jueves, 12 de noviembre de 2020

El riesgo de una sociedad sin esperanza

CRISTINA SEN     |   Blog de Luis Salinas Mateo   |     La Vanguardia     |     22/10/2020

Pasó el confinamiento duro, la desescalada y el verano se esfumó de la mano de la segunda ola o como cada político o científico la denomine. Ha llegado el otoño y la sociedad se encuentra en un escenario socioeconómico y personal como mínimo arduo y de duración imprevisible. No es que no haya un liderazgo político, tampoco lo hay moral o científico. Y el gran problema para una sociedad es la falta de esperanza.

En estos momentos, indica Francesc Torralba, director de la Càtedra Ethos (Universitat Ramon Llull), la sociedad está en un momento de resignación. Una resignación que conlleva “amargura, encogimiento y que no significa aceptación. A esta resignación, subraya el profesor, se la añade un cansancio moral y también físico. Sobretodo en algunos colectivos como los sanitarios, educadores o aquellas personas que más están y han estado sufriendo esta crisis.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) daba cuenta hace pocos días de este malestar social, con síntomas de agotamiento tal como daba cuenta este diario. Y el estudio reflejaba el importante aumento de la preocupación de la ciudadanía al ser preguntados por el binomio salud-economía. Imma Armadans, directora del Máster de Mediación de Conflictos (Universitat de Barcelona), explica que la sociedad está en baja forma y con un nivel de energía escaso.

Se configura así, explica, un momento crítico sin que nadie esté llevando el timón, ni en el plano político ni en el social. Y los momentos críticos pueden convertirse en conflictivos. Con una crisis sanitaria y económica cuya duración no se puede prever, Armadans estima que al igual que sucedió durante la crisis del 2008, se asoma también el riesgo de la desafección política.

Los mensajes políticos que en estas situaciones de dificultad no conectan con la realidad generan, señala la profesora, aún más incertidumbre y, por tanto la pérdida de esperanza. Es de la esperanza desde donde se crea el futuro. “En contextos de dificultad –explica Torralba- la esperanza es creer en la posibilidad de salir adelante y por lo tanto es imprescindible”. E invita a recordar como en situaciones mucho peores las sociedades han podido volver a emerger.

 “Este aliento es el único antídoto contra el nihilismo práctico porque la esperanza es lo que te pone en acción”, subraya. Es entrever posibilidades, intentarlo, porque si no lleva a “la pasividad y al cinismo”. Es en esta línea de análisis en la que Armadans indica que la adaptación a la que está sometida la sociedad provoca estrés. Se han de interiorizar cosas que igual no tienen sentido, sin mensajes claros. Una situación que provoca incredulidad y que, por tanto, puede generar una anestesia social, subraya.

El incremento de la bronca política, el espectáculo de la batalla entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno, ha redundado en los últimos días en la construcción de este paisaje al que se enfrenta la sociedad. Los líderes políticos no tienen crédito, pero como se decía, al margen de que las críticas llueven sobre ellos, tampoco emergen liderazgos de otro tipo. El momento es así complejo porque las personas y las sociedades, subraya Armadans, necesitan de un sentido, no se puede caminar mucho tiempo a oscuras sin ver el camino.

Pero pese al análisis de este momento que sin duda es difícil y donde además de la pandemia golpea la precariedad económica sigue ofreciendo la posibilidad de pensar en crear una nueva vida. O por lo menos de cambiar algunas cosas, siguiendo la invitación de Torralba. No se trata de decir, como se hizo al principio, de que de la crisis provocada por el coronavirus “saldríamos mejores”, pero sí de aprovechar alguna ventana.

Quedará la digitalización de muchos procesos, explica el filósofo y teólogo, que facilitan ganar tiempo propio (según las profesiones). Procesos que permiten si se mantienen contaminar menos y que, en términos generales, invita a la ponderación. Una ponderación, subraya, que debe confrontarse a la figura del ‘homo consumens’. “Aquel que es llevado por la pulsión de una fuerza básica que es competir: más cosas, más cargos, más prestigio…” Una pulsión destructiva que le aleja de su identidad verdadera.

