sábado, 13 de junio de 2015

Lecciones que da el fútbol

PSI COLOGÍA
Vivimos rodeados por este deporte. ¿Por qué no utilizarlo a nuestro favor?
No nos limitemos a ver cómo juegan los millonarios y usémoslo como metáfora de la vida

GABRIEL GARCÍA DE ORO | El País | 24/05/2015
                                                                                   
Asegura Alejandro Jodorowsky que el fútbol tal y como lo conocemos hoy “fue creado por una sociedad esotérica inglesa, aplicando en su esquema principios de la alta magia. Se juega sobre un rectángulo verde, siendo el verde el color que simboliza la eternidad. Los jugadores de un partido de fútbol son 22, tantos como los 22 arcanos mayores del tarot o los 22 polígonos regulares. En el centro de la cancha hay un círculo con un punto en el medio: símbolo del oro, en la alquimia, o del sol o del Dios esotérico…”.
Podemos ser más o menos escépticos ante la concepción mágica del fútbol que plantea el maestro chileno, pero tenemos que aceptar que es difícil considerarlo un juego más. Este deporte es capaz de lo mejor y de lo peor. Tanto puede conseguir treguas en medio de una guerra mundial como generar comportamientos criminales. Pero lo que sin duda provoca es un interés social y mediático muy por encima de cualquier otra actividad humana. Seamos o no aficionados, del fútbol se pueden extraer lecciones para aplicarlas a nuestra vida, del mismo modo que en el mundo de los negocios hace tiempo que se aplican sus técnicas de liderazgo y gestión de talento.
Ahora nos toca a nosotros saber leer los partidos en clave de crecimiento personal, darnos cuenta de que en muchas ocasiones lo que reprochamos o elogiamos a nuestro equipo no está lejos de lo que podemos alabarnos o criticarnos a nosotros mismos. Seguro que cada uno puede sacar sus conclusiones. Lo importante es dejar de ser espectadores pasivos y animarse a aplicar todas las lecciones que nos puede dar el fútbol. Empecemos por estas 11 y hagámoslas nuestro equipo titular de crecimiento personal:
1. Siempre se empieza cero a cero. Decía el mítico Vujadin Boškov, que “el fútbol es imprevisible porque todos los partidos empiezan cero a cero”. Una frase tan obvia como inspiradora. Y es que cada encuentro es un nuevo comienzo, un nuevo reto. Una nueva oportunidad que debemos afrontar concentrados, con humildad, pero sin complejos. Empecemos cada día desde cero. Saltemos de la cama sabiendo que hoy es una nueva oportunidad.
2. No siempre se gana, pero siempre se compite. Ni el mejor de los mejores equipos de la historia es capaz de vencer siempre. Así es la vida. La diferencia está en ser competitivos. En darlo todo. En intentarlo una y otra vez. En trabajar y trabajarse la victoria. Tenemos que darnos cuenta de que jugando muy bien es más fácil ganar, y que tarde o temprano llegarán los resultados.
3. El equilibrio es fundamental. ¿Se imagina un equipo con 11 delanteros? ¿O con 11 grandísimos porteros? Estaría abocado al fracaso. Nosotros, igual. Tenemos que procurar encontrar el equilibrio en todas las posiciones del campo de nuestra vida: pareja, familia, amigos, trabajo, ocio…
4. Por bueno que seas, hay que entrenar. Incluso, Ronaldinho, un jugador que lo ha ganado todo, dijo en la cresta de su carrera: “Tengo mucho que aprender”. Y para ello, practicar, prepararse y seguir creciendo es lo que hace que los buenos se conviertan en estrellas mundiales. Ellos, precisamente, son los que más horas dedican a perfeccionarse. No se conforman. Son los que se quedan un tiempo extra. Sea lo que sea lo que se nos da bien, la práctica repetida y diaria nos ayuda a seguir creciendo, a adaptarnos a los nuevos desafíos.
5. Cuando hay decisiones injustas que te perjudican. Uno de los árbitros más famosos de los últimos tiempos, el italiano Collina, decía que el fútbol no es un deporte perfecto y no podemos pretender que lo sean los colegiados. Y es que a veces, simplemente, hay errores. Penaltis en contra que nos perjudican y que en la repetición de la televisión se ve que no hay ni falta. Pero en la vida no hay repeticiones. ¿Qué haremos? Sobreponernos. Concentrarnos y seguir.
6. Sentirse arropado por tu público. Diego Pablo Simeone, en una reciente entrevista, aseguró: “La gente no sabe la fuerza que transmite a los jugadores”. Nosotros también debemos procurarnos un entorno que nos anime, nos aliente y dé alas a nuestros sueños cuando las fuerzas fallan. Y eso no es todo. También debemos comportarnos así con los demás. Ser fuente de ánimo, no de desaliento.
7. El arma secreta de lo inesperado. Intentar una y otra vez la misma jugada y chocar contra el muro del fracaso. ¿Qué hacer cuando nada de lo que hacemos funciona? Algo diferente. Eso es lo que hacen los grandes equipos, jugadores y entrenadores. Cambiar. Probar algo nuevo que sorprenda al adversario. Algo creativo que salga de la improvisación. Porque cuando nada parece ir bien, la creatividad inesperada es la diferencia.
8. Los cambios en el momento justo. Un entrenador, a lo largo de un partido, debe hacer cambios. No puede reemplazar a todos. Solo a tres. Y es por eso que hay que saber analizar, prever los problemas, dosificar el cansancio, el esfuerzo… Nosotros igual. Porque el secreto está en saber ajustarse, en modificar, en rectificar. Podemos conseguir darle la vuelta a un resultado adverso o mantener el buen marcador conseguido ajustando algunos puntos del esquema.
9. Resistir las críticas. Ronaldo Nazario, en unas declaraciones, aseguró que cuando marcas eres grande, y cuando no, estás gordo. Él, como todos, no se libró de las críticas. Porque por muy bueno que seas, llega un momento en el que te cuestionan. ¿Qué hacen los grandes futbolistas? Seguir trabajando. Aceptar los comentarios negativos con el mismo escepticismo que los halagos
10. Hasta que el árbitro pite el final. Pase lo que pase, mientras que el balón esté en juego pueden pasar muchas cosas. Podemos remontar. Nos pueden marcar. Fijémonos en lo que pasó en la temporada 2003-2004, en la final de la Liga de Campeones. El Milán iba ganando por 3 a 0 al Liverpool. Al final, el conjunto inglés remontó y se hizo con el título. Nunca pensaron que estaba perdido. Nunca desistieron. Por eso se alzaron con la victoria, porque fueron conscientes de que el partido dura hasta que el árbitro señala el final.

