viernes, 10 de abril de 2020

Ansiedad y angustia: un estudio confirma los efectos del confinamiento sobre la salud mental

SALUD EN 1 MINUTO       |    07/04/2020

No solo en busca de fármacos y vacunas contra el Covid-19. La investigación científica también está siendo muy prolífica en muchos otros campos en este momento de alerta sanitaria. Y es que es necesario entender, entre otros aspectos, el impacto que tendrá sobre la salud de los ciudadanos; especialmente, las consecuencias psicológicas de la cuarentena impuesta para revertir la curva de contagios.

Por eso investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con profesionales de la Universidad East Anglia (Reino Unido), han puesto en marcha un estudio(1) en el que participan más de 2.000 ciudadanos de toda España.

El objetivo es evaluar su estado y la evolución de su salud mental a través de un completo seguimiento. De momento, los resultados obtenidos durante la primera semana del confinamiento en nuestro país (del 15 al 22 de marzo) muestran un alto porcentaje de casos de ansiedad y angustia, sintomatología que puede corresponder a un cuadro de estrés agudo, así como ciertos trastornos del sueño y síntomas depresivos.

El estudio continuará en el tiempo, pues entre sus objetivos también está determinar si esos síntomas psicológicos se revierten una vez terminada la crisis. En la mayoría de los casos es lo que se espera que suceda, pero los investigadores alertan de que un alto porcentaje de personas se encuentra en “nivel de riesgo” y de que en algunos casos los efectos de cuarentenas similares anteriores perduraron durante meses o incluso años.



martes, 7 de abril de 2020

Deporte para prevenir y luchar contra el ciberacoso

PEDRO SEDANO    |   ABC – Castilla y León   |   06/11/2019

“La práctica deportiva como elemento transversal en las aulas puede ser una herramienta contra el acoso escolar, según un equipo de docentes de la Universidad de Burgos”.
La implantación de proyectos cooperativos que fomenten la práctica del deporte como elemento transversal es una de las fórmulas para luchar contra el acoso en las aulas y, sobre todo, contra el ciberacoso, más difícil de prevenir y detectar. Es el punto de partida de un proyecto que ha realizado un equipo de docentes del área de formación de profesorado de la universidad de Burgos. Uno de ellos, David Hortigüela, cree que es una fórmula que permite mejorar la convivencia. El trabajo se ha basado en un caso real de un centro educativo de Burgos en el que la víctima fue una niña de 12 años.
El caso real de una niña llevó a diseñar un modelo para responder a los casos de ciberacoso y prevenir para que no se repitan. Fueron los padres de la alumna los que acudieron al centro para dar la voz de alarma cuando la niña llevaba meses recibiendo mensajes muy duros de acoso a través de una conocida red social.
El objetivo de la respuesta en este caso era «naturalizar» la situación, actuar contra los autores del acoso y no intentar enfocar toda la actuación hacia la víctima porque «ponerla en primer plano podía suponer un problema añadido para ella». El éxito del modelo ha hecho que se plantee como una fórmula de aplicación general en estos casos y se utilice de manera sistemática como "herramienta" de prevención, explica Hortigüela, que es director del Área de Didáctica de Expresión Corporal de la Universidad de Burgos.
Fueron los propios acosadores los encargados de organizar actividades durante todo un curso para favorecer la socialización. Se trata, en buena parte, de fomentar la práctica de la educación física fuera de las clases específicas. En la programación se incluyen «recreos activos», pero también actividad deportiva extraescolar con alumnos, profesores y familiares, e incluso rutas de senderismo de fin de semana abiertas a toda la comunidad educativa.
Hortigüela reconoce que «el inicio de la respuesta es duro» porque no se trata de obviar la situación de ciberacoso, sino de tenerla presente para analizarla y conocer los efectos que puede tener en la víctima. A medio plazo, se pretende olvidar lo ocurrido, una vez superado, pero mantener el recuerdo de su gravedad para que no se repita. En este caso concreto, se crearon grupos de discusión de alumnos para abordar el problema e incluso charlas y vídeos educativos. Insiste en que la lucha contra el acoso debe partir de todas las áreas del centro educativo porque «antes de las enseñanzas de Lengua, Matemáticas o Inglés tiene que haber una base de respeto, empatía y solidaridad, porque si no, no se puede hablar de educación».

