domingo, 15 de noviembre de 2020

Nuestro "ikigai" espera en algún lugar


EL PAIS     |    09/08/2020

Los meses de confinamiento han servido para que muchas personas se replanteen cuál es el sentido de su vida y qué quieren hacer con ella. Después del parón, más que nunca queremos tener un propósito, una misión o ikigai que guíe nuestra vida. Esta urgencia de encontrar un porqué a la existencia obedece a varias razones. La crisis sanitaria nos ha mostrado la fragilidad de la vida, así como de la economía y el futuro del planeta. Esto nos impulsa a priorizar lo esencial mientras estemos aquí. Ya que no hay seguridad, al menos hagamos algo con sentido.

Para la generación de los mileniales, un salario no basta para seguir en un empleo. Necesitan realizarse humana y creativamente y ver los beneficios en la sociedad. Esta visión se ha contagiado a otras generaciones. Los japoneses tienen una palabra muy adecuada para esta necesidad de sentido que se ha potenciado con la pandemia: ikigai. Se suele traducir como propósito vital, razón de ser o, más libremente, como el motivo por el que nos levantamos de la cama. Algunas personas tienen claro su ikigai y otras aún lo están buscando.

Y eso nos devuelve a la crisis actual. Al verse interrumpida nuestra actividad normal, si podemos llamar así a correr constantemente con la agenda a reventar, nos hemos hecho preguntas. ¿Quiero seguir haciendo esto? ¿Cómo deseo vivir a partir de ahora? ¿Qué clase de huella me gustaría dejar en el mundo? Contestar a estas preguntas nos acerca a nuestro ikigai. Quien aún no tiene respuestas puede seguir varios caminos.

Descubrir el flow. El profesor de psicología Mihály Csíkszentmihályi describía la felicidad, en su libro Flow, como la entrega completa a una sola cosa, con atención plena y sin esfuerzo. Aquello que nos resulta fácil de hacer y procura tal placer que el tiempo y el espacio se diluyen puede ser nuestro ikigai.

Prueba y error. Especialmente en la juventud, lo normal es no saber qué queremos hacer con nuestra vida. Ese desconcierto reaparece con las grandes crisis (una ruina económica, una enfermedad grave, una separación) y muchas veces en la jubilación. Entonces, hay que probar nuevos caminos. Al reconocer e ir descartando lo que no nos gusta, nos vamos acercando a lo que nos gusta.

Recuperar nuestros sueños infantiles. Como decía Randy Pausch, autor de una de las conferencias más célebres de la era de YouTube, cuando nos sintamos perdidos podemos echar la vista atrás y recordar quiénes éramos de niños y qué soñábamos hacer. Probablemente, hemos sepultado nuestra esencia bajo capas de obligaciones, compromisos y objetivos. Recuperar nuestra pasión infantil puede iluminarnos en la edad adulta. Incluso de muy mayores.

Tenemos el prejuicio de que los grandes cambios y revoluciones son patrimonio exclusivo de las personas jóvenes. Sin embargo, el mundo está lleno de ejemplos que nos demuestran lo contrario. En inglés existe una bella palabra para describir a esta clase especial de héroes, los late bloomers, literalmente personas que florecen tarde. Un ejemplo fue Harry Bernstein, que empezó a escribir su primera novela a los 93 años. Logró terminarla y publicarla, con notable éxito, a los 96. Aún escribiría tres novelas más antes de morir con 101. Otro late bloomer admirable fue Brian Lowe, un abogado británico retirado. En 1931 había estudiado en la universidad antes de servir en la Armada de su país. Las obligaciones le impidieron continuar su formación en Bellas Artes, como era su deseo, pero 85 años después de haber pisado el aula por última vez logró completar su sueño en Cambridge. Con 102 años se convirtió en el estudiante más anciano en lograr un máster en esta prestigiosa universidad. Tras este hito, al ser preguntado por sus motivaciones, se limitó a decir: “Necesitaba completar mi currículo”. El arrojo de estos dos séniores es un antídoto para aquellos con el síndrome del “demasiado tarde”. La novelista George Sand decía al respecto: “Nunca es tarde para ser lo que podrías haber sido”.

Si algo bueno tiene el presente caos es que nos ofrece un campo de pruebas enorme para elegir un nuevo rumbo hacia nuestro ikigai.

La tarea del doctor Frankl

El neurólogo austriaco Viktor Frankl, fundador de la logoterapia —la terapia del sentido—, desafiaba a menudo a sus pacientes con la pregunta: “¿Y usted por qué no se suicida?”. Para la que obtenía casi siempre respuesta. Mientras estamos en la vida, solemos tener alguna ilusión a la que agarrarnos. Sin embargo, algunas personas que acudían a su consulta, tras el desastre de la Segunda Guerra Mundial, estaban tan desanimadas que eran incapaces de mencionar un motivo para vivir, puesto que estaban convencidas de que su vida ya no tenía propósito. En estos casos desesperados, se cuenta que el doctor Frankl les decía algo así: “Si usted no tiene un propósito en la vida, yo le daré uno: a partir de ahora su propósito será descubrir cuál es su propósito en la vida”.

viernes, 13 de noviembre de 2020

¿Por qué crece tanto la terapia psicológica virtual? ¿Qué aporta?


