martes, 15 de febrero de 2022

Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Hay que ser el que desembrolla los nudos, no el que genera los conflictos"


Aldara Martitegui      |     Madrid    |     niusdiario.es     |     19/09/2021

     ·        Entrevista a la psiquiatra Marian Rojas Estapé que acaba de publicar su último libro ‘                Encuentra tu persona vitamina’
·        Rojas Estapé reflexiona sobre la importancia de las relaciones humanas y el impacto que tienen en nuestra salud y bienestar

 “Una persona vitamina es la que disfruta de tus cosas buenas incluso más que tú”, dice Marian Rojas Estapé. ¿Quién no quiere tener a alguien así en su vida?
 
La psiquiatra reconoce que la pandemia ha pasado una enorme factura a nuestras relaciones humanas. Por primera vez en la historia hemos antepuesto el riesgo (¿estará vacunado?, ¿cómo le saludo?, ¿con el codo?, ¿le abrazo?, ¿me quito la mascarilla?) a el ¡qué ganas de verle!.
 
La pandemia también nos ha generado a muchas personas una entrada de conciencia sobre algo que hace solo un año y medio dábamos por sentado: nuestras relaciones humanas. Ahora somos mucho más conscientes del impacto que tienen en nosotros ciertas personas y de que hay algunas relaciones que nos nutren y mejoran nuestro estado de ánimo. También muchos hemos experimentado lo contrario: el impacto que nosotros tenemos en los demás.
 
Son tiempos estos ideales para replantearse cómo uno quiere realmente integrar en sus relaciones humanas todos los aprendizajes que nos ha traído la pandemia. Tiempos ideales también para abrirse a comprender por qué algunas relaciones fallan y si tal vez hay heridas emocionales del pasado que nos impiden conectar de forma sana con nuestro entorno. Porque “comprender es aliviar”, como dice Rojas Estapé. Encuentra tu persona vitamina es un viaje hacia la comprensión de uno mismo a través de nuestras relaciones humanas.
 
Pregunta: El libro viene muy bien justo ahora, cuando empezamos a levantar cabeza después de año y medio de pandemia. Sirve para ilustrar el impacto que tienen en nuestra salud y bienestar nuestras relaciones humanas y nos hace reflexionar sobre cómo queremos que sean esas relaciones…
 
Respuesta: Necesitamos volver a las relaciones humanas, a entendernos y volver a decir “oye yo quiero reconectar con la gente, quiero ser persona vitamina”…ha pasado la tormenta y decir “oye; en mis relaciones humanas ¿cómo puedo sacar lo mejor?, en mis relaciones de profesionales, ¿cómo puedo sacar lo mejor?”…yo creo que este sí es un buen momento para el libro. Estuve dudando cuándo sacarlo y en momento dado pues dije, mira, yo creo que ahora ya la gente va estar más receptiva a algo de este tipo.
 
P: La gente está más receptiva ahora a este tipo de temas también gracias a la pandemia, que ha traído mucho sufrimiento, sí, pero también una cosa que era muy necesaria: dar al mundo emocional la importancia que tiene y desestigmatizar la salud mental.
 
R: Sí. Yo creo que a día de hoy, si estás en una comida o en una reunión de trabajo y dices; “es que estoy yendo al psicólogo porque lo he pasado muy mal”…nadie juzga. Todo el mundo dice, “lógico, puede ser”. Creo que no juzgamos si alguien nos dice que está tomando medicación o que ha tenido que pedir ayuda. Creo que hay algo dentro de nosotros que dice “bueno, pues a saber qué circunstancias tan duras ha pasado esta persona a lo largo de estos meses”. Y esto también nos ayuda a respetar la salud mental, la mente y el comportamiento del mundo emocional de los demás (…) Sí, creo que hay menos estigma y esto es una cosa buena.
 
P: La gente se atreve a reconocer su vulnerabilidad incluso delante de millones de personas, como hizo la gimnasta estadounidense Simon Biles en los Juegos Olímpicos.
 
