% con el abordaje médico y psicológico pertinente.
 
Además de estos datos (que ya hablan por sí solos), el estudio Mortality Rates in Patients With Anorexia Nervosa and Other Eating Disorders estipula que la anorexia nerviosa es una enfermedad grave que debe tenerse en cuenta. Como producto de un metaanálisis que comparó 36 estudios diferentes y diversas fuentes, se descubrió que solamente el 46% de los pacientes tratados se recuperan completamente de la patología, un 33% llegan a un estado de “normalidad” (con residuos conductuales de anorexia) y un 20% permanecen enfermos crónicos a largo plazo.
 
Se estima que solo 1 de cada 10 personas con desórdenes alimenticios reciben tratamiento y, de todas ellas, el 80% terminan con el abordaje clínico antes de lo que deberían (son enviados a casa cuando aún no es el momento). Con estos datos no pretendemos desanimar a nadie, sino evidenciar lo difícil que es abordar este tipo de trastornos. Si ya resulta complejo eliminar toda traza de un trastorno como la anorexia tras una internalización y una intervención médica y psicológica, imagina la dificultad de afrontar un cuadro así de grave de forma autónoma
 
El verdadero tratamiento de los trastornos alimentarios
 
Ya hemos estipulado que la fuerza de voluntad no es la solución ante los trastornos alimentarios, pues hasta 2 de cada 10 personas que deciden llevarlos por sí solas terminan falleciendo. Entonces, ¿qué hacer?
 
Quizá te sorprenda conocer este dato, pero según el artículo científico Anorexia nervosa, publicado en el BMJ en el año 2007, se estima que la anorexia y otros trastornos requieren de un tiempo medio de recuperación de 5 a 6 años después del diagnóstico, lo que conlleva una monitorización regular y, en muchos casos, intervenciones consecutivas. El 30% de los pacientes no se recuperan del todo en ningún momento.
 
Además, se han desacreditado mayoritariamente las intervenciones hospitalarias drásticas que privan al paciente de toda libertad y autonomía: esto solo se lleva a cabo cuando la vida del mismo corre peligro. A largo plazo, la terapia familiar en adolescentes y la terapia cognitivo-conductual en adultos han mostrado buenos resultados, siempre haciendo hincapié en la normalización de los hábitos de consumo alimenticio ideales y en promover un cambio en el paciente en lo que a sus pensamientos distorsionados en torno a la imagen se refiere.
 
Es necesario aceptar, pero no normalizar
 
Una de las mayores dificultades en el tratamiento de los trastornos alimentarios es que muchos pacientes no ven su cuadro como una condición patológica, sino como una elección y estilo de vida. Vomitar la comida es un signo evidente de una enfermedad, pero elegir selectivamente y de forma obsesiva en todo momento qué se come o “dejar de comer unos días porque me veo gordo” entra en un terreno gris que, en muchos casos, se excusa dentro de la normalidad.
 
La realidad es que ningún comportamiento obsesivo es normal. Si cuentas cada caloría de cada alimento, si dejas de comer en cuanto subes un kilo de peso, si te avergüenzas de tu aspecto físico o si notas que tu vida gira en torno a una relación conflictiva con la comida, necesitas ayuda. La anorexia, la bulimia y otros trastornos tienen solución, pero solo si el paciente está dispuesto a reconocer su problema y decide ponerse en manos de un equipo multidisciplinar de profesionales.

martes, 8 de agosto de 2023

Imma Rabasco: "Solo por las depresiones que hay en España tendríamos que tomarnos muy en serio la risa"


Aldara Martitegui   |     Madrid/Barcelona     |     niusdiario.es      |      07/10/2022

 

·        Entrevistamos a Imma Rabasco sobre su libro ‘Reír y vivir’ en el que nos da claves para despertar nuestra alegría interior

·        El viernes 7 de octubre se celebra el Día Mundial de la Sonrisa, uno de los valores más sacros que tenemos, según Rabasco