ROCÍO NAVARRO MACÍAS     |     la Vanguardia     |     10/10/2020

Las consultas a distancia por ansiedad crecen un 168%, y por duelo un 135% 

Una buena conexión a internet y un móvil es todo lo que se necesita para poner en marcha una sesión de psicoterapia virtual. Los encuentros en remoto con los psicólogos se han disparado en los últimos siete meses, un periodo en el que se ha tambaleado la salud mental de gran parte de la población. ¿El motivo? La pandemia ha afectado a muchos de los pilares sobre los que se asentaba la seguridad emocional, y hoy, Día Mundial de la Salud Mental, vale la pena tomar conciencia de ello.

“Las grandes crisis sociales son momentos en los que mucha gente experimenta a la vez un vuelco en sus valores, jerarquía de prioridades y principios por los que rige su vida. Esto hace que vuelvan la mirada hacia aspectos relacionados con el bienestar psicológico , precisamente, porque se ha visto seriamente perjudicado o está bajo algún tipo de amenaza”, explica el psicólogo Rafael San Román, psicólogo de iFeel. 

La realidad es que los confinamientos, las pérdidas de familiares, los despidos laborales y la limitación para ver a amigos y seres queridos han dejado secuelas incluso en quienes gozaban de buena salud emocional. “La terapia es algo que ayuda y hace bien siempre. Tener un apoyo, un profesional experto en crisis, en cambios, en emociones… ayuda a atravesar malos momentos y crecer encontrando el lado resiliente que cada uno tiene”, explica la psicóloga y neurocientífica Ana Asensio, autora de Vidas en Positivo (B de Bolsillo, 2020). 

La toma de conciencia de que el malestar psicológico natural y sobrevenido se puede trabajar es uno de los factores que está motivando la incorporación de la terapia entre la población. La conciliación con la vida cotidiana que permite su forma virtual, también.

Según indica el estudio Psicología y terapia online en España en la era del Covid19, realizado por la plataforma de psicólogos online iFeel, el número de consultas digitales ha aumentado un 98%. “No tenemos que resignarnos a encontrarnos mal. Es muy bueno que, siempre que sea posible, se reserve un espacio para la terapia”, aporta San Román.

La factura de la incertidumbre

Aunque veníamos de una realidad en la que el estrés dominaba las agendas diarias, la pandemia ha traído consecuencias que han superado de forma radical el efecto del mismo sobre el bienestar. “La crisis sanitaria incluye multitud de pequeños y grandes estresores, presentes de forma continuada, que generan un gran desgaste”, explica Rafael San Román, psicólogo de iFeel.

Además, esta crisis cuenta con un componente muy elevado de incertidumbre, algo que no beneficia a salud mental, sino que contribuye al malestar subjetivo. “No sabemos dónde está la amenaza, no sabemos si nos afectará o cómo lo hará, o si suponemos un peligro para otras personas, y esto dificulta mucho la manera de organizar la vida cotidiana, el ocio y las relaciones. Todos ellos, aspectos enormemente importantes para el bienestar diario”, continúa.

“La crisis sanitaria incluye multitud de estresores que generan un gran desgaste” RAFAEL SAN ROMÁN Psicólogo, iFeel.

Por su parte, Asensio sugiere que todos estos factores precipitantes externos pueden crear somatizaciones, alteraciones y trastornos a nivel conductual y emocional. “Esta crisis ha puesto de manifiesto una situación antes no conocida: mucha alarma social, incertidumbre convertida en pánico y un largo tiempo sostenido de malas noticias”, señala la psicóloga.

En este escenario en el que, por periodos de tiempo, la ciudadanía se ha visto privada de movilidad, la psicoterapia ha cambiado la consulta por la pantalla. El estudio antes mencionado revela que casi el 60% de los usuarios que acudieron a consulta a través de dispositivos móviles no lo habían hecho antes de forma presencial, es decir, era su primera vez en el psicólogo.

“La terapia virtual tiene beneficios porque puede llevarse a cabo cuando la presencial no es posible. Bien porque hay un confinamiento, porque el psicólogo más cercano vive lejos, porque tengo dificultades de horario, de movilidad, o porque no deseo ser visto yendo a una terapia en persona, por ejemplo”, comparte San Román.

Factores como la inmediatez, la flexibilidad y el ahorro de tiempo han favorecido la conexión entre psicólogos y pacientes. “Yo he hecho terapia con gente que estaba en su casa, en su trabajo, en su cocina, en un parque, o incluso en el coche. Resulta muy adaptada a cada vida y a cada circunstancia en función de la necesidad o inmediatez, es mucho más fácil para ambos casos”, sugiere Asensio.

