sábado, 6 de abril de 2024

Cómo estimular la inteligencia emocional de los adolescentes

 

TERRY GRAGERA       |      Madrid     |      hola.com      |       26/12/2023

La adolescencia es un periodo complicado por la revolución personal que supone. Uno de los campos que se puede ver más afectado es el control emocional. ¿De qué manera se puede ayudar a los adolescentes en este sentido?

 

En la adolescencia desaparecen los ‘grises’; todo es ‘blanco o negro’, y esto dificulta mucho la gestión emocional. Es una etapa especialmente convulsa en este aspecto, porque, además, no se cuenta con la madurez suficiente como para darle la importancia que tiene.

Hemos preguntado a Rafa Dávila, educador Social y especialista en Salud Social, Atención a la Diversidad, Altas Capacidades y Psicología Social, cómo debe forjarse una buena educación emocional en esta fase vital.

 

El control de las emociones en la adolescencia

El hecho de ser un momento de extremos afecta a la salud social de los adolescentes que están inmersos en toda una montaña rusa emocional. En concreto, como destaca el experto, se pueden ver afectadas “su capacidad para entender y manejar sus relaciones con el entorno (familiar, educativo y social), con los demás (habilidades sociales y resolución de conflictos) y con ellos mismos (autoconocimiento, autoconcepto y autoestima)”.

 

Por este motivo, considera importante que se incorpore la dimensión afectivo-emocional en los currículos educativos, ya que los menores necesitan esas competencias básicas para desenvolverse. Se trataría de incorporar programas y actividades que promuevan la conciencia emocional, la empatía, las habilidades sociales y el manejo de los conflictos.

 

A todo esto hay que unir que “durante la adolescencia, además, puede verse afectada la capacidad de concentración, motivación y regulación emocional. Enfrentarse a desafíos sociales y emocionales puede, también, generar altos niveles de estrés y ansiedad”. Por ello insiste en la necesidad de brindar un apoyo y unas herramientas a los adolescentes para que puedan desarrollar esas habilidades emocionales saludables.

 

¿De qué depende que desarrollen una mejor o peor inteligencia emocional?

Hay varios aspectos, según detalla Rafa Dávila, que impactan en el desarrollo de la inteligencia emocional en esta etapa:

·        La crianza y el ambiente familiar.

·        Las experiencias sociales y emocionales.

·        La educación recibida.

·        El entorno escolar.

·        El apoyo emocional de sus iguales y de los adultos.

·        La capacidad de manejar emociones.

 

Así, el especialista, que ha recibido el Premio Madresfera 2023 en la modalidad Adolescencia, señala cómo es vital contar con una inteligencia emocional sana, ya que somos animales sociales. “Para un adolescente, tener una buena inteligencia emocional significa tener conciencia y comprensión de sus propias emociones, así como la capacidad de manejarlas de manera adecuada”, señala.

 

También incluye mostrar empatía hacia los demás, saber resolver conflictos y tener la capacidad de establecer relaciones saludables. “Esto será esencial para el día a día y para permitirle tomar decisiones más acertadas, manejar el estrés y la ansiedad, la salud mental y las relaciones interpersonales de manera efectiva, y tener una mayor autocomprensión, autoconocimiento, autoestima y bienestar emocional general”, subraya.


¿Cómo pueden ayudar los padres?

Además del entorno educativo, la familia es el otro pilar básico para ayudar a los adolescentes a tener una buena inteligencia emocional. Por un lado, los progenitores deben fomentar una comunicación abierta y respetuosa con los hijos, brindarles apoyo y acompañamiento emocional, además de “modelar habilidades emocionales saludables, promover la empatía y la resolución constructiva de conflictos”, apunta. Es recomendable también que los adultos compartan con los menores las propias estrategias de autorregulación emocional.

 

Además de todo ello, los adolescentes siempre se verán favorecidos en este propósito cuando el ambiente familiar sea seguro y estable, y cuando se sientan escuchados y valorados. “En definitiva, hacer que se sientan por un lado acompañados y al mismo tiempo presentes e importantes en el entorno familiar”, explica.

 

Qué errores no se deben cometer

La educación emocional de los adolescentes es algo que lleva tiempo y dedicación. Por eso conviene estar alerta de los errores que se pueden cometer. “Es de gran importancia entender que lo que tenemos delante son personas, como nosotros, con su historia de vida y sus emociones, son sus intereses, sus miedos, sus debilidades y también sus fortalezas”, revela el experto (@rafadavila.orientador, en Instagram).

 

Partiendo de esta base, en el siguiente nivel hay que “evitar cuestiones tan importantes como invalidar o minimizar sus emociones, ignorar o no abordar adecuadamente sus preocupaciones emocionales, imponer expectativas poco realistas, ejercer un control excesivo sobre sus emociones, criticar o ridiculizar sus sentimientos y no brindar un ambiente seguro y de apoyo para expresar sus emociones de manera saludable”, comenta Rafa Dávila. Se trata, en definitiva, de crear un ambiente respetuoso hacia los hijos, a la vez que un hogar seguro donde puedan ser ellos mismos y crecer.

 

jueves, 4 de abril de 2024

Qué es la ley del hielo: así es el fenómeno tóxico que es tendencia y afecta a muchas parejas en España

 

TANIA CARBALLO      |      El Español      |      28/03/2024                   

Consiste en una forma de manipulación y control que sucede en muchas relaciones pero que, por lo general, no somos conscientes. 

El enfado es un sentimiento natural de las personas. No importa lo pacíficos que seamos, siempre hay momentos que nos hacen sacar partes de nosotros mismos que no reconocemos. Sobre todo, cuando estamos en pareja. Las diferencias existen y por mucho que queramos tener un vínculo de cuento de hadas, hay días, instantes o circunstancias en los que nos decimos a nosotros mismos que estaríamos mejor solos.

 

Lo bonito de las relaciones es saber salir de todos esos momentos. Hablar mutuamente, poner las cosas sobre la mesa y, sobre todo, aprender a controlar todas esas emociones que en otro momento de nuestra vida hubiesen salido sin pensar. Hay personas que evolucionan mucho; sin embargo, hay otras que llevan toda su vida cosechando una personalidad que tiene mucho que aprender.

 

La toxicidad en las parejas es más común de lo que nos gustaría imaginar y la violencia hace ya varios años que hemos entendido que va más allá de los golpes o gritos. Con el paso del tiempo, hemos comprendido que cuando una persona no nos escucha, nos humilla delante de sus amigos, monopoliza la toma de decisiones o nos deja de hablar, puede terminar siendo igual de dañino.

 

Por lo general, una de las maneras de violencia psicológica que más experimentan las parejas es la manipulación, que puede ser expuesta de diferentes maneras. En ocasiones, se muestra de forma tan sutil que no nos damos cuenta. Y una de estas sutilezas, que realmente no tienen nada de lo que su nombre indica, es la ley del hielo.

 

Todos alguna vez en nuestra vida hemos dejado de hablar a alguien. De hecho, para muchas personas es la única manera que tienen de no decir todo lo que les pasa por la cabeza. Sin embargo, es muy fácil diferenciar cuando alguien lo hace por este motivo, que cuando lo hace con el fin de manipularnos, conseguir lo que quiere o hacernos sentir mal. Es una conducta tan perjudicial que, tal y como pasa con otros comportamientos tóxicos, si la hacen contra nosotros, podemos llegar a imitarla sin darnos cuenta.

 

¿Qué es la ley del hielo?

La ley del hielo es la conducta que siguen algunas personas de optar por el silencio tras una discusión. Es una acción premeditada, es decir, son perfectamente conscientes de lo que están haciendo y no paran hasta conseguir lo que ellos tienen en mente, que puede ser hacernos sentir culpables u obligarnos a pedir perdón con el fin de que la situación acabe. 

 

Pasar por la ley del hielo es un desafío para cualquiera, pero es especialmente difícil para quienes tienen baja autoestima, así como para las personas que tienen apego ansioso, que pueden llegar a obsesionarse en pensar qué deben hacer para poner fin al silencio. Al final, es un recurso que genera mucho sufrimiento a la parte perjudicada del conflicto, mientras que quien lo ha iniciado sabe perfectamente cuál es la jugada.

 

Aunque parezca algo mínimo y bastante común en las relaciones, lo cierto es que forma parte de uno de los escalones de la violencia psicológica. Esta conducta se convierte en un abuso cuando se utiliza para controlar, castigar o manipular a alguien y es muy fácil de identificar si se realiza habitualmente. Por mucho que la otra persona tienda a perdonarlo, nunca es una señal positiva para el éxito de una relación.

 

A pesar de que sea muy habitual, la ley del hielo pocas veces termina bien. Entre todos los sentimientos de culpa y tristeza que invaden a la persona que está sufriendo el silencio, también se puede desarrollar ira, enfado y furia. Estas emociones pueden hacer que endurezcan a quien está aplicando la ley del hielo, y que se vuelva más rígido aún, por lo que se convierte en un círculo vicioso. 

 

Al final, la persona perjudicada termina viviendo una relación completamente condicionada a lo que pueda decir o hacer por miedo a que se repita la conducta. De hecho, puede llegar a perjudicar a la relación, ya que esa parte de transparencia y confianza se pierde por el miedo a expresar lo que verdaderamente siente.

 

¿Cómo puedo combatir la ley del hielo?

Tal y como pasa con todos los comportamientos tóxicos, lo primero que debemos de hacer es hablar con nuestra pareja. Al final, la comunicación es la base de todo y es la que puede determinar si es una situación que va a ser repetitiva o ha sido un simple acto inconsciente. Si simplemente queremos cerciorarnos de lo que sucede, estas son las maneras para combatirla.

·        Aceptación con indagación. Si la circunstancia se da hace poco, y realmente piensas que no hay maldad detrás de sus actos, podemos simplemente enfatizar nuestro interés por escuchar cómo se siente, para que ceda en cuanto al comportamiento y después, podamos hablar con tranquilidad. Incluso, puedes optar por preguntar, “sé que estás molesto, me gustaría saber qué ha sido lo que te ha molestado”.


·        Evita culparte. En este punto, sabes que esa reacción habla más de tu pareja que de ti, por lo que evita culparte a ti mismo, responder con ira o suplicar.

 

·        Determina si se trata de un patrón. Si se trata de un patrón que ocurre muy a menudo, simplemente podemos ignorarlo; sin embargo, resulta crucial conocer si se realiza a menudo y con qué intención se realiza. Si quiere controlarte, debes comportarte de manera que refleje tu autonomía en lugar de responder con exceso de atención a su reacción.


·        "Diagnostica" las formas. En el caso de que la ley del hielo vaya acompañada de otras formas de abuso, como gritos, amenazas, acusaciones o culpas, es posible que debas preguntarte si quieres continuar con esa relación.

 

·        Evita quedar aislado. Bajo ningún concepto dejes de relacionarte con familiares y amigos, de hecho, ellos van a ser quienes te ayuden. Contempla la situación con ojos críticos y no pienses que “lo hace porque se siente así”. Esfuérzate por permanecer conectado con tus valores fundamentales y los que has aprendido a lo largo de los años.


·        Busca servicios profesionales. La mejor opción, no importa cuándo o cómo se dé la ley del hielo. Los profesionales son quienes mejor saben controlar la situación y quienes mejores consejos te darán. 

miércoles, 3 de abril de 2024

Álvaro Bilbao: "Que los adolescentes no escuchen a sus padres no implica que no quieran aprender de la vida"

 TERRY GRAGERA     |     Madrid     |     hola.com     |     12/03/2024

Es uno de los autores de mayor éxito en temas educativos. Su nuevo libro está dirigido a los adolescentes para ayudarlos en su camino de autoconocimiento.

 

Autor del best seller El cerebro del niño explicado a los padres, Álvaro Bilbao es doctor en Psicología e investigador en este campo y en el de la neurociencia, por cuyos trabajos ha recibido diversos premios.

 

En su nuevo libro Prepárate para la vida (Ed. Plataforma) da un giro y toma como interlocutores a adolescentes y jóvenes con el propósito de orientarlos a través de siete claves básicas, en ese convulso momento vital. Hemos hablado con él. 

En el resto de tus libros te diriges a los padres, y en este directamente a los adolescentes, ¿por qué ese salto? 

Llevan mucho tiempo proponiéndome escribir sobre el cerebro adolescente para padres. Yo doy muchas conferencias a adolescentes y mi sensación es que son muy activos a la hora de aprender y les gusta mucho cuando les explicamos, por ejemplo, cosas del cerebro. Puede que los adolescentes no escuchen a los padres, pero eso no significa que no tengan interés por aprender, por conocerse mejor, por saber cómo funciona su cerebro y de qué manera esos conocimientos les pueden ayudar en sus decisiones y a construir una vida sobre la que se sientan contentos en ella.

 

Quería dirigirme a ellos y lanzarles el mensaje que lanzo en las conferencias y que hace que levanten la mano para preguntar y que se arremolinen. Quieren aprender cosas.

En el libro insistes en el autoconocimiento para superar los desafíos de la vida. ¿Cómo lograrlo en un momento de cambio e inestabilidad como la adolescencia donde ni siquiera saben quiénes son? 

Hay una parte importante que tiene que ver con su identidad, que van construyendo con los años, y hay una parte que es saber escucharse a ellos mismos. Puede que no tengas claro lo que quieres estudiar o que no tengas clara una identidad que te defina, pero sí puedes ir escuchando tus emociones, dominando tu temperamento, siendo un poco más fuerte, eligiendo amistades que te hacen sentir bien… Todo eso les va a dar sintonía, y a partir de ahí van a poder conocerse y a entenderse.


En el libro explico que si tuviéramos una píldora de autoconocimiento, la mitad de la píldora sería entender bien tu personalidad y la otra mitad sería entender bien cómo funciona tu cerebro, que es un concepto universal.

Desde hace un tiempo las emociones se han puesto en el centro y desde que son muy pequeños se les enseña a reconocerlas, pero llegan a la adolescencia y, aunque se saben la teoría, se sienten desbordados. En el libro abogas porque escuchen esas emociones. ¿Cómo deben lidiar con ellas en un periodo vital tan convulso? 

Justo después de hablar de emociones, está el capítulo de dominar el temperamento. Es verdad que es importante escuchar las emociones, pero no siempre nos tenemos que dejar llevar por esa pasión que nos despierta la emoción y hay veces que hay que poner autocontrol y frenar los impulsos, y esa es una tarea de la adolescencia: aprender a diferenciar cuándo las emociones son una brújula que nos indica un camino que debemos seguir y cuándo las emociones están llevándonos demasiado lejos y tenemos que ponerlas bajo control.

 

Hay estudios muy interesantes que demuestran que tanto los chicos como las chicas, pero más ellos, dejan de mostrar sus emociones y su vulnerabilidad porque en la adolescencia los compañeros los ridiculizan. Hay que volver a poner en valor mostrar las emociones, y aunque no se haga con todos, quizá sí hay algún amigo al que poder comentarle ‘hoy estoy triste’ o ‘me siento mal porque he suspendido este examen’. En desarrollo personal se necesitan muchos inputs, y este libro es uno más.

“Resistir los propios impulsos es la habilidad psicológica más difícil de dominar para la mayoría de las personas”, aportas en el libro. ¿Por qué algunos adolescentes son capaces de hacerlo y otros no? 

Tiene que ver con dos factores. Uno de ellos es la configuración del propio cerebro. Desde que tienen dos años de vida podemos ver que hay niños con un estilo genético que les hace ser muy buenos a la hora de controlarse. Son niños que antes de pegar a alguien son capaces de parar. Es una facultad cognitiva que viene marcada de serie. El otro factor importante son los padres. En la medida en que nosotros somos capaces de regularnos cuando son pequeños, que somos capaces de decirles que no, pero de forma calmada; que logramos estar tranquilos cuando tienen una rabieta… El niño va a ser más capaz de regularse cuando sea adolescente.

 

Pero, en todo caso, la adolescencia es un periodo donde hay un aumento drástico de hormonas que hace más difícil el control, sobre todo en momentos en que están un poco enfadados.

Hablas de adicciones y aseguras que la mejor manera de protegerse ante ellas es no comenzar, no dar ese primer paso… 

Puede ser un poco predicar en el desierto porque tienen muy normalizado el tema de las drogas. Un niño de 12 años conoce, aunque no las haya probado, qué es el hachís, la marihuana… Pero ese conocimiento que tienen hay que aprovecharlo para explicarles la realidad. Porque el otro factor que me preocupa mucho es que muchos adolescentes tienen la idea de que no pasa absolutamente nada por consumir hachís y marihuana, cuando hay estudios que dicen que dañan todas las regiones conocidas del cerebro.

 

Piensan que es algo natural, pero hay muchas cosas naturales que no son buenas. En el libro les explico cuáles son las consecuencias reales, más allá de lo que les pueda contar un youtuber o sus amigos.


En relación a la felicidad, ¿qué mensaje hay que transmitirles a los adolescentes: que es algo a perseguir, que es algo que viene y va…?

 

En el libro hay tres momentos en los que hablo de la felicidad: cuando tenemos que proteger nuestro estado de ánimo y nuestra mente no consumiendo demasiadas redes sociales, no fijándonos en lo que nos dicen los demás, no entrando en los cotilleos… El segundo punto tiene que ver con cómo cultivar la felicidad, y ahí es importante que entiendan que no existen las personas que son totalmente felices. Estamos medicalizando muchos problemas normales en la vida: el chaval de 12 años que tiene ansiedad por exámenes y lo medicamos; la pareja que tiene una ruptura y se medica porque experimenta tristeza…

 

En la vida hay momentos buenos y momentos malos, días en los que vas a estar bien y otros en los que no vas a estar tan bien. Es importante normalizar que la felicidad no es algo constante, sino que se percibe de forma intermitente, y que la podemos cultivar teniendo buenas amistades, haciendo ejercicio físico, cosas que nos gusten, evitando estar con personas que no nos traten bien… Todo ello va a aumentar nuestra probabilidad de estar feliz, pero no hay ninguna persona en el mundo que no tenga días malos.


Dedicas un espacio en el libro a ese primer amor adolescente. Desde la familia, cuando sufren su primera ruptura, ¿cómo habría que acompañarlos para no ser demasiado intrusivos, pero a su vez ayudarlos?

 

Lo que es maravilloso es que en este momento haya muchos chicos que compartan con sus padres que han conocido a alguien, que tengan esa confianza en la familia para comentarlo, porque eso es ya un gran paso en relación a lo que vivimos en otras épocas, donde nos daba vergüenza hablar de nuestros sentimientos y todo lo llevábamos a escondidas con nuestros padres.

 

Cuando hay una ruptura, lo mejor es acompañarlos, permitiéndoles estar tristes, quizá podemos hacerles su cena favorita y explicarles que, como todo en la vida, a veces las cosas no salen a la primera y que es normal porque estamos probando o porque no hemos sabido gestionar desilusiones, conflictos… pero que son oportunidades para aprender y afrontar la siguiente relación de una forma un poco más sabia.

lunes, 1 de abril de 2024

Por qué los niños con altas capacidades desarrollan de forma precoz un gran sentido de la justicia - Personas altamente sensibles

 

RUBÉN GARCÍA – MARTA DÍAZ DE SANTOS    |   serpadres.es  |     03/03/2024

¿Sabías que un niño con altas capacidades puede también tener una sensibilidad mayor a la media? Aunque son conceptos aparentemente muy distintos, su vínculo es estrecho. A continuación te lo explicamos.

 

Los niños con altas capacidades intelectuales a menudo muestran un sentido de la justicia excepcionalmente avanzado desde una edad temprana. Esta característica, que puede sorprender a muchos, encuentra su origen en una serie de factores intrínsecos y ambientales que influyen en su desarrollo.

 

Las altas capacidades (AACC) y la hipersensibilidad son conceptos diferentes, pero tienen una vinculación alta porque un porcentaje considerable de los niños con altas capacidades son también hipersensibles. Y esta sensibilidad a flor de piel se puede reflejar de múltiples formas. Entre ellas, con una sensibilidad auditiva por encima de la media, lo cual puede provocar que el ruido les perturbe.

 

Tal y como explica la asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST), según investigaciones de la psicóloga estadounidense especializada en superdotación Leta Hollingworth, el 90% de los niños y niñas superdotados tienen una sensibilidad muy alta. “Muchos de los niños con alta capacidad tienen hiperemotividad, es decir, sienten todo de manera amplificada. Son amplificadores emocionales. Sufren unas oscilaciones tremendas de su volumen emotivo, como olas que recorren su cuerpo. De hecho, una característica que se repite sistemáticamente en los tests de personalidad de los superdotados es la altísima sensibilidad”, señalan desde la asociación.

 

La búsqueda de la verdad y la equidad es una motivación constante para estos niños. Tienen una sed insaciable de conocimiento y una profunda convicción en la importancia de la igualdad y la justicia para todos. Esta búsqueda incansable de la verdad les lleva a desafiar las normas establecidas y luchar por un mundo más justo y equitativo. 

Esta sensibilidad puede aparecer en los niños y niñas con altas capacidades puede percibirse en cuestiones dispares. Desde la hipersensibilidad física, ya que para ellos y ellas un simple golpe puede hacerles sentir un dolor intenso, a la sensibilidad emocional, de ahí que les afecten cosas que les ocurren o decimos en un grado mucho mayor de la importancia que tiene para nosotros eso mismo. Pero también hay sensibilidades concretas, como puede ser la de las texturas, la de las etiquetas o la del ruido.

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PAS (Personas Altamente Sensibles)

El concepto de “Personas Altamente Sensibles” (PAS) fue popularizado por la psicóloga y autora Elaine Aron en la década de 1990, basándose en investigaciones sobre la sensibilidad emocional y sensorial en un subconjunto de la población. Aunque el término no está reconocido oficialmente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), en los últimos años ha ganado popularidad en algunos círculos de la psicología y la educación como una característica de personalidad válida y significativa.

 

Por su parte, Elaine Aron se refería a la "sensibilidad a las sutilezas" como una característica central de las personas con alta sensibilidad. En lugar de usar "hipersensibilidad" en su investigación, Aron empleó el término "sensibilidad a las sutilezas" para describir la capacidad de ciertas personas para notar y procesar detalles y matices en su entorno de una manera más profunda y reflexiva. Estas personas pueden ser más conscientes de los cambios sutiles en su entorno, ser más reflexivas y responder de manera más emocional a ciertas situaciones.

 

Cabe resaltar que Aron desarrolló el concepto de PAS y enfatizó que la alta sensibilidad es una característica de la personalidad mas no un trastorno mental. Alegaba que las personas con alta sensibilidad pueden experimentar el mundo de manera diferente a otros individuos, y esta cualidad puede tener tanto ventajas como desafíos.

 

En la actualidad, la psicóloga María Gómez asegura, citando estudios científicos, que un 77% de las personas superdotadas se identifican como PAS al hacer el cuestionario de la doctora Aron, que se puede autorrealizar. Además, tanto la doctora Gómez como el centro Ayalga recalcan que el 20% de la población es altamente sensible, siendo un 10% la población con altas capacidades.

Hiperactividad sensorial, no hipercusia.


Dentro de todos los tipos de hipersensibilidad que pueden experimentar los niños y niñas con altas capacidades, en este caso nos interesa la que tiene que ver con el oído. Esto es, la sensibilidad auditiva.

 

Para entenderla, hay que hablar primero de la hiperactividad sensorial, que es esa capacidad de este tipo de personas por la cual son “más perceptivas de los estímulos, tanto táctiles, visuales, olfativos o auditivos”, explica el doctor Martínez-Monche, fundador de Ototech, centro especializado en hipoacusia.

 

El especialista en el aparato auditivo incide en que las personas con altas capacidades y altamente sensibles “suelen sobresaturarse y sobreestimularse en ambientes concurridos, con luces intensas o ruidos fuertes, porque su cerebro capta mucho más intensamente estos”. El origen de esta cuestión, continúa, es neuronal, de ahí que no sea lo mismo que una hiperacusia o hipersensibilidad a los ruidos fuertes.

 

El origen de esta sensibilidad es una sobreestimulación neuronal. No se debe confundir con la alta sensibilidad auditiva o hiperacusia, es decir, hipersensibilidad a los ruidos fuertes. “Aunque muy parecidos, no se trata de lo mismo”, apunta el doctor.

 

Dado que ambas cuestiones se pueden confundir, el doctor Martínez-Monche recomienda las siguientes pautas de actuación:

En primer lugar, asegura que es importante “consultar a un profesional de la psicología o de la alta sensibilidad para conocer si se es una PAS, o realizar el test oficial”, aunque, como hemos dicho, no se puede diagnosticar oficialmente a una persona como PAS, pero se le puede dar al paciente algunos indicios de que puede tener un grado de sensibilidad mayor a la media.

 

En segundo lugar, “recibir asistencia por parte de un profesional de la audición para que determine la causa de esa mayor sensibilidad al ruido y podamos actuar en consecuencia”. Y en tercer y última instancia, “intentar evitar en lo posible los sonidos que generan estas molestias y dedicarnos un tiempo y un espacio para estar tranquilos y en silencio”, concluye.

 

Para ello, cuando no se puede evitar acudir a un espacio concurrido o ruidoso con niños altamente sensibles y/o de altas capacidades, pueden ser de gran ayuda los cascos de cancelación de ruido.

 

 

Nota.- Los dos artículos venían uno detrás de otro aunque en Internet solo figurara el título del primero. Pero me ha parecido interesante publicarlo porque veo alguna relación entre ambos.

 

sábado, 30 de marzo de 2024

La resiliencia también tiene un lado oscuro


ISABEL ORTEGA        |      La Mente es Maravillosa       |      07/07/2023

 

¿Quieres saber en qué momento la resiliencia deja de ser una virtud y pasa a tener una connotación negativa? Conoce los detalles en esta lectura.

La resiliencia se refiere a la capacidad de hacer frente, adaptarse y recuperarse de situaciones adversas, estresantes o traumáticas. Esta puede manifestarse de diversas maneras en diferentes personas y, por ello, no todas las personas resilientes se ven igual. Así, es posible una combinación de características y comportamientos que, en ocasiones, evidencian el lado oscuro de la resiliencia.

Es importante destacar que la resiliencia no es una característica innata, sino que se puede desarrollar y fortalecer a lo largo del tiempo. La práctica de habilidades de afrontamiento saludables, el autocuidado y la búsqueda de apoyo son algunas de las formas con las que se puede fomentar y fortalecer dicha capacidad.

En sí misma, esta fortaleza no es perjudicial, pero, en ciertas circunstancias o cuando se manifiesta de modo inadecuado, tiene efectos adversos. A continuación, te explicamos cuáles pueden ser.

 

¿Cómo se evidencia el lado oscuro de la resiliencia?

 

A pesar de esa capacidad de mantenerse fuerte, superar desafíos y llevar un equilibrio emocional, incluso, frente a circunstancias difíciles, la resiliencia sí puede tener un lado oscuro bajo ciertos escenarios. Te enunciamos, enseguida, algunas situaciones en las que la resiliencia se manifiesta de forma negativa

 

Negación de las emociones

La resiliencia suele centrarse en superar las dificultades y seguir adelante. A veces, esto lleva a una represión de emociones difíciles, lo que puede tener consecuencias adversas a largo plazo. Si no se procesan de forma apropiada las emociones, se acumulan y quizás provoquen problemas psicológicos en el futuro.

 

Sobrecarga emocional

La resiliencia permite ver a las personas como fuertes y capaces; esto conlleva a que se les confíen responsabilidades y cargas emocionales adicionales. Si, a menudo, tales personas se enfrentan a situaciones estresantes sin tiempo para descansar y recuperarse, experimentan una sobrecarga emocional, agotamiento y, a veces, desarrollan problemas de salud mental.

 

Falta de apoyo

Los resilientes tienden a sentirse obligados a ser autosuficientes y a no pedir ayuda. Aunque es importante tener la capacidad de hacer frente a los desafíos por sí mismos, la falta de apoyo social y emocional resulta perjudicial. Esto también deriva en aislamiento y dificulta la recuperación de situaciones adversas.

 

Persistencia en situaciones dañinas

La resiliencia moviliza una persistencia obstinada en situaciones dañinas o tóxicas. Algunas personas resilientes tienen dificultades para reconocer el momento de alejarse de una relación, trabajo o entorno perjudicial. Siguen luchando y adaptándose a pesar de las señales de advertencia, lo que prolonga su sufrimiento.

Es necesario destacar que aunque las anteriores situaciones dan cuenta de que la resiliencia tiene su lado oscuro, no son inherentes a la cualidad en sí misma, sino que surgen de cómo se manifiesta y se utiliza en determinadas circunstancias.

En este contexto, un estudio publicado en la revista PLoS ONE, que trata sobre la relación entre el agotamiento y la resiliencia, detalló que, en algunas personas participantes, la resiliencia actuó como un mecanismo para minimizar las señales de estrés y agotamiento, llevándolos a un deterioro de la salud mental.

 

¿Cómo evito que la resiliencia se vuelva perjudicial?

Recordemos que una resiliencia saludable implica reconocer y procesar las emociones y adaptarse de manera flexible a las situaciones difíciles, todo esto sin dejar de establecer límites adecuados y buscar apoyo.

De igual manera, como lo señala un estudio publicado en la revista Contemporary Nursedebemos tener presente que la resiliencia aparenta ser un proceso que se desarrolla en diversos momentos de la vida, lo que implicaría que no es algo inherente a la personalidad.

En este sentido, a continuación, te brindamos algunos consejos para evitar que la resiliencia sea negativa.

Reconoce y valida tus emociones

No reprimas tus emociones, permítete sentirlas y procesarlas de manera adecuada. Reconoce que es normal experimentar una variedad de emociones en situaciones difíciles y busca formas saludables de expresarlas y gestionarlas.

 

Practica el autocuidado

Prioriza tu bienestar físico, mental y emocional. Dedica tiempo con regularidad para cuidarte, descansar, relajarte y participar en actividades que te brinden alegría y contribuyan al alivio del estrésMantén un equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

 

Establece límites

Aprende a establecer límites saludables y a decir «no» cuando sea necesario. Reconoce tus capacidades y no te sobrecargues con responsabilidades y demandas excesivas. Aprende a delegar tareas y pedir ayuda si la requieres. Estos límites son físicos, emocionales o psicológicos.

 

Busca apoyo social

No tengas miedo de pedir ayuda y buscar apoyo emocional. Construye y nutre relaciones de apoyo con amigos, familiares o profesionales de confianza. Compartir tus preocupaciones y desafíos con otros, brinda una perspectiva diferente y recursos adicionales.

 

Practica habilidades de afrontamiento saludables

Para evitar el lado oscuro de la resiliencia, desarrolla y utiliza estrategias de afrontamiento positivas y efectivas. Esto incluye la práctica de atención plena, la meditación, el ejercicio regular, la escritura terapéutica o cualquier otra técnica que te ayude a reducir el estrés y promover la salud mental.

 

Aprende a reconocer tus límites

Reconoce cuándo es necesario buscar ayuda profesional, como terapia o asesoramiento, para abordar situaciones difíciles o superar traumas pasados. Un profesional aporta herramientas y el respaldo adicional para manejar mejor las dificultades.

La resiliencia es distinta para cada persona

La resiliencia puede manifestarse de diversas maneras en diferentes personas. Y no todas las personas resilientes se verán igual. Cada individuo tiene su propia combinación única de características y comportamientos resilientes.

La resiliencia saludable implica un equilibrio entre la capacidad de hacer frente y adaptarse y el cuidado de tu bienestar emocional y mental. Escucha tus necesidades, sé amable contigo y busca el apoyo adecuado cuando te haga falta.