martes, 18 de agosto de 2015

Vivir tras una coraza

PSICOLOGÍA
Hay personas que tienen tanto miedo a ser heridas que terminan viviendo a la defensiva
Se muestran frías y desafiantes en un intento por lograr el control sobre su entorno

BORJA VILASECA | EL PAIS | 18/01/2015

Muy pocas personas miran fijamente a los ojos cuando hablan con sus interlocutores. Debido a la falta de seguridad, o de costumbre, suelen desviar la mirada a la nariz o la boca. Sin embargo, hay quienes no saben mirar de otro modo, clavando sus ojos de forma directa, franca y honesta. Y cuando uno se encuentra con alguien que mira así, muchos se pueden sentir algo incómodos e incluso intimidados.
No es casualidad que a estas personas se le cuelgue el sambenito de desafiadores. Quienes van de cara por la vida suelen irradiar un aura de poder y fuerza. De hecho, suelen ser individuos que enseguida están al mando de la situación. Nadie pone en duda que son líderes natos. Y que desprenden un magnetismo de lo más seductor. Sin embargo, su liderazgo a menudo deviene en autoritarismo, en especial cuando se sienten amenazados. Es entonces cuando aflora su enorme visceralidad, arremetiendo con ­dureza y agresividad a quienes se atreven a confrontarlos.
La mejor defensa no es un buen ataque. La mejor defensa es no sentirse atacado” - Gerardo Schmedling

Están tan acostumbrados a imponer su voluntad sobre los demás que no soportan que nadie les diga lo que tienen que hacer. Poseen madera de jefes y algún que otro rasgo de tiranos. Más que respeto, los demás les tienen miedo. No es muy recomendable cuestionar su autoritarismo. Ni mucho menos discutir o pelearse con ellos. Cuando piensan que alguien ha actuado de manera injusta, se sienten legitimados a contraatacar de forma violenta. El fuego que anida en sus entrañas tan solo necesita de una pequeña chispa para estallar en llamas, quemando todo aquello que obstaculiza su paso.
El justiciero que llevan dentro quienes viven a la defensiva les dota de una fuerza sobrenatural, ayudándoles a desarrollar un instinto protector al servicio de los suyos, o de aquellos que consideran más vulnerables y débiles. Y para no perder el dominio de sí mismos, tratan desesperadamente de controlar cualquier situación. Los individuos que poseen este tipo de personalidad no resultan fáciles de conocer. Viven detrás de una coraza. Cuanto más en conflicto entran con los demás, más se protegen y se encierran en sí mismos. En casos extremos terminan por aislarse de su entorno social, pudiendo llegar a vivir como ermitaños.
Para que estos desafiadores bajen la guardia es fundamental que comprendan las ­motivaciones ocultas que les llevaron a tomar el escudo y a desenfundar la espada en primer lugar. Por más que les moleste reconocerlo, son como los cangrejos: muy duros por ­fuera y extremadamente blanditos por dentro. Su apariencia hostil y fuerte no es más que una fachada, un mecanismo de ­defensa que han desarrollado desde niños para que nadie vuelva a hacerles daño. Y también para tratar de que nada, ni nadie, pueda dominarlos.
“Prefiero sufrir una injusticia que cometerla” -  Sócrates

Quienes viven tras una coraza comparten un mismo tipo de recuerdo. En muchos casos, algo sucedió cuando todavía eran niños inocentes e indefensos. Tal vez un cambio de colegio. Una separación de los padres. Un accidente. Abusos y maltratos de cualquier tipo, o la muerte de un ser querido. No importa tanto el qué, sino cómo interpretó el suceso la persona que lo vivió. A raíz de afrontar alguna situación adversa suele tomar conciencia –siendo todavía muy niño– de que el mundo es un lugar amenazante, injusto y violento, donde solo los fuertes y los duros consiguen sobrevivir.
Esa es precisamente su herida. La que nace de haber conectado con su propia vulnerabilidad. Al negar y condenar esta debilidad, esa persona empieza a construir, ladrillo a ladrillo, una muralla que lo proteja de volver a sufrir. Paradójicamente, al vivir a la defensiva, con el tiempo se convierten en adultos controladores y dominantes. Y también hiperreactivos. Es decir, que están a la que saltan. Por eso suelen mostrarse tan agresivos y cosechan multitud de conflictos.
Los problemas derivados de este tipo de actitud van más allá. Una vez cesa la lucha, estas personas tienden a culpar a los demás por el sufrimiento que han experimentado. Y al hacerlo, se sienten legitimados para castigar a sus supuestos agresores. Pueden llegar incluso a vengarse de ellos de forma cruel. Al mismo tiempo también se culpan a sí mismos del sufrimiento que consideran que han causado a los demás. Es entonces cuando, en un intento desesperado por redimirse, pueden llegar a hacerse daño a sí mismos, tanto física como emocionalmente.
Solo podemos perdonar cuando comprendemos que el otro nunca nos ha hecho daño” Irene Orce

