domingo, 11 de septiembre de 2022

Nace el Área de Prevención del Suicidio: un proyecto para dar atención inmediata y salvar vidas


FRAN SÁNCHEZ BECERRIL     |     El Confidencial    |     06/09/2022
 
Un proyecto ambulatorio y preventivo de La Barandilla y Asispa que pretende realizar un seguimiento específico a personas que hayan intentado quitarse la vida o presenten riesgo de llevar a cabo un acto suicida. Atención presencial u ‘online’ en toda España.
 
En España, en torno a 11 personas se suicidan cada día, según los últimos datos ofrecidos por el Observatorio del Suicidio en España, de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. La mayoría de estos casos son ocultados bajo el estigma, el tabú y el silencio que envuelven una realidad que causa alrededor de un millón de fallecimientos en el mundo cada año, una muerte cada 40 segundos.
 
Por su parte, la OMS señala que una de cada 100 muertes en el mundo es un suicidio. Así pues, se trata de una de las principales causas de deceso en todo el planeta.
 
Ante este escenario tan alarmante nace el Área de Atención y Prevención del Suicidio, una iniciativa presentada este martes por las asociaciones La Barandilla y ASISPA. El objetivo del proyecto es poner el foco en la salud mental para evitar la ideación suicida: porque una correcta atención psicológica disminuye la vulnerabilidad de las personas y facilita la prevención.
 
Un proyecto ambulatorio y preventivo
 
El Área de Atención y Prevención del Suicidio es un proyecto ambulatorio y preventivo que pretende realizar un seguimiento específico a personas que hayan intentado quitarse la vida o presenten riesgo de llevar a cabo un acto suicida.
 
Para llevarla a cabo, ofrecen un servicio en toda España de forma presencial y 'online', con un equipo de profesionales comprometido, cualificado y una larga experiencia en psicoterapia individual y grupal.
 
El proyecto quiere convertirse en un altavoz de referencia para sensibilizar, concienciar, formar e informar de todo lo relativo a la prevención del suicidio.
 
Y como objetivo general tiene facilitar el mejor acompañamiento psicológico para mejorar la salud mental y empoderar a la persona.
 
Como resume la presidenta de La Barandilla, Ana Lancho, la idea es dar atención a las personas con ideación suicida “desde el minuto cero”, ante las largas listas de espera que hay hasta llegar a un especialista en salud mental en todos los rincones de España o la imposibilidad de poder pagar un experto. De este modo, el proyecto quiere ofrecer sesiones de psicoterapia semanales, presenciales —si la localización lo permite— e individuales a los pacientes.
 
Para brindar a cada paciente y sus familias la atención que precisen, la iniciativa pone a su disposición el teléfono: 911 385 385.
 
Señales de alerta del suicidio
 
Los especialistas explican que la persona que piensa en suicidarse realmente no quiere morir, sino librarse de un profundo dolor emocional.
 
Del mismo modo, apuntan a que las personas que piensa en suicidarse avisan y hay señales para reconocerlo: verbales (hace comentarios negativos sobre su vida o sí mismo) y no verbales (cambios de conducta bruscos, autolesiones, prepara documentos…).
 
A este respecto, ejemplifica a El Confidencial el decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP Madrid), José Antonio Luengo: “A veces, una persona con un cuadro depresivo lleva dos años y no mejora, vas viendo cuando hablas con ella que sigue sufriendo, que habla de que ‘esto no merece la pena’ y no hace nada para salir de ello. Estas son señales bastante claras, aunque no te diga ‘me quiero morir”.
Más concretamente, el psicólogo afirma que es importante observar “las tres D”: dolor psicológico, desesperanza y desconexión. “Son claves muy marcadas”, apostilla.
 
“Lo importante para los especialistas es saber leer entre líneas, cuando no se dice directamente ‘no quiero vivir”, recalca.
 
Pero, en ocasiones, ocurre que una persona no acude a un especialista y su entorno no es capaz de interpretar las señales. O no se da importancia a ciertos comentarios, pensando que es una forma de llamar la atención. En caso de enfrentarse a una situación propia o de un conocido que no se sepa manejar, lo más recomendable es acudir a un especialista.
 