Un elemento peligroso

Esta transversalidad es aún más importante en el acoso mediante las nuevas tecnologías, el ciberacoso, que es más difícil de detectar que el acoso físico, que es más medible y observable.
En el origen de este acoso tecnológico se encuentra en muchas ocasiones el teléfono móvil que para Hortigüela es «una herramienta de alto riesgo». Recuerda que es un «instrumento social» cuyo uso requiere educación. En su opinión, la prohibición de uso en los centros educativos no es una solución definitiva porque los chavales siguen usando el móvil cuando salen de las aulas y lo que hay que hacer es enseñarles a prevenir los riesgos que puede conllevar un uso inadecuado. Considera que los chicos no son conscientes en muchas ocasiones de que lo que suben a una red social queda allí aunque luego intenten borrarlo, pero tampoco ven con claridad cómo sus acciones ante la pantalla pueden afectar a los demás, en ocasiones de forma grave.
El manejo de esta «nueva realidad tecnológica» ya se está trabajando en las facultades de Educación, donde se forma a los futuros profesores. También es objeto de cursos de formación del profesorado, dado que muchos profesores no habían recibido estas pautas en su formación inicial.
Para Hortigüela, se debe aprovechar la mejora de la autoestima, la cooperación y la solidaridad que puede fomentarse desde la práctica deportiva bien empleada. Cree que «el uso del cuerpo» más allá del área de Educación Física debe ser algo transversal en los centros educativos. Se trata de un nuevo concepto en el que se apoye el éxito de cada alumno, en lugar de fomentar la competitividad o realizar una «gimnasia tradicional», muy exigente físicamente y que puede provocar que algunos alumnos no sean capaces y queden atrás.


sábado, 4 de abril de 2020

Por qué hacemos lo que hacemos

Eparquio Delgado   |   El País Semanal   |   03/03/2020

La interpretación de las conductas de las personas ha alimentado un abanico de teorías. Solo si conocemos bien sus historias interactivas podremos saber por qué se comportan de cierta forma.

Muchas personas creen que ciertas conductas de los seres humanos tienen un significado oculto, ubicado en el inconsciente. Esta idea tiene que ver con la enorme influencia que ha tenido —y sigue teniendo en algunos países— el psicoanálisis, hasta el punto de que muchos de sus conceptos han pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano: trauma, libido, complejo de Edipo, pulsión… Desde esta perspectiva, si queremos comprender el significado de nuestras respuestas psicológicas, debemos acudir a un psicoanalista que establezca una relación con nosotros para que nos ayude a saber qué es lo que realmente llevamos dentro, eso que solo se manifiesta indirectamente a través de lo que hacemos, pensamos y sentimos.

Esa idea de que podemos encontrar significados ocultos en los gestos, reacciones, posturas y demás conductas humanas sigue presente en la psicología científica actual. El famoso psicólogo Paul Ekman ha dedicado buena parte de su vida a identificar las llamadas microexpresiones, pequeños movimientos faciales casi imperceptibles para los demás que son extremadamente difíciles de controlar. La teoría es que si uno aprende a identificar estos microgestos puede diferenciar a un mentiroso de alguien que dice la verdad.

A pesar de lo populares que se han hecho las tesis de Ekman, ningún sistema judicial del mundo acepta como prueba de mentira el informe de una persona o sistema artificial entrenado en la lectura de las microexpresiones. El propio autor ha sido más moderado que algunos de sus entusiastas divulgadores al referirse a este asunto. En varias ocasiones ha comentado que no existe un signo universal de la mentira y que, para saber si alguien miente, el mejor método es comparar su conducta actual con su conducta pasada. Aunque hay conjuntos de microexpresiones que encontramos habitualmente en las personas cuando mienten, no se puede decir que a través de ellas podamos acceder a algo que está en otro lugar más allá de nuestros ojos; en este caso, la intención de mentir. Las microexpresiones no tienen un significado oculto.