Llegados a este punto, cabe diferenciar entre el dolor físico y el sufrimiento emocional. Es cierto que tenemos el poder de matarnos unos a otros. Pero nadie nos ha hecho sufrir sin nuestro consentimiento. Los demás pueden tomar decisiones que nos perjudican directamente, o comportarse de una forma con la que no estamos de acuerdo. Pueden incluso insultarnos a la cara. Pero analizamos estas situaciones detenidamente, nos damos cuenta de que lo que sentimos no tiene tanto que ver con lo que ha sucedido, sino con nuestra interpretación de los hechos.
El punto de inflexión en la vida de quienes viven detrás de una coraza llega el día en que empiezan a cuestionar una creencia tan falsa como limitante: “Los demás son la causa de mi sufrimiento”. Es entonces cuando comprenden que el poder –el de verdad– no consiste en vivir a la defensiva o tratar de controlar, sino en ser verdaderamente dueños de sí mismos. Para lograrlo, han de dejar de ser reactivos para empezar a cultivar la responsabilidad. Es decir, deben aprender el arte de responder de forma proactiva frente a cada situación adversa y cada persona conflictiva con la que se cruzan.
La culpa existe en una sociedad victimista, una que condena el hecho de que las personas necesitemos cometer errores para evolucionar. Por ello, el gran aprendizaje vital de estos desafiadores pasa por perdonarse a sí mismos por los errores cometidos en el pasado, lo que les permitirá liberarse del sentimiento de culpa que cargan a sus espaldas. Ese es precisamente el significado de la palabra “inocencia”: el estado del alma libre de culpa. Solo así pueden perdonar a quienes consideran que les agredieron: llegando a comprender que, más que maldad, el motor de los errores de los demás fue la ignorancia y la inconsciencia. Vivir sin coraza implica aceptar y sentir la propia vulnerabilidad. Esta es la auténtica fortaleza.

martes, 11 de agosto de 2015

Salud destina 2,6 millones para frenar los hábitos adictivos

SANIDAD | Plan de Salud 2013-2020
Las ayudas promoverán programas de prevención y conductas de vida saludables

MIKEL SEGOVIA | Bilbao | El Mundo | 19/07/2015

El Departamento de Salud destinará 2,6 millones de euros en ayudas destinadas a entidades locales y asociaciones sin ánimo de lucro para el desarrollo de programas de prevención comunitaria y la puesta en marcha de proyectos para reducir los riesgos y daños en distintas adicciones. Englobado dentro del programa de impulso de los hábitos saludables previsto en el Plan de Salud 2013-2020 y el VI Plan de Adicciones, la consejería de Jon Darpón aspira a promover el desarrollo de políticas y acciones que promocionen entre la población estilos de vida saludables.

Las ayudas se convierten en una aportación directa desde las instituciones para luchar contra un fenómeno, el de las adicciones, y hacerlo en colaboración y coordinación con otros colectivos e instituciones. La lucha contra las adicciones es una de las áreas prioritarias establecida en el Plan de salud del Ejecutivo vasco. La Orden que regula estas ayudas, aprobada esta semana, contempla tres líneas de actuación fundamentales. Se otorgarán subvenciones para la creación y mantenimiento de equipos técnicos de prevención comunitaria a cargo de entidades locales. Además, las organizaciones locales podrán acceder a un segundo bloque de ayudas que se dedicará al desarrollo de programas de prevención de adicciones, así como de promoción de conductas saludables.
Por último, las entidades de iniciativa social sin ánimo de lucro podrán solicitar ayudas para proyectos de prevención y de reducción de riesgos y daños, así como de promoción de conductas saludables.
La citada Ley de Adicciones aprobada por el Gobierno vasco prevé la adopción de medidas contra fenómenos adictivos como el juego, el uso de las tecnologías digitales, además de las adicciones más habituales como el alcohol o el tabaco.

La nueva norma prohíbe fumar en estadios de fútbol, plantea restricciones al consumo de alcohol en la calle y fija límites para el consumo del cannabis en clubes de consumidores.


miércoles, 5 de agosto de 2015

¡Viva la jornada intensiva! (y, por si fuera poco, adelgaza)

PSICOLOGÍA
Los beneficios del horario de verano son insondables. No es solo la vida social: su salud también mejora

