sábado, 24 de febrero de 2024

Esquizofrenia, un problema de salud mental que no logra enterrar el estigma: "Sigue generando miedo e incomprensión"

LOIS BALADO TOMÉ     |     la voz de galicia-salud     |     10/11/2022

En España existen cerca de medio millón de personas que conviven con la esquizofrenia.

Suele diagnosticarse durante la adolescencia y, pese a que existen cerca de medio millón de pacientes en España, las causas que generan este trastorno siguen siendo desconocidas

La esquizofrenia es un trastorno que afecta a, aproximadamente, la salud mental de un 1 % de la población adulta en Europa y a casi medio millón de personas en España. Pese a que es una condición sobre la que todos hemos escuchado hablar en mayor o menor medida, la aceptación social de la esquizofrenia sigue siendo un estigma por superar. Popularmente caracterizada por la presencia de episodios psicóticos que provocan en los afectados unas vivencias no compartidas por su entorno (escuchan voces, tienen sensación de persecución o creen que ocurren cosas que los demás no comparten), sus afectaciones anímicas no son tan conocidas pese a estar ampliamente descritas. Pero, ¿qué es la esquizofrenia?, ¿qué es lo que la causa y cuáles son sus síntomas?, ¿tiene cura?, ¿qué métodos existen desde la psicología y la psiquiatría y cuál es el enfoque adecuado para tratarla?

Diferencias entre psicosis y esquizofrenia

«Llamamos genéricamente 'psicosis' o 'trastornos psicóticos' a aquellos trastornos en los que aparecen alucinaciones, delirios y desorganización del pensamiento. En ellos se pierde, decimos, el 'juicio de realidad'. Son cuadros en los que el paciente tiene vivencias no compartidas con su entorno. Oye voces que los demás no oyen, creen que ocurren cosas que los demás no comparten, etcétera. Dentro de este paraguas, el trastorno psicótico paradigmático es la esquizofrenia, un trastorno crónico que se inicia en la adolescencia y que cursa con brotes (cuadros psicóticos agudos), fases de deterioro y síntomas negativos (apatía, retraimiento social, aislamiento). Pero hay otros muchos cuadros psicóticos: las psicosis de origen tóxico (por cocaína, cannabis, alucinógenos, alcohol), la paranoia o trastorno delirante crónico y la psicosis aguda, que dura menos de un mes», explica Guillermo Lahera Forteza, profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud mental (SEPSIQ).

Por su parte, Joseba Rico, psicólogo de la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Personas con Esquizofrenia (AMAFE), acota un poco más la definición de esquizofrenia y lo que a día de hoy se marca como criterios para avanzar hacia su diagnóstico. «La psicosis tendría más que ver con ese momento en el que nos alejamos de lo que entendemos por 'realidad compartida', cuando aparecen esos síntomas psicóticos y se sufren esas ideas extrañas y alucinaciones. La diferencia con la esquizofrenia la marca el plano temporal. La esquizofrenia, se presupone, que va a mantenerse en el largo plazo. Tiene ese componente de cronicidad. Se trata de un diagnóstico que nos dice que esa persona tiene mucha susceptibilidad de volver a sufrir psicosis, susceptibilidad que ha de mantenerse durante, al menos, seis meses». 

Desgrana Rico que, evidentemente, un trastorno de este tipo está repleto de matices. Imagínense que una persona sufre un episodio psicótico el 1 de enero y un segundo el 30 de junio. Su cuadro encajaría dentro de los criterios que los profesionales de la salud mental manejan para etiquetar la esquizofrenia. Sin embargo, si el segundo episodio fuese el 2 de julio, ya no cumpliría los criterios. Por eso, Joseba Rico explica: «Esos seis meses simplemente sirven para decirle al clínico que una persona tiene una vulnerabilidad a la psicosis suficientemente grave para plantearse el diagnóstico. A partir de ahí, habrá que valorar y tener en observación a esa persona que, si sigue con ese camino, acabará con ese diagnóstico. Como ves, las escalas temporales son más por intentar lograr un mínimo consenso, por tratar de acumular la evidencia que ha habido en otros países que acaben estableciendo estas categorías». No obstante, el psicólogo aboga constantemente durante su discurso por «poner a la persona en el centro» independientemente de lo que dicten las convenciones médicas.