Recursos
-Teléfono del Área de Atención y Prevención del Suicidio: 911 385 385
 
-Teléfono de atención ante el riesgo de suicidio: 024
 
-Teléfono de la esperanza: 914 590 055 / 717 003 717

viernes, 9 de septiembre de 2022

Ayuno intermitente: ¿tiene efectos antidepresivos?


RUBÉN FERNÁNDEZ-RODRÍGUEZ     |     Clarin-La Vanguardia     |     04/09/2022

Un investigador revisa la evidencia del su impacto sobre la salud mental
 
Actualmente, la depresión y la ansiedad son los trastornos psicológicos más frecuentes en el mundo, y la situación generada por la pandemia de covid-19 no ha hecho más que empeorar sus cifras. Además, no hay que olvidar su estrecha relación con la salud metabólica y la obesidad, otra enfermedad que sigue subiendo como la espuma.
 
Entre las posibles soluciones, la alimentación es clave, y no hay día que no aparezca alguna dieta milagro prometiendo beneficios más allá de su verdadero alcance. ¿Habría que colocar al famoso ayuno intermitente en esa categoría? Parece que no.
 
Estos son sus poderes
Aunque ahora esté de moda, nuestra especie ha practicado el ayuno intermitente de manera natural durante miles de años: el Homo sapiens no siempre ha tenido comida disponible las 24 horas del día y los 7 días de la semana.
 
La razón del impacto mediático y popular actual reside en su eficacia como método para perder peso y en los beneficios que se le atribuyen para disminuir el riesgo cardiometabólico.
 
Por eso se suele prescribir a pacientes con sobrepeso u obesidad y que muestren predisposición a sufrir diabetes. Así mismo influye, y mucho, que resulte más llevadero y se pueda mantener a largo plazo con menos esfuerzo que la restricción calórica continua.
 
Además, facilita la sincronización con los ritmos circadianos. Esto quiere decir que ayuda a acompasar las comidas con nuestro reloj biológico interno, dependiente de los horarios del sol, normalmente entre las 8 de la mañana hasta 16 o 19 de la tarde.
 
Los beneficios del ayuno intermitente tienen que ver con el cambio que se produce en el metabolismo.
Tras estar varias horas sin ingerir alimentos, el cuerpo cambia de combustible: pasa de utilizar glucosa (azúcares) a echar mano de las grasas. También se desencadenan los procesos de autofagia, una forma natural que tiene nuestro organismo de depurarse.
 
Y por último, mejora el funcionamiento tanto del sistema inmune como del eje que comunica la microbiota intestinal (microorganismos que viven en el sistema digestivo) y el cerebro. En el fondo, comer es un acto invasivo, y realizado con mucha frecuencia hace que nuestro organismo se sobreesfuerce.

Dos estilos de ayuno intermitente
Entre las diversas modalidades de dieta que se agrupan bajo el paraguas del ayuno intermitente, dos son las más practicadas: el ayuno a días alternos y la restricción de la ventana de ingestas.
 
El primero consiste en disminuir drásticamente la alimentación en días alternos (entre 2 y 4 a la semana), un ayuno que puede variar desde no comer absolutamente nada a ingerir hasta el 25 % de las necesidades energéticas de una jornada. En ambos casos, está permitido beber agua y bebidas sin calorías como el té o el café sin azúcar.
 
Por su parte, el segundo método implica dedicar sólo un lapso de tiempo diario a comer, normalmente entre 6 y 10 horas. Durante el resto de la jornada, de 14 a 18 horas, no pueden consumirse alimentos, con la consabida excepción del agua, el té y el café.
 
Efectos antidepresivos
Como apuntamos más arriba, parece que estas prácticas ejercen un efecto beneficioso sobre el organismo, pero ¿hasta qué punto influyen en la salud mental, concretamente en la depresión y la ansiedad? Intentamos averiguarlo en nuestro estudio.
 
Tras analizar la literatura científica y los 14 trabajos realizados con 562 participantes en esta área de investigación, llegamos a algunas conclusiones.
 