MIGUEL ÁNGEL BARGUEÑO | El País | 21/06/2015

Tres de la tarde: fin de la jornada laboral. Durante gran parte del año, es una utopía para la inmensa mayoría de trabajadores que salen de casa con el desayuno en la boca para regresar poco antes de la cena. Pero llega el verano, con sus efluvios relajados y permisivos, y en muchas empresas se avienen a condensar la estancia de sus empleados en sus oficinas. Lo cual no quiere decir que sea para trabajar menos, desde luego. Expertos en recursos humanos y catedráticos de Economía pregonan que trabajar más horas no significa producir más. Entre un alto porcentaje de trabajadores provoca alborozo: pese al obligado madrugón (la hora de entrada se suele adelantar), disponer de la tarde libre para dedicarla a la familia, ir al cine, tomar el sol, leer un libro, hacer sudokus, buscar ese bañador inexistente que nos sienta bien, hacer ganchillo o pintar al óleo —lo que les dé la real gana—, siempre compensa. Y por si fuera poco, un médico también se lo aconsejaría. Estos son los cinco beneficios para su salud del horario de verano.
1. Reduce el estrés. Con frecuencia tenemos la impresión de que nuestra vida es una carrera constante: corremos para que los niños no lleguen tarde al colegio, para fichar a tiempo en la oficina… Partir el día en dos puede ser una buena manera de centrarnos en el trabajo cuando es necesario y dedicarnos a otras cosas que lo requieren: eso nos libera de mucha presión. “Los psicólogos llamamos 'doble presencia' a esa situación tan habitual de estar físicamente en el trabajo, pero mentalmente con tus obligaciones familiares. Eso genera mucho estrés y mucho malestar, que con la jornada intensiva se puede evitar”, afirma Elisa Sánchez Lozano, psicóloga y coach, y portavoz del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Las tardes libres también fomentan nuestra vida social, importante para descargar preocupaciones. “Contar lo que te ocurre a tus amigos y sentir que alguien empatiza contigo es un buen antídoto contra el estrés”, añade. Recordemos que las consecuencias de esta tensión permanente vandel resfriado a la recaída en adicciones.
2. Aumenta la autoestima. Meternos en la cama convencidos de haber exprimido el día al máximo, repartiendo en su justa proporción el tiempo entre trabajo, ocio y familia, es todo un halago a nuestra autoestima, como asegura Sánchez. “Percibes que has cumplido tus objetivos. Te sientes mejor profesional y al mismo tiempo, si puedes ir al cine después, el balance te sale más pleno”, explica.
Percibes que has cumplido tus objetivos. Te sientes mejor profesional y, al mismo tiempo, si puedes ir al cine después, el balance te sale más pleno" (Elisa Sánchez, psicóloga)
3. Facilita la práctica del deporte. Con este horario de trabajo ya no vale la vieja excusa de que no hacemos deporte por falta de tiempo. Al contrario de lo que ocurre con la jornada partida, que suele borrar de nuestras agendas el espacio para cualquier actividad que sirva para ponernos en forma, con la jornada continua disponemos de toda la tarde por delante (con la lógica precaución de no excedernos con el ejercicio al aire libre en las horas de más calor). Ahora sí que podemos darnos el gusto, por ejemplo, de dedicar una hora entera a caminar, una actividad apta para casi todo el mundo y que contribuye a tener una vida más larga, según un estudio de la Sociedad Americana del Cáncer.
4. Aligera la dieta. La jornada comprimida obliga a adelantar el despertador y, aunque debemos asegurarnos de que eso no reduce las necesarias siete u ocho horas de sueño (hay que acostarse antes), puede ser un salvoconducto a una dieta más baja en calorías. Porque, atención: quienes se levantan tarde tienden a consumir 248 calorías de media más al día que los madrugadores. Lo dice un estudio de la Universidad de Northwestern, en Illinois (EE UU). ¿A qué se debe? Según su análisis, las personas que se acuestan y se levantan tarde ingieren más calorías en la cena, más comida rápida, menos frutas y verduras y, en consecuencia, pesan más que aquellas que se van pronto a la cama y se levantan temprano.
Pero, por desgracia, no todo es tan bonito como suena. Según otro estudio, realizado por investigadores españoles y publicado en 2013 en el International Journal of Obesity, quienes comen antes de las tres de la tarde pierden un 25% más de peso que quienes lo hacen después de esa hora. Maldición. ¿Con la jornada intensiva no puedo comer hasta pasadas las tres? Cierto. Por eso, para no llegar al almuerzo hambriento como un lobo, extreme la regla de las seis comidas al día: desayune fuerte y tome un tentempié a media mañana.

5. Mejora nuestro humor. Trabajar muchas horas agota: llegamos a casa con ganas de derrumbarnos en el sofá y cara de pocos amigos. “La fatiga, física o mental, afecta al estado de ánimo, al humor”, sostiene la psicóloga. ”Es muy difícil mostrar una sonrisa cuando estás cansado físicamente o sientes que tu día no ha sido productivo”. Por el contrario, el horario estival propicia (siempre que durmamos como es debido) que al final del día nos encontremos menos cansados. Incluso, con algo de suerte, después de comer hemos podido echarnos una cabezada en nuestro sillón favorito. Piense en esta palabra: “Siesta”. ¿No se le ilumina el rostro? Según Javier Puertas, jefe del servicio de Neurofisiología y la Unidad de Sueño en el Hospital Universitario La Ribera, ha de durar 30 minutos y no alargarse más allá de las 16.30 horas. ¿Beneficios? Mejora la salud cardiovascular. Disfrútelo mientras pueda: en otoño los días volverán a ser muy largos.


domingo, 2 de agosto de 2015

¿Nos sientan bien los elogios?