Ekman ha sido un autor favorable a la tesis de que la conducta tiene un significado en el interior de la persona. No en vano ha sido uno de los grandes defensores de que la expresión de las emociones es universal, compartida por todos los seres humanos y producto de la evolución de la especie. Según esta postura, todos los seres humanos expresamos las emociones de la misma manera, por lo que se puede saber lo que alguien siente observando su rostro. Esta ha sido una afirmación indiscutida hasta hace bien poco, pero hoy contamos con algunas pruebas que indican que quizá la expresión de las emociones no sea tan universal como se pensaba. Un estudio realizado por antropólogos españoles y publicado en 2016 encontraba que las expresiones emocionales son herramientas que utilizamos en la relación social, más que el signo de un estado emocional interno, y que no siempre una expresión significa lo mismo en dos culturas distintas. Parece probable que las expresiones emocionales vayan tomando forma en el seno de una comunidad en lugar de venir “de serie” en nuestra biología.

Frente a esta búsqueda del significado de la conducta en lugares misteriosos ubicados en el interior, podemos conocer el sentido de su comportamiento de una manera más natural y sencilla. Una cosa es que no podamos entender lo que una persona hace y otra muy distinta es asumir que resulte imposible saberlo porque se refiere a algo que está oculto. De hecho, todos comprendemos a diario el significado de las conductas de los demás sin necesidad de preguntarles por las razones e intenciones de lo que hacen. Es suficiente con conocer la historia de esa persona y la relación que ha tenido con esa misma situación. Incluso es suficiente con que nosotros mismos hayamos pasado por situaciones similares. Cuando conocemos a alguien muy bien porque hemos compartido mucho tiempo con él, somos capaces de anticipar sus reacciones con asombrosa facilidad, intuir si se encuentra bien o mal e incluso saber lo que está pensando. Para entender por qué y para qué se comporta como lo hace no hace falta adentrarnos en su mente, en su inconsciente ni tampoco en su cerebro. Si conocemos bien la historia interactiva de una persona, podemos llegar a entender perfectamente el significado de su conducta, y esto es posible porque no reaccionamos psicológicamente a los objetos y situaciones en sí mismas, sino en función de la historia que tenemos con ellos. Un perfume puede ser solamente un aroma agradable o evocar el recuerdo de un amor perdido. Bailar puede resultar divertido para alguien a quien han felicitado reiteradamente por su manera de moverse al son de la música o una experiencia tormentosa para quien ha sufrido burlas en esa misma situación. Somos una historia que se actualiza continuamente.

¿Qué hará la próxima vez que alguien haga algo que no comprenda? Puede optar por suponer que su conducta refleja un significado profundo y oculto para usted y posiblemente para la propia persona, dar por sentado que lo que hace no tiene sentido y que, por tanto, está “loco”, abrirle el cráneo para buscar el significado en su cerebro o asumir que quizá le falta información e indagar en su historia para comprender por qué y para qué hace lo que hace. ¿Qué le parece más útil?