Causas de la esquizofrenia

Apunta Lahera que, si bien se estima que la esquizofrenia afecta a un 1 % de la ciudadanía, «si utilizamos el concepto de 'espectro de la esquizofrenia', incluyendo cuadros psicóticos más leves, llegamos al 5 % de la población». Con todo, la razón por la que aparece la esquizofrenia, es todavía un misterio para la ciencia. «Sus causas son diversas y aún no están dilucidadas del todo. Aparece una marcada heredabilidad y hay modelos biológicos que explican sus síntomas (la desregulación de los sistemas de dopamina, de glutamato y otros). Parece existir una vulnerabilidad a desarrollar psicosis en algunos sujetos ante situaciones de estrés. La aparición del trastorno es el resultado del balance entre la disponibilidad individual y la 'carga' de estrés ambiental», explica el docente de la Universidad de Alcalá.

Sobre esta exposición prolongada a estresores y cómo pueden evolucionar hasta episodios psicóticos —y la dificultad de que aparezcan en una etapa vital tan complicada como la adolescencia— pone el foco Joseba Rico, psicólogo de AMAFE. Él cree que se debe profundizar en las vivencias personales, individualizadas, para poder realizar un abordaje correcto del problema. «La adolescencia, el miedo a quedarse atrás, una ruptura... Todo son diferentes estresores que en cada persona van a actuar de una manera diferente. Ahora mismo, cuando hablamos de diagnóstico, hablamos de un conjunto de síntomas, que son las consecuencias de esos estresores. Y uno de los problemas es que el tratamiento y toda esta lógica se centra en el abordaje de síntomas. En las voces, en el ánimo triste, la ansiedad o la sensación de persecución. Pero se debe tener en cuenta qué desencadenante ha habido en la vida de una persona para impedir que eso se repita. Las personas, ante una misma situación, reaccionan de maneras diferentes. Hay quien, en vez de expresarlo en una forma de trastorno mental, tiene una afectación física o más ansiedad. Los hay más resistentes que otras, igual que hay personas que es más difícil que se rompan un hueso si se caen. Tenemos diferentes vulnerabilidades, tanto físicas como mentales», argumenta.

«Es importante actuar sobre los síntomas, pero para evitar que eso vuelva a pasar hay que trabajar en la prevención, en su ámbito social, en saber qué es lo que está pasando. Y es una cuestión pendiente porque, a día de hoy, se hace poco para que, a quienes tienen un problema de salud mental de tipo psicótico, no les vuelva a ocurrir», explica y reclama: «La parte social tras una ruptura biográfica es algo sobre lo que hay que intervenir».

Drogas y esquizofrenia

Además, se sabe que el consumo de determinadas drogas favorece la aparición de la esquizofrenia. «Está demostrado que el consumo de cannabis o cocaína se asocia a la irrupción de la enfermedad. Esto no significa que la cause, pero sí que activan o despiertan una susceptibilidad individual. Por eso, como a día de hoy aún no sabemos la vulnerabilidad de cada uno, es arriesgado consumir cannabis en la adolescencia, pues el cerebro está en desarrollo y existe la posibilidad de desencadenar psicosis». 

Pese a que la causa sea desconocida, sí se han observado diferencias anatómicas en el cerebro de las personas que padecen esquizofrenia. «Si comparamos un grupo amplio de personas con trastornos como el autismo, la esquizofrenia o el trastorno bipolar, con un grupo de control, observamos claras diferencias biológicas: desde alteraciones de la estructura o el volumen de algunas áreas cerebrales a la mayor o menor presencia de marcadores inflamatorios o de neuroplasticidad. Pero, a día de hoy, ninguno de estos biomarcadores sirve aún para diagnosticar o predecir el inicio de la enfermedad. Todavía les falta especificidad —es decir, que se asocie a un trastorno concreto— y capacidad predictiva. Pero esto no debe llevarnos al pesimismo o a volver a la idea obsoleta de que los trastornos de la mente no tienen ningún sustrato corporal, sino a impulsar con determinación la investigación en psiquiatría», reclama Guillermo Lahera, miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud mental.