Que hayan emergido con más fuerza las voces que piden un crecimiento cero, la evidencia de que somos vulnerables e interdependientes, son algunos debates que han llegado de la mano de la pandemia, recuerda Torralba. Una cierta posibilidad de ir más allá de la visión individualista. Pero la esperanza hay que alimentarla. Ahora, indican los expertos, el sistema que tenemos es una máquina de destrucción de ilusiones. La alarma suena.

martes, 10 de noviembre de 2020

La sorprendente relación entre el estrés, la memoria y el tamaño del cerebro

 ANDRÉS MASA       |       El País       |       06/02/2019

Un estudio relaciona la tensión crónica con un órgano más pequeño, especialmente en mujeres

Si sentir estrés habitualmente es una situación que te resulta ajena, lo que te distingue de personas menos afortunadas quizá sea el tamaño de tu cerebro. Es lo que sugiere un estudio científico que ha evaluado el órgano de 2.200 voluntarios jóvenes y de mediana edad -la media fue de 48 años-. Según el trabajo, las personas con estrés crónico tienden a tener un órgano más pequeño. Y no solo eso. La investigación no explica si la relación es una causa o un efecto de la tensión constante, si es que es alguna de las dos cosas, pero sí señala que es especialmente notable entre las mujeres.

El cuerpo humano responde al estrés produciendo distintas hormonas, pero la huella que los científicos suelen buscar en la sangre para detectarlo es la que deja el cortisol. El cortisol es absolutamente necesario para la vida porque la tensión que produce predispone al organismo a responder rápidamente ante una situación de alerta. Pero la mejora de la capacidad de reacción se limita a momentos puntuales.

Si el nivel se mantiene elevado durante mucho tiempo, si el estrés se cronifica, la respuesta hormonal deja de ser beneficiosa y se convierte en un problema. El estudio, publicado en la revista Neurology, relaciona los niveles más altos de cortisol con el volumen cerebral más pequeño y también con el daño en algunas funciones cognitivas.

Resonancias magnéticas y pruebas psicológicas

Para alcanzar sus conclusiones, los académicos han analizado los cerebros de los participantes en el estudio Framingham, que forman parte de la tercera generación de una población de Boston en la que los científicos estudian la relación entre la salud y el estilo de vida. Lo hacen desde los años cuarenta del siglo pasado.

Los investigadores analizaron imágenes obtenidas con escáneres de resonancia magnética e hicieron pruebas cognitivas a los sujetos para evaluar su memoria, su capacidad de razonamiento abstracto, su percepción visual, atención y función ejecutiva, un concepto que recoge distintas habilidades que se complementan para alcanzar las metas futuras. Aparte de las diferencias en el volumen cerebral, los científicos detectaron daños en la microestructura de la materia blanca en varias regiones del órgano maestro del organismo, especialmente en el cuerpo calloso, que conecta los dos hemisferios cerebrales.

"La materia blanca -un tejido compuesto de fibras nerviosas que comunican las distintas partes del cerebro- está altamente correlacionada con la velocidad de procesamiento, que a su vez está asociada sólidamente con una mayor habilidad cognitiva en general", explican los autores en el artículo. "La disrupción de la transferencia de información debida al daño en la materia blanca podría explicar parcialmente las deficiencias en las habilidades cognitivas asociadas a mayores concentraciones de cortisol", añaden.

Entre las facultades que los investigadores han visto perjudicadas destaca la memoria, ese recurso tan preciado para los opositores. No es una novedad; los episodios de estrés ya habían sido relacionados con una menor capacidad de evocar los recuerdos anteriormente, pero no así los cambios en el volumen cerebral que proponen los investigadores... y esos son mucho más difíciles de corroborar. De momento solo es una hipótesis y, si bien otros estudios parecen apuntar en la misma dirección, estos trabajos aún son muy pocos. Eso sí, si existiese la relación que los científicos describen entre el cortisol, el estrés y la estructura cerebral, las implicaciones serían muy importantes: puede que los cambios estructurales del órgano sirvieran para predecir el desarrollo de algún tipo de demencia en la vejez.