PSICOLOGÍA
Aceptar los cumplidos no resulta sencillo: exige grandes dosis de humildad, evitar caer en la tentación vanidosa y saber distinguir entre los interesados o tóxicos y los verdaderamente sinceros

JENNY MOIX QUERALTÓ  | El País | 10/07/2015
                                                                 
En un rincón de su estudio, una chincheta sujetaba en la pared tres corazones de cartulina. Cada uno de ellos contenía un mensaje escrito con un grueso rotulador rosa: “Bonita sonrisa”, “Entusiasta” y “Divertida”. Cuando los ojos de María se cruzaban con esos corazones, se detenían un instante para sentir ese aire cálido que le dejaban dentro. Provenían de un taller de autoestima en el que había participado tres años atrás. Concretamente, de un ejercicio en el que los participantes anotaban en un corazón alguna característica positiva del resto de compañeros. De tal manera que cada uno recibía corazones anónimos con sus bondades.
A María ese ejercicio le había sentado estupendamente. De hecho, la caricia emocional y el empuje que notó en su día todavía resurgían al releer esas palabras rosas. ¿A todos los participantes les sentó igual de bien? Probablemente no, pues en este tipo de ejercicios las ­reacciones suelen ser muy diversas. A diferencia de nuestra protagonista, algunas personas no digieren bien las alabanzas. No les entran. Por sus neuronas pueden circular ideas como: “Lo han dicho porque tocaba”. Si nuestra autoestima está dañada, las palabras bonitas, por muy sinceras que sean, caen en saco roto. Los psicólogos experimentamos a menudo la aguda sensación de inutilidad al intentar y no conseguir transmitir su valía a una persona. Les prestarías tus ojos para que se vieran a través de ellos.
Un elogio sincero es un termómetro de cómo nos ven desde fuera” - Ferran Ramon-Cortés

Rehusamos los elogios cuando creemos que no somos dignos de ellos. Pero este es solo un motivo. A veces, el rechazo del piropo es una maniobra inconsciente de nuestro ego. “No, no es cierto”, respondemos, deseando, con un fervor no reconocido por nuestra conciencia, que nos lo repitan y, si puede ser, lo agranden aún más. Tal como sugiere François de la Rochefoucauld, “rechazar una alabanza es desearla el doble”. En otras ocasiones no reaccionamos nosotros, sino nuestro cuerpo. Enrojecemos y hundimos la cabeza como si nos quisiéramos fundir en el ambiente. Rabindranath Tagore lo describe con sutileza: “Me avergüenza la alabanza porque me satisface en secreto”.
No aceptar los aplausos se ha vuelto casi una cuestión de educación. Con su aceptación podríamos estar sugiriendo que creemos merecerlos. Y eso, paradójicamente, en esta sociedad no está bien visto. Así que aunque pensemos que nuestro trabajo está bien, si alguien nos lo confirma, lo suyo es ponernos el traje de la falsa modestia y seguir las varias alternativas que nos sugiere el protocolo. La primera consiste en empequeñecer nuestro trabajo: “No, no es para tanto, era fácil”. La segunda, en rebotar el elogio: “Lo que está realmente bien es lo que has hecho tú”. La lista puede expandirse hasta la orilla de nuestra creatividad. Las retorcidas reglas sociales apuntan que lo correcto es no aceptarlos.
Aunque aceptar elogios nos parece propio de personas vanidosas, en el fondo es señal de humildad. Las inseguridades pululan en el interior de todos los humanos. Es una de nuestras señas de identidad. Preparas un pastel, lo pruebas y está exquisito, pero… ¿les gustará a los amigos que vienen a cenar? Esos titubeos siempre tintinean dentro de nuestras cabezas.
Justamente porque somos humanos y las inseguridades se apropian de nosotros, si alguien nos dice: “Qué rico está el pastel”, lo recibimos como un auténtico bálsamo. Necesitamos y debemos aceptar los elogios justamente porque somos humanos. La aceptación de un elogio es una muestra de humildad, con ella estamos diciendo que lo necesitamos. La arrogancia sería actuar como si no los requiriéramos porque la seguridad en nosotros mismos es total.
Años atrás vino a mi despacho un alumno a revisar la nota de un examen. Había obtenido un 4,5 y quería que lo aprobara. Le comenté que era imposible. La asignatura se aprobaba con un 5 y no podía hacer excepciones. Y me soltó: “¡Jenny, tú que eres tan simpática!”. Ahora lo recuerdo y sonrío. Existen elogios manipuladores. Algunos, como este caso, son más evidentes, otros andan camuflados.
¿Cómo desenmascarar a los camuflados, cómo distinguirlos de los auténticos? Difícil. Las investigaciones sobre cómo detectar engaños no arrojan resultados contundentes, ni conectando a una persona a un gran aparataje para descubrir sus mentiras somos capaces de acertar. Podríamos pensar que el camino es seguir lo que nos dice el corazón, pero incluso él se despista a menudo. Quizá la cuestión no sea diferenciar los elogios auténticos de los que no lo son, sino fijarnos adónde nos llevan. Supongamos que después de masajearnos el ego, explicándonos lo bien que lo hacemos todo, nos piden que realicemos un proyecto y lo aceptamos. Aquí lo importante no es tanto si el elogio era real o falso, sino si realmente nos apetecía realizar el trabajo.
A veces los elogios pasan de bálsamo a convertirse en droga dura. No podemos vivir sin ellos. Y entonces caemos en la trampa mortal de olvidarnos de lo que realmente nos gusta para ir hacia la búsqueda descontrolada de nuestra dosis. El ritmo de la sociedad industrializada nos ha traído elogios homogeneizados e instantáneos: los “me gusta” de Facebook son un buen ejemplo.
Los elogios tienen peligro: creerse que uno se ha vuelto infalible y vuela por encima del bien y el mal. Hay que relativizarlos”  - Javier F. Maroto