R: Soy superfan de sus declaraciones, porque creo que han hecho mucho bien. Es que en un momento donde pensamos que nadie puede fallar, que no te puedes romper…pero es que todo el mundo es humano (…) Yo, en la pandemia cuando nació mi cuarto hijo me rompí. Por las circunstancias, los cuatro niños, yo sola…y me rompí, y acepté que estaba rota. Y hubo mucha gente que me pidió ayuda y yo seguí ayudando porque yo sé como se ayuda a otros. Pero dentro de mí…era la primera vez que yo por dentro estaba agotada mentalmente. Primero porque había estado ayudando a muchos sanitarios por teléfono que cuando salían de los hospitales se desahogaron conmigo. Luego, porque en medio de esto pasé el covid embarazada y tengo un bebé. Luego, porque me planto encerrada en un sitio con 4 niños muy pequeños sin poder salir a la calle y con un marido con un servicio esencial y de repente fue como un: ¡es que esto no puede ser! Y a veces, hay que reconocer que uno necesita su espacio y su tiempo (…) A veces, uno lo pasa mal y no pasa nada por reconocer que de repente uno necesita tiempo para uno mismo, para parar y decir: “Un momento, es que tengo que frenar, la vida está pudiendo conmigo y ahora lo que necesito es frenar”.
 
P: Dices en tu libro que una de las cosas que todas las personas necesitamos para recuperarnos y recobrar la ilusión es el contacto con esas 'personas vitamina' …
 
R: Es que las relaciones humanas, sobre todo las buenas, nos nutren, mejoran el estado de ánimo, nos bajan el cortisol, nos suben la oxitocina, nos mejoran la salud (…)
 
P: Por el título, el libro parece que nos va a ayudar a encontrar a esas personas que nos nutren. Pero uno se da cuenta en cuanto empieza a leer que la propuesta es más bien otra: conviértete en una 'persona vitamina'. Esas personas vitamina que describes nos hacen de espejo y nos inspiran.
 
R: Total, total…pero es porque para encontrar a tu persona vitamina tú tienes que tener vitamina dentro. El libro es Encuentra tu persona vitamina, pero partiendo de que tú seas 'persona vitamina'. Es una manera de decir “oye, vete abriendo a tu historia, vete yendo hacia atrás y mira (…)  Es que a veces es necesario echar la mirada al pasado para conectar con el presente, a veces hay que cerrar heridas porque si no hay heridas cerradas, el presente es un tormento.
 
P: Muchas veces todo eso del pasado es lo que nos está condicionando en el presente y no sabemos que ese es el motivo por el que no somos 'persona vitamina' o que incluso generamos toxicidad en los demás…
 
R: Por ejemplo, hay personas que tienen rasgos dependientes, tímidos, impulsivos, de desconfianza. Entonces, esas formas de ser muchas veces generan cierta toxicidad en el entorno. Pero es interesante entender si nosotros podemos tener alguna de esas características negativas y cómo canalizarlas a positivo y entender de dónde vienen: Si son por las circunstancias -estoy en pandemia, tengo covid, me he quedado sin trabajo, mi pareja me ha dejado, mi hijo está enfermo, mi madre acaba de fallecer- o es que mi forma de ser tiende a ser así. Y cuando uno entiende cómo es su forma de ser, es mucho más fácil que conecte de forma sana con lo que le rodea.
 
P: Hay un cambio muy grande cuando una persona deja de estar en el mundo como exigiendo que el mundo le dé lo que se merecen y empieza a preguntarse ¿qué puedo ofrecer yo al mundo?
 
R: Es el momento en el que tú decides no ser el receptor de todo, sino esa persona que ayuda a mejorar las relaciones humanas…por ejemplo tú llegas a la mesa de una boda o a una reunión o a una comida con familia política. Y te dices: “aquí puedo no hacer nada, sumar o restar”. ¿Cómo resto? con silencios incómodos, miradas hirientes…Neutro es ni fu ni fa, como si no estuvieras pero que tampoco haces daño. Y sumas preguntándote qué puedes hacer para que la gente que está aquí hoy se vaya mejor, más animada.
 
