jueves, 10 de octubre de 2024

Así impacta la crisis de la vivienda en la salud mental: "A veces solo quieres llorar y tienes que pedir ayuda"

DAVID NORIEGA     |     elDiario.es      |      02/10/2024

  • El 38% de la población ha sentido angustia ante la posibilidad de perder su casa, la edad media de emancipación en España es de 30,4 años y el alquiler ha empobrecido a cuatro de cada 10 hogares

Rosa tiene 54 años y trabaja en una gran multinacional española. Tiene un sueldo que prefiere no revelar, pero que ubica en la media. “Es un salario digno, como el de cualquiera, pero pagando 1.100 euros de alquiler me han precarizado”, lamenta. Cuando esta mujer se separó en 2018, comenzó a abonar una renta de 630 euros, que casi se ha duplicado en un lustro. También empezó con los ansiolíticos, la ansiedad, los mareos y unos dolores que le atenazan la espalda. Y una duda que planea en asambleas, ocupa conversaciones informales y ronda constantemente su cabeza: “¿En qué momento voy a rehacer mi vida, tener algo mío? ¿qué futuro van a tener mis hijos? Fíjate el estrés que te puede generar eso...”

El Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (Cgate) y la consultora GAD3 han publicado los resultados de una encuesta que muestra que el 38% de la población ha sentido angustia ante la posibilidad de perder su hogar. Casi 4 de cada 10 personas han experimentado esa sensación, que se agrava en el caso de quienes viven de alquiler: el 67% de quienes tienen una vivienda en propiedad o una hipoteca disfrutan de una sensación de bienestar que cae al 49% en el caso de los inquilinos. “No debemos olvidar que la vivienda adecuada está reconocida como un derecho humano y no disponer de ella puede comprometer otros derechos”, recordaba el presidente del Consejo, Alfredo Sanz, durante la presentación del informe 'La situación de la vivienda en España'.

Que la dificultad para hacer frente a una vivienda digna o para mantenerla en unas condiciones adecuadas tiene un impacto en la salud mental, y también física, de la población es una evidencia que diferentes trabajos llevan abordando desde hace años, pero que no acaban de tener un impacto claro en las políticas públicas. “La crisis se concentra, sobre todo, en un problema de precios elevados respecto a los salarios que, aunque quizá ahora se está recrudeciendo, es estructural en España”, explica la portavoz de la ONG Provivienda, Andrea Jarabo. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, el salario medio creció un 3,3% en la última década, frente al 61,8% del alquiler. No es una excepción, porque los precios han subido en torno al 30% de media en las grandes y medianas urbes.

Alfredo tiene 35 años y hace poco ha vuelto a vivir a casa de sus padres. Consiguió independizarse con un par de amigos hace una década pero tras varias mudanzas, cambios de compañeros y rentas cada vez más elevadas, decidió darse un tiempo. “La última búsqueda de piso fue realmente frustrante, no había nada por debajo del 30% de mi sueldo. Llegué a obsesionarme, no podía pensar en otra cosa. Por la noche me pasaba horas despierto pensando qué iba a hacer”, explica en conversación con elDiario.es.

“Somos una generación que ha puesto sobre la mesa temas como la salud mental, pero siempre se habla desde el punto de vista clínico, cuando también influyen las condiciones de vida y la carencia material. Hablar de salud mental es hacerlo del acceso a la vivienda, de salarios dignos, de temporalidad no deseada...”, considera la presidenta del Consejo de la Juventud de España, Andrea Henry, que recuerda que este grupo de edad es el más cercano al salario mínimo interprofesional. Con las medias salariales y de alquiler en la mano, “para que un joven pueda acceder a una vivienda en solitario, debe dedicar el 100% de su sueldo”. Un ejemplo: en 2023, el precio medio del alquiler en Barcelona fue de 1.136,40 euros, 13.636.8 al año. Un año antes, según los últimos datos ofrecidos por el Ayuntamiento de la ciudad, los menores de 24 años percibían un salario medio de 16.432 euros brutos.

Proyectos vitales que se retrasan

Según el último estudio del Observatorio de la Emancipación, la edad media de independizarse en España es la más alta desde que hay registros. Se sitúa en los 30,4 años, muy por encima de los 26,3 de la media europea. “Muchos proyectos vitales, personales y familiares se retrasan”, insiste Henry, que recuerda que “un problema de salud mental es la inestabilidad, pensar cuándo podrás emanciparte en solitario o construir tu vida desde ese punto”. ¿Pensar en tener un bebé? “Lo veo muy lejano si no puedo ni pagar un alquiler solo”, lamenta Alfredo.

“Las personas jóvenes se están emancipando en algunas de las peores condiciones de los últimos años. Vemos que son obligadas a desplazarse a los grandes núcleos, donde los precios de la vivienda son mucho más elevados”, explica la responsable del programa de juventud de Oxfam Intermón, Julia García, que junto al Consejo de la Juventud ha elaborado el informe 'Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual'. Este indica que el 40% de las personas menores de 30 años creen que vivirán peor que sus padres y que sufrirán episodios de ansiedad y bajo estado anímico.

Rosa carga en su mochila con el peso de la vivienda desbocada, pero también con la angustia por el futuro de sus hijos. “Tengo uno de 23, que está estudiando, y otra de 35, que cobra 1.200 euros, a la que estoy ayudando, porque con esa edad no puede irse a vivir con su novio, ni tener hijos”, lamenta.

Los problemas de vivienda no solo profundizan los que ya padecen aquellos que viven otras situaciones de vulnerabilidad, también hacen caer a miles de personas por el abismo de la precariedad. “Además de revulnerabilizar a poblaciones concretas, el alquiler ha empobrecido a cuatro de cada 10 hogares, de los que 250.000 cuentan con ingresos medios”, explica Jarabo. Los datos han sido extraídos del informe ‘Prevención y atención de la exclusión residencial: Factores explicativos’, que Provivienda publicó en 2023 y que estuvo financiado por el Ministerio de Derechos Sociales.

