viernes, 17 de julio de 2026

Ismael Dorado, psicólogo: “Una persona que se siente valorada en su entorno laboral no vive el domingo por la tarde con la misma angustia que alguien que trabaja en un ambiente hostil”

ANNA CALPE      |      lavanguardia.com      |      21/06/2026

Integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Dorado analiza las causas de la popularmente conocida como “depresión del domingo por la tarde”

El domingo por la tarde, cuando el fin de semana empieza a despedirse y el lunes asoma, muchas personas experimentan una sensación de tristeza, apatía o inquietud difícil de explicar. Lo que para algunos es simplemente el final de unos días de descanso, para otros se convierte en un momento marcado por la ansiedad anticipatoria, el cansancio emocional y la preocupación por las obligaciones que están por venir.

“Si convertimos el domingo en un espacio de rumiación, llegaremos al lunes agotados antes de empezar”, explica Ismael Dorado, psicólogo y criminólogo, e integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. En conversación con La Vanguardia, el especialista analiza las causas de este fenómeno, popularmente conocido como la “depresión del domingo por la tarde”, qué factores lo favorecen y qué estrategias pueden ayudar a afrontar el final del fin de semana con mayor bienestar y una actitud más positiva ante la nueva semana.

¿Por qué tantas personas se sienten mal el domingo por la tarde?

La llamada depresión del domingo por la tarde tiene mucho que ver con cómo gestionamos la frustración. Desde pequeños estamos más preparados para disfrutar de los buenos momentos que para aceptar que esos momentos también terminan. El domingo por la tarde anticipamos que el lunes comienza la jornada laboral o una nueva semana de obligaciones, y eso puede generar apatía, cansancio o tristeza. Sin embargo, deberíamos entenderlo de otra manera: el lunes también es el inicio del camino hacia otro fin de semana. Hemos disfrutado del descanso, de la familia, de los amigos o de estar solos, y ahora empieza un nuevo ciclo.

Además de esa tristeza o apatía, ¿qué otros síntomas suelen aparecer?

Uno de los síntomas más habituales es la ansiedad anticipatoria. Muchas personas pasan el domingo por la tarde pensando en todo lo que tendrán que hacer durante la semana, y eso les impide disfrutar de las horas de descanso que aún les quedan. También pueden aparecer problemas de sueño, dificultad para relajarse, irritabilidad o sensación de agotamiento antes incluso de que empiece el lunes. Es como una profecía autocumplida: pensamos tanto en el estrés que vendrá que terminamos generándolo antes de tiempo.

¿Por qué algunas personas lo sienten cada domingo y otras solo de forma puntual?

Influyen mucho la personalidad y la manera en que cada persona interpreta lo que le ocurre. Hay personas con una tendencia mayor al pensamiento negativo, a la anticipación de amenazas o a lo que en psicología se relaciona con el neuroticismo. No disfrutan tanto del momento presente porque su cabeza está siempre en lo que puede salir mal mañana. En cambio, otras personas viven el domingo como tiempo libre hasta que llega realmente el lunes. Deberíamos preocuparnos cuando esta sensación se repite cada semana, afecta al descanso, limita los planes o genera un malestar intenso que condiciona la vida personal y laboral.

¿Qué papel juega la satisfacción laboral en este fenómeno?

Juega un papel fundamental. Una persona que se siente bien tratada, valorada y cómoda en su entorno laboral no vive el domingo por la tarde con la misma angustia que alguien que trabaja en un ambiente hostil. Muchas veces se piensa que la satisfacción laboral depende solo del sueldo, pero también influyen las condiciones de trabajo, el estilo de liderazgo, el clima del equipo y la forma en que se organiza la empresa. Las empresas con mejor clima laboral suelen tener menos bajas, menos conflictos y más productividad. Cuando uno está a gusto en su trabajo, el lunes no se percibe como una amenaza.

¿Las redes sociales y la hiperconexión aumentan esta sensación de estrés antes de empezar la semana?

Sin duda. La hiperconexión es uno de los grandes estresores actuales. Creíamos que las nuevas tecnologías nos harían más libres, pero en muchos casos nos han hecho más esclavos. Antes existían límites más claros: no se llamaba a alguien a determinadas horas o durante sus momentos de descanso. Ahora recibimos mensajes, correos o notificaciones en cualquier momento, incluso durante los fines de semana o las vacaciones. Algunas empresas no permiten desconectar, pero también hay personas que no saben hacerlo. El famoso FOMO, ese miedo a perderse algo, nos mantiene siempre pendientes y nos impide descansar de verdad.