La primera es que, como mínimo, realizar uno u otro tipo de ayuno no empeora la depresión o la ansiedad, ni altera nuestro estado de ánimo. Y lo que es más importante: parece que incluso puede ayudar a disminuir los síntomas de la depresión.
 
Aunque se podría pensar que quienes emprenden el ayuno intermitente están expuestos a sufrir cambios de humor, parece que esto no ocurre. Más bien, sucedería al contrario.
 
La autofagia y la liberación de ácidos grasos libres, cuerpos cetónicos (desechos de las grasas), neurotransmisores, diferentes hormonas y biomarcadores como el factor neurotrófico derivado del cerebro explicarían las mejoras en los síntomas depresivos.
 
Tampoco hay que olvidar sus efectos en la regulación de la glucosa, la resistencia al estrés y la reducción de la inflamación. Todos ellos podrían atenuar los procesos de neuroinflamación asociados a la depresión. El pasado 8 de agosto se publicó otro estudio que corrobora lo que mostramos en nuestro trabajo.

El ayuno intermitente –concretamente, la restricción de la ventana de ingestas acompasada con el ritmo circadiano– fue más efectivo que la restricción calórica continua para mejorar el estado de ánimo. Levanta el vigor y la energía, y disminuye la fatiga y la depresión.
 
Por último, y quizás lo más importante, las personas que practican el ayuno intermitente, especialmente la restricción de la ventana de ingestas, muestran un alto grado de aceptación y seguimiento. Verse y sentirse bien por dentro y por fuera facilita que mantengamos este patrón de alimentación a largo plazo.

Aunque los resultados son prometedores, hay que ser precavidos: faltan investigaciones a largo plazo que comparen las diferentes modalidades de ayuno y su influencia en la salud mental. Y si tiene dudas o sufre alguna patología, es mejor que consulte con su médico y nutricionista antes de decidirse a practicarlo.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Tres marcas de la infancia que duran para siempre


GEMA SÁNCHEZ CUEVAS      |      La Mente es Maravillosa     |     22/09/2021
Escrito por Edith Sánchez
 
Durante la infancia se moldea buena parte de nuestra personalidad. De hecho, ciertas experiencias negativas pueden condicionar miedos o actitudes en la vida adulta. Te explicamos cómo sucede esto y algunos ejemplos.
La infancia es en ese tiempo en el que sucede una bonita paradoja, somos capaces de construir los cimientos más fuertes en la menor cantidad de tiempo, sin apenas darnos cuenta. A los cuatro años ya se ha comenzado a definir nuestra forma de ser. De ahí en adelante lo que resta es desarrollar o frenar la inercia que hemos cogido en nuestros primeros años.
 
La infancia deja marcas que duran para siempre. Son huellas indelebles que se reflejan principalmente en la actitud hacia nosotros mismos y hacia los demás. Sin embargo, algunas de esas huellas son más persistentes y profundas, debido al gran impacto que causan en la mente del niño.
 
“El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.” – Oscar Wilde
A continuación, te hablaremos de tres de esas marcas que interiorizamos durante nuestra infancia y ya no se borran.

La imposibilidad de confiar desde la infancia
Cuando el niño es defraudado o traicionado reiterativamente por sus padres o cuidadores, difícilmente puede confiar en el resto de personas o, incluso, en sí mismo. Tendrá que luchar mucho contra esta tendencia a la desconfianza para lograr establecer vínculos de intimidad con otros.
 
Al niño se le defrauda cuando se le prometen cosas que no se pueden, o no se quieren, cumplir. Para ellos es importante que se le entregue el juguete que se le había prometido, si obtenía un determinado logro o llegado un determinado momento, que se le lleve al parque cuando dijeron que lo harían, o que le dediquen el tiempo que tanto le han prometido dedicarle.
 
Este tipo de actos pueden pasar desapercibidos, o no tener importancia, para los adultos. Pero para el niño representan un aprendizaje acerca de lo que se puede esperar, globalmente, de las figuras cercanas.
 
Si el niño observa que los padres mienten, aprenderá que la palabra carece de valor. Le costará entonces creer en los demás y esforzarse por hacer de su propia palabra algo confiable. Esa marca implicará que, durante su desarrollo, tenga grandes dificultades: para estrechar los lazos con los demás y para llegar a construir una verdadera intimidad -refugio- en el que se sienta seguro con alguien.