11. Se dice: jugar al fútbol. Nadie dice vamos a trabajar al fútbol. En un artículo de su columna en el AS, Alfredo Relaño aseguraba que no debíamos olvidar que al fútbol se juega. Este verbo implica diversión, entrega, pasión, entusiasmo… Hoy es habitual que psicólogos, pedagogos y otros especialistas pongan el foco en la importancia del juego como fuente de crecimiento personal. Es importante no olvidarlo. Porque jugar es re-crearse, y cuando lo hacemos es cuando aprendemos en serio. Y como dijo Johan Cruyff a sus jugadores antes de jugar una importante final: “Salgan y disfruten del partido”. Lógicamente, ganaron.


Autolesiones para perder el hambre.

SALUD | Trastornos alimentarios

LAURA TARDÓN | Madrid | El Mundo | 17/05/2015

No comen, se provocan los vómitos y a veces se autolesionan. Algunos afectados por anorexia, aparte de dañar su cuerpo con las restricciones alimentarias, también lo hacen con el automaltrato físico. Sobre todo, «cortes en las piernas y los brazos. En ocasiones llegan a morderse y se golpean la cabeza contra la pared», explica Esther Pérez Sánchez, del Colegio de Psicólogos de Andalucía. Es lo que ahora se conoce como sadorexia, «una conducta que aunque no es frecuente, se ve más que antes».
Su objetivo es provocarse dolor para así evitar las ganas de comer. A través del castigo físico, quienes sufren este trastorno buscan acabar con la ansiedad que les genera la comida. «Centran su atención en el corte y la sangre, y de esta manera esquivan el pensamiento obsesivo de comer», argumenta la psicóloga. Siempre «intentan ocultar las señales». Por eso conviene estar alerta.
La Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (Acab), que trabaja con centros educativos para prevenir estos trastornos, ha detectado varios casos de adolescentes en seis institutos catalanes, dos más que en el curso pasado, según informa Europa Press. Al parecer, en una misma clase se han registrado hasta ocho chicas que se habían realizado cortes en las piernas y los brazos para no engordar. A través de las redes sociales, señala la directora de la asociación, Marta Voltas, se expanden mensajes que recomiendan hacerse heridas en las piernas para paliar el hambre, «una práctica frecuente que era aislada hace 15 años». Como expone Voltas, «es fácil que conductas de riesgo en adolescentes se expliquen y que otras chicas lo quieran probar si existe mucha preocupación por el cuerpo». Las redes sociales «son de lo más peligroso que hay en los trastornos alimentarios», puntualiza la psicóloga. «Difunden todo tipo de mensajes y consejos para adelgazar y, teniendo en cuenta que para las personas con anorexia o con bulimia su principal objetivo es perder peso, dichas recomendaciones resultan rápidamente contagiosas».