¿Cómo podemos acabar la semana con motivación para la siguiente?

Lo primero es no dar el domingo por perdido. El domingo también es fin de semana y puede ser un día magnífico para hacer planes tranquilos: pasear, ir al cine, leer, visitar un parque, tomar algo o simplemente descansar en casa. El problema no es quedarse en casa, sino hacerlo desde la sensación de derrota, como si el día ya no sirviera para nada. Conviene planificar actividades agradables y entender que el domingo puede ayudarnos a entrar en la semana de una forma más serena. No debería ser solo una transición hacia el trabajo, sino un día con valor propio.

¿Qué hábitos pueden ayudar cuando aparecen pensamientos negativos sobre la semana que empieza?

Otra herramienta muy sencilla es coger papel y bolígrafo. Escribir los pensamientos negativos ayuda a sacarlos de la cabeza y a verlos con más distancia. Después podemos cuestionarlos como si habláramos con otra persona: “¿Qué puedo hacer con esto? ¿Qué alternativa tengo? ¿Qué plan puedo proponerme?”. Los pensamientos negativos no se combaten solo pensando, sino también con acciones positivas. A veces, organizar la semana, establecer prioridades realistas o planificar alguna actividad agradable para los próximos días puede ayudar a reducir la sensación de agobio y recuperar la sensación de control.

martes, 14 de julio de 2026

Boris Cyrulnik, padre de la resiliencia: "Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras; en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar"

 PABLO CUBÍ DEL AMO     |     cuerpomente.com     |     08/06/2026

El niño que llevamos dentro sigue admirándose en sus héroes. O puede encontrar otros nuevos y que van a ser importantes. El maestro de la resiliencia Boris Cyrulnik nos enseña que la esperanza puede estar en una película o en una biografía.

Los seres humanos no solo admiramos a otras personas por lo que hacen, sino por lo que nos permiten imaginar de nosotros mismos. Un niño que se engancha a Spider-Man, una adolescente que admira a una deportista que salió de un barrio difícil o un adulto que encuentra consuelo en la biografía de alguien que tocó fondo y volvió a levantarse tienen algo en común.

Todos ellos están haciendo algo más que entretenerse. Están ensayando posibilidades de vida. El profesor Albert Bandura lo explicó desde la teoría del aprendizaje social. No aprendemos únicamente por experiencia directa, también mirando a otros.

Así, la figura que admiramos nos hace de guía emocional. Nos muestra que hay una salida a las dificultades. “La mayor parte de la conducta humana se aprende observacionalmente mediante modelos”, confirma Bandura.

Los héroes a los que admiramos

Otro de los que ha abordado esta figura del modelo es Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra, y padre del concepto de resiliencia. Antes de ser el pensador que popularizó la idea de reconstruirse tras un trauma, fue un niño marcado por la Segunda Guerra Mundial.

Su propia experiencia le sirvió para analizar cómo el ser humano puede combatir el sufrimiento y las dificultades. Sobre la figura del héroe escribió en un libro en 2016 titulado precisamente (Super)héroes. ¿Por qué los necesitamos?

Allí Cyrulnik desarrolla que los héroes nos importan porque han sufrido, han caído y han vuelto a levantarse. “Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras; en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar”, escribe.

Se fija sobre todo en que los héroes que más triunfan no son inmaculados. Le interesan Tarzán, Marco, Oliver Twist, Batman o Superman, todos personajes heridos.

Un ejemplo de superación

Si repasas sus historias, estos personajes han pasado por una pérdida, abandono o una injusticia. Supermán es huérfano y expatriado en otro planeta. Batman perdió a sus padres, como Tarzán, Marco y Oliver.

Precisamente por eso, pueden acompañar simbólicamente al lector. La épica no está en no sufrir, sino en encontrar una forma de seguir viviendo después de la pérdida.

Esa idea enlaza con la teoría fundamental de Cyrulnik. La resiliencia no es hacerse invulnerable ni repetir frases optimistas. “Es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma”, explicaba.