P: Esto es un cambio de mentalidad muy grande para el individualismo de estos tiempos y la generación del “porque yo lo valgo”
 
R: Es que claro, estamos hablando de una revolución. Es que yo estoy ahora en la revolución del amor, es que hay que demostrarlo, hay que cuidar a la gente, hay que quererse, hay que demostrarlo, hay que hacer porque los ambientes de trabajo y familiares mejoren…hay que ser el que desembrolla los nudos, no el que genera los conflictos. Hay momentos de tensión en todas las familias, parejas o trabajos, en los que tú puedes potenciar esa tensión metiendo cizaña, no haciendo nada -y que esa tensión sea terrible- o decir: “oye espera un momento, perdona si el otro día te dije algo…que noto que hay aquí un poco de tensión”. Cuando uno hace eso, es que es superlativo lo que se produce. Pero claro, tienes toda la razón, es dejar de ser yo el centro del mundo para que todo el mundo me cuide a mí y pasar a pensar: en este momento, a ver qué yo puedo aportar. Es que es un cambio de paradigma importante.
 
P: Este boom que estamos viviendo ahora en el ámbito del desarrollo personal podría ser una señal de que ese cambio de paradigma está empezando. Pero también hay muchos escépticos y críticos con el ‘conócete a ti mismo’…
 
R: Ahora hay mucha gente con ganas de conocerse, de conocer la mente humana y de potenciar lo mejor que lleva dentro. Pero es que para conocer tu mejor potencial tienes que quitarte la barrera de “no, es que a mí estas cosas no me interesan; no, es que yo este mundo no me lo creo mucho” (…) Pero claro, también esto saca a la gente de su zona de confort y a nadie le guste que le saquen de ahí.
 
P: Para terminar, me gustaría saber -dada tu experiencia como psiquiatra tratando a personas y viendo tan de cerca el sufrimiento-  ¿cómo ves al ser humano del siglo XXI?
 
R: Si hay algo por lo que me caracterizo es porque no pierdo nunca la esperanza. Pero al ser humano lo veo desorientado, que a veces le falta ese sentido de vida, ese rumbo, ese hacia dónde me dirijo…tan envuelto en sensaciones, en gratificaciones instantáneas, en la pantalla…La pantalla, ¡qué buena para tantas cosas y qué dañina cuando no la sabemos gestionar! (…) Veo al ser humano con ganas de llegar a ese equilibrio, a encontrar esa verdad que le llene. Porque tantas cosas nos venden que nos van a hacer felices: comprar a un click, Tinder a un click, Amazon a un click, te llega lo que buscas…¡cualquier cosa! y parece que esa felicidad que se hace en un click no es felicidad ni nada, solo hace un vacío. Y yo creo que hay gente que realmente dice: “oye, que ya no me engañen”. Busquemos lo que los japoneses llaman el ikigai, ese sentido de vida que es hacer cosas por los demás, hacer la vida agradable a los demás, ese sentido más trascendente de nuestra trayectoria humana. Oye, que estamos aquí para hacer las cosas lo mejor que podemos, para querer y cuidar a la gente -siempre y cuando no nos chupe y nos saque toda la energía que tenemos-. Estamos aquí para sacar lo mejor que llevamos dentro.

sábado, 12 de febrero de 2022

Detallan por primera vez la relación entre esquizofrenia y soledad


RAQUEL BONILLA     |     La Razón     |     08/02/2022

Las secuelas de la pandemia de la Covid-19 también se dejan sentir en la salud mental. De hecho, el aislamiento y la soledad se relacionan con la esquizofrenia. Así lo confirma un estudio español publicado en la prestigiosa revista «Nature Communications» que identifica este vínculo por primera vez a través de estudios genéticos y cuyo trabajo ha sido realizado por el equipo del doctor Celso Arango, jefe de grupo del CIBER de Salud Mental (CiberSAM) en el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid.
 
Los resultados de este pionero estudio sugieren que existe un riesgo genético compartido entre soledad y esquizofrenia y que éste puede tener un papel más importante en mujeres que en hombres. Esto apoyaría que la experiencia subjetiva del aislamiento social, agravado en estos últimos meses por causa de las restricciones de la pandemia, podría tener más consecuencias negativas en las mujeres, incluido el riesgo de desarrollar psicosis.