Ha surgido incluso una modalidad escrita para quienes no disponen de acceso a cámara o se sienten más cómodos expresándose a través de este medio. “Una terapia a través de un chat escrito permite poder regresar siempre que se quiera al contenido de las sesiones, sin olvidar que la escritura siempre beneficia la verbalización, la profundización y la toma de conciencia. Esto sucede cuando se realiza en condiciones tranquilas, reposadas y de total privacidad”, expone el psicólogo

Ansiedad, la otra pandemia.

Salud, economía, trabajo y relaciones personales se han visto golpeadas de forma radical. Y en ocasiones al mismo tiempo. “Aunque estemos hablando de personas psicológicamente sanas y sin estresores añadidos, si demasiadas cosas fallan a la vez, la salud psicológica se ve mermada”, analiza San Román. Las consecuencias se han materializado en un aumento de las terapias por cuadros por ansiedad en un 168%, respecto al mismo periodo del año anterior, según indica el informe de iFeel.

“Imaginemos alguien en cuya vida, aparentemente, todo funciona. Pero si, en un corto espacio de tiempo, enferma gravemente, pierde a alguien significativo y se queda sin trabajo es obvio que va a sufrir un desgaste. Si cuenta con los suficientes factores protectores (tanto psicológicos como sociales), el desgaste será menor”, añade el experto.

Junto a las consultas por ansiedad, las que más han crecido han sido las destinadas a tratar el duelo (135%). Así mismo el número de personas que han necesitado terapia por depresión y problemas de pareja se ha elevado en un 80% y 65% respectivamente. “En un momento en que las relaciones interpersonales se ven tan perjudicadas por las restricciones de movilidad, la terapia proporciona un espacio de contacto humano profundo y cercano, aunque no haya estrictamente un contacto físico”, aclara San Román.

¿Cuándo acudir a terapia?

Como dice el especialista: “Uno tiene un problema (por ejemplo, psicológico) cuando lo que le ocurre le genera problemas”. No dormir de forma regular o hacerlo con pesadillas continuas pueden ser indicios de que algo no va bien a nivel emocional. “Es importante fijarse en la capacidad para poder desempeñar las responsabilidades de la vida diaria, la calidad de las relaciones interpersonales, el estado de ánimo, la activación de nuestro cuerpo (por exceso o por defecto), entre otras cosas”, comparte San Román.

Además de síntomas acusados como ataques de ansiedad, pánico, angustia, existen otros que pueden revelar una ruptura con el bienestar. “Puede ser nerviosismo, preocupación, malestar, nudo en el estómago, en la garganta, dificultad respiratoria, cambios en el estado de ánimo y del humor. También irritabilidad, preocupación continua, tristeza y bajones… “, aclara Asensio. Un especialista puede ayudar a manejar todas estas situaciones y, por qué no, a devolver el estado de bienestar perdido con un gesto tan sencillo como iniciar una videollamada en el móvil.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Salud mental, la otra pandemia

REDACCIÓN     |     Barcelona     |     La Vanguardia     |     18/10/2020

 “Los problemas se han multiplicado con la Covid, pero hay muchos estigmas y tabúes que nos hacen no normalizarlos y no recibir los cuidados o tratamientos necesarios”

Durante el confinamiento, el doctor Alfons Rodríguez Martínez, psiquiatra del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones (INAD) del Hospital del Mar de Barcelona, habló de “las otras víctimas de la Covid-19” en un artículo en Lectores Expertos de La Vanguardia.

“Los enfermos mentales, vulnerables como pocos al estrés y a los cambios sociales, están soportando la pandemia en casa con un aplomo y comprensión inimaginables”, afirmó. 

En el peor momento de contagios de la pandemia, el médico describía: “La falta de medios en muchos hospitales psiquiátricos sin los test necesarios para detectar un posible caso ha obligado a mantener a muchos enfermos en cuarentena desde el momento de su ingreso hasta que el paso de los días sugería que no eran sospechosos de traer consigo el virus”.

Por su parte, Sergio García Soriano, psicólogo sanitario experto en intervención social, hablaba de La psicología de la nueva normalidad, también, en Lectores Expertos.

“La nueva normalidad tan comentada en la actualidad vendrá a nosotros si podemos situarnos en un modo de pensamiento amplio viendo las variables que tejen la realidad”, afirmaba.

“El miedo es libre aunque tengamos elementos de seguridad a nuestro alrededor. Necesitamos elaborar pronto qué es la nueva normalidad para cada uno de nosotros y aceptar que de momento ha venido para quedarse”, apuntaba.