·        Aunque el tema de la alegría, el humor, la risa y la sonrisa pueda sonar superficial, en realidad es un asunto casi místico, asegura la autora

 

A veces reírse es lo más serio que podemos hacer, dice Imma Rabasco; una mujer que todo lo que tiene de imperfecta (lo dice ella) lo tiene de sabia y de auténtica (esto sí lo digo yo). Aún a sabiendas de que su mensaje puede sonar superficial en una sociedad como la nuestra en la que “vamos de profundos” y en la que parece que todo lo importante debe tratarse con la máxima seriedad, Imma Rabasco no se corta un pelo al hablar de la risa y de la alegría como algunos de los valores más sacros que tenemos. “Las cosas sencillas como estar con tu madre y reírte, o estar con tus amigas y reírte, hacer zumba y hacerlo fatal y morirte de risa, es más sacro de lo que nos creemos”.

 

Para demostrar todo eso Imma Rabasco ha escrito Reír y vivir (Cúpula 2022): un libro que ella describe como su misión de vida y en el que habla sobre las claves para despertar la alegría interior. “Suena facilongo, pero te diré que es casi místico”, puntualiza. Rabasco considera que somos alegría en estado puro y que la risa nos conecta con nuestro verdadero "ser", con nuestra esencia. El libro se lo dedica a todos aquellos que, un día, guardaron a buen recaudo su alegría natural y hoy no encuentran la llave.

 

Además de escribir, como coach y formadora, Imma Rabasco tiene una larga experiencia acompañando a personas en su crecimiento personal usando el teatro como herramienta. Sus más de 20 años de formación en Arte Dramático es su carta de presentación. 20 años sobre los escenarios la han convertido en una de las mayoras embajadoras del llamado poder terapéutico de las artes: en su caso, del arte de reír. Porque la risa ablanda, asegura, “y eso es lo que más me fascina a mí: ablandar a la gente”.

Ahora estamos en un momento un poco enrevesado donde parece que todo esto de la alegría queda en lo superficial, en lo 'instagramer' (Imma Rabasco)

Pregunta: En tu libro dices que la alegría -y su manifestación a través de la risa, la sonrisa y el humor- no tiene nada de superficial, sino que es un asunto bastante místico…

Respuesta: Es que nosotros hemos decodificado que todo esto no es muy profundo por una cuestión cultural del momento en que estamos. Pero cuando, por ejemplo, tú ves a los budistas, ves que ellos hacen mucho uso la de sonrisa. Si te vas a Tailandia…¡es que viven con la sonrisa puesta porque no es banal para ellos, porque saben todo lo que implica!. Pero es que también en nuestra cultura lo sabemos; en la religión católica está San Francisco de Asís, que siempre nombro, y era un defensor de la alegría, de la alegría como estado del “ser”. Y bueno, también San Felipe Neri, de quien Gaudí era un gran devoto, es el patrón del humor. Es decir, a lo largo de la historia, la risa, el humor, la sonrisa, todo esto, se ha considerado mucho más profundo y se le ha dado la importancia que tiene. Pero ahora estamos en un momento un poco enrevesado donde parece que todo esto de la alegría queda en lo superficial, en lo instagramer. Yo creo que habría que recuperarlo, como ya mucha gente lo está haciendo con payasos en los hospitales…hay muchas cosas que están sucediendo, como Payasos Sin Fronteras en las guerras. Hay iniciativas y movimientos que ya reclaman esto y lo llevan a cabo, y nos dan pruebas de que no es algo banal.

 

P: ¿Por qué crees que nos pasa esto ahora?, ¿por qué nos cuesta tanto conectar con la alegría?

R: Porque estamos muy rígidos. Creo que es uno de los momentos más rígidos, ya sea por cómo son nuestros trabajos en la sociedad de ahora -que son sentados y esto da una rigidez alucinante-o por la cantidad de normas que hay para todo. Hay una especie de encajonamiento en el ser humano que lo hace estar cada vez más tenso. Y cuando tienes un cuerpo tenso…¡tú dile a alguien que se ría estando rígido! Por eso yo hablo también de la importancia de llorar, porque llorar es soltar. La risoterapia es muy poderosa porque uno empieza a soltar. Pero es que hay gente que no puede ni reír porque tiene el molde tan duro, está tan dura, que le cuesta. La risa ablanda…Eso es lo que más me fascina a mí: ablandar a la gente.