Aunque el factor más determinante es la accesibilidad, las expertas señalan también otros puntos que también en la estabilidad y la salud mental. “La situación de infravivienda, la pobreza energética, la falta de suministros, el aislamiento o el hacinamiento...”, enumera Jarabo. Precisamente, en el primer informe 'Cuando la casa nos enferma', en colaboración con el Ministerio de Sanidad, en 2018, ya se indicaba que el 17,9% de los hogares más pobres no disponen de espacio suficiente, lo que repercute en situaciones de depresión, estrés e insomnio. Además, señalaba que esto no ocurre solo en las viviendas de mayor precariedad. “Los problemas de habitabilidad se dan también en hogares que residen en viviendas de alquiler y que no pueden asumir las reparaciones del hogar o cuyo limitado poder de negociación con la propiedad para que esta asuma las reparaciones les lleva a convivir con situaciones de grave dificultad”.

La Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 ya reconoce la importancia de sensibilizar a los y las profesionales sobre la aparición de nuevas fragilidades vinculadas a cuestiones sociales, como la dificultad de acceso a la vivienda. Son los llamados determinantes sociales de la salud, reconocidos por organismos como la propia Organización Mundial de la Salud y en los que el Gobierno viene haciendo hincapié en los últimos años. “No podemos hacer un abordaje de la salud mental si no abordamos el resto de determinantes. Hay otras políticas que son beneficiosas, como las de movilidad, de medioambiente o de vivienda”, reconocía al poco tiempo de llegar al Ejecutivo la ministra del ramo, Mónica García.

La líder de Más Madrid vivió la pasada semana un enfrentamiento en el Congreso con la diputada del Partido Popular, Noelia Núñez, que insistía también en la idea de que “la juventud padece ansiedad” debido a problemas económicos y estructurales. “Al segundo día del mes, el alquiler ya se ha comido su sueldo”, le espetó a la ministra. “¿Sabe qué afecta a la salud mental? Qué ustedes votaron contra la bajada de los alquileres de los ciudadanos”, le respondió García. El PP se ha negado a aplicar en los territorios donde gobierna la Ley Estatal de Vivienda, que les permite declarar zonas tensionadas y limitar los precios. “Es un atentado contra la propiedad”, aseguró la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Ángeles tiene una discapacidad del 65%, por la que recibe una prestación de 517 euros. “260 se me van en la vivienda”, explica. Tiene 60 años y se ha visto obligada a compartir piso en un recurso de la ONG Provivienda. Fue su única salida cuando se divorció para escapar de una situación de malos tratos. “Es muy duro tener que vivir sola, metida en la habitación, porque el resto son compañeros de piso, nada más”, cuenta en conversación con elDiario.es desde su cuarto, donde se pregunta si para los caseros “no es mejor perder un poquito y dar con buena gente”. “Hoy te piden un aval, un mes de agencia —prohibido por ley pero que algunas agencias siguen solicitando con excusas como la limpieza del inmueble o el seguro antiokupas— y la fianza. Es imposible”.

“Está genial compartir piso, lo que no está genial es hacerlo de forma forzada, porque no te queda otra o con gente que no conoces de nada y que a veces dificulta la convivencia”, explica Henry sobre un problema que se cronifica entre la juventud pero que escala a poblaciones de más edad, como Ángeles. “Antes estaba muy enfocado a universitarios, estudiantes de Erasmus... pero ahora no es así. Hay gente joven con un salario que podríamos considerar digno o que tienen una oposición y no pueden permitirse el precio de una vivienda. Pero también se ve en familias migrantes, madres monoparentales... que ven reducidas sus posibilidades de acceder a una vivienda”.

Rosa repite una y otra vez el mensaje de que “no hay salida”: “No tenemos ni una casa y solo podemos pensar que, al menos, si nuestras madres la tienen pagada, a última hora tendremos un sitio donde caernos muertas”. Pero en su discurso hay también un halo de optimismo, reivindicación y rebeldía. “Estoy devolviendo el seguro de impago y gracias a las asambleas del Sindicato de Inquilinas ves que no estás sola, porque cuando solo tienes ganas de llorar y no puedes respirar, tienes que pedir ayuda. Tampoco me quedo sentada esperando a que me arreglen las cosas. El 13 de octubre tenemos una manifestación para decir que hasta aquí hemos llegado. ¡Es por mi salud!”.

lunes, 7 de octubre de 2024

El síntoma físico que experimentas cuando tienes ansiedad o estrés, según Marian Rojas

 SARA DUQUE    |       Theobjective      |      09/09/2024

La psiquiatra aclara que cuando una persona está en modo de supervivencia hace que el cuerpo produce más cortisol

Con la llegada de septiembre y el regreso a la rutina laboral, es común que el proceso de adaptación genere malestar.

Este fenómeno, conocido como el síndrome post-vacacional, puede manifestarse en forma de dolor físico. Y es que según especialistas en salud mental, este malestar suele estar vinculado a la ansiedad y el estrés que provoca la vuelta a las responsabilidades laborales, especialmente tras un periodo de descanso.

¿Qué síntomas son los más comunes?

El cambio repentino en los horarios, las nuevas exigencias del entorno laboral y la presión por retomar las actividades con el mismo ritmo pueden desencadenar síntomas tanto físicos como psicológicos.

Además, este proceso de ajuste puede impactar de forma diferente dependiendo de la capacidad de cada persona para manejar el estrés, lo que resalta la importancia de implementar medidas para facilitar una transición más suave.

Según la psiquiatra Marian Rojas, en una entrevista en Fin de Semana, explicó que las enfermedades psicosomáticas son reales, es decir, existe una conexión entre el dolor físico y problemas emocionales o mentales, como el estrés o la ansiedad.

Dolores de cabeza, estómago, o inflamaciones pueden ser señales claras de que el cuerpo está respondiendo a una sobrecarga emocional.