No solo es la memoria, la atención también se resiente

La investigadora principal del laboratorio de Neurociencia Social Cognitiva de la Universidad de Valencia, Alicia Salvador, es una de las personas que estudian en España el posible papel que el cortisol podría tener en el declive cognitivo en la vejez. "Está claro que los niveles elevados de cortisol durante un tiempo prolongado afectan al sistema nervioso, y eso puede tener consecuencias en la capacidad de adaptación posterior, pero que sea hasta el punto de provocar demencia aún no ha sido demostrado científicamente", explica Salvador.

Lo que su equipo tiene claro, gracias a los resultados que ha obtenido en las investigaciones que vienen realizando desde 2004, es que el estrés sí influye la memoria. Y que no afecta igual a los hombres que a las mujeres, ni a los jóvenes que a las personas mayores. Con todo, Salvador insiste en que el cortisol no es el enemigo.

"Hay numerosas pruebas de que tiene influencia sobre la cognición, y entre las funciones más estudiadas está la memoria, pero también aspectos como la atención y la toma de decisiones, que se han empezado a estudiar un poco más tarde", explica la investigadora. Lo que pasa es que los niveles que cada uno puede soportar antes de notar los efectos negativos son distintos. Y lo que es más importante, la fuerza de la tensión no es el único parámetro importante a la hora de valorar el efecto del cortisol en la salud: aprender a gestionar el estrés correctamente puede marcar la diferencia.

Para vivir tranquilo, 'mindfulness' y aceptación

Estudios anteriores han relacionado el estrés con el deterioro del hipocampo, "que es la región del cerebro que determina la memoria a largo plazo", explica el catedrático emérito del departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, Bernardo Moreno. El académico no muestra sorpresa alguna ante un efecto ya reconocido entre en la comunidad científica.

El profesor enfatiza que el estrés es inevitable, incluso deseable para activarnos ante ciertas situaciones que requieren actuar rápidamente. Pero también subraya que, desde el punto de vista evolutivo, nuestro organismo está adaptado al estilo de vida paleolítico, en el que esos momentos eran puntuales. El estrés está ahora fuera de lugar, y eso provoca perversas consecuencias.

Según Moreno, el contexto urbano, industrial, competitivo y de imprevisibilidad actual está haciendo que la tensión se cronifique, y eso favorece el deterioro cognitivo. También fomenta la aparición de enfermedades cardiovasculares y promueve respuestas contraproducentes del sistema inmune que pueden desencadenar neoplasias, tumores benignos o malignos.

La buena noticia es que, por muy inevitable que sea, podemos regularlo. "Siempre ha existido la desconexión, el viaje, los amigos, los momentos agradables" que nos ayudan a rebajar la tensión, dice Moreno. Y ahora también hay una pléyade de técnicas a las que podemos recurrir, entre las que el catedrático emérito destaca las relacionadas con el mindfulness, del que se ha dicho que puede hacerse incluso mientras uno se lava los dientes, y los recursos de aceptación y compromiso.

Los últimos implican hacerse consciente del problema y de la necesidad de superarlo. "Yo no soy mis pensamientos, yo no soy mis emociones. Puedo estar estresado, pero también puedo seguir", recita Moreno, emulando el proceso mental por el que funciona esta manera de manejar el estrés. Pero advierte: "Las técnicas son elementos que pueden ayudar, pero solo si uno está habituado". Es decir, es imprescindible hacer el esfuerzo previo de convertirlas en un hábito.

Y añade un detalle fundamental: "No pueden resolver continuamente los problemas. Si hay que recurrir a ellas constantemente es que el estrés de fondo no está resuelto", profundiza Moreno. Y, visto lo visto, parece más que deseable resolverlo antes de que las facultades mengüen más de la cuenta. 