El miedo a ser abandonado
El niño que se ha sentido solo, ignorado o abandonado, comienza a creer que la soledad es un estado completamente negativo y puede optar por tomar uno de dos caminos: o se hace excesivamente dependiente de otros, buscando constantemente a alguien para que le acompañe y le proteja, o renuncia a la compañía como medida de precaución frente al sufrimiento de un potencial abandono.
 
Aquellos que toman la senda de la dependencia, llegan a ser capaces de tolerar cualquier tipo de relación con tal de no sentirse solos. Creen que son completamente incapaces de sortear la soledad y por eso están dispuestos a pagar cualquier precio por la compañía.
 
Quienes escapan del miedo al abandono por la vía de la independencia a ultranza, se tornan incapaces de disfrutar de la cercanía afectiva de alguien. Para ellos, amor es sinónimo de miedo. Cuanto más afecto sienten por otra persona, más crece su ansiedad y su deseo de escapar. Son el tipo de personas que rompen vínculos entrañables para dejar de sentir la angustia que les provoca una eventual pérdida de la figura amada.
El miedo al rechazo
El niño que ha sido permanentemente cuestionado y descalificado por sus padres suele convertirse en un enemigo de sí mismo. De esta manera, desarrolla un diálogo interior en el que la constante son los auto-reproches y las auto-recriminaciones.
 
Este niño, en su vida adulta, probablemente jamás se va a sentir conforme con lo que haga, lo que diga o piense. Siempre va a encontrar la forma de sabotear sus planes y le va a ser muy complicado aceptar que también tiene virtudes y aciertos. Sentirá que no merece el afecto, ni la comprensión de nadie y que sus expresiones de amor hacia los demás carecen de toda validez.
 
Por lo general, se convierten en adultos aislados y huidizos que sienten pánico en situaciones de contacto social. A la vez, son extremadamente dependientes de la opinión de otros. Ante la más mínima crítica de los demás, se desvalorizan por completo, ya que no saben distinguir una observación objetiva de un ataque personal.
 
Si además de rechazado, el niño también es humillado, las consecuencias son más graves. Las humillaciones dejan sentimientos de ira no resueltos, que se trasforman en una sensación de impotencia continua, y que muchas veces dan lugar a personas tiránicas e insensibles, que también buscan humillar a los demás.
Las marcas que dejan esas experiencias de infancia son muy difíciles de modificar. Sin embargo, esto no quiere decir que no se puedan matizar o decantar para convertirlas en algo más positivo. El primer paso pasa por reconocer que están ahí y que deben ser trabajadas para que no determinen por completo el resto de nuestras vidas.

martes, 6 de septiembre de 2022

Guía para tratar a personas 'difíciles' sin sufrir secuelas

   

SOLANGE VÁZQUEZ     |     El Correo     |     07/05/2022

Son un reto, una lata... y la clave es no entrar en su juego. «Con cierto nivel de estrés, todos podemos volvernos 'difíciles'», alerta el psiquiatra francés François Lelord

El ansioso que transmite su estrés a los demás en plan aspersor que a todos salpica, el paranoico que se ofende al menor comentario y que te obliga a andar con pies de plomo, el obsesivo que se pierde en los detalles y te saca de quicio porque no llega a ninguna parte, el narcisista que siempre piensa en sí mismo, el depresivo cuya inercia desarma y desespera a partes iguales, el hiperexigente para el que nunca nada será suficiente y que no deja de recordárselo al mundo… Ay, ay, ay, ¡cómo pueden alterarnos los individuos con personalidades 'difíciles'!

Si tenemos suerte y sólo tratamos con estos 'complicaditos' ocasionalmente, quizá salgamos más o menos indemnes, pero, si compartimos algo más de tiempo con ellos..., pueden perturbar o incluso destrozar nuestra vida cotidiana. Y, como todos conocemos a este tipo de personas (¡o somos una de ellas!), Christophe André y François Lelord, psiquiatras de reconocido prestigio internacional y autores de 'Cómo tratar con personalidades difíciles' (editorial Arpa), nos ofrecen un manual de uso para estos individuos «que no solo se encuentran en las consultas de psiquiatría».

