miércoles, 22 de septiembre de 2021

6 consejos para una escapada activa que recordarás


Escrito por el personal de Mayo Clinic      |      16/03/2019

Descubre cómo puedes ponerte en forma tanto en vacaciones como en viajes de negocios, sin sacrificar nada de la diversión.

¿Te vas de viaje? Estar fuera de tu rutina habitual puede hacer más sencillo que caigas en la sobrealimentación y la falta de ejercicio. Pero ya sea que viajes por trabajo o por diversión, eso no tiene por qué significar saltarte los entrenamientos. 

Con el enfoque correcto, el entrenamiento físico puede encajar perfectamente en tus planes de viaje. De hecho, puede incluso mejorar tu tiempo fuera de casa. Utiliza estos consejos de expertos del Programa de Vida Saludable de Mayo Clinic para hacerlo bien. 

Planifica con inteligencia 

Explora el entretenimiento activo. ¿Quién dice que acostarse en la playa es la única manera de relajarse? Al elegir un destino vacacional, busca un lugar donde puedas hacer senderismo, tirolina o incluso bailar música country en línea toda la noche, lo que sea que te motive. 

Alójate en un área donde se pueda caminar. Cuando busques hoteles o casas de alquiler para tus vacaciones, dedica algún tiempo a explorar en línea para ver qué hay alrededor. Averigua si hay aceras, carriles para bicicletas, opciones de transporte público o servicios que disfrutarías cerca de tu alojamiento. 

Un vecindario de moda que tiene atracciones a las que se puede ir caminando puede costar un poco más. Pero piensa que quizás ahorrarás dinero caminando en lugar de pagar por taxis o estacionamiento. 

En el aeropuerto

Vístete para la acción. No permitas que el calzado o la ropa incómoda te tengan atado. Usar zapatos cómodos y armar una valija pequeña con ruedas (o facturar el equipaje) puede dejarte libre para deambular durante tu escala y sumar algunos pasos saludables. 

Juego divertido: prueba caminar en la cinta en movimiento y "correr carrera" con la gente que va en ella.

Revisa las instalaciones para hacer ejercicio en el aeropuerto. Un número cada vez mayor de aeropuertos están creando espacio para salas de yoga en las terminales, lo que resulta perfecto para estirar las extremidades entre vuelos. Algunos incluso ofrecen golf virtual.

Si tienes mucho tiempo de espera, puede valer la pena ver opciones para un entrenamiento completo en un gimnasio. Algunos aeropuertos cuentan con gimnasios designados y algunos hoteles cercanos al aeropuerto ofrecen pases de un día por una pequeña tarifa. Busca en Internet "gimnasios del aeropuerto" para encontrar lo que tienen para ofrecer. 

En tu destino 

Piensa más allá del gimnasio del hotel. Sí, claro que puedes hacer tus ejercicios habituales en un gimnasio normal de un hotel. Pero ten en cuenta que alquilar una bicicleta para desplazarte por la ciudad o asistir a una clase de HIIT pueden ser mejores maneras de conocer el lugar. 

Aprovecha las ventajas. Al igual que los aeropuertos, algunas cadenas hoteleras ahora ofrecen comodidades centradas en el bienestar. Según dónde te alojes, puedes conseguir una máquina de ejercicios cardiovasculares en la habitación, pedir prestados equipos de gimnasia o unirte a una carrera guiada por un conserje por la ciudad. 

Planifica actividades para mantenerte en movimiento. En lugar de destinar tiempo de tus vacaciones a hacer ejercicio, haz que el ejercicio forme parte de tus vacaciones. Planifica por lo menos una actividad por día que te obligue a caminar, por ejemplo. ¿Un largo paseo por la playa? ¡Sí, por favor!

¿Los negocios te mantienen ocupado? Maximiza la eficiencia. Un simple juego de bandas de resistencia ocupa muy poco espacio en la maleta. Combínalo con una aplicación (busca "7 minutos de entrenamiento") para encontrar ejercicios sencillos que puedas hacer en tu habitación del hotel. 

Si tu día está repleto de reuniones, busca la manera de mantenerte en movimiento. Párate en la parte de atrás de la sala, donde puedas caminar mientras escuchas. Sube por las escaleras en lugar de usar el ascensor. Cuando salgas a almorzar, camina un poco. Todo suma; tanto en casa como fuera de ella.