Ayuno de dopamina: la moda de dejar el alcohol, el sexo y las redes sociales para "reiniciar" el cerebro

KRINTIN SULENG       |     El País     |     05/01/2020

Pretender mejorar el funcionamiento del órgano maestro reduciendo placeres potencialmente 'adictivos'. ¿Sirve para algo?

Silicon Valley es conocido por su papel de polo mundial de desarrollo tecnológico y los millones de dólares que generan sus gigantes digitales. Pero el paraíso geek por excelencia también es el lugar donde se fraguan tendencias de salud de lo más extravagantes, generalmente ligadas al aumento de la productividad personal. Los ejecutivos de San Francisco han puesto de moda la dieta del ayuno intermitente, la de beber agua cruda de la lluvia y depósitos sin tratar, la de consumir microdosis de LSD para rendir mejor en el trabajo... y ahora llega la de alejarnos de todo aquello que produce placer– desde la alimentación, el alcohol y el sexo hasta las redes sociales y las nuevas tecnologías. La práctica se conoce como ayuno de dopamina, un término acuñado por el psicólogo e inversor tecnológico Cameron Sepah al que se le atribuyen las bondades de "reiniciar" y mejorar la eficiencia del cerebro. O sea, como una manera de librarnos de los "vicios" que nos impiden alcanzar nuestras mentas y potenciar la productividad. ¿Vale la pena intentarlo?

Contra la hormona del deseo y la motivación

La dopamina es un neurotransmisor básico del sistema nervioso central y no es dañina, recuerda la neurocientífica Raquel Marín, profesora de Fisiología de la Universidad de La Laguna, en Tenerife. El cerebro la necesita para múltiples tareas, relacionadas con la memoria, la motivación, la recompensa, el aprendizaje, la atención y los estados de alerta. "También está implicada en funciones motoras, se estimula cuando nos enamoramos e incluso actúa en la producción de prolactina, la hormona de la secreción de leche en la mama", apunta Marín.

El hecho de que se libere dopamina en el cerebro cuando sentimos algún tipo de satisfacción o bienestar por actividades como leer un libro, salir con los amigos, viajar o practicar sexo, hizo que durante mucho tiempo se creyera que esta molécula era la responsable del sentimiento del placer. Ahora se le conoce como el neurotransmisor del deseo y la motivación. "Al liberar dopamina sentimos unas enormes ganas de buscar el placer, cuando lo encontramos nos lo hacen sentir las endorfinas o encefalinas. El deseo hace buscar el placer, y el placer también hace aumentar las ganas de buscar el deseo", explica Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La dopamina también está unida a la sorpresa, por lo que cuanto más inesperado resulta un acontecimiento, más dopamina se libera. "Es como cuando alguien está tranquilamente sentado en una cafetería y de repente se le aparece un amigo al que no ve hace muchos años", sostiene Morgado, autor del libro Deseo y placer, la ciencia de las motivaciones (Ariel). Entonces, ¿qué tiene de malo? ¿Para qué iba alguien a desear bloquear su producción?

Los vínculos con la adicción y la depresión

La gracia de la propuesta es que el ayuno de dopamina se basa en la renuncia a los comportamientos pocos saludables que impliquen abusar del placer. Puede entenderse como una especie de estrategia para huir de situaciones que distraen la atención de otras más productivas, o como una "terapia de desintoxicación" de lo que nos aleja de lo verdaderamente importante. Sin embargo, "el organismo la regula para que no sea escasa ni excesiva. Es difícil concebir una posible regulación a la baja por controlar voluntariamente aspectos relacionados con la producción de dopamina", explica Marín.