Deporte y salud mental en tiempos de confinamiento

sergi escudero (EFE)   |   Barcelona   |     La Vanguardia   |    02/04/2020

 Santi Díaz atiende a EFE vía telefónica después de hacer una consulta con su psiquiatra y poco antes de empezar una clase conjunta de ejercicios físicos mediante videoconferencia. "Ahora hablaba con mi psiquiatra sobre el hecho de que yo estoy acostumbrado a estar confinado y eso me permite llevar mejor la situación actual. He estado ingresado 15 veces en un centro psiquiátrico", explicó.
Hace un año, Díaz, un hombre de mediana edad, se reconcilió con el deporte en la unidad de subagudos del área de psiquiatría del Hospital Mare de Déu de la Mercè de Barcelona. Allí se lo recomendó una trabajadora social del centro.
La primera experiencia de Díaz fue salir a correr en grupo y con un monitor (de una empresa que usa el deporte para que mejore la vida de las personas con trastornos mentales y adicciones) por la ribera del Rio Besòs, el cual desemboca en la playa de Sant Adrià. Pero no tardó en pasarse a las clases de 'wellness' en un gimnasio barcelonés, donde hasta el confinamiento acudía tres veces por semana.
"El deporte te pone las pilas. Yo soy una persona muy intelectual, dedico mucho tiempo a la música, a la pintura y a la escritura, y a veces, desdeño un poco el deporte. Hacerlo en grupo me motiva", relató Díaz, diagnosticado de bipolaridad tipo 1. En el pasado tuvo otros diagnósticos diferentes.
"Ahora estoy compensado, que le llaman", relató. "El deporte te fortalece el cuerpo, produce endorfinas y me ha ayudado a mejorar mi flexibilidad, que la tenía muy poco desarrollada", añadió.
Por eso, se quejó de la poca importancia que se le da en los centros psiquiátricos. "Básicamente lo que hace la mayoría es tenerte controlado. Allí todavía se llevan a cabo prácticas como atar personas a la cama u obligarlas a comerse todo lo que hay en el plato", sentenció Díaz. "No querer tomarte la medicación te puede crear problemas. Es una cosa con la que yo he tenido que lidiar mucho tiempo porque no quería medicarme. Pero, al final, mi propia experiencia ha hecho que prefiera hacerlo".
Durante estas semanas de estado de alarma las comunidades terapéuticas se han encontrado con dificultades para que sus pacientes con trastornos mentales puedan seguir practicando deporte justo en el momento que más lo necesitan. Las empresas externas que acudían a dar las clases se han visto con problemas para seguir llevándolas a cabo, aunque algunos centros han considerado el deporte como una actividad sanitaria imprescindible y han permitido que los monitores pudiesen seguir acudiendo a ellos gracias a una carta que así lo certifica.
En el caso de los pacientes que viven en sus casas, como Santi Díaz, los monitores les están ofreciendo clases grupales virtuales para que sigan haciendo deporte durante el confinamiento.
"Hay que seguir pensando en los pacientes durante estos días de confinamiento", advirtió Eduardo Torras, CEO de una de las empresas que utilizan el deporte para mejorar la salud mental de pacientes con trastornos psicológicos. "A los pacientes siempre les decimos que la rutina es lo que les ayudará a mejorar y, de golpe, sucede una cosa así y la rutina se rompe en añicos", añadió.
"Nosotros llevamos tiempo intentando que cale en la sociedad el discurso de que el deporte es imprescindible, algo que se está pudiendo comprobar muy bien estas semanas. Las personas con problemas de salud mental ahora necesitan el deporte más que nunca, pero este país aún no lo entiende", continuó Torras.
Muchos de los pacientes que a día de hoy se encuentran ingresados en centros psiquiátricos están acostumbrados a estar confinados en un lugar, así que no se les hace especialmente nueva esta situación que están viviendo. Lo que más les preocupa, y les estresa, según los profesionales, es lo que sucede en el exterior, sobre todo a sus familiares.
Díaz se encuentra mejor y vuelve a vivir en su casa. Allí escribe poesía para expresar lo que siente y lo que sueña, compone canciones y dibuja. Además, vive en una calle donde habitan otros músicos y estos días de confinamiento se animan unos a otros desde los balcones mientras comparten su arte.
"Está bien soñar y salir un poco de la monotonía del fútbol y el periódico, de lo de siempre, para sacar lo que uno tiene dentro", sentenció Santi Díaz. EFE