 

lunes, 20 de septiembre de 2021

Prozac de Séneca: una herramienta para dejar de sufrir

JUAN ARMANDO CORBIN      |      Psicología y Mente
 
Buscando herramientas terapéuticas más allá de lo convencional.
 
En una sociedad tan demandante como en la que vivimos, que muchas veces exige más de lo que nos devuelve, resulta fácil que nuestra salud emocional se vea afectada. Especialmente, si convivimos con la “happymania”, es decir, la obsesión por ser felices.
 
Desde hace solamente unas décadas, el felicismo está en todos lados: las investigaciones científicas, los libros “best-sellers”, nuestros estados en las redes sociales… Solo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para observar que nos hemos empeñado en crear un relato feliz de nuestras vidas.
 
¿Son los antidepresivos y los ansiolíticos la solución a nuestra tristeza y ansiedad?
 
Y es que parece que está prohibido no ser feliz, cuando es imposible estarlo las 24 horas del día, los 365 días del año. En las sociedades modernas como, por ejemplo, la estadounidense, el consumo de psicofármacos como el prozac, llamado la droga de la felicidad, va en aumento año tras año. La depresión y la ansiedad están al orden del día, y por eso pocos no conocen medicamentos como el tranquimazin o el valium.
 
Pero combatir nuestra tristeza o nuestra ansiedad solamente con estos medicamentos no es una estrategia eficaz: no elimina el sufrimiento, sino que calma los síntomas durante un tiempo. Esto es lo que pretende explicar el libro llamado Prozac de Séneca, una obra con una base filosófica-psicológica. Para su elaboración, el autor, Clay Newman, se ha inspirado en frases reveladores de Séneca, el máximo exponente del estoicismo. Sus pensamientos son una fuente de sabiduría para la felicidad.
 
Un libro con tintes terapéuticos
 
Este libro es una especie de medicina, una forma de terapia para ayudarnos a vivir un poco mejor. Porque tal y como el autor afirma: “nunca hemos sido tan ricos en lo material, pero tan pobres en lo espiritual”. La idea de este texto es dejar atrás los fármacos como el prozac o el valium y construir una personalidad más adaptativa, además de ayudar a las personas para que sean mentalmente más fuertes.
 
Un libro para concienciarnos de que la medicación no es la solución para los desajustes emocionales. Porque es más útil conocer las causas del malestar y trabajar para dejar de sufrir. El Prozac de Séneca promueve la filosofía estoica y proporciona la dosis necesaria de sabiduría para aprender a ser feliz. Newman defiende que los valores como la humildad, la auto-aceptación, la compasión y la confianza, entre otros, son inherentes a la condición humana. Sin embargo, es necesario conocer esta filosofía y tener la voluntad necesaria para hacerla efectiva.
 
En definitiva, se trata de dejar atrás lo que impide a las personas ser felices. Esta obra literaria permite desarrollar la honestidad, la humildad y la consciencia, la compasión, el desapego y la aceptación.
 
Prozac de Séneca: algunas frases del libro
 
A continuación puedes encontrar algunas de las mejores frases de este libro:
 
1. A la vida no le importa lo que tú quieres. Su función es darte en todo momento lo que necesitas
La vida tiene en cuenta cómo nos adaptamos al medio, no nuestros deseos y nuestras motivaciones. Eres tú quien tiene que luchar por tus sueños.
 
2. Dado que partes de la carencia y la sensación de vacío, quieres a los demás en la medida en que te llenan y te procuran satisfacción.
Solemos buscar la satisfacción en otros cuando deberíamos centrarnos en lo que nos satisface a nosotros. Una gran enseñanza para la vida.
 
3. El propósito de tu vida consiste en aprender a ser feliz y a estar en paz contigo mismo para poder amar la vida tal como es.
Trabajar en el amor propio y en la autoaceptación es una de las claves de la felicidad.
 
4. La verdadera seguridad no está relacionada con tus circunstancias externas, las cuales están regidas por leyes universales que no puedes controlar. Más bien se trata de un estado emocional interno que te permite vivir con confianza, coraje y valentía.
Crear una personalidad fuerte solo se consigue cuando estamos en paz con nosotros mismos.
 