 

P: ¿Hay ciencia detrás del poder transformador y sanador de la risa y de la sonrisa?

R: Sí. Por eso en el libro hice ese apartado en el que hablo de datos y de estudios, porque es lo que a la gente ahora le gusta. Sin embargo, no nombro otros estudios que hay a nivel empresarial. Cada vez hay más estudios e informes que demuestran cómo afecta el sentido del humor y el buen rollo en una empresa, por ejemplo y cómo cambian las cosas cuando se trabaja todo esto: cambia el ambiente, sobre todo. Y cuando se lleva a cabo con los jefes…es que, que un jefe tenga buen sentido de humor hace que la empresa tenga buen rollo.

 

P: En tu libro también cuentas que la historia también confirma que la alegría y la risa han estado siempre presente como un valor profundo que cuidar y proteger, no como algo superficial…

R: Ya había payasos en los indios de américa: payasos que espantaban a las enfermedades. En la época de los griegos, en el teatro, siempre se ha dado esto: la necesidad de conectarse con algo más profundo a través de la sonrisa. Como dice Patch Adams, médico y clown: “La risa no es una terapia”. A él no le gusta la risoterapia; le gustan sus efectos, pero no le gusta cómo lo han transformado en terapia. Él dice: “La risa somos nosotros, la risa soy yo, yo formo parte de ella, es lo que emano por ser”.

 

P: De eso hablas todo el tiempo en tu libro: en esencia, todos somos alegría…

R: Es que yo creo que somos alegría, somos amor. Suena así un poco cursi, pero digo amor en el sentido de fuerza cohesionadora. Somos amor, vibramos en amor, cuando uno está en estado real de bienestar, está vibrando en amor, en coherencia cardiaca: eso es amor y el amor es alegría. Cuando un niño está en estado de amor, cuando un niño está normal, está alegre. Cuando una madre ve a un niño que no está alegre, le preocupa. El estado del "ser" de verdad es la alegría (…) ¡Pero esto no es nada nuevo! A mí me encanta citar a San Francisco de Asís o a Benito de Nursia, Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro… o sea, es que esto ha estado siempre ahí. Lo que pasa es que ahora parece que vamos de profundos. Y no nos damos cuenta de que esto es profundo también porque es una cuestión de ser quien uno es. Cuando tú expresas quien tú eres, te brota la alegría. Lo que pasa es que somos capas y capas y capas y corazas y corazas y corazas…

 

Al reírte de ti mismo frente a los demás, los desarmas (Imma Rabasco)


P: ¿Deberíamos tomarnos más en serio la risa y la alegría?

R: Uno de los objetivos de este libro era darle a la risa la importancia que tiene; porque tú no vas a hacer una cosa si no le das importancia. Tú no te vas a currar la alegría si no te das cuenta de lo importante que es. Ya solo por el nivel de depresiones que tiene este país, tendríamos que tomarnos muy en serio la risa. Porque está comprobado que cuando una persona se ríe mucho, mejora. Ojalá más psicólogos lo recomendaran. Lo que pasa es que ahora, con todo el perfeccionismo y la productividad, nuestra cultura está cambiando mucho. Antes esto lo veíamos en EEUU y decíamos, “¡cómo se empastillan, qué depresiones tienen!”, ¿te acuerdas? Y luego empezó aquí, porque empezamos a adquirir hábitos mucho más a su estilo: a ser más productivos. Entonces es cuando ya paso de quedar con mis amigas para reírme porque tengo qué, tengo qué, tengo qué…Es que hay tantas obligaciones ahora: tengo que hacer yoga, tengo que, tengo que, tengo que…es que al final, uno no puede ni hacer lo que le gusta hacer.