En concreto, el estudio dirigido por Javier González Peñas en colaboración con Álvaro Andreu Bernabéu, con la colaboración de diferentes grupos del CiberSAM que participan en el Consorcio de Genómica Psiquiátrica, ha utilizado una muestra de 3.488 personas (1.927 con esquizofrenia y 1.561 controles sanos) para demostrar la contribución genética de la soledad y aislamiento social al riesgo de sufrir esquizofrenia. Para ello se ha estudiado tanto el aislamiento social objetivo (falta de relaciones sociales) como el aislamiento percibido (la soledad, un sentimiento subjetivo de angustia asociado a la falta de relaciones significativas, independientemente de la cantidad de contacto social). 
Aunque las personas aisladas a menudo se sienten solas, el aislamiento no siempre se correlaciona con sentimientos de soledad, aunque ambos son factores de riesgo para la aparición de trastornos mentales. Según explica el director del trabajo, Javier González Peñas, «subdividimos el riesgo genético que predispone a esquizofrenia en función de su efecto en la soledad y el aislamiento, encontrando que el riesgo genético que era común tanto a esquizofrenia como a soledad y aislamiento era mayor en mujeres que en hombres. Además, este riesgo genético común correlaciona con depresión, ansiedad, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, dependencia del alcohol y autismo».

Por lo tanto, según confirma el primer firmante del trabajo, Álvaro Andreu Bernabéu, «nuestros resultados indican que este riesgo genético compartido entre esquizofrenia y soledad podría ayudarnos a entender las relaciones genéticas entre la esquizofrenia y otros trastornos psiquiátricos complejos como el trastorno bipolar, la depresión mayor o el trastorno obsesivo-compulsivo».

Así, tal y como asegura el doctor Celso Arango, que también ha participado activamente en el estudio, «estos hallazgos abren la posibilidad de desarrollar intervenciones frente la soledad y el aislamiento para la prevención y mejora de la evolución clínica de trastornos de espectro de la esquizofrenia, sobre todo después de las condiciones de aislamiento social a la que nos hemos visto obligados por la pandemia y el confinamiento».

viernes, 11 de febrero de 2022

Cómo ganarnos la confianza de nuestros hijos


Gema Sánchez Cuevas     |     La Mente es Maravillosa     |     18/04/2021

Escrito por Edith Sánchez

Ganarnos la confianza de nuestros hijos es un hito que se consigue en el día a día. Los más pequeños suelen ser muy generosos, y perdonarnos muchos más errores de lo que haría un adulto. Sin embargo, si no seguimos algunas pautas, podemos llegar a perderla... 

Buena parte de la influencia que podamos tener sobre nuestros hijos va a depender de la confianza que tengan con nosotros. Así, ganarnos la confianza de nuestros hijos o recuperarla cuando la hemos perdido es un paso previo e indispensable en muchas ocasiones para poder ayudarles.

La primera dificultad para ganarnos la confianza de nuestros hijos tiene mucho que ver con la propia definición de confianza que podamos manejar. La confianza no es que ellos nos cuenten absolutamente todo o que vean en nosotros exactamente a un amigo, más bien se trata de que nos perciban con alguien con el que pueden contar y compartir lo que necesiten en el momento en el que lo necesiten.

Confiar es llegar a acuerdos con el otro y confiar en que este va a cumplir su parte, es revelarle información que no queramos que sobrepase las fronteras de la relación y que se quede ahí.

Así, cuando hablamos de ganarnos la confianza de nuestros hijos tenemos que empezar por hablar de respeto, de considerarles como personas que pueden tener un pensamiento propio, al mismo tiempo que admitimos que pueden sentirse vulnerables o tener problemas para gestionar la incertidumbre. 

No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”. - Louis Pasteur

Respeto, una forma de ganarnos la confianza de nuestros hijos

Los padres y los hijos mantienen relaciones asimétricas. Los primeros dan órdenes, guían y toman las decisiones finales. Los segundos pueden y deben expresarse, tienen derecho a manifestar sus reparos y a plantear puntos de vista diferentes, pero al final deben obedecer. 

Para los hijos es muy importante contar con una figura de autoridad coherente. No quieren un amigo que se ponga a su nivel, sino alguien que sirva como referente, modelo o guía. Por eso no es bueno tener un trato de igual a igual. Es muy importante inculcar esto desde que están pequeños, ya que después será muy difícil lograrlo.