Conversando con una alumna, me confesaba que a ella le costaba horrores elogiar a los demás. No estoy hablando de una chica fría y desalmada, sino todo lo contrario. Le pregunté si el motivo era que no encontraba nada para ensalzar. “No es eso, de hecho encuentro muchas cosas dignas de admiración, pero no me atrevo a expresarlo. A veces, lo único que consigo es elogiar indirectamente, como en broma”. Al expresarnos sinceramente, nos mostramos, nos exponemos, pero la alternativa, cerrarnos, impide crear sólidos hilos de unión.
No todos los elogios sientan igual. Los hay que saben a interés y resultan más bien tóxicos. Otros huelen a formulismo y nos dejan impasibles. Los que realmente nos nutren son los que salen del alma. En particular, nos gustan los concretos, no es lo mismo “buen trabajo” que “me gusta cómo está redactado tu trabajo, los esquemas que empleas y la presentación”. Si decimos las cosas en el momento en que se “tienen que decir”, parece demasiado protocolario. Un amigo nos enseña su piso, el “qué bonito es” en el mismo momento puede parecer porque toca. Si se lo repetimos al día siguiente por teléfono, la verosimilitud de nuestra opinión se multiplica. Son detalles esenciales que a menudo olvidamos.
Si el simple aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo, ¿qué pasaría si hoy todos nos pusiéramos de acuerdo en regalar elogios sinceros? 

Nota.- El artículo era más largo, he borrado algunos párrafos. Si a alguna persona le interesa leerlo completo lo puede encontrar en el periódico y fecha que se indica al principio del artículo. Saludos.





jueves, 30 de julio de 2015

La conexión entre 'la tele' y el acoso escolar.

INFANC IA | Riesgos
·        Asocian un consumo excesivo con una mayor victimización
·        La 'caja tonta' deja menos tiempo para la interacción
·        La edad preescolar es crítica para la inteligencia emocional
·        Ver la 'tele' deja menos tiempo al juego, clave en el desarrollo
CLARA MARÍN | Madrid | El Mundo | 18/07/2015

Desde que la televisión irrumpió en nuestras vidas, son muchos los estudios que han analizado sus efectos, especialmente en los niños. Durante los últimos años, varias asociaciones de pediatría de todo el mundo han advertido que los pequeños pasan demasiado tiempo pegados a la caja tonta. Y es que, a pesar de que la Asociación Americana de Pediatría desaconseja que los menores de dos años vean la televisión y que, los que sobrepasan esa edad no lo hagan más de una hora o dos al día, lo cierto es que muchos niños en edad preescolar consumen más de cuatro horas diarias de tele.

Los efectos que esto tiene han sido ampliamente documentados por médicos, sociólogos, y psicólogos. Ahora, un estudio publicado en la revista Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics va un paso más allá y relaciona el consumo televisivo con uno de los mayores problemas educativos y sociales de nuestra época: el acoso escolar.

Concretamente, los autores de esta investigación relacionan el ver demasiado la televisión a la edad de 29 meses con un mayor riesgo de ser victimizado en la escuela a los 12 años. Básicamente, los investigadores consideran que un consumo de televisión excesivo puede ir en detrimento de las competencias sociales del niño y de cómo éste maneja los conflictos interpersonales, lo que le puede perjudicar a la hora de tener que afrontar los retos sociales a los que se enfrentará en el colegio.
"Pasar más tiempo viendo la televisión deja menos tiempo para la interacción con la familia, que sigue siendo el principal vehículo de socialización del niño", puede leerse en el estudio. Además, la exposición temprana a la tele está asociada a un "déficit en el desarrollo de las funciones cerebrales que manejan la resolución de problemas con otras personas, la regulación de las emociones y las habilidades para jugar con otros niños de la misma edad", Además, y esto es algo a lo que los investigadores dan mucha importancia, ver la televisión a edades muy tempranas dificulta el establecimiento del contacto visual entre personas, "la forma más poderosa de comunicación entre seres humanos".

"La inteligencia emocional es como el coeficiente intelectual, nacemos con ese potencial, pero necesitamos interactuar con otras personas y objetos de nuestro entorno para poder desarrollarlo totalmente. Ver más tiempo la televisión significa que hay menos tiempo para jugar y para las actividades sociales en las que intercambiamos ideas e información", explica a este periódico Linda S. Pagani, investigadora de entornos de enseñanza en la Universidad de Montreal (Canadá) y una de las autoras de este estudio.

Teniendo en cuenta todo esto, los investigadores documentaron la cantidad de tiempo que una cohorte de niños nacidos en 1997 pasaba viendo la televisión y, años después, cuando los niños estaban en primaria, examinaron cuántos de ellos estaban siendo victimizados en sus clases.
A través de cuestionarios, se les preguntó a las madres cuántas horas al día pasaban sus hijos viendo la televisión (incluyendo películas) en una semana y en un fin de semana típico. Más tarde, cuando los niños tenían 12 años, fueron ellos mismos quienes respondieron con qué frecuencia eran victimizados o no en clase: se les preguntó cada cuánto tiempo les insultaban, les empujaban, les golpeaban, terceras personas les decían cosas malas a otros niños sobre ellos, o eran forzados a dar a otro niño algo que les pertenecía.