Estas manifestaciones físicas, que pueden parecer aisladas, en realidad reflejan el impacto directo que el estrés tiene sobre el cuerpo, poniendo en evidencia la estrecha relación entre la mente y el cuerpo.

¿Por qué ocurre esto?

Rojas comentó que durante muchos años, los médicos buscaban exclusivamente causas físicas para los dolores, sin explorar más allá del cuerpo.

En sus estudios de medicina, el estrés y las causas psicológicas se mencionaban como una posible explicación, pero solo cuando todas las demás causas habían sido descartadas.

Rojas relató que cuando empezó a trabajar en el hospital, notaba que a menudo los pacientes describían dolores físicos y ella indagaba sobre su estado emocional, algo que en su momento no era común.

Fue después de que Harvard publicara un estudio que indicaba que el 80% de las consultas en Atención Primaria estaban relacionadas con emociones reprimidas y estrés, cuando empezó a investigar más profundamente.

El cortisol, una hormona relacionada con el estrés, juega un papel clave. Rojas aclaró que cuando una persona está constantemente en modo de supervivencia, ya sea por miedo al futuro, problemas emocionales o económicos, el cuerpo produce más cortisol, lo que puede causar inflamación y otros síntomas físicos.

¿Cómo evitar el estrés por la vuelta a la rutina?

Evitar el estrés por la vuelta a la rutina puede lograrse adoptando una serie de hábitos saludables que ayudan a reducir la ansiedad y facilitar la transición.

  1. Planificar con antelación: organizar tus actividades antes de regresar al trabajo o a los estudios permite evitar la sensación de agobio. Tener un calendario o lista de tareas ayuda a priorizar y evitar el caos del primer día.
  2. Volver de manera gradual: si es posible, retoma las actividades de manera progresiva. No intentes recuperar todo el tiempo perdido en un solo día, establece un ritmo que te permita adaptarte poco a poco.
  3. Mantener una rutina equilibrada: combina tus responsabilidades laborales con momentos de descanso, ocio y ejercicio físico. Mantener un balance entre trabajo y vida personal es clave para evitar el agotamiento.
  4. Dormir adecuadamente: el sueño es fundamental para el bienestar físico y mental. Intenta restablecer una rutina de sueño regular para garantizar el descanso adecuado y evitar el cansancio.
  5. Realizar ejercicio físico: la actividad física regular ayuda a liberar tensiones y reducir el estrés. Incluso algo tan sencillo como una caminata diaria puede mejorar tu estado de ánimo.
  6. Practicar técnicas de relajación: yoga, meditación o la respiración profunda pueden ser herramientas útiles para mantener la calma y gestionar mejor la ansiedad.
  7. Establecer metas realistas: no te sobrecargues de trabajo en los primeros días. Fija objetivos alcanzables y ve progresando paso a paso.
  8. Cuidar la alimentación: una dieta equilibrada y rica en nutrientes favorece un buen estado mental y físico, ayudando a manejar mejor el estrés.
  9. Mantener una actitud positiva: cambiar la perspectiva frente al regreso a la rutina puede hacer una gran diferencia. Ver esta vuelta como una oportunidad para organizarse mejor o implementar nuevas estrategias puede ayudarte a encarar la situación con mayor optimismo.
  10. Hablar de lo que sientes: compartir tus preocupaciones o emociones con amigos, familiares o colegas puede aliviar la sensación de sobrecarga y ayudar a poner las cosas en perspectiva.

domingo, 6 de octubre de 2024

Isabel Rojas Estapé: "Detrás de muchos problemas físicos de los niños, hay emociones que los padres no vemos"

JOSÉ ANTONIO MÉNDEZ      |     eldebate.com        |         27/09/2024   

La psicóloga, hermana de Marian e hija de Enrique Rojas, publica Necesito un abrazo, el primero de una serie de cuentos en el que explica a los niños (y a los padres), con sencillez y ternura, el complejo mundo de las emociones, la neurociencia y la somatización

 

Nos recibe en su casa con Reyes, su hija recién nacida, en brazos, y su cuento Necesito un abrazo (Editorial Planeta), recién llegado de imprenta. Nunca había abierto su casa para un periodista, pero con El Debate hace una excepción, que le agradecemos. Sus otras dos hijas pequeñas están aún en el colegio, aunque a ellas las aventuras de las protagonistas del relato, Cris y Neurita, «la neurona exploradora», no les sonarán nuevas, porque antes de ponerlas por escrito para ayudar a padres e hijos a entender la importancia de las emociones, cómo funciona el cerebro o cómo somatiza nuestro cuerpo, ellas ya las habían escuchado de labios de su madre en momentos como el de irse a la cama o para calmar una rabieta en mitad del super.

En realidad, como sus propias hijas, Isabel Rojas Estapé, psicóloga y periodista, lleva desde pequeña escuchando hablar de salud mental y emocional. Un terreno en el que su padre, el psiquiatra Enrique Rojas, fue pionero en nuestro país, y desde el que su hermana Marian ayuda a millones de personas, no solo desde la consulta que comparten en el Instituto de Investigaciones Psiquiátricas, sino también a través de sus libros (superventas en varios países), sus conferencias que llenan teatros y sus podcast que baten récords. Aunque, por lo que hemos podido leer, parece que Necesito un abrazo es el primer paso de Isabel hacia una carrera no menos meteórica y útil para los demás. Será cosa de lo que ella misma llama «el gen Rojas».

 —Antes de entrar en el contenido de Necesito un abrazo, ya es contra-cultural que proponga que las familias lean juntas. ¿Cómo refuerza el vínculo padres-hijos el hecho de leer un cuento?

—En consulta tengo muchos padres que me dicen: «No sé qué hacer con mis hijos, porque solo me sale decirles ¡estudia, ordena, lee!». Muchas veces, a los padres les cuesta pasar tiempo con sus hijos. Y a los padres más que a las madres. Muchos piensan: «A estas alturas no me voy a poner a jugar a la plastilina; y si juego al fútbol, dados 20 toques, dados todos». En el día a día, después de la vorágine del trabajo, todos queremos momentos de calidad con nuestros hijos, pero no siempre sabemos cómo tenerlos. Por eso siempre digo: «Cuéntales cuentos». Es algo que viene de mi padre.