Para Morgado sí existe la manera, aunque es poco atractiva: "Si uno se encierra en casa, no recibe llamadas y no ve la televisión, impide que su cerebro libere dopamina de forma natural. No sabemos en qué circunstancias debe aplicarse el ayuno ni cómo debería ser, pero se dirige a la vida cotidiana y nos llama a todos abusones de la vida, como una homilía de domingo", recalca. El neurocientífico es partidario de la idea del ayuno, pero como vía de investigación en sustancias inhibidoras para casos de adicción, cuando la sobrecarga de los sistemas de recompensa deteriora el cerebro. "No es un tratamiento terapéutico para cualquier persona, reducirla solo es bueno en casos de exceso exacerbado de algo dañino para el organismo y que impide hacer una vida normal", subraya el catedrático.

Y es que la dopamina está ligada a las adicciones, cuando el cerebro solicita la recompensa de forma insistente. En estos casos, juega una mala pasada. "Produce la sensación permanente de desazón y desasosiego en ausencia del premio, así como de cubrir esa necesidad para subsistir aunque seamos conscientes de que una práctica nos perjudica", aclara Marín, que pone el ejemplo del café de las once de la mañana. "Ningún estudio científico demuestra que sea fundamental para sobrevivir, sin embargo, muchas personas sienten que no pueden funcionar sin él", dice la neurocientífica.

El director de la sección de Neurociencia cognitiva del Centro de Evolución y Comportamiento Humano de la Universidad Complutense de Madrid, Manuel Martín-Loeches, advierte de que "no hay forma de restablecer algo que está en continuo cambio desde antes de nacer, como es el cerebro. Si restringimos la dopamina con el ayuno ocurriría algo parecido a los efectos a la larga de una adicción: la falta de satisfacción, que suele llevar a una depresión".

Paradójicamente, solo el hecho de plantearse semejante opción también aumenta el nivel de esta molécula. "Reducir las horas de conexión a redes sociales, eliminar el consumo de fármacos o cambiar la alimentación con pautas más saludables es algo altamente aconsejable para una mejor salud cerebral, una mayor capacidad de concentración, una mejor sensación de recompensa frente a umbrales más bajos de estímulos y una mejor sensación de autoestima. Pero, en sí misma, la decisión de hacer este pseudoayuno de dopamina también estimula la producción de dopamina", recalca Marín, autora del libro Pon en forma tu cerebro (Roca Editorial).

Cambiar la cerveza de la tarde por media hora de gimnasio

Los expertos están de acuerdo en que, desde el punto de vista neurocientífico, el ayuno de dopamina es algo inimaginable. "Son demasiados los parámetros fisiológicos y psíquicos que regulan su producción", afirma tajante la neurocientífica. Sin embargo, que no se pueda controlar el nivel del neurotransmisor en multitud de funciones no impide realizar acciones conscientes para controlar las prácticas que estimulan su síntesis. "Si se consiguiera disminuir la producción de dopamina en las zonas concretas del cerebro implicadas en las adicciones, es probable que pudiéramos sentirnos más capaces de controlar hábitos dañinos. En algunas investigaciones en animales ya se ha conseguido reducir el antojo por el dulce", recuerda Marín.

La científica propone crear ambientes con menos estímulos para la dopamina, como cambiar la rutina de la cerveza diaria de las siete de la tarde por media hora de gimnasia o apagar los dispositivos electrónicos cuando estamos almorzando. "Los cambios de contexto que implican eliminar el consumo de estupefacientes benefician al cerebro en el medio plazo, por la misma razón por la que nos sentimos físicamente mejor al dejar de consumir dulces a diario", insiste.

Sin embargo, la idea de rendir mejor en el trabajo gracias al ayuno de dopamina está cuestionada por la relación positiva que existe entre la molécula, los estados de ánimo positivos y la creatividad. "Pueden no ser convenientes para ciertas tareas, como la contabilidad, ya que se cometen más errores. Pero para la mayor parte de las funciones laborales y personales, la dopamina sería muy recomendable", apunta Martín-Loeches. Y en contextos más románticos también, recuerda Marín: "No todo es perjudicial en la sobreproducción de dopamina. La necesitamos también para enamorarnos. Sin esta maravillosa molécula es muy probable que no pudiéramos nunca sucumbir al amor", concluye. ¿Y quién quiere renunciar a esas mieles? 

sábado, 7 de noviembre de 2020

Quin és l'impacte de la salut mental a la salut física?