Intentar prevenir estas situaciones, recalcan los expertos, pasa por trabajar «la autoestima desde que nuestros hijos son pequeños», explica la psicóloga. Además, «hay que fomentar la comunicación efectiva entre padres e hijos. Que los menores puedan expresar sus emociones y los problemas que tienen».

Una clave para la directora de Acab es realizar una comida completa al día con los padres: «Previene en un 33% la aparición de un trastorno de conducta». Según esta experta, la jornada intensiva en los institutos podría favorecer las conductas de riesgo. «Hay muchos chicos y chicas que comen solos en casa y no están acompañados como en el comedor escolar».

Conviene, además, que los adolescentes entiendan la evolución del cuerpo en la adolescencia y sepan ser críticos ante los mensajes publicitarios. «Les ayuda mucho tener ejemplos de estilos de vida y hábitos alimentarios saludables», concluye Pérez Sánchez.


lunes, 8 de junio de 2015

El difícil reto de sacar a la luz el trastorno mental

Reclama un cambio social y cultural y admite que la meta todavía está lejana.
La asociación Obertament mantiene una lucha desigual contra el estigma.

TONI SUST / BARCELONA | El Periódico | 05/05/2015

Obertament, agrupación de agentes privados del sector de la salud mental, nació hace más de cuatro años con el objetivo de combatir el estigma que sufren las personas con un trastorno mental. La causa requerirá un lento caminar, dicen los que la defienden.

Obertament aposta por su propia salida del armario. La mayoría son reacios a dar detalles de su trastorno y consideran que quedarse solo con eso es etiquetar a una persona. Se trata de explicar a la gente que alguien con un trastorno puede trabajar, tener una vida normal y ser de confianza. En ocasiones más que gente que no ha sido diagnosticada y se considera «normal», esa palabra tan terrible.
REDUCCIONISTA
«No soy un diagnóstico con patas», afirma Pedro Antonio Cencerrero, 39 años. «Todos me ven como una persona, no como un diagnóstico», dice Anna Maria Esteve, de 52 años. Ambos son portavoces de Obertament, activistas que conocen el paño y que han tomado la decisión de luchar por propiciar salidas de ese armario menos conocido. Si hay algo que les parezca incómodo es tener que explicar cuál es su trastorno. Lo consideran reduccionista.

A nadie con problemas de estómago se le definiría por esa dolencia, argumenta Esteve, nacida en Molins de Rei (Baix Llobregat) y residente en Arenys de Mar (Maresme). Cuenta que una vez tuvo su primer contacto con el trastorno, en su caso esquizo-afectivo, «una mezcla de esquizofrenia y depresión», quiso saber más y se interesó por un curso organizado para familiares de personas con problemas de salud mental. «Pero yo no quería que fuera nadie de mi familia. Quería ir yo. Me dijeron que el curso era para familiares de personas con problemas de salud mental, no para personas con problemas de salud mental». Y Anna Maria vio que había que hacer algo. Creó la asociación Resorgir, que forma parte de Obertament.