 Mi padre cambiaba los cuentos que nos leía para meter alguna moraleja - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

 ¿Por qué?

—Porque de niñas, todos los fines de semana nos contaba cuentos y era el mejor momento de la semana. Él hacía algo que yo también hago: cambiar un poco el cuento para meter alguna moraleja sobre la voluntad, la constancia, la generosidad, conocerse a uno mismo… Y así los niños, después, se quedan rumiándolo. Leer un cuento genera una conexión emocional muy fuerte, y crea un momento de unión en el que padres e hijos disfrutan muchísimo. Gracias a la oxitocina que se genera, introduces a tu hijo en un mundo de creatividad, curiosidad, ilusión y, en este caso, de conocimiento emocional y psicológico, mientras los dos disfrutáis.

Se habla mucho de salud emocional, pero el foco suele ponerse en los adultos o en los adolescentes. Necesito un abrazo va, sin embargo, para los más pequeños. ¿Es que hoy es especialmente importante cuidar la salud emocional de los niños?

—Sin duda, porque los niños son el futuro de la sociedad. En consulta veo a adultos que sufren enormemente, y muchas veces es un sufrimiento que arrastran incluso desde la niñez. Cuando atajas el problema desde la raíz o llegas lo antes posible, el sufrimiento es mucho menor. Por eso he querido escribir cuentos, para que los padres puedan ayudar a sus hijos desde los 2, 3 o 4 años, a que se conozcan a sí mismos y entiendan qué les pasa, por qué sufren y cómo pueden gestionar sus emociones. Si no, luego viene la adolescencia con esa vorágine de emociones que no comprendes, y terminas muchas veces sufriendo muchísimo, con un dolor que incluso se acarrea el resto de la vida.

Si los niños entienden qué les ocurre y por qué, y cómo les afecta a su cuerpo, viven muchísimo mejor - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

Pero usted no ha querido solo enseñar a reconocer las emociones, como hacen otros cuentos, sino que se adentra en el mundo de la neurociencia…

—Mi padre, mi hermana Marian y yo hablamos mucho en la consulta de la importancia de conocernos y comprendernos. De hecho, nuestro lema es «comprender es aliviar». Cuando comprendes lo que te pasa, cómo funcionas por dentro, qué te ha ocurrido y cómo afecta eso a tu cuerpo… todo encaja y uno se alivia y vive más relajado. Con los niños ocurre igual: si entienden qué les ocurre y por qué, y cómo les afecta a su cuerpo, viven muchísimo mejor. Darle ese punto neurocientífico, con mucha sencillez, hace que ellos también puedan saber que tienen un cerebro, que dentro del cerebro existen unas neuronas y que lo que pasa ahí, les afecta en otras áreas. Es decir, que ese miedo, esa alegría o esa ira que sienten no son algo que les sucede de repente y no puedan gestionarlo.

Insiste en la cuestión de la somatización. ¿Por qué?

—¡Porque entender qué es la somatización es importantísimo! Este cuento, a diferencia de otros sobre este tema, se centra mucho en cómo responde mi cuerpo ante las emociones. Por ejemplo, con la tristeza me duele la tripa, me mareo, estoy cansada... Es decir, que hay una serie de respuestas físicas ante mis emociones y es necesario que los niños empiecen, poco a poco, a detectarlas. En realidad, esta parte está más enfocada a los padres, para que si un niño, sin venir a cuento, les dice: «papá, estoy mareado» o «mamá, me duele la tripa», puedan detectar si ahí hay una gripe o subyace una emoción. Detrás de muchos problemas físicos de los niños, hay emociones que los padres a veces no sabemos detectar. Y necesitamos conocer que está sintiendo nuestro hijo o qué le puede estar pasando, más allá de ese mareo o ese dolor de tripa.

¿Qué ocurre cuando un niño sabe reconocer sus emociones o cómo reacciona su organismo?

—Que su comportamiento cambia por completo. En lugar de actuar por necesidades o impulsos, al comprender qué le pasa, el niño activa su corteza prefrontal, frena y dice: «cuidado, me pasa esto, y así puedo reaccionar: lloro y me duele la tripa, porque ya no veo a mi amiga o porque mi amigo se ha cambiado de clase; por eso estoy tristón y no me apetece ir al cole. Se lo puedo decir a mis padres y buscar a mi amigo en el recreo». Cuando se comprende a sí mismo, su conducta cambia y, aunque sea de forma torpe, deja de responder de forma instintiva o con rabietas. Por eso, la serie de cuentos abordará la tristeza, la alegría, la rabia y el miedo, que son los más comunes y con los que vamos a poder ayudar más a los niños y a los padres.

Por desgracia, la empatía solo se adquiere, o trabajándola muchísimo, o a través del dolor y el sufrimiento - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

 Y al contrario, ¿qué sucede en casa, en el colegio o en el parque cuando un niño no tiene herramientas para gestionar lo que siente?

—Pues, entre otras cosas, que falla la empatía, y eso genera muchos problemas que llegan a la vida adulta. Cuando falta la empatía ves el mundo como un lugar hostil y terminas sufriendo y haciendo sufrir a otros. Muchísimos padres me preguntan: «Isabel, ¿cómo puedo mejorar la inteligencia emocional de mi hijo para que no tenga tantos problemas de conducta?». Y eso pasa, sí o sí, por mejorar la empatía. Por desgracia, la empatía solo se adquiere, o trabajándola muchísimo, o a través del dolor y el sufrimiento.

¿A qué se refiere?