Pero, ¿cómo están viviendo las personas con problemas de salud mental esta pandemia? ¿Y sus familiares y amigos? ¿Cómo está respondiendo la sociedad?... A continuación, en La Mirada del Lector de La Vanguardia, reproducimos un testimonio en primera persona.

Laura Álvarez Xicoy  -  “Es la pandemia de la que nadie habla”

“¿Sabíais que 1 de cada 4 personas tendrán un trastorno mental a lo largo de su vida, y entre el 35% y el 50% no reciben ningún tratamiento o no el adecuado?”

“Los problemas de salud mental son de las enfermedades que más afectan a la población mundial y que, además, se han multiplicado debido a la pandemia”.

“Sin embargo, existen muchos estigmas y tabúes que nos hacen no normalizarlas y, en consecuencia, no recibir los cuidados o los tratamientos necesarios”.

“Que quede claro: no sólo una enfermedad severa o crónica significa tener trastornos mentales. La ansiedad, la depresión o los ataques de pánico ya son motivos para pedir ayuda”.

“Como testimonio de alguien cercano que la pandemia ha provocado un desequilibrio en su salud mental, quiero apoyar y visibilizar movimientos como #asimesiento y exijo una educación desde pequeños en temas tan poco normalizados y tan necesarios”.

“Porque los problemas de salud mental son igual o más importantes que los problemas de salud físicos, pero nadie es consciente”.

 

El riesgo de una sociedad sin esperanza

CRISTINA SEN     |   Blog de Luis Salinas Mateo   |     La Vanguardia     |     22/10/2020

Pasó el confinamiento duro, la desescalada y el verano se esfumó de la mano de la segunda ola o como cada político o científico la denomine. Ha llegado el otoño y la sociedad se encuentra en un escenario socioeconómico y personal como mínimo arduo y de duración imprevisible. No es que no haya un liderazgo político, tampoco lo hay moral o científico. Y el gran problema para una sociedad es la falta de esperanza.

En estos momentos, indica Francesc Torralba, director de la Càtedra Ethos (Universitat Ramon Llull), la sociedad está en un momento de resignación. Una resignación que conlleva “amargura, encogimiento y que no significa aceptación. A esta resignación, subraya el profesor, se la añade un cansancio moral y también físico. Sobretodo en algunos colectivos como los sanitarios, educadores o aquellas personas que más están y han estado sufriendo esta crisis.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) daba cuenta hace pocos días de este malestar social, con síntomas de agotamiento tal como daba cuenta este diario. Y el estudio reflejaba el importante aumento de la preocupación de la ciudadanía al ser preguntados por el binomio salud-economía. Imma Armadans, directora del Máster de Mediación de Conflictos (Universitat de Barcelona), explica que la sociedad está en baja forma y con un nivel de energía escaso.

Se configura así, explica, un momento crítico sin que nadie esté llevando el timón, ni en el plano político ni en el social. Y los momentos críticos pueden convertirse en conflictivos. Con una crisis sanitaria y económica cuya duración no se puede prever, Armadans estima que al igual que sucedió durante la crisis del 2008, se asoma también el riesgo de la desafección política.

Los mensajes políticos que en estas situaciones de dificultad no conectan con la realidad generan, señala la profesora, aún más incertidumbre y, por tanto la pérdida de esperanza. Es de la esperanza desde donde se crea el futuro. “En contextos de dificultad –explica Torralba- la esperanza es creer en la posibilidad de salir adelante y por lo tanto es imprescindible”. E invita a recordar como en situaciones mucho peores las sociedades han podido volver a emerger.

 “Este aliento es el único antídoto contra el nihilismo práctico porque la esperanza es lo que te pone en acción”, subraya. Es entrever posibilidades, intentarlo, porque si no lleva a “la pasividad y al cinismo”. Es en esta línea de análisis en la que Armadans indica que la adaptación a la que está sometida la sociedad provoca estrés. Se han de interiorizar cosas que igual no tienen sentido, sin mensajes claros. Una situación que provoca incredulidad y que, por tanto, puede generar una anestesia social, subraya.

El incremento de la bronca política, el espectáculo de la batalla entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno, ha redundado en los últimos días en la construcción de este paisaje al que se enfrenta la sociedad. Los líderes políticos no tienen crédito, pero como se decía, al margen de que las críticas llueven sobre ellos, tampoco emergen liderazgos de otro tipo. El momento es así complejo porque las personas y las sociedades, subraya Armadans, necesitan de un sentido, no se puede caminar mucho tiempo a oscuras sin ver el camino.

Pero pese al análisis de este momento que sin duda es difícil y donde además de la pandemia golpea la precariedad económica sigue ofreciendo la posibilidad de pensar en crear una nueva vida. O por lo menos de cambiar algunas cosas, siguiendo la invitación de Torralba. No se trata de decir, como se hizo al principio, de que de la crisis provocada por el coronavirus “saldríamos mejores”, pero sí de aprovechar alguna ventana.