miércoles, 1 de abril de 2020

Ser vulnerable es tu fortaleza

MARIANA ALVEZ    |   Centro de Psicología Positiva   |   Uruguay   |  01/04/2020

“Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la  mejor manera de adaptarse a la realidad” - David Viscott
Si te dejas llevar por su definición, esta palabra te genera rechazo, proviene del latín vulnerabilis. Compuesta por vulnus, que significa 'herida', y el sufijo -abilis,  posibilidad; por lo tanto, significa mayor probabilidad de ser herido. Con semejante definición nadie se sentiría cómodo, pero esta cualidad encierra más que lo que su etimología nos quiere transmitir.
En general, las personas no desean demostrarse débiles, ni que necesitan ayuda, o que sienten emociones que las desbordan. Sin embargo, todas estas situaciones nos ocurren a todos, todo el tiempo.
La vulnerabilidad tiene mala prensa, nadie desea ver cómo las personas se hunden aplastados por situaciones del pasado o presente, no queremos gente que se queje o que sea una víctima. Intentamos mostrarnos como super poderosos para evitar el rechazo de los demás, una gigante mentira.
Darnos el permiso para mostrarnos vulnerables es un obsequio precioso, aceptar que tenemos defectos, dolores, batallas o heridas que intentamos reparar, pero de alguna forma siguen estando ahí.
Llorar, pedir ayuda, sentir angustia, incertidumbre, no te hace menos persona, te hace más humano.
Esto no quiere decir que no puedas superarte, aprender, seguir adelante, reconstruirte, pero incluso aunque hagas todo esto, la vida puede moverte tu armada estantería y tirarla al suelo y es ahí que es bueno permitir que alguien nos cuide, nos sostenga, así como nosotros lo haremos cuando estemos bien.
Expresar el dolor, admitir la derrota, aceptar que puedes sentir miedo, serán cosas necesarias en tu camino de reconexión con tus verdaderas necesidades. Hacer visible lo que intentas ocultar, es liberarte.
Deja de ser un personaje todo el tiempo y encuéntrate a ti mismo, te sorprendería saber toda la gente que está esperando conocerte de verdad.
Recordar el pasado, hablar sobre lo que has sufrido, observarlo, sentirlo, muchas veces es necesario para finalmente liberarlo.
Siente compasión por ti, también has sido vapuleado por los reveses del destino, todos lo hemos sido en mayor o menor medida. La clave es aceptarlo y seguir adelante, no sin antes recordar que no eres omnipotente, que también te desbordarás, que también a veces necesitarás que alguien te tienda una mano de amor.
Vive la amplia gama de emociones de las cuales hemos sido dotados, llora, grita, patalea, drena la tristeza y cuando la tormenta cese, que lo hará, siembra emociones positivas y bienestar sobre los escombros del desastre, sigue adelante… hasta la próxima vez.

martes, 31 de marzo de 2020

Lo malo siempre termina, cómo lidiar emocionalmente con el virus.

MARIANA ALVEZ   |   Centro de Psicología Positiva   |  Uruguay   |   31/03/2020

 En esta época de cambios vertiginosos y de cuidados, más que nunca debemos atender a nuestra salud mental, ya que será nuestra aliada a la hora de sobrellevar esta situación de la mejor forma posible, además de permitirnos activar nuestra creatividad para reinventarnos. Es un momento de reflexión, de introspección y de renacimiento. Poder hacer esto de la manera más optimista posible, le brindará un nuevo significado a nuestra existencia y poco a poco, recuperaremos la paz.

Nuestra psiquis es muy suceptible a los cambios, a lo novedoso, a cosas a las cuales no estamos demasiado acostumbrados. El miedo a lo desconocido es ancestral, lo que está fuera de nuestro control  afecta de manera negativa nuestra capacidad de razonar y actuar con claridad. El miedo desmedido, más que nunca en este momento, es por completo contraproducente, ya que será el responsable de elevar en nosotros el cortisol, lo que conocemos como la hormona del estrés. Y lamentablemente, a mayor preocupación, más debilidad.

Por primera vez en la historia estamos viviendo una epidemia a tiempo real,  todos los medios de comunicación, varias veces al día, todos los días, en todo el planeta, hablan del coronavirus. El uso inconsciente de las redes acrecienta el pánico. 

Es muy posible que nos venza el si no hacemos algo al respecto. Recuerda que nuestro cerebro tiene una focalización pesimista por naturaleza, en este momento prestarás más atención a la información alarmante que a la tranquilizadora. Se distorsiona la percepción de la realidad y solamente se ve la cara negativa de la moneda.

Biológicamente estamos programados para focalizarnos en aquello que constituye una amenaza o que percibimos como tal. Es una cuestión de mera supervivencia, si no detectamos un peligro mortal, nos exponemos a morir. Pero esta condición es algo que debemos contrarrestar con pensamientos positivos y optimistas, porque no siempre refleja la realidad de la situación.