—A que, por lo general, solo la persona que sufre o que ha tenido un gran dolor en su vida adquiere la capacidad natural de empatizar con quien tiene delante. Y no es que yo pueda ahorrar sufrimientos, pero sí intento que los niños vayan adquiriendo, por aprendizaje, la capacidad de empatizar con la gente, al detectar las emociones propias y las ajenas. Cuando un niño no se sabe gestionar, siente que todo a su alrededor va en su contra, que nada le sale bien y que tiene que batallarlo todo. Ahí aparecen rabietas constantes, ira, lloros descontrolados y las respuestas, digamos, más reptilianas. Pero, aunque lo esté sintiendo, el solo hecho de conocer qué le está pasando ya activa la corteza prefrontal de su cerebro y le permite enfrentarse a esa emoción de forma distinta.

Si un niño sufre acoso escolar le puede ayudar detectar la parálisis que suelen sufrir al principio y actuar - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

 Una las grandes preocupaciones de las familias es el acoso escolar. ¿Cómo marca la diferencia una correcta educación emocional para prevenir o actuar en un caso de bullying?

—Si es para el niño que está siendo vulnerado, le puede ayudar muchísimo detectar la parálisis que suelen tener al principio, el rechazo que suelen sentir, o el miedo que tienen a enfrentarse al bulleador o ir al colegio. También les ayuda muchísimo a gestionar sus pensamientos, esa rumiación que sufren: «Me van a hacer daño, van a ir contra mí, me van a pegar, me van a insultar, van a escupirme»... Y puede aprender a frenarlo. Cuando el niño aprende a frenar la rumiación constante que induce a la parálisis, puede ponerse manos a la obra: actuar al principio de la situación, enfrentarse al bulleador, decírselo a los padres o hablar con el profesor. Es decir, puede llevar más las riendas de lo que pasa a su alrededor. Eso no significa que la situación se solucione de forma inmediata, pero en vez de permitir que le abrumen sus emociones y las conductas que sufre, hay un cambio radical que es el primer paso para solucionar el problema.

¿Y en el caso de que nuestro hijo sea el que agrede a otros?

—En este caso, hay un punto esencial que es el trabajo de la empatía, y darse cuenta que todos tenemos emociones. Porque el propio niño que está bulleando no solo hace daño al resto, sino que se daña a sí mismo. Insisto: esto no soluciona el problema, pero ser consciente de ello es el paso previo para cambiar de conducta. Y todo esto se asienta en conocer y comprender nuestras emociones, cómo funciona nuestro cerebro, y cómo responde nuestro cuerpo.

sábado, 5 de octubre de 2024

Así funciona nuestro cerebro según el mejor neurocientífico español: "Es una máquina de predicción del futuro: alguien inteligente ve venir las cosas antes que tú"

ISRAEL ZABALLA      |      elmundo.es     |     20/09/2024

Se abre el telón y aparece el trozo de paisaje que se cuela por su ventana cada mañana... Se abre el telón y aparece un iracundo conductor que le increpa desde el coche de al lado... Se abre el telón y aparece el monitor del gimnasio dando brincos... ¿En qué teatro estamos? En el de su cerebro. Y no, no es un chiste: es neurociencia y de la buena.

¿Sorprendido? Pues así es: en su cabeza y en la de cualquier hijo de vecino, de cráneo para adentro, una gigantesca troupe de células grises hace teatro del bueno. Tan bueno que logra hacernos pensar que el mundo real existe, cuando lo cierto es que solo se trata de un sofisticado espejismo generado por nuestro propio cerebro. Nos tragamos la función como si fuera la pastilla azul de Matrix y nos creemos dentro del trampantojo. Es como si estuviéramos todo el rato metidos en un simulador, pero sin darnos cuenta.

Esta sofisticada tramoya neurológica nos la explica, como abriendo una cuarta pared al cerebro desde el patio de butacas de su laboratorio, uno de nuestros mejores científicos: Rafael Yuste (Madrid, 1963). Encerrado en su cabaña del norte de Nueva York, el médico y neurobiólogo español ha escrito El cerebro, el teatro del mundo (Paidós) para divulgar sus fascinantes descubrimientos como director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia, institución de la que también es catedrático.

Desde un amplio despacho ubicado en el campus, Yuste explica por Zoom cómo, tras pasar media vida en EEUU, quiere empezar a retornar capital científico a su país de nacimiento: «Es un giro en mi vida. Ya he hecho lo que tenía que hacer aquí y ahora tengo que devolver 'la pelota' a España. Con el libro quiero contar a los españoles lo que está ocurriendo ahora en neurociencia».

En su país de acogida, Yuste ha llegado a lo más alto: ideó el proyecto BRAIN de la administración de Obama para desentrañar el nudo gordiano del cerebro. Algo que tiene en mente repetir aquí con Spain Neurotech. «Va a ser como el BRAIN de España, si todo va bien echará a andar el año que viene», dice, ilusionado.

Pero regresemos al teatrillo del cerebro. «Hay que ser cautos porque estamos hablando de algo muy gordo», reconoce en su libro el investigador . ¿Cuál es su teoría? Escuchen: «El cerebro es una máquina de predicción del futuro diseñada por la evolución porque es la manera más inteligente de sobrevivir: alguien inteligente es quien ve venir las cosas antes que tú».

Para poder prever y actuar, el cerebro, metido en un búnker de hueso, se tiene que generar a sí mismo una especie de realidad virtual. «Es como si tuviéramos un teatro dentro de la cabeza con todas las partes del mundo y eso es lo que utilizamos para predecir», explica.

Detrás de esa comparación hay otro homenaje a España. A su teoría del cerebro la ha llamado El teatro del mundo, y no por casualidad: «Es el nombre de una obra de Calderón de la Barca. Pero donde clavó la idea es en La vida es sueño. Siendo español tenía que hacerle un guiño y reconocerle que él ya entrevió muchas ideas de las que maneja ahora la neurociencia», explica.