Sin embargo, matiza que eso no depende solo de la voluntad individual. Hacen falta seguridad, tener buenos lazos de apoyo social y afectivo. Y haber tenido una educación adecuada.

Los héroes son mediadores

Por eso sus héroes no son ídolos esculpidos en mármol. Son mediadores. Ayudan a ordenar el dolor, a ponerlo en un relato y a imaginar un futuro. “Los necesitamos para construirnos cuando somos pequeños y también para repararnos cuando estamos heridos”, explicaba el psiquiatra.

No obstante, hemos de matizar la relación con estas figuras idealizadas. Cyrulnik dice que de niños necesitamos héroes porque somos pequeños e indefensos, pero que de adultos esa necesidad puede convertirse en signo de debilidad personal y social.

No es lo mismo inspirarse en alguien que entregar el propio criterio a un salvador. Ahí ese héroe deja de ser espejo y se convierte en dueño de nuestra voluntad. Delata una baja capacidad de decisión.

Ser adulto también es asumir nuestros retos. Precisamente por esa infantilización o por una realidad social complicada surgen los líderes políticos autoritarios, revestidos de esa aura de héroes.

Los tres papeles que juegan

La psicóloga Elaine Kinsella quiso analizar las funciones sociales y psicológicas que tienen los héroes.

Encontró tres papeles: protegen simbólicamente, elevan a las personas y sirven de modelos morales. Es decir, nos pueden dar una sensación de apoyo, orientación y mejora personal.

Otros estudios, como los de Scott Allison, también apuntan que las historias heroicas cubren necesidades cognitivas y emocionales como sabiduría, esperanza, inspiración y crecimiento.

La clave está en que el héroe no solo nos deslumbra con sus capacidades. También enseña cómo moverse cuando la vida se complica.

El viaje del héroe

La sociología, la filosofía y la literatura han estudiado cómo se construye el héroe. Casi todas las historias tienen una estructura narrativa similar.

El héroe sale de casa, atraviesa pruebas, desciende a una zona oscura y regresa triunfante y transformado. Esta estructura ha funcionado desde las primeras leyendas hasta la actualidad.

El escritor Bertolt Brecht, sin embargo, ya advertía, como apuntábamos, del riesgo de aplicarlo en política. “Desdichado el país que necesita héroes”, escribió.

La frase no niega el valor de la valentía, sino que alerta a las sociedades que delegan su responsabilidad en figuras carismáticas y providenciales. ¿Tengo que darte nombres?

domingo, 12 de julio de 2026

Violeta Acedo, psicóloga: “Los padres creen que más juguetes harán felices a los niños, pero puede afectar a su concentración y paciencia”

JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS     |     lavanguardia.com      |      05/01/2026

Hablamos con la psicóloga para que nos cuente cómo influye el exceso de estímulos en la concentración y la paciencia de los niños

Pasada la llegada de Papá Noel y a nada para que lleguen los Reyes, en muchos hogares ya se acumulan los juguetes. Pero, ¿realmente cuántos son necesarios para los niños y su desarrollo? ¿Les hacen más felices o el exceso puede tener efectos inesperados?

Para resolver estas dudas hablamos desde La Vanguardia con la psicóloga Violeta Acedo (@violetaacedo.psicologia). La experta nos explica cómo los regalos influyen en la paciencia, la concentración y la relación de los niños con lo que reciben, y qué tipo de obsequios fomentan la creatividad y las emociones positivas.

¿Cómo afecta recibir demasiados regalos a la paciencia y la tolerancia a la frustración de los niños?

Cuando un niño recibe demasiados regalos, de manera habitual, el cerebro se acostumbra a la gratificación inmediata. Esto dificulta el aprendizaje de la espera, del deseo y de la tolerancia a esa frustración. Cuando algo no es “ahora”, “ya”. Estos son habilidades emocionales clave que un niño debe adquirir en su desarrollo evolutivo. Los padres creen que más juguetes harán felices a los niños, pero eso puede afectar a su concentración y paciencia.

Si todo llega rápido y en abundancia, el niño tiene menos oportunidades de experimentar esos procesos naturales como anticipar o gestionar el no. A largo plazo, esto puede traducirse en una menor paciencia y mayor irritabilidad cuando las cosas no ocurren al ritmo que han aprendido, que es inmediatamente o en un periodo muy corto de tiempo.