Los 'borderline'

Que no nos engañe el nombre, porque no se refiere a su capacidad intelectual. 'Borderline' en este caso hace referencia a su tendencia a vivir siempre en una línea 'fronteriza': son inestables, impulsivos, con estallidos de cólera... y combinan todo esto con periodos de sentirse vacíos (algunos han tenido ideas suicidas) y de buscar apoyos con ahínco (a veces se les tacha de 'pegajosos').

Qué hacer con ellos: Su hipersensibilidad e inestabilidad solo se manifiesta en situaciones 'gatillo' (de estrés), por eso debemos ser constantes con ellos y animarles mucho cuando se comportan 'bien'. Siempre hay que reaccionar ante ellos cuando están de buenas y criticar su comportamiento, nunca a la persona. Por ejemplo, decir «no me gustan los gritos» en lugar de «te pasas la vida gritándome». También funciona empatizar con ellos: «Temo lastimarte, pero tengo que decirte que no llevo bien que me grites».

Narcisistas

Piensan que merecen admiración y se enfadan cuando no la obtienen. Cuidan mucho su apariencia, desean éxitos, pero carecen de empatía y las relaciones duraderas no les interesan. Tienen tendencia a manipular

Qué hacer: Alábales cuando tengas motivos sinceros para ello. Así desactivas su ansiedad por gustarte. Como son susceptibles, sé considerado y evita llegar tarde si has quedado con uno, por ejemplo. Sé discreto con tus éxitos y critícale lo indispensable y solo en cosas concretas y limitadas en el tiempo, nunca a lo grande. No te opongas a él sistemáticamente ni esperes reciprocidad.

Ansiosos

Están siempre muy preocupados por los riesgos de la vida para ellos o para sus allegados. Sufren mucha tensión por su exceso de prudencia y su intento de controlarlo todo.

Qué hacer: Se hacen más daño a sí mismos que a los demás, pero vivir con ellos tampoco es fácil. Los gestionarás bien si les muestras que eres de confianza y que no tienen que preocuparse porque 'falles'. El uso del humor y la ironía también ayudan con ellos. Eso sí, no les sorprendas –reaccionan mal–, ni te dejes esclavizar por sus miedos, ni les cuentes tus propias inquietudes para no potenciar su 'defecto'.

Psicopáticos

No, no son los psicópatas de los 'thrillers'. Son personas que saben encandilar, que se gustan a sí mismas, con tendencia a mentir y manipular, sin empatía ni remordimientos y sin preocupación por las consecuencias de sus actos. Tampoco soportan el aburrimiento.

Qué hacer: Si no puedes evitarlos, recuérdales que no aceptas sus ideas. Reacciona cuando actúen mal y no les permitas justificarse ni que te encandilen, son muy hábiles en eso. También es aconsejable no contarles tu vida, porque son envidiosos. ¿Cómo te los ganas? Se quieren tanto a sí mismos que les gusta que aprecies públicamente alguno de sus puntos fuertes. «Por ello, nunca le humilles», dicen los psiquiatras. Tendrías un enemigo para toda la vida.

Evitativos

Son hipersensibles, tienen miedo al ridículo y no dan el primer paso en nada a no ser que sepan que van con garantías de éxito. Evitan las situaciones en las que temen sentirse heridos o incómodos. La autoestima la tienen por los suelos y su miedo al fracaso los mantiene en un papel gris o en puestos inferiores a sus capacidades.

Qué hacer: Hay que proponerles objetivos de dificultad progresiva para que se reafirmen y hacerles ver que valoras su opinión y que pueden contradecirte sin problema, que noten tu apoyo. Irritarse o bromear a su costa empeora su comportamiento.

Pasivo-agresivos

«Se resisten a las exigencias de los otros en el ámbito personal y profesional, discuten exageradamente las órdenes, critican las figuras de autoridad y, de forma enmascarada, 'obstaculizan': son voluntariamente ineficaces en ocasiones y se quejan de ser un incomprendido», dicen André y Lelord.