Los resultados han puesto de manifiesto que una exposición mayor a la televisión está asociada con un incremento en la victimización por parte los compañeros de clase. Concretamente, se observó que ver la televisión a los 29 meses se asociaba con un 6% más de acoso a la edad de cinco años, y un 10% más al cumplir los 10.

Para Jesús García Pérez, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social, "esto es algo que ya se sabía". Este pediatra explica a EL MUNDO que "un consumo excesivo de televisión perjudica el desarrollo intelectual del niño, y les hace ser un poco más pasivos y tener menos tolerancia a la frustración". Además, cuenta, "al ver la televisión, suelen ser niños que se aíslan, que se hacen más introvertidos y un poco más pusilánimes, con lo cual, son el objetivo de los matones de la clase, que se dirigen a los niños aparentemente más débiles".
Un período crítico
Además, tal y como explican los investigadores de la Universidad de Montreal, la etapa preescolar es un período crítico, porque es aquí donde se empiezan a desarrollar la inteligencia emocional, la comunicación y las habilidades personales. También resaltan que el tiempo que los niños están viendo la televisión es un tiempo en el que no están jugando, y esto es algo muy relevante, porque el juego les permite ser creativos, y además "proporciona a los padres una oportunidad para conocer cómo los niños interactúan a nivel social y emocional".

"Hay que ser más lúdicos con los niños, participar con ellos, estimularles más", opina García, quien recuerda que "la televisión en sí no es mala, lo que es malo es el control (o la ausencia de) que hacemos los adultos de ella". Tal y como apunta este experto, un consumo excesivo de televisión tiene, además de los que se exponen en este estudio, otros efectos, como por ejemplo, el sedentarismo: "el consumo abusivo de televisión hace que estos niños tengan tendencia a la obesidad, que sean más sedentarios y hagan menos deporte". Igualmente, ver demasiado la tele cuando eres niño también se asocia con un mayor rendimiento académico.

El pediatra explica que "a este mismo estudio, se le podría dar la vuelta", ya que, tal y como indica, "muchos niños que están siendo acosados en el colegio ven la televisión como una especie de evasión, y descargan su ira a través de videojuegos violentos". García apunta que el efecto de la televisión se puede extender a "todas las pantallas", esto es, también a ordenadores, tabletas y móviles. Todos ellos, explica, generan dependencia, y cuando los niños no los tienen, "se ponen muy nerviosos, como con síndrome de abstinencia".

No obstante, sería absurdo pretender reducir un problema tan complejo como el bullying a una sola cosa, y afirmar que la televisión es la única culpable del acoso en los colegios. Es por esto que la investigación que puede leerse en las páginas del Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics también ha tenido en cuenta otros factores, como el nivel educativo de la madre, la economía familiar, la estructura de la familia, los problemas conductuales, el estrés emocional del niño, y el género. Y han encontrado variaciones interesantes, como que los hijos de madres solteras o con un menor nivel educativo están más expuestos a la televisión, y consecuentemente, a sus riesgos.



domingo, 26 de julio de 2015

Halladas dos de las grandes causas genéticas de la depresión

Un consorcio internacional halla los dos genes clave asociados a este complejo trastorno