¿Qué impacto puede tener el exceso de juguetes en la atención y la concentración?

En un entorno con demasiados estímulos, suele generarse el efecto contrario al esperado. En lugar de fomentar el juego se dificulta la concentración, porque cuando hay muchos juguetes disponibles, el niño cambia continuamente de uno a otro sin profundizar en ninguno. Es una estimulación constante. Desde la psicología del desarrollo, sabemos que menos estímulos favorecen un juego más sostenido, creativo y simbólico que es lo que necesitan los niños. El exceso puede llevar a una atención más dividida y dispersa con ello una menor capacidad para mantener el interés en una sola actividad.

Esto parece que no tiene mucha importancia en el momento presente, pero a largo plazo cuando el niño se convierte en adolescente o en adulto, genera una baja tolerancia a la frustración y necesita que todo sea de inmediato y como él o ella quieren. Porque no han aprendido a esperar. Esto también puede estar bajo la influencia de cuando a un niño se le dan regalos y juegos para que no “moleste”. Creemos que si el niño está inmerso en una pantalla, por ejemplo, y entretenido, los adultos tienen más tiempo para hacer otras actividades, pero esto no beneficia en absoluto a esos niños.

¿Puede influir en la gratitud y la relación con los objetos recibir muchos regalos?

Sí. Cuando los regalos son muy frecuentes y/o en cantidad tienden a perder el valor emocional, el objeto deja de ser algo especial y se convierte en algo esperable e incluso impuesto en muchas ocasiones.

Esto no significa que el niño sea desagradecido, sino que no ha tenido espacio para construir el valor del objeto, que es la gratitud que se desarrolla cuando hay escasez, relativamente hablando, significado ante ese objeto y un vínculo emocional con lo recibido. Lo que viene siendo la ilusión por un regalo. Deja de tenerse cuando continuamente hay muchos regalos o en exceso.

¿Qué efectos puede tener a largo plazo asociar felicidad con objetos?

Si un niño aprende que la felicidad viene principalmente de recibir cosas, es decir, de algo material y externo, puede desarrollar una relación más superficial con el bienestar, porque busca fuera lo que debería construir también desde dentro. Aquí ya hablamos de la propia identidad, donde se forja la personalidad y el carácter del niño que va a tener mucho que ver con estas primeras experiencias en su infancia.

A largo plazo, esto puede influir, como he dicho anteriormente en la época de la adolescencia y la adultez en: mayor dificultad para disfrutar de lo que ya se tiene, tendencia a aburrirse con facilidad, asociar un malestar y necesidad al consumo, irritabilidad cuando no tengo lo que…

¿Qué tipo de regalos fomentan habilidades, creatividad o emociones positivas?

Los regalos más beneficiosos suelen ser esos que favorecen el juego abierto (no tienen una única forma de utilizarse), estimula la creatividad y la imaginación, se adaptan a la edad y momento evolutivo del niño (de ahí que hagamos caso a los consejos de “EDAD PARA 5+” que viene en los juguetes), invitan a la interacción con otros niños, es decir, juego compartido.

Un ejemplo de todo esto puede ser libros, juegos simbólicos, construcciones, material creativo como dibujo, arcilla, pintura, experiencias compartidas o tiempo de calidad con los otros, simplemente jugando en un parque.

¿Cómo se puede equilibrar la cantidad y calidad para que los regalos sean significativos?

Un buen criterio es que como adulto nos preguntemos “¿este regalo aporta algo al desarrollo, disfrute o vínculo del niño?”. No se trata de prohibir regalos, sino de reducir la saturación y aumentar el significado. Por ejemplo, pocos regalos bien elegidos y presentados con calma. Esto suele ser mucho más valioso que muchos regalos recibidos de golpe.

¿Existen estrategias concretas para que los niños disfruten de regalos sin excesos?

Algunas estrategias prácticas para que los niños disfruten más y se evite la sobreestimulación incluyen entregar los regalos de forma escalonada, en lugar de todos a la vez, guardar algunos para otros eventos y rotar los juguetes disponibles, por ejemplo, entre amigos o primos. También es recomendable acompañar el momento del regalo con presencia y juego colaborativo, en lugar de entregarlo y dejar que el niño juegue únicamente de manera independiente. Todo esto ayuda a prolongar el disfrute y a que la experiencia sea más significativa.