Qué hacer: Como son muy sensibles a todo lo que 'huela' a falta de consideración, ser amables con ellos da sus frutos. Por eso, si les pides su opinión, los desactivas bastante. Lo que no debes hacer es disimular que no te ha llamado la atención su oposición o criticarle en plan moralizante. Otro consejo: no entres a su juego de represalias recíprocas.

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François Lelord, psiquiatra 

“Con cierto nivel de estrés, todos podemos volvernos difíciles” 

-A veces pensamos que con este tipo de personas con personalidades problemáticas lo único que podemos hacer es aguantarlas... ¿no hay otra opción?

-Depende de la intensidad del problema y de la necesidad de la relación: si es un pariente, un compañero de trabajo o tu jefe, tendrás que gestionarlo, con la esperanza de que la relación puede mejorarse aplicando los principios que recomendamos. Si consume demasiado tiempo y energía, uno puede pensar en la ruptura o, al menos, en la limitación del contacto.

-¿Cuál es el perfil 'problemático' que causa más problemas?

-Las personalidades que no son conscientes de su problema: las personalidades paranoicas, narcisistas, obsesivas. Pero la clave está en la intensidad de los síntomas de sus otros talentos. Uno puede apreciar a una persona narcisista pero muy talentosa como jefe o compañero de trabajo, un contable obsesivo pero excelente, un jefe de seguridad ligeramente paranoico pero concienzudo... 

-Solemos ver personalidades difíciles por todas partes, pero... ¿somos capaces de reconocer que tenemos una de ellas, sea del tipo que sea?

-Uno de los propósitos de nuestro libro es ayudar a los lectores a observar sus propias peculiaridades. Con cierto nivel de estrés, todos podemos volvernos difíciles, y las personalidades que ya son difíciles todavía más.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Laura Rojas-Marcos, la psicóloga que se tiró en paracaídas para vencer el miedo a volar: "El optimismo es una actitud de vida"


CRISTINA GALAFATE    |       elmundo.es      |      28/08/2022
 
A esta psicoterapeuta, escritora, investigadora y conferenciante la inquietud por la psicología clínica y la salud le viene de cuna: es hija de la eminencia Luis Rojas-Marcos. Tras los atentados de las Torres Gemelas, en 2001, colaboró en Proyecto Libertad para dar asistencia psicológica a las víctimas.
 
¿En qué miedo decidiste que eras valiente? La psicóloga Laura Rojas-Marcos (Nueva York, 1970) descubrió que era optimista en una historia traumática pero con final feliz. "Mi familia era de Sevilla pero se trasladó a Nueva York, así que he vivido siempre en un avión. Era mi tercera casa". Con seis años ya cruzó el charco sola y en la Universidad era su taxi con alas. "Un día, el avión en el que viajaba empezó a hacer cosas extrañas", cuenta.
 
Con tantas horas de vuelo encima, sabía perfectamente que algo pasaba. "Los motores fallaron, se puso en picado y recuerdo perfectamente la carne mechada con guisantes de los pasajeros inundando todo mientras las azafatas corrían". Aunque le costaba trabajo respirar, ella solo pensaba: "Este no es mi momento... No me voy a morir ahora".
 
Una vez en tierra y a salvo, afortunadamente, jamás habló del episodio pero cogió un miedo horrible al avión. "Algo que no me podía permitir, porque el mundo es apasionante y hay que conocerlo. Además, tenía que seguir volando constantemente entre dos continentes".
 
Solo un año después se lo contó a su padre, quien le aconsejó o bien ir a terapia o bien una terapia de choque: tirarse en paracaídas. Y así lo hizo. "Después de vivir aquella experiencia cercana a la muerte conseguí afrontar mi miedo con coraje", revela por primera vez en una conferencia sobre motivación, The Sunny Seaside, para la firma Veuve Clicquot en Barcelona, tras la que se produce esta entrevista.
 
Como a la psicóloga, a lo largo de la vida todos nos enfrentaremos con situaciones límite donde nos asaltarán pensamientos negativos que nos roban la esperanza. Especialmente, con un contexto tan adverso como el que tenemos en la actualidad, en medio de una guerra y una pandemia. "La clave está en no caer en esos diálogos internos que nos destruyen. Lo importante es no paralizarse ni dejar que la vida se haga cuesta arriba".
 