La controversia no ayuda, ya que provoca que percibamos todo con mayor peligrosidad y evaluamos los riesgos de una forma muy pesimista. Nuestra percepción del presente se verá peor de lo que en realidad es si alimentamos la paranoia.

 ¿Qué podemos hacer para calmarnos?

Evitar la sobreinformación: no leer ni escuchar sobre el tema todo el tiempo, no reenviar audios, videos, imágenes de las cuales no tenemos certeza y en especial si son alarmistas.  La sobrecarga de información jamás es buena para el cerebro y mucho menos en una situación así. Hay tanta información a cada minuto y en algunos casos contradictoria, que eleva la ansiedad y nos agota emocionalmente por intentar estar al día de todas las noticias que surgen y este exceso de información nos daña.

Seamos realistas: debemos protegernos, el virus es altamente contagioso, pero no quiere decir que necesariamente la humanidad se exterminará. Seamos cuidadosos y utilicemos en la medida de lo posible las infinitas posibilidades online. Ser precavidos no es ser paranoico ni torturarse con pensamientos catastróficos todo el tiempo.

Trabaja desde tu casa como si estuvieras yendo a la oficina: Establece horarios aunque sean menos horas, vístete como si fueras a salir, intenta armar un espacio para trabajar.

 Crea rutinas: Las rutinas le brindan coherencia y estructura a nuestro cerebro, intenta levantarte temprano, cocinar, descansar, tener tiempo para actividades productivas y no solamente ocio vacío. Ojo, tampoco te sobreexijas, no quiere decir que cada hora de tu tiempo se tiene que convertir en algo productivo.

Preocuparse no es hacer: No alimentes pensamientos repetitivos y adversos, alimenta la esperanza, la sensación de control que puedas tener en tu casa con tus actividades y elecciones.

Confía: Los profesionales de la salud están trabajando arduamente por nosotros, todo el tiempo. Cuidémoslos a ellos también, llamando antes de saturar los centros de salud, no confundiéndonos con una gripe común, respetando la cuarentena en nuestro caso en la medida de lo posible.

Apoyarnos en nuestros vínculos: ya sea presencial o virtualmente, no te aísles emocionalmente. Hay que cuidar tu corazón y tu mente en este momento y la soledad absoluta no será buena compañía.

Busca ayuda psicológica: No descuides tu salud mental, el mundo de la mente y las emociones tienen un impacto gigante en tu estado de ánimo, tu salud física se puede ver afe­ctada por la preocupación excesiva. Si bien en nuestro país no estamos demasiado acostumbrados a hacer terapia por video llamada, la misma es una herramienta super valiosa y podemos encontrar sentido y calma en este momento emocionalmente revolucionado.

Practica mindfulness: Conciencia plena, momento presente, focalizar tu atención para no dejar escapar tus pensamientos hacia la preocupación excesiva tanto por el pasado como por el futuro.

­Recuerda que esta crisis es un despertar a la solidaridad, al cuidado entre todos, a ayudarnos desde todos los aspectos, un momento para poner nuestros talentos al servicio de la humanidad. Todos somos familia en este planeta, unámonos­ desde al amor y la empatía, dejemos el terror de lado y construyamos juntos un nuevo despertar. Lo malo siempre termina.


"No estés triste", lo peor que se le puede decir a alguien que sí lo está

  ANDRÉS MASA   |   El País   |   8/10/2019

“Saber manejar esta emoción básica puede ayudarnos a mejorar, y una buena ayuda de los demás es muy valiosa “.

Nada es casual. Al menos no en el trabajo de la evolución, que hace que todo lo que no ayude a sobrevivir acabe desapareciendo, olvidado, mutado, suprimido sin piedad y, solo quizá, recuperado en un futuro favorable. La tristeza es un buen ejemplo. 