¿Qué consejo práctico daría a los padres?

El consejo principal es dar ejemplo. Los niños aprenden más de lo que ven y escuchan que de lo que se les dice a ellos directamente. No se trata de demonizar los regalos, ni de generar culpa en las familias, sino de acompañar a los niños desde la moderación, el ritmo y la relevancia afectiva de lo que reciben. 

Por ejemplo: poner palabras al cuidado de los objetos, agradecer juntos lo que se recibe, evitar usar regalos como regulación emocional constante o validar emociones sin resolverlas siempre con cosas materiales. Porque valorar no se enseña desde la escasez rígida, sino desde el equilibrio entre límites, presencia y conexión emocional.

viernes, 10 de julio de 2026

Qué es el trastorno de compra compulsiva y cómo tratarlo, según una especialista

ALEXIS PAIVA MACK      |       latercera.com      |      16/06/2026

No se trata de “comprar mucho” o de aprovechar las ofertas de una ocasión específica, sino que de un patrón persistente que genera consecuencias y malestar. La Decana de la Escuela de Psicología UAI, Claudia Cruzat, explica en qué consiste y cuándo es necesario acudir a un profesional.

Seguramente, en más de una oportunidad has escuchado a alguien denominarse a sí mismo como un “comprador compulsivo”, después de que revisara una serie de ofertas en Internet o haya pasado varias horas de su tarde en un centro comercial.

Es habitual oír esa expresión a modo de “broma”, en referencia a gastos excesivos ocasionales, como los que podrían darse durante una temporada de descuentos.

Sin embargo, las compras compulsivas son un problema de salud mental real, el cual puede tener múltiples consecuencias en la vida personal, familiar y financiera, por mencionar solo algunas aristas que podrían verse afectadas.

El trastorno de compra compulsiva (TCC) se caracteriza por la presencia de pensamientos y comportamientos de compra excesivos, los cuales provocan malestar o deterioro funcional.

Las personas con esta afección tienen dificultad para controlar sus impulsos de comprar, hasta el punto en que pueden aparecer síntomas de tensión o ansiedad antes de hacerlo, según detalla una revisión publicada en la revista científica World Psychiatry en 2007.

Luego, una vez que lo hacen, sienten una sensación de alivio. No obstante, posteriormente, suelen experimentar sentimientos de culpa.

No se trata de “comprar mucho” o de aprovechar las ofertas de una ocasión específica, sino que de un patrón persistente que genera consecuencias y malestar.

Hasta el momento, el TCC no ha sido incluido como diagnóstico independiente en los principales manuales que utilizan los terapeutas, como el DSM-5 o el ICD-11.

No obstante, la compra compulsiva sí es reconocida en la literatura clínica y de investigación.

Múltiples especialistas han alertado sobre sus consecuencias y la necesidad de tratarlo, mientras que algunos han propuesto directrices específicas para clasificarlo oficialmente en los manuales profesionales.

A continuación encontrarás en qué consiste, cuáles son los principales síntomas y cuándo es necesario acudir a un profesional.

Qué es el trastorno de compra compulsiva y cuáles son sus causas

La Decana de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y Doctora en Investigación en Psicoterapia, Claudia Cruzat, dice a La Tercera que hay dos elementos clave que se deben considerar: la intención asociada a la compra y las consecuencias.

“Se presenta un sentido de urgencia, una necesidad imperiosa de comprar en la que muchas veces está la sensación de pérdida de control. Esto aparece de manera repetitiva y genera consecuencias negativas. Si te produce dificultades familiares o económicas, si estás escondiéndolo o si te avergüenza, por ejemplo, estamos hablando de un problema psicológico que requiere ayuda”.

La especialista afirma que no hay una única causa. Más bien, se trata de un fenómeno multifactorial.

“Puede estar asociado a dificultades en la regulación emocional, ansiedad, depresión, baja autoestima, impulsividad, estrés, historia de trauma o carencias emocionales (...) También influyen factores culturales y ambientales: acceso fácil al crédito, compras online, publicidad personalizada, redes sociales, ofertas permanentes y sistemas de pago muy inmediatos”.

Para las personas con esta afección, muchas veces no tiene mayor importancia el objeto adquirido, sino la sensación momentánea de satisfacción o de llenar un vacío emocional.