Nuestro célebre dramaturgo se adelantó cuatro siglos a lo que ahora sugieren los experimentos científicos más avanzados. Al parecer, el cerebro se autoconfigura en modo simulador porque necesita prever las consecuencias que tiene para nosotros movernos. Igual que un submarino mapea su entorno para representarse por donde navega, los animales con sistema nervioso recrean los elementos de su entorno para sobrevivir al próximo cambio de posición. «En el momento en que te mueves, tienes que empezar a pensar en tu futuro. De hecho, no solo cambias en el espacio, también cambias en el tiempo: te metes en el porvenir, en una situación nueva con la que tienes que lidiar», explica sobre el problema que nos plantea salir a pasear sin rompernos la crisma o... a ligar.

«Son los dos imperativos de la vida, sobrevivir y reproducirse», dice. «Y ahí la evolución no podría haber sido más inteligente. Nos dotó, no solo a nosotros sino a otros animales, de una máquina de predicción. Los animales que dispusieron de ella despegaron, se reprodujeron y dominaron el mundo. Con la evolución, los cerebros se hicieron más grandes y sofisticados. Y, como resultado, la predicción que hacemos los mamíferos, sobre todo los humanos, es muchísimo mejor que la que hacen los bichos pequeñajos: por eso dominamos».

-Entiendo que dentro de ese modelo predictivo también tenemos que representarnos simbólicamente a nosotros mismos. Y que eso explica la conciencia...

-Al hilo de eso, yo te diría que soy algo más radical que muchos de mis compañeros. Algunos científicos interpretamos que incluso animales más simples tienen un concepto del yo, exactamente por lo que has dicho: si tienes que predecir el futuro, en ese teatro del mundo también tienes que estar tú. A mí me parece de cajón.

"Los actores en nuestro teatro mental son los conjuntos neuronales, esa es la idea"

Cómo una sopa de neuronas y espaguetis de conexiones -las metáforas también son de Yuste- generan el teatro de la mente humana es el fascinante viaje al que Yuste nos invita en su ensayo. Como si estuviéramos en la diminuta nave de El chip prodigioso, el científico nos transporta al interior del sistema nervioso para mostrarnos cómo funcionan ahí dentro las cosas.

¿Y quiénes son las protagonistas de nuestro particular Broadway cerebral? Yuste dice que las neuronas, pero no cuando bailan solas, sino cuando forman coreografías electroquímicas más complejas: «El quid de la cuestión está en los circuitos neuronales formados por grupos de neuronas. La naturaleza los ha utilizado para simbolizar el mundo. Imagínate a los actores que representan la obra en un escenario teatral. Pues los actores en nuestro teatro mental son los conjuntos neuronales, esa es la idea».

«Estamos dejando atrás la doctrina neuronal que hemos utilizado en los últimos cien años para pasar a la teoría de las redes neuronales», escribe en el libro sobre este cambio de paradigma. Y no son solo teorías: Yuste ya ha logrado demostrar mucho de lo que dice en su laboratorio.

-En un experimento con ratones estimularon neuronas individuales con un láser que, para su sorpresa, formaron un conjunto neuronal, un atractor de Hopfield. Y de repente el ratón creía ver una imagen que en realidad no veía. No sé si lo he contado bien...

-Es exactamente así. Es como si hubiéramos creado sin querer un actor en el teatro de la mente capaz de simbolizar una imagen concreta. Para mí fue un momento Oppenheimer. Como cuando en la película se da cuenta de lo que ha hecho: '¿La que hemos montado, no?'. Lo que habíamos logrado implicaba la posibilidad de manipular de una manera selectiva la actividad cerebral de un animal, de un mamífero que tiene un cerebro igual que el nuestro, para que haga lo que queremos. Lo que hoy puedes hacer con un ratón, lo puedes hacer mañana con un humano. Era como para no dormir. Por eso en mi próximo libro abordaré cuestiones de ética.

Otra fascinante idea tiene que ver con cómo se monta todo nuestro tinglado interno. «El desarrollo del cerebro es una historia de construcción y destrucción», explica refiriéndose a la matanza de neuronas que sufrimos durante nuestras primeras etapas de vida. En masa neuronal vamos de más a menos. Empezamos con más cemento del que necesitamos.

«Es completamente contraintuitivo, lo contrario de lo que harías tú. Los humanos construimos una casa poco a poco, pones las habitaciones que necesitas y ya está. Pero la naturaleza lo hace al revés. Primero hace una casa gigantesca y luego tira abajo lo que sobra. Es la manera en plan derroche de fabricar el cerebro. ¿Por qué lo hace así? Estamos todavía dándole vueltas, pero tiene que haber una razón potentísima», reflexiona.

Y lo mismo sucede con las conexiones entre neuronas. Llega un momento en que la naturaleza saca la tijera y empieza a cortar todo lo innecesario: «La poda de las conexiones y de sus sinapsis es enorme. En los humanos, se calcula que más de la mitad de las conexiones de la corteza del cerebro se pierden durante las infancia. ¡Vaya corte de pelo!». Por si acaso, no se olvide usted de practicar a diario con los crucigramas o sudokus de este periódico.

En la teoría del teatro de la mente de Yuste todo parece encajar. «Es como armar un rompecabezas. Tienes un montón de piezas en la mesa y tienes que armar el puzle», dice cuando habla del papel que interpretan actores como la memoria, los sentidos o las emociones en nuestra teatrera máquina predictiva.

Por resumir: la memoria nos permite predecir lo que va a suceder extrapolando experiencias del pasado; los sentidos nos permiten ajustar el modelo interno comparándolo con lo de fuera, como cuando el GPS recalcula una ruta; y las emociones nos ayudan a no despistarnos, te dicen que corras para que no te coma un león en lugar de detenerte a rascarte la barriga. Cuestión de prioridades.

"El desarrollo del cerebro es una historia de construcción y destrucción"

Ese pies para que os quiero es el motivo por el que la evolución nos ha diseñado así: predicción y acción. Pero lo curioso es que incluso salir por patas puede que sea un acto menos meditado de lo que pensamos. Al parecer hay unas células de nuestra área premotora que llevan la delantera: ellas saben si echaremos a correr incluso antes que nosotros mismos. «La gente que lo descubrió no se lo creía», comenta. «¿Cómo es posible que una parte del cerebro sepa lo que voy a escoger si todavía no lo he escogido? Ahí te das cuenta de que nos autoengañamos: la decisión de elegir una cosa tiene por debajo un montón de procesos que no controlamos».