Quedará la digitalización de muchos procesos, explica el filósofo y teólogo, que facilitan ganar tiempo propio (según las profesiones). Procesos que permiten si se mantienen contaminar menos y que, en términos generales, invita a la ponderación. Una ponderación, subraya, que debe confrontarse a la figura del ‘homo consumens’. “Aquel que es llevado por la pulsión de una fuerza básica que es competir: más cosas, más cargos, más prestigio…” Una pulsión destructiva que le aleja de su identidad verdadera.

Que hayan emergido con más fuerza las voces que piden un crecimiento cero, la evidencia de que somos vulnerables e interdependientes, son algunos debates que han llegado de la mano de la pandemia, recuerda Torralba. Una cierta posibilidad de ir más allá de la visión individualista. Pero la esperanza hay que alimentarla. Ahora, indican los expertos, el sistema que tenemos es una máquina de destrucción de ilusiones. La alarma suena.

martes, 10 de noviembre de 2020

La sorprendente relación entre el estrés, la memoria y el tamaño del cerebro

 ANDRÉS MASA       |       El País       |       06/02/2019

Un estudio relaciona la tensión crónica con un órgano más pequeño, especialmente en mujeres

Si sentir estrés habitualmente es una situación que te resulta ajena, lo que te distingue de personas menos afortunadas quizá sea el tamaño de tu cerebro. Es lo que sugiere un estudio científico que ha evaluado el órgano de 2.200 voluntarios jóvenes y de mediana edad -la media fue de 48 años-. Según el trabajo, las personas con estrés crónico tienden a tener un órgano más pequeño. Y no solo eso. La investigación no explica si la relación es una causa o un efecto de la tensión constante, si es que es alguna de las dos cosas, pero sí señala que es especialmente notable entre las mujeres.

El cuerpo humano responde al estrés produciendo distintas hormonas, pero la huella que los científicos suelen buscar en la sangre para detectarlo es la que deja el cortisol. El cortisol es absolutamente necesario para la vida porque la tensión que produce predispone al organismo a responder rápidamente ante una situación de alerta. Pero la mejora de la capacidad de reacción se limita a momentos puntuales.

Si el nivel se mantiene elevado durante mucho tiempo, si el estrés se cronifica, la respuesta hormonal deja de ser beneficiosa y se convierte en un problema. El estudio, publicado en la revista Neurology, relaciona los niveles más altos de cortisol con el volumen cerebral más pequeño y también con el daño en algunas funciones cognitivas.

Resonancias magnéticas y pruebas psicológicas

Para alcanzar sus conclusiones, los académicos han analizado los cerebros de los participantes en el estudio Framingham, que forman parte de la tercera generación de una población de Boston en la que los científicos estudian la relación entre la salud y el estilo de vida. Lo hacen desde los años cuarenta del siglo pasado.

Los investigadores analizaron imágenes obtenidas con escáneres de resonancia magnética e hicieron pruebas cognitivas a los sujetos para evaluar su memoria, su capacidad de razonamiento abstracto, su percepción visual, atención y función ejecutiva, un concepto que recoge distintas habilidades que se complementan para alcanzar las metas futuras. Aparte de las diferencias en el volumen cerebral, los científicos detectaron daños en la microestructura de la materia blanca en varias regiones del órgano maestro del organismo, especialmente en el cuerpo calloso, que conecta los dos hemisferios cerebrales.

"La materia blanca -un tejido compuesto de fibras nerviosas que comunican las distintas partes del cerebro- está altamente correlacionada con la velocidad de procesamiento, que a su vez está asociada sólidamente con una mayor habilidad cognitiva en general", explican los autores en el artículo. "La disrupción de la transferencia de información debida al daño en la materia blanca podría explicar parcialmente las deficiencias en las habilidades cognitivas asociadas a mayores concentraciones de cortisol", añaden.

Entre las facultades que los investigadores han visto perjudicadas destaca la memoria, ese recurso tan preciado para los opositores. No es una novedad; los episodios de estrés ya habían sido relacionados con una menor capacidad de evocar los recuerdos anteriormente, pero no así los cambios en el volumen cerebral que proponen los investigadores... y esos son mucho más difíciles de corroborar. De momento solo es una hipótesis y, si bien otros estudios parecen apuntar en la misma dirección, estos trabajos aún son muy pocos. Eso sí, si existiese la relación que los científicos describen entre el cortisol, el estrés y la estructura cerebral, las implicaciones serían muy importantes: puede que los cambios estructurales del órgano sirvieran para predecir el desarrollo de algún tipo de demencia en la vejez.

No solo es la memoria, la atención también se resiente

La investigadora principal del laboratorio de Neurociencia Social Cognitiva de la Universidad de Valencia, Alicia Salvador, es una de las personas que estudian en España el posible papel que el cortisol podría tener en el declive cognitivo en la vejez. "Está claro que los niveles elevados de cortisol durante un tiempo prolongado afectan al sistema nervioso, y eso puede tener consecuencias en la capacidad de adaptación posterior, pero que sea hasta el punto de provocar demencia aún no ha sido demostrado científicamente", explica Salvador.