Esteve, que antes llevaba una empresa, estudió posteriormente Trabajo Social y ahora cursa un posgrado especializado en salud mental colectiva, de la URV. Ella tuvo el primer contacto con un trastorno por el de un familiar: «Entonces vi claro que se tenía que tratar como algo normal, como cualquier otra dolencia, con algo más de sensibilidad».
A Cencerrero, nacido en Vilassar de Mar y residente en Mataró (Maresme), le marcó la muerte de un hermano que falleció a los nueve meses, con parálisis cerebral. Él, el mayor de seis hermanos,  consiguió eludir el veto de los mayores y estar unos minutos junto al cuerpo. Por eso y por el problema de salud mental que tuvo mucho después, dice, acabó estudiando Integración Social. Ahora estudia Administración de Empresas en la UB. Él sufre un trastorno bipolar: «Es la primera vez que lo digo en un medio de comunicación». Sufrió el primer brote al irse a la mili, en Ibiza, algo que parece lógico porque para él irse al servicio militar fue «una liberación» después de muchos años trabajando para ayudar a la familia. Flirteaba con la carrera militar, pero la mili se acabó en seguida: lo llevaron al hospital en Palma y de allí le acompañaron a Barcelona: «Me dijeron que me acompañaba un teniente, pero era un enfermero». Intentó volver a la vida militar. Se presentó en el Cuartel del Bruc ofreciéndose. No pudo ser.
Ahora eso es pasado: «Estoy aquí hablando gracias a mis hermanos, incluido el que falleció». Y de lo que Pedro Antonio quiere hablar es de su activismo y de cómo esta sociedad no debería clasificar tan rápido: «Todas las personas tienen oscilaciones emocionales. No son lineales. Y hay mucho rechazo, cuando una persona diagnosticada puede estar mejor que alguien sin diagnosticar».
LUCHA INDIVIDUAL
De eso él tiene pruebas reales: aquella gente que un día se reía de él por el barrio y que luego fue a pedirle consejo porque estaba en una situación similar. «Mi lucha ha sido individual. Cuando he encontrado el equilibrio personal es cuando la he hecho colectiva».
El director de Obertament, Miquel Juncosa, subraya que según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cuatro personas experimentará un problema de salud mental en algún momento de su vida. Pensar que no le tocará a uno es, por lo tanto, estadísticamente temerario. Pero sigue siendo la constante.
«Hay que tener un poco de locura», dice Esteve con una sonrisa. «La locura no significa falta de sentido común; a veces supone un exceso de sentido común». ¿Qué le pide esta portavoz a los políticos?: «Una mayor implicación, que nos tengan presentes, porque somos los últimos de la fila». Dice que un paso se ha dado en las familias de los que sufren un trastorno, que años atrás a menudo acababan encerrados: «Ahora quieren que sus hijos ocupen su tiempo, salgan de casa».
Pedro Antonio prefiere no pedir nada a las autoridades, se le ve bastante convencido de que lo que logre el colectivo será mérito suyo.
«Todavía no hay condiciones para que la gente salga del armario», asegura Juncosa, que sabe que no podrán lograr sus objetivos sin despeinarse: «Queremos un cambio cultural. Sabemos que ahora estamos poniendo la semilla. La lucha será a largo plazo».

Nota.- Me parece recordar que el artículo era más largo. Como siempre, si os interesa leerlo completo podéis encontrarlo en el periódico y fecha que figura junto al autor del artículo. Saludos.

La risa verdadera es muy beneficiosa para nuestra salud mental y física.

El humor se relaciona con el desarrollo cognitivo, la época y la cultura, el carácter y la forma de procesar la 'chispa'
EUROPAPRESS / Madrid | El Periódico | 28/04/2015

Cuando la risa es verdadera, puede ser muy beneficiosa para la salud tanto desde el punto de vista mental porque reduce el estrés, eleva el estado de ánimo y, en general, fomenta el bienestar psicológico, y desde el punto de vista físico porque reír estimula el sistema inmune, incrementa el umbral del dolor y es muy saludable porque acelera el ritmo cardiaco y aumenta el aporte de oxígeno al cerebro.

RISA PATOLÓGICA
Según explican desde la Sociedad Española de Neurología (SEN), algunos estudios han llegado a afirmar que las personas risueñas tienen un 40 por ciento menos de problemas vasculares y que viven 4 años y medio más de media. Por otra parte, diversos estudios han demostrado que el humor puede ayudar a ser más inteligentes, porque es una forma de ejercitar el cerebro. Habitualmente, la risa es considerada un fenómeno biológico normal y saludable. Sin embargo, la risa en casos excepcionales puede ser debida al síndrome de la risa patológica, en tal caso es debido al estrés, la ansiedad, la tensión o como consecuencia una lesión neurológica.