 Observatori Discapacitat Física

Els problemes de salut mental no esdevenen de forma aïllada. S’ha calculat que el 46% de les persones amb un trastorn mental tenen un problema físic de llarga durada. (Naylor et al., 2012). Un estudi recull que, de mitjana, les persones amb una malaltia mental greu tenen una esperança de vida 20 anys inferior respecte a la població general, sovint la causa de la mort és degut a una malaltia física evitable.

Les persones afectades per un problema de salut mental tenen més probabilitats de patir altres patologies com la diabetis, cardiopaties i càncer de còlon i de mama, per exemple.

Per això, a l’hora de referir-se a la salut mental o a la salut física, aquestes no haurien de tractar-se de manera separada perquè existeixen moltes associacions entre salut mental i malalties cròniques que tenen un impacte significatiu en les persones.

L’Organització Mundial de la Salut (OMS) defineix un bon estat de Salut com “un estat amb un benestar físic, mental i social complet, i no solament com l’absència de malalties”. A més, l’OMS aposta per la integració de l’atenció de la salut física amb la mental perquè “no hi ha salut sense salut mental”. En el Dia de la Salut Mental, 10 d’octubre, identifiquem alguns efectes de la salut mental a la salut física, i viceversa.

La depressió i l’ansietat augmenten el risc de patir cardiopaties

La depressió és una de les grans problemàtiques de salut al món. L’OMS preveu que el 2020, la depressió serà la principal causa de discapacitat de la població a escala mundial. A més, hi ha diversos estudis que relacionen l’ansietat i la depressió amb l’augment del risc de mort per malaltia cardiovascular i per càncer.

Els efectes secundaris de la medicació

La medicació pot provocar impactes adversos a la salut física de les persones amb malalties físiques o mentals, per exemple, pot provocar un augment ràpid de pes que pot repercutir a la salut. A vegades, els pacients no reben la suficient informació sobre la medicació que prenen i els efectes que poden provocar.

Diagnòstic i seguiment

Sovint, les molèsties físiques d’una persona amb un trastorn mental es veuen com una manifestació més de la seva malaltia, en comptes de tractar-se com una condició o molèstia separada de la malaltia. Això pot provocar un retard en el tractament de les molèsties físiques d’aquestes persones. A més, si no es realitzen revisions de la salut física d’aquests pacients, per exemple a l’atenció primària, per a identificat possibles molèsties d’aquest tipus, el tractament trigarà encara més a arribar.

Factors de l’estil de vida

Hi ha molts factors que afecten les persones amb una malaltia física o mental a l’hora de menjar de manera saludable o fer exercici. Alguns d’aquests factors són l’exclusió social o l’estigma, molt present al voltant de les malalties mentals, o la falta de tenir una rutina. Per això, és important que aquest col·lectiu compti amb el suport necessari per mantenir un estil de vida de qualitat i saludable.

Fonts:

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs220/es/

https://www.rethink.org/media/511826/20_Years_Too_Soon_FINAL.pdf

https://www.rethink.org/about-us/health-professionals/physical-health-why-it-matters

viernes, 6 de noviembre de 2020

Tipos de fobia: explorando los trastornos del miedo

NAHUM MONTAGUT RUBIO    |     Psicología y Mente

Todo el mundo ha sentido miedo más de una vez, y es normal. Es una emoción que ha garantizado la supervivencia no solo de la especie humana, sino de todos los animales con cerebro.