Lo que su equipo tiene claro, gracias a los resultados que ha obtenido en las investigaciones que vienen realizando desde 2004, es que el estrés sí influye la memoria. Y que no afecta igual a los hombres que a las mujeres, ni a los jóvenes que a las personas mayores. Con todo, Salvador insiste en que el cortisol no es el enemigo.

"Hay numerosas pruebas de que tiene influencia sobre la cognición, y entre las funciones más estudiadas está la memoria, pero también aspectos como la atención y la toma de decisiones, que se han empezado a estudiar un poco más tarde", explica la investigadora. Lo que pasa es que los niveles que cada uno puede soportar antes de notar los efectos negativos son distintos. Y lo que es más importante, la fuerza de la tensión no es el único parámetro importante a la hora de valorar el efecto del cortisol en la salud: aprender a gestionar el estrés correctamente puede marcar la diferencia.

Para vivir tranquilo, 'mindfulness' y aceptación

Estudios anteriores han relacionado el estrés con el deterioro del hipocampo, "que es la región del cerebro que determina la memoria a largo plazo", explica el catedrático emérito del departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, Bernardo Moreno. El académico no muestra sorpresa alguna ante un efecto ya reconocido entre en la comunidad científica.

El profesor enfatiza que el estrés es inevitable, incluso deseable para activarnos ante ciertas situaciones que requieren actuar rápidamente. Pero también subraya que, desde el punto de vista evolutivo, nuestro organismo está adaptado al estilo de vida paleolítico, en el que esos momentos eran puntuales. El estrés está ahora fuera de lugar, y eso provoca perversas consecuencias.

Según Moreno, el contexto urbano, industrial, competitivo y de imprevisibilidad actual está haciendo que la tensión se cronifique, y eso favorece el deterioro cognitivo. También fomenta la aparición de enfermedades cardiovasculares y promueve respuestas contraproducentes del sistema inmune que pueden desencadenar neoplasias, tumores benignos o malignos.

La buena noticia es que, por muy inevitable que sea, podemos regularlo. "Siempre ha existido la desconexión, el viaje, los amigos, los momentos agradables" que nos ayudan a rebajar la tensión, dice Moreno. Y ahora también hay una pléyade de técnicas a las que podemos recurrir, entre las que el catedrático emérito destaca las relacionadas con el mindfulness, del que se ha dicho que puede hacerse incluso mientras uno se lava los dientes, y los recursos de aceptación y compromiso.

Los últimos implican hacerse consciente del problema y de la necesidad de superarlo. "Yo no soy mis pensamientos, yo no soy mis emociones. Puedo estar estresado, pero también puedo seguir", recita Moreno, emulando el proceso mental por el que funciona esta manera de manejar el estrés. Pero advierte: "Las técnicas son elementos que pueden ayudar, pero solo si uno está habituado". Es decir, es imprescindible hacer el esfuerzo previo de convertirlas en un hábito.

Y añade un detalle fundamental: "No pueden resolver continuamente los problemas. Si hay que recurrir a ellas constantemente es que el estrés de fondo no está resuelto", profundiza Moreno. Y, visto lo visto, parece más que deseable resolverlo antes de que las facultades mengüen más de la cuenta. 

Ayuno de dopamina: la moda de dejar el alcohol, el sexo y las redes sociales para "reiniciar" el cerebro

KRINTIN SULENG       |     El País     |     05/01/2020

Pretender mejorar el funcionamiento del órgano maestro reduciendo placeres potencialmente 'adictivos'. ¿Sirve para algo?

Silicon Valley es conocido por su papel de polo mundial de desarrollo tecnológico y los millones de dólares que generan sus gigantes digitales. Pero el paraíso geek por excelencia también es el lugar donde se fraguan tendencias de salud de lo más extravagantes, generalmente ligadas al aumento de la productividad personal. Los ejecutivos de San Francisco han puesto de moda la dieta del ayuno intermitente, la de beber agua cruda de la lluvia y depósitos sin tratar, la de consumir microdosis de LSD para rendir mejor en el trabajo... y ahora llega la de alejarnos de todo aquello que produce placer– desde la alimentación, el alcohol y el sexo hasta las redes sociales y las nuevas tecnologías. La práctica se conoce como ayuno de dopamina, un término acuñado por el psicólogo e inversor tecnológico Cameron Sepah al que se le atribuyen las bondades de "reiniciar" y mejorar la eficiencia del cerebro. O sea, como una manera de librarnos de los "vicios" que nos impiden alcanzar nuestras mentas y potenciar la productividad. ¿Vale la pena intentarlo?