¿Por qué esta es una forma de ganar la confianza de tu hijo? Lo que espera un hijo de sus padres es que sean capaces de dirigir el barco y que, incluso cometiendo errores, confíen en sí mismos. Esto les genera la sensación de pisar un suelo firme y crea las bases para que confíen también en ellos mismos.

Tiempo, atención y refuerzo

Un padre es un guía, pero no debe comportarse como un juez. Por norma, un hijo valora que su padre le acepte y reconozca su esfuerzo y habilidades -en buena medida, porque una de sus motivaciones más grandes suele ser conseguir este reconocimiento-. También que sea capaz de corregirlo con amor y con la sana intención de que mejore. Lo más probable es que si le ofreces eso, él responda de la misma manera. 

También es importante dedicarle tiempo de calidad, compartiendo las actividades con las que pueda aprender, pero también disfrutar. En este tiempo compartido no tiene por qué primar el diálogo: puedes conocer a tu hijo por cómo actúa, por las decisiones que toma y no solo por su discurso. Hacemos este apunte porque no son pocos los padres los que sientes la tentación de hacer, de este tiempo compartido, un interrogatorio. 

Respeta su privacidad

Buena forma de ganar la confianza de tu hijo es abriendo tus sentimientos a él. Por supuesto, no vas a compartir con él tus intimidades más profundas, como lo harías con alguien de tu edad o tu condición. Sin embargo, sí puedes mostrarle lo que sientes, lo que quieres, lo que te preocupa, etc. 

Es muy importante tener abierta una línea de comunicación con tu hijo, y hacerlo respetando sus preferencias en la conversación. Hay aspectos que él querrá reservarse y está bien que lo haga. Solo debe saber que estás dispuesto a escuchar cuando quiera hablar, que será una prioridad cuando te necesite.

Gestiona con inteligencia los momentos difíciles 

Si nos preguntamos, cómo ganarnos la confianza de nuestros hijos, los momentos de crisis o dificultad son propicios para ello. Volviendo a la idea de inicio, confiamos en alguien cuando cumple sus compromisos, cuando guarda la intimidad que compartimos. 

Un padre tranquilo, pero que pierde el control ante los problemas o que se transforma en un inquisidor puede perder en un momento esa confianza que tanto cuesta ganar. 

Si los pequeños sienten que pueden contar con sus padres en los momentos complicados, será más fácil que confíen en ellos. Les buscarán para encontrar esas respuestas que tanto les inquietan. Además, serán una fuente de inspiración y un modelo a imitar en muchos sentidos. 

Además, trazando este sendero en la infancia es más improbable que, en su búsqueda de autonomía, se distancien tanto que no les podamos ayudar. En este sentido, el asiento de una buena adolescencia, de una relación saludable entre padres e hijos se asienta en la infancia.

lunes, 7 de febrero de 2022

La importancia del autocuidado emocional en tiempos de Covid-19


TATIANA LARA FLORIAN         |     Top Doctors     |     16/02/2021

Es importante fomentar el autocuidado y la salud mental como medida de prevención para mantener al cuerpo en estado óptimo, el ser humano debe aprender a conectarse con sus dones y talentos.

Contextualizando la problemática 

En estos momentos de Pandemia en donde las personas ruegan por la salud planetaria son tiempos de cambio de conciencia, pues el ser humano tiene que enfrentar grandes desafíos y retos para enfrentar el Estrés y la Ansiedad producto del COVID-19. Al día de hoy están muy presentes la falta de sueño, atención, concentración y la montaña rusa emocional por miedo a contagiarse o a contagiar a otros, o simplemente por padecerlo. Esto genera cambios en las dinámicas familiares y pone a prueba los recursos de afrontamiento de la familia como contexto de desarrollo. 

A causa del Coronavirus han cambiado las rutinas y hábitos. Algunas personas han padecido este virus y varios familiares están generando gran tensión por no poderlos visitar en el hospital con la incertidumbre que se recuperarán o en casos inevitables han fallecido haciendo que se cambiaran los rituales de despedida y la manera de enterrar a los fallecidos, sin funerarias, sin velación, sin cementerios. 