"La risa puede constituir un síntoma indicativo de patología cerebral, sobre todo si se presenta sin un estímulo específico, no se relaciona con un cambio afectivo o si su intensidad y duración están fueran de control. Es lo que se conoce como síndrome de la risa patológica, que también se puede trasformar en llanto o alternar ambos procesos", señala el doctor Manuel Arias Gómez, coordinador del Grupo de Estudio de Humanidades e Historia de la SEN. Enfermedades como el síndrome de Angelman, esquizofrenia, demencia, pero también epilepsia, ictus, esclerosis múltiple, ELA, Parkinson o tumores cerebrales, entre oros, pueden ser causas del síndrome de la risa patológica que puede manifestarse o bien como un inmotivado sentimiento de regocijo o como una disociación emocional voluntaria.

¿QUÉ OCURRE PARA QUE NOS RIAMOS?
Las nuevas técnicas de neuroimagen ha permitido conocer que el procesado del humor tiene lugar en tres etapas, que implican a varias regiones encefálicas: percepción de la incongruencia sorpresiva por parte de la región prefrontal dorsolateral y la unión temporoparietal del hemisferio dominante; activación del circuito de la recompensa y liberación de dopamina y cese de la desinhibición frontal no dominante que conduce a la risa.
"Cuando en lugar de la racionalidad cognitiva que nuestro cerebro espera percibir, lo realmente percibido es una incongruencia, se origina una controversia que, al ser detectada por el cerebro, éste se auto-recompensa. Y lo hace liberando dopamina, un neurotransmisor que nos produce sensación placentera. Es decir, el humor está íntimamente ligado al sistema de la recompensa que también se activa con la comida, el sexo, las relaciones sociales y en las adicciones", explica Arias Gómez.
Neurológicamente esto es posible porque los músculos de la cara pueden ser movidos por dos partes diferentes del cerebro. "Por un lado las áreas motoras del cerebro, que son capaces de producir gestos conscientes y por otro, las zonas cerebrales responsables de las emociones que, en esta ocasión de forma involuntaria, también conectan con los músculos de la cara para producir expresiones que reflejan una emoción", añade el coordinador del Grupo de Estudio de Neurogeriatría de la SEN, el doctor Marcos Llanero Luque.
EL HUMOR Y LOS FACTORES QUE LO AFECTAN
Por otra parte, el humor está íntimamente ligado al desarrollo cognitivo; por eso, las personas de edades distintas se ríen de cosas distintas. "También está relacionado con la época y la cultura en la que vivamos y, por supuesto, con el carácter de cada individuo en particular. Además, las técnicas de neuroimagen también han visto que hombre y mujeres tienen distintas formas de procesar el sentido del humor", afirma.
Como curiosidad, las mujeres se ríen más y disfrutan más del humor porque la risa activa más en ellas dos áreas concretas del cerebro: las del lenguaje y las de memoria a corto plazo que, a su vez, tiene que ver con la forma en la que se gestionan las emociones; la inteligencia fluida y la capacidad creativa son capacidades que nos ayudan a tener un mayor sentido del humor; y los bebés comienzan a esbozar sonrisas a las cinco semanas de vida.



jueves, 4 de junio de 2015

La prevención del suicidio, un imperativo mundial - Informe de la OMS

Infocop online | 10/09/2014

Hoy, 10 de septiembre, la Asociación Internacional de Prevención del Suicidio (International Association for Suicide Prevention- IASP), junto con la Federación Mundial de la Salud Mental (World Federation for Mental Health) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), celebran el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con el objetivo de priorizar la importancia del desarrollo de políticas nacionales encaminadas hacia la prevención de este problema, que se ha convertido en una seria amenaza para la salud pública mundial.

Coincidiendo con la celebración de este día, la OMS ha dado a conocer los resultados del informe Preventing suicide – a global imperative (La prevención del suicidio, un imperativo mundial). Se trata del primer estudio que ha intentado agrupar datos de un total de 172 países para ofrecer una estimación de la tasa de suicidios mundial, y establecer recomendaciones para su prevención a escala global.