5. ¿Hay alguien que te caiga mal o que no soportes? ¿Alguien que sólo de verlo ya te ponga de mala leche? Si es así, te doy la bienvenida en nombre del colectivo de la raza humana. Acabas de identificar a uno de tus «maestros espirituales».
Somos humanos y sentimos emociones que, a veces, no son del todo agradables.
 
6. Lo mejor que puedes hacer por la humanidad es ser feliz y aprender a estar en paz contigo mismo.
Cuando estás bien contigo mismo los demás también lo notarán de manera positiva.
 
7. La única Verdad que merece ir con mayúsculas es el Amor.
El amor es una experiencia que puede hacernos inmensamente felices o tremendamente infelices.
 
8. El verdadero desapego surge cuando comprendes que nadie hace feliz a nadie.
Depender de los demás es inversamente proporcional a la felicidad.
 
9. ¿Acaso nosotros somos perfectos? ¿Por qué, entonces, exigimos perfección a los demás?.
Podemos ser muy exigentes con los demás cuando, en realidad, nadie es perfecto.
 
10. La adversidad es ocasión de virtud.
Los malos momentos son ocasiones para crecer que no debemos desaprovechar.
  

viernes, 17 de septiembre de 2021

3 maneras de aprender a tener paciencia y mejorar el bienestar

 Escrito por el personal de Mayo Clinic      |      23/05/2019
 
Descubre un ser más tranquilo, más positivo a través del poder de la paciencia: una habilidad que puedes aprender y practicar diariamente.

¿Las cosas buenas realmente llegan a aquellas personas que saben esperar?

Las investigaciones indican que sí; existe una relación entre la paciencia y el bienestar. Varios estudios han determinado que las personas que son más pacientes experimentan menos estados anímicos depresivos, son más empáticas y sienten mayor gratitud. Tu nivel de paciencia incluso podría estar relacionado con tu nivel de felicidad.

Parece que nuestros padres y maestros estaban en lo cierto cuando nos recordaban que la paciencia era una virtud. Pero también es una habilidad, que puedes aprender y practicar. 
¿Estás listo para ser una persona más paciente? Los expertos aconsejan comenzar con prácticas de atención que te ayuden a tomar conciencia de dónde estás y qué estás haciendo en este momento. Como todo lo que vale la pena, mejorar tu atención requerirá algo de esfuerzo.
Pero si te comprometes a hacer el esfuerzo, obtendrás las recompensas que vienen aparejadas con el cuidado personal: presión arterial más baja, menos estrés y enojo, y un pronóstico cada vez más positivo.

Estas tres prácticas han demostrado ayudar a desarrollar la atención y mejorar la paciencia.
 
1.      Reducción del estrés basada en la atención plena (REBAP): se ha demostrado que la REBAP fortalece realmente las áreas del cerebro que se utilizan para regular las emociones y procesar el aprendizaje y la memoria. Por lo general, este programa se enseña en un curso de ocho semanas dirigido por profesionales capacitados y certificados en REBAP, e incluye ejercicios de respiración, estiramiento y percepción.
 
Con práctica, puedes usar estas habilidades para incrementar tu aceptación de lo que sucede en el presente. A nivel práctico, esto significa transformar situaciones, como embotellamientos, de desencadenantes del enojo a simples inconvenientes que entiendes y aceptas como fuera de tu control.
 
2.     Meditación: los estudios han demostrado que las personas que meditan tienen mayores volúmenes de materia gris en las áreas del cerebro que regulan el control de la respuesta. Esa puede ser la razón por la cual los meditadores tienen una mirada más positiva, son más estables desde el punto de vista emocional y son más conscientes.
 
Con la práctica continuada, la meditación puede ayudarte a evocar la paciencia para lidiar sin estrés con los disgustos cotidianos, desde largas colas en las tiendas de comestibles hasta tediosas reuniones de trabajo.
 
3.     Movimiento consciente: yoga, aikido, tai chi y qigong son todas formas de movimiento consciente diseñadas para ayudar a fortalecer el cuerpo y la mente. Muchos estudios de investigación han demostrado que la práctica de movimiento consciente ayuda a reducir el estrés, los pensamientos negativos y la depresión.
 