Contra la hormona del deseo y la motivación

La dopamina es un neurotransmisor básico del sistema nervioso central y no es dañina, recuerda la neurocientífica Raquel Marín, profesora de Fisiología de la Universidad de La Laguna, en Tenerife. El cerebro la necesita para múltiples tareas, relacionadas con la memoria, la motivación, la recompensa, el aprendizaje, la atención y los estados de alerta. "También está implicada en funciones motoras, se estimula cuando nos enamoramos e incluso actúa en la producción de prolactina, la hormona de la secreción de leche en la mama", apunta Marín.

El hecho de que se libere dopamina en el cerebro cuando sentimos algún tipo de satisfacción o bienestar por actividades como leer un libro, salir con los amigos, viajar o practicar sexo, hizo que durante mucho tiempo se creyera que esta molécula era la responsable del sentimiento del placer. Ahora se le conoce como el neurotransmisor del deseo y la motivación. "Al liberar dopamina sentimos unas enormes ganas de buscar el placer, cuando lo encontramos nos lo hacen sentir las endorfinas o encefalinas. El deseo hace buscar el placer, y el placer también hace aumentar las ganas de buscar el deseo", explica Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La dopamina también está unida a la sorpresa, por lo que cuanto más inesperado resulta un acontecimiento, más dopamina se libera. "Es como cuando alguien está tranquilamente sentado en una cafetería y de repente se le aparece un amigo al que no ve hace muchos años", sostiene Morgado, autor del libro Deseo y placer, la ciencia de las motivaciones (Ariel). Entonces, ¿qué tiene de malo? ¿Para qué iba alguien a desear bloquear su producción?

Los vínculos con la adicción y la depresión

La gracia de la propuesta es que el ayuno de dopamina se basa en la renuncia a los comportamientos pocos saludables que impliquen abusar del placer. Puede entenderse como una especie de estrategia para huir de situaciones que distraen la atención de otras más productivas, o como una "terapia de desintoxicación" de lo que nos aleja de lo verdaderamente importante. Sin embargo, "el organismo la regula para que no sea escasa ni excesiva. Es difícil concebir una posible regulación a la baja por controlar voluntariamente aspectos relacionados con la producción de dopamina", explica Marín.

Para Morgado sí existe la manera, aunque es poco atractiva: "Si uno se encierra en casa, no recibe llamadas y no ve la televisión, impide que su cerebro libere dopamina de forma natural. No sabemos en qué circunstancias debe aplicarse el ayuno ni cómo debería ser, pero se dirige a la vida cotidiana y nos llama a todos abusones de la vida, como una homilía de domingo", recalca. El neurocientífico es partidario de la idea del ayuno, pero como vía de investigación en sustancias inhibidoras para casos de adicción, cuando la sobrecarga de los sistemas de recompensa deteriora el cerebro. "No es un tratamiento terapéutico para cualquier persona, reducirla solo es bueno en casos de exceso exacerbado de algo dañino para el organismo y que impide hacer una vida normal", subraya el catedrático.

Y es que la dopamina está ligada a las adicciones, cuando el cerebro solicita la recompensa de forma insistente. En estos casos, juega una mala pasada. "Produce la sensación permanente de desazón y desasosiego en ausencia del premio, así como de cubrir esa necesidad para subsistir aunque seamos conscientes de que una práctica nos perjudica", aclara Marín, que pone el ejemplo del café de las once de la mañana. "Ningún estudio científico demuestra que sea fundamental para sobrevivir, sin embargo, muchas personas sienten que no pueden funcionar sin él", dice la neurocientífica.

El director de la sección de Neurociencia cognitiva del Centro de Evolución y Comportamiento Humano de la Universidad Complutense de Madrid, Manuel Martín-Loeches, advierte de que "no hay forma de restablecer algo que está en continuo cambio desde antes de nacer, como es el cerebro. Si restringimos la dopamina con el ayuno ocurriría algo parecido a los efectos a la larga de una adicción: la falta de satisfacción, que suele llevar a una depresión".

Paradójicamente, solo el hecho de plantearse semejante opción también aumenta el nivel de esta molécula. "Reducir las horas de conexión a redes sociales, eliminar el consumo de fármacos o cambiar la alimentación con pautas más saludables es algo altamente aconsejable para una mejor salud cerebral, una mayor capacidad de concentración, una mejor sensación de recompensa frente a umbrales más bajos de estímulos y una mejor sensación de autoestima. Pero, en sí misma, la decisión de hacer este pseudoayuno de dopamina también estimula la producción de dopamina", recalca Marín, autora del libro Pon en forma tu cerebro (Roca Editorial).