Según la evidencia científica y la información recogida en dicho estudio, en el año 2012 se produjeron unas 804.000 muertes por suicidio, lo que supone una tasa anual mundial de 11,4 por cada 100.000 habitantes, representando el 50% de todas las causas de muertes violentas registradas entre hombres y el 71% entre mujeres.

Si bien los datos pueden estar subestimados, debido a la dificultad para registrar las causas finales de los fallecimientos, la lista de regiones y países con tasas más elevadas de suicidio está encabezada por Guyana (44,2), Corea del Norte (38,5) y Corea del Sur (38,5). En el polo opuesto, con tasas por debajo de 5, se encuentran el norte de África, Arabia Saudí, Indonesia y México, así como España, con una tasa de suicidio de 5,1 por cada 100.000 habitantes.

Los datos también ponen de manifiesto que cada año, por cada adulto que se ha suicidado, otros 20 lo han intentado, lo que da cuenta de la verdadera dimensión e impacto de este problema. Así, se da la circunstancia de que aunque los fallecimientos por suicidio son más frecuentes en hombres (15,0 en hombres frente al 8,0 en mujeres), las mujeres constituyen el grupo con más intentos de suicidio.

Asimismo, el informe arroja luz sobre los grupos más vulnerables, concluyendo que, con respecto a la edad, las tasas de suicidio son más elevadas entre las personas de 70 años o más, tanto en hombres como en mujeres, en casi todas las regiones del mundo. La OMS también advierte de que en algunos países, los jóvenes (entre 15 a 29 años) suponen un nuevo grupo de riesgo, siendo el suicidio la segunda causa principal de muerte en este rango de edad.

A pesar de la elevada incidencia de los suicidios en la población mundial, de los 172 países analizados, solo 28 cuentan con un plan de acción coordinado para reducir el impacto del comportamiento suicida. Según se señala en el informe: “a pesar de que los datos científicos indican que numerosas muertes son evitables, el suicidio con demasiada frecuencia tiene una escasa prioridad para los gobiernos y los responsables políticos”.  El tabú acerca del suicidio y el estigma asociado, constituyen, según los expertos,  importantes obstáculos para que las personas en riesgo acudan a pedir ayuda a los servicios de salud, y los pocos que lo hacen, se encuentran que estos servicios no están preparados para proporcionales la ayuda eficaz que necesitan. Por este motivo, los autores del informe hacen un llamamiento a los responsables políticos, para que prioricen la atención y la prevención del comportamiento suicida en sus políticas de actuación nacionales, independientemente de la tasa de suicidios que afecte a cada país. “Mediante intervenciones basadas en la evidencia y tratamiento y apoyo oportuno y eficaz, tanto el suicidio como los intentos de suicidio se pueden prevenir.  El peso del suicidio no recae únicamente sobre el sector sanitario; tiene múltiples impactos en muchos sectores y en la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, para iniciar un viaje exitoso hacia la prevención del suicidio, los países deben emplear un enfoque multisectorial que aborde el suicidio de una manera integral, reuniendo a los diferentes sectores y grupos de interés más relevantes para cada contexto",establece el informe.
   