Las personas han quedado imposibilitadas de poder acompañar a sus familiares en su proceso de despedida, aceptando la cremación, sin siquiera poder vestirlos por última vez, sin ese cierre social y emocional por el estigma social y el miedo al contagio. 

El suceso es tan fuerte que en la mayoría de las ocasiones que las personas sólo han enviado condolencias por medio de las redes sociales, se han perdido de ese abrazo silencioso y sincero en el que se les hacían saber a los seres queridos ese sentimiento de compañía en el dolor. 

Otras familias han cambiado de ciudad, país, las familias se han separado y desintegrado generando procesos de inmenso dolor y de adaptación por el hecho de ser emigrantes. Esta reflexión hace que los humanos se replanteen cambiar nuestras creencias y pensamientos. En este sentido, se recomienda ser más positivos y optimistas, practicar actividades como cantar, bailar, hacer ejercicio, tomar más agua, cuidar la salud, jugar como niños, ver películas cómicas, respirar, meditar, agendar nuestra felicidad y encontrar un propósito para implementar los nuevos hábitos. 

La importancia del autocuidado

Es importante fomentar el autocuidado y la salud mental como medida de prevención para mantener al cuerpo en estado óptimo, el ser humano debe aprender a conectarse con sus dones y talentos. Estas prácticas permiten fortalecer la autoestima y ligar a la esencia vital, el ser interior, la unidad familiar, los rituales, el afecto, la aceptación y el respeto. 

En este sentido, es imperativo fomentar la comunicación asertiva, y la espiritualidad, aprender a vivir con acuerdos pacíficos, tomar un respiro, dar un momento de tiempo afuera, a dar y recibir y ayudar a otros a dejar fluir las energías, a vivir el presente sin paso y sin prisa. 

En esta Pandemia los seres humanos deben acomodarse a una nueva situación para ser más resilientes ante la adversidad, ser más respetuosos, empáticos ante el dolor y la compasión, la pobreza y la enfermedad para encontrar los para qué y no los porqués. 

Los aprendizajes, para crecer, para ser mejores seres humanos, para perdonarse a sí mismos y a los que se han lastimado. La sociedad debe unirse y crear redes de solidaridad y armonía, a volver a amar y a cuidar la naturaleza. Es momento de reinventarse y sacar nuestra mejor versión, es momento de vivir el aquí y el ahora viviendo un día a la vez, a desatar nuestra imaginación para la paz y el bien universal.

sábado, 5 de febrero de 2022

¿Cuánto tiempo tardamos en hacernos adictos a algo? (II)


LOIS BALADO TOMÉ  | La voz de la salud-la voz de galicia.es  |  31/01/2022
 
En el abordaje de una adicción, ¿funciona la terapia de grupo?
 
Todos hemos visto cómo en alguna película se afrontan procesos en los que algún protagonista busca desintoxicarse. Las referencias a la terapia grupal son habituales en el séptimo arte. Seguro que son capaces de imaginarse esta escena. El protagonista se levanta y dice ante un grupo de compañeros con su mismo trastorno adictivo como el alcohol: «Hola, soy fulanito y soy alcohólico». ¿Cuánto de fantasía y de realidad hay sobre las terapias de grupo? ¿Funcionan?
 
Lo primero que debemos tener claro es que, por desgracia, no existe una pastilla que vaya a curar a una persona adicta. «Para tratar una dependencia no tenemos un fármaco que te puedas tomar y con el que ya no seas dependiente de una droga. Hay que hacer un trabajo psicosocial. Un trabajo de reconstruir de la persona. Y si el paciente es muy joven, tal vez haya que, directamente, construir a esa persona.», avanza la psiquiatra catalana.
 
Lourdes Suárez es psicóloga y también dirige una Unidad de Conductas Adictivas en Carballo (A Coruña). La profesional recomienda siempre un abordaje clínico y ser muy rigurosos con la información que se aporta. Tanto al paciente como a su entorno. «La información que se tiene que dar a las familias y que debe llegar a la población en general tiene que ser clara e inequívoca. El tratamiento de los trastornos adictivos tiene que estar basado en evidencias científicas, no en visiones subjetivas, distorsionadas o trasnochadas que sugieren que las adicciones son un vicio o un acto voluntario. Los trastornos adictivos son trastornos mentales y requieren de un abordaje integral. Si lo basamos en opiniones personales o visiones subjetivas, lo más probable es que nos equivoquemos y que el paciente sufra las consecuencias», asegura.
 