 

P: De hecho, en tu libro hablas de la alegría y del humor como algo que hay que cultivar, de un trabajo de compromiso con uno mismo…¿Por dónde empezamos a cultivar el sentido del humor y la alegría?

R: Empezando con uno mismo. Es muy interesante, por ejemplo, trabajar con un jefe y hacerle reírse de sí mismo. ¿Tú sabes el trabajo de ego que hay ahí? es superpotente. Lo que yo propongo, que es usar el teatro como juego, la herramienta teatral lúdica, les hace reírse de sí mismos, le hace enfrentarse a su ego y se lo ven enorme y flipan porque ni se pensaban que iba a ser tan gordo. Y ver cómo eso hace eco luego en su relación con los empleados…es que es muy divertido. El sentido del humor, el bueno, el sano -no el irónico ni el sarcástico porque esos esconden mucho- pero el sanote, pasa mucho por cuando uno se ha reído de sí mismo.

 

P: ¿Qué ocurre ahí, cuando nos reímos de nosotros mismos?

R: Cuando experimentas el reírte de ti mismo en la soledad, o hacerte una cara horrible en el espejo y deformarte, cuando empiezas a jugar un poco, ahí estás experimentando el juego de verdad, el probar. Ahí empieza el ego, la razón, a torcerse y a decir, “uy aquí está pasando algo”. Es porque estás rompiendo ya toda esa estructura que encorseta y que creo que es parte del problema.

 

P: No es fácil reírse de uno mismo en una sociedad tan competitiva como la nuestra, en la que parece que tenemos que ser perfectos…reírse de uno mismo públicamente ¿es como reconocer ante los demás que no das la talla?, ¿qué beneficio puede tener eso?

R: Es que al reírte de ti mismo frente a los demás, los desarmas…siempre lo digo. ¿A qué le tiene miedo un payaso?, ¿A que se rían de él? Es como un chiste ¿no? ¡Porque eso es lo mejor que le va a pasar a un payaso! Esa vulnerabilidad que tiene el clown…es que el arte del clown es de lo más elevado que hay.

 

Lo que hacemos con la herramienta del mundo teatral y de las artes en general, es desdibujar este personaje, y la peña flipa (Imma Rabasco)


P: Tu faceta de escritora es solo una parte de ti. En tu día a día…¿cómo trabajas la alegría con las personas?

R: Uso la herramienta teatral, el juego teatral, pero esa parte lúdica, no la parte del texto…hago todo lo que es la parte de cuando un actor se prepara, que es una maravilla, porque ahí entra todo. Ahí entra el baile, la música, la expresión corporal, los juegos…Todo eso lo pongo al servicio de la persona para que se experimente, para que se equivoque, para que se haga amiga del error. Sobre todo trabajo en grupo, para empresas, para grupos de mujeres… y son maravillosos los cambios que veo. Si yo sigo haciendo esto es por los testimonios, por las chicas que por ejemplo me dicen: “Imma, yo, ahora puedo hablar con otras personas que llegan nuevas a la empresa y con las que antes no hablaba por timidez”. Estas personas ahora miran a los ojos, pueden hablar sin tartamudear porque se han experimentado a sí mismas desde otro personaje.

 

P: Es que nuestra esencia está tan encorsetada por el ego… que nos creemos que somos el ego, el personaje…

R: Es que el personaje es el que te impide conectarte con la alegría. Lo que hacemos con la herramienta del mundo teatral y de las artes en general, es desdibujar este personaje, y la peña flipa. Es jugar a ser, es experiencia, es crecimiento espiritual más que personal, porque personal sería como hace crecer esa máscara. En las clases, lo que hacemos es que primero entran y juegan, bailan y, cuando ya han hecho todo eso, abrimos la cremallera y nos empezamos a quitar el personaje y lo dejamos fuera de la sala y desde ahí empieza el trabajo de: me relaciono conmigo y con el otro a través del no juicio: es decir, cuando aparece el juicio hacia mí o hacia el otro, lo dejo pasar. Es toda una clase practicando eso desde el no personaje, intentando ser el lienzo en blanco…es superaliviante ese momento de ‘me quito la cremallera’, y es maravilloso relacionarte en grupo desde ese lado.