JAVIER SAMPEDRO | El País | 15/07/2015

“Estar con la depre” se ha convertido en nuestro tiempo en un poco menos que un chiste o una banalidad. Pero hay un tipo de depresión –el trastorno depresivo mayor, o depresión clínica— que no tiene la menor gracia, sobre todo para quien la padece: se asocia al 60% de los suicidios. Sus causas son complejas, pero a partir de hoy ya no cabe duda de que la genética está entre ellas. Secuenciando parcialmente el genoma de 5.303 mujeres chinas con depresión clínica, un consorcio científico internacional ha hallado dos genes en el cromosoma 10 con un papel protagonista.
Uno de los genes es un viejo conocido de los biólogos. Se llama SIRT1, y está implicado en la generación de mitocondrias, los orgánulos (pequeños órganos) que nutren a la célula de energía. Es la primera evidencia de las mitocondrias están implicadas en este trastorno mental. Sobre la función del segundo gen (llamado LHPP) las pistas son muy escasas por el momento, aunque eso no impedirá que se pueda utilizar con fines diagnósticos. En cualquier caso, es probable que haya más genes implicados.
Es la primera evidencia de las mitocondrias, los orgánulos (pequeños órganos) que nutren a la célula de energía, están implicadas en este trastorno mental
En el estudio han intervenido científicos de China, Dinamarca, Alemania, Japón, Arabia Saudita, Reino Unido y Estados Unidos, coordinados por Jonathan Flint, de la Universidad de Oxford. Presentan sus resultados en Nature.
“De todas las enfermedades humanas complejas, el trastorno depresivo mayor (MDD, por sus siglas inglesas) se ha revelado como la más complicada de entender”, comenta en un ensayo Patrick Sullivan, genetista y psiquiatra del Instituto Karolinska de Estocolmo. El trastorno ha recibido la atención de los investigadores durante décadas, pero hasta ahora no se sabía nada sólido sobre sus fundamentos biológicos. Un estudio reciente con más de 9.000 personas no logró localizar las variantes genéticas sospechosas.
Uno de los mayores problemas para estos estudios de asociación genética ha sido, de hecho, previo a la genética: la mera definición del trastorno. Como dice Sullivan, “la tristeza es una parte normal e integral de la condición humana”. Solo cuando se hace persistente, recurrente e incapacitante, con trastornos del sueño y del apetito, dificultades cognitivas y tendencias suicidas, se puede hablar de depresión clínica, o MDD. “Pero ¿dónde trazar la línea entre normalidad y patología?”, se pregunta el psiquiatra.
Las dos variantes genéticas no son específicas de China y son anteriores a la salida de África de la pequeña población de humanos modernos que se extendió por el resto del planeta.
Los científicos del consorcio se dieron cuenta de que el gran problema es la heterogeneidad del trastorno: que los mismos síntomas depresivos pueden deberse en una persona a la genética, y en otra a las miserias biográficas, como estar entrampado con el banco, ser víctima de acoso o haber chocado contra la frasca. Con esa población heterogénea, no hay forma de detectar los genes implicados, ni aun con grandes muestras.
Por eso decidieron restringirse solo a China, solo a mujeres, y solo a las que habían mostrado múltiples episodios y habían buscado atención psiquiátrica. La prevalencia de la depresión en China es menor que en los países occidentales, y por eso restringirse a China –razonaron los científicos— reduciría los casos debidos exclusivamente a factores ambientales: reduciría el ruido que ocultaba los factores genéticos. La estrategia ha funcionado.
Curiosamente, las dos variantes genéticas que han descubierto no son específicas de China, ni mucho menos. Ambas son antiguas, anteriores a la salida de África de la pequeña población de humanos modernos que se extendió por el resto del planeta, y, por tanto, están presentes en todas las poblaciones del mundo. Las causas genéticas de la depresión han acompañado siempre a nuestra especie. Las hipotecas se inventaron más tarde. 

lunes, 20 de julio de 2015

Olimpiadas contra la discriminación

Comienza en Los Ángeles la Olimpiada para personas con discapacidad mental. Así viven la experiencia en India los 13 atletas que la Fundación Vicente Ferrer ha clasificado