Cambiar la cerveza de la tarde por media hora de gimnasio

Los expertos están de acuerdo en que, desde el punto de vista neurocientífico, el ayuno de dopamina es algo inimaginable. "Son demasiados los parámetros fisiológicos y psíquicos que regulan su producción", afirma tajante la neurocientífica. Sin embargo, que no se pueda controlar el nivel del neurotransmisor en multitud de funciones no impide realizar acciones conscientes para controlar las prácticas que estimulan su síntesis. "Si se consiguiera disminuir la producción de dopamina en las zonas concretas del cerebro implicadas en las adicciones, es probable que pudiéramos sentirnos más capaces de controlar hábitos dañinos. En algunas investigaciones en animales ya se ha conseguido reducir el antojo por el dulce", recuerda Marín.

La científica propone crear ambientes con menos estímulos para la dopamina, como cambiar la rutina de la cerveza diaria de las siete de la tarde por media hora de gimnasia o apagar los dispositivos electrónicos cuando estamos almorzando. "Los cambios de contexto que implican eliminar el consumo de estupefacientes benefician al cerebro en el medio plazo, por la misma razón por la que nos sentimos físicamente mejor al dejar de consumir dulces a diario", insiste.

Sin embargo, la idea de rendir mejor en el trabajo gracias al ayuno de dopamina está cuestionada por la relación positiva que existe entre la molécula, los estados de ánimo positivos y la creatividad. "Pueden no ser convenientes para ciertas tareas, como la contabilidad, ya que se cometen más errores. Pero para la mayor parte de las funciones laborales y personales, la dopamina sería muy recomendable", apunta Martín-Loeches. Y en contextos más románticos también, recuerda Marín: "No todo es perjudicial en la sobreproducción de dopamina. La necesitamos también para enamorarnos. Sin esta maravillosa molécula es muy probable que no pudiéramos nunca sucumbir al amor", concluye. ¿Y quién quiere renunciar a esas mieles? 

sábado, 7 de noviembre de 2020

Quin és l'impacte de la salut mental a la salut física?

 Observatori Discapacitat Física

Els problemes de salut mental no esdevenen de forma aïllada. S’ha calculat que el 46% de les persones amb un trastorn mental tenen un problema físic de llarga durada. (Naylor et al., 2012). Un estudi recull que, de mitjana, les persones amb una malaltia mental greu tenen una esperança de vida 20 anys inferior respecte a la població general, sovint la causa de la mort és degut a una malaltia física evitable.

Les persones afectades per un problema de salut mental tenen més probabilitats de patir altres patologies com la diabetis, cardiopaties i càncer de còlon i de mama, per exemple.

Per això, a l’hora de referir-se a la salut mental o a la salut física, aquestes no haurien de tractar-se de manera separada perquè existeixen moltes associacions entre salut mental i malalties cròniques que tenen un impacte significatiu en les persones.

L’Organització Mundial de la Salut (OMS) defineix un bon estat de Salut com “un estat amb un benestar físic, mental i social complet, i no solament com l’absència de malalties”. A més, l’OMS aposta per la integració de l’atenció de la salut física amb la mental perquè “no hi ha salut sense salut mental”. En el Dia de la Salut Mental, 10 d’octubre, identifiquem alguns efectes de la salut mental a la salut física, i viceversa.

La depressió i l’ansietat augmenten el risc de patir cardiopaties

La depressió és una de les grans problemàtiques de salut al món. L’OMS preveu que el 2020, la depressió serà la principal causa de discapacitat de la població a escala mundial. A més, hi ha diversos estudis que relacionen l’ansietat i la depressió amb l’augment del risc de mort per malaltia cardiovascular i per càncer.

Els efectes secundaris de la medicació

La medicació pot provocar impactes adversos a la salut física de les persones amb malalties físiques o mentals, per exemple, pot provocar un augment ràpid de pes que pot repercutir a la salut. A vegades, els pacients no reben la suficient informació sobre la medicació que prenen i els efectes que poden provocar.

Diagnòstic i seguiment

Sovint, les molèsties físiques d’una persona amb un trastorn mental es veuen com una manifestació més de la seva malaltia, en comptes de tractar-se com una condició o molèstia separada de la malaltia. Això pot provocar un retard en el tractament de les molèsties físiques d’aquestes persones. A més, si no es realitzen revisions de la salut física d’aquests pacients, per exemple a l’atenció primària, per a identificat possibles molèsties d’aquest tipus, el tractament trigarà encara més a arribar.

Factors de l’estil de vida

Hi ha molts factors que afecten les persones amb una malaltia física o mental a l’hora de menjar de manera saludable o fer exercici. Alguns d’aquests factors són l’exclusió social o l’estigma, molt present al voltant de les malalties mentals, o la falta de tenir una rutina. Per això, és important que aquest col·lectiu compti amb el suport necessari per mantenir un estil de vida de qualitat i saludable.

Fonts:

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs220/es/

https://www.rethink.org/media/511826/20_Years_Too_Soon_FINAL.pdf

https://www.rethink.org/about-us/health-professionals/physical-health-why-it-matters