 

P: Lo que ocurre es que quitarse ese personaje de encima nos asusta un poco ¿no?…cuesta sostenerse a uno mismo sin adornos ni atributos porque nos hemos identificado tanto con el personaje…¿cómo lo consigues tú? Y en tu caso, ¿qué papel desempeña la alegría?

R: Cuando me levanto, mi gran trabajo consiste en hacer que, a través de la persona, emerja esa alegría para realmente intentar recibirla y darla desde dentro: así es cada día, cada día. Me sale mal el 85 por ciento de las veces…pero el objetivo para mí es ¿cómo puedo hacerlo yo? Y se puede hacer ¿eh?, porque hay mucha gente que lo consigue, Ahí, tan discretos ellos, pero lo consiguen….

domingo, 6 de agosto de 2023

Cada duelo y cada pérdida son únicos


PATRICIA RAMIREZ      |   abc.es (El lunes empiezo.Blog)     |     01/11/2020

 

Noviembre es el mes de los que ya no están y nos preguntamos cómo afrontar una pérdida en estos tiempos tan duros 

En estos tiempos tan duros y más en estos días tan señalados, muchas personas preguntan cómo se debe afrontar una pérdida de forma adecuada. Y ya lo siento, pero no hay una respuesta correcta. Es el proceso de adaptación a una vida nueva sin la presencia de la persona que se ha ido. Y a pesar de que los manuales de psicología marcan unas pautas para diferenciar cuándo el duelo está fluyendo con normalidad y cuándo se considera patológico, sinceramente, no hay reglas universales para la correcta gestión. Porque cada pérdida y cada duelo son únicos, personales. Depende de muchas variables. De cómo se ha producido la pérdida, del vínculo que teníamos con la persona, de lo que teníamos pendiente con esa persona, de la propia experiencia anterior con la pérdida, del momento emocional en el que tú te encuentras, de tu resiliencia y fortaleza emocional… Por eso es imposible predecir cómo cada uno va a vivir su duelo o dar directrices de las etapas que tenemos que atravesar y compararnos si nosotros lo estamos viviendo así o no.

La muerte y la suerte, desde su lado no controlable y casi nunca predecible, tienen su punto caprichoso. Y de repente uno se ve desnudo ante esa realidad, sin ganas de encajarlo. Sin ganas de esforzarte en comprenderlo. La muerte de un ser querido es un momento de tristezadesolación, de un adiós definitivo. Porque sólo en ese momento somos conscientes de lo que significa “para siempre” o “nunca más”. La muerte revaloriza la vida. Le da sentido. No solamente a la vida, le da sentido y valor a las relaciones, a los vínculos, a los detalles, a las experiencias, a lo que creíamos que era normal y de repente dejas de tenerlo. 

Perder a un ser querido no supone perder el vínculo con la persona. Cuando emocionalmente encontremos el momento oportuno, podemos seguir manteniendo una relación especial con esa persona. Cada uno elige cómo seguir vinculado la persona. Podemos incluso, si uno lo decide, no tener ningún tipo de relación. 

Noviembre es el mes de los que ya no están. O si están, pero solo en nuestros recuerdos. Pero para poder convivir serenamente con tus recuerdos a veces atraviesas momentos de negaciónrabiatristeza, hasta toparte con la aceptación y volver a la vida. 

Si te identificas con alguna de esas emociones y quieres ayudarte a sentirte mejor, puedes empezar por… 

1.Aceptar tu emoción, más que la pérdida, la emoción. No trates de forzar lo que no sientes. No te hagas el fuerte. Si te apetece llorar, llora. Si no te apetece salir, no salgas. Si te apetece hablar del tema, habla. Deja que tus emociones fluyan. A veces las ocultamos para que los demás no nos vean sufrir, porque creemos que no merecemos tener ese rato de desconsuelo con todo lo que sufren otras personas, y nos negamos el sentimiento. Pero el sentimiento está ahí, y aunque lo reprimas no va a desaparecer. 