¿Cómo se crean en nuestro cerebro las voces que escuchan los pacientes de esquizofrenia?

Aunque existen pacientes que refieren experiencias agradables con respecto a las voces que escuchan, muchos de ellos las describen como atemorizantes y agresivas. ¿Pero cómo trabaja nuestro cerebro para generar estas 'ficciones' que los afectados viven como algo completamente real? «Las alucinaciones auditivas de la esquizofrenia se asocian a una activación de áreas del lenguaje y el pensamiento, más que auditivas. Esto significa que probablemente sean pensamientos que cambian de cualidad, que no se reconocen como propios y que se vivencian como fenómenos impuestos desde fuera, generalmente atemorizantes y agresivos. Son frecuentes las voces psicóticas que insultan, amedrentan u ordenan acciones al sujeto». Explica el psiquiatra que, para paliarlos, se dispone del «indudable efecto de la medicación para reducir su intensidad». «Trabajamos con el paciente que no se identifique con ellas y que consiga tolerarlas sin repercusión afectiva. Pero no es fácil», asegura.

Cómo identificar los primeros síntomas de la esquizofrenia

«Es bueno que la gente conozca e identifique los síntomas de pródromos o inicio de la psicosis. El sujeto se encuentra inquieto, alerta, duerme mal, tiene un discurso distinto, se le entiende peor, puede llegar a decir algo bizarro o extraño, inhabitual en él. Se muestra suspicaz, retraído, a la defensiva. Ahí los síntomas ya están emergiendo, y característicamente, el paciente no tiene ninguna conciencia de estar enfermo ni de necesitar tratamiento. Conviene que la familia y el entorno le convenzan para acudir a un médico o psiquiatra, o a un centro hospitalario, para evaluación», explica Guillermo Lahera.

¿La esquizofrenia se 'cura'? Cronicidad y tratamientos

«La esquizofrenia es crónica y tiene una tendencia a la recidiva, es decir, que sin tratamiento suele tener nuevos episodios. Sin embargo, es una enfermedad muy heterogénea, y al menos el 10-15 % de pacientes tienen un solo episodio y luego no recaen. En general, la esquizofrenia se controla con el tratamiento, no se cura. Y este tratamiento es farmacológico y psicosocial», detalla Guillermo Lahera Forteza, profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá.

Explica el directivo de la SEPSIQ que, a día de hoy, el tratamiento habitualmente recomendado se fundamenta sobre tres patas:

§     Fármacos antipsicóticos: «Actualmente se toleran mucho mejor que hace décadas y ya no producen esos molestos efectos secundarios. Algunos son pastillas y otras inyecciones mensuales, que se liberan poco a poco. Las dosis son ajustadas por el psiquiatra, para que sean eficaces y bien tolerados»

§     Intervenciones psicosociales: «Como psicoeducación, técnicas cognitivo-conductuales de manejo de los síntomas psicóticos o terapia familiar para mejorar el clima de convivencia»

§     Integración social: «Con recursos sociales que favorezcan el empleo y desarrollo del sujeto»

Defiende el profesional de la psiquiatría que los medicamentos son «bastante efectivos, pero deben aplicarse de manera mantenida en el tiempo y con determinación». «La respuesta es variable, pero en torno a un tercio de los pacientes puede llevar una vida bastante normal, salvo algunas recaídas; otro tercio tiene más dificultades, no consigue ser independiente ni un trabajo o una familia; el último tercio es el que requiere hospitalizaciones periódicas. Pero, en general, el pronóstico de la esquizofrenia es más esperanzador ahora que hace treinta años», asegura, lanzando un mensaje de optimismo. 

Preguntado sobre los tratamientos alternativos a los fármacos, sobre si se utiliza algún tipo de intervención más invasiva para mejorar el desarrollo de la enfermedad, Lahera comenta que el uso de la psicocirugía es anecdótico, pero que, sin embargo, el electroshock arrastra tras de sí abundante literatura científica. «A veces es útil la terapia electro-convulsiva (antiguamente, electroshock), que está rodeado de una leyenda negra y, en realidad, tiene mucha evidencia científica de eficacia. Se añade al tratamiento farmacológico en pacientes especialmente graves, con algunos síntomas concretos o que no toleran los fármacos —asegura Lahera—. Pero donde podemos mejorar mucho es en implementar terapias psicológicas eficaces en estos pacientes. Todas las guías internacionales las recomiendan y, pese a los avances que hemos tenido en España, aún hay zonas con dificultades para acceder a centros de rehabilitación psicosocial».