Esta emoción, que dibuja una precisa y universal expresión facial que cualquier ser humano reconoce al instante, no ha sobrevivido al paso de milenios por casualidad. La tristeza, que también se manifiesta en aspectos como la postura corporal y el tono de la voz, es una llamada de socorro, un mecanismo para reclamar apoyo social notablemente efectivo. Pero la manera en la que nos aproximamos a las personas tristes ya no depende del negociado de la evolución, eso es cosa nuestra, y ahí empiezan los problemas. Algunos son muy fáciles de detectar en el lenguaje. En este código cristalizan frases como "no estés triste", una expresión muy común y una de las peores cosas que se le puede decir a una persona que sí lo está.

No es que debiéramos decir todo lo contrario, pero es poco probable volver a pronunciar esas palabras sin sentir el pellizco del remordimiento después de saber lo bueno que es estar triste cuando la emoción es de una intensidad, frecuencia y duración moderadas. Tras un episodio estresante muy fuerte o una pérdida importante, la tristeza alimenta una conducta ventajosa: encerrarte en casa, a cobijo bajo el edredón, pegajoso porque no quieres tener contacto ni con el jabón de la ducha, puede resultar deprimente a los ojos humanos, pero el sistema inmune no podría pedir nada mejor para recobrar fuerzas.

Además, "es un momento muy bueno para reflexionar acerca de los posibles errores que has podido cometer, de qué manera eres corresponsable de lo que ha ocurrido", explica la psicóloga especialista en ansiedad y estrés Cristina Wood. La tristeza puede marcar un camino para mejorar cuando uno pierde un trabajo o rompe una relación, por ejemplo. "En ese sentido, la tristeza nos ayuda", subraya Wood. También puede aparecer cuando lo que se pierde es la salud, o la juventud, casos en los que debería servir para fijarnos en las cosas buenas que aún nos quedan. Si la experimentamos con ánimo positivo, la tristeza puede ayudarnos a ser más felices; quien no ha experimentado nunca una gran tristeza difícilmente puede sentir una alegría de la misma intensidad. No estropeemos el momento con frases que solo refuerzan el malestar.

Un involuntario empujón hacia la culpa.- Si hay algo que uno debe evitar decirle a una persona triste es qué debe hacer. Y entre todas las órdenes que uno puede dar, la de "no estés triste" está entre las más dañinas. "La frase produce más presión, le produce estrés a la persona", explica la doctora del centro clínico Área Humana. Además, "uno tiene derecho a estar triste, le están faltando al respeto si se lo dicen, y eso enfada, frustra y puede generar más desesperanza", enumera la psicóloga.

La reacción puede ser muy fuerte y desagradable, y quizá empujar hacia un sufrimiento mayor, que tiene su origen en una de las abundantes falacias perniciosas que circula sobre la felicidad, la de que uno no es feliz, sino que lo será en el futuro. Según esta idea, podemos contar con ser bendecidos con la mayor dicha un vez hemos cumplido objetivos como terminar la carrera, pagarse una casa, llamar la atención de una pareja ideal, casarse con esa pareja ideal, que la unión fructifique en niños sanos y alegres... En este contexto, el mensaje de "no estés triste" parece ser el de que, si lo estás a pesar de tener todo lo que has deseado, es por tu culpa. El poder de las palabras empuja, en este caso, hacia una culpabilidad innecesaria.

Eso sí, conviene ser comprensivos con quien lanza el afilado dardo del "no estés triste". "No toleramos que una persona que queremos sufra", y por eso la frase sale tan fácilmente, explica la psicóloga. "Si veo a mi hija llorar, a mí me duele, y por eso se lo digo", añade. Pero lo que debería hacer como madre, o como amiga, en otros casos, "es aprender a tolerar que es normal y que se pasará, y que se va a pasar antes si uno ayuda a las personas a ser un poco más positivas".

Instrucciones para no decir 'no estés triste' nunca más.-  Si quieres aprender a tratarte bien a ti mismo y a los demás, piensa en tu infancia. Seguro que en alguno de los rincones de tu memoria encuentras situaciones como esta: llegas triste porque te has peleado con tu mejor amigo y a tu padre no se le ocurre otra cosa que aplicar una fórmula del tipo "ya harás más amigos", un "no estés triste" en toda regla y un error de manual. En su lugar, Wood aconseja comenzar por normalizar la tristeza en la casa. "Es muy bueno decirle a los niños cuándo estamos tristes, en seguida dicen que te van a ayudar. Es muy bonito comunicar eso, y además es enseñarles inteligencia emocional", comenta. Luego, ante una situación puntual, lo mejor es sustituir el "no estés triste" por una estrategia más elaborada y eficaz que vale para todas las edades.