Estos ejercicios controlados te enseñan a concentrarte en tu respiración y cuerpo a medida que realizas movimientos específicos. Un efecto secundario feliz es el aumento de la paciencia, a medida que repites el proceso una y otra vez, y aprendes progresivamente a relajar tu mente.
 
Si practicas la paciencia, aprenderás a disfrutar de los momentos "de transición", como los semáforos, las filas en los supermercados o los viajes en ascensor. La persona impaciente, probablemente tome el teléfono, ansiosa por llenar el tiempo que transcurre desde donde estaba hasta donde se dirige. La persona cada vez más paciente, guarda el teléfono en el bolsillo y, en su lugar, utiliza sus sentidos y aprecia el momento.

Los investigadores han demostrado que la apreciación puede producir una mayor satisfacción de vida. Parece que nuestros padres y maestros también estaban en lo cierto cuando nos instaban a que nos detuviéramos a oler el perfume de las rosas.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

El suicidio se convierte en la primera causa de muerte entre los jóvenes

ANTONIO PANIAGUA      |     Heraldo     |     25/07/2021 

La pandemia ha deteriorado gravemente su salud mental y duplicado las urgencias psiquiátricas.


El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte en los jóvenes españoles, algo que nunca había pasado en la historia desde que se dispone de estadísticas. En 2019 se quitaron la vida 309 personas de edades comprendidas entre los 15 y 29 años, una cifra que se sitúa ligeramente por delante de los accidentes de tráfico, que sumaron 307 defunciones, según datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. El presidente de esta organización, Andoni Anseán, se muestra cauto a la hora de evaluar los números y asegura que el fenómeno obedece en parte a la paulatina reducción de los fallecimientos por siniestros de circulación, que han bajado un 40% desde 2010, mientras que los suicidios han crecido un 30% en el mismo periodo.

 

La tercera causa de mortalidad, el cáncer, se ha desplomado también un 33% en una década. "Estos datos hay que cogerlos con pinzas. Hay que ver lo que pasa en el año 2020, en el que seguramente se registre una disminución a causa del confinamiento, dado que en casa los intentos de suicidio son mucho menores. La existencia de gente es el mayor factor de protección. Lo que no sabemos es si después, en 2021, afloró de nuevo, porque todavía no existen cifras", apunta Anseán.

 

Es cierto que por ahora no se tienen números oficiales, pero la percepción entre los jefes de servicio de psiquiatría de los hospitales es que durante los últimos meses las urgencias en este campo se han disparado.

 

De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEP), este tipo de atención en menores se ha duplicado desde el inicio de la pandemia, lo que se ha traducido en un agravamiento de los trastornos de conducta alimentaria y un aumento de los casos de ansiedad, alteraciones obsesivo-compulsivas, depresión, autolesiones e intentos de suicido en adolescentes.

 

La Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la organización de pediatras argumenta que la avalancha de noticias negativas, unida a los ritmos irregulares del sueño, menoscaba la salud mental de los menores. ¿Qué está ocurriendo para que se produzca este deterioro de la salud mental a edades tan tempranas? La creciente incertidumbre económica, la falta de expectativas y el desempleo rampante abonan el terreno de la precariedad. En esta tesitura, la emancipación se antoja imposible.

 

Para Anseán, el perfil de los pacientes ingresados en centros sanitarios ha cambiado. Si antes predominaban los internamientos de mujeres que intentaban suicidarse mediante la ingesta de medicamentos, ahora abundan personas más jóvenes que utilizan métodos bastante drásticos para desaparecer del mapa. "Ahora se están viendo muchos casos de menores". Uno de los pocos estudios que da fe de esta de esta subida de tentativas suicidas y autolesiones es el coordinado por la jefa del área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu de Espluges de Llobregat (Barcelona), Montse Dolz, quien ha constatado un crecimiento de los intentos, especialmente de adolescentes, en su centro. Según el trabajo, este tipo de empeños se elevó a un 27% en el primer trimestre de 2021. 

martes, 14 de septiembre de 2021

Raymond Cattell y su teoría de la personalidad


EDITH SÁNCHEZ       |        La Mente es Maravillosa     |     18/08/2018

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 09/06/2019. 

Raymond Cattell nació en Inglaterra a comienzos del siglo XX. De mayor, su trayectoria profesional haría de este inglés uno de los teóricos de la personalidad más importantes en la historia de la psicología. Sus aportes fueron decisivos en la llamada teoría de los rasgos y han tenido aplicación práctica en un test que lleva su nombre. 

Aunque Raymond Cattell estudió inicialmente química, tras licenciarse comenzó a interesarse por la psicología. Durante 30 años fue profesor en la Universidad de Illinois y durante 20 en la Universidad de Hawai. También fue un investigador incansable del comportamiento humano y el fundador del Institute for Personality and Ability Testing (IPAT). 

Raymond Cattell definió 16 aspectos básicos de la personalidadCada uno de ellos fue identificado con una letra. A partir de estos creó su famoso test, que aún hoy en día se aplica con diferentes propósitos. Veamos cuáles son los factores de personalidad definidos por este extraordinario teórico.

La psicología es un campo peliagudo, en la que incluso notables autoridades se han movido en círculos, describiendo cosas que todo el mundo conoce con palabras que ninguno entiende”.

-Raymond Cattell-

Factores A, B, C y E en la teoría de Raymond Cattell

Los factores A, B, C y E en la teoría de la personalidad de Raymond Cattell corresponden a: afectividad, razonamiento, estabilidad y dominancia. La afectividad, según su teoría, representaría el grado de contacto que una persona establece con otros individuos.

El razonamiento tendría que ver con la capacidad intelectual. En este sentido, cuanto más profundo y acertado sea el pensamiento abstracto de un individuo, más inteligente decimos que es.

Por su parte, la estabilidad hace referencia a la capacidad de adaptación en la teoría de Raymond Cattell. Corresponde a la habilidad de las personas para no dejarse perturbar por los estímulos del medio, junto a la disposición y capacidad para comprenderlos y apropiarse de ellos.

La dominancia es el grado de autonomía o sumisión de una persona. En este sentido, las personas más dominantes suelen ser competitivas, agresivas y seguras de sí mismas. Las menos dominantes serían más frágiles y se subordinarían con facilidad a otros. 

Los factores F, G, H e I

Los factores F, G, H e I corresponden a: impulsividad, conformidad grupal, atrevimiento y sensibilidad. Cattell relaciona a la impulsividad con la espontaneidad y la expresividad. Cuanto más impulsiva una persona, más entusiasta serían. Cuanto menos impulsiva, más prudente, reservada y pesimista.

Para Raymond Cattell, la conformidad grupal se refiere al grado de aceptación de las normas sociales que muestran los individuos. Las más conformes serían personas que se tornan moralistas. Los más inconformes, rebeldes o revolucionarios.

En cuanto al atrevimiento, estaría relacionado con la capacidad de asumir riesgos y actuar bajo presión. Quienes no tienen un alto nivel en esta dimensión tenderían a buscar lo seguro y predecible.

Por su parte, la sensibilidad aludiría al predominio de los aspectos emocionales frente a los racionales en la conducta. Una persona altamente sensible tendería a dejarse dominar por sus sentimientos. Alguien con baja sensibilidad tendería a ser realista y práctico. 

Los factores L, M, N y O

Los factores L, M, N y O corresponden a: suspicacia, imaginación, astucia y culpabilidad. La suspicacia tendría que ver con el grado de confianza o desconfianza hacia los demás. La imaginación, por su parte, sería la capacidad de una persona para sumergirse en su pensamiento y en su mundo interno.

El factor N, o astucia, se relaciona con la destreza para analizar la realidad, identificando aquellos rasgos que permitan obtener algo positivo de los demás. Por lo tanto, los más astutos serían también calculadores y fríos. Los menos astutos son sinceros, espontáneos y directos.

El último factor, culpabilidad, se refiere a la capacidad de una persona para responsabilizarse de sus actos de una manera realista. Quienes puntúan alto en este factor serían personas que tienden a sufrir y a culparse por todo. Quienes puntúan bajo tendrían una excelente opinión de sí mismos y serían más indulgentes con sus errores. 

Los factores Q 1, Q2, Q3 y Q4

Los factores Q, del 1 al 4, son: Rebeldía, Autosuficiencia, Autocontrol y Tensión. La rebeldía tiene que ver con la apertura al cambio y la capacidad para transformar las situaciones. La autosuficiencia está relacionada con el grado de independencia personal.

Por su parte, el autocontrol tiene que ver con el nivel de tendencia que tiene un individuo para comportarse socialmente de forma ideal. Y la tensión se refiere al grado de ansiedad que experimenta un sujeto en su vida cotidiana.

Todos estos factores son los que mediría el test de Raymond Cattell. Las puntuaciones en estos factores nos permitirían trazar el perfil de personalidad de la persona que ha respondido al test. Actualmente dicho test se utiliza con mucha frecuencia para la selección de personal que hacen los departamentos de recursos humanos. 

domingo, 12 de septiembre de 2021

La medicalización de la condición humana: patologizando el malestar natural


ANDREA BOSCH QUINCOCES         |       Psicología y Mente

Asumir que el malestar es siempre un problema lleva a patologizar la vida cotidiana.

 

No nos parecerá extraño oír que padecemos el “síndrome postvacacional” si nos sentimos decaídos anímicamente al volver de un viaje y nos reencontramos bruscamente con la rutina o, al contrario, que sufrimos el “síndrome del tiempo libre” si vamos de vacaciones y nos cuesta relajarnos por estar acostumbrados a llevar un ritmo de vida muy ajetreado.

 

Estas etiquetas, a pesar de ser utilizadas con normalidad y poder parecer inofensivas, son el reflejo de cómo nuestra sociedad se ha vuelto intolerante al malestar, al dolor y a la incertidumbre.

 

Esto nos ha llevado a patologizar estados de ánimo, sentimientos y emociones que son inherentes a la condición humana como la tristeza, la ira, el estrés, los problemas en la adolescencia o la soledad, entre otras, y que podrían tener más relación con “sentirse mal” que con “padecer una enfermedad” (Pérez, Bobo y Arias, 2013).

 

La paradoja de la salud

 

A lo anterior se le suma lo que denominamos “paradoja de la salud”, es decir, lo que en los países más desarrollados se da cuando la definición de salud es muy objetiva y retroalimenta el crecimiento de los problemas declarados en consulta médica.

 

Esto sucede, por ejemplo, cuando la descripción de los síntomas para identificar una enfermedad o un trastorno es muy específica e involucra una serie de “síntomas” que pueden aparecer también delante de situaciones difíciles o conflictivas.

 

Así pues, es común escuchar a alguien decir que tiene “depresión” por no decir que está triste, o que tiene “ansiedad” por no decir que está nervioso. Del mismo modo, cuanto más se amplían los recursos en el sistema de salud más son las personas que dicen estar enfermas.

 

Por ello, este mecanismo que retroalimenta la percepción de enfermedades ante reacciones normales durante adversidades cotidianas se basa en asumir que no hay personas sanas, sino solo enfermos sin diagnosticar (Orueta et al., 2011), dado que de algún modo, en algún momento u otro, todos encajaríamos en alguna categoría diagnóstica.

 

¿Qué entendemos por salud y felicidad?

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud ya no como la ausencia de enfermedad, sino como la obtención del bienestar absoluto, lo que de alguna manera asegura la instauración de esa patologización extrema del malestar, además de una búsqueda de felicidad inmediata y un consumo excesivo de fármacos sedantes que nos eviten tener que soportar pequeñas dosis de sufrimiento.

 

Esto se debe al lugar inalcanzable en el que se asientan las bases del estándar de salud para el ser humano, cuya condición natural es la variabilidad en el estado de ánimo y provoca que cualquier cosa que no sea percibida como “bienestar absoluto” sea considerada “patológica”.

 

No obstante, el problema no está en buscar o no la felicidad, está en que ya nos han enseñado donde debemos encontrarla, y nosotros, sin cuestionar absolutamente nada, nos lo hemos creído. El consumo, los avances en tecnología y ciencia y el individualismo son esos tres grandes caminos que según nuestra sociedad debemos seguir para encontrar la felicidad (Lipovetsky y Charles, 2006). Los tres forman parte de lo material y están entrelazados entre sí, siendo a la vez, pequeñas porciones de felicidad e infelicidad intermitente.

 

Por un lado, nos ofrecen momentos de comodidad y placer, y por el otro, nos hacen sentir inquietud y desasosiego. Por ejemplo, estos nos permiten acceder a remedios contra el dolor, a compras privilegiadas o a avances tecnológicos útiles, pero al mismo tiempo hacen que queramos cada vez más y sintamos que nunca es suficiente, generándonos así sentimientos de insatisfacción e infelicidad.

Por eso, comprar en ausencia de necesidad como método de evasión, carecer de un enfoque crítico ante la ciencia médica y volvernos más individualistas, exigentes y sensibles a la frustración, nos ha convertido en consumistas a veces felices, pero siempre insatisfechos.

 

Un exceso de medicalización

 

El ámbito de la salud mental es un buen ejemplo de todo lo comentado anteriormente. En este ámbito, pese a los recientes esfuerzos por revertir esta situación, se ha abusado y se abusa de una perspectiva biológica para el tratamiento del “malestar” humano.

 

Esto lleva a una medicalización excesiva como medio para combatir “problemas” que en realidad forman parte de las fluctuaciones normales de la vida, proporcionando un bienestar inmediato, aunque fugaz. De esta manera, vamos perdiendo autonomía, acostumbrándonos a tomar una actitud pasiva ante los problemas.

 

Así pues, percibir el dolor, la inquietud o la ansiedad como enfermedades nos permite etiquetarlas y, en consecuencia, tener a disposición un tratamiento, es decir, una solución que se encuentre en el exterior y que, por lo tanto, no nos involucre directamente. Como dijo Conrad en 2007, esto es una manera de transformar condiciones humanas en enfermedades tratables, lo que en este caso retroalimenta que la ciencia y el dinero vayan de la mano y que, por ende, esta disciplina acabe siendo una empresa con fines económicos (Smith, 2005).

 

Hoy en día, por norma general el tratamiento que se busca antes de que llegue “la enfermedad” suele reducirse a fármacos, y estos actúan más como “flotador” que como “barco de rescate” cuando en realidad lo que necesitamos es familiarizarnos con el agua fría y aprender a nadar. Al fin y al cabo, paliar las consecuencias de un problema lo hace más llevadero y soportable, pero no lo hace desaparecer, sino que ayuda a olvidar momentáneamente que dicho problema existe.

 

Por ejemplo, será mucho más fácil pensar que un hijo es revoltoso y desobediente por tener un Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) que pensar que dicha agitación conductual se debe a una dinámica familiar disfuncional (Talarn, Rigat y Carbonell, 2011). Entonces, la solución a un síntoma quizás dado más por un problema familiar que por un trastorno, se encontrará en un fármaco anfetamínico y no en el cuestionamiento de las creencias que hasta el día de hoy han guiado su comportamiento como padres.

 

Nueva perspectivas terapéuticas

 

En definitiva, como sociedad deberíamos entender la incertidumbre y el sufrimiento como parte de la vida para poder volver a normalizar situaciones problemáticas que ya se han medicalizado (Perez et al, 2013), y que, además, podrían derivar de la interacción entre el individuo y su contexto e historia (Bianco y Figueroa, 2008). Ahora bien, esto se complica mientras cualquier lamento se siga interpretando desde una perspectiva médica, por ser esto provechoso a nivel económico y no científico (Talarn et al., 2011).

 

Aun así, es cierto que empieza a visibilizarse esta problemática y empiezan a ser conocidas terapias como la “Terapia de Aceptación y Compromiso” (ACT), cuya premisa principal es la de normalizar el malestar entendiéndolo como producto de la condición humana. Esta expone cómo la sociedad nos enseña a resistir a un sufrimiento que es normal, y como esta resistencia puede generar el verdadero sufrimiento patológico.

 

Su objetivo pues, es el de deshacerse del patrón evitativo y destructivo generado por “la cultura del sentirse bien” que nos lleva a evitar un dolor que forma parte de nuestro ciclo vital y nos ayuda a crecer (Soriano y Salas, 2006).

 

En mi opinión, urge la visibilización de este tipo de terapias, ya que es difícil que abramos los ojos si sigue siendo beneficioso hacernos creer que la solución está en cerrarlos. Así que deberíamos apoyar el crecimiento de esta nueva filosofía, porque mientras se nos siga enseñando a ser enfermos tratables, se nos seguirá preparando para consumir y no para tomar una actitud activa ante las situaciones conflictivas de la vida (Lobo, 2006).