La esquizofrenia son ocho trastornos genéticos distintos

Cada uno de los desórdenes tiene un perfil clínico y genético diferenciado

J. P. Valencia | El País | 16/09/2014                                       

No existe un único tipo de esquizofrenia. Esta enfermedad mental que afecta a un 1% de la población mundial responde a ocho trastornos genéticos diferentes, cada uno de ellos caracterizado por un conjunto de síntomas asociados distintos, como publican en The American Journal of Psychiatry investigadores de las universidades de Granada y Washington en Saint Louis (Estados Unidos).
El estudio ha rastreado tanto en los datos genéticos –las variaciones en una sola letra de la cadena del ADN, los llamados SNP- como en las manifestaciones clínicas de la enfermedad (delirios, alucinaciones) de 4.196 pacientes y 3.200 personas sanas como grupo control.
Con toda esta información se agruparon los pacientes en función de las principales alteraciones genéticas observadas –registradas en un centenar de genes- y se compararon con las distintas manifestaciones de la enfermedad. Tras asociar los perfiles genéticos identificados con las diversas expresiones de la enfermedad, los investigadores identificaron ocho tipos de esquizofrenia distintas.
En un extremo, explica, Igor Zwir, investigador de la Universidad de Granada y coautor del artículo, estarían los pacientes con los llamados síntomas positivos, aquellos que sufren alucinaciones y delirios, unas personas que responden mejor a la medicación y suelen tomarla. En el otro extremo estarían aquellos con manifestaciones negativas (falta de iniciativa, problemas para organizar pensamientos, falta de conexión entre emociones y pensamientos), personas con más dificultad de adherencia al tratamiento. “Estos serían los dos extremos, entre estos dos grupos hay otros seis en los que varían tanto los síntomas como su severidad”, añade Zwir, cada uno de ellos con sus particularidades genéticas. Hasta un 90% de los enfermos estudiados en el trabajo encajan en esta clasificación, según el investigador de la Universidad de Granada.
“Lo que hemos hecho con este trabajo es identificar la manera en que los genes interactúan unos con otros, de manera orquestada en el caso de los pacientes sanos, o desorganizada como ocurre en las formas que conducen a las distintas clases de esquizofrenia”, apunta Zwir.
“En el pasado, los científicos habían estado buscando asociaciones entre genes individuales y la esquizofrenia”, apuntan los investigadores, “lo que faltaba era la idea de que estos genes no actúan de forma independiente, sino que lo hacen en conjunto para perturbar la estructura y la función del cerebro, dando así lugar a la enfermedad”.

El hecho de conocer mejor la enfermedad, sus alteraciones genéticas concretas y sus manifestaciones clínicas asociadas puede servir en el futuro para diseñar mejores tratamientos en función del tipo de esquizofrenia de cada paciente. En ello confía Zwir. "No se si llegaremos a una terapia individualizada, pero sí más adaptada a las características de cada persona", indica.

domingo, 31 de mayo de 2015

La tiranía del "me sabe mal".

PSICOLOGÍA
La empatía por exceso o por defecto deja de ser una virtud para convertirse en limitación
Hay que saber decir no y asumir nuestra propia forma de ser