La motivación del afectado es un aspecto importante (aunque más adelante veremos que no definitivo). ¿Qué hacemos entonces si la persona se niega a solicitar ayuda y no hay visos de que lo vaya a hacer nunca? «Es posible que suceda. El tratamiento de las adicciones tiene que ser voluntario, accesible y gratuito, como el resto de los servicios sanitarios del sistema público de salud. No podemos obligar a una persona a iniciar un tratamiento, si no es esa su voluntad. Pero sí podemos atender a sus familiares y allegados, darles pautas de manejo y orientarlos sobre cómo hablar con esta persona para incrementar las posibilidades de que acuda, al menos, a una entrevista con los profesionales. Esa entrevista nos permitirá abordar su motivación hacia el cambio», dice Suárez.
 
LA AYUDA A UNA PERSONA CON UN TRASTORNO ADICTIVO DEBE SER:
1.      Voluntario
2.     Accesible
3.     Gratuito
 
La importancia de que una adicción pase por el médico de cabecera
 
La psicóloga del centro coruñés recomienda que todo el proceso de desintoxicación se ajuste a la ruta claramente trazada por los servicios públicos de salud, cuya puerta de entrada es la atención primaria. «El médico de cabecera suele ser una persona de confianza para los pacientes y ser de gran ayuda para que tomen conciencia de su problema y poner en marcha el proceso de tratamiento».
 
Nuestro médico más cercano será el encargado de poner en marcha la maquinaria, aunque reconoce que hay casos excepcionales. «Hay unas pautas que siguen todos los centros públicos y, una muy importante, es facilitar el acceso de usuarios de drogas ilegales, que suelen estar más desvinculados del sistema sanitario. Se avalúa su demanda, se realiza un diagnóstico biopsicosocial y se elabora un plan de tratamiento consensuado con el paciente», puntualiza. Considera importante la coordinación, tanto con la atención primaria como con la especializada, como en cualquier otra patología. Las unidades de tratamiento de trastornos adictivos son un servicio especializado, en este caso, en el ámbito de la salud mental. Lo más beneficioso para el paciente es que entre en un circuito sanitario normalizado», explica Lourdes Suárez.
 
La terapia de grupo

Existe cierta aura de misterio sobre las terapias de grupo. A algunas asociaciones se las acusa de hacer abordajes demasiado radicales u obsoletos. La pregunta es, ¿funcionan? ¿Son recomendables? «Nosotros tenemos un abordaje básicamente clínico», confirma Mercè Balcells, que sí ve beneficios en las sesiones con otros pacientes: «Yo digo que todo lo que sirve, tenemos que usarlo. Sin duda, la terapia grupal sirve. Creo que tiene un papel muy importante, todo el tratamiento psicológico lo tiene».
 
Y a nivel clínico, ¿cómo se trabaja? «Nosotros hacemos un abordaje que se denomina motivacional. Trabajamos con la entrevista motivacional, buscamos hacer que las personas aumenten su probabilidad de cambiar las cosas. Es un abordaje terapéutico y psicológico. Si me preguntas por Alcohólicos Anónimos, por ejemplo, creo que tienen un largo recorrido y que a quien les pida ayuda le va a ir bien. Estar en un grupo de apoyo, sea el que sea, ayuda. A veces se necesita salir de un entorno para poder reconstruirse y pensar. Y todas las ayudas son bienvenidas Está claro que está bien unirse a un grupo, pero a veces si no hay un clínico, si hay otros trastornos psiquiátricos u orgánicos, eso no se va a atender. Por eso recomendamos que se haga en unidades especializadas, pero toda ayuda es bienvenida», comenta la directora de la Unidad del Clínic.
 
Si tengo un amigo que tiene una adicción, ¿debo «arrastrarle» a desintoxicarse?
 