2. Comparte con los demás cómo te sientes. No tienes por qué sobrellevar tú solo tu pena. Hablar no te devuelve a la persona, pero es muy consolador contar con el apoyo de los demás. Llama a tus personas “cálidas”. No todos los amigos o familiares saben escuchar igual de bien o dar consuelo que consuele. Tenemos alrededor personas con todo tipo de virtudes, algunas son unas motivadoras natas y otras saben dar palabras de ánimo. Cuenta con ellas. 

3. Déjate abrazar. Un abrazo de más de 20 segundos libera oxitocina. Te hará sentir bien y querido. Un abrazo te protege, te mima, te envuelve. Déjate querer estos días. 

4. Habla con la persona querida. Solo cuando puedas y estés preparado. Hay tantas cosas que te gustaría seguir compartiendo, ¿verdad? No lo puedes hacer ahora con la persona presente, pero sí puedes entablar una relación en tu imaginación. Recuperar la relación con la persona que se ha ido no es una fantasía. Es una manera de mantener ese vínculo. Al principio de la pérdida esto parece imposible. No porque no podamos hablar con alguien que no está, sino porque no apetece un tipo de relación que no se parece en nada a la relación que antes disfrutábamos Es como tener algo descafeinado. Pero a medida que empiezas a recuperarte, hablar con la persona simbólicamente, escuchar las propuestas que te haría si estuviese en mi vida, contarle tus cosas, puede ser muy enriquecedor. Conoces tanto a la persona que seguro que eres capaz de visualizar qué te contestaría y cuál sería su expresión facial. Hablar solo no es de locos. Al contrario, es muy gratificante. Y, al fin y al cabo, no estás hablando solo. Te estás relacionando con la persona querida. Yo después de un año y pico he conseguido hacerlo con mi abuela. He colocado una foto pequeñita suya en la cocina y la miro todos los días con amor y le hablo mientras cocino. 

5. Aprende a vivir sin lo que la persona representaba en tu vida. Muchas veces la pérdida de un familiar con el que convivíamos no solo supone la pérdida de la persona. También de la rutina de las actividades que la persona realizaba. Además de compartir amor compartíamos la vida. Ocuparse de todo lo que realizaba la otra persona y que necesitas seguir realizando tú, puede provocar bloqueo. Tienes que aprender a tomar decisiones o resolver por tu cuenta esas actividades: cocinar, la gestión de la economía familiar, la organización de los viajes… Pide ayuda, pero en cuanto puedas, prueba a tener tú la iniciativa. 

6. Normalizar la vida. A pesar de que ahora parece imposible que uno vuelva a retomar actividades que antes se hacían en pareja o con familiares o amigos que se han ido, retomar lo que te hacía sentir bien con ellos puede ser un signo de respeto hacia la persona que se ha marchado. Seguro que ellos estarían deseando que tú siguieras disfrutando de lo que compartías en común. 

7. Dejar fluir. Significa imprimir el ritmo que tú decidas a cada uno de estos pasos. Cada uno tenemos un ritmo. Forzarlo no tiene sentido. Deja que fluya el dolor, la pena, las ganas de retomar actividades. Las personas que tienes alrededor quieren que estés bien. Por eso suelen tratar de forzar situaciones o actividades para las que tú consideras que no es el momento. Pídeles tiempo. 

La mejor manera de tener un “duelo bonito” es que no se te quede nada en vida en el tintero. Trata hoy a tus seres queridos como si mañana no fueras a verlos más. Porque así puede ser. Lo que no dijiste ayer, ya no puedes decirlo hoy. El comentario amoroso que te dejaste sin decir se quedó en el vacío, el abrazo, coger la mano, las risas, el humor compartido, la complicidad de una vivencia, el recuerdo de tantos momentos juntos. ¡Cuántas cosas nos guardamos, dosificamos sin darnos cuenta de que la vida no tiene otra oportunidad!