Lo primero es permitir expresar la emoción y lo que ha pasado, una tarea en la que los abrazos son de gran ayuda. También es útil mostrar empatía hacia la persona y hacer que se sienta comprendida, incluso cuando uno no es capaz de ponerse en su lugar. Lo deseable es hacerle comprender que no rechazas su tristeza, contándole alguna historia personal, por ejemplo, o admitiendo directamente que no alcanzas a comprender su dolor pero que te das cuenta de que debe de ser muy importante. Una vez la conexión está funcionando, es muy importante preguntar a la persona triste qué piensa hacer o en que le puede uno ayudar. Eso sí, las propuestas deben tener forma de pregunta.

Luego hay que transmitir confianza, hacer ver que puede conseguir superar la tristeza, dar ánimos. "Si dice que no sabe si podrá hacerlo es bueno preguntarle las tres cosas más difíciles que ha hecho en su vida, te puedes agarrar a eso y decirle que si las ha conseguido es que también puede lograr el nuevo objetivo, que es cuestión de entrenarlo", concluye Wood. Así, dice la psicóloga, no solo se sale de la tristeza, sino que se abandona la emoción con mayor fuerza para ser feliz. Y no se trata solo de hacer un favor que se hace a los demás, la manera de hablarse a uno mismo también es fundamental.

Cambia el lenguaje y transformarás el mundo.- Somos parlanchines por naturaleza. Hasta la persona más reservada y silenciosa del mundo no se calla nunca. Eso sí, habla en una voz tan baja que solo ella la oye. Es el autodiálogo interno que todos tenemos, un carrusel de ideas que nunca se detiene. Si se instala en él un mensaje materialista de que uno tiene todo lo que puede desear y que, por lo tanto, debería ser feliz para siempre, el efecto del "no estés triste" corroe por dentro. Si se le hace demasiado caso, uno acaba metiéndose en un bucle de malestar en el que se viste de víctima y verdugo. De la misma manera que hay que tener empatía con las otras personas a la hora de ofrecerles ayuda, en estos casos uno tiene que llevar a cabo la difícil tarea de empatizar con uno mismo. "Si te pones a buscar, por supuesto que tienes motivos para estar triste, pero tienes que ayudarte a comprender por qué lo estás", dice Wood.

Las personas más autoexigentes, los perfeccionistas que siempre quieren ir más allá, cegados por la idea irreal de que pueden llegar a una meta que, en realidad, no existe, son quienes tienen una relación más estrecha con la tristeza. También poseen menos capacidad de corregir las frases perjudiciales de su diálogo interior. "Muchísima gente no se da cuenta de cómo se habla. Es un problema de educación, por frases que nos han dicho nuestros padres, o por la propia personalidad: si tu autodiálogo interno está plagado de exigencias, eso lleva, tarde o temprano, a la tristeza". Los perfeccionistas lo tienen más difícil para corregir el rumbo de esa conversación permanente, pero pueden conseguirlo de la misma manera que el resto de las personas.

Hay que cambiar el vocabulario y sustituir el "tengo que" por un "me gustaría", "preferiría", "me apetece"... "No es lo mismo decir 'tengo que ir al gimnasio porque he engordado' que 'me apetece ir al gimnasio porque quiero cuidarme", asegura la especialista. Es lo que los psicólogos llaman autoinstrucciones positivas, que pueden conseguir que uno esté más contento, más animado y que se encuentre mejor físicamente. "Todos podemos entrenar eso, pero lo primero es ser consciente, mucha gente ni es consciente de cómo se habla y está siempre comparándose con los demás", olvidando que, por mucho que a veces lo parezca, especialmente en las redes sociales, nadie es perfecto.