¿Qué es el optimismo?
Un pilar de la inteligencia emocional. Todo lo que nos ayuda a relativizar para resolver conflictos y problemas. Nos abre las puertas del bienestar.

¿El optimista nace o se hace?
Sin duda, ambos factores. Tiene un componente genético y, sobre todo, se va desarrollando a base de aprendizajes, valores, cultura y experiencias. Una persona que crece en un entorno seguro, donde hay coherencia, protección y estabilidad tiende a ser más optimista que otra que se desarrolla donde se vive con miedo e incertidumbre. El optimismo es una actitud de vida.

Hay quien dice que vivir con optimismo no es realista.
Eso es un error. Necesitamos el optimismo inteligente. Cuando nos ocurre algo negativo, un optimismo con los pies en la tierra evitará que nos desmoronemos. Esto quiere decir que debemos ser conscientes de lo que está en nuestra mano, que es lo que podemos cambiar, y dejar de sufrir por lo que no.

¿Qué ganan las personas optimistas?
Tienen mayor capacidad para reconocer que se han equivocado. Por lo tanto, son generosas y mejoran. Son las que todo el mundo quiere tener cerca. En el lado contrario se encuentran los vampiros emocionales que te chupan la energía y se quejan por todo.

¿Cómo podemos mantenernos optimistas ante el otoño que se avecina?
Frente a la adversidad, una de las claves es centrarnos en lo que sí tenemos en el presente. Cuáles son nuestros recursos personales, sociales, materiales y nuestras fortalezas internas. También es fundamental establecer metas a corto, medio y largo plazo para prestar atención a esos pequeños pasos que nos llevarán a unos objetivos. Y pedir ayuda si es necesario. En los momentos difíciles, saber apoyarse en esos líderes sociales con la suficiente fortaleza para afrontar las crisis de una manera más resolutiva. Qué puedo hacer hoy, qué tengo al alcance de mi mano y con quién puedo contar.

Los mensajes optimistas inundan pueblos, bares y agendas. ¿Hay un exceso de literatura de autoayuda?
¡El síndrome de Mr. Wonderful! Esa filosofía se opone a una realidad: el ser humano es imperfecto. La felicidad se asocia más a la euforia que a la serenidad y con eso hay que tener cuidado. La sensación de bienestar no se puede idealizar porque no va a estar siempre en un pico. Podemos ser felices y estar tristes. Si en un área de tu vida te va mal, hay que saber que somos compartimentos estancos. Titanic se hundió porque no los tenía. Si hoy hubiese chocado con ese iceberg, se hubiera cerrado ese compartimento estanco y seguido a flote.

¿Es cierto que las crisis generan una sociedad más resiliente?
Nos hacemos más resolutivos. No es fácil aprender desde un lugar cómodo.

¿Se ha revalorizado su profesión tras la pandemia?
Todos hemos perdido algo o a alguien en esta etapa. Hemos sentido esa fatiga pandémica. Y eso nos ha llevado a tener una mayor concienciación sobre la importancia de la salud mental. Porque la salud integra toda la naturaleza humana, no solo la física. Así como cuidamos lo que comemos y hacemos ejercicio para sentirnos mejor, si dedicamos tiempo y energía a nuestra mente tendremos mejores relaciones y pensaremos con mayor claridad.

Entonces, ¿por qué persiste ese estigma social de juzgar a quien va a terapia?
Quienes trabajamos en salud mental nos estamos encontrando con mucha demanda de ayuda. El problema es que no hay suficientes psicólogos ni psiquiatras y eso, a los profesionales, nos genera frustración. El problema es la ignorancia y la falta de información. La depresión no es tristeza, muchas veces es enfermedad. Puede ser endógena, por razones químicas, o exógena, por pérdidas o experiencias traumáticas. Lamentablemente, sigue habiendo estereotipos pero con la pandemia hay más interés y sentido responsable del autocuidado.