El saber identificar una situación que puede implicar peligro para el individuo es algo necesario para poder alejarse de ella y, así, evitar sus nocivas consecuencias. Sin embargo, a veces puede darse el caso de que la respuesta dada ante un estímulo visto como amenazante sea exagerada, y es aquí cuando se habla de fobia 

Fobia y miedo: ¿no son lo mismo?.- Antes de entrar con más detalle sobre las principales diferencias entre los conceptos de miedo y fobia, se hace necesario describir ambos términos brevemente.

En primer lugar, se entiende por miedo a la emoción que se manifiesta ante una situación que puede ser amenazante para el individuo. Normalmente, en la mayoría de los casos en los que aparece, lo hace de forma casi innata, sin necesidad de que haya habido un aprendizaje previo de la situación amenazante. Otras, en cambio, mediante la experiencia, se aprende qué situaciones deben ser temidas, dado que pueden poner en riesgo la integridad de la persona. 

El miedo, al igual que todas las emociones que conforman el amplio espectro emocional humano, tiene una muy importante función adaptativa, siendo su finalidad garantizar la supervivencia del individuo.

Las fobias, en cambio, son consideradas patrones de conducta no ajustados. Implican un grado de temor muy alto, demasiado en relación con el estímulo al que se teme. Lo que cause esta fobia puede ser cualquier cosa y normalmente es adquirida, ya sea mediante un trauma o mediante aprendizaje vicario.

Son muchos los psicólogos quienes consideran, desde la perspectiva del psicoanálisis, que el origen de las fobias se da durante la infancia, especialmente durante la etapa fálica (de 2 a 5 años). En esta etapa, el niño desarrolla una fuerte angustia frente a la vivencia de un suceso desagradable, haciendo que aplique un muy fuerte mecanismo de autodefensa que, eventualmente, será el trastorno fóbico.

Diferencias entre la fobia y el miedo normal.- A continuación veremos las diferencias fundamentales entre la fobia y el miedo, además de cuáles son los factores que pueden estar detrás de ellos, su importancia a nivel psicopatológico y las respuestas asociadas.

1. Grado de control

El miedo no es una emoción que facilite pensar racionalmente, sin embargo, no deja de ser un mecanismo de supervivencia, con lo cual, permite actuar rápido y decidir qué hacer para asegurarse que se evita el estímulo dañino.

Dentro de los casos en los que no hay psicopatología, las emociones son responsabilidad nuestra, es decir, se pueden aprender a controlar. El miedo no es una excepción.

Es posible tener un cierto grado de control sobre esta emoción, sin dejar de ser consciente de que se está ante algo que puede ser perjudicial, pero teniendo en cuenta que cuanto más claramente se piense más eficiente se será a la hora de hacerle frente.

En cambio, las fobias, como psicopatológicas que son, implican una enorme dificultad para controlar tanto su intensidad emocional como la capacidad de pensar fríamente de la persona.

Tanto si se está delante del estímulo temido como si solamente se estaba pensando en él, la persona pierde por completo el control sobre su pensamiento, viendo como ideas auténticamente terroríficas invaden su mente.

2. Signos fisiológicos

Es normal que ante un susto se muestren algunos signos fisiológicos, como pueden ser taquicardia, sudoración o incluso temblores. Sin embargo, los signos que muestran las personas con fobia a algún estímulo concreto son muy intensos.

La reacción fisiológica en estos casos puede llegar a ser desbordante, siendo muy comunes los problemas gastrointestinales como náuseas y sequedad de boca, además de sudoración excesiva, dolor en el pecho, mareos e, incluso, dolor de cabeza.

Cabe destacar que los signos que causa el miedo se dan ante la situación temida, mientras que en el caso de la fobia, con tan solo pensar en el estímulo fóbico o hablar sobre él favorece que se dé toda la sintomatología aquí descrita.

3. Intensidad de la respuesta

Cuando se está frente a una amenaza real, lo normal es prepararse para la huida o evitar que el factor que puede resultarnos perjudicial vaya a más.

Por ejemplo, si nos persigue un perro por la calle, situación claramente temida, la opción más lógica y proporcional a la amenaza es o bien escapar o bien atacar al animal antes de que nos lo haga a nosotros.