El estigma social y la visión académica: presente y futuro del abordaje de la esquizofrenia

«Uno de los problemas a los que te enfrentas con la esquizofrenia y con la salud mental en general, es que se cree que se sabe mucho. Pero es que a veces el problema no es tanto que no sepamos, sino el no reconocerlo. Cuando reconocemos que no sabemos, ese es el posicionamiento adecuado. Manejamos un histórico de lo que creemos que sabemos, también a nivel social, de lo que son los problemas de salud mental. Eso nos sesga muchísimo. Con la esquizofrenia pasa. A nivel de población general, con todo el tema del estigma, pero también a nivel académico. Muchos de los modelos iniciales médicos del siglo pasado han marcado mucho la manera de intervenir y las expectativas de recuperación. A todo eso hay que darle una mirada crítica», explica el psicólogo Joseba Rico con las perspectivas puestas en el abordaje actual y futuro del problema.

Argumenta que, a diferencia de otros problemas puramente fisiológicos, las fronteras en salud mental no siempre están claras. La esquizofrenia es un trastorno que combina las alucinaciones o los delirios con cuestiones más de apatía y de un aplanamiento afectivo. «A lo largo del tiempo se han ido incorporando otras áreas sintomáticas que tienen que ver más con lo afectivo y con lo cognitivo», apunta. Ahí surge un nuevo reto para el diagnóstico. «En cuanto nos ponemos finos, vamos a ver que esto va a tocar otras áreas diagnósticas como el trastorno bipolar o el trastorno del ánimo. En depresiones muy graves hay síndromes psicóticos; en un una esquizofrenia también hay síndromes depresivos. ¿Dónde nos ponemos?», reflexiona Joseba Rico.

El psicólogo de AMAFE evidencia la dificultad a la que se enfrentan los profesionales de la salud mental a la hora de categorizar en compartimentos estanco los distintos trastornos. «Hay una parte más profesional, más científica, de intentar establecer categorías que es importante para aspirar a esa universalidad del tratamiento; por otro lado, te tienes que ajustar y poner a la persona en el centro. Que se sienta escuchada. La adaptación a su propia biografía y a sus necesidades concretas es fundamental. Y es uno de los grandes retos. Identificar qué puntos son comunes en la problemática de salud mental. Se irá revisando y avanzando. Pensemos que la salud mental es una disciplina relativamente joven en términos históricos y queda mucho trabajo por hacer a la hora de perfilar qué es lo que le ocurre a las personas, por qué hay estos desencadenantes y comprender que, si no se hace algo individualizado, es muy difícil que la persona se sienta comprendida», dice. Retos para el futuro y para el presente 

jueves, 22 de febrero de 2024

5 rasgos asociados a traumas de la infancia

 

Sergio De Dios González.     |     La Mente es Maravillosa     |     07/08/2023

Escrito por Edith Sánchez

 

Los neurocientíficos ya comprenden mucho mejor las características asociadas a los traumas de infancia. Esto posibilita el tener ya mejores terapias para superar dichos eventos del pasado.

La niñez es una etapa decisiva y trascendente en la vida del ser humano. Las impresiones físicas y psicológicas que se reciben durante esa etapa dejan huellas  duraderas en el cerebro. Por eso los traumas de la infancia impregnan por completo la personalidad y su influencia se prolonga a lo largo del tiempo.

 

Esto no quiere decir que no se puedan superar, o en el peor de los casos que no se puedan superar en una medida razonable. Que alguien haya vivido una infancia difícil no quiere decir que no se pueda llevar una vida plena. Sin embargo, esto suele requerir procesos terapéuticos o de una elaboración personal profunda.

 

Hay algunos rasgos que denotan la presencia de traumas de infancia no superados. Si tuviste una niñez difícil, vale la pena que revises si alguna de esas características está presente en tu forma de ser. Son excelentes indicadores para darte cuenta de que es hora de hacer algo por ti mismo.