“La compra opera como una estrategia de regulación emocional: la persona lo hace para calmar angustia, vacío, estrés o inseguridad. El problema es que el alivio dura poco y luego aparecen culpa, deuda o conflicto, lo que puede reactivar el ciclo”.

Cruzat explica que el ciclo suele manifestarse de la siguiente manera: malestar emocional → urgencia por comprar → alivio o excitación breve → culpa, vergüenza o deuda → nuevo malestar → nueva compra.

“Se parece mucho al de otras conductas compulsivas. Aparece tensión o malestar, la compra produce alivio momentáneo, pero luego vienen culpa, ocultamiento o problemas financieros. Ese malestar posterior puede volver a empujar a la persona a comprar”.

Una investigación publicada en la revista Addiction en 2016 revisó 40 estudios realizados en 16 países distintos, lo que sumó una muestra de 32.000 participantes. Según el metaanálisis, se estima que alrededor de un 5% de los adultos presenta conductas asociadas con el TCC. Otros trabajos también han presentado resultados similares.

Sin embargo, se presume que la cifra podría ser más alta, debido a factores como la reticencia de muchas personas a admitir este problema o a que lo normalizan como un mero interés en comprar.

Cuáles son los principales síntomas del trastorno de compra compulsiva

Los síntomas más frecuentes del TCC son los siguientes:

·        Preocupación excesiva por comprar

·        Urgencia por adquirir productos

·        Dificultad para resistir el impulso

·        Compra de objetos innecesarios o que no se usan

·        Ocultamiento de compras

·        Culpa o vergüenza posterior

·        Endeudamiento y conflictos familiares

 

La Decana de la Escuela de Psicología UAI precisa que también puede expresarse sin que la persona compre todos los días. Por ejemplo, puede destinar muchas horas a mirar productos, planificar compras, comparar precios o fantasear con adquirir un artículo.

Por lo tanto, no solo invierten su dinero, sino que también dedican su tiempo y planificación a las compras o a actividades relacionadas a estas.

Cuáles son las señales de alerta del trastorno de compra compulsiva y cuándo es necesario acudir a un profesional

Cruzat afirma que es necesario acudir a un profesional cuando empieza a ser invalidante y/o a generar malestares psicológicos, financieros o familiares.

Entre las principales señales de alerta ante las que recomienda hacerlo, se encuentran las siguientes:

·        La persona siente que no puede parar

·        Compra para calmar angustia, tristeza o vacío

·        Oculta gastos o miente

·        Hay endeudamiento

·        Hay conflictos familiares

·        Se deteriora el trabajo, el estudio o la vida social

·        Aparecen culpa, vergüenza o malestar intenso después de comprar

·        Existen síntomas de depresión, ansiedad u otra condición asociada

Al ser consultada sobre qué tipo de tratamiento puede ser más adecuado para atender este problema, precisa que, a nivel general, la terapia cognitivo conductual tiende a presentar resultados efectivos.

“El tratamiento no consiste solo en decir ‘deja de comprar’. Hay que entender qué función cumple la compra en la vida emocional de la persona. La terapia cognitivo-conductual ayuda a identificar gatillantes, manejar impulsos, ordenar hábitos financieros y desarrollar formas más sanas de regular emociones”, enfatiza Cruzat.

martes, 7 de julio de 2026

Miguel Ángel Álvarez de Mon, psiquiatra: “He desinstalado Instagram para ser yo quien decide cuándo usar las redes sociales y no al revés”

JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS     |     lavanguardia.com     |     26/06/2026

El especialista analiza cómo la hiperconectividad está transformando nuestra atención y la forma en la que nos relacionamos con el mundo

¿Hace cuánto que no tomas apuntes a mano? ¿Cuándo fue la última vez que leíste durante media hora seguida sin mirar el móvil? En una época en la que todo parece estar al alcance de un clic, el psiquiatra Miguel Ángel Álvarez de Mon explica que algunas de las herramientas que se suponía que iban a hacernos más eficientes podrían estar dificultando nuestra capacidad para concentrarnos, recordar y pensar de manera profunda. Esa es una de las reflexiones que plantea en Desaprender (Paidós), un libro en el que invita a cuestionar ciertos hábitos digitales que hemos normalizado.