-Hábleme entonces del libre albedrío...

-Sí, existe. Lo que pasa es que no deberíamos ponerle esa etiqueta a una especie de magia negra que sale del humo. Lo del libre albedrío es una de esas expresiones del lenguaje corriente que, a nivel científico, yo digo: «No me sirve». Pero yo lo definiría como la actividad coordinada de la corteza premotora y otras partes de la corteza en la toma de decisiones. Yo preservaría la idea de que el libre albedrío sigue existiendo, pero diciendo a la gente que eso de ser dueño de tus decisiones es algo un poco más complejo: tiene ver con tu cerebro.

Para Yuste, el dónde que debe responder cualquier historia periodística siempre está claro: en tu cocorota, dentro del cerebro. Pero si hubiera que concretar el lugar que nos hace más sapiens sería la corteza prefrontal. Señálese usted la frente con el dedo: sí, ahí tiene usted al jefe. «Esa zona es como el estricto director de escena del teatro de la mente. Nosotros quizá seamos los homínidos que tenemos el director más duro», explica continuando con el símil y encuadrando su propia frente -ancha y plana, a diferencia de los Neandertales- para reforzar el concepto. «Los neurobiólogos empezamos a entender que la corteza prefrontal tiene un papel como de censor: está constantemente mandando señales inhibitorias al resto de partes del cerebro. En plan: 'No hagas esto... mal'. El autocontrol en adultos parece que tiene que ver con ella».

¿Y los jóvenes? Ellos no tienen lo que usted sí: «La diferencia entre su cerebro y el nuestro es que los adultos tenemos ya la corteza prefrontal hecha y derecha, manejando el cotarro». Piénselo antes de decirle a un niño... que se porta como un niño.

Conocer los entresijos de la mente puede enseñarnos mucho de nosotros mismos. Pero para Yuste, también es la llave que abrirá nuevas puertas del progreso. Él es optimista: «Pienso sinceramente que vamos hacia un futuro mejor, por eso hablo de un nuevo Renacimiento».

En la conversación es inevitable abrir la puertecita de la IA, giratoria muchas veces en la historia entre la neurociencia y los tecnólogos. Como explica Yuste, «los algoritmos de la IA utilizados en la actualidad se basan en redes neuronales profundas, que proceden de ideas de los años sesenta sobre cómo funcionaba el cerebro». ¿Pero será capaz la tecnología de replicar la mente humana? Ahí, Yuste se maneja con prudencia. «Yo sería cauto y, como buen científico, empezaría confesando nuestra ignorancia», arranca. «La gente, como si no tuviera nada mejor que hacer, utiliza términos como inteligencia, que no sabemos muy bien qué es, y se lo endosa a un tipo de tecnología. Por ponerle esta etiqueta todo el mundo piensa que la IA tiene que ver con la inteligencia humana. Pues... igual sí o igual no: la metáfora no demuestra nada».

El madrileño marca una prudente distancia con lo que la programación puede lograr. A él le parece más prometedora la biología sintética: «Si quieres replicar o simular el cerebro, lo mejor que puedes hacer es fabricarte uno como lo hace la naturaleza, con axones, dendritas, lípidos, proteínas, y no dedicarte a producir algo de silicio metido en un servidor. Eso puede que sea un instrumento muy útil o potente para la humanidad, pero no es un cerebro».

-En el libro tocas el tema de las interfaces cerebro-máquina. Donde la propia IA podría actuar como un potenciador de nuestras capacidades...

-Veo como un paso inevitable convertirnos en una especie híbrida, donde parte de nuestro procesamiento mental y cognitivo sea generado en el cerebro, como siempre, pero con otra parte generada fuera. No es una idea nueva, tú tienes en el bolsillo un móvil con un montón de cosas y eso ya es una manera de aumentar cognitivamente lo humano. Pues bien, con las interfaces cerebro-computadora en vez de tener estas capacidades en el bolsillo, las tendremos en la cabeza de una manera mucho más potente.

Todo eso, como dice Yuste, da para otro libro: el que piensa escribir en ese futuro que su cerebro le ayuda a predecir. Y probablemente también alcance como tema de una buena obra de teatro. Pónganse los Shakespeare, Ibsen o Chejov de nuestro tiempo a pensar. Pero por aquí... se cierra el telón. 

jueves, 3 de octubre de 2024

Marian Rojas Estapé explica la clave para conseguir nuestros propósitos: "Voy educando mi corteza prefrontal"

HÉCTOR FARRÉS     |      www.lavanguardia.com      |      25/08/2024          

 

La experta asegura que, entrenando la mente para que sea más fuerte, se conseguirá un mayor desarrollo personal

 

Parece que el secreto para conseguir nuestros objetivos no está tanto en la inteligencia, sino en la capacidad de controlar nuestros impulsos. Al menos, eso es lo que asegura Marian Rojas Estapé, reconocida psiquiatra y autora de varios bestsellers sobre el bienestar emocional. Según ella, la clave para tener éxito no reside en un cerebro más rápido, sino en una corteza prefrontal bien entrenada. ¿Suena a chino? Ella lo desglosa fácilmente.

La corteza prefrontal es esa parte del cerebro que se encarga, entre otras cosas, de la toma de decisiones y el control de los impulsos. Es decir, es la que nos dice vale, ahora no es el momento cuando nos apetece comer esa tableta de chocolate en plena dieta. Según Rojas, la voluntad, ese superpoder para resistir la gratificación instantánea, está íntimamente ligada a esta zona del cerebro.