 

El trauma no lo provoca la muerte, sino la vida. Uno puede morir sin saberlo. El nacimiento implica el trauma de la comprensión”. – Richard Matheson –

 

1.      Inhibición, un rasgo asociado a traumas de infancia

 

La inhibición  es el retraimiento de la personalidad. Es invisibilizar emociones y sentimientos. Es quedarse incluso en un rincón apartado de la propia vida. Es el caso de las personas que se cohíben de decir lo que piensan o de hacer lo que desean. Sienten miedo de hacerlo o sencillamente no se les ocurre nada.

·        Los traumas de infancia hacen que alguien se sienta inhibido para autoafirmarse en las distintas situaciones.

·        Lo que hay, en cambio, es hermetismoAislamiento. Gran dificultad para relacionarse con los demás y temor a los otros.

Hay personas que son introvertidas y por eso, no siempre son muy adeptas a las situaciones sociales. Sin embargo, no tienen problema en decir en voz alta lo que piensan o sienten. Actúan con autonomía.

En cambio, cuando hay traumas de infancia que no se han superado, la persona quiere pasar desapercibida, no llamar la atención. Es más, estudios como el llevado a cabo por William E. Copeland, de la Universidad de Duke, nos señalan que este es uno de los rasgos más característicos.

 

2.     Irascibilidad, mal humor, frustración

 

En las personas que no han superado sus traumas de la infancia suele percibirse un cúmulo de ira. No necesariamente son personas violentas. Lo que sí suelen ser es poco tolerantes a la frustración y dadas a reaccionar agresivamente. Parece como si siempre estuvieran a punto de explotar, aunque no lo hagan.

 

Su irascibilidad también se nota a menudo en su falta de paciencia para ciertas cosas. Al poco se cansan, pierden el interés, se enfadan. Esto se percibe por ejemplo a nivel laboral o en el académico. Les cuesta mucho formar equipos de trabajo.

 

3.     Infravaloración personal

 

Las personas que no han superado sus traumas de la infancia suelen tener también problemas para valorarse a sí mismas. O se sienten muy por debajo de los demás o se sienten muy superiores. Esto último es solo en apariencia. Un mecanismo para compensar la pobre opinión que tienen de sí mismos.

 

Por eso es usual que rechacen los halagos de los demás. Creen que nunca son lo suficientemente buenos. Por eso nunca terminan de confiar en los refuerzos emocionales, en las palabras de admiración. Les parece que se trata de un engaño o de una burla. No pueden entender cómo alguien tiene buen concepto de ellas, siendo que ellas mismas se detestan.

 

4.     Disculparse constantemente

 

Alguien con traumas de infancia siente que todo lo que dice o hace puede molestar a los demás. Por eso se disculpa frecuentemente. Pide perdón por cosas por las que no debería hacerlo. Se disculpa cuando va a hablar, como si no tuviera derecho a ello. O cuando va a entrar en un lugar o a salir de él, etc.

 

En ese tipo de acciones se ve la huella de una crianza restrictiva, quizás humillante y con pocas expresiones de afecto. Tales personas sienten como si tuvieran que pedir perdón por cualquier acción que les dé presencia en el mundo. Ese es precisamente uno de los grandes efectos de los traumas no superados de la infancia.

 

5.     Huir del conflicto o vivir en él

 

Las infancias traumáticas suelen desarrollarse en una familia altamente conflictiva. Un contexto en el que los desacuerdos y las agresiones eran la norma. Cualquier palabra o cualquier acto podían desencadenar problemas, recriminaciones e incluso humillaciones. Por eso la persona puede crecer con miedo o con fijación por el conflicto.

 

Quienes temen al conflicto, van a huir de él en cualquier circunstancia. Incluso son capaces de pasar por encima de sus propias convicciones con tal de evitar una contradicción. Los que se apegan al conflicto convierten todo en un problema. Se mantienen atados a la repetición de las conductas que aprendieron de niños.

 

Los traumas de infancia no se resuelven porque sí, o al menos rara vez lo hacen. Es necesario trabajar con ellos para que no terminen invadiendo la personalidad vetando por completo el crecimiento, la capacidad de ser felices. A día de hoy los neurocientíficos ya conocen mucho mejor los mecanismos del trauma y ello, es sin duda un avance a nivel terapéutico.