En cambio, en el caso de la fobia, la respuesta ante el estímulo es totalmente desproporcionada, independientemente de si realmente se está ante algo que pueda dañar la integridad física y psíquica de la persona o, por el contrario, algo inofensivo.

La persona puede gritar, llorar, perder por completo su racionalidad, atacar a las personas de su alrededor… las conductas que realiza la persona con una fobia pueden ser de todo tipo y casi ninguna de ellas se puede considerar adaptativa.

4. Intromisión en la vida diaria

Todo el mundo tiene miedo de algo, pero normalmente esta emoción no implica un grado de afectación grave en la rutina, dado que en la mayoría de los casos las situaciones temidas no son comunes.

Por ejemplo, todo el mundo tiene miedo a ser comido por un tiburón, pero, realmente, ¿cuántas posibilidades hay de que nos crucemos con un escualo nadando en la playa?.

En caso de que haya la posibilidad de encontrarse dentro de una situación peligrosa, la mayoría de los seres humanos toman las precauciones necesarias para evitar tal situación, y la vida sigue su curso normal.

En el caso de la fobia, el miedo a encontrarse ante la situación temida es tal que la persona puede iniciar una serie de cambios integrales en toda su rutina, haciendo que se vea perjudicado su bienestar, solo para evitar encontrarse ante el estímulo fóbico.

Por ejemplo, una persona con aracnofobia puede evitar pasar por un parque al ir hacia el trabajo, pese a ser el camino más corto, o disfrutar de excursiones con sus amigos por el simple hecho de temer encontrarse con una sola araña.

Así, la persona va desarrollando un amplio repertorio de estrategias que le otorgan una cierta sensación de seguridad, pero a costa de su nivel de vida y su desarrollo como persona.

5. Diferencias individuales

Normalmente, todo el mundo tiene miedo a prácticamente los mismos estímulos. Por poner unos pocos ejemplos, sería el estar delante de un león, ir de noche por un barrio marginal, estar delante de personas con apariencia violenta…

No son pocas las situaciones en las que la inmensa mayoría de la población humana no le gustaría encontrarse. En cambio, en el caso de las fobias específicas hay un mayor grado de diferencias individuales. Hay fobias para todo: cucarachas, serpientes, sexo, vidrio…

Son en este tipo de trastornos de la ansiedad en donde se puede ver con mayor claridad cómo hay estímulos que son prácticamente inofensivos para la mayoría pero un pequeño grupo de la población les tiene un pavor para nada adaptativo ni proporcionado.

6. Recuerdo de la situación temida

Normalmente, cuando se recuerda una situación o estímulo que genera miedo adaptativo, la persona es capaz de recordar el recuerdo de forma intacta, sin distorsiones ni exageraciones, aunque implique un cierto grado de emocionalidad, como ansiedad.

En el caso de la fobia, no obstante, dado que la persona siente una elevada activación fisiológica y psicológica, prefiere evitar evocar el recuerdo. Bloquea la parte de la memoria en donde se encuentre la situación temida.

7. Psicopatología

Por último, pero no menos importante, se debe aclarar la diferencia fundamental entre el miedo normal y las fobias.

El miedo, como ya hemos ido indicando a lo largo de este artículo, implica un patrón de respuesta que se encontraría dentro de lo normal, y tiene una función adaptativa: garantizar la supervivencia de la persona frente una amenaza. 

En cambio, las fobias son consideradas trastornos dentro del grupo de los trastornos de la ansiedad. Las fobias suelen darse ante situaciones que son poco reales o que realmente implican un grado de amenaza insignificante y, por tanto, no son adaptativas.

Como trastornos que son implican una serie de síntomas a nivel psicológico que el miedo normal no manifiesta, siendo el principal el pensamiento distorsionado respecto al estímulo fóbico, además de no hacerle frente ni pensar de forma racional su grado de peligrosidad real