ZIGOR ALDAMA Anantapur | El País | 14/07/2015                                                                                    

En su poblado, a Baba ni siquiera la llamaban por su nombre. La conocían como la Subnormal. Debido a su discapacidad mental severa, acentuada por un habla gangosa que la convertía en el hazmerreír de la localidad, era apartada y discriminada. Pero su vida dio un vuelco cuando se convirtió en una de las primeras integrantes del equipo que la Fundación Vicente Ferrer forma desde 2010 en la ciudad india de Anantapur para competir en las Special Olympics, los Juegos Olímpicos en los que participan discapacitados intelectuales. Sólo un año después consiguió clasificarse para viajar a Atenas, donde cosechó una medalla de oro y otra de plata. A su regreso fue recibida como una heroína, y ahora sirve de ejemplo para los 34 adolescentes y jóvenes —todos con discapacidad intelectual media— matriculados en esta peculiar escuela, la más cercana a un centro de alto rendimiento en el sureño estado de Andhra Pradesh. Pero, sin duda, el mayor premio para ella es que dejó de ser la subnormal para convertirse en Baba.
Desde entonces, el equipo de la ONG española ha cosechado más de una treintena de metales en las citas regionales que siguieron en Corea del Sur y en Australia a los Juegos de la capital griega. Ahora, otros 13 atletas de entre 13 y 24 años sueñan con repetir en Estados Unidos el éxito de sus predecesores. Son los que han sido seleccionados para competir en Los Ángeles, donde las Special Olympics comenzarán el próximo día 25, en siete disciplinas diferentes. “En total, el equipo de India está formado por 200 deportistas, y todos los que representan al estado de Andhra Pradesh son los que se entrenan con nosotros”, cuenta el coordinador del proyecto, Enric Romaguera. “Tenemos esperanza de ganar medallas en bádminton, voleibol y ping-pong. En el caso del tenis de mesa los chinos tienen más tradición, pero nosotros trabajamos más”, explica el valenciano. “Y en halterofilia, cuidado, que estos chicos levantan hasta 168 kilos”.
Pero el lema "lo que importa es participar" nunca ha tenido más sentido que en estos Juegos. “En realidad suponen un proceso de empoderamiento para los discapacitados intelectuales. Hacer deporte y participar en competiciones aumenta tanto su autonomía como su autoestima. Y eso, finalmente, revierte también en el comportamiento de toda la comunidad. Antes los discriminaba y ahora los respeta”, analiza Romaguera. “Además, en el caso de los Special Olympics está el gran valor de la experiencia personal. Porque viajar por India para participar en las cuatro pruebas previas a los Juegos, y luego incluso ir al extranjero, supone un aprendizaje importante que les ayuda a crecer como personas”. De hecho, los seleccionados han tenido que viajar a Chennai para recibir un curso de adaptación en el que se les prepara para lo que les espera en América. “Desde comer con cubiertos —en India se utilizan generalmente las manos— hasta dormir en una cama —la mayoría lo hace sobre una esterilla—”.
A pesar de todo ello, Yerriswamy todavía no se hace a la idea de que va a salir del país por primera vez para viajar a otro continente. Y tampoco sabe qué se encontrará después de volar 24 horas. Sí que le han contado que en la capital de California no hay vacas sagradas tumbadas en medio de la carretera y que será difícil encontrar platos con el curry que tanto le gusta. Habla cohibido, pero es incapaz de contener una sonrisa de oreja a oreja, la confirmación de que la ilusión le embarga. Con 24 años es el abuelo del grupo, lleva año y medio entrenándose con pesas de hasta 162 kilos, y sobre sus hombros ha recaído la responsabilidad de liderar el grupo. “Estoy muy contento, pero todavía no demasiado nervioso”, cuenta entre risas. Sin duda, para sus padres, que ganan unas 100 rupias (1,4 euros) al día como jornaleros, la experiencia que está a punto de vivir su hijo habría resultado impensable hace sólo unos meses. “Ni siquiera habría soñado con viajar a tres estados diferentes de India para prepararme”, afirma.
Claro que no es fácil integrarse en el equipo nacional, compuesto por atletas que proceden de los cuatro puntos cardinales de un país tan diverso como India. “Es mucho más fácil gestionar a los que compiten de forma individual que a los que van en grupo. El nivel de entrenamiento difiere mucho, porque la mayoría de las instalaciones y del personal en el resto del país no son los más adecuados. Además, como hablan diferentes lenguas, a veces ni se entienden entre sí”, comenta Romaguera con gesto de impotencia. Sanjeen Reddy, que jugará con el equipo de fútbol, le da la razón. “La verdad es que me llevo bien con los otros jugadores y ya he hecho cuatro amigos, pero nos entendemos poco porque nosotros hablamos telugu y ellos hindi u otros idiomas”, ríe el joven. “A veces cometemos errores de coordinación por ese problema”. Pero como no hay mal que por bien no venga, eso es precisamente lo que le ha animado a aprender algunas frases en la lengua oficial del país, algo que antes nunca se le habría ocurrido hacer.
También están recibiendo clases básicas de inglés. Quieren que no se repita lo que le sucedió a Baba en Atenas. “En la carrera de los 200 metros no entendí al árbitro cuando dio la salida y tuvo que ser el entrenador quien me gritó desde el público que comenzase a correr”, recuerda. A pesar de ello ganó. “Es importante aprender idiomas”, resume azorado. “Al final, los Juegos son una excusa para avanzar en muchas otras áreas. Con las chicas, por ejemplo, al principio nos costó que vistieran pantalón corto. A muchas les daba vergüenza, porque en India, sobre todo en las zonas rurales, todavía no está bien visto. Pero, poco a poco, hemos conseguido que sea considerado algo normal. Además, estamos muy contentos de que entre los seleccionados haya siete chicas y seis chicos, un hecho que le demuestra a la comunidad el valor de ellas”, argumenta Romaguera.
No en vano, las chicas tienen que hacer frente a una discriminación doble: por su discapacidad y por ser mujer. Pero Asifa Pentekanti sabe que su valía es igual que la de cualquier compañero varón. Y, a pesar de ser musulmana, ya no le importa lo que puedan decir de ella por vestir pantalón corto en la cancha donde juega al baloncesto. Sri Latha es de la misma opinión, y cree que el deporte es un buen antídoto contra todo tipo de discriminación. Por eso, su objetivo después de competir en ping-pong es ganarse una plaza de entrenadora. “Quienes muestren más talento se podrán quedar en el centro para trabajar formando a las siguientes generaciones, ya que sólo pueden participar una vez en los Juegos”, explica el entrenador valenciano.
De momento, Kulayamma Manthri ya se ha ganado el puesto con las tres medallas de oro que obtuvo en Australia, y disfruta dirigiendo entrenamientos cuando alguno de los profesores de Educación Física está ausente. Tiene madera de líder y se desenvuelve a la perfección. “Para desempeñar este trabajo es importante que la discapacidad no afecte en exceso al carácter, porque esa puede ser una losa importante a la hora de interactuar con el resto. Aunque generalmente van mejorando en ese aspecto con el tiempo, a algunos les cuesta más”, explica Romaguera. Kulayamma se esfuerza en todos los aspectos porque sabe que el trabajo como asistente del entrenador no es sólo un sueño hecho realidad para ella: supondrá también un alivio económico para su madre, jornalera, que quedó viuda cuando ella era pequeña.
Claro que no es la única que necesita una inyección económica. El proyecto de la Fundación Vicente Ferrer también busca donantes que permitan mantenerlo en el tiempo e incluso ampliarlo. “Todavía no está muy claro quién correrá con qué gastos en las Special Olympics, y el viaje hasta Los Ángeles resulta muy caro. Nos gustaría también que nuestro centro se convirtiese en un referente para toda India, porque vemos que nuestros atletas están a la altura de los de cualquier otro país y eso no sucede con los de otros estados. Pero para todo eso necesitamos más patrocinadores”, sentencia Romaguera. En cualquier caso, ajenos a las estrecheces por las que pasa el proyecto, y como apunta su entrenador, los seleccionados viven ahora “ese momento en el que dejan de dormir y empiezan a soñar”