Hay una creencia común que dice que, hasta que uno no quiera, no se desenganchará de una adicción. ¿Es esto realmente así? ¿Llevar a alguien a terapia a la fuerza supone que el tratamiento está abocado al fracaso?
 
Evidentemente, si el paciente está convencido y decidido a querer recuperar su vida todo será mucho más sencillo, pero eso no significa necesariamente que no se pueda intervenir y dejar a su suerte al resto de casos. «Sí, necesitas querer para dejar una adicción, pero a veces necesitas que alguien te ''arrastre'' para poder empezar a querer dejarlo. En las adicciones hay mucha ambivalencia; uno quiere y no quiere a la vez. Uno quiere encontrarse bien, no quiere fastidiar a su entorno, no perder el trabajo; pero a la vez es verdad que quieres seguir consumiendo porque esta vía volitiva está alterada. Quieres y no quieres al mismo tiempo. A veces, con ayuda, es más fácil que se resuelva la ambivalencia y que uno diga «sí, quiero dejarlo y me voy a poner a ello», dice la psiquiatra catalana.
 
Lourdes Suárez, por su parte, prefiere cambiar el verbo «arrastrar» (que, por supuesto, no es literal), por dialogar: «Arrastrar a la persona, no; dialogar con ella, sí. Claro que hay muchas contradicciones en una persona con un trastorno adictivo. Muchas veces son conscientes de los problemas que está generando su problema a nivel familiar, laboral, económico, legal o de salud. Pero se muestran ambivalentes ante el cambio. Les gustaría seguir consumiendo sin arrastrar todos esos problemas. O tener un consumo controlado», razona. explicando que en una persona que ya ha desarrollado un trastorno de este tipo, el consumo ocasional es prácticamente imposible. «Una de las cosas características de una adicción es la pérdida del control», sentencia.
 
Consejos para las familias
 
Lourdes Suárez expone una lista de recomendaciones clave para los familiares que conviven con una persona con un trastorno adictivo para intentar solucionar el problema y aumentar las capacidades de éxito.
 
Son las siguientes:
1.      Entender que una adicción es un trastorno mental. Si no se parte de esta base, todo el resto será una atención no adecuada.

2.     Asesorarse con las personas adecuadas. Los profesionales de las unidades de Trastornos Adictivos pueden dar pautas de manejo a las familias si el afectado no quiere acudir al centro o mejorar las estrategias para convencerlo.
 
3.     Entender que es un proceso largo y con tendencia a las recaídas. Suelen alternarse períodos de consumo descontrolado con abstinencia o intermitencia.
 
4.     No es una atención a situaciones de urgencia. no hay una pastilla mágica. Un trastorno adictivo requiere una valoración adecuada, un diagnóstico, un plan de intervención y un equipo multidisciplinar.
 
5.     Dialogar y escuchar. El paciente es una persona, no un problema.
 
6.     Evitar las medidas de coacción. Los chantajes y las amenzas para que se sometan a un tratamiento, no funcionan. El usuario llegará presionado y no convecido.
 
7.      Evitar posturas demasiado permisivas. Darles dinero, permitir conductas en casa o aceptar chantajes (por ejemplo, durante el síndrome de abstinencia) es una mala decisión.
 
8.     Buscar el máximo consenso familiar. Las fisuras entre los diferentes miembros de la familia, pueden ser utilizadas por el adicto para justificar y mantener su conducta.
 
9.     Que la familia y el paciente no se desvinculen. Los familiares suelen estar desbordados por esta problemática. Muchas veces se arrastran años de evolución, que han deteriorado enormemente la convivencia y las relaciones interpersonales. Pese a todo, es fundamental el soporte familiar a lo largo del proceso de rehabilitación.
 
10.  Evitar culpabilizar, presionar en exceso o criticar continuamente. No funcionará y aumentará la distancia con la familia.
 
11.   Entender que no se va a resolver con fuerza de voluntad, sino con ayuda profesional.
 
12.   La familia no debe culpabilizarse.
 
13.   Establecer unos límites claros de convivencia. No son aceptables las conductas agresivas, la violencia familiar, las amenazas o los robos.
 
14.   No esperar milagros. Es un proceso largo que requiere mucho trabajo y en el que puede haber períodos frustrantes.