 

Así, estrategias basadas en la salud emocional, en la autoestima y esos enfoques basados en la psiconeurología del trauma dan buenos resultados


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista. 

martes, 20 de febrero de 2024

La regla de las 4R para criar a niños sin recurrir a castigos, según el psicólogo Rafa Guerrero


LUCÍA MOLINA     |     Vanitatis-El Confidencial     |     30/01/2024

El castigo ha sido objeto de un profundo escrutinio en la psicología infantil en los últimos años, debido a su notable influencia en el desarrollo mental de los niños

 

Frecuentemente, la educación convencional se ha caracterizado por su inflexibilidad, la imposición del respeto, el uso de coerción y la aplicación de sanciones. No obstante, en la actualidad, es cada vez más habitual observar un enfoque educativo distinto, que se fundamenta en el respeto mutuo y la comunicación. 

Precisamente, este enfoque educativo facilita el desarrollo de habilidades de empatía en los niños, ya que mantener una relación sólida con sus padres es esencial para que tengan confianza en su entorno y en sí mismos.

De esta forma, el psicólogo Rafa Guerrero, explica que los castigos son sustituidos por las consecuencias. Un tipo de enseñanza, que consigue muy buenos resultados en un medio-largo plazo y que tiene en cuenta el desarrollo y las necesidades del menor. 

Las consecuencias que se apliquen pueden ser de tipo natural, es decir, aquellas que se dan sin que los padres o maestros intervengan de ninguna manera, o bien pueden ser lógicas, en donde sí interviene el adulto. Sin embargo, para que una consecuencia sea efectiva, el psicólogo afirma que deben de seguir cuatro requisitos, que te describimos a continuación.

Respetuosa

La consecuencia debe de respetar al menor y tenerle presente en todo momento. El objetivo de este tipo de reprimenda es que aprenda, no que sienta miedo. Además, mostrar respeto hacia tu hijo es primordial para que estos confíen en ti y se sientan más seguros conforme pasen los años.

Razonable

Todas las consecuencias que apliques deben de ser sensatas y razonables, evitando la exageración en todos los casos. Si tu hijo no comprende la reprimenda, no aprenderá de ella. Si como padre le dices algo que no tiene sentido, los menores sentirán impotencia y frustración, que llevará a rabietas.

Revelada con anterioridad

La anticipación es uno de los recursos fundamentales, que los padres pueden usar con sus hijos en su crianza. Explicarles qué es lo que va a ocurrir si no hacen una determinada tarea o función es una herramienta muy útil de aprendizaje, pues ayuda a los niños a anticiparse sobre las consecuencias que pueden tener sus actos.

Relacionada

Por último, este punto tiene que ver con la segunda R mencionada, la de razonable. La consecuencia debe de tener una relación con el acto que se ha llevado a cabo. Es decir, si no existe una continuidad entre la acción y la consecuencia, es posible que lo que se esté aplicando sea un castigo. 

Siguiendo estas cuatro claves podrás ayudar a tu hijo a vivir una vida más plena, no solo consigo mismo, sino también con todo aquello que lo rodea. Los castigos pueden hacer sentir a los niños emociones de defensa como la rabia, el miedo o la tristeza.

Si se aplican consecuencias basadas en el respeto y la comunicación, los menores podrán aprender a comprender sus emociones y las de su entorno, logrando tener esa cualidad tan necesaria en la vida, la empatía.

domingo, 18 de febrero de 2024

El papel de la educación y la neuropsicología en el desarrollo y aprendizaje de los niños


ELENA VILLEGAS          |    Madrid      |     Hola         |        15/01/2024

¿Es posible facilitar la manera de aprender de un niño si conocemos el funcionamiento de su cerebro?


¿Y si la Ciencia nos indicara cómo ha de ser la enseñanza para optimizar el proceso de aprendizaje de los niños? Es decir, ¿es posible saber cómo y cuándo ofrecer ciertos conocimientos para asegurarnos de que el cerebro del niño está realmente preparado para recibirlos, procesarlos y, por tanto, aprenderlos? Es lo que hace la neuroeducación, que “es una ciencia que aporta evidencias a la educación”, señala Coral Elizondo, maestra, orientadora y profesora en el Máster de Neuroeducación Avanzada de la Universidad de Barcelona. La experta nos detalla que, gracias a esta disciplina científica, es posible saber “qué funciona y cómo en el aprendizaje de los niños”.

 

“No solo las investigaciones referidas a la cognición, al estudio de las neuronas o áreas cerebrales nos ofrecen esta información; desde hace muy poco tiempo, 3 ó 4 años, se incluye el estudio del cuerpo y las relaciones entre el cerebro y el resto de los órganos, de forma que se incide en la importancia de la respiración, de la postura, de la microbiota…”.

 

Lo que hace unos años parecía ciencia ficción y únicamente se basaba en la observación y en los conocimientos que la experiencia aportaba a los maestros es hoy una realidad a la que cada vez se le presta más atención. De hecho, cada vez es más habitual oír hablar de neuroeducación y de neuropsicología, términos que hace un lustro eran desconocidos para la gran mayoría de la población. ¿Por qué se ha producido este auge?, ¿qué diferencias aporta la neuroeducación respecto a la educación tradicional?

 

“La última década del siglo XX es considerada como la década del cerebro”, nos cuenta Elizondo. “El estudio del cerebro nos ha permitido conocer no solo cómo aprendemos, sino también cómo enseñar.


Por ejemplo, ahora sabemos el importante papel de las emociones en el aprendizaje como moduladoras del mismo o conocemos el efecto negativo del estrés e, incluso, en investigaciones recientes sabemos la importancia de la respiración y cómo influye en la memoria. Crear entornos acogedores y seguros en el aula, respetar los ritmos de aprendizaje, despertar la curiosidad y la creatividad, aprender del error, trabajar con retos y desafíos, potenciar las funciones ejecutivas, la metacognición, el pensamiento crítico, la mentalidad de crecimiento… son aspectos que diferencian la educación”. 

Neuroeducación y neuropsicología o cómo la unión hace la fuerza

Si cada vez se oye hablar más de neuroeducación, no menos ocurre con la neuropsicología. ¿Para que la primera sea verdaderamente eficaz ha de ir de la mano con la segunda? “La neuroeducación es una ciencia transdisciplinar y Tracey Tokuhama-Espinosa (investigadora y profesora de neurociencia del aprendizaje en la Escuela de Extensión de Harvard) explica perfectamente la conexión entre las distintas disciplinas y habla de la Ciencia de la mente, el cerebro, la educación y añade también la salud”:

 

·        La psicología aporta el estudio de la mente, de la cognición, de la motivación

·        La neurociencia estudia el cerebro, la conciencia, la atención, la memoria

·        La educación se centra en el aprendizaje a lo largo de la vida, en la didáctica, en la pedagogía

·        La salud estudia el bienestar físico, la nutrición, el sueño, el ejercicio físico

 

¿Es posible aplicar la neuroeducación en casa?

Más allá de cómo se estructure y se impartan las distintas materias y conocimientos en los centros escolares en función de la evidencia que aporta la neurociencia a la educación, ¿es posible aplicar esta evidencia en casa? ¿Podemos los padres ayudar a nuestros hijos a aprender mejor, tanto desde el punto de vista académico como desde el emocional? “En la actualidad no existe la figura del neuroeducador que, como defiende Francisco Mora (doctor en neurociencias por la Universidad de Oxford que es un referente en neuroeducación), guíe y oriente en la educación, pero sí que hay pautas sencillas para trabajar en casa con nuestros hijos que nos pueden ayudar como padres”, asegura Coral Elizondo. 

 

En este sentido, la experta apunta la importancia del apego, cuya eficacia en el desarrollo intelectual y emocional del niño resulta evidente. Así, “generando vínculos positivos con nuestros hijos”, recomienda actividades tan sencillas como “potenciar el ejercicio físico en familia, salir al parque, andar en bici, patinar…”.


Añade la estimulación sensorial, pues “está demostrado que, cuantas más modalidades usemos, más potenciaremos el aprendizaje”, y otros aspectos básicos en el desarrollo integral de todo individuo, como son “la alimentación, el sueño, la socialización, el juego…”. Aspectos, todos ellos, esenciales para el crecimiento físico, emocional e intelectual de los niños.