Ya hay muchos psicólogos estrella. ¿Se les valorará algún día como a los cocineros?
Somos de las pocas profesiones, y no se me ocurre ninguna otra, en la que cuando te preguntan a qué te dedicas y respondes 'psicóloga y terapeuta', te dicen que ellos no creen en eso. Como si la psicología fuera una ideología, una opinión o religión. Ahí todavía queda un trabajo por hacer, aunque esta ciencia está avanzando poco a poco.

Mucha gente en la pandemia se dio cuenta de la rueda en la que vivía. El síndrome del trabajador quemado está llevando a personas en Estados Unidos a dejarlo todo. Pasa también con las parejas. ¿Sucede en su consulta?
Bueno, eso de sentirse desgastado y desbordado ha existido siempre. Sobre todo, cuando tenemos demasiado en el plato que no podemos digerir o no priorizamos entre lo urgente y lo importante. Acabamos cansados porque somos seres limitados. Pero lo que sí hemos visto en pandemia es que el miedo y la incertidumbre nos han saturado. El estrés y la ansiedad de no saber gestionar nuestros 'no sé'.

¿Cuál es la mejor pregunta que nos podemos hacer cada día?
¿Qué puedo hacer hoy para que mi yo futuro se sienta orgulloso?

¿Y una frase de autor favorita?
"No es más fuerte el que sobrevive mejor a los cambios, sino el que mejor se adapta a ellos".

¿Qué debemos evitar decir(nos)?
Los tremendismos. El todo, nunca, nada y siempre. 'Todo lo hago mal'. 'Nunca voy a llegar a'.

Dígame una fuente de bienestar.
La buena amistad.

¿Por qué no cumplimos con nuestros propósitos?
Por una clara falta de disciplina. Hay que hacerlo aunque sea sin ganas. Es lo que hay.

¿Dejar cosas para mañana genera ansiedad a mucha gente?
Si tú te sabes planificar y organizar vas a resolver tu día. Muchas personas meten todo en el saco de lo urgente y lo cierto es que no lo es. No se tiene clara la diferencia entre los derechos, los deberes, los deseos y las necesidades. Tú no necesitas ese móvil de última generación ni ponerte a jugar a las tres de la mañana con amigos en línea a los videojuegos, como hacen algunos jóvenes. Lo que necesitas es descansar para que mañana te funcione la cabeza.

¿La atención plena se entrena?
Es como ir al gimnasio. No nos podemos sentar y estar ocho horas centrados. Es importante evitar distracciones pero hay que tener momentos de descanso. A veces, para resolver problemas o conflictos, hay que abrir ventanas mentales, que corra el aire, y volver. Las tres 'D' jamás se deben perder de vista: disfrutar, descansar y desconectar. Saber parar. Un corazón cansado no avanza al mismo ritmo. Si se respetan las tres 'D', llegaremos más lejos.

¿Por qué parece que todos somos doctores que operan a corazón abierto y el mundo se caerá si no miramos el móvil cada dos minutos?
Hay una serie de adicciones relacionadas con las nuevas tecnologías que llevan a las personas a aislarse de la realidad. Llegar a casa y separarte del móvil, apagarlo de noche o ponerlo boca abajo, salvo que estemos pendientes de un familiar enfermo, es fundamental. Ahora nos encontramos con personas que tienen dificultades para gestionar el aburrimiento. Cuando uno rasca, lo que subyace es una dependencia a la híper actividad. A veces, no hacer nada te lleva a ser más creativo.
 
10 CLAVES DE LA PSICÓLOGA OPTIMISTA
1. Ten un propósito: ponle un nombre.
 
2. Evalúalo de forma realista para ver si es posible y realizable.
 
3. Establece un plan de acción e identifica los ingredientes para conseguir las metas.
 
4. La motivación fluctúa, no hay que depender de ella porque viene y va. Por eso necesitamos un compromiso.
 
5. No dejarse llevar por el miedo al fracaso. Paraliza.
 
6. Seguir nuestro ritmo: no hay que compararse.
 
7. Conocerse. Saber nuestras fortalezas y limitaciones.
 
8. Desarrollar la paciencia.
 
9. Ser perseverante y constante.
 
10. Invita a tu mejor amiga: la fuerza de voluntad.