Licenciado en Medicina por la Universidad de Navarra y especialista en Psiquiatría por la Clínica Universidad de Navarra, actualmente ejerce en el Hospital Universitario Infanta Leonor y es profesor asociado en la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de su libro, analiza cómo la hiperconectividad está transformando nuestra atención, nuestra memoria y nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

Escribir con bolígrafo activa más áreas del cerebro

Uno de los hábitos que Álvarez de Mon reivindica en el libro es la escritura a mano. Cuenta que, frente a la digitalización de prácticamente todas las tareas, volver al papel y al bolígrafo puede aportar beneficios que van mucho más allá de la nostalgia. Según explica el autor, diversos estudios han demostrado que escribir a mano activa más áreas del cerebro que teclear. En la obra, recuerda las investigaciones de los científicos Ruud van der Weel y Audrey van der Meer, que observaron una mayor conectividad neuronal durante la escritura manual, clave para el aprendizaje y la memoria.

Además, señala que escribir a mano obliga a sintetizar, organizar y procesar mejor la información. Mientras que el teclado permite transcribir casi literalmente lo que se escucha, la escritura manual exige una elaboración mental previa. Por eso, cuenta que distintos trabajos han observado que los estudiantes que toman apuntes a mano suelen recordar y comprender mejor los contenidos que aquellos que utilizan un ordenador. Para el psiquiatra, se trata de un ejemplo de cómo algunas herramientas tecnológicas, aunque útiles, pueden acabar desplazando procesos cognitivos que resultan valiosos para el cerebro.

La lectura profunda requiere tiempo y continuidad

La preocupación por la atención también aparece cuando aborda nuestros hábitos de lectura. Álvarez de Mon cuenta en el libro que leer en papel favorece una comprensión más profunda que hacerlo en pantalla, especialmente cuando se trata de textos largos o complejos. También explica que el formato físico ofrece referencias espaciales, el inicio, la mitad o el final de una obra; la página izquierda o la derecha, que ayudan al cerebro a construir recuerdos más sólidos.

En cambio, sostiene que la lectura digital suele favorecer el escaneo rápido de contenidos, la fragmentación de la atención y la multitarea. “Las pantallas están diseñadas para interrumpir”, explica. Incluso cuando no hay notificaciones visibles, la posibilidad de que aparezcan ya consume parte de nuestros recursos atencionales.

El especialista cuenta que esta dinámica ha contribuido a “erosionar la llamada lectura profunda”. Antes era habitual dedicar largos periodos de tiempo a un libro, una novela o un periódico. Hoy, en cambio, muchas personas alternan entre pestañas, titulares y aplicaciones sin detenerse demasiado en ninguna de ellas. Como plantea en el libro, información y comprensión no son necesariamente lo mismo.

¿Cómo afecta a la memoria?

Más allá de la escritura y la lectura, Álvarez de Mon también reflexiona sobre otras capacidades que, según explica, se están viendo afectadas por la hiperconectividad. Una de ellas es la memoria. En Desaprender recuerda el llamado “efecto Google”, un fenómeno por el que tendemos a recordar menos información cuando sabemos que podremos consultarla fácilmente más adelante. Por ello, defiende la importancia de seguir ejercitando la memoria con pequeños gestos cotidianos, como recordar un número de teléfono, una dirección o un poema breve.

El psiquiatra también pone el foco en las relaciones personales. Cuenta que la simple presencia de un teléfono móvil sobre la mesa durante una conversación puede modificar la calidad del encuentro. Aunque nadie lo consulte, el dispositivo actúa como una posible interrupción y reduce la sensación de atención plena y escucha.

Algo similar ocurre, según explica, con los paseos. Caminar ha sido una herramienta de reflexión, regulación emocional y creatividad. Sin embargo, hacerlo siempre acompañado de pódcast, vídeos o redes sociales puede impedir esos momentos de silencio mental. En el libro propone recuperar los paseos sin auriculares como una forma de entrenar la atención sostenida y favorecer la introspección.

Álvarez de Mon insiste en que la solución no pasa por rechazar la tecnología, sino por aprender a utilizarla de forma consciente. De hecho, él mismo reconoce: “He llegado incluso a desinstalar Instagram y volver a instalarlo solo cuando quiero utilizarlo. De esa manera, soy yo quien decide cuándo usar las redes sociales y no al revés”.