XAVIER GUIX | eL pAÍS | 22/03/2015
                                            
Y de repente asoma a nuestro discurso una especie de lamento que dice: “Lo siento, me sabe mal”. Es difícil afirmar que todo el mundo lo haya dicho al menos una vez, porque los humanos podríamos dividirnos entre aquellos a los que les cuesta horrores aceptar sus faltas y los que se precipitan en atribuirse todas las culpas, es decir, que casi todo les sabe mal. La empatía, por exceso o por defecto, pierde su condición virtuosa para devenir en una limitación.
Exploremos ese “me sabe mal” más allá de su uso protocolario, aquel que resuelve de un plumazo una situación que no tiene solución, o no da más de sí. Es esa carita que ponen los profesionales cuando tienen que decirte que no. Es también el intento de amigos o familiares de empatizar, algo forzadamente, cuando no están por resolver nuestras expectativas.
“El alma desordenada lleva en su culpa la pena” -  San Agustín
Tampoco se tratará el tema como justificación. Quien más, quien menos se ha escudado alguna vez en lo mal que le sabe no poder correspondernos.
En todos estos casos funciona la convención. Lo que se experimenta no es un verdadero sentimiento, sino un mero uso del lenguaje despojado de su significado literal, con fines meramente protocolarios. Sin embargo, para muchas personas, lo que les sabe mal, les sabe muy mal, tan mal que su vida queda condicionada por ese tirano que les muestra su rostro más débil.
Sin duda quienes llaman la atención son aquellas personas que siempre tienen en la boca el “me sabe mal” y que de verdad lo sufren. ¿Qué les ocurre? Que viven de la pena ajena, que se hacen cargo del sufrir de los demás, que acarrean con lo que los otros deberían resolver por sí mismos. Les puede su corazoncito buenista. No saben cómo decir que no y, sobre todo, anticipan la culpa que sentirían de quedarse con los brazos cruzados o de ir a su conveniencia.
Las personas que dan más valor a los demás que a sí mismas no acaban de ser conscientes de que, con el tiempo, han creado un patrón de comportamiento basado en la culpa anticipada, aunque no la tengan. De repente, se notan tan débiles que prefieren cargar con la situación en lugar de atravesar ese sentimiento culpatorio. Se han metido en un complejo dilema: ¿cómo se puede ser feliz si para ello alguien saldrá damnificado?
Sin duda, para algunas personas el tema del merecimiento no está nada claro. Pasan por la vida como deudoras y creen de veras que no merecen nada. Y mucho menos si, por lograr sus propósitos, otros tendrán que fastidiarse. Toda la atención la tienen puesta en un único objetivo: no molestar.
Padres a quienes les sabe mal haber regañado a los hijos, luego les compensan exageradamente. Parejas que han roto viven un auténtico calvario porque quien lo ha dejado o ha llevado la iniciativa no soporta ver sufrir al otro. Es tanta la pena que prefieren volver, malvivir en la relación, antes que sostener ese dolor y atravesarlo de una vez. Quien sufre de debilidad emocional se acaba uniendo a los demás a través de la culpa.
Existe otra manera aún más rebuscada de usar el “me sabe mal”. Es una práctica habitual de las personas adictas a la inmediatez, de las que no saben esperar, de las precipitadas. Dado que no pueden contenerse, lo fuerzan todo y se fuerzan a sí mismas. Dicho llanamente, “la lían” y luego les sabe mal.
“Lo que se mueve por sí mismo es inmortal” -  Platón
Llegados a este punto ocurre algo curioso. Una vez liada, en lugar de dejar las cosas en su sitio, siguen adelante con los compromisos, solo que ahora por obligación. Como les sabe mal, pagan su penitencia aguantando el chaparrón, procurando quedar lo mejor posible. De ahí la frase anterior de san Agustín. No obstante, esa es siempre una mala solución, un grave error, porque entonces todo va a la deriva. Prefieren hundirse con la situación a reconocerla, a asumir su error: “Lo siento, me precipité”. Es preferible el coraje de ser sinceros a malvivir en una mentira, por muy extraordinaria que sea.
Muchas de estas dificultades tienen su origen en lo que el filósofo Soren Kierkegaard denominó “la enfermedad mortal”. Entre otras cosas, la describe como la desesperación del hombre por no querer ser uno mismo o querer desesperadamente ser uno mismo. O pecamos de debilidad, o pecamos de obstinación.
No es tarea fácil la asunción de nuestra propia forma de ser. No nos enseñan a ser nosotros mismos, sino a serlo según mamá o papá, según la familia, según los modelos sociales, según la tradición, según la religión, según… Cuando realmente somos como queremos se produce la paradoja de que nos sabe mal. Asumir nuestra propia esencia es una tarea de por vida, que queda abortada cada vez que lamentamos ser como somos.
Preguntas a hacerse antes de sentirse culpable
¿Hasta qué punto la capacidad de empatizar me está confundiendo?  /  ¿Hay alguna verdad que trato de ocultar?  /  ¿De verdad, de verdad que me sabe tan mal?  /  ¿Me cuesta expresarme con sinceridad?  /  ¿Siento que no voy a poder ver sufrir al otro?  /  ¿Me estoy haciendo cargo del dolor ajeno?  /  ¿Anticipo algún sentimiento de culpa?  /  ¿Estoy aguantando la situación porque me he precipitado?  /  ¿Tengo un sentimiento de no haber obrado bien?  /  ¿Me siento mal por ser yo mismo?

“La moral descansa naturalmente en el sentimiento” -  Anatole France
Visto de esta manera, cuando algo nos sabe mal quizá se expresa una conciencia moral. Por muchas razones que justifiquen nuestra conducta, el sentimiento nos advierte que algo, para nosotros, no está bien con relación a nuestra actitud. Ante nuestros ­dilemas morales, disponemos de una brújula interior, de un sentimiento moral, que acompaña y distingue el bien y rechaza el mal.
Solo tres palabras, “me sabe mal”, designan algo cuyo sabor es amargo, difícil de tragar o que nos deja mal cuerpo. Esas tres palabras intentan describir cómo se organiza en nuestro interior un desajuste exterior. Lo que sabe mal, como el asco, pretende ser expulsado para sentirnos aligerados. Si se queda dentro, sufriremos. Si se arroja hacia fuera de cualquier manera, también. Si tratamos de disimular, aún será peor. A menudo, la única manera de resolver lo que nos ha sabido mal es ingerir algo que nos sepa bien. Algo que, como la alquimia, transforme el sabor. Y ese algo pasa por el movimiento y por el sonido, es decir, por los gestos y las palabras. Gestos amables y palabras de corazón. Cuando es así, nada sabe mal.