Ponle freno a la gratificación instantánea

Es fácil caer en la trampa de quererlo todo y, lo que es peor, quererlo ya, en un contexto en el que todo está al alcance de un clic, desde ir de compras hasta ver series. La experta lo tiene claro: si queremos alcanzar nuestros objetivos a largo plazo, debemos aprender a posponer esas pequeñas recompensas inmediatas que nos tientan cada día. Y no, no se trata de hacer grandes sacrificios, sino de marcarse pequeños retos alcanzables que, con el tiempo, fortalezcan la voluntad.

De esta manera, se irá adquiriendo un hábito. "Voy educando mi corteza prefrontal”, asegura Rojas Estapé. La voluntad, dice, es como un músculo: cuanto más la ejercitamos, más fuerte se vuelve. Y se entrena con cosas tan simples como limitar el tiempo en redes sociales o reducir ese capricho de dulce a una vez a la semana. Este entrenamiento, asegura, es lo que marca la diferencia entre las personas que logran sus objetivos y aquellas que se quedan a medio camino.

Así que, la próxima vez que sientas la tentación de devorar una serie entera de una sentada o de darte ese capricho innecesario, piensa en ello como una oportunidad para entrenar tu mente. Al fin y al cabo, según Rojas, quien tiene voluntad, tiene el poder de llegar mucho más lejos en la vida. Y lo mejor de todo es que es una habilidad que cualquiera puede desarrollar, con paciencia y un poco de esfuerzo diario.

martes, 1 de octubre de 2024

¿Qué actitudes definen a las personas envidiosas? Un psiquiatra nos lo resuelve.

SARA DUQUE       |       theobjective.com     |      13/09/2024

Esta emoción no solo refleja una falta de satisfacción personal, sino que también fomenta una actitud negativa

La envidia reconocida como uno de los siete pecados capitales en la tradición cristiana, es una emoción compleja y profundamente destructiva.

Afecta no solo a quien la siente, sino también a su entorno, creando un ambiente de conflicto y malestar. Esta emoción, a menudo oculta tras una fachada de normalidad, puede ser identificada a través de ciertos comportamientos característicos que revelan su presencia.

¿Qué es la envidia?

La envidia se manifiesta como un sentimiento de descontento o resentimiento hacia el éxito, las posesiones o las cualidades de los demás.

A diferencia de otras emociones, la envidia no solo refleja una falta de satisfacción personal, sino que también fomenta una actitud negativa hacia quienes se perciben como más afortunados o exitosos.

Las personas envidiosas tienden a experimentar una profunda incomodidad al ver triunfar a otros, lo que puede llevar a conflictos y tensiones en las relaciones interpersonales.

Características comunes de las personas envidiosas

Comprender estas características puede ser crucial para manejar las interacciones con personas envidiosas y fomentar un entorno más positivo.

Al identificar estos comportamientos, es posible abordar los conflictos de manera más efectiva y promover cambios en la actitud de quienes luchan con la envidia.

La empatía y el apoyo pueden ayudar a las personas envidiosas a superar sus sentimientos y adoptar una perspectiva más saludable y constructiva.

1. Baja autoestima

Las personas envidiosas a menudo se comparan constantemente con los demás y su percepción de su propio valor personal está ligada a aspectos estéticos o superficiales.

Su inseguridad las lleva a medir su valía en función de su apariencia o éxito en comparación con otros, en lugar de basarse en logros personales o cualidades internas.

2. Falta de satisfacción personal

La constante comparación con los logros y posesiones de los demás genera un sentimiento crónico de descontento. Esta comparación continua provoca una falta de realización y un deseo constante de tener lo que otros poseen, ya sea en términos de éxito, bienes materiales, relaciones o habilidades.

3. Menosprecio a los demás

Para manejar sus sentimientos de envidia, las personas envidiosas tienden a menospreciar a quienes consideran superiores.

Esto se traduce en comentarios despectivos o críticos sobre los logros ajenos, atribuyendo el éxito de otros a la suerte o a la intervención de terceros en lugar de reconocer sus méritos.

Esta actitud busca minimizar el éxito de los demás para sentir que su propia situación no es tan desfavorecida.

4. Uso de burlas

Utilizan críticas sin sustancia para humillar a quienes consideran rivales, a menudo lanzando comentarios que no tienen fundamento real.

Estas críticas pueden apuntar a aspectos triviales o irrelevantes, como ser vegetariano o no tener coche, para socavar la confianza del otro.

5. Desanimar a los demás

Las personas envidiosas tienden a poner en duda las capacidades de otros y a desalentar sus esfuerzos, intentando que no logren sus metas. Esto les permite proyectar sus propias inseguridades y evitar que alguien de su entorno destaque demasiado.

6. Demostración de logros

A menudo, las personas envidiosas intentan demostrar sus propios logros de manera ostentosa para competir en la vida social.

Exhibir sus éxitos de forma exagerada es una forma de elevar su estatus y desviar la atención de sus inseguridades, al mismo tiempo que intentan posicionarse por encima de los demás.

7. Actitud defensiva

Las personas envidiosas suelen interpretar cualquier comentario, incluso el más neutral, como un ataque personal.

Esta hiperreactividad se debe a que se sienten constantemente amenazadas y vulnerables, lo que las lleva a reaccionar de manera desproporcionada ante las observaciones ajenas.

8. Felicitaciones forzosas

Cuando se ven obligadas a felicitar a alguien por un logro, las personas envidiosas lo hacen de manera sobreactuada.

La dificultad para celebrar el éxito ajeno genuinamente refleja su incomodidad y resentimiento. Este comportamiento forzado revela su falta de capacidad para alegrarse por el éxito de los demás.

9. Deseo de lo que otros tienen 

Las personas envidiosas anhelan los bienes, el éxito o las relaciones de otros, y este deseo consume gran parte de su energía y enfoque. En lugar de centrarse en mejorar sus propias vidas, se obsesionan con lo que les falta. 


10. Visión maquiavélica de la amistad 

Las personas envidiosas pueden ver la amistad de manera maquiavélica. En lugar de construir relaciones genuinas, las ven como medios para mejorar su imagen o estatus social. Utilizan a sus amigos para alcanzar sus propios objetivos y no para formar vínculos auténticos.