miércoles, 14 de septiembre de 2022

Otra mirada hacia la esquizofenia: "El diagnóstico es el inicio de una historia de superación (I)

 

YAIZA PERERA      |      Madrid      |      El Mundo     |     14/08/2022

En vísperas del Día Mundial de la Esquizofrenia nos acercamos a la vida de las personas que sufren este trastorno mental grave. Abordamos con expertos, pacientes y familiares cómo afrontar una enfermedad desconocida y estigmatizada desde la comprensión y la confianza.

La bruma desciende despacio en un hermoso día de sol. Apenas te das cuenta de que te va envolviendo porque la luz es intensa aun. Solo cuando todo se ha quedado frío eres consciente de que la niebla se ha instalado a tu alrededor. Ya no sabes si serás capaz de encontrar el camino a casa. Sientes miedo. La realidad que percibes ahora, en soledad, es diferente, confusa y amenazante.

Hoy nos acercamos a la vida de las personas que sufren esquizofrenia, un trastorno mental grave que hace que una persona pierda contacto con lo real, que influye en su forma de pensar, sentir, comportarse y relacionarse. Es una de las enfermedades más estigmatizadas y que lleva a un mayor aislamiento social. En España afecta a unas 400.000 personas. Abordamos con expertos, pacientes y familiares cómo afrontar la enfermedad desde la comprensión y la fortaleza para recuperar el control de su propia vida.

El origen de la esquizofrenia no está claro. Tiene un componente fundamentalmente genético pero el ambiente juega un papel "crítico" en su desarrollo, explica Eva María Sánchez Morla, psiquiatra de la Unidad de hospitalización y consulta externa del Doce de Octubre de Madrid. No hay un único desencadenante pero sí múltiples factores de riesgo, principalmente que una persona con cierta vulnerabilidad biológica afronte situaciones traumáticas, de gran estrés o consumo de tóxicos como el cannabis. Es la combinación de éstos lo que puede terminar produciendo la aparición de la psicosis. Diversas investigaciones apuntan también a alteraciones en el neurodesarrollo como una de las posibles causas. Y nadie parece exento. "Probablemente todos tenemos determinadas variaciones genéticas con cierta vulnerabilidad a la enfermedad", asegura esta experta.

El inicio de la enfermedad en los hombres se encuentra entre los 15 y 25 años y en mujeres desde los 25 a los 35 años y posteriormente hay una segunda franja de riesgo en la menopausia. En ellas la esquizofrenia es menos grave y aparece una década más tarde. Aún no se sabe el porqué de este retraso, pero no se descarta el papel de las hormonas femeninas como factor de protección. Los afectados pueden estar bajo un delirio persistente -creyendo firmemente que algo es real pese a que existan pruebas en sentido contrario-, de alucinacionesdesorganización del comportamiento y del pensamiento. También hay problemas cognitivos a nivel de memoria, de atención y de resolución de problemas. El mundo se vuelve confuso y doloroso.

Una “Fractura” mental

"Eres incapaz de percibir belleza, sientes un vacío profundo, la mente se pone siempre en lo peor...", recuerda Basilio García Copín, de 52 años, sobre el inicio de una enfermedad que le dejó atrapado durante tres años en un intenso sufrimiento. Fue en su juventud cuando padeció el primer episodio de psicosis después de que se diera cuenta de que su vida era una "mentira". El desorden y el caos se fueron apoderando de él casi sin percatarse. Como la bruma. Ese deterioro gradual terminó en una grave "fractura" mental con ideas delirantes como que no "merecía vivir en sociedad y debía aislarse como un "monje ermitaño". La irrealidad "fue ganando terreno" y su propia existencia se convirtió en una "lectura imposible".

Cometió el "error" de no compartir su padecimiento con su familia. Vivió este tiempo aislado, recluido en casa y 'atado' a un televisor. "Tenía mi música, mi comida y no quería saber nada" del mundo exterior, ese del que solo percibía "rechazo", explica con el pesar de que ese "es el día a día de muchas personas" con esquizofrenia. Entonces daba su vida "por perdida" y solo "aspiraba a no sufrir mucho". En ese estado, asegura, tienes dos opciones: "Bajar los brazos o enfrentarte a tus limitaciones". Él eligió lo segundo. "Con el disgusto del diagnóstico y los primeros medicamentos, que son muy invasivos, pierdes habilidades cognitivas, sociales, comunicativas. Pero la mente funciona como un músculo, se pueden entrenar y recuperar". Él lo cree con la firmeza de quien ha experimentado su propia transformación interior.
 
Basilio habla sobre la esquizofrenia con claridad y profunda serenidad. La niebla para él ya se ha despejado y se percibe en sus palabras el deseo de que su travesía por la enfermedad ayude a otros. Para él el diagnóstico es solo el "inicio de una historia de superación". Las personas que sufren este trastorno pueden recuperarse. Es un proceso complejo, que requiere de mucho apoyo y esfuerzo, pero es posible alcanzar una vida plena.

LAS PRIMERAS SEÑALES

Sánchez Morla atiende en su consulta desde hace 20 años a pacientes con esquizofrenia, la mayoría jóvenes. Y hay algo que desafortunadamente sigue percibiendo en su día a día: "Llegamos tarde al inicio de la enfermedad". La familia suele culparse por no haberse dado cuenta, pero no es fácil percatarse de que están comenzando a sufrir un trastorno mental en un momento como la adolescencia en el que el menor experimenta cambios afectivos, de carácter, conductuales y es tan habitual la inestabilidad emocional.
Las primeras señales de alerta de la esquizofrenia son muy variables y hay que tenerlos presentes porque pueden surgir antes de los delirios y alucinaciones que caracterizan la enfermedad en un estado más avanzado: suelen estar más irritables, hostiles, inquietos, sufrir alteraciones en el sueño (exceso o defecto), ansiedad, miedo, cambio en la afectividad.

Una línea roja que debe tener en cuenta es que ese adolescente se retraiga, se aísle, deje de salir con sus amigos, que sufra un declive académico, que se sienta triste y disfrute menos de las cosas. También debe alertarle que cambie sus hábitos alimentarios, que coma a deshoras o deje de comer con la familia, que le vea desconfiado, suspicaz, que crea que los demás están hablando mal de él, que se bloquee, que no se concentre, que tenga actitudes de escucha muy detallada, que tenga un interés muy restringido que antes no tenía o que mire mucho a la gente.

Quizás esté pensando que muchas de estas conductas pueden ser actos de rebeldía, de autoafirmación en la adolescencia y es cierto que pueden ser habituales, pero también pueden ser indicativas de una enfermedad mental y es de suma importancia consultar al médico de atención primaria para descartar o hacer el oportuno seguimiento para tratar lo antes posible una enfermedad que sin control puede mermar la calidad de vida del menor y condicionar su futuro.

En el desarrollo de la enfermedad hay un factor de riesgo claro que no puede pasarse por alto en la adolescencia: el cannabis. En España la edad de inicio de consumo de esta sustancia, la droga ilegal más fácil de adquirir para los menores, se sitúa en los 14 años. Según la última encuesta Estudes sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias (2021) muestra que un 22,2% ha fumado 'porros' en el último año y que aumentan los casos de consumo problemático pese a que cada vez es mayor la conciencia del peligro para la salud que supone': no solo provoca dificultades para estudiar, al disminuir la atención y memoria, sino que puede causar reacciones agudas de ansiedad y, en personas vulnerables puede provocar la aparición de trastornos mentales o agravar los que ya se padecen.

Cuando la enfermedad ya se ha establecido, el "diagnóstico es fácil", asegura esta experta, porque los síntomas son claros, aunque pueden variar en cada paciente. Sufren episodios de psicosis mantenidos en el tiempo donde pierden el contacto con la realidad y que suelen manifestarse con delirios (creencias que consideran irrefutables pero que carecen de lógica para los demás) y alucinaciones (se trata de una alteración en la percepción de los sentidos, como las 'voces' con las que se suele asociar la enfermedad) . Estas experiencias generan una gran confusión tanto en el enfermo como en su entorno. Éstos se denominan síntomas 'positivos' porque se añade algo al comportamiento de las personas que antes no existía. Los 'negativos' son aquellos en los que 'pierde' algo: la motivación, el interés por relacionarse, por realizar actividades y capacidad para mostrar emociones o cognitivas.

¿CÓMO ACERCARSE A UNA PERSONA QUE SUFRE ESQUIZOFRENIA EN CRISIS?

"El sufrimiento y angustia que tienen es muy alto", subraya Eva María Sánchez Morla y desde ahí, desde ese sentimiento de dolor, puede haber una conexión aunque usted no entienda del todo la realidad que vive esa persona en estado de psicosis. Su angustia sí puede llegar a comprenderla.

--La familia, la pareja y los buenos amigos cumplen un papel fundamental apoyando a esa persona, pueden ayudar a identificar cualquier problema que esté ocasionando la medicación y reconocen los síntomas de alarma. Acompañarle a consulta o a Urgencias si es necesario y explicar a los profesionales la magnitud del problema. Si lo comunican a tiempo se puede evitar un ingreso.

--Acercarse a ellos con "temas que les puedan interesar", a veces no quieren hablar ni de "medicación ni de enfermedad"

--Escuchar siempre al paciente, ser tolerante, no cruel. Evitar ser agresivo o autoritario.

--Establecer unos límites de conducta en la agresividad hacia sí mismo, objetos o terceros o cuando verbaliza una idea clara de autolesión.

--Hay situaciones límite en las que es difícil negociar. Atender más al sentimiento y no rebatirle de manera rápida la irrealidad de lo que cuenta. Ser empático porque esa idea y sentimiento para él es real. Ha perdido el contacto con la realidad y su percepción está distorsionada pero tiene una absoluta convicción de lo que vive.

--El mundo ha cambiado y ellos también se sienten cambiados. La mayoría de las veces se sienten humillados y amenazados. En determinados momentos pueden llegar a malinterpretar lo que dicen otros, sus acciones o intenciones.

--Le podemos devolver que percibimos que sufre, que se siente indefenso. Siempre hay un amigo o un familiar con el que se siente más tranquilo. Recurrir a él para serenarle.

--Los pacientes con esquizofrenia suelen tener una baja autoestima. Reforzarles positivamente y aprovechar para demostrarle afecto y que son valiosos. No permitir que se rindan. Confiar y hacer que confíen. Recordarles sus sueños.

--Durante los episodios psicóticos lanzar mensajes cortos y claros, con voz segura y amable para sacarles del caos sin sobresalto (Levántate, sígueme, siéntate).

--Ellos no olvidan sus crisis. No hay una amnesia, la recuerdan perfectamente, pero muchas veces no quieren hablar de ello. No hay que incidir en aquellos recuerdos.

(sigue)

martes, 13 de septiembre de 2022

Iria Grande, psiquiatra: "antes de un suicidio, siempre hay signos de alarma"


LAURA MIYARA      |     La voz de Galicia     |     10/09/2022

Iria Grande es psiquiatra y forma parte del proyecto Survive.

En el Día Mundial de Prevención del Suicidio, la experta analiza las causas que llevan a alguien a intentar quitarse la vida
 
El suicidio es una de las principales causas de muerte entre la población joven en España. Cada día, aproximadamente once personas se quitan la vida, lo que equivale a un suicidio cada poco más de dos horas. Se trata de un problema complejo de abordar, tanto desde el punto de vista profesional como en términos familiares e interpersonales.
 
Sabemos, a día de hoy, que hablar de suicidio es importante para prevenirlo. Sabemos también que hay ciertos factores de riesgo que pueden hacer que alguien sea más propenso a cometer este acto, como lo es el hecho de padecer un trastorno de salud mental. Sin embargo, hay mucho que no está claro aún.
Tratar de entender por qué alguien toma una decisión tan extrema tiene que ver con escuchar más y asumir menos. Después de todo, siguen siendo prevalentes algunos mitos sobre el suicidio que hacen más daño a las personas que ya están atravesando un momento difícil en términos de su salud mental. En el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, la doctora Iria Grande nos ayuda a comprender un poco más sobre este tema que representa una verdadera emergencia. Ella es psiquiatra en el Hospital Clínic i Provincial de Barcelona e investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM). Forma parte del proyecto Survive, una iniciativa de investigación en toda España que busca recabar información para ayudar a personas que han intentado suicidarse.
 
—¿Qué lleva a alguien a intentar quitarse la vida? ¿Es una decisión impulsiva o premeditada?
—Normalmente, son situaciones que la persona vive como extremas y le sobrepasan. Ocurre cuando alguien no ve otra solución a estas cuestiones, que pueden ser de diversa índole. Puede ser de la esfera personal, laboral, económica. Y yo creo que ahora que estamos en una crisis económica y la situación hará todo menos mejorar, todo esto son factores que pueden llegar a colapsar a alguien haciendo que se plantee que no hay ninguna solución a sus problemas.
 
—¿Cómo es la situación en particular para los jóvenes?
—La incidencia de la conducta autolítica en jóvenes ha aumentado mucho. Es una situación que nos preocupa a todos. Hay que tener en cuenta que en estos momentos el suicidio es la segunda causa de muerte en gente de entre 15 y 29 años. Por tanto, es uno de los problemas más importantes en gente joven. Esto se ha incrementado sobre todo después del covid-19. Es bueno que hablemos de ello, porque antes se pensaba que al hacerlo se estaba induciendo a una mayor tasa de suicidios. Lo que se ha comprobado es que lo que se tiene que hacer es hablar de forma adecuada. Y ahora hemos tomado consciencia de ello, dado el incremento de suicidios en gente joven. Pero se deben seguir las guías que hay respecto de cómo enfocarlo. No se debe hacer desde una visión sensacionalista, sino de forma objetiva.
 
—¿La pubertad es un momento de mayor riesgo?
—Digamos que la adolescencia ha existido siempre. Lo que se ha visto es que tal vez, ahora, la forma de gestionar el estrés en esta población está cambiando y es diferente a la que existía previamente. El tema hormonal siempre ha estado, lo que está cambiando es cómo los jóvenes lo manejan. Los jóvenes manifiestan más problemas de salud mental, que tal vez antes estaban más escondidos. Seguramente esto se deba a un cambio social en nuestras vidas. La tasa de consumo, por ejemplo, ha cambiado. Sí que es verdad que ahora hay sustancias diferentes que antes no existían o no se utilizaban tanto en el pasado, y puede ser un factor. Pero yo creo que es más un tema de la sociedad en la que vivimos. La presencia digital también es uno de los factores que tenemos en nuestra sociedad. Hay bastante gente, YouTubers, influencers que comentan la situación de estrés que las redes les ocasionaban y que han tenido que abandonarlas.
 
—Supongamos que hay una crisis. Una persona está con ideas suicidas y necesita buscar ayuda. ¿Cómo se la atiende más rápido?
—En los teléfonos de atención, que en diferentes comunidades se les ha dado más relevancia o más apoyo. Antes, a lo mejor eran más asociaciones del ámbito privado, pero ahora se ha dado mucho apoyo a los teléfonos y quien recibe estas llamadas es gente que tiene experiencia en el ámbito y se utilizan, por ejemplo, estas técnicas que están probando su eficacia en el estudio Survive. También algo que se da, que yo creo que es lo principal, es el acompañamiento y el escuchar. El que alguien vea que detrás del teléfono hay alguien con ganas de ayudarle es indispensable.

—¿Qué tipos de intervenciones se están estudiando para ayudar a estos pacientes en el proyecto Survive?
—Hay dos tipos de programas, uno para adultos y uno infantil. En el caso infantil, lo que se ofrece es una terapia personal que son unas cuatro o cinco sesiones, y en ellas se les dan herramientas de cómo gestionar el estrés, cómo poder manejar situaciones de agobio. Para la gente que ha hecho un intento de suicidio en adultos, se está probando la eficacia de dos terapias. Una sería un seguimiento telefónico y la otra es una terapia online con la misma idea de aprender a gestionar estresores. Cuando nos vienen ideas negativas, cómo aprender a lidiar con ellas. Así se trabaja.
 
—¿Qué recursos se les dan a estas personas en ese sentido?
—Básicamente, hay diferentes técnicas a nivel psicológico. Una es la terapia DBT, que es la terapia dialectal. Se usa en adultos y niños. También hay terapias psicológicas de tercera generación, que sería sobre todo el mindfulness. Son estrategias que se utilizan para frenar el pensamiento, para pensar en el ahora, no anticiparse a situaciones. Esto ayuda a reconstruir el pensamiento y reconducir todas estas ideas negativas. Estas terapias ayudan a reestructurar la forma de pensar que tiene la persona para que no lo vea todo tan negativo y ayudarle a ver opciones dentro de una situación que quizás ve muy negra. Intentar buscar opciones es importante, y en la mayoría de las situaciones, existen.

—¿Y en cuanto a tratamientos farmacológicos? ¿Son recomendables?
—Exacto. El acto suicida está muy relacionado con los trastornos mentales. De hecho, tener un trastorno es uno de los mayores factores de riesgo para el suicidio. Los tratamientos farmacológicos y también los psicológicos son intervenciones que se utilizan para ayudar a que estas ideas suicidas remitan. Afortunadamente, la psiquiatría va perdiendo el estigma que está asociado a ella y la gente acepta con más facilidad un tratamiento farmacológico, y más aún cuando después ven que ha funcionado. Obviamente, también quedan pasos para concienciar a la población de los beneficios de fármacos como los antidepresivos, sobre todo en situaciones tan agudas como el que alguien piense en matarse.

—Se suele decir que una persona que se va a suicidar no avisa ni da señales pero no es así.
—Hay muchas ideas que no son del todo correctas acerca del suicidio, tal vez porque no se ha hablado correctamente de ello. Si existen planes de prevención del suicidio es porque existen avisos que nos pueden ayudar justamente a prevenir este hecho. Siempre hay signos de alarma que nos indican que estas cosas pueden suceder. Por ejemplo, el mayor factor de riesgo es haberlo intentado previamente. Se sabe que quien lo ha intentado tiene una alta probabilidad de volver a realizarlo. También se ha visto que, antes de cometer un intento, la gente ha acudido a los servicios de salud mental y al médico de cabecera pidiendo ayuda. Por tanto, existen factores que pueden ayudar a estar alerta a que una persona esté en riesgo de cometer un acto suicida.

—¿Cómo se puede actuar para prevenir o impedir esa reincidencia tras un intento de suicidio?
—Para alguien que ha hecho un intento autolítico que ha sido motivo de ingreso, lo que se intenta es iniciar un tratamiento en sala y se valora el alta una vez se ha visto que la persona ha mejorado. Uno de los factores a tener en cuenta para el alta es que estos pensamientos sobre la muerte y sobre el suicidio hayan disminuido.

—¿Cuándo es más frecuente esa reincidencia?
—En el primer año sí que se ha visto que hay un largo incremento, pero digamos que es un factor a tener en cuenta a lo largo de la vida. Si ha hecho un intento en el último año, hay más riesgo aún.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Nace el Área de Prevención del Suicidio: un proyecto para dar atención inmediata y salvar vidas


FRAN SÁNCHEZ BECERRIL     |     El Confidencial    |     06/09/2022
 
Un proyecto ambulatorio y preventivo de La Barandilla y Asispa que pretende realizar un seguimiento específico a personas que hayan intentado quitarse la vida o presenten riesgo de llevar a cabo un acto suicida. Atención presencial u ‘online’ en toda España.
 
En España, en torno a 11 personas se suicidan cada día, según los últimos datos ofrecidos por el Observatorio del Suicidio en España, de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. La mayoría de estos casos son ocultados bajo el estigma, el tabú y el silencio que envuelven una realidad que causa alrededor de un millón de fallecimientos en el mundo cada año, una muerte cada 40 segundos.
 
Por su parte, la OMS señala que una de cada 100 muertes en el mundo es un suicidio. Así pues, se trata de una de las principales causas de deceso en todo el planeta.
 
Ante este escenario tan alarmante nace el Área de Atención y Prevención del Suicidio, una iniciativa presentada este martes por las asociaciones La Barandilla y ASISPA. El objetivo del proyecto es poner el foco en la salud mental para evitar la ideación suicida: porque una correcta atención psicológica disminuye la vulnerabilidad de las personas y facilita la prevención.
 
Un proyecto ambulatorio y preventivo
 
El Área de Atención y Prevención del Suicidio es un proyecto ambulatorio y preventivo que pretende realizar un seguimiento específico a personas que hayan intentado quitarse la vida o presenten riesgo de llevar a cabo un acto suicida.
 
Para llevarla a cabo, ofrecen un servicio en toda España de forma presencial y 'online', con un equipo de profesionales comprometido, cualificado y una larga experiencia en psicoterapia individual y grupal.
 
El proyecto quiere convertirse en un altavoz de referencia para sensibilizar, concienciar, formar e informar de todo lo relativo a la prevención del suicidio.
 
Y como objetivo general tiene facilitar el mejor acompañamiento psicológico para mejorar la salud mental y empoderar a la persona.
 
Como resume la presidenta de La Barandilla, Ana Lancho, la idea es dar atención a las personas con ideación suicida “desde el minuto cero”, ante las largas listas de espera que hay hasta llegar a un especialista en salud mental en todos los rincones de España o la imposibilidad de poder pagar un experto. De este modo, el proyecto quiere ofrecer sesiones de psicoterapia semanales, presenciales —si la localización lo permite— e individuales a los pacientes.
 
Para brindar a cada paciente y sus familias la atención que precisen, la iniciativa pone a su disposición el teléfono: 911 385 385.
 
Señales de alerta del suicidio
 
Los especialistas explican que la persona que piensa en suicidarse realmente no quiere morir, sino librarse de un profundo dolor emocional.
 
Del mismo modo, apuntan a que las personas que piensa en suicidarse avisan y hay señales para reconocerlo: verbales (hace comentarios negativos sobre su vida o sí mismo) y no verbales (cambios de conducta bruscos, autolesiones, prepara documentos…).
 
A este respecto, ejemplifica a El Confidencial el decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP Madrid), José Antonio Luengo: “A veces, una persona con un cuadro depresivo lleva dos años y no mejora, vas viendo cuando hablas con ella que sigue sufriendo, que habla de que ‘esto no merece la pena’ y no hace nada para salir de ello. Estas son señales bastante claras, aunque no te diga ‘me quiero morir”.
Más concretamente, el psicólogo afirma que es importante observar “las tres D”: dolor psicológico, desesperanza y desconexión. “Son claves muy marcadas”, apostilla.
 
“Lo importante para los especialistas es saber leer entre líneas, cuando no se dice directamente ‘no quiero vivir”, recalca.
 
Pero, en ocasiones, ocurre que una persona no acude a un especialista y su entorno no es capaz de interpretar las señales. O no se da importancia a ciertos comentarios, pensando que es una forma de llamar la atención. En caso de enfrentarse a una situación propia o de un conocido que no se sepa manejar, lo más recomendable es acudir a un especialista.
 
Recursos
-Teléfono del Área de Atención y Prevención del Suicidio: 911 385 385
 
-Teléfono de atención ante el riesgo de suicidio: 024
 
-Teléfono de la esperanza: 914 590 055 / 717 003 717

viernes, 9 de septiembre de 2022

Ayuno intermitente: ¿tiene efectos antidepresivos?


RUBÉN FERNÁNDEZ-RODRÍGUEZ     |     Clarin-La Vanguardia     |     04/09/2022

Un investigador revisa la evidencia del su impacto sobre la salud mental
 
Actualmente, la depresión y la ansiedad son los trastornos psicológicos más frecuentes en el mundo, y la situación generada por la pandemia de covid-19 no ha hecho más que empeorar sus cifras. Además, no hay que olvidar su estrecha relación con la salud metabólica y la obesidad, otra enfermedad que sigue subiendo como la espuma.
 
Entre las posibles soluciones, la alimentación es clave, y no hay día que no aparezca alguna dieta milagro prometiendo beneficios más allá de su verdadero alcance. ¿Habría que colocar al famoso ayuno intermitente en esa categoría? Parece que no.
 
Estos son sus poderes
Aunque ahora esté de moda, nuestra especie ha practicado el ayuno intermitente de manera natural durante miles de años: el Homo sapiens no siempre ha tenido comida disponible las 24 horas del día y los 7 días de la semana.
 
La razón del impacto mediático y popular actual reside en su eficacia como método para perder peso y en los beneficios que se le atribuyen para disminuir el riesgo cardiometabólico.
 
Por eso se suele prescribir a pacientes con sobrepeso u obesidad y que muestren predisposición a sufrir diabetes. Así mismo influye, y mucho, que resulte más llevadero y se pueda mantener a largo plazo con menos esfuerzo que la restricción calórica continua.
 
Además, facilita la sincronización con los ritmos circadianos. Esto quiere decir que ayuda a acompasar las comidas con nuestro reloj biológico interno, dependiente de los horarios del sol, normalmente entre las 8 de la mañana hasta 16 o 19 de la tarde.
 
Los beneficios del ayuno intermitente tienen que ver con el cambio que se produce en el metabolismo.
Tras estar varias horas sin ingerir alimentos, el cuerpo cambia de combustible: pasa de utilizar glucosa (azúcares) a echar mano de las grasas. También se desencadenan los procesos de autofagia, una forma natural que tiene nuestro organismo de depurarse.
 
Y por último, mejora el funcionamiento tanto del sistema inmune como del eje que comunica la microbiota intestinal (microorganismos que viven en el sistema digestivo) y el cerebro. En el fondo, comer es un acto invasivo, y realizado con mucha frecuencia hace que nuestro organismo se sobreesfuerce.

Dos estilos de ayuno intermitente
Entre las diversas modalidades de dieta que se agrupan bajo el paraguas del ayuno intermitente, dos son las más practicadas: el ayuno a días alternos y la restricción de la ventana de ingestas.
 
El primero consiste en disminuir drásticamente la alimentación en días alternos (entre 2 y 4 a la semana), un ayuno que puede variar desde no comer absolutamente nada a ingerir hasta el 25 % de las necesidades energéticas de una jornada. En ambos casos, está permitido beber agua y bebidas sin calorías como el té o el café sin azúcar.
 
Por su parte, el segundo método implica dedicar sólo un lapso de tiempo diario a comer, normalmente entre 6 y 10 horas. Durante el resto de la jornada, de 14 a 18 horas, no pueden consumirse alimentos, con la consabida excepción del agua, el té y el café.
 
Efectos antidepresivos
Como apuntamos más arriba, parece que estas prácticas ejercen un efecto beneficioso sobre el organismo, pero ¿hasta qué punto influyen en la salud mental, concretamente en la depresión y la ansiedad? Intentamos averiguarlo en nuestro estudio.
 
Tras analizar la literatura científica y los 14 trabajos realizados con 562 participantes en esta área de investigación, llegamos a algunas conclusiones.
 
La primera es que, como mínimo, realizar uno u otro tipo de ayuno no empeora la depresión o la ansiedad, ni altera nuestro estado de ánimo. Y lo que es más importante: parece que incluso puede ayudar a disminuir los síntomas de la depresión.
 
Aunque se podría pensar que quienes emprenden el ayuno intermitente están expuestos a sufrir cambios de humor, parece que esto no ocurre. Más bien, sucedería al contrario.
 
La autofagia y la liberación de ácidos grasos libres, cuerpos cetónicos (desechos de las grasas), neurotransmisores, diferentes hormonas y biomarcadores como el factor neurotrófico derivado del cerebro explicarían las mejoras en los síntomas depresivos.
 
Tampoco hay que olvidar sus efectos en la regulación de la glucosa, la resistencia al estrés y la reducción de la inflamación. Todos ellos podrían atenuar los procesos de neuroinflamación asociados a la depresión. El pasado 8 de agosto se publicó otro estudio que corrobora lo que mostramos en nuestro trabajo.

El ayuno intermitente –concretamente, la restricción de la ventana de ingestas acompasada con el ritmo circadiano– fue más efectivo que la restricción calórica continua para mejorar el estado de ánimo. Levanta el vigor y la energía, y disminuye la fatiga y la depresión.
 
Por último, y quizás lo más importante, las personas que practican el ayuno intermitente, especialmente la restricción de la ventana de ingestas, muestran un alto grado de aceptación y seguimiento. Verse y sentirse bien por dentro y por fuera facilita que mantengamos este patrón de alimentación a largo plazo.

Aunque los resultados son prometedores, hay que ser precavidos: faltan investigaciones a largo plazo que comparen las diferentes modalidades de ayuno y su influencia en la salud mental. Y si tiene dudas o sufre alguna patología, es mejor que consulte con su médico y nutricionista antes de decidirse a practicarlo.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Tres marcas de la infancia que duran para siempre


GEMA SÁNCHEZ CUEVAS      |      La Mente es Maravillosa     |     22/09/2021
Escrito por Edith Sánchez
 
Durante la infancia se moldea buena parte de nuestra personalidad. De hecho, ciertas experiencias negativas pueden condicionar miedos o actitudes en la vida adulta. Te explicamos cómo sucede esto y algunos ejemplos.
La infancia es en ese tiempo en el que sucede una bonita paradoja, somos capaces de construir los cimientos más fuertes en la menor cantidad de tiempo, sin apenas darnos cuenta. A los cuatro años ya se ha comenzado a definir nuestra forma de ser. De ahí en adelante lo que resta es desarrollar o frenar la inercia que hemos cogido en nuestros primeros años.
 
La infancia deja marcas que duran para siempre. Son huellas indelebles que se reflejan principalmente en la actitud hacia nosotros mismos y hacia los demás. Sin embargo, algunas de esas huellas son más persistentes y profundas, debido al gran impacto que causan en la mente del niño.
 
“El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.” – Oscar Wilde
A continuación, te hablaremos de tres de esas marcas que interiorizamos durante nuestra infancia y ya no se borran.

La imposibilidad de confiar desde la infancia
Cuando el niño es defraudado o traicionado reiterativamente por sus padres o cuidadores, difícilmente puede confiar en el resto de personas o, incluso, en sí mismo. Tendrá que luchar mucho contra esta tendencia a la desconfianza para lograr establecer vínculos de intimidad con otros.
 
Al niño se le defrauda cuando se le prometen cosas que no se pueden, o no se quieren, cumplir. Para ellos es importante que se le entregue el juguete que se le había prometido, si obtenía un determinado logro o llegado un determinado momento, que se le lleve al parque cuando dijeron que lo harían, o que le dediquen el tiempo que tanto le han prometido dedicarle.
 
Este tipo de actos pueden pasar desapercibidos, o no tener importancia, para los adultos. Pero para el niño representan un aprendizaje acerca de lo que se puede esperar, globalmente, de las figuras cercanas.
 
Si el niño observa que los padres mienten, aprenderá que la palabra carece de valor. Le costará entonces creer en los demás y esforzarse por hacer de su propia palabra algo confiable. Esa marca implicará que, durante su desarrollo, tenga grandes dificultades: para estrechar los lazos con los demás y para llegar a construir una verdadera intimidad -refugio- en el que se sienta seguro con alguien.

El miedo a ser abandonado
El niño que se ha sentido solo, ignorado o abandonado, comienza a creer que la soledad es un estado completamente negativo y puede optar por tomar uno de dos caminos: o se hace excesivamente dependiente de otros, buscando constantemente a alguien para que le acompañe y le proteja, o renuncia a la compañía como medida de precaución frente al sufrimiento de un potencial abandono.
 
Aquellos que toman la senda de la dependencia, llegan a ser capaces de tolerar cualquier tipo de relación con tal de no sentirse solos. Creen que son completamente incapaces de sortear la soledad y por eso están dispuestos a pagar cualquier precio por la compañía.
 
Quienes escapan del miedo al abandono por la vía de la independencia a ultranza, se tornan incapaces de disfrutar de la cercanía afectiva de alguien. Para ellos, amor es sinónimo de miedo. Cuanto más afecto sienten por otra persona, más crece su ansiedad y su deseo de escapar. Son el tipo de personas que rompen vínculos entrañables para dejar de sentir la angustia que les provoca una eventual pérdida de la figura amada.
El miedo al rechazo
El niño que ha sido permanentemente cuestionado y descalificado por sus padres suele convertirse en un enemigo de sí mismo. De esta manera, desarrolla un diálogo interior en el que la constante son los auto-reproches y las auto-recriminaciones.
 
Este niño, en su vida adulta, probablemente jamás se va a sentir conforme con lo que haga, lo que diga o piense. Siempre va a encontrar la forma de sabotear sus planes y le va a ser muy complicado aceptar que también tiene virtudes y aciertos. Sentirá que no merece el afecto, ni la comprensión de nadie y que sus expresiones de amor hacia los demás carecen de toda validez.
 
Por lo general, se convierten en adultos aislados y huidizos que sienten pánico en situaciones de contacto social. A la vez, son extremadamente dependientes de la opinión de otros. Ante la más mínima crítica de los demás, se desvalorizan por completo, ya que no saben distinguir una observación objetiva de un ataque personal.
 
Si además de rechazado, el niño también es humillado, las consecuencias son más graves. Las humillaciones dejan sentimientos de ira no resueltos, que se trasforman en una sensación de impotencia continua, y que muchas veces dan lugar a personas tiránicas e insensibles, que también buscan humillar a los demás.
Las marcas que dejan esas experiencias de infancia son muy difíciles de modificar. Sin embargo, esto no quiere decir que no se puedan matizar o decantar para convertirlas en algo más positivo. El primer paso pasa por reconocer que están ahí y que deben ser trabajadas para que no determinen por completo el resto de nuestras vidas.

martes, 6 de septiembre de 2022

Guía para tratar a personas 'difíciles' sin sufrir secuelas

   

SOLANGE VÁZQUEZ     |     El Correo     |     07/05/2022

Son un reto, una lata... y la clave es no entrar en su juego. «Con cierto nivel de estrés, todos podemos volvernos 'difíciles'», alerta el psiquiatra francés François Lelord

El ansioso que transmite su estrés a los demás en plan aspersor que a todos salpica, el paranoico que se ofende al menor comentario y que te obliga a andar con pies de plomo, el obsesivo que se pierde en los detalles y te saca de quicio porque no llega a ninguna parte, el narcisista que siempre piensa en sí mismo, el depresivo cuya inercia desarma y desespera a partes iguales, el hiperexigente para el que nunca nada será suficiente y que no deja de recordárselo al mundo… Ay, ay, ay, ¡cómo pueden alterarnos los individuos con personalidades 'difíciles'!

Si tenemos suerte y sólo tratamos con estos 'complicaditos' ocasionalmente, quizá salgamos más o menos indemnes, pero, si compartimos algo más de tiempo con ellos..., pueden perturbar o incluso destrozar nuestra vida cotidiana. Y, como todos conocemos a este tipo de personas (¡o somos una de ellas!), Christophe André y François Lelord, psiquiatras de reconocido prestigio internacional y autores de 'Cómo tratar con personalidades difíciles' (editorial Arpa), nos ofrecen un manual de uso para estos individuos «que no solo se encuentran en las consultas de psiquiatría».

Los 'borderline'

Que no nos engañe el nombre, porque no se refiere a su capacidad intelectual. 'Borderline' en este caso hace referencia a su tendencia a vivir siempre en una línea 'fronteriza': son inestables, impulsivos, con estallidos de cólera... y combinan todo esto con periodos de sentirse vacíos (algunos han tenido ideas suicidas) y de buscar apoyos con ahínco (a veces se les tacha de 'pegajosos').

Qué hacer con ellos: Su hipersensibilidad e inestabilidad solo se manifiesta en situaciones 'gatillo' (de estrés), por eso debemos ser constantes con ellos y animarles mucho cuando se comportan 'bien'. Siempre hay que reaccionar ante ellos cuando están de buenas y criticar su comportamiento, nunca a la persona. Por ejemplo, decir «no me gustan los gritos» en lugar de «te pasas la vida gritándome». También funciona empatizar con ellos: «Temo lastimarte, pero tengo que decirte que no llevo bien que me grites».

Narcisistas

Piensan que merecen admiración y se enfadan cuando no la obtienen. Cuidan mucho su apariencia, desean éxitos, pero carecen de empatía y las relaciones duraderas no les interesan. Tienen tendencia a manipular

Qué hacer: Alábales cuando tengas motivos sinceros para ello. Así desactivas su ansiedad por gustarte. Como son susceptibles, sé considerado y evita llegar tarde si has quedado con uno, por ejemplo. Sé discreto con tus éxitos y critícale lo indispensable y solo en cosas concretas y limitadas en el tiempo, nunca a lo grande. No te opongas a él sistemáticamente ni esperes reciprocidad.

Ansiosos

Están siempre muy preocupados por los riesgos de la vida para ellos o para sus allegados. Sufren mucha tensión por su exceso de prudencia y su intento de controlarlo todo.

Qué hacer: Se hacen más daño a sí mismos que a los demás, pero vivir con ellos tampoco es fácil. Los gestionarás bien si les muestras que eres de confianza y que no tienen que preocuparse porque 'falles'. El uso del humor y la ironía también ayudan con ellos. Eso sí, no les sorprendas –reaccionan mal–, ni te dejes esclavizar por sus miedos, ni les cuentes tus propias inquietudes para no potenciar su 'defecto'.

Psicopáticos

No, no son los psicópatas de los 'thrillers'. Son personas que saben encandilar, que se gustan a sí mismas, con tendencia a mentir y manipular, sin empatía ni remordimientos y sin preocupación por las consecuencias de sus actos. Tampoco soportan el aburrimiento.

Qué hacer: Si no puedes evitarlos, recuérdales que no aceptas sus ideas. Reacciona cuando actúen mal y no les permitas justificarse ni que te encandilen, son muy hábiles en eso. También es aconsejable no contarles tu vida, porque son envidiosos. ¿Cómo te los ganas? Se quieren tanto a sí mismos que les gusta que aprecies públicamente alguno de sus puntos fuertes. «Por ello, nunca le humilles», dicen los psiquiatras. Tendrías un enemigo para toda la vida.

Evitativos

Son hipersensibles, tienen miedo al ridículo y no dan el primer paso en nada a no ser que sepan que van con garantías de éxito. Evitan las situaciones en las que temen sentirse heridos o incómodos. La autoestima la tienen por los suelos y su miedo al fracaso los mantiene en un papel gris o en puestos inferiores a sus capacidades.

Qué hacer: Hay que proponerles objetivos de dificultad progresiva para que se reafirmen y hacerles ver que valoras su opinión y que pueden contradecirte sin problema, que noten tu apoyo. Irritarse o bromear a su costa empeora su comportamiento.

Pasivo-agresivos

«Se resisten a las exigencias de los otros en el ámbito personal y profesional, discuten exageradamente las órdenes, critican las figuras de autoridad y, de forma enmascarada, 'obstaculizan': son voluntariamente ineficaces en ocasiones y se quejan de ser un incomprendido», dicen André y Lelord.

Qué hacer: Como son muy sensibles a todo lo que 'huela' a falta de consideración, ser amables con ellos da sus frutos. Por eso, si les pides su opinión, los desactivas bastante. Lo que no debes hacer es disimular que no te ha llamado la atención su oposición o criticarle en plan moralizante. Otro consejo: no entres a su juego de represalias recíprocas.

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François Lelord, psiquiatra 

“Con cierto nivel de estrés, todos podemos volvernos difíciles” 

-A veces pensamos que con este tipo de personas con personalidades problemáticas lo único que podemos hacer es aguantarlas... ¿no hay otra opción?

-Depende de la intensidad del problema y de la necesidad de la relación: si es un pariente, un compañero de trabajo o tu jefe, tendrás que gestionarlo, con la esperanza de que la relación puede mejorarse aplicando los principios que recomendamos. Si consume demasiado tiempo y energía, uno puede pensar en la ruptura o, al menos, en la limitación del contacto.

-¿Cuál es el perfil 'problemático' que causa más problemas?

-Las personalidades que no son conscientes de su problema: las personalidades paranoicas, narcisistas, obsesivas. Pero la clave está en la intensidad de los síntomas de sus otros talentos. Uno puede apreciar a una persona narcisista pero muy talentosa como jefe o compañero de trabajo, un contable obsesivo pero excelente, un jefe de seguridad ligeramente paranoico pero concienzudo... 

-Solemos ver personalidades difíciles por todas partes, pero... ¿somos capaces de reconocer que tenemos una de ellas, sea del tipo que sea?

-Uno de los propósitos de nuestro libro es ayudar a los lectores a observar sus propias peculiaridades. Con cierto nivel de estrés, todos podemos volvernos difíciles, y las personalidades que ya son difíciles todavía más.