viernes, 14 de enero de 2022

Hay padres que me confiesan: ¡No puedo más con mi hijo! ¿Qué hago?


LAURA PERAITA     |     ABC     |     18/05/2021

El ex Defensor del Menor, Javier Urra, asegura que «hay una palabra esencial que es respeto y eso lo niños lo tienen que mamar desde bien pequeños»

El psicólogo y ex defensor del Menor Javier Urra conoce muy bien la desesperación de los padres que llegan a su consulta y le confiesan: «¡No puedo con mi hijo! ¿Qué hago?». Por el programa Recurra-Ginso que dirige han pasado más de 2.000 adolescentes para recibir una atención ambulatoria y 900 para formar parte del programa residencial. 

Los jóvenes llegan a situaciones límite con sus familias por ciertas circunstancias como no admitir la autoridad de los padres, profesores, tutores..., por patologías, consumos abusivos, adicciones a las redes sociales... «Es entonces –explica Urra– cuando resulta necesario tratar al chico y explicar a los padres que deben adoptar algunos criterios como el distanciamiento de su hijo, para que sean capaces de adquirir un pensamiento alternativo de la situación, no estar siempre entre líneas con ellos sin abordar los temas esenciales... 

Aún así, lo que captamos siempre es que existe mucho cariño de los hijos a los padres y viceversa, a pesar de que su convivencia sea tan conflictiva. Un estudio reciente señala que si hay algo que los españoles quieren es a la familia, ya sea extensa, tradicional, monoparental, homosexual... Las personas se entregan a su familia y la quieren, aunque haya conflictos en la convivencia diaria».

El problema, matiza este psicólogo, es que los padres tienen menos tiempo del que quisieran para dedicar a su prole, debido a que vivimos en una sociedad compleja con muchísimas separaciones y en la que los padres quieren que los hijos sean muy felices, «mientras que nuestros abuelos lo que luchaban era por lograr que su descendencia sobreviviera y tuviera trabajo. Hoy, la prioridad es que no tengan carencias emocionales ni sufran psicológicamente, lo que no siempre es posible porque hay roces».

Para detectar a tiempo posibles señales en los niños que pueden indicar que de adolescentes tengan un comportamiento muy conflictivo, asegura que los progenitores deben estar muy atentos, «tener un sexto sentido». Tendrán que fijarse, primero, en si el niño es razonablemente feliz, si tiene amigos con los que salir, si encuentra sentido a lo que es el aspecto social, al cariño, la compasión... «De lo contrario, si está solo, aislado, enfadado con el mundo, viste siempre con ropa reivindicativa, está continuamente pegado a una pantalla, odia casi todo lo que hay en su entorno o transmite que la vida no tiene sentido, entonces, habrá un problema».

Poner un punto de ironía, de humor

Añade que es importante que el adolescente tenga una sonrisa fácil, «porque con un hijo se puede discutir, pero si después se quita hierro al asunto, se pone un punto de ironía, de humor, y se sonríe, el problema seguirá, pero se habrá abierto una puerta a la esperanza. No hay que olvidar tampoco lo imprescindible que es escucharles y contarles que nosotros también tenemos dificultades y preocupaciones».

Lamenta que la violencia ascendente (de hijos a padres) sea una realidad y la califica tan inadmisible como el maltrato a la pareja o de padres a hijos. En su opinión, cuando esto ocurre hay que decir «¡basta, hasta aquí hemos llegado». En ese caso, recomienda avisar a un profesional y, si la situación se va de las manos, a veces es necesario acudir a la fiscalía, lo que resulta durísimo para unos padres. 

«Sin embargo, en ocasiones hay que denunciar a un hijo. Por su bien y el de todos. Es positivo privar de libertad a un chaval para que reflexione y se dé cuenta de que hay unos límites y que no puede agredir a sus padres porque, al final, es una agresión contra él mismo también. Hay una palabra esencial que es respeto y eso lo niños lo tienen que mamar desde bien pequeños».

Lo que nunca hay que hacer para llegar a una situación familiar tan complicada es, según Javier Urra, permitir que un hijo piense que tiene más derechos que los demás, que los abuelos, hermanos... «Tampoco hay que convertirse en su esclavo por seguirle y hacerle todo... Nunca hay que dejarse chantajear, ni ser insultados. Y, por supuesto, hay que exigirle: o estudia o trabaja. No puede estar en casa sin hacer nada. En el hogar tienen derechos, pero también obligaciones».

Respecto a lo que sí deben hacer es «aportar, transmitir, decir que nos quiere, hacer en casa la vida más bonita, participar en una ONG, enseñar a los mayores cosas que no sabemos... Todo eso a pesar de que también se discuta o haya algunos conflictos... porque así es la convivencia con los demás».

Este experto no olvida, sin embargo, que el confinamiento y la pandemia han hecho mucho daño a los niños y jóvenes, «pero hay que plantearles lo siguiente: ¿Te das cuenta de que no has podido viajar a un Erasmus, pero has hecho un viaje interior muy importante? A los adolescentes también hay que tratarles desde la seriedad y el respeto, que se den cuenta de que queremos escucharles y compartir tiempo con ellos para que se sientan importantes». 

miércoles, 12 de enero de 2022

Enfermedades mentales: menos prejuicios y más inclusión

 

Escrito por el equipo de RANCHO PUNTO CERO     |     30/09/2020 

La discriminación hacia personas con enfermedades mentales y adicciones es muy recurrente en nuestra sociedad.

Muchas estadísticas nos indican que una de cada cinco personas tendrá un problema de salud mental o una adicción a lo largo de su vida. Desafortunadamente, la gran mayoría de ellas no busca ayuda porque sienten vergüenza o temor; muchas veces creen que otras personas van a juzgarlas negativamente basándose en esos problemas de salud mental.

Además, el encontrar y mantener un trabajo, tener relaciones estables y otros aspectos importantes de la vida son difíciles de superar si no se puede hablar de ellos abiertamente, y recibir la asistencia necesaria. Las personas que viven con estas dificultades plantean que la discriminación que experimentan suele ser peor que la dificultad en sí misma.

El problema con el prejuicio es que se sostiene en ciertas ideas o actitudes negativas acerca de personas que son vistas como diferentes. Cuando discriminamos a alguien estamos ejerciendo una acción basándonos en esos prejuicios.

Algunas investigaciones, dicen que más de la mitad de las personas que viven con problemas de salud mental han sido avergonzadas e igualmente discriminadas.

La salud y el bienestar, incluyen especialmente el reconocimiento de los derechos humanos, por ejemplo en  la posibilidad de desarrollar conexiones de sentido y propósito en nuestra sociedad y lograr oportunidades igualitarias. Cuando se discrimina a las personas, se niegan, precisamente, esos derechos humanos tan importantes que nos unen a todos, se dificultan las relaciones entre las personas y se impide el acceso a oportunidades.

Sin embargo, eso no es todo. Muchas personas, cuando comienzan a tratarse, suelen temer que otros conozcan algún aspecto relacionado con su salud mental; por ejemplo, mantienen en secreto que padecen un problema, ocultan o niegan que están en tratamiento, lo que impide recibir la ayuda que necesitan por temor a ser discriminadas. Recordemos que cuando sentimos y hacemos esto, estamos alejándonos de la valiosa ayuda que necesitamos. Aislarnos y no hablar de lo que nos sucede, si tenemos una enfermedad mental suele profundizar el problema, provocando una mayor desconexión, lo que termina haciendo más difícil la evolución de la situación.

 

Entropía psicológica: qué es y cómo nos afecta emocionalmente


MARIO ARRIMADA     |     Psicología y Mente     |     03/01/2022

La entropía psicológica nos muestra hasta qué punto no podemos controlar lo que nos toca vivir.

 

¿Qué es la entropía psicológica?

La entropía psicológica es un término de la psicología que proviene de la termodinámica, refiriéndose, de acuerdo con esta rama de la física, al hecho por el cual los sistemas tienen una tendencia a derivarse hacia un estado desordenado y caótico. Esto aplicado al ámbito de la psicología viene refiriéndose a ese grado de desorden e incertidumbre al que están expuestas las vidas de las personas, por lo que adaptarse a ello es una necesidad e incluso una obligación que tiene el ser humano para salir adelante.

El caos es un hecho irrefutable y como tal debe ser aceptado, por lo que los seres humanos deben convivir con el hecho de que en sus vidas no hay nada que sea predecible al 100%, por lo que siempre pueden surgir cosas inesperadas, ya que hay una parte importante de los acontecimientos que está supeditada al azar, a lo incierto y eso es algo que puede generar nerviosismo o ansiedad en las personas.

De acuerdo con el concepto de entropía psicológica, las personas deben aceptar ese factor caótico que siempre está presente, ya que nunca se va a poder predecir lo que va a ocurrir en un futuro y por más que uno se esmere en intentar controlar todas las variables de un contexto con el fin de controlar lo que va a suceder, siempre puede ocurrir algo inesperado y que esté fuera de su control, por lo que sería más adecuado asumir que siempre existirá ese componente caótico y de incertidumbre.

Aceptar que haya una entropía psicológica, con lo que este concepto conlleva, facilita a las personas a la hora de equilibrar su mente. Por paradójico que parezca, aprender a tolerar cierto caos y de incertidumbre que se escapa del control de uno mismo, ayuda a encontrar un mayor grado de equilibrio psicológico, puesto que se evitan preocupaciones por algo que no se puede controlar. Ahora bien, hay que buscar un término medio, ya que si nos sumimos completamente en el caos y permitimos que impere la entropía psicológica, es muy probable que esto nos cause serios problemas psicológicos.

En otras palabras, tanto hundirse en la entropía psicológica del caos total como el acto de intentar combatir contra ella van a terminar perjudicándonos a nivel psicológico, lo cual repercutirá en otras facetas de nuestra vida (p. ej., a nivel relacional, laboral o académico, etc.). Es por ello que lo más beneficioso sería intentar adaptarse a los cambios que son inevitables, aprender a tolerar la incertidumbre y no intentar tener todo bajo control buscando mantener una rigidez absoluta en nuestra vida, al igual que tampoco podemos dejar que impere el caos absoluto.

Relación entre la entropía psicológica y los trastornos de ansiedad

Jacob B. Hirsh y sus colaboradores realizaron en el año 2011 una investigación en la estudiaron la relación que podría haber entre los trastornos de ansiedad y la entropía psicológica, partiendo de la premisa de que los seres humanos son una especie de sistemas autoorganizados que buscan constantemente mantener la homeostasis o equilibrio en todos o la mayoría de las áreas vitales con el fin de mantener su propia vida bajo control y evitar el mayor número de sorpresas o imprevistos posible.

En cambio, debido a que los seres humanos habitan en un contexto o ambiente que se encuentra en constante cambio, esos cambios externos propicia que esos imprevistos y sorpresas provoquen el caos, malestar y miedo a la incertidumbre en las personas, siendo esto el fenómeno conocido como entropía psicológica y es que si ese malestar producido por el miedo a la incertidumbre y las demás afecciones a nivel psicológico se mantienen durante un tiempo prolongado, van a terminar produciendo una serie de problemas mentales, como podrían ser los trastornos de ansiedad.

En las investigaciones al respecto se ha encontrado que el cerebro humano procesa los síntomas de ansiedad de la misma forma que la incertidumbre, y es que en ambos casos se libera una cantidad notablemente mayor de noradrenalina debido a una mayor actividad en la corteza cingulada anterior que ha generado el aumento de los niveles de este neurotransmisor del sistema nervioso central.

La importancia de aceptar la entropía psicológica

Debido a los problemas de nivel psicológico que puede generar el hecho de evitar o no aceptar el fenómeno conocido como entropía psicológica con los factores a los que está asociado y que influyen en la vida de las personas, conviene aprender a vivir con ello, puesto que es algo que no se puede erradicar y cuando más se oponga uno a ello, más problemas podría causarle.

La entropía psicológica, al igual que la entropía dentro de la termodinámica, es un fenómeno natural que no se puede erradicar, ya que es inherente a la mente humana, a la naturaleza y al universo, ya que por mucho que intentemos controlar todas las facetas de nuestra vida para evitar sorpresas, siempre habrá fenómenos externos que puedan cambiar nuestro rumbo por completo.

Tenemos un claro ejemplo de fenómenos externos inesperados que han generado mucha incertidumbre en la vida de las personas, debido al alto grado de incertidumbre generado, como es el caso de la pandemia producida por el virus SARS-Cov-2, que comenzó en el año 2019 en la localidad de Wuhan (China), llegando a expandirse por todos los países del mundo y continuando con su expansión y provocando contagios aún en 2022, sin que se sepa cuándo se podrá volver a la normalidad.

Otro ejemplo, es el acontecimiento sucedido en septiembre de 2021 por la erupción del volcán de la isla de La Palma, que ha durado 3 meses, y que provocó que miles de personas que residían allí tuvieran que abandonar sus casas.

Estos son dos claros ejemplos de cambios inesperados que pueden cambiar de un día para otro la vida de las personas, lo que demuestra que por mucho que intentemos controlar todos los ámbitos de nuestra vida, siempre habrá muchos factores incontrolables por lo que nunca podremos predecir con total certeza nuestro futuro por más que lo intentemos, lo que demuestra la necesidad de adoptar la entropía psicológica como parte de la vida sin intentar combatirla ni evitarla.

Este caos que rodea a todas las personas obliga a que tengan que desarrollar estrategias nuevas de forma constante para adaptarse a los continuos cambios surgidos a lo largo de la vida, ya que si no se hace y una persona no acepta la incertidumbre, intentando resistirse, lo único que conseguirá será sufrir de manera prologada, pudiendo además desencadenar ese sufrimiento en el desarrollo de síntomas de ansiedad y/o depresión.

En la vida de cualquier persona siempre puede haber un grado de estabilidad hasta cierto punto, pero el cambio siempre estará presente y será inevitable que se produzca, por lo que todos deben aprender a asumir esos cambios que no se pueden evitar y también intentar desarrollar unas estrategias que posibiliten una futura mejor adaptación a los cambios que vengan en el futuro, lo que supone aceptar la entropía psicológica.

domingo, 9 de enero de 2022

Una nueva revisión respalda los efectos antidepresivos de la ketamina

 

BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA     |     La Vanguardia     |     06/01/2022


Numerosos estudios apuntan que la pandemia del coronavirus ha provocado un aumento del número de personas que padecen depresión y ansiedad, lo que hace que se intensifiquen los esfuerzos por encontrar un tratamiento eficaz que ayude a combatir estos episodios. Más aún cuando otros tratamientos no funcionan. Ya en 2019, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) aceptó la ketamina como posible tratamiento en caso de depresión resistente a los fármacos. Ahora, una revisión sistemática integral publicada por la Universidad de Cambridge concluye que las revisiones y los metaanálisis respaldan los efectos antidepresivos «rápidos y transitorios» de la ketamina.

 

Este nuevo trabajo, que incluye 83 estudios previos, recoge que las revisiones sistemáticas se centran también en los efectos anti suicidas de la ketamina. En sus conclusiones, los autores sugieren efectos positivos y de corta duración en otras indicaciones, aunque de forma menos sólida. El estudio recomienda que las  conclusiones se interpreten «con cautela», debido al alto riesgo de sesgo en los estudios.


La dosis hace el veneno

Sugiere, además, que se examinen más a fondo algunas cuestiones como cuáles podrían ser los modos de administración y la dosificación óptima, así como otras formas más eficaces de terapias que puedan resultar complementarias a este fármaco desarrollado en 1964. Utilizada principalmente en anestesia veterinaria y pediátrica, la ketamina ha despertado en los últimos años el interés en el ámbito de la psiquiatría, por sus efectos antidepresivos de acción rápida. 

 

Tal y como recoge la revisión sistemática integral publicada por la Universidad de Cambridge, la dosificación de esta sustancia en los casos indicados es una cuestión clave, ya que los efectos terapéuticos y psicoactivos de la ketamina «varían sustancialmente en función de la vía a través de la cual se administre» y, muy especialmente, de la dosis indicada en cada caso, cuya evolución recoge.

 

Mientras en los primeros estudios se utilizaron dosis más altas, administradas mediante inyección intramuscular, los trabajos más recientes incluyen dosis más bajas de ketamina, administrada por vía intravenosa. Sus efectos pueden durar «desde uno o dos días hasta dos semanas», por lo que, en ocasiones, el profesional decide repetir la pauta para prolongar la recuperación.

Terapias cognitivo-conductuales

En cualquier caso, la revisión recoge la necesidad de realizar más trabajos empíricos para poder hallar un modelo óptimo de administración de ketamina en casos de depresión resistente a los fármacos, así como enfatizar en la importancia de la participación del terapeuta y la utilización de otras terapias complementarias, que pueden ser clave en algunos casos.

 

Por ejemplo, recientemente se ha descubierto que terapias como la cognitivo-conductual realizadas de forma complementaria tras la administración de la ketamina, prolonga sus efectos terapéuticos contra la depresión. Numerosos estudios inciden en el importante papel del apoyo terapéutico para acentuar y extender la longevidad de los efectos del fármaco.

 

En cualquier caso, el papel de los efectos psicoactivos de la ketamina continúa siendo motivo de debate y harán falta nuevas investigaciones para obtener datos más concluyentes al respecto que, probablemente, no tarden en llegar. 

viernes, 7 de enero de 2022

Complejo de superioridad: la inseguridad que no se ve


MARÍA VÉLEZ      |     La Mente es Maravillosa     |     13/01/2021 

Seguro que conoces a una persona altiva, que se cree implacable y mejor que nadie. Lo más probable es que tenga complejo de superioridad. Aquí te contamos más sobre la inseguridad que se esconde tras ello.

Ante los sentimientos de inferioridad o inseguridad que podemos albergar o experimentar, algunas personas ven erosionada su autoestima, se infravaloran y se mantienen en segundo plano. Sin embargo, otras intentan compensarlos y desarrollan lo que en psicología se denomina complejo de superioridad.

Este término complejo de seguridad fue acuñado en los años 90 por el psicólogo Alfred Adler y hace referencia al mecanismo psicológico por el que determinadas personas se centran y destacan sus cualidades positivas para destacar o distraerse de sus cualidades menos deseables. A continuación, profundizaremos un poco más en este mecanismo, sus causas y síntomas. 

El complejo de superioridad

Las personas que tienen complejo de superioridad son, en apariencia, personas con confianza, con una alta percepción de valía personal. Tanto, que suelen comportarse de manera condescendiente y con cierto desprecio. Ven a los demás inferiores y, por ello, creen merecer un trato prioritario. 

La clave de este mecanismo es que las personas que lo sufren en realidad se sienten inferiores a los demás y necesitan mostrar una apariencia y un discurso más positivos sobre ellos mismos para sentirse mejor. El problema es que van arrasando allá por donde van, tratando mal y denigrando a personas.

Rasgos y síntomas

El complejo de superioridad se refleja en la atribución de rasgos inferiores a otras personas, así como se inflan las propias habilidades y cualidades. Esto se manifiesta a través de diferentes conductas y actitudes que son fácilmente detectables.

·        Expectativas muy altas y poco realistas sobre uno mismo y los demás.

·        Necesidad de llamar la atención.

·        Facilidad para sentirse herido u ofendido.

·        Tendencia a rechazar opiniones de otros y a sobrevalorar la propia.

·        Aislamiento social por sentir a los demás diferentes.

·        Trato desagradable e incluso de burla.

·        Exageración y alardeo sobre su inteligencia, habilidades, belleza, etc.

·        Necesidad de admiración y refuerzo de forma constante.

·        Le cuesta asumir la responsabilidad, pues no consideran que cometan errores o que los que cometen no tienen las consecuencias que en realidad tienen.

·        Piensan que otras personas pueden tenerle envidia o que son objeto de críticas. 

Causas del complejo de superioridad

Resulta complicado comprender y describir todas las razones que llevan a una persona a tener un complejo de superioridad. Sin embargo, se puede tratar de entender qué experiencias pueden haber determinado este mecanismo psicológico de protección. Teniendo en cuenta que quien lo sufre en realidad esconde sentimientos de inseguridad e inferioridad, es posible que se haya construido esta actitud como un muro para no mostrar vulnerabilidad. 

Sentirse superior, considerar a los demás como menos valiosos y necesitar la aprobación se relaciona con la autoestima. Esta dimensión psicológica se construye a lo largo de la infancia y la adultez. Así, es posible que estas personas hayan tenido experiencias que han dañado y debilitado su propia percepción. Por ejemplo, haber sufrido acoso escolar o no haber recibido por parte de su familia todo el cariño y apoyo que necesitaba. 

Además, es posible que a lo largo de la construcción de su autoestima y personalidad, hayan contado con modelos adultos similares. Es decir, puede ser que el padre o madre actuara de la misma manera, lo que conlleva que el niño o niña aprenda a defenderse y a relacionarse con su entorno de una forma distorsionada y basada en juicios de valor erróneos. Incluso podría ser que sus padres le hubieran ayudado, mediante la educación recibida, a crearse una imagen exagerada de sus cualidades y llevándole a generar una necesidad de estar “a la altura” difíciles de mantener. 

En definitiva, no han aprendido a comunicarse con los demás de forma asertiva y, mucho menos, a valorar su entorno, sus recursos y los de los demás, de manera realista. Por ello, es importante, en cualquier momento vital, reflexionar acerca de los esquemas mentales que manejamos y entender que todas las personas tienen virtudes y defectos y que esto no les hace mejores o peores personas. 

Cómo tratar a personas con este complejo

Una vez se comprenden cuáles son los comportamientos de estas personas y sus motivaciones más frecuentes, es apropiado tratarlas con cautela y respeto. A nadie le agrada recibir una mala contestación o ser tratado con desprecio, pero poco o nada ganamos respondiendo de la misma forma.

Existen otro tipo de respuestas asertivas que pueden evitar la escalada de un plausible conflicto. 

Además, nadie tiene la culpa de ser como es; no olvidemos que de esta forma de ser o de posicionarse frente a la vida también suele obtener una buena dosis de dolor y sufrimiento. Si es posible, ofrécele ayuda. Si no, toma distancia y dale tiempo para resolver sus asuntos si lo considera necesario. No obstante, si esa persona te molesta o hace daño, siempre puedes decirle de forma asertiva qué contestación o comportamiento ha sido dañino.

miércoles, 5 de enero de 2022

¿Por qué la falta de confianza nos puede retratar como egoístas?

 

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas     |      20/04/2021

Escrito por Edith Sánchez   |   La Mente es Maravillosa 

La falta de autoconfianza genera muchos “daños colaterales”. Uno de ellos es la dificultad para interactuar con los demás de una forma cooperativa y solidaria. El temor al rechazo o al error conducen, con frecuencia, a actitudes egoístas.

La falta de autoconfianza es uno de esos lastres capaz de frenarnos o limitarnos en muchos campos. En este sentido, puede ser el origen de otros problemas, grandes y pequeños. Entre ellos están las dificultades para comenzar o mantener una relación saludable con otras personas. Lo podemos apreciar, por ejemplo, en su excesiva inhibición o en sus dificultades para expresarse con naturalidad. 

Aunque no lo parezca, la falta de autoconfianza es un factor que nutre ciertas actitudes egoístas o aparentemente egoístas. En realidad, no significa que a la personas con estos rasgos no le importen los demás, sino que como se da poco valor a sí misma, tiende a sobreestimar su vulnerabilidad, mostrándose con frecuencia a la defensiva y pensando que lo que ella tiene que aportar es tan intrascendente que no merece el esfuerzo que pueda demandar.

En muchos casos, por eso se guarda para sí palabras o no toma iniciativas. Asume que no puede darle algo valioso a los demás, comportándose al final de forma egoísta.

La confianza nos da coraje y amplía nuestros horizontes, permite asumir mayores riesgos y llegar mucho más lejos de lo que imaginamos”. – Jack Welsh

La falta de autoconfianza y la solidaridad

Es muy frecuente que una persona insegura asuma de entrada que su ayuda no es necesaria o pertinente para los demás. Ocurre en pequeñas y grandes situaciones. 

Es habitual, por ejemplo, que cuando se requieran voluntarios para algo, no den un paso al frente. Esta es una espiral que se retroalimenta. La falta de autoconfianza lleva al hermetismo y el hermetismo a la falta de confianza. Al posicionarse de esta manera, la persona refuerza el sentimiento de incompetencia o inadecuación.

Siempre es bueno preguntarse si hay algo que podamos hacer por otros en situaciones que involucren necesidades o problemas. Si es posible aportar algo, lo mejor es ofrecer esa ayuda. Cuando, por alguna razón, es rechazada, de todas maneras se hizo lo correcto: expresar la buena voluntad de colaborar. 

La gestión del error

También es frecuente que alguien con falta de autoconfianza se abstenga de compartir o darse a otros por temor a equivocarse. Su nivel de autocrítica es alto y no es capaz de posicionarse de manera inteligente frente al error. Por eso, si alguien le dice: “¿Quieres participar en este proyecto?”, por ejemplo, pueden llegar a sentir un miedo muy grande. 

El miedo hace que se activen las inseguridades. Surgen en la mente frases como “No podré hacerlo” o “Esperan mucho de mí y voy a defraudarlos”. Eso bloquea cualquier interés en participar o cualquier posibilidad de aportarle más a un grupo de personas. 

También ocurre en situaciones de tipo personal. Por ejemplo, se le quiere dar a otra persona un detalle muy especial, pero se siente que esto podría ser muy “cursi” o que ese detalle u obsequio no agraden al otro. De este modo, las opciones de participar o de dar más de sí terminan convirtiéndose en amenazas ante las que se cede. 

Comunicación y profecías autocumplidas

La falta de autoconfianza también suele afectar la comunicación con otros. Se callan cosas que debieran decirse, como si no hubiera nada que expresar cuando en realidad muchas veces sí lo hay. También es posible que se desarrolle la actitud opuesta: querer monopolizar las conversaciones, ser amenazante o intransigente con los otros.

Una persona insegura siente muchas interacciones como ataques. Por eso, tiende a tomarse las críticas de manera personal. En esas situaciones se encierran en el silencio o combaten, impidiendo el diálogo o haciendo de este un campo de batalla. Esas actitudes nuevamente generan una espiral que termina incrementando el problema. 

Al final, todas estas actitudes terminan convirtiéndose en profecías autocumplidas. Esto es, expectativas que terminan volviéndose realidad porque uno mismo hace todo lo posible para que así sea, aunque no se dé cuenta. Es probable que muchas personas terminen rechazando o minimizando la ayuda o el aporte porque se hace de una forma muy ansiosa. 

También es posible que una persona así termine siendo etiquetada o señalada como egoísta. En esa medida, será difícil que otros busquen su participación o ayuda, lo cual termina por incrementar la falta de autoconfianza.

La persona se siente como un cero a la izquierda y los demás, de alguna manera, terminan concediéndole este lugar (profecía autocumplida). Es un círculo vicioso complejo, del que solo se sale tomando conciencia de la forma como se actúa.