domingo, 10 de marzo de 2024

El poder de una sonrisa


ADRIANA DÍEZ      |      La Mente es Maravillosa     |     07/10/2022

 

Sonrío y me siento bien, hago sonreír y me hace feliz. Cuando sonrío es posible que me sienta menos estresada. Cuando sonrío también siento que si tenía algo de dolor, lo puedo soportar ahora mejor. Una sonrisa me hace sentir relajada y distraída.

 

¿Será entonces verdad eso que dicen que reír alarga la vida? Sí, algo de verdad hay en ello… ¿Y sabes por qué? Porque si mi cerebro ríe, libera endorfinas. La liberación de endorfinas está presente en todos los estados de ánimo positivo y es una de las responsables más importantes de la sensación de placer, o de que el cerebro nos anestesie con rapidez cuando sufrimos un daño.

 

Además, cuando nos reímos reducimos la liberación de cortisol, la hormona del estrés; para compensarlo, el cerebro libera dopamina, una sustancia que se asocia con emociones positivas. Con la risa logramos también liberar energía negativa del cuerpo, tal y como nos contó Freud.

¿Qué más puede hacer una sonrisa?

Quiero seguir convenciéndote para que no pierdas la sonrisa, así que te contaré que cuando activas los músculos faciales encargados de la risa tu cerebro libera inmediatamente dopamina y endorfinas, aunque la sonrisa no sea espontánea. Este último matiz es importante, ya que implica que cambiando nuestra gestualización de manera consciente podemos también cambiar nuestro estado de ánimo.

 

Por otro lado, ¿qué ocurrirá si me hacen reír? Pues que tu cerebro se oxigenará y tu sistema límbico se activará y con ello facilitará las funciones de retención de memoria. Así, no olvides hacer reír antes de contar algo que quieras que alguien recuerde. Su cerebro estará más preparado para codificar, retener y recuperar esa información.

 

“Una sonrisa cuesta poco pero vale mucho. Quien la da es feliz y quien la recibe la agradece. Dura solo un instante y su recuerdo, a veces, perdura toda una vida” – Mariano Aguirre -

Efectos sociales de la risa

Después de haber visto cómo funciona mi cerebro cuando me estoy riendo, vamos a ver qué ocurre en los demás cuando les obsequio con mi sonrisa. Lo cierto es que la sonrisa nos hace más atractivos; alguien sonriente siempre va a ofrecer una compañía más deseable que alguien que no sonría, o que frunza el ceño nada más conocer a otra persona.

 

La risa proyecta una imagen de mí mismo de seguridad y estima, genera más confianza e invita a que los demás se acerquen a ti. Así, cuando sonrío me siento más optimista y puedo generar una mejor versión de mí, una versión que luego trasladaré -y contagiaré- al exterior.

 

La sonrisa tiene el poder de generar sonrisas en los demás gracias a nuestras “neuronas espejo“. Estas neuronas se encargan de imitar de forma innata aquello que vemos del exterior. Por eso a veces cuando oímos o vemos a alguien con un ataque de risa, nos ponemos a hacer lo mismo sin saber porque, nos contagiamos de su energía positiva.

 

El humor y la risa pueden darnos un nuevo enfoque sobre las situaciones en las que nos encontramos, ya que activan nuestra corteza prefrontal. Esta área se encarga de las funciones humanas más desarrolladas, como la creatividad, la perseverancia, el pensamiento más flexible y la organización. Así lo demuestra un estudio realizado en 2010 sobre la risa y el cerebro.

 

“El día más malgastado de todos, es uno sin sonrisas.” – Edward Estlin Cummings-

Rodéate de personas que te hagan reír

Conociendo ahora todos los beneficios de la risa buscaré a personas que me hagan reír, buscaré gente optimista y con la sonrisa en la cara. Voy a rodearme de gente que me transmita energía y buen humor. Voy a buscar gente que sepa reírse de sus problemas, que vea un lado cómico a las situaciones y sobre todo que sepa reírse de sí misma. Quiero gente que desprenda sonrisas y que las contagie.

Me comprometo yo también a transmitir todo esto, a hacer reír, a repartir dopamina, a reducir el cortisol, a aumentar las endorfinas y a activar tus neuronas espejo. Me comprometo porque quiero verte reír, porque el humor ayuda a superar las adversidades y ver un poco más de luz al final de cualquier túnel.

 

Quiero que sea así, porque quizás cuando ya no me quede nada más por aportar, te daré una buena sesión de risas… y si con ello puedo ayudarte, ten por seguro que lo haré.

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Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.

viernes, 8 de marzo de 2024

David Bueno, biólogo: "Cuando nos levantamos nuestro cerebro es distinto a cómo es cuando nos acostamos"


LOIS BALADO TOMÉ      |     La Voz de Galicia – Salud     |     25/01/2024

David Bueno es doctor en Biología y profesor e investigador de la sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo de la Universidad de Barcelona.

El neuroeducador acaba de publicar «Educa tu cerebro», donde llama a encontrar propósitos vitales para lograr «mejorar nuestra percepción subjetiva de bienestar»

Viajen un segundo hasta su infancia. Traten de recordarse en clase ante un ejercicio de alguna asignatura que consideren que se les daba mal; da igual que sea matemáticas, física o lengua castellana. ¿Cómo se comportaban ante estas dificultades? ¿Simplemente asumían que «eran malos en matemáticas» o se resignaban a creer eso y mantenían la firme creencia de que podrían llegar a ser buenos? Vuelvan ahora al presente, ¿siguen teniendo estas actitudes en su vida?, ¿asumen sus supuestas limitaciones ante determinados retos laborales o tratan de superar esos supuestos límites? En definitiva ¿tienen una «mentalidad fija» o una «mentalidad de crecimiento»?

David Bueno se ha propuesto reeducar a nuestros cerebros a través de, precisamente, Educa tu cerebro (Grijalbo, 2024). Él asegura que es posible y que será útil para disfrutar de una vida plena. Si, en un momento en el que los mensajes excesivamente optimistas nos rodean por babor y estribor —todo eso del «si quieres puedes»—, les hace sospechar, les tranquilizará saber que lo afirma echando mano de la neurociencia. «Se trata de datos científicos recogidos en las últimas dos décadas que creo que nos pueden ser útiles para entender un poquito mejor todo el proceso de la educación», adelante. David es biólogo y también neuroeducador, y su pasión por la docencia y la huella que deja en los estudiantes se refleja en cada una de sus páginas.

—Plantea una pregunta: ¿cómo funciona y cómo optimizar nuestro cerebro para disfrutar de una vida plena? Se lo pregunto, ¿cómo hacerlo?

—Lo primero es teniendo objetivos y propósitos vitales. Una persona sin objetivos ve pasar las horas y ya está. Tener objetivos es la manera de motivarte. Las personas con objetivos son más optimistas y eso energiza el cerebro. Cuando estamos motivados, nuestro cerebro recibe más energía, más glucosa y más oxígeno, que es lo que consume para tener energía metabólica, lo que implica que funcione de manera más eficiente. Y como funciona de manera más eficiente, todo lo que hacemos sale un poco mejor; y como sale un poquito mejor, nos sentimos más satisfechos, lo que estimula de nuevo el optimismo y la motivación. Es un círculo vicioso en el que entramos y que nos incrementa la percepción subjetiva de bienestar. 

—Leyendo su libro, uno se da cuenta de que actitudes no muy sanas con las que nos han educado en el colegio dejan una huella cerebral que afecta a nuestro futuro. Por ejemplo, ordenar a los niños en una clase por sus resultados académicos. 

—Visto desde una perspectiva actual, sí. Y por supuesto que ha tenido una influencia en nosotros. Pero para mí, lo pasado, pasado está. Se trata de no repetir los mismos errores. Yo he tenido este tipo de educación y tengo que reconocer que, personalmente, no me fue mal. Es verdad que solía estar en la mitad hacia delante de esta lista, pero algunos que estaban en ese vagón de cola y que siguen siendo buenos amigos míos lo pasaron fatal. Para mí, lo importante es esa capacidad que tiene nuestro cerebro de ir cambiando. Saber que algo que sucedió en tu etapa educativa o en cualquier entorno durante tu infancia, si está perjudicando tu manera de ser actual, puedes, no cambiarlo radicalmente porque el cerebro no funciona de esta manera, pero sí suavizarlo para conseguir tener una vida más acorde contigo mismo y con tu entorno.

—Menciona en el libro el efecto Flynn. Viene a decir que, en base a los test de inteligencia clásicos, cada generación era más lista que la anterior hasta que de repente se invirtió la tendencia y, según estos test, ahora nuestras capacidades decrecen. ¿Qué está pasando?

—Hablamos de test estandarizados hechos en períodos distintos. No somos peores. Tampoco mejores, somos diferentes. Sé que esto está muy manido, pero el contexto histórico, social, cultural y tecnológico cambia. No puedes comparar el hoy con hace cuarenta y ocho años, cuando yo estaba en la EGB. Lo que hacemos es, simplemente, adaptarnos, que es una de las funciones principales de nuestro cerebro: adaptar nuestros comportamientos al entorno donde nos educamos y vivimos para poder llevar una vida lo más larga y plena posible. Esas comparaciones siempre son feas, ¿qué comparamos?, ¿una persona que estudió con ordenadores con una que estudió sin ellos?, ¿una que podía salir a la calle a jugar porque no había tantos coches con una que tiene que estar encerrada en casa porque por todos lados circulan vehículos? 

—Saca el tema de los ordenadores. Sabe que hay posiciones que proponen restringir totalmente el acceso de los jóvenes a las pantallas hasta los 16 años. ¿No aportan nada bueno en absoluto? 

—Lo que creo es que las prohibiciones nunca son buenas y lo que generan muchas veces es el efecto contrario: el deseo de utilizar lo prohibido. En el caso de los adolescentes, mucho más. Lo que sí creo es que hay que regularlo, y la regulación puede conllevar algún tipo de prohibición. Por ejemplo, prohibir los móviles en el recreo para que socialicen y jueguen entre ellos; que se relacionen con su entorno y consigo mismos. Pero una prohibición absoluta, no. De hecho, lo que se está viendo es que el uso no provoca ningún daño. Lo que sí puede provocarlo es el abuso, ahí es donde está la diferencia. Pero claro, el límite entre el uso racional y el abuso es una línea muy fina que depende de cada persona. Estar media hora chateando con tus amigos a través de WhatsApp no hace daño a nadie. El problema es cuando se están tres, cuatro o cinco horas. O que estén estudiando con el móvil al lado que, necesariamente divide su atención, disminuye la concentración e incrementa el estrés. Aquí es donde hay que ayudarles a gestionarlo bien. Y muchas veces somos los adultos los que no lo hacemos bien. ¿Cuántas veces estamos respondiendo un correo o WhatApp fuera del horario de trabajo? Eso lo ven nuestros hijos.

—Pero más allá de actitudes perjudiciales o de que la luz azul nos quite el sueño, ¿no ha sentido nunca el impulso de intentar ampliar con los dedos una foto física? De alguna manera, han cambiado nuestro cerebro. 

—Que nos cambian está claro, porque esa es la función de nuestro cerebro. El cerebro va cambiando para adaptarse al entorno. El entorno de la escritura cuneiforme, cuando se hacían muescas en arcilla, es diferente al entorno de cuando se escribía a mano porque no había máquinas de escribir o al de ahora, que lo hacemos en formato digital. El cerebro se ha ido adaptando a lo largo de la historia, cada generación, para que cada persona se adapte. De hecho, los jóvenes tienen más capacidad de hacer dos cosas al mismo tiempo que los que somos de la época analógica. Bueno o malo, el cerebro se adapta. El problema es cuando llegamos al abuso. Ha habido proyectos en los que, cuando el alumno llegaba al aula, encendía su ordenador y no lo soltaba hasta acabar la clase. ¿Dónde está la mirada con su profesor?, ¿dónde está el intercambio con sus compañeros? Ese es el problema. Hay que tener presente que una hora antes de acostarnos no deberíamos realizar ningún trabajo que sea intelectualmente exigente: ni niños ni adolescentes ni adultos. 

—Sobre las altas capacidades, cuenta que influye mucho más el ambiente que la genética del niño. ¿Qué ambiente es ese?

—Básicamente, lo que mide la heredabilidad es qué peso tiene la genética en estas características. El ambiente es clarísimamente importante. Para aprender a leer, que sabemos que las personas con altas capacidades empiezan muy pronto, primero hay que aprender a hablar. Esto parece muy de Perogrullo, pero es clave. Nuestra escritura se basa en el lenguaje oral. Si el ambiente, es decir, la familia, habla con sus hijos desde que son pequeños; si les cuentan cosas desde que nacen aunque parezca que no entiendan nada, ellos las van asimilando conceptos hasta que se lanzan a hablar. Si les explicas cosas adecuadas a su edad, pero no con monosílabos, sino con frases cada vez más elaboradas, los estimulas. Si les escuchas activamente cuando hablan, porque dejarán de hacerlo si se dan cuenta de que lo que dicen no te interesa, los estimulas. Estos diálogos, leerles cuentos, es ambiente; estarás estimulando a su cerebro a sacar más potencial que aquello que la genética le da. Si ya hay una predisposición genética para tener altas capacidades, se las estarás potenciando y las verás pronto. Si el ambiente no es el adecuado, no. Del mismo modo, si no tiene predisposición genética a las altas capacidades, pero el ambiente es estimulante, seguro que estará más arriba en cuanto a capacidades que si el ambiente no es el adecuado. 

—¿Se corre el riesgo de aturullarlos si no acertamos a hablarles de manera «adecuada a su edad»?

—No se trata de hablarles 24 horas al día, simplemente de mantener conversaciones con ellos. Yo cada vez veo a más familias jóvenes que salen a pasear por Barcelona el sábado o el domingo y cada uno lleva su aparato digital en la mano. Y la niña, sentadita en su cochecito, también viendo alguna cosa en otro. Simplemente hablo de que, si vas a pasear y vas hablando con tu pareja, escuche si comentáis cómo están saliendo las primeras hojas de los árboles en la primavera o cualquier otra conversación normal. Lo que sucede es que muchas veces se les tiene al margen de las conversaciones de los adultos y cuando nos dirigimos a ellos lo hacemos con monosílabos: «Lávate», «levántate», «vístete». Es aquí donde está la diferencia. 

—Asegura en el libro que fumar cannabis siendo adolescente condicionará la forma de ser de nuestros hijos, ¿cómo es esto posible?

—Esto es así debido a las llamadas epigenéticas. Son marcas que se hacen en el ADN, que no cambian el mensaje de los genes, pero sí contribuyen a regular cómo funcionan. Estas marcas, de las que no somos conscientes, se van estableciendo a medida que vamos viviendo para adaptar el funcionamiento de tus genes el entorno en el que vives. Para hacer tu vida más cómoda a nivel orgánico y fisiológico. Cuando hay una situación traumática, estas marcas epigenéticas no solo las haces en ti, sino que se ha observado que en algunos casos también se hacen en tus óvulos o tus espermatozoides, provocando que tus hijos o hijas nazcan ya con esa marca que regula unos genes determinados para que se adapten mejor a ese ambiente. Se ha visto que fumar marihuana en exceso en la adolescencia genera marcas epigenéticas que no solo condicionan el funcionamiento de los genes de esos chicos y chicas a lo largo de su vida, sino que el cuerpo lo interpreta como una agresión tan traumática que también hace marcas en los gametos —óvulos y espermatozoides—. Provoca que sus hijos nazcan ya con ciertas predisposiciones epigenéticas que les llevan a ser menos curiosos, más impulsivos y con menor capacidad de aprendizaje. Si estos hijos ya no fumasen marihuana, sus descendientes ya nacerán libres de esto. No se queda para siempre en la familia.

—Recuerda que las inteligencias múltiples no existen, que inteligencia solo hay una. Pero coloquialmente hablamos de la inteligencia emocional o la inteligencia social, ¿es incorrecto?

—En el lenguaje coloquial decimos muchas cosas que no son científicamente estrictas, pero es que hablar siempre con corrección científica absoluta es muy laborioso. Yo mismo lo uso. De todas formas y en mi opinión, esta hipótesis de las inteligencias múltiples que propuso Howard Gardner hace ya cuarenta años fueron un paso adelante muy importante, aunque luego se demostrase que no eran ciertas. Hasta esa época, se pensaba que la inteligencia era una cosa muy restringida, lógico-matemática, lingüística y poco más. Lo que propuso Gardner fue la existencia de otras inteligencias como la emocional, la interpersonal o la intrapersonal. Es verdad que la neurociencia ha visto que no tenemos muchas inteligencias, sino una sola que se nutre de estos componentes y de otros más. Si Gardner hubiese hablado de facetas múltiples de la inteligencia, sería más acertado. La inteligencia tiene muchas facetas que están interactuando entre sí constantemente para generar esta única inteligencia que tenemos. 

—También cuenta que nuestro cerebro no es el mismo cerebro cuando se levanta que cuando se acuesta. Y que no es una metáfora. 

—No, cuando nos levantamos, nuestro cerebro es distinto biológicamente a cómo es cuando nos acostamos. Todas las experiencias que tenemos y las cosas que aprendemos cada día, todo lo que vamos recordando en nuestra memoria, queda fijado en nuestro cerebro a través de conexiones nuevas que se van haciendo entre las neuronas. No somos capaces por limitaciones técnicas, pero si lográsemos escanear todas las conexiones del cerebro humano por la mañana y las comparásemos con las que hay por la noche, veríamos que es diferente. 

—Introduce un concepto tan interesante como desalentador: la «constante macabra». Viene a decir que siempre necesitamos que haya un porcentaje de personas que suspendan un examen, que nuestro cerebro tiende a creer imposible que todo el mundo sea capaz de aprobar. ¿Hacemos esto con más cosas?

—Somos así en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, porque eso nos simplifica nuestra existencia. Ver las interacciones como una gama infinita de grises es muy complejo, tienes muchos elementos que valorar y el cerebro tiende a catalogarlo todo de forma dual: sí o no, blanco o negro, bueno o malo. Eso nos simplifica muchísimo la vida. No debe preocuparnos que muchas veces actuemos de esta manera. No podríamos actuar bien si todo fuese una gama de grises en nuestra mente. Pero debemos ser conscientes de ello, porque muchas veces caemos en esto cuando estamos valorando a otra persona. Si para destacar cuáles son tus mejores alumnos, tienes que destacar también quiénes son los peores, tenemos un problema. 

miércoles, 6 de marzo de 2024

Cómo te puede ayudar a superar la ansiedad un psicólogo

JAVIER ARES ARRANZ      |      Psicología y Mente      |      01/03/2024

La psicoterapia es un recurso eficaz y muy necesario para superar los problemas de ansiedad.

La ansiedad puede llegar a ser muy incapacitante, es decir, puede provocarnos una emoción tan intensa de miedo que empecemos a evitar situaciones esenciales para vivir con normalidad (salir a la calle, coger transporte público o conducir, relacionarnos con cualquier persona…).

Por eso, es muy importante que busques ayuda profesional antes de que la ansiedad limite tu vida y empeore tu problema. Si ya es el caso, estás de suerte: sigue habiendo solución. Los psicólogos somos profesionales de la salud formados para ayudarte a retomar las riendas de tu vida y quitarle su control a la ansiedad.

Y tú puedes pensar: “¿y cómo me va a ayudar si ya he intentado de todo?”. Sigue leyendo el artículo y veremos cómo te puede ayudar a superar la ansiedad un psicólogo, sea cuál sea tu caso.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad se define como una emoción, en concreto, un miedo que anticipa una situación futura temida. Esta emoción crea un estado de hipervigilancia y agitación motora en nuestro cuerpo, pudiendo provocar distintos síntomas fisiológicos, como dolor o presión en el pecho, sudoración, hormigueos o temblores.

A pesar de ser una emoción desagradable, tiene una función adaptativa, es decir, nos permite adaptarnos a la situación peligrosa. Los propios síntomas que notamos en el cuerpo nos sirven para detectar que algo malo va a ocurrir y nos prepara para actuar rápidamente. Así, nos impulsa a evitar o resolver la situación peligrosa.

Antiguamente, estos peligros eran en cuanto a la supervivencia, pero hoy en día estas situaciones peligrosas pueden ser, por ejemplo, tener que hablar en público, hacer un examen, conocer a tus suegros… Vamos, que ya consideramos como un peligro situaciones culturales. Esto no quiere decir que la ansiedad pierda su utilidad, sigue ayudándonos a afrontarlas.

El problema viene cuando la ansiedad se mantiene durante un tiempo prolongado o interfiere en tu vida cotidiana, haciendo que pierdas el control. Mantener el cuerpo durante mucho tiempo agitado e hiperalerta cansa mucho, y sentir miedo tanto tiempo nos merma la salud mental. También es un problema que la ansiedad aparezca en niveles exageradamente altos, tanto que en vez de ayudarnos a afrontar la situación, nos lo impide y tenemos que evitarla porque no nos vemos preparados.

Ambos casos pueden producir mucha desesperación y frustración, porque la ansiedad empieza a determinar qué puedes hacer y qué no, y sientes que pierdes el control de tu vida. Es difícil superar la ansiedad sin ayuda, e incluso puede que tu entorno no sepa cómo ayudarte y necesites a un/a profesional de la salud. Por eso, te recomendamos en estos casos que busques ayuda de un/a psicólogo/a para superar la ansiedad.

¿Cómo te puede ayudar con la ansiedad un psicólogo?

La ansiedad es una experiencia compleja, al igual que ocurre con los trastornos de ansiedad. Puede que tu problema sea un cúmulo de situaciones y factores enmarañados que son difíciles de desenredar por ti mismo/a. Sin embargo, los psicólogos somos especialistas en desenmarañar este meollo. Después de hacer una evaluación, el psicoterapeuta te dará una explicación del problema, describiendo sus causas y qué lo mantiene hoy en día.

Una vez que se sabe esto, es mucho más fácil buscarle la solución al problema. A partir de ahí, diseñará un tratamiento personalizado para que vayas superando la ansiedad paso a paso. El tratamiento realmente consiste en enseñarte habilidades efectivas para superar la ansiedad. Estas habilidades pueden ser completamente nuevas para ti, o puede que sean algunas que ya tengas y saque a relucir el/la terapeuta. A veces no nos damos cuenta de que la solución está al alcance de nuestra mano.

¿Por qué es importante que el tratamiento sea personalizado? Porque cada persona es única, y no todo el mundo tiene las mismas habilidades para afrontar las situaciones o es capaz de aprenderlas. De la misma manera, tu problema de ansiedad es también único al ser un conjunto de situaciones y factores muy concretos, aunque comparta características con otros problemas de ansiedad.

Siendo así, el/la profesional que te ayude a superar la ansiedad diseñará el tratamiento para ajustarse a tu problema 100%, buscando cómo resolver las distintas situaciones en las que se presenta tu ansiedad y cómo eliminar la causa y mantenedores.

Por último, y no menos importante, el terapeuta te mostrará la empatía y apoyo necesarios para que te sientas mejor. Son profesionales que conocen bien lo duro que es sentir ansiedad y que te limite tu vida, por eso sabrán escucharte y ayudarte perfectamente, haciendo que la terapia sea un lugar seguro en el que expresarse y sentirse comprendido/a.

¿Cómo encontrar un psicólogo para mi caso?

La ansiedad es un problema tan común que, en realidad, la formación elemental en psicología es sobre problemas de ansiedad. Esto quiere decir que cualquier psicólogo/a habilitado para ejercer en tu país debe poder tratar un problema de ansiedad.

En caso contrario e infrecuente, al pedir la cita, puedes explicar brevemente que tu problema tiene relación con la ansiedad. Si el/la psicólogo/a no se viese con capacidad para solucionar tu problema, te lo explicaría y no aceptaría tratar tu caso.

Afortunadamente, el rol del psicólogo experto en ansiedad está muy consolidado, porque este tipo de alteraciones están entre las más comunes, y parte de los psicoterapeutas nos especializamos en ellas.

También existen muchas formaciones específicas sobre la ansiedad, por lo que seguramente puedas encontrar a alguien aún más especializado para tratar tu problema si lo consideras necesario.

Cuando busques psicólogos, puedes mirar en sus páginas webs sus perfiles de formación para encontrar este dato en concreto.

Partiendo entonces de que es fácil encontrar a psicólogos capacitados para tratar la ansiedad, lo ideal es que cuentes con uno con quien tengas feeling.

Es clave que te sientas cómodo/a en la sesión. Al fin y al cabo, necesitas confiar en esta persona para contarle temas que te pueden parecer íntimos, y para probar las soluciones que te proponga. Ten en cuenta que los psicólogos somos profesionales habituados a tratar estos problemas, estamos acostumbrados a escuchar y dar soluciones sin prejuzgar, por lo que vamos a saber comprenderte y ayudarte.

Puede pasarte que notes que no congenies con tu psicólogo/a, al igual que nos puede ocurrir en todos los lugares en los que somos atendidos por otras personas (médico, restaurantes, peluquerías…). Si esto ocurre, no tires la toalla. Prueba a darle un pequeño margen para ver si surge la alianza terapéutica.

En todo caso, más allá del psicólogo que lleve tu caso, recuerda que los problemas de ansiedad pueden ser abordados eficazmente desde la psicoterapia: no tienes por qué resignarte a sufrirlos para siempre. 

lunes, 4 de marzo de 2024

¿Sabes qué es un niño 'ancla' y la presión que llevan estos niños a sus espaldas?


ELENA VILLEGAS     |     Madrid     |     hola.com-padres     |   20/02/2024

Son los padres quienes ejercen esa presión sobre sus hijos y, si bien no siempre lo hacen de manera consciente, tiene importantes repercusiones en los menores

 

Hay muchos tipos de familias, como bien sabemos. Y muchas situaciones personales que arrastran cada uno de los miembros que interfiere directamente en la estructura de cada núcleo familiar y de cada individuo que lo conforma, incluidos los niños. Así, “en el complejo entramado de la vida familiar, a menudo encontramos a niños que, a una edad temprana, se ven obligados a asumir responsabilidades que van más allá de su desarrollo y capacidad”, nos indica Paola Porrúa Ocejo, psicóloga clínica y neuropsicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques. Son los llamados niños ancla o niños bastón, una expresión que describe a aquellos menores que, “debido a circunstancias familiares difíciles o desafiantes, se convierten en pilares de apoyo y cuidado dentro de su hogar”.

 

Asumen, por tanto, roles que no les corresponden y, si bien los progenitores pueden no ser conscientes de la situación, la realidad es que las repercusiones “pueden ser devastadoras tanto en el núcleo familiar como en el propio niño”.

 

Los roles que asumen los hijos ancla pueden ser de muy diversa índole, “desde ocuparse de hermanos más pequeños, realizar tareas domésticas hasta brindar apoyo emocional a los adultos en situaciones difíciles”, detalla la psicóloga. Y, del mismo modo, las circunstancias dan lugar a esa situación son también diversas, “como la enfermedad crónica de un padre o madre, el abuso de sustancias, la ausencia de uno o ambos progenitores, padres ausentes, entre otras”. La cuestión es que, se deba a un motivo o a otro, las consecuencias en el desarrollo y en el bienestar del pequeño son casi inevitables.

 

Repercusiones para el niño que se ha convertido en un ‘hijo ancla’ 

“Debemos tener en cuenta que la ley de vida es siempre descendente, los padres, los hijos, los nietos, los biznietos… y lo mismo es lo que ocurre en torno al amor, ya que siempre se da preferencia al más débil, con lo cual también es descendente; pero cuando se toman responsabilidades exigidas en el ambiente familiar que se relacionan con la supervivencia, todo cambia y se trastoca”.

 

El hecho de que un menor asuma un papel que no le corresponde “genera en sí una personalidad

no sana”, advierte Paola Porrúa. Ya se trate de un niño de muy corta edad, ya de un adolescente, le afectará de una manera u otra. “En primer lugar, esta situación puede generar estrés, ansiedad y sentimientos de sobrecarga emocional en el niño”.

 

A esto hay que añadir que el que tenga que “lidiar con responsabilidades propias de los adultos puede interferir con su desarrollo emocional y social, así como con su rendimiento académico”, puesto que no puede dedicar su tiempo a estudiar ni a relacionarse con otros niños de su edad mientras ejercen las funciones que les han encomendado sus padres.

 

“Además, los niños ancla pueden experimentar sentimientos de culpa por no poder disfrutar de una infancia sin preocupaciones y por no poder cumplir con las expectativas impuestas sobre ellos. Este tipo de situaciones insanas pueden traer problemas y dificultades graves tanto psíquicas como emocionales en su vida adulta”.

 

¿Es posible que un hijo ‘ancla’ deje de serlo? 

Teniendo en cuenta las repercusiones que el hecho de ser un hijo ancla puede implicar para el niño y el sufrimiento que puede haber detrás de haber llegado a esa situación, “es esencial brindar apoyo tanto a los niños ancla como a sus padres para abordar esta situación de manera efectiva”, dice con contundencia la psicóloga del centro Loreto Charques. Para ello, los pasos que recomienda seguir son los siguientes:

 

1.      Identificar y reconocer la existencia de los niños ancla en el entorno familiar y comunitario, así como proporcionarles un espacio seguro para expresar sus preocupaciones y necesidades.

2.     Ofrecer recursos y servicios que ayuden a aliviar la carga de responsabilidad del niño, como programas de cuidado infantil, apoyo psicológico y asistencia social, es fundamental.

3.     Proporcionar orientación y capacitación a los padres para que puedan identificar y abordar las causas subyacentes de la situación, así como desarrollar habilidades parentales positivas y efectivas.

4.     Fomentar un ambiente familiar y comunitario donde se promueva la equidad de género, el respeto mutuo y la colaboración en la crianza de los hijos puede ayudar a reducir la presión sobre los niños ancla y crear un entorno más saludable y solidario para ellos y sus familias

 

“En resumen, los niños ancla representan un desafío complejo que requiere una respuesta compasiva y proactiva por parte de la sociedad en su conjunto. Al reconocer, comprender y apoyar a estos niños y sus familias, podemos ayudar a romper el ciclo de la responsabilidad excesiva y brindarles la oportunidad de disfrutar de una infancia plena y feliz”, señala Paola Porrúa Ocejo. “La jerarquía familiar, sin duda, es un papel bastante importante que debemos respetar ante cualquier situación, por difícil que sea, ya que de lo contrario puede traer un desequilibrio que pone en riesgo a la unidad familiar”.

sábado, 2 de marzo de 2024

5 señales de baja salud mental que no habrías pensado que lo eran

ELENA SANZ         La Mente es Maravillosa     |     04/10/2023

La baja salud mental no siempre se manifiesta de forma clara y llamativa. Existen indicadores menos evidentes que también puede ser una señal en este sentido.

La salud mental no es una dimensión ni una dicotomía. La cuestión va más allá de estar sano o enfermo; por el contrario, existe todo un rango de posibilidades entre el bienestar absoluto y la enfermedad en el que las personas pueden situarse.

Por ello, podemos llegar a presentar ciertos síntomas que empeoran nuestra calidad de vida sin que estos constituyan un trastorno psicológico. Atender a estas señales de baja salud mental es fundamental para cuidar de nosotros mismos.

 

Todos tenemos áreas de mejora, eso es cierto. No existe un ser humano perfecto y siempre podemos trabajar en nosotros mismos para ser más felices y funcionales.

Señales de baja salud mental que no debes pasar por alto

 

En ocasiones, algunas dificultades entorpecen nuestro bienestar y, por estar tan centrados en la rutina y las obligaciones, terminamos normalizándolas. Por lo mismo, te mostramos algunos indicios importantes que quizá hayas pasado por alto.

 

1.     Procrastinación

¿Alguna vez has escuchado el dicho “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”? Pues bien, para las personas que procrastinan, este sería justo al contrario: “no hagas ahora lo que puedas dejar para más tarde”. Y es que la procrastinación consiste en posponer las tareas y obligaciones pendientes y dedicar el tiempo a cualquier otra actividad más agradable, pero innecesaria.

En un análisis superficial podríamos achacarlo a pereza o falta de voluntad, pero generalmente se debe a inseguridad y perfeccionismo. Cuando las tareas se perciben como demasiado complicadas, cuando la persona no se siente capaz de completarlas o de alcanzar el listón de autoexigencia, puede optar por postergarlas. Así, si tienes tendencia a procrastinar, es posible que necesites trabajar tu rigidez mental.

 

2.    Desorden y desorganización 

Existen algunos autores que defienden que un cierto nivel de desorden promueve la creatividad. Sin embargo, en muchos casos también parece que esta falta de orden, cuando se vuelve acusada, en los espacios físicos es un reflejo del mismo problema en el espacio mental.

Se ha evidenciado que las personas desordenadas se encuentran más insatisfechas con su vida y son menos productivas. Además, esta desorganización puede generar ansiedad, falta de concentración y trastornos del sueño, especialmente si se da en el dormitorio o en los espacios de trabajo.

Finalmente, si quieres conocer el estado de tu mente, échale un vistazo a tu entorno. Ese caos exterior puede ser una muestra de tu confusión interna y tu falta de dirección.

3. Síntomas físicos 

En ocasiones, olvidamos que cuerpo y mente están profundamente conectados; sin embargo, con frecuencia los síntomas físicos pueden ser una señal de baja salud mental.

Existen múltiples afecciones relacionadas de forma más o menos directa con el estado emocional, que surgen o se exacerban por el estado interno de estrés, nerviosismo o conflicto. Entre las más comunes se encuentran las siguientes:

·        Los problemas gastrointestinales.

·        Migrañas y cefaleas.

·        Prurito, dermatitis y otras afecciones de la piel.

·        Fibromialgia y fatiga crónica.

·        Bruxismo y dolores musculares.

 

En algunos casos existen causas orgánicas que dan lugar a la aparición de estos síntomas y en otras ocasiones estos se derivan directamente del malestar psicológico. Por ello, es importante acudir a un médico y realizar las pruebas pertinentes en todos los casos. Sin embargo, diversos tratamientos psicológicos se han mostrado eficaces a la hora de reducir el dolor y el malestar en muchas de estas patologías.

 

4.Cansancio

El cansancio es una manifestación subjetiva y ambigua que puede tener multitud de causas. No obstante, cuando este es prolongado y persistente, y no se deriva de una enfermedad física o de un exceso de actividad, puede ser un indicativo de baja salud mental.

Generalmente asociamos el cansancio con la depresión y otros trastornos afectivos; y es que, en efecto, la sensación de agotamiento, de apatía y de falta de voluntad es una de las más claras manifestaciones en estos casos. Sin embargo, este también puede ser el resultado de un elevado nivel de ansiedad. 

 

Y es que nuestro organismo no está diseñado para permanecer en constante alerta; los procesos de activación fisiológica y mental que se desencadenan y se prolongan terminan agotándonos y dejándonos exhaustos. Por ello, si te sientes constantemente cansado, no olvides que tu estado psicológico puede tener relación con lo que te ocurre.

 

5. Conflictos frecuentes 

Por último, algunas importantes señales de baja salud mental pueden encontrarse analizando el modo en que la persona se relaciona con otros. Si tienes conflictos constantes, con diversas personas y en diferentes ámbitos es probable que exista un motivo de fondo.

La irritabilidad es con frecuencia la máscara de la tristeza, del miedo o de la insatisfacción; por lo mismo, puede que tu susceptibilidad se deba a heridas internas que necesitan sanar.

 

Por supuesto, pueden existir otros motivos que den lugar a discrepancias y discusiones, como la falta de asertividad o habilidades sociales. Sin embargo, cuando no se ha realizado un trabajo interno, las personas podemos llegar a percibir o interpretar erróneamente los comentarios y actitudes de los otros en base a nuestros asuntos pendientes.

La baja salud mental puede tener muchas caras

Cuando pensamos en baja salud mental, solemos imaginar a una persona que está triste, angustiada o descontrolada. Sin embargo, las señales a veces son más sutiles. Aspectos como el entorno que nos rodea, las relaciones que mantenemos o las sensaciones corporales, pueden ser una señal de que algo no va bien. Y es que la salud es un concepto global que impregna todos los ámbitos de nuestra vida.

 

Por ello, si te sientes identificado en alguno de los anteriores enunciados, no dejes pasar la oportunidad de analizar qué está sucediendo y cómo puedes mejorar tu situación. Y, sobre todo, recuerda que hay profesionales capacitados para ayudarte